Capítulo 2
Primer amor
Faltaban muy poco para llegar al aeropuerto, y aún menos que eso para que Adric Utonio y Alex Membrana terminaran chocando al estilo de Burn Out Paradise. Adric puso todo su peso sobre el pedal del freno. La fricción fue demasiado para las llantas y estas terminaron por incendiarse y luego explotaron, dejando expuesto los rines de aluminio cromado que hicieron un desagradable ruido, al entrar en contacto con el asfalto. Adric sujeto el volante con todas sus fuerzas para impedir que Speedy se volcara, a esa velocidad significaría una muerte segura.
-¡Dios si me sacas de esta, te prometo dejar de ser a ateo. ¡Incluso iré a la iglesia todos los domingos!– Grito Alex con desesperación.
Milagrosamente, el Mustang amarrillo, o lo que quedaba de este se detuvo a unos cuantos centímetros de distancia de un camión cisterna. Adric dejó caer su cabeza sobre el volante, estaba exhausto, pero feliz de estar vivo -¿Qué tal estuvo?– le pregunto a su amigo con el extraño peinado.
-Bueno…- Alex levanto un pulgar hacia arriba –esto fue mucho más emocionante que lo del monopatín–
No hubo tiempo para hacerse cargo de Speedy, ya que la policía pronto estaría ahí. Lo único que Adric Utonio podía hacer por el auto que lo había ayudado a ganar dos años consecutivos, su título como "El Cesar del Asfalto" era pedirle a alguien más que recogiera a su maltratado amigo amarillo, y solo había una persona en todo el mundo que cuidaría de Speedy como a la niña de sus ojos. Alguien que amaba a los autos deportivos casi tanto como a las mujeres –Si, Tony. Puedes pintarlo de rojo escarlata si así lo quieres– dijo Adric, insertando otra moneda en la ranura del teléfono –No. No recuerdo nada acerca de una pirueta mortal en monopatín, pero según Alex esto fue más estimulante. ¿En serio? Gracias viejo te debo una, te llamare cuando lleguemos a Tokio– Adric colgó el auricular y dejo escapar un pequeño suspiro.
Alex se acercó a él, trayendo consigo dos vasos con café expreso, que según él era el mejor remedio contra la resaca –Despreocúpate Adric, Stark lo dejara como nuevo, después de todo, él siempre estuvo interesado en Speedy–
Adric se encogió de hombros –Si, lo sé–
El vuelo sin escalas de Los Ángeles a Tokio tomaría casi 20 horas, dependiendo de las condiciones climatológicas, afortunadamente no era época de tifones en el océano pacifico lo cual garantizaba un vuelo más que pacifico. Adrick decidió imitar a su amigo y tomar una larga siesta. Ninguno de los había dormido más de una hora después de que terminara la alocada fiesta de graduación en la lujosa casa de playa de Tony. Adrick pensó iba a echar de menos a su eterno rival, pero no era el momento de ponerse nostálgico, a partir de hoy tomarían caminos separados, y lo más seguros era que Tony se haría cargo a medio tiempo de industrias Stark, mientras terminaba sus estudios superiores. Por su parte Adric y Alex comenzarían su preparación como ingenieros químicos y de robótica. Y que mejor lugar que la universidad Zawakaze, el pináculo más elevado en todo el mundo en cuanto a investigaciones en esas ramas de la ciencia. Adric soñaba con convertirse en un prestigiado empresario como lo fue el padre de Tony, o quizás descubrir algo así como la cura del cáncer y ganar el premio nobel. Cualquier de las dos sería buena opción para alguien que había crecido en una pequeña y humilde ciudad de baja California.
En el interior de una fuertemente custodiada base militar. El recién reasignado general, Kuromizawa Miharu observaba una enorme pantalla en la que se veía todo el mapa de Japón y cada prefectura de este. Su cabello casi se había vuelto blanco en su totalidad y las arrugas en su rostro mostraban las huellas del pasar de los años. No obstante, a pesar que estaba a punto de alcanzar la tercera edad, su cuerpo aún se mantenía tan fuerte como un roble japonés –Parece que nuestra fuerza de Valkirias se ha reducido en un 5% en el último ataque– hablo Miharu a un hombre que vestía bata blanca corbata negra, y largos pantalones grises
–Supongo que tuvimos suerte considerando la agresividad de los Radam– comento al ajustarse sus gafas.
