La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia pertenece a Limona y tengo su permiso para traducirla n.n

Tener una traga: Así es como decimos en Colombia cuando alguien gusta de una persona, digamos, estoy tragada de Edward xD.


Capítulo 2


Jueves, Marzo 20 de 2008

Bella

Cuando el auto explotó, todos los pelitos sobre mis brazos se pusieron de punta. No se si fue el miedo, o la vibración de la explosión, o el calor o qué. Todo lo que sabía era que estaba viva, y se sentía increíble. Quizás el complicado esquema de Emmett funcionaría después todo.

Jack -mi contacto- y yo, caminamos a través del bosque por lo que parecieron horas. Cuando salimos al otro extremo de éste, separamos caminos. Se supone que yo debía caminar hasta un pequeño restaurante en La Push. Jack estaba ingresando el programa de protección de testigos y encontrándose con su propio contacto. Yo me sentía realmente culpable por eso. Para que el plan de Emmett funcionara, ambas personas en el auto tenían que estar "muertas" ante los ojos del público. Jack iba a ir a algún lugar completamente diferente e iba a recibir una nueva identidad, todo debido a mí. Con suerte, nadie sino Emmett y el Fiscal sabrían que yo estaba con vida. La idea era que esto me mantuviera a salvo hasta el juicio. Estar a salvo durante el juicio sería otra historia, pero Emmett me dijo que no me preocupara.

Me mantuve bajo la sombra de los árboles la mayor parte de mi caminata hacia el restaurante. Allí me encontraría con alguien, un hombre llamado Jacob. Él era el jardinero del hombre con el que me quedaría, y tenía familia en La Push.

Si, escucharon bien: me iban a ubicar con un hombre tan rico que tenía su propio jardinero. Desde que fue claro que yo sabía demasiado sobre los Volturi, me había quedado en una gran variedad de lugares. Algunos eran mejores que otros. La cárcel fue la más dura. Pero ahora, Emmett pensaba que yo estaría más segura quedándome en la residencia privada de cierto niño rico y pretendiendo ser su prometida. Él lo llamaba escondiéndose a simple vista. Era completamente de locos, ¿pero yo que podía decir? ¿No, por favor, prefiero el instituto mental?

Entré al restaurante y me senté en la barda. Ordené una taza de café y un emparedado y me acomodé para esperar. Se supone que el jardinero me iba a recoger a la 1:00, y eso estaba a un poco más de veinte minutos.

Mientras escarbaba mi comida, me quedé mirando a la nada, pensando. Estaba contenta de estar fuera de la cárcel, pero también estaba un poquito triste. Si todo iba de acuerdo al plan, no iba a volver a ver a Emmett sino hasta el juicio. Sonaría tonto, pero de verdad lo iba a extrañar. Él había sido la única constante en mi vida durante estos últimos dos meses. Y… puede que yo esté un poquito pero poquito tragada de él.

Vale, lo confieso, era más que una pequeña traga. ¿Pero quien podría culparme? Emmett ya había salvado mi vida en tres ocasiones diferentes. Y no estaba de más que su complexión fuera como la de un Hércules moderno con cabello churco y esos hoyuelos de muerte. Y también era listo. Me había mantenido un paso delante de todos mis posibles asesinos. En ocasiones sentía como si estuviéramos protagonizando la peli de acción del verano. Pero entonces me acordaría que si estuviéramos en una película, Emmett no llevaría un anillo de bodas y yo sería súper hermosa. También cabe destacar que en una película, yo viviría feliz para siempre al final.

Cuando entras al Programa de Protección de Testigos recibes una nueva identidad. Yo ya he tenido varias porque resulta que incluso el Programa de Protección de Testigos no es inmune a los espías de los Volturi. Tú puedes elegir cualquier nombre, pero generalmente mantienes el primero. Hasta ahora, he sido Marie Wilson, Marie Canton y Marie Smithson. Para mi última identidad, Emmett, el sub-alguacil adjunto asignado a mi caso, me pidió que eligiera un primer nombre diferente para estar más seguros. Escogí Isabella. Isabella era el nombre que siempre había planeado en darle a mi hija, si tenía una. Ya que las posibilidades de tener algún niño en absoluto parecían poco probables, decidí usar el nombre en mí misma.

