Disculpen pror la demora; la enfermedad y la escuela me habían nantenido ocupada durante cierto lapso de tiempo, pero aquí tienen el tercer acto de este fic.

Advierto que no soy muy buena describiendo situaciones violentas, pero he hecho mi mejor esfuerzo. Ojalá les guste.

Saludos!


TERCER ACTO:

LA FIESTA DE LAS BALAS, LOS AUTOS VOLADORES Y EXPLOSIONES CONTÍNUAS.

Y uno de los sicarios cayó muerto al suelo al recibir el impacto de una bala detrás de esa cortina de humo, dejando a Arriaga muy sorprendido.

Cartman, Kyle, Ze Mole, Trent, Butters, Lexus, el padre Maxi y Carlito, el quinto invitado, se volvieron hacia dónde provino la bomba de humo. Y justamente en el umbral de la puerta que daba a la cocina estaba un par de jóvenes y un niño con muchas armas en las manos.

Eran Craig, Ike y Josh Meyers, un joven a quien Cartman y Trent conocieron hace tiempo en la prisión.

- ¡¿Ike? ¡¿Craig?– exclamó Kyle con asombro.

- ¡Kyle! – exclamó el niño pequeño.

- ¡DISPAREN A MATAR! – gritaba Arriaga.

Fue cuando entonces que Trent sacó sorpresivamente de sus mangas un par de pistolas, se tiró al suelo al estilo de Bruce Willis y empezó a disparar como loco; a él le imitaron Cartman, Ze Mole y Carlito, quienes también estaban armados. Mientras, Kyle, Ike, Lexus y Butters se cubrieron del alcance de las balas a la par que Craig y Josh se unían al desmadre entregándole un arma al padre Maxi, quien también decidió unirse a ofrecer pelea.

Los hombres de Arriaga empezaron a disparar como locos por todos lados; Kyle, Ike, Butters y Lexus estaban detrás de una columna fuera del alcance de las balas enemigas. No obstante, no estuvieron ahí por mucho tiempo, puesto que Kyle y Butters decidieron unirse también a la balacera con tal de cubrir a sus hombres.

- ¡KYLE, VETE DE AQUÍ! – le gritaba Cartman mientras disparaba - ¡VETE DE AQUÍ! ¡PONTE A SALVO CON TU HERMANO Y CON LAS CHICAS!

- ¡No! – exclamaba Kyle al mismo tiempo que tomaba una de las metralletas asentadas a lado de Josh - ¡Voy a cubrirte!

Dicho esto, el joven se tiró debajo de la mesa y disparó; Josh, al darse cuenta del plan de Kyle, le imitó y ambos disparaban por abajo mientras que los demás lo hacían por arriba, matando a los que estaban en la mesa contraria.

Ike tomó entonces una bomba de humo y, con demasiada temeridad, se arrastró hacia donde estaba su hermano y, en un momento oportuno, la lanzó.

Arriaga y sus hombres empezaron a toser al mismo tiempo que reanudaban su ráfaga de balas sobre sus víctimas; empero, el Zeta se enfureció al ver que habían desaparecido justamente cuando terminaron de disparar.

- ¡VAYAN A POR ELLOS! – gritó el sicario.


- ¡¿Tienes algún plan para salir de esto, cabrón? – inquirió Josh mientras todos atravesaban la cocina corriendo - ¡Porque si tienes un plan, me gustaría echarlo a andar enseguida!

- ¡En eso estoy pensando! – respondía Cartman, quien corría tomado de la mano con Kyle.

- ¡Culón, ¿cómo carajos te metiste con esa gente? – reclamaba Craig - ¡¿Sabías que por poco matan a Ike en su casa? ¡Fue una suerte que Myers y yo estuviéramos cerca!

- ¡¿QUÉ? – gritó Kyle, quien se detuvo violentamente y, soltándose y mirando a Cartman seriamente, añadió: - ¡Cartman, ¿qué les has hecho? ¡¿Y por qué fueron ellos a mi casa?

- ¡Te lo explicaré luego! – respondió Cartman, quien estuvo a punto de tomar la mano de su casi esposo.

- ¡NO! ¡QUIERO QUE ME LO DIGAS AQUÍ Y AHORA! – protestó Kyle - ¡¿Cómo demonios te metiste con esos tipejos?

