Mi día había empezado como algo fuera de lo normal, hasta llegar a lo jamás documentado en mi vida. Todo fue en picada a partir de que pise Hogwarts.

La cena de inicio de curso fue interesante y extraña a la vez. Esto, sin duda, se debía a que ahora veía todo desde la perspectiva de la mesa de maestros y no desde la de Slytherin. Podía ver a todos los alumnos, divididos por las casas, entusiasmados ante el reinicio de un nuevo curso y otros callados y nerviosos, evidentemente los que serian repartidos entre las casas por el Sombrero seleccionador este año.

El gran salón seguía siendo como yo lo recordaba en una época anterior, como si el tiempo jamás hubiese fluido por estas paredes y una guerra no lo hubiera azotado. Con sus grandes paredes y sus fuertes columnas de piedra, su cielo encantado estaba plasmado con estrellas y miles de velas flotaban sobre las cuatro largas mesas, que significaban cada casa: Griffyndor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin, todas en ese orden. Los colores se mezclaban brillantes, simbolizando la nueva unión de las casas en vez de su división, pero era evidente que por parte de los estudiantes, que la casa Slytherin seguía siendo apartada por las otras tres. Algunas cosas simplemente no cambiaban.

Y ahora aquí me encontraba, a lado de los maestros, tanto conocidos como nuevos; entre ellos Neville Longbottom el nuevo profesor de herbología, el guardabosques híbrido Hagrid, el profesor Binns, y al menos siete profesores que no conocía y una chica rubia muy linda con ojos de sorpresa que me eran muy familiares, y- oh... y Potter. Al parecer el tiempo no lo había cambiado mucho estos últimos años, siendo lo mas notable el endurecimiento de sus facciones, su cabello largo pero sin llegar a sus hombros y la ausencia de esos horribles lentes redondos. Fuera de eso todo estaba igual: su cabello seguía siendo un desorden y la cicatriz seguía en su lugar, sus ojos verdes habían madurado pero seguían teniendo ese aire juguetón... Si, ese era el Potter que yo recordaba y me dedique a escrutarle con minuciosidad hasta que él volteo y se encontró con mi mirada evaluadora, su sorpresa inicial al verme fue remplazada rápidamente por un gesto aseverado y volvió su atención al medio gigante y la rubia linda. Vaya segunda impresión.

La tarde paso rápida, con el breve discurso de Mcgonagall, el sorteo de los nuevos y nerviosos alumnos, que se asustaban cada que mencionaban un nuevo nombre, seguido de aplausos y vítores por parte de las casas. Hasta que finalmente llego la cena, después la despedida y repetida bienvenida por parte de la nueva directora, solo hasta que los estudiantes fueron enviados a sus dormitorios, y todos los maestros también se comenzaron a levantar y por ende, a dirigirse a sus respectivas recámaras; fue el momento en el que caí en cuenta de que no sabía a donde dirigirme y me sentí sumamente estúpido al no haber preguntado un dato tan importante y al parecer Mcgonagall percibió esto y se me acerco con rápidez.

-Veo que están un poco desorientados muchachos- dijo la directora mirándome a mí y luego en otra dirección.

Voltee con curiosidad y me di cuenta de que Potter estaba detrás de mi con la misma duda que yo, al parecer.

-No se preocupen, vayamos a mi despacho de inmediato- nos dijo con un tono de complicidad, y pronto nos veíamos detrás de ella también, tratando de seguirle a su veloz paso.

El viaje a la oficina de la directora fue silencioso y un tanto incomodo, más que todo porque la única que hacia comentarios eventuales era Mcgonagall a causa de la evidente tensión silenciosa que había entre Potter y yo. Había cosas que eran muy difícil superar, pues siete años de rivalidad infantil y otros siente años de nulo contacto era algo que no se cambiaba de un día para otro, y en mi caso, tenía orgullo.

Finalmente llegamos a la estatua del hipogrifo y Mcgonagall pronuncio la contraseña.

-Huevos de thestral – y una vez dicho esto, la estatua comenzó a moverse, revelando entonces una escalera espiral.

Había estado en contadas ocasiones dentro del despacho que antes le pertenecía al anciano loco de Dumbledore y podía decir que era mucho más diferente ahora que en aquel entonces. Se podía decir que contaba con un toque...femenino. La alfombra del suelo ahora era de un color guindo con unos detalles dorados muy delicados, los cuadros de los antiguos directores tenían su mismo orden, pero la pared detrás de ellos tenia un color verde esmeralda. Las ventanas eran adornadas con unas persianas con un tono mas claro del de la alfombra. Esos eran los detalles mas notables y pesar de que los cambios eran pocos, se percibían.

-Tomen asiento por favor- la oí decir como quien le habla a un alumno distraído, y así me sentí.

-Qué es lo que quería decirnos profesora?- dijo Potter con una voz de hombre, la cual no había oído hasta hoy, era desconcertante para ser honesto.

Se dedico a organizar una gran cantidad de documentos sobre su escritorio, pergaminos y libros de todos tamaños y colores. Potter cada vez se veía más impaciente y comenzó a mover su rodilla ritmicamente.

-Sea paciente por favor señor Potter- apresuro con la directora con calma, terminó de apilar los últimos libros y se dirigió a nosotros. - Como podrán haber visto, tenemos una variedad de nuevos maestros, entre ellos sus ex-compañeros, el señor Longbottom y la señorita Lovegood- hizo una breve pausa y continuo - Y así como hubo necesidad de nuevos maestros, ha habido necesidad de nuevos jefes de casas. Yo, en mi caso, he sido la jefa de Griffyndor por mucho tiempo pero ahora me veo en la necesidad de dejárselo a alguien más, pues la tarea de directora ha resultado ser mucho más demandante de lo que esperaba- mientras terminaba de enunciar la ultima frase, dirigió su mirada hacia Potter, con ojos expectantes, pero antes de él pudiese responder, ella continuo. Esta vez me miraba a mi.

-Como usted fue informado señor Malfoy, usted sustituirá al profesor Slughorn- a la mención de este nombre pude ver cierta sorpresa en el rostro del otro interpelado- Quien decidió retirarse por razones que a nosotros no nos incumben por ahora, así que seré franca muchachos, dentro de la oferta de un puesto en Hogwarts también esta la de tomar la responsabilidad como jefes de sus antiguas casas, espero que se sientan listos para hacerse cargo.- una vez que terminó de hablar, el silencio reino por unos minutos. Potter fue el primero en reaccionar y luego en hablar.

-Wow, yo... no se que decir maestra, me siento muy entusiasmado por la oferta profesora, me siento listo para tomar la resposabilidad e ir a conocer a los estudiantes- dijo con animo de muchacho joven. Mcgonagall asintio complacida.

-Me alegra escuchar eso señor Potter, a decir verdad no esperaba menos de usted, al parecer sus sentimientos por su casa no han cambiado. - Sonrió una vez más y dirigió su mirada hacia mi, esperando mi respuesta y a la vez otro par de ojos voltearon a verme. Tome unos segundos más para responder.

-La oferta me ha tomado por sorpresa maestra, y debo ser honesto, esperaría que este tipo de decisiones se hicieran antes o sl menos me avisaran antes, pero aun así me siento halagado ante la consideración y me veo obligado a decir que si, muchas gracias- al terminar lo que pareció una larga respuesta, procedí a hacer ahora yo mi pregunta. -Solo quisiera aclarar una cosa en especial profesora, ¿en dónde quedan los dormitorios?- Su semblante cambio a uno mas serio al oír mi pregunta, se tomó unos segundos para responderme.

-Eso; como se habrán dado cuenta durante la cena, la antigua fricción entre las casas ha aumentado y esto se ha dado a causa de la guerra que que hubo hace siente años.- hubo un tedioso silencio, y nos miro a ambos por separado.- Así que he decidido, después de una larga consieración, que para las casas sean más unidas, no debo empezar por su ubicación o sus alumnos, sino por sus jefes. Esto me ha llevado a concluir que ustedes junto con los otros jefes de casa, compartan una habitación común.

...

¿Qué?.

¿Acaso oí mal? ¿Alucinaba? ¿Compartir habitación? En que momento de su extraña vida había llegado a esa conclusión. Mi mente quedó en blanco, quería gritarle que estaba tan loca como Dumbledore y que debía considerar encontrar otro profesor de pociones, pero me mordí la lengua pues no quería perder un empleo tan bueno.

Mierda.

Al parece mi idea de un sacrificio se quedaba corta al momento de ser aplicada.