Miharu lo vio por el rabillo de su ojo –¿Suerte?– repitió con el tradicional acento de la región de Okinawa -Perdimos a 500 de nuestros mejores pilotos, en ninguna creo que eso podría ser considerado como suerte, director Utonio–
-Las nuevas armaduras súper reforzadas que diseñe parecen funcionar mejor de lo que ustedes esperaban, general–
-Tal vez– el general Zawakaze volvió su atención hacia la pantalla. Cranston Tadeo Utonio no era su persona favorita, pero era un hecho innegable que gracias a sus avances armamentísticos, el ejército había podido sobrevivir a la invasión de una raza alienígena conocida como Radam, y solo por eso era que Miharu intentaba llevarse bien con el –sin embargo. Aún es demasiado pronto para estar tranquilos, nada puede asegurarnos que esta guerra terminara a corto plazo. Primero fueron los Zentraedi, luego los Necrotantes y ahora estos monstruos, no tenemos forma de predecir qué es lo que vendrá después–
-Y es por esa misma razón que le insistí al alto mando para que autorizaran la aceleración del proyecto Ixion. Si lográramos producir chispas en masa, no habría necesidad de preocuparse por cualquier futuro enemigo–
-Ellos jamás aprobarían tu propuesta. El Prof. Green fue el primero en votar en contra de ella–
Los labios de Cranston se curvaron en una sonrisa altanera -Si lo que escuche es cierto, su padre también se opuso rotundamente al proyecto de Ciudadano Junior en sus inicios, ¿verdad?–
El viejo militar se dirigió hacia la salida del centro de mando, se detuvo frente a la puerta automática y en un tono que más bien parecía como una amenaza le dijo –Puede que seas el director de desarrollo bélico pero… el profesor Green está muy por encima de ti. Nunca olvides eso por tu propia seguridad–
Cranston apretó los puños –¡Una guerra no gana con ideales, si no con armas!–
Miharu le dio la espalda con indiferencia, y se marchó sin responderle nada.
Después llegar al aeropuerto, Alex y Alex tomaron un taxi hacia la estación del tren más cercana. No disponían de mucho dinero, así que debían limitarse en sus gastos tanto les fuera posible hasta que llegaran a Shinjuku. Era la hora en que cientos de estudiantes de todos los niveles se aglomeraban para hacer uso de ese medio de transporte público. Alex silbo viendo el colorido desfile de uniformes, –Creo que a esto se le llama shock cultural– él y Adric habían escuchado que cada escuela de Japón tenía un uniforme distinto, uno de verano y otro de invierno, pero nunca llegaron a imaginarse verlo con sus propios ojos
Adrick no le respondió nada, estaba demasiado ocupado leyendo un mapa de Tokio –El tren hacia Shinjuku estará arribando dentro de cinco minutos, por favor manténganse alejados de la plataforma hasta que el tren se halla detenido completamente– anuncio una voz femenina. Y tal como la operadora dijo, el tren llego produciendo el chirrido de las ruedas de acero frotándose contra las vías. El viento producido por la velocidad de aquel dragón metálico de 25 vagones, hizo volar el mapa de las manos de Adric y termino extraviándose entre la gran multitud de estudiantes que ahora estaba abordando el tren, -Ahí va nuestro único medio de orientación– dijo Adric, sabiendo lo inútil que sería intentar buscarlo. Bajo la mirada y saco su billetera, el contenido de esta tampoco era algo que lo alentó demasiado.
-Eto… sunimasen– le hablo una suave voz.
Adric levanto la mirada, frente a él se encontraba una linda chica de ojos marrones y largo hermoso cabello color rosa pálido. Adric se quedó con la boca abierta sin poder decir nada. Nunca en su vida había visto semejante belleza.
-Creo que esto le pertenece– dijo la chica al devolverle su mapa.
Al fin, las palabras pudieron salir de la boca de Adric –G-Gracias– su acento al hablar hizo que aquella chica riese un poco. "Dios, esto tiene que ser un sueño" pensó un ruborizado Utonio
La chica inclino un poco su cabeza, haciendo una pequeña reverencia de despedida, algo muy común en el bushido. Y antes de que Adric volviese nuevamente a la realidad. Ella desapareció entre la multitud estudiantil.
Alex apoyo su brazo en el hombro de Adric –Wow, creo que ella es lo que aquí llaman una verdadera Bishoujo–
Luego de dos semanas Adric comenzaba a acostumbrarse a su nueva vida en Shinjuku, incluso su japonés había mejorado bastante, gracias a su nuevo compañero de habitación. El sake no era tan malo después de todo y el sushi era algo que su paladar disfrutaba mucho. Aunque aún extrañaba la emoción de las carreras nocturnas y el desenfreno de las fiestas en su antigua preparatoria, trataba de concentrarse en sus estudios tanto como le era posible. Hacia algo de calor esa mañana de martes, mientras Adric se dirigía a su nuevo empleo de medio tiempo. La beca de la universidad apenas si alcanzaba para cubrir sus necesidades básicas, así que decidió seguir el ejemplo de Alex y conseguir una cátedra en alguno de los cientos de colegios de Tokio. La tarea resulto más sencilla que intentar comprender una obra de teatro Kabuki. Para un estudiante que venia del extranjero sería casi imposible conseguir una vacante como profesor, pero afortunadamente la recomendación de su maestro de física en la universidad, el Profesor Green, fue más que suficiente para que la secundaria Kibitou le abriese sus puertas.
Cuando Adric bajo del autobús, vio a varios estudiantes que ya comenzaban a llegar. El uniforme de las chicas no estaba nada mal. Una falda pisada azul marino. Una camisa de marino blanca de manga corta, zapatos negros y una pequeña corbata roja. ¡Ah! Que Dios bendiga a la persona que invento los uniformes de verano. –Un momento, podría ser que…-
Si lo que creía recordar Adric era correcto, entonces -¡Santo cielo, ella traía puesto ese mismo uniforme!– dijo en voz alta, por suerte nadie lo escucho. Adric sacudió su cabeza intentando ordenar sus pensamientos. "vamos, tranquilízate Adric. Tus posibilidades de encontrarla son de una en mil. Ahora eres un profesor, así que ni siquiera lo pienses o te despedirían por acoso sexual" el nuevo maestro de matemáticas respiro hondo y siguió adelante, pasando por viejos arboles de cerezo plantados en la entra y a lo largo de todo el instituto. Su corazón latía con fuerza intentando no mirar a los alrededores, aunque en el fondo realmente desea volver a ver a aquella chica de ojos marrones.
El salón de la clase 2 de séptimo año, estaba vacío cuando Adric entro, faltaba más de media hora para que iniciaran las clases. Se ajustó su corbata de la suerte y comenzó colocar sus cosas sobre el escritorio de ébano, luego conto los asientos; 45 era una cifra Adric sabía que podría manejar sin tener mayores problemas que su marcado acento norteamericano. Sí. Eso sería como cuando daba clases extras después los domingos a sus compañeros con bajo rendimiento académico, pan comido. Así transcurrió la mañana entre presentaciones y lecciones de algebra, justo cuando estaba por marcharse a la universidad recordó que un alumno no se presentó a clases hoy –Disculpen… ¿alguien podría decirme donde vive Sunohara Aria? Quisiera llevarle sus deberes para que pueda estar al día–
Una chica de cabello rizado y piel morena se acercó a él, -Sensei, Sunohara-san vive en Musashiurawa, tendrá que esperar hasta mañana puesto que nadie de la clase vive en ese lugar–
Adric se sintió un poco decepcionado, -Gracias de todos modos, Takamisawa–san–
Decidido a permitir ninguna nota baja en su clase. Adric tomo el tren luego de terminar sus clases en la universidad. El viaje tardo casi dos horas y media. Estaba hambriento y lo único comestible que traía consigo era una pequeña bolsa de maní salado, y no teniendo más que el pasaje de regreso a Shinjuku, su estómago tendría que conformarse con eso. Hacia algo de frio a pesar de ser una noche de verano, traer su abrigo hubiera sido una buena idea. La calle por la que actualmente caminaba comenzó a inclinarse hasta dos cuadras después se dividió en dos. Adric se rasco la cabeza -¿Por dónde debería ir ahora?– vio a una anciana que casualmente pasa por ahí, así que se acercó a ella para tratar de orientarse.
-¿Harumi-chan? Si su casa está un poco más adelante en esa dirección– respondió la anciana señalándole la calle de la izquierda.
-Se lo agradezco mucho señora–
El celular Motorola rosa comenzó a vibrar mientras Sunohara Harumi cerraba la puerta de la floristería Inozuka –Ah, Yukari-chan, perdón por no haber contestado antes pero, tenía demasiado trabajo, y bien, ¿qué tal es nuestro nuevo profesor de aritmética?– pregunto mientras comenzaba a caminar, su casa estaba muy cerca de ahí.
