El Comienzo

Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa – L

RESPONDEEEEEEEEEEE – L

QUIIIIIIN- L

Quinn no supo si se despertó por la potente luz del Sol que entraba por sus cortinas o por el constante ruido que hacía su celular al recibir el tercer mensaje en lo que iba de la mañana. De todas maneras ya estaba despierta, aunque seguía con los ojos cerrados. ¿Por qué tenía que despertar tan temprano? Porque sabía que era temprano, el Sol recién estaba saliendo. Y una vez más el teléfono vibro. La chica se tapó el rostro con su almohada y ahogó un grito. Se sentó de golpe y luego lamentó hacerlo porque le daba vueltas todo. Cuando tuvo el teléfono entre sus manos le dio a mostrar los mensajes que por cierto eran de Liz.

Buenos días Liz – Q

Oh Quinnie, ya estaba pensando que tu mamá te había encerrado en un calabozo por ser una niña mala. – L

No estoy de humor para aguantar tus bromas – Q

Qué humor, ¿Dormiste mal? – L

Ese es el problema que no dormí - Q

Ah no Quinn, no te perdono que hayas salido de fiesta sin mí – L

¡No salí de fiesta! La fiesta estuvo aquí – Q

¿Qué? ¿Cómo? – L

¿Por qué estás despierta tan temprano? Son las ocho de la mañana de un domingo – Q

No seas exagerada, ¿No puedo levantarme temprano y asistir a misa como una buena cristiana? – L

JAJJAJAJAJAJJAJAJAAJ no me hagas reír – Q

Ok, de nuevo estoy teniendo mis crisis de insomnio y no duermo desde las cuatro de la mañana y pues no sabía qué hacer.-

Y por eso me has mandado un mensaje a las ocho de la madrugada! –Q

Quinn, no exageres – L

Tú no eres la que se quedó hasta las cuatro de la mañana tomando – Q

Oh, estuvo buena la fiesta. ¿Ligaste? – L

¿Ligar? Claro cómo ahora me van las chicas…- Q

Oh Quinnie estás saliendo del clóset – L

Liz, no estoy de humor para bromas – Q

Ok, ¿Quiénes estuvieron en tu pequeña fiesta entonces? – L

Santana, Brittany y… Berry – Q

Las porristas con derechos y ¿Berry? – L

Rachel, Rachel Berry – Q

Oh… Ya veo- L

Quinn se mordió el labio inferior y se quedó mirando la pantalla de su celular sin saber que responder. Cuando estuvo a punto de sacar un nuevo tema de conversación escuchó un horrible ruido en su cocina y asumió que Santana estaría haciendo alguna de sus estupideces queriendo tomar café

Liz, hablamos mañana… creo que Santana está destruyendo mi cocina – Q

Vaya a cuidar su cocina señorita, hablamos – L


-¡Solo eso faltaba, Berry!

-San… no le grites.-

-¡Pero Brittany mira lo que ha hecho! –

-¡SANTANA CALMATE Y DEJA A RACHEL EN PAZ!

De pronto el salón estuvo en silencio. Las aves cantaban más fuerte o quizá era por el tremendo silencio. Santana se alejó de Brittany y fue al lavadero a seguir limpiando el desastre de anoche. Rachel estaba parada sin moverse mirando a la rubia sin poder creer que le había gritado a la latina. Jamás había escuchado tan molesta a Brittany antes.

-Ouch.- murmuró Rachel. No se había dado cuenta que Brittany estaba tocando su pie dañado y el contacto le había hecho doler bastante.

-¿Duele? – preguntó con una dulce sonrisa la rubia.

-Sí, mucho.- respondió Rachel tratando de devolverle la sonrisa que solo se convirtió en una mueca.

-Ayúdame a llevarte hasta la silla, ¿puedes? – nunca nadie le había hablado con tanta dulzura como lo estaba haciendo Brittany. Rachel asintió y se apoyó contra el cuerpo de la rubia; Brittany la tomó fuertemente de la cintura y la llevó hasta la silla que estaba al costado de la mesa del café.

Rachel miraba de Santana a Brittany sin entender que pasaba. La latina seguía lavando los trastos de la noche anterior pero por ratos dejaba que el agua saliese del caño y ella se quedaba sin hacer nada, sus hombros subían y bajaban y por un momento la morena más pequeña se preguntaba si estaría llorando. Aunque lo más probable fuera que no.

-Va a estar mejor lo prometo.- le dijo Brittany, sonriéndole por enésima vez esa mañana.

-¿Qué están haciendo? ¡He escuchado ruidos y he venido a ver si están destruyendo la cocina de Judy! – Quinn entró alzando las manos.

Quedó parada en el marco de la puerta sin saber qué hacer al mirar la escena. Rachel estaba sentada en su silla favorita y Brittany estaba agachada poniendo vendas o lo que fuere a su pie. Santana miraba de reojo a Brittany con tristeza mientras lavaba los trastos y en medio había un plato y un vaso roto, rodeado por un charco de sangre. ¿Qué demonios había pasado?

-Alguien puede…

-Berry tuve la genial idea de hacernos el desayuno pero como vez terminó todo en un desastre.- dijo Santana entrecortadamente.- Terminé… ahora me voy.- Quinn miró a Santana sin poder creérselo.- No me mires así, no voy a limpiar el Mar Rojo que ManHands dejó en tu cocina, ya tuve suficiente con el número que armó.-

Quinn suspiró y se acercó al trapeador para limpiar el desastre. Luego, mientras limpiaba, se dio cuenta que Santana se iba sin Brittany; rápidamente volteó a ver a la rubia que seguía agachada muy concentrada en el pie de Rachel. Cuando Quinn terminó, Brittany también y le daba un amable abrazo a Rachel. Entonces Santana volvió.

-¡Todo es tu culpa! – gritó Santana acercándose a Rachel.- ¡Haz hecho que todo se arruine! – Santana se acercó tanto a Rachel que Quinn tuvo miedo. Rápidamente se acercó hasta donde ellas y tomó a Santana por la cintura. - ¡Déjame Quinn! ¡Rachel no es nadie! –

-¡Basta Santana, compórtate como una persona madura! – gritó Brittany y jaló a Santana del brazo.- ¡Hablemos de esto afuera! Lo siento Quinn. Rachel perdona.-


¿Cómo estás? – Q

Hola Quinn y adiós – S

¡Santana! – Q

Rachel arruinó mi puta vida – S

¡Cálmate! – Q

No puedo cuando Brittany no quiere hablarme – S

Se te fue la mano con Rachel – Q

¿Desde cuándo defiendes a ManHands? – S

No la defiendo… además Brittany y tú son solo amigas – Q

Adiós Quinn y no voy a hacer ese maldito trabajo, le dejé el mensaje al Sr. Shue y me dijo que me a reprobar pero me importa una mierda – S

¡Santana! ¡No lleves esto tan lejos por tu maldito temperamento! – Q

¡Tú no me hables de esas mierdas! ¡Vete a la mierda! ¡No quiero verte! – S

¡Adiós! – Q

- ¿Qué tal la fiesta anoche Quinn? – la gótica dejó de mirar con odio su celular para encontrarse con la atenta mirada de Judy en ella. Estaba parada en el marco de la puerta con los brazos en la cintura y el ceño fruncido. Quinn pasó sus manos por su cabello y se encogió de hombros. - ¡Vaya! ¿No hay respuesta? –

-No hubo fiesta, estuvimos haciendo un trabajo para el Sr. Shue.- dijo Quinn cortante sin dirigir la mirada a su madre.

-¿Y las botellas que encontré en el basurero? ¿O ahora hacen así los trabajos? –

-¡No puedo creer que revises la basura! – estalló Quinn poniéndose de pie y parándose en frente de Judy.- ¡Eres una loca! Te has obsesionado con controlar mi vida, pero ¿Sabes qué? ¡No puedes! ¡Estoy demasiado jodida mamá! – las lágrimas comenzaron a aparecer en su rostro, haciendo que el delineador se corriese.

-¡No me vengas con teatros Quinn! – gritó aún más fuerte Judy. Quinn la miró una vez más y quiso salir de su cuarto pero Judy la tomó de los hombros y la tomó del mentón para que sus miradas se encontraran. - ¡No me vuelvas a llamar así! ¡Estás arruinando tu vida!...

-Mi vida ya está arruinada.- murmuró la chica de cabello rosa, sin ninguna emoción en sus ojos.

-¡No! – Judy la colocó contra su pecho y la abrazó con mucha fuerza.- Quinn bebé, no sé en qué momento nos perdimos…

-En el momento en que te dejaste de preocupar por mí.-

-¡No digas eso! ¡Recuerda que yo regresé contigo! El que se alejó fue tu padre.-

-Tú… eres una hipócrita.- Quinn se alejó de su madre y siguió con su camino.

Judy se quedó parada en medio del pasillo mirando como su hija la dejaba por… había perdido la cuenta de cuantas veces habían discutido y Quinn simplemente se iba. La mujer estaba llorando incontroladamente. Sin duda de lo que más se arrepentía era de haberse casado con un hombre que les había arruinando la vida a ella y a sus hijas. La relación con Quinn estaba rota, pero no iba a descansar hasta que volvieran a su antigua relación… esa en la que su hija le contaba todo… quizá no era muy tarde.


El café dicen que para algunos se vuelve una obsesión. Es parte de su día a día y a veces lo consumen en exageración. Tiene sus pros y sus contras, pero no hay manera de negar que es lo que a muchos los mantiene despiertos y con ganas de seguir su día a día. Para una persona que consume café diariamente es una tortura que se lo prohíban.

Si no habría que mirar a Rachel, sentada en el gran sillón de Starbucks mordiéndose el labio inferior mientras miraba a todos tomar sus grandes vasos de café y ella simplemente tenía una magdalena de fresa en su mesita. Quizá pensaran que es algo masoquista ir a un café justo cuando te lo prohíben.

Rachel aún no entendía muy bien que tenía que ver su pie con que no pudiera tomar café. Y quizá no lo iba entender nunca, el café era parte de su vida. Trató de comer la magdalena que tenía entre sus manos pero simplemente no pudo, seguía mirando con tristeza y frustración como la gente tomaba su café. No se dio cuenta como algo caliente le quemaba la pierna hasta que fue realmente fuerte.

-¡Auch! – exclamó Rachel.

-¡Oh dios mío, lo siento! –

Rachel no podía pararse para hacer la situación más dramática porque su pie estaba vendado. Sintió como le limpiaban inútilmente el líquido de su pierna, la morena ayudó a la persona haciendo que sus manos se rocen. Sus miradas se encontraron.

-De veras lo siento.- murmuró la chica de ojos azules.

-No es nada, solo ten más cuidado a la próxima.-

-¿Eres Rachel, verdad? – preguntó la pelirroja.

-Si… ¿me conoces? –

-Ehmm eres del Glee Club, ¡cómo no conocerte! – exclamó algo entusiasmada la muchacha. La pelirroja se sentó en la silla libre, mirando directamente a la morena que le sonreía.

-Pensé que el Glee Club era para losers y por ende nadie nos reconocía.-

-Quizá sean losers pero yo también lo soy, solo que no sé cantar tan hermoso como tú lo haces.- por más que Rachel le gustaron los halagos a su voz, se sonrojó.

-¿cómo te llamas? –

-Melissa, un gusto.- Melissa le dio un gran sorbo a su café sin dejar de mirar a la morena que no la dejaba de mirar. - ¿Deseas? – preguntó acercándole el café a la morena; Rachel negó varias veces.

-Lo tengo terminantemente prohibido.- dijo la morena señalando su pie vendado.

-Oh… ¿Puedo preguntar qué pasó?

- Un accidente en la casa de… una amiga.-

Después de que Santana y Brittany dejarán la casa de Quinn; Rachel y Quinn pasaron el desayuno juntas. Fue algo realmente extraño, los silencios incómodos eran lo que más había y a veces Rachel trataba de hablar y entablar conversación pero sin mucho éxito. Quinn se ofreció a llevarla a su casa y Rachel no tuvo más remedio que aceptar. Al llegar a la casa de Rachel, Quinn explicó lo sucedido a sus papás y luego se marchó. Quizá sería todo lo que alguna vez Rachel Berry se acercaría a Quinn Fabray.

-¿Debió doler? – preguntó Melissa mirando los enormes ojos de Rachel. Pero la morena estaba algo distraída mirando por la ventana y siguió su mirada, Quinn estaba pasando por la tienda. - ¿Rachel? –

-Lo siento, estaba mirando…-

-A Quinn.-

-¿La conoces?

-Era la chica más popular como no conocerla y entablé conversación con ella, no parece tan mala.- la pelirroja se encogió de hombros.

- No es mala, Quinn no es mala.- dijo Rachel muy determinada.

-Parecen ser grandes amigas…

-No, para nada. En realidad no nos llevamos nada bien.- dijo la morena entre algunas risas.

-Pero por el brillo en tus ojos y esa sonrisa he pensado eso.- admitió Melissa.


Creo que no lo he hecho pero... NI GLEE NI SUS PERSONAJES ME PERTENECEN, LA TRAMA ES MÍA NADA MAS (;

Holaaaa, muchas gracias por sus comentarios! He visto que extrañaban a Liz, estuvo presente en este capítulo aunque sea en mensajes, el próximo capítulo la tendremos más... es una parte importante en esta historia MUUY importante. Sí, me ha quedado algo corto pero era necesario como dice el título es el comienzo de muchas cosas... en especial de la realción Faberry que avanza con pasos de bebé. Las quiero y espero dejen sus comentarios que me alegran la vida lalala (: