Era el tercer día de clases y todo marchaba bien; Potter y yo no habíamos intercambiado palabra en lo absoluto, nos limitábamos a solamente algún saludo cordial de vez en cuando, fuesen buenos días, tardes o noches.
La convivencia con ellos era cercana a nula, excepto cuando contábamos con la presencia de Lovegood, quien hacía de todo para incluirme en su pequeño grupo de conversación; era imposible evitar esa situación, ya que al cabo de día y medio había acabado con todo mi arsenal de excusas para salir de esa trampa, y a pesar de que se hacía la tonta, era obvio que me leía claramente, pero no evitaba que mantuviera mi participación a lo mínimo, hablaban de sus vidas personales y recordaban sobre sus años de gloria como estudiantes de Hogwarts; las risas y carcajadas hacían que me sintiera parte de ellos, empapándome de su buen humor, y era que en algunos efímeros momentos, me veía a mi mismo sin poder evitar reírme con ellos, de vez en cuando, de sus bromas idiotas o algún comentario acompañado de risitas ahogadas, y a veces me sentía como un muchacho de 17 años otra vez, que se divertía con sus camaradas de toda la vida, eran fantásticos, pero los momentos incómodos eran oportunos y pronto me recordaban que yo no había crecido con ellos como amigo, sino como enemigo.
Y para haber pasado tan poco tiempo las amarguras eran evidentes e incómodas. Y a pesar de todo, las cosas marchaba bien. Cuando eso sucedía, yo solo fingía que no me daba cuenta y decía que tenía algo más que hacer; sí, el bueno y sacrificado yo... Sin mencionar hipócrita, me daba asco, y Lovegood atenta a lo sucedido no tenía de otra más que dejarme ir. Así eran las cosas y muy probablemente seguirían así, tal vez éramos más maduros y podíamos sobrellevar nuestras antiguas diferencias, pero el rencor seguía ahí y eso no era algo sencillo de lo cual despojarse. Yo lo entendía mejor que nadie.
Y así duró hasta este tercer día, incómodamente tranquilo sin ninguna eventualidad, excepto con algunos de los nuevos profesores, que tenían un prejuicio establecido hacia mi apellido; no los culpaba. Así esperaba que siguiera, hasta que Mcgonagall me envió un alumno con un mensaje. Era uno de los prefectos de Ravenclaw, llegó a mi clase y en pleno monólogo me interrumpió.
- Profesor Malfoy! - profirió un muchacho menudo. Me irrito bastante a decir verdad, estuve a punto de hecharle alguna acidez para que se pusiera a llorar, pero me tranquilice. Fui amable.
- Disculpen, al parecer su compañero considera que su presencia impone ante mi clase - mi tono sarcástico provoco risitas y cuchicheos que pase por alto, el muchacho se sonrojo - Que se le ofrece? - dije con urgencia y acidez.
- L-La d-directora desea ve-verlo después d-de la cena, s-s-señor - ah, la loca aquella tramaba algo.
- Esta bien, dile que estaré ahí - en cuanto respondí el muchacho salió corriendo de inmediato, no se si de pena o miedo, pero me divirtió de cualquier forma.
- Bueno, en que nos quedamos? - pregunte al aire, pero pronto una chiquilla se levanto y contesto.
- Nos hablaba sobre los diversos usos para la piel de serpiente - dijo tan rápido como pudo, al terminar esperaba mi aprobación pues no se había sentado. Estuve a punto de reprenderla pero vi una clara semejanza entre Granger que me detuvo. Su hija? Era pelirroja y pecosa, ah, por supuesto...
- A la otra, permitame terminar señorita...- agacho la cabeza, asintiendo y se sentó pero su atención me dio cierto animo - Cinco puntos para Ravenclaw, pero a la otra tenga más pertinencia - la muchachita se sentó alegre y asintió
Continué mi día dando clases a los diversos niveles de alumnos. Los de primero parecían que saltaban a cada palabra que pronunciaba, mientras que los de sexto y séptimo parecía que esperaban el momento en que cerraría la boca para ignorarme. Había de todo, y dentro de todo, estaban los de Slytherin, a quienes no podía evitar darles ciertos beneficios, sentía una simpatía casi familiar hacia ellos. Era extraño a pesar de todo.
Al terminar mi ultima clase, tome rumbo hacia la sala de los menesteres. Dejé mis cosas en mi habitación, no había nadie en la sala, y me tome unos minutos: fui al baño, me arreglé el cabello, trataba de hacer tiempo.
A parte de eso, mi día pasó inalterado y para cuando me di cuenta ya eran las 7:20 de la noche, casi hora para la cena. La cena, ah demonios, había olvidado la cita con la bruja aquella... Bueno solo debía hacer espacio para después de que comiera.
El tramo al gran comedor no fue largo y a parte aburrido.
Al llegar me di cuenta que no había casi nadie, solo unos cuantos estudiantes y en la mesa de profesores solo una, y conforme me acercaba a ella me di cuenta de quien era, era...Potter. Potter, de todas las personas que me pude topar, y de toda la suerte, la peor la tengo yo; miré mi reloj, 7:40, veinte minutos. Suspiré y continúe mi camino hacia la mesa y me senté a dos asientos de Potter, quien parecía llevar más tiempo ahí, pues tenía cara de muerto viviente. Me acomodé en mi asiento y comencé mi espera de la hora de cenar; me puse a ver a mi alrededor, las decoraciones, las ventanas, las mesas, me puse a jugar con mis cubiertos. Con la impaciencia cerca de atacarme cheque mi reloj esperando que hubiesen pasado al menos unos 10 min...7:45. ¡Demonios!, esto sería una tortura, quería salirme pero mi hambre era peor y me mantenía ahí. Estaba a punto de ponerme a descifrar la inmortalidad del escorbuto cuando una voz masculina y familiar me interrumpió.
- Bueno Malfoy, eres tú o morirme de hambre - dijo irritado mi compañero de mesa, no tarde en responderle.
- Cálmate Potter, no creo que comerme sea la mejor solución para ambos - dije con sarcasmo, lo cual pareció irritarle aún más.
- Basta Malfoy, ¡hablaba de distraerme!. Mi mejor idea fue conversar contigo - tan pronto terminó, ataque de nuevo.
- Vaya Potter, pensé que eran ideas mías pero la escuela de verdad te hace daño - esta vez con un tono más mordaz, había hábitos muy difíciles de romper.
- Cállate, al menos intente ser civil - esto me dio al orgullo y no tuve otra mas que arreglarlo.
- Ya cálmate Potter, solo bromeaba pero para ser honestos el hambre te hace parecer una bestia - dije con más calma y trate de dar mi sonrisa más honesta. Y para mi total sorpresa, Potter hizo una mueca muy parecida a una sonrisa. Y para sorprenderme más, sentí esta sensación de cuando mi orgullo se hinchaba al ver las mejillas sonrosarse de un color discreto, me vi a mi mismo disfrutando hacerlo sonreír. Por supuesto que ya lo había visto sonreír antes pero ahora yo era la causa de ello y no lo opuesto, y pronto mi codicia hizo aparición. Quería hacerlo sonreír más.
- Y justo cuando se me había ocurrido otro comentario para intentarlo, llegaron Longbottom y Lovegood, y por primera vez en mi vida me vi a mi mismo envidiándolos. Era la historia de mi vida.
- ¡Draco, Harry! ¿Hace cuánto que están aquí? ¿Han platicado de algo? - Lovegood nos bombardeo con sus preguntas mientras que sus ojos dejaban ver que sabía bien lo que sucedía.
- Nada Luna, nada, solo pasábamos el rato - respondió Potter con cierto desánimo. Mi orgullo salió herido con esa respuesta.
- ¡Oh! Bueno, y yo pensaba que porfié se llevaban mejor - dijo con un tono de burla, pero con algo de seriedad. Lovegood dejaba ver menos de lo que en realidad era. Pero los otros dos parecían pasarlo olímpicamente por alto.
- Ya Luna déjalos en paz, no ves que Harry ya esta babeando de hambre, si Ron estuviera aquí sería competencia, Hahaha - dijo Longbottom mientras reía, a decir verdad el comentario me dio risa, pues imaginarme a Weasley babeando junto a Potter era muy gracioso.
Solté una leve risa, que Lovegood pronto captó, y me dio una mirada cómplice y me sonrió, su misterio me asustaba a veces.
Pronto, la mesa de maestros tanto las de los alumnos estaban llenas, y la comida no tardo en llegar, con el hambre que tenía me fue difícil engullir lo que tenía enfrente con la discreción debida, en cambio Potter ni siquiera se molestaba en disculparse con sus compañeros a quienes les salpicaban pequeñas migajas de todo lo que estaba devorando.
Al cabo de al menos una hora, el banquete había terminado y todos se disponían a retirarse a sus habitaciones, menos yo. Aun debía ir al despacho de Mcgonagall a ver que se le había ocurrido esta vez.
Me despedí del trío con un saludo corto y me retiré. Salí del comedor e hice camino para el despacho de la directora, pase por escaleras, pasillos, alumnos que me miraban con miedo y algo así como admiración, y una vez enfrente de la gárgola de piedra, pronuncie...
- Huevos de thestral - oí una voz detrás de mi pronunciar la contraseña, voltee y lo vi. Potter. ¿Otra vez, acaso me seguía como en el sexto año?
Ignore el pensamiento y solo me límite a subir las ahora presentes escaleras, subimos uno detrás del otro hasta llegar a la oficina en donde nuestra presencia era requerida.
Abrí la puerta y pronto se oyó la voz de Mcgonagall.
- Entren muchachos - no podía evitar sentirme con un niñito cada vez que nos llamaba así. Caminamos a lado del otro y nos sentamos en las ya familiares sillas. Hubo un breve silencio en lo que la directora hacia no se que, que era más importante que ir directo al grano, ya quería salir de ahí, este lugar me incomodaba. Entonces habló.
- Bueno, los cite porque tengo un anuncio que darles- si, creo que eso estaba establecido...- En una parte de mi proyecto para unir las casas, tengo vislumbrado que haya una sesión de duelos entre las casas de Gryffindor y Slytherin.- ¿Unir las casas con más rivalidad con duelos?, la mujer estaba perdida.
- Profesora, con el mas debido respeto, los alumnos se van a matar si les damos esa oportunidad - de verdad estaba tan loca como Dumbledore.
- Esa es mi intención señor Malfoy, no que se "maten", pero que se enfrenten de una manera menos dañina como son los insultos, acosos y demás- a decir verdad, la directora tenia un punto con eso.
- Me parece una idea interesante profesora, pero aún así me parece una opción muy drástica - esta vez fue Potter quien protestó.
- Entiendo su preocupación Señor Potter, pero ¿qué otra opción ve usted? - no había de ganarle a esta mujer. Potter apretó los labios. Me tocaba.
- Podríamos obligarlos a convivir, o algo así no cree? - mi comentario sonaba algo idiota pero era mejor que mandar a los alumnos a recibir una paliza.
- ¿Con que resultado señor Malfoy?, eso ya lo hacemos y las cosas no cambian mucho - el tono y semblante de la profesora era serio y determinado. No podía sacar la de ganar.
- Muy bien profesora, como vamos a prevenir que las cosas salgan de control con los alumnos más grandes ?- dijo Potter con un tono desafiante. Veamos que dice.
- Muy sencillo señor Potter, ustedes intervendrán. Sabemos que usted y el señor Malfoy están calificados para hacerlo - mierda, esperaba que no dijera eso. Nos miro a ambos y prosiguió - Creo que con eso es suficiente, los días para esta actividad serán tres, a partir del Lunes de la próxima semana, así que vayan preparándose ustedes y a sus alumnos.
Mi incómoda tranquilidad poco a poco se iba deslizando por un caño.
Gracias por leer!
Dejen muchas reviews :P, me motivan a seguir con este fic :3
Ciao