-Si estuviera interesada en los hombres mayores. Diría que no esta tan mal para ser extranjero– respondió su amiga al otro lado de la línea.
Harumi se rio un poco –No deberías decir esa clase de cosas, Yukari-chan. Por cierto, ¿podrías prestarme tus apuntes mañana?–
-Eso no será necesario. Quizás no lo vayas a creer pero…–
-¿Huh…? Espera parece que hay alguien afuera de mi casa, te llamo después–
Ya era demasiado tarde para recibir visitas ¿Quién podría ser el hombre que estaba ahí? Harumi no pudo reconocerlo hasta que cerca de él. Adric se volvió sin poder darle crédito a sus ojos. Sunohara dejó caer su móvil mientras se llevaba las manos a su pecho.
-Tú debes ser Sunohara-san ¿no?– pregunto Adric, intentando comportarse lo más natural y maduramente posible.
Harumi parecía estar apenada –S-Si–
Adric le extendió el sobre amarrillo que traía debajo de su brazo derecho -Entonces toma. Siento haber venido sin avisar antes pero…– su mente intentaba escoger las palabras correctas, lo último que querría es que ella pensara que era un acosador, lástima que su cerebro no parecía estar cooperando. Viendo la expresión el rostro de su alumna, Adric sabía que lo mejor era marcharse. –Bien, no quiero incomodarte. Te veré mañana en clases– se dio la vuelta para marcharse pero alguien tiro de la manga de su camisa para evitárselo.
Harumi desvió un poco la mirada -Gracias. Sensei– dijo, en un tono un tanto melancólico.
Haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, Adric se marchó dejando sola a la chica de la cual sabía que se había enamorado.
Harumi tampoco se presentó a clases a la mañana siguiente. Adric no sabía que pensar; si seguía con sus visitas sorpresa, ella terminaría por acusarlo ante el consejo de profesores por acoso –Supongo que tendré que buscar otro empleo– dijo al mirar a través de la ventana la lluvia que había comenzado a caer. Al infierno con el acoso y su cátedra. Adric quería verla una vez más. No. Más que eso, sentía que iba a enloquecer si no lo hacía.
La lluvia no había cesado, por suerte Aria había traído su paraguas. Desde que ella era pequeña su cuerpo siempre fue débil como el su fallecida madre. Justamente por eso era que Harumi intentaba por todos los medios posibles no enfermarse. Un simple resfriado podría postrarla en la cama por dos semanas completas. Y con su padre fuera del país todo, ella estaba completamente sola. Quizás nadie en el mundo lo sabía, que esa tímida y alegre sonrisa en su rostro ocultaba un enorme en su corazón. Hasta hace dos semanas atrás, Harumi era capaz de tolerar su soledad… ese joven profesor de mirada nerviosa y a la vez pasiva, a pesar que apenas si sabía su nombre. Deseaba tanto poder conocerlo, estar cerca de su lado y que él la envolviera entre sus brazos. Eso era imposible, esa clase de romance a primera vista entre un una estudiante de primer año y su profesor solo ocurren en un manga shoujo, o una novela romántica que casi siempre terminaba con un beso entre ambos. Pero… Harumi presiono contra su pecho la bolsa de papel con víveres que traía consigo. En contra de toda la realidad, ahí estaba el. Parado frente a la entrada de su casa, estaba completamente empapado, solo Dios sabia por cuánto tiempo se había mantenido bajo la fría lluvia aguardando su regreso. La mirada de Adric se encontró con aquellos lindos orbes marrones que ahora estaban brillando. Lentamente, Harumi comenzó a acercarse. Quizás ese momento era un sueño, y si así lo fuera, ella deseo nunca más despertar. Estado frente a el serró sus ojos, despacio, esa era su primera vez y no sabía si lo estaba haciendo bien. Sus pies la elevaron hasta la altura de la barbilla de Adric quien inclino un poco su cabeza hasta que sus labios hicieron contacto con los de ella, sellando con ese beso un pacto de amor eterno entre sus jóvenes almas.
otas del Autor: No soy muy bueno en esta clase de romace a primera vista si que espero haberlo hecho bien. Como habran visto la historia se inicio con el viaje de adric a Japon y ahora he mostrado como se inicio su matrimonio con Harumi. Tenia planeado alargar un poco más este cap pero dado que tengo la secuela de este fic encima decidi no hacerlo. El siguiente cap traera un poco más de Slice o Life y algo de drama, voy a tratar de tenerlo lo más pronto posible y si puedo tambien estare publicadon el sig de la secuela.
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