Cartman suspiró y fue directo al grano en lo que reanudaban la huída:

- Hace un par de años que empecé a traficar drogas con los Zetas; los tipos reclutaban gente aquí en nuestro país para poder distribuir su droga y combatir a su competencia, la cual también había empezado a reclutar ciudadanos comunes con los mismos fines. No obstante… uhmmm… Digamos que "tomé prestado" algo de dinero para solventar mis gustos caros y empecé a "coquetear" con uno de los contrarios… Con la familia de Carlito, para ser preciso…

Se detuvieron justamente en las escaleras que daban al primer piso; todos guardaban silencio con la esperanza de poder despistar a los narcotraficantes; Cartman, en medio de susurros, continuó con su relato:

- No sé cómo se enteraron los Zetas que había estado tomando dinero ni mucho menos sé cómo se enteraron de mi amistad con Carlito, pero me figuré que fue la mujer de Arriaga la que dio la voz de alarma luego de haberme revolcado con ella…

Kyle le miró muy sorprendido y molesto.

El gordo aclaró:

- ¡No me mires así! Me revolqué con su vieja con tal de que no me delatase ya que ella quería que fuera su amante, y que si no lo hacía, entonces me iba a delatar ante Arriaga puesto que en un descuido me descubrió. La mandé al carajo después del revolcón, lo juro. En fin, con tal de querer salirme del asunto del tráfico de drogas, recurrí a la familia de Carlito para que me ayudase. Don Anselmo, el padre de Carlito, dijo que me ayudaría a escapar del país si yo recuperaba de la casa de los Arriaga un objeto muy preciado.

- ¿Un objeto preciado? – inquirió Kyle.

- Sí… La Mexicana.

- ¿La Mexicana? ¿Y quién coño es ella?

- Querrás decir "qué coño es" – interfirió Carlito al mismo tiempo que trataba de aguantar la risa.

Kyle le miró con extrañeza.

Carlito, ya estando más tranquilo, añadió:

- La Mexicana es un arma. Un arma del siglo XIX fabricada por mi ancestro, Miguel Arencibia, por petición de un hacendado… Antonio Arriaga.

- ¡Tal como se apellida el líder de los Zetas! – exclamó Kyle.

- Sí. De hecho, ese hijo de puta es su descendiente. En fin, como les iba diciendo, Arriaga quería regalarle a su hijo Ignacio algo digno de él y como sabía que al chico le gustaba mucho las armas, decidió encargarle a Miguel la fabricación de un arma que le hiciera honor al chico. Pero aquí viene lo interesante: Miguel tenía una hija muy bella, Ana, quien estaba enamorada de Ricardo, el aprendiz del armero. Ambos jóvenes se amaban profundamente, causándole a Ignacio un ataque de celos porque quería a Ana para él solito… Llegando el día del cumpleaños de Ignacio, el armero, el aprendiz y su hija se reunieron con el hacendado y su hijo en el centro del pueblo. Arriaga, complacido con el trabajo de Miguel,le pagó lo que pensó que era justo y le entregó a Ignacio su regalo; no obstante, Ignacio tomó el arma y le disparó a Ricardo derechito al corazón ante el terror de la bella Ana. Ella, al darse cuenta de las razones de Ignacio, le maldijo ante la risa de Ignacio; entonces, en un descuido, la joven le arrebató el arma y se suicidó, no sin antes decirle que el último de los Arriaga será algún día aniquilado por aquél que empuñe a la Mexicana con justicia... O al menos eso fue lo que me contó mi padre.

Kyle y Cartman se quedaron maravillados y sorprendidos al escuchar semejante historia de amor y celos en donde el principal protagonista es un arma de fuego.

- ¿Y… Dónde tienen a la Mexicana? – inquirió el pelirrojo.

- En este mismo lugar – respondió Cartman -. Y debemos llegar a ella antes que esos cabrones o de lo contrario, a mí me cortarán las bolas y no querrás tener por esposo a un castrado.

El pelirrojo le miró con indignación y le replicó:

- Entonces estamos en esta situación por quién sabe cuántos miles o millones y por una jodida arma antigua que tú tienes en tu poder… ¡En tu jodido poder, con un carajo!

Todos se volvieron hacia el pelirrojo.

Éste añadió:

- ¡Casi matan a mi hermanito por tu culpa! ¡¿Y encima de todo quieres que me case contigo para huir como un cobarde? ¡¿Pues adivina qué, culón?

Cartman realmente y en esos momentos se sintió desfallecer.

Listo. Se acabó. Se jodió el asunto. Ahí se iba la única oportunidad de poder tener al judío para sí mismo y para nadie más.

Todo se fue al carajo por su culpa, por lo que tenía qué resignarse a perderle.

Kyle, mientras tanto, se volvió hacia el padre Maxi y le dijo:

- Padre, ¿puede casarnos ahora mismo?

Todos casi se caían de bruces al escuchar esas palabras.

Craig por un momento pensó que Kyle había perdido la razón tras tantos años de estarse peleando con el culón, y vaya que maldijo al culón por dentro por haber afectado la inteligencia del judío, pero su sorpresa fue más grande cuando Kyle dijo la razón de su decisión:

- Si yo no amara a este idiota durante estos últimos años a pesar de todo lo que me ha hecho, yo mismo lo habría matado o le hubiera entregado a los Zetas. Pero… ¿por qué odiar lo que se ama?

Cartman se quedó muy sorprendido.

El pelirrojo se acercó y, tras darle un puñetazo en el estómago, le abrazó y le dijo:

- Cuando esto termine… Prométeme que ya no estarás más en esta mierda de asunto, porque si no lo haces, juro que no me casaré contigo o te mataré si lo requiere.

Cartman sonrió y le respondió:

- Trataré, bebé… Trataré…

- ¡AQUÍ ESTÁN! – gritó un sicario.

- ¡Oh, con un carajo! – exclamó Cartman mientras Kyle tomaba su arma y le disparaba al que les delató - ¡¿Acaso esos tipos nunca se rinden?

- Por lo visto no – respondió Trent muy sarcástico.

Todos subieron por las escaleras al mismo tiempo que Arriaga y compañía irrumpían por la puerta; una vez en la planta alta, Cartman guió al grupo hacia las oficinas, ya que ahí se encontraban el dinero y el arma.

Entrando a la oficina, corrieron la mesa, las sillas y todo lo que había dentro para bloquear la entrada y pensar en cómo escapar; con Trent y Josh cubriendo la retaguardia, Cartman abrió un compartimento secreto que se ubicaba debajo de la mesa y sacó de ahí dos maletines y una caja, la cual fue entregada a Carlito.

El joven mexicano abrió la caja y, con orgullo, le mostró a sus compañeros de desmadre el objeto causante de su situación: Un arma de fuego hecho de ébano y plata bellamente labrado con líneas ovaladas y con cuatro balas de bronce.

- Es muy bello – comentó Lexus -. Una obra de arte sin duda.

- Gracias – respondió Carlito mientras cerraba la caja y lo guardaba en la mochila que estaba en el armario.

Mientras tanto, Arriaga y sus hombres recorrían los pasillos en busca de sus víctimas; Nacho, su mano derecha, intentó abrir la puerta en donde estaban los fugitivos sin éxito.

- Jefe – le dijo a Arriaga, quien estaba parado "supervisando" la revisión -… Creo que están aquí.

Arriaga sonrió y, con una seña, le dijo a sus hombres que se pusieran en la puerta bloqueada; luego le pidió a Nacho que fuera a buscar una bazuca en la camioneta, a lo que el sicario obedeció…

Con la sorpresa de que los fugitivos se estaban llevando los automóviles.

- ¡JEFE, SE ESTÁN LLEVANDO LOS AUTOS! – gritaba Nacho mientras corría como loco hacia Arriaga.

- ¡MALDITA SEA! – gruñó de furia el hombre y, dirigiéndose a sus hombres, ordenó: - ¡TRAS ELLOS! ¡LOS QUIERO MUERTOS A TODOS!

Los hombres obedecieron con miedo mientras que Arriaga exclamó lleno de rabia:

- ¡Maldito seas, Eric Cartman!


Cartman conducía como un poseso por las calles, causando un caos vial tremendo.

Él y sus amigos tenían que salir de Denver lo antes posible, y si es dable del país; Arriaga y su gente podrían alcanzarles en cualquier momento y en cualquier punto de la ciudad, y darles muerte de mil maneras.

Mientras, Kyle, Ike y Craig vigilaban que no les siguiera ningún auto sospechoso.

Durante el camino, Cartman les dijo a los tres muy seriamente:

- Chicos, creo que no regresaremos a South Park, al menos no mientras Arriaga esté vivo y nos esté buscando.

- ¡¿Cómo que no regresaremos a South Park? – protestó Craig - ¡¿Y se puede saber a dónde carajos voy a ir, gordo de mierda?

- Craig tiene razón, Eric – le dijo Kyle -. Yo pienso que debemos enfrentarle, al menos tenderle una emboscada y matarle; por si no te has dado cuenta, en este y en varios autos hay armas. Podemos hacer uso de ellas.

Cartman sonrió.

Si había algo que más amaba de su pelirrojo era justamente su inteligencia y su sabiduría; incluso en los momentos más desesperados, Kyle siempre encontraba una forma de hallar solución a toda clase de problemas.

No obstante, Ike divisó un auto color rojo siguiéndoles a toda prisa.

- ¡Nos alcanzaron! – exclamó al ver que de la ventana había salido un arma y empezó a disparar- ¡CUIDADO!

Cartman, al notar la presencia de la gente de Arriaga, pisó a fondo el acelerador, iniciando una loca carrera por la vida.


- Localizamos a Cartman, señor – decía un sicario por la radio -. Va justamente hacia donde está usted.

- ¡Perfecto! – exclamó Arriaga mientras ordenaba a sus hombres que tomaran sus armas y que, a su señal, empezasen a disparar a mansalva.

No obstante, el auto pasó tan rápido que ni les dio tiempo para emitir ni un solo disparo.

Aquello encabronó a Arriaga, quien gritó a todo pulmón:

- ¡TRAS ELLOS! ¡TRAS ELLOS, BOLA DE INCOMPETENTES!

Sus hombres, asustados, obedecieron y se unieron a la persecución disparando con pésima puntería a la camioneta en donde estaban los jóvenes.

- ¡Carajo! – exclamó Craig mientras él, Ike y Kyle se cubrían de los disparos - ¡Gordo de mierda, conduce más rápido antes de que nos agujereen el culo!

- ¡CÁLLATE, CRAIG! – gritó Cartman - ¡HAGO TODO LO QUE PUEDO!

- ¡PUES ACELERA MÁS, CABRÓN!

Los disparos llegaban de todas direcciones, haciendo que los jóvenes se sintieran acorralados; no obstante, Kyle decidió entrar en acción y, dirigiéndose a Craig, dijo:

- ¡Tucker, pásame una metralleta!

- ¡¿Qué? – exclamó el pelinegro.

- ¡Pásame una jodida metralleta! ¡Esos hijos de puta ya me encabronaron!

-¡¿Kyle, qué carajo crees que vas a hacer? – inquiría Cartman frenético - ¡Te matarán!

Haciendo caso omiso de las protestas de su prometido, Kyle tomó la metralleta que Craig sacó del asiento de Cartman y, pasándose a la parte trasera, exclamó:

- ¡Cúbranse!

Ike obedeció mientras que Craig sacó otra metralleta, esta vez del asiento de Kyle. El joven pelirrojo entonces rompió el cristal y empezó a disparar. Tucker, por su parte, decidió hacer una acción mucho más temeraria: abrió la puerta y, con Ike sosteniéndole con todas sus fuerzas, empezó a disparar a los que estaban del lado derecho con certera puntería.

- ¡MUERAN, HIJOS DE PERRA! – gritaba Craig en su estado de éxtasis por disparar a los narcotraficantes.

Cartman maniobraba con habilidad la camioneta para permitir a Kyle y a Craig cubrirle las espaldas.

Pensando que tal vez Trent, Butters, Josh, Lexus, Carlito y el padre Maxi ya habrán salido de Denver, decidió unirse a los disparos.

- ¡Sujétense! – exclamaba al mismo tiempo que maniobraba para dar la vuelta.

Craig entró al auto en la primera oportunidad mientras que Kyle se cubría; entonces, viéndoles de frente y con Cartman poniendo la velocidad en reversa, Craig y Kyle se treparon de cada lado de las ventanas y dispararon.

Ike, sintiéndose relegado por tanta adrenalina en el ambiente, también se unió a la acción sacando una de varias granadas que estaban en una caja de la parte trasera y, sacándole el seguro, la lanzó con todas sus fuerzas hacia el primer auto que se le acercara.

La explosión fue inmensa, ya que el auto más cercano salió volando de bruces contra el otro auto. Aquella situación supuso una nueva oportunidad para los jóvenes de poder escapar de nuevo.

Cartman dio nuevamente la vuelta y se dirigió hacia la autopista perseguido por la gente del sicario, quienes lograron atravesar el muro de fuego a toda velocidad.

Sin embargo, al llegar a la autopista, uno de los autos en donde iban algunos sicarios fue embestido por un enorme tráiler de autos.

- ¡Miren! – exclamó Ike lleno de alegría al mismo tiempo que Craig y Kyle se volteaban a ver y Cartman miraba por el espejo retrovisor.

Y sonrieron.

- ¡Llegó la caballería! – exclamó Kyle con orgullo.

Efectivamente.

El padre Maxi conducía a toda velocidad el tráiler de autos con Butters y Lexus como copilotos mientras que Trent, Carlito y Josh, con metralletas en mano, empezaron a disparar.

Cartman bajó un poco la velocidad, pero con Kyle y Craig siempre cubriéndole las espaldas, para ser alcanzado por el tráiler; una vez que el pesado vehículo estaba a la par con la camioneta, Ike, a través de la ventana, exclamó:

- ¡Pensábamos que ustedes se habían ido de Denver!

- ¿Y dejarles solos en este aprieto? – dijo el padre Maxi - ¡De ninguna manera!

Ike sonrió…

Y fue cuando tuvo una brillante idea.

- ¡Hey, padre Maxi, chicas! – exclamaba el pequeño - ¡Aceleren! ¡Díganle a Trent y a Josh que tiren los autos!

- ¡¿Qué? – exclamaba Lexus.

- ¡Sí! ¡Debemos tirar los autos al mismo tiempo que yo lance las granadas! ¡Sé qué funcionará!

- ¡Qué buen jodido plan! – exclamaba Tucker, ya más puesto que un calcetín a patear traseros de narcos.

- Eso es peligroso, Ike – decía Kyle muy preocupado -, pero no te preocupes. Yo lanzaré las granadas.

- Pero…

- ¡Sin peros, Ike Moisha! Yo lanzaré las granadas, pero tú vivirás, ¿me entendiste?

Ike abrió la boca para protestar, pero decidió que aquello no era necesario.

Kyle, sonriente, le dijo al mismo tiempo que le ponía una mano en su cabeza:

- Eres mi hermanito, Ike, y no puedo permitir que esos cabrones te hieran…

No obstante, no pudo terminar de decir la frase cuando Craig se abalanzó sobre ellos, evitando así que los tres salieran heridos.

- ¡Déjense de sentimentalismos y disparen! – exclamaba - ¡Y tú, Ike, pon a trabajar tu plan enseguida!

- ¡Sí!

Acto seguido, Butters le dio las instrucciones precisas a su marido, quien estaba más ocupado disparando y recargando su arma como loco.

- ¡Debe estar jodiendo! – exclamaba Josh al escuchar el plan de Ike - ¡Pero me gusta la idea si es para acabar con esos malditos!

- ¡Pues a lo que nos toca! – exclamó Trent con la adrenalina en las venas.

Entonces, entre Kyle, Ike y Craig se desentornilló el techo de la camioneta para poder lanzar las granadas con más libertad, dejándole caer a medio camino y causarle un ligero retraso a los narcotraficantes, quienes disparaban y cargaban sus armas.

Siendo aquello la señal de dar pie al plan, Trent, Carlito y Josh dispararon a las cadenas que sostenían a los autos, los cuales empezaron a caer de uno en uno a la par que Kyle lanzaba las granadas con certera puntería.

Los autos parecían ser misiles de conducción de calor, puesto que caían sobre todo objeto en movimiento, incluyendo automóviles de civiles sorprendidos ante aquella persecución frenética que estaba poniendo en jaque a una buena parte de la ciudad.

No obstante y tras un buen rato de mandar "autoproyectiles" hacia la gente del enfurecido Zeta, se dieron cuenta de que las municiones se les estaba acabando.

El trío de pistoleros del tráiler fueron los primeros en percatarse de ello al dejar tras ellos toda una escena apocalíptica: Autos consumidos en llamas y explosiones, gente de Arriaga muerta, civiles heridos para fortuna de éstos, una buena parte de la autopista a punto de romperse y tirar a los automovilistas encima de los otros autos que fueron rápidamente abandonados por los conductores ante semejante locura, gente con colapso nervioso e histeria, y un tremendo caos vial idéntico al de la película Bad Boys II.

¿Y la policía? Bien, gracias. Relegados en atender a los heridos y a los histéricos, dando entender que se negaba rotundamente a participar en tan frenética persecución.

Pero eso sí: todavía quedaban como tres autos con narcotraficantes furiosos disparándoles desde dentro y más que dispuestos a darles muerte que un perro queriendo matar al gato.

Qué cosas.

- ¡Maldición, ya no tengo balas! – exclamaba Trent al ver que su arma se encontraba completamente agotada - ¿A ti cuántas te quedan, Josh?

- Ninguna – respondió el pelinegro.

- ¿Carlito?

- Ni madres – respondió el joven.

- ¡OIGAN, CHICOS! – gritó entonces Trent a todo pulmón a Kyle y a Craig - ¡NOS QUEDAMOS SIN BALAS Y SIN AUTOS QUE LANZAR!

- ¡NOSOTROS TAMBIÉN! – respondió Kyle - ¡PERO AÚN QUEDAN TRES GRANADAS!

- Granadas… - susurró Cartman.

Y fue cuando surgió un nuevo plan en el grupo, proveniente esa vez de la cabeza de Eric Cartman.

- Chicos – empezó a decir -, díganles al Padre Maxi y a los demás que abandonen el tráiler y se pasen hasta acá. Es hora de hacer explotar a ese bebé y mandar al infierno a esos cabrones.