Yo siempre había tratado de vivir mi vida sin arrepentimientos, y ahora estaba contenta de ello. Es más, no me retractaría de mi decisión de trabajar para los Volturi. Si lograba testificar contra ellos, estaría defendiendo algo que importa. No puedes pedirle más que eso a la vida. Al menos eso es lo que me decía a mi misma.

Ya antes de que supiera que me tocaría morir a la tierna edad de 24 años, me reservaba para el matrimonio. Ahora más menos deseaba haberme acostado con Mike en el cuarto de atrás de la tienda de artículos deportivos de sus padres cuando tuve la oportunidad. En mis fantasías más salvajes, Emmett de alguna forma descubriría mi secreto y me daría una noche inolvidable antes de que el juicio comenzara. Eso no iba a pasar. Incluso si estuviéramos dispuestos, dudo que su esposa lo fuera a apreciar.

Un golpecito sobre mi hombro me sacó de mi ensoñación.

"¿Isabella?"

Me di la vuelta y me encontré a mi misma mirando dentro de un par de amigables y oscuros ojos ubicados en un rostro moreno. Sonreí institívamente. "Usted debe ser Jacob." Y eres mucho más apuesto de lo que me imaginé que sería un jardinero.

"Wow."

"¿Qué?" Wow generalmente no era la primera cosa que la gente decía cuando me conocía.

"Sólo wow," repitió. "Definitivamente no eres lo que esperaba."

"¿Qué se supone que quiere decir eso?"

"No me di cuenta que mi jefe tenía tan buen gusto. Estaba temiendo esta tarea. Pensé que serías un arpía plástica y materialista." Se rió.

"¿Cómo sabe que no lo soy? A penas le he dicho dos palabras." Jacob tampoco era lo que me esperaba, aunque yo no conocía a ningún jardinero. Él era alto y fornido, probablemente por pasar horas trabajando afuera. Parecía ser de mi edad, posiblemente un poco más joven. Era atractivo y agradable, y descubrí que no me molestaba para nada de que tuviéramos que estar juntos en un auto por tres horas y media.

"La gente que dice que no puedes juzgar un libro por su portada está mintiendo." Le echó una mirada a mi emparedado a medio comer. "¿Estás lista? No quiero apurarte, pero si llego tarde el jefe me quita la cabeza."

Contemplé mi emparedado y decidí que de todos modos no tenía hambre. Estos días rara vez tenía hambre. Puse un poco de dinero sobre la barra y me paré. "Vamos."

Jacob me escoltó fuera del restaurante y dentro de un VW Rabbit. Viajamos en un agradable silencio por un ratito antes que él comenzara a hacerme preguntas. Éstas comenzaron pequeñas e insignificantes. Preguntó sobre mi color favorito, mi clase de música favorita. Hablamos cháchara de ese tipo amigablemente por la primera hora del viaje, entonces Jacob se quedó callado por unos minutos. Pude notar que se estaba muriendo por decir algo.

"Suéltalo."

Respiró profundamente y luego lo dijo todo de una, "¿cómo es que una chica tan buena como tú terminó con Edward Cullen?"

No tenía idea de cómo responder eso. Ni si siquiera sabía el apellido del hombre hasta este momento. Y entonces un recuerdo me golpeó. ¿Cullen? Que raro que tenga el mismo apellido que Emmett.

"¿A qué te refieres?" Traté de sonar sorprendida porque esa parecía ser la emoción adecuada para que una futura prometida expresara. El tono de Jacob me estaba poniendo nerviosa. Esencialmente, yo iba a vivir en la casa de un completo extraño. Un extraño a quien Jacob no parecía tenerle mucha estima. Jacob parecía un buen chico. ¿En qué estaba metida?

"Bueno, ¿qué ves en él entonces?"

"Él tiene muchas cualidades que lo redimen," dije altivamente, esperando desesperadamente que eso fuera verdad. Él nunca me había conocido, sabía que yo era un imán para el peligro y de todas formas aceptó alojarme. Eso tenía que decir algo sobre su carácter, ¿cierto?

"Supongo, es que no lo entiendo. Él es tan frío, y tú eres, bueno, no lo eres."

Esta conversación se estaba yendo de picada rápidamente. Necesitaba cambiar el tema, y rápido. Necesitábamos hablar sobre cualquier cosa menos yo. No sólo no conocía a su jefe en absoluto, sino que a penas me conocía a mi misma en esta nueva identidad. Pregunté sobre el auto de Jacob porque fue la primera cosa que se me vino a la mente, y eso pareció funcionar. Pronto estuvimos hablando como viejos amigos.

El resto del viaje pasó sin problemas y me descubrí alegre y sonriente por primera vez en semanas. Jacob era chistoso y realmente encajábamos. Casi sentí lástima cuando el viaje se terminó.

Cuando paramos frente a una reja de hierro, Jacob me miró de reojo. "Se que no soy rico ni nada, pero si alguna vez te empiezas a preguntar por qué estas con él… yo soy lo opuesto a frío."

"Lo tendré en mente." Una sonrisa jugó en las comisuras de mis labios. No pude evitarlo. Coquetear con Jake se sentía tan deliciosamente normal, y no me había sentido así en buen tiempo.

La puerta se abrió y condujimos por el camino de entrada hacia una gran casa blanca. Tenía una gran terraza sobre el pórtico delantero la cual era sostenida por pilares blancos. Había una pasarela cubierta que llevaba de la casa al enorme garaje de dos pisos. Yo había visto casas como esta en la TV, pero realmente nunca había estado en una así. Estaba intimidada, pero lo pensé y me di cuenta que la casa probablemente no eran tan grande para alguien que era rico. ¿Qué sabía yo sobre casas de gente rica? Yo crecí en una casa de un piso con dos habitaciones hecha de bloques grises de hormigón.

Jacob me ayudó a salir del auto, su mano permaneciendo sobre la mía por más tiempo del necesario. Él me sonrió y no pude evitar sonreírle de regreso mientras me guiaba por el camino hacia la imponente puerta principal.

La puerta se abrió antes que la alcanzáramos y me di cuenta que alguien estaba esperándonos.

Cuando llegamos a la puerta, me quedé atónita al ver un rostro familiar.

"¡Emmett!"

"Oye, tú," respondió él con una enorme sonrisa. "Es bueno verte, Isabella."

"Bella," lo corregí.

"¿Cómo estuvo el viaje?"

"Bien," dije. Miré a Jacob, pero él estaba mirando algo sobre el hombro de Emmett. Me di cuenta que la mano de Jacob estaba sobre mi brazo. Me lo quité de encima, de repente tímida.

"Me tengo que ir a trabajar," dijo Jacob rudamente. Se alejó bastante rápido de mí pisoteando.

En eso fue cuando lo vi, parado varios pies detrás de Emmett, mirándome.

Edward Cullen.

Incluso desde el otro lado del cuarto, sus penetrantes ojos verdes me inmovilizaron con su intensidad. Su piel era pálida pero impecable. Su alborotado y cobrizo cabello destellaba en la tenue luz interior. Llevaba puesto un traje oscuro de rayas, pero no corbata. Los primeros botones de su blanca y limpia camisa bajo la chaqueta de su traje estaban desabotonados. Mi aliento se quedó atorado en mi garganta. Nunca antes había visto tal visión de perfección masculina en persona.

Él caminó hacia delante hasta que estaba parado junto a Emmett, su mirada fija sobre mí.

"Bella, que bueno verte." Inclinó su cabeza hacia mí y comprendí que esta era su versión de una presentación en caso de que alguien estuviera escuchando. No funcionaría sacudir mi mano cuando supuestamente estábamos saliendo o comprometidos o lo que sea que él le haya contado a la gente. Jacob podría estar escuchando todo el intercambio.

Solté la respiración que no me había dado cuenta estaba conteniendo. "Hola."

Si, soné con deficiencia mental, pero retaría a cualquier chica en mis zapatos a que lo hiciera mejor. Cuando Emmett me dijo que estaría actuando de novia de un hombre rico, asumí que quería decir un hombre rico viejo. Me había preparado mentalmente para ser la dulce y joven cosa del brazo de algún viejo decrépito. Este hombre no podía ser mayor de treinta. Peor, estaba completamente fuera de mi liga. No me pregunto por qué Jacob no podía entender que vio en mí.

Alejé mis ojos de Edward y en cambio miré a Emmett. "No sabía que estarías aquí."

Emmett se rió entre dientes. "No me perdería darte la bienvenida a la casa de mi hermanito."

Emmett estiró la mano y despeinó el cabello de Edward. El mentón de Edward se tensó, y estaba visiblemente molesto.

Mis ojos se abrieron de par en par. ¿Eran hermanos? No se veían para nada parecidos. Donde Emmett era musculoso y grande, Edward era alto y delgado. Su tez era completamente diferente, pero una mirada de cerca revelaba similitudes alrededor del mentón y por la frente.

"Estoy seguro que querrás ubicarte," dijo Edward, efectivamente interrumpiendo mi silenciosa evolución. "Tu cuarto está arriba, la segunda puerta a la derecha."

Asentí. ¿Me estaba mandando a retirar? Parecía así. Le pasé por el lado a Edward, eludiéndolo, y caminé hacia la escalera. Los escalones eran bajitos y mis piernas estaban exhaustas por la caminata a través del bosque. Traté de tomar dos escalones a la vez, pero tropecé y golpeé mi rodilla. El dolor se abrió paso a través de esta, y me quedé quieta por varios segundos, esperando a que disminuyera.

Entonces fue cuando noté que podía escucharlos hablando. Estaban hablando de mí.

"No vale la pena despedirlo," escuché decir a Emmett. "Ella no es tu prometida de verdad."

"Él no sabe eso," gruñó Edward. "Lo último que necesito que es que la prensa publique una historia sobre mi prometida engañándome con el jardinero."

"Vamos, estás exagerando."

"Ella lo estaba alentando."

"No lo estaba haciendo. Ella simplemente no ha tenido mucho por lo cual sonreír últimamente."

Hubo una pausa en su conversación y me pregunté si me había perdido algo. Entonces me di cuenta que Edward se había dado la vuelta y me estaba mirando fijamente.

"¿Necesitas ayuda, Isabella?" Su voz era fría como hielo, y mis mejillas ardieron cuando me di cuenta que él sabía que yo había estado chismoseando.

"No, gracias," dije. Me levanté con tanta dignidad como pude y subí penosamente los escalones faltantes. La segunda puerta a la derecha estaba abierta y di un paso adentro. Este cuarto era más grande que todo mi apartamento de regreso en casa. Había dos grandes ventanas salientes que se tomaban la mayor parte de la pared más lejana, permitiendo que el sol de la tarde entrara. Había una cama de cuatro postes contra la pared izquierda, hecha con esponjosas almohadas blancas y un edredón azul claro. En la pared derecha había dos puertas. Una llevaba a un armario del tamaño de la habitación de mi niñez, completo con varios juegos de ropa de mujer y algunas pijamas. La otra puerta, descubrí, llevaba a un enorme baño con tina de hidromasaje y una ducha grande. El baño estaba embaldosado en varios tonos de azul y blanco; y enormes toallas esponjosas colgaban junto a la ducha y a la tina.

Así que así es como vive la otra mitad.

La cama se veía tentadora, pero tenía tanto blanco encima que temí treparme con mi mugrienta ropa. En cambio, decidí probar la ducha.

Era una ducha lujosa, con chorros que salían de la pared y todo. Yo nunca había experimentado nada tan fino. Debí haberme quedado allí dentro al menos media hora, dejando que los chorros me masajearan y me sacaran todo el estrés de los músculos. Me seguía preguntando cuándo se agotaría el agua caliente, pero eso nunca pasó.

Edward Cullen podría no ser el hombre más cálido en el mundo, pero definitivamente podría acostumbrarme a vivir en su casa.


Edward

Se supone que Emmett se iba a quedar durante la cena, pero Libby, mi sobrina de cinco años, se había caído y requería puntos. Rosalie necesitaba a Emmett en el hospital de modo que ella pudiera quedarse en la casa con su hija más joven, Emma.

Bella estaba arriba en su cuarto. Asumo que debía estar o acomodándose, o durmiendo, o asustada de salir. El servicio de comidas había entregado la cena hace horas. Yo generalmente no comía así de temprano, pero de seguro ella estaba hambrienta.

Suspiré. Nuestro encuentro esta tarde no había sido exactamente como me lo había imaginado. Nunca se me había ocurrido que enviar el jardinero a recogerla podría ser una mala idea. Él es un chico, de sólo 22. Me di cuenta demasiado tarde que Bella era sólo 2 años mayor que él. Él lo notó primero y no me gustó para nada la forma en que la había estado mirando. La forma en que ella le sonrió cuando se bajó del auto me puso nervioso. No estaba celoso; después de todo no tenía ningún derecho sobre ella. Más precisamente, había asumido que ella estaría tan agradecida de que yo le estuviera dando un lugar agradable para quedarse que no se le ocurriría hacer nada que pudiera hacerme ver mal. Coquetear con mi jardinero definitivamente me haría ver mal si alguien la veía. Mentalmente revisé mi lista de empleados, preguntándome cuantos más podrían tener una edad atractiva para ella. El chico de la piscina, de 19, era indudablemente una preocupación. Íbamos a tener que hablar de esto, y no iba a ser agradable.

Subí las escaleras y me detuve frente a su puerta cerrada. Dudé un momento antes de tocar, pero no escuché nada desde el otro lado de la puerta. Toqué suavemente, no queriendo asustarla si estaba durmiendo.

Ninguna respuesta.

El reloj de pie en la cima de las escaleras decía que eran casi las 6:00. Consideré dejarla dormir; probablemente estaba exhausta, pero no estaba seguro si había tenido tiempo para almorzar en La Push. Decidí despertarla. Ella no tenía idea de dónde estaba todo en la cocina y si se despertaba a media noche con hambre, no sabría que hacer.

Toqué de nuevo, estaba vez diciendo su nombre mientras abría la puerta.

La cama estaba vacía.

Justo cuando me di cuenta que ella no estaba durmiendo, la puerta del baño se abrió. Bella emergió, llevando puesta sólo una toalla. Creo que ambos estuvimos igualmente sorprendidos. Solté una disculpa y salí volando de su cuarto tan rápido como pude.

Metí la lasaña al horno para calentarla y alisté la mesa. Me senté en el comedor y me serví un vaso de vino. Tomé un sorbo, un añejo Bordeaux mezclado, mientras trataba de olvidar como sus blancas y esbeltas piernas se veían desnudas. Yo no podía estar pensando en ella de esa forma; íbamos a tener que vivir juntos por meses como mínimo. También estaba bastante seguro que Emmett me mataría si le ponía una mano encima.

Poco después, Bella bajó las escaleras, vestida con las ropas que Emmett le había conseguido como antelación a su llegada. Éstas no le quedaban bien, pero yo no tenía nada mejor que ofrecerle para que usara. Esa ropa tendría que durarle hasta el fin de semana, y entonces ella podría comprar con mi hermana.

Bella miró alrededor del primer piso con cautela, y luego me vio en el comedor.

"La cena estará lista en pocos minutos," le dije. "¿Te gustaría un poco de vino?"

"No, gracias. No bebo vino. Agua para mí, por favor."

¿Ella no bebe vino? Eso era un poquito inquietante. Sin duda alguna eso limitaría sus opciones sociales en mi círculo familiar.

"Hay un filtro de agua sobre el grifo. Oprime hacia abajo para manejarlo. Los vasos están en el gabinete junