Notas de Autora: Ha pasado tiempo, lo siento, pero finalemente tengo liberta, o al menos un poco para poder dedicarme con todos mis fic, tampoco pienso ser tan asiduo, no publicará cada semana. Lo siento, pero hay otrso fic, pero de que hago el fic, lo hago, el final lo tengo en mente, y la historia se escribe mientras se va dando la escritura. espero que les guste, en serio.

Yullen, como pueden imaginar.

Yaoi, con el Occ correspondiente, debido a que los personajes no son míos, y cualquier reacción que yo crea de ellos no tiene nada que ver con lo que idea Hoshino, pero lo hago con mis más grande deseos, y porque no, diversión propia.

Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

SIEMPRE QUISE DECIR ESO...^^


- ¿Estás seguro de ello, Yuu?

- ¿No te lo he dicho ya…?

- Ah, Lenalee me va a matar por ello, ¿sabes?

Capitulo 1: Cinco años han pasado.

Podía comenzar está historia con el sonido de los pájaros, el sol madrugador entrando por la ventana, y todo lo demás que describen el inicio de una nueva mañana, de un corriente día, de una semana en particular, en un mes prolongado, en un nuevo año; sin embargo, todas esas precarias observaciones no darían por convidado la verdadera relación por la que ésta historia en particular es contada. Tal vez y me gustaría recordar a cada uno de ellos su valor, su optimismo de la vida, y sobre todo, el amor que los unía. Así que sí, ésa es una buena forma de comenzar, obviando el principio, y relatando los hechos que llevaron a creer que el destino en realidad no era tan torcido como hubiésemos querido imaginar

Esa mañana en que todo comenzó, cinco años después de lo que se cree que fue el principio, todo regresó con la misma fuerza en los recuerdos del Joven Yuu Kanda; quién ahora no tan joven, sobre él pesaba no sólo las empresas a las que su padre había dejado la dirección en manos de su único hijo; el peso que se sumaba sobre sus hombros cada mañana en particular no era otro que el último recuerdo de aquél niño que amó tanto en el pasado. Con temor a sonar cursi, esa mañana Yuu Kanda por un segundo imaginó que la larga cabellera castaña que descansaba junto a él, reposando en una suave almohada, era de otro color, uno más pálido quizás; de ese extraño color blanco que tan singular era en aquél joven de sus recuerdos, pero que de igual manera lo hacían único y particular. Desechó esa idea cuando la verdadera identidad de la persona que dormía a su lado fue revelada; sus ojos poco a poco empezaron a abrirse, y unos pardos le recibieron en lugar de ese brillante gris, casi como dos enormes diamantes; le recibieron a pesar de lo que venía esperando cada noche al acostarse y cada mañana al despertar.

Yuu Kanda se alejó, por sus propios deseos, y esa pequeña debilidad que creía olvidada, ya no había Allen Walker en su vida, y lo mejor era olvidarlo. En cambio, la joven mujer que despertaba desde hace cinco años a su lado, lo miraba con la misma tristeza que había estado ignorando desde el día en que la conoció; con la esperanza de ser amada echa pedazos y el corazón roto, esperando las migajas de alguien que nunca la amaría, al menos no tanto como al antiguo amor; porque ella lo sabía, en algún momento lo supo, la verdad era que el tiempo no sana las heridas, sólo las cicatriza; ella esperó, y nunca le fue devuelto ese amor. Ella amaba a Yuu Kanda, y Yuu le tenía el cariño que cinco años de convivencia puede crear.

Alma era su nombre, una mujer hermosa si se puede decir, al igual que sus cualidades, atenta y cariñosa, jamás levantaría la voz y jamás reprocharía a su amor no correspondido; de esa forma la habían criado; con el sueño de un hogar y una familia a la cual amar, de niña pensó que aquello sería posible, lo tuvo en sus manos unos momentos antes de que se lo arrebatarán, ahora cuando finalmente creía que podía tenerlo otra vez, la distancia marca la diferencia. También hubo esperanzas en ese momento, pero no sirvió de nada, porque el recuerdo de aquel antiguo amor era más fuerte que sus ilusiones de fiel enamorada.

Pero Alma se permite sonreír, porque Yuu aún está a su lado, tienen una familia, y por ahora es suficiente, aun hay tiempo.

Así de esa manera, comienza de verdad la mañana de ambos; Yuu es el mismo expresivo, casi con la misma frialdad la trató, un buenos días fugaz; y la familia Kanda comienza su día.

Exceptuando, que no son los únicos, a los pocos minutos en que ambos, marido y mujer, están listos para ir al desayuno, los sonidos de unos pasos se dejan escuchar; se acerca a la habitación y de un portazo se abre la puerta. A continuación una pequeña cabellera negra se deja ver, nada más que perteneciente a un pequeño de no más de cinco años; una gran sonrisa hay en su rostro, y ambos mayores lo miran mientras corre a su lado.

- ¡Mamá, Papá! – el nombre de éste niño es Yuki Kanda, hijo de Yuu y Alma Kanda; ésta es la completa familia Kanda.

Está ha sido la vida de Yuu Kanda, cuando cinco años atrás decidió abandonar a su Moyashi.


Alma Karma era su nombre antes de contraer nupcias con el único heredero de los Kanda; los Karma era muy famoso en la enriquecida Tokio, a decir verdad, de entre las familias más importantes, los Kanda y los Karma tenían el mayor control. Los Karma con extensas propiedades, se beneficiaban del cultivo del arroz y el trabajo mercantil; para ser más precisos, el comercio del licor era una de sus fuentes más provechosas que los habían llevado hasta el lugar donde se encontraban.

Ambas familias eran amigas desde antes que sus primogénitos nacieran; es más, ambas madres – tan distintas la una de la otra, pero no distantes – fueron grandes amigas desde el momento en que se conocieron, ambas soñando que en un día tal vez sus hijos terminarían por contraer nupcias y pudiesen llamarse familia. Elizabeth murió antes de poder ver cumplido con exactitud ése sueño.

Sin embargo, tras un tiempo esa oportunidad del pasado regresó a Alma con el retorno del joven Kanda a Japón después de años de ausencia. De sus recuerdos de la niñez, Kanda Yuu seguía siendo el mismo que conoció en el pasado; más grande, sí, y varonil, pero la pequeña inocencia que había tenido de niño ya no estaba, en él se guardaba todo un cúmulo de sentimientos reprimidos que no habían podido ser explotados en su mejor uso, y de los cuales seguía resguardando como su mayor tesoro. Seguía siendo igual distante con todos aquellos que no eran su familia, y con quienes lo era, el trato no era más cordial que al principio.

Pero no importaba, era un Kanda, y éste había regresado.

Alma si notó algo a los pocos días que Yuu arribó de su estadía prolongada de Londres, no era sólo distancia; en los ojos de Yuu había podido avistar una gran pesadumbre que sólo el tiempo le pudo dar la respuesta de su verdadero significado. Lo supo pero fue demasiado tarde; se había enamorado del arisco y asocial Kanda Yuu.

A los dos meses de éste encuentro entre ambos, el anunció del compromiso entre ambos se corrió entre todas las familias con las que se codeaban; Alma jamás oyó la indisposición de Kanda con respecto a éste enlace, lo creyó muy bien convenido. A los pocos meses contrajeron nupcias, y fue el comienzo de tan desastroso desenlace. Pero entonces vino el nacimiento de su único hijo en la actualidad; Alma podía asegurar con ello un fuerte lazo que le ataba a Yuu mucho más consolidado que el pedazo de papel que les declaraba como marido y mujer desde hace cinco años.

Yuki creció entre una familia que lo adoraba, un padre a quién admiraba, y Alma estaba segura que a pesar que el cariño que profesaba hacia Kanda no era correspondido, éste quería a su hijo, y eso era suficiente en algunos momento para aliviar su corazón. Ella sólo podía sonreír a su familia, cuando en la oscuridad de su habitación y la soledad de su corazón dejaba escapar las lágrimas que había retenido durante todo el día.

Tenía que ser fuerte, se decía, ella podía, podía.

- My name is Yuki Kanda, Nice to meet you, everybody… ¿Qué te parece, mami? – esa mañana en especifico, Yuki había estado muy solicito con su madre; cada segundo una pregunta, en cada momento una sonrisa, y en cada instante, una asentimiento de su padre confirmando que estaba de acuerdo.

Era la hora del desayuno, y Yuki se preparaba para un nuevo día, por una necesidad imperiosa estaba más feliz que nunca, y es que Yuki esperaba con ansias el viaje pronosticado por su querido padre desde hace meses, que se llevaría acabó ésta misma noche, según el mayor. Yuki esperaba éste viaje, con sus cinco años cumplidos tenía fiel creencia de que ésta sería un gran aventura, unas largas vacaciones donde podía estar más cerca de las personas que más amaba en éste mundo.

- Lo estás haciendo muy bien, Yuki

- No sólo tengo que hacerlo bien, tiene que ser perfecto – fue la respuesta concisa del menor, la mirada de Alma fue de asombro, Yuu le miró de reojo sobre el periódico matutino que leía; exteriormente no parecía interesado, pero en sus ojos se podían leer la satisfacción que esas palabras habían causado en su interior.

A Alma le gustaba ese aspecto, precisamente porque era por su hijo, el de ambos.

- ¿Estás listo para el viaje, Yuki?

- Perfectly, mother… Mi name is Yuki, and in my country, Yuki means "snow".

- Muy bien, Yuki.

Yuu había dejado de prestar atención de su lectura, las finanzas y las nuevas políticas establecidas tomaron segunda instancia cuando un recuerdo se aglomeró en su mente, quiso detenerlo, prestar atención tal vez a su hijo; cada vez que esto sucedía, la única forma que encontraba para poder estabilizar ese dolor conciso en sus sienes, era mirar con fijeza a su nueva y repetirse, no hay manera, no hay forma de regresar. La mayoría de las veces funcionaba, y cuando no, como ocurrió en aquella ocasión, sólo podía huir, alejarse y esperar hasta que pasara.

- Kobato-san les llevará al aeropuerto cuando sea el momento, los veré ahí – se levantó, con el rostro lívido pero con la misma fría postura que podía aparentar.

Yuki corrió siguiendo los pasos de su padre, Alma les siguió segundos después, tenía una leve idea, pero era mejor no pensar en ello; cuando los alcanzó en la entrada, Yuki se aferraba a las piernas de su padre, despidiéndole como cada mañana. 'Yuki siempre ha sido un niño cariñoso, vivaz y alegre', pensaba Alma mientras contemplaba la escena con ternura reflejada en sus ojos 'Me alegro que así sea, que sea feliz'.

- Nos vemos – Yuu la miró, solamente recibiendo una seña de su parte. Alma como la costumbre procuraba, le despedía con una leve inclinación siendo imitada por su hijo.

- Cuídate – respondieron ambos a la vez, Yuu Kanda desapareció tras la puerta de su coche y salió de la mansión.

Alma siguió con su mirada hasta que la limosina no estuvo a su alcance de su vista; ni un te quiero – también esperaba demasiado – y ni siquiera un cuídate mientras la miraba a los ojos, porque Yuu nunca le miraba a los ojos.

'Pero ya estoy acostumbrada… ¿no?'

En la limosina, Yuu había sido derrotado por sus propias privaciones, la cabeza había empezado a dolerle horrores, la idea que transcurría en su mente no se difuminaba como la neblina matinal como él hubiera deseado; tenía que concentrarse en la reunión de ése día, porque esa misma noche partían él y su familia a . y no podía dejar clavos sueltos. Tratando de concentrase estaba en el informe que su secretaria le había proporcionado con los detalles de la reunión con los socios de su empresa, fue que la idea se esfumó y todo su concentración se perdió por partida doble cuando nuevamente las palabras recitadas por Yuki se confundieron con aquellos recuerdos vagos de su pasado; la voz de Yuki era remplazada por otra con acento inglés, dulce y varonil, que muchas veces le contestaba con reproche, y otras, le consumía en la más profunda letanía.

"A mi me gusta la nieve, pero no me gusta el frío…En realidad, no soy muy bueno en soportarlo, ¿sabes?"

"No hay una razón en especifico… creo que a veces me ayuda a olvidar, y también trae a mí viejos y buenos recuerdos"

"Jejejeje, bueno, diría que al mismo tiempo son tristes, y cuando hace frío, no hay nadie a mi lado para calentarme"

- Imbécil, Imbécil…Baka Moyashi.


Las enfermeras le saludaron a su pasó, ese día Allen Walker les sonrió desganado, o al menos en su interior así se sentía, en la capa exterior este detalle no se notó, Allen Walker sonreía como siempre. En pocos pasos llegó hasta al ascensor, y con el oprimir de un botón no tardó en llegar hasta el vestíbulo principal del hospital. Con las enfermeras o doctores con quienes se encontró, él saludo de prisa, con un "tenga un buen día"; no hubo pláticas prolongadas, ni deseos infructíferos. Quería salir lo más rápido de aquel lugar.

Llamó a un taxi una vez que estuvo afuera, y dando la dirección correcta emprendieron la marcha.

Esa mañana pintaba de la misma forma para Allen como cualquier otra, su semblante cansado sólo se exteriorizaba cuando estaba seguro que ninguno de sus conocidos estaba cerca para verlo y preocuparse por ello; por unos segundos sintió la mirada del taxista, puesta sobre sí, y pensó con molesta acritud que realmente no quería ser interrogado por un desconocido. Su humor estaba por los pelos, y se odiaba al sentirse de esa forma, pero muchas veces no podía evitarlo, y durante esas ocasiones, discernía en la idea en que era mejor estar solo, de esa forma sus palabras – en un momento de debilidad – no podrían dañar a nadie si él no tenía la suficiente fuerza para retenerlas. Pidió a los cielos que el taxista no hiciera ni una sola pregunta, y cuando el silencio precedió a su deseo, se dio por convidado.

En poco tiempo llegaron a la dirección acordada, y Allen pagó el debito correspondiente al viaje, sintió la mirada del sujeto otra vez puesta sobre sí mientras esperaba el cambio, pero lamento su proceder cuando ésta vez el hombre le hizo la pregunta:

- Oiga, ¿se encuentra bien?

'Una pregunta tonta en el momento menos adecuado' pensó el albino, pero solamente le sonrió al señor y asintió, insatisfecho tal vez, pero seguramente no queriendo instigar más para no parecer entrometido, el hombre le correspondió de la misma forma, y entregó el dinero. 'Debí decirle desde un principio que se quedará con el vuelto'. Más la idea vino un poco tarde, y fue totalmente consciente de ella hasta que ambas puertas del ascensor del edificio donde vivía se cerraron.

Allen miró en estado automático como los números se iluminaban y un pequeño sonido se oía en cada piso en que se detenía por milésimas de segundos el ascensor, hasta que finalmente llegaron al piso 5. Una vez en su piso, buscó su puerta con el número 505 en titulo dorado, sacó su llave del bolsillo de su pantalón y la puerta se abrió. Saludó silenciosamente a su apartamento, detallando la oscuridad que había en él. Más no hizo nada para evitarlo, y llegó a tientas hasta la contestadora, tenían mensajes de voz.

Segundos después, la voz mecanizada de una mujer se escuchó:

Tiene dos mensajes sin oír.

"Allen-kun, por favor llámame ¿si? Estoy preocupada, creía que lo haríamos juntos… Quiero estar contigo en ese momento, por favor"

Allen pensó en Lenalee, en la chica y en la promesa que le había hecho, justo antes de que pudiera arrepentirse de la decisión que había tomado, el nuevo mensaje se escuchó en la contestadora.

"No te has comunicado en días, Allen… Sabes que me preocupas ¿verdad? Jajaja, ya en serio, estoy esperándote. No lo olvides, en el mismo lugar de siempre. Chao, Allen."

Allen se derrumbó por unos segundos, se tambaleo hasta que recobró las fuerzas perdidas, y aun con un poco de mareos llegó hasta su habitación, y se dejó caer en la cama. Abrazó con fuerza la almohada, hundiendo su rostro en la blanca tela almidonada. Unas cuantas lágrimas se asomaron por sus ojos cuando, olvidado el primer mensaje, la voz de ése último mensaje le trajo consigo malos recuerdos. La voz de ese hombre.

Allen sólo quería olvidar, todo.


Notas finales: Espero que les haya gustado mucho... la forma de escribir es distinto, pero bueno, cualquier cosa no duden en decirmelo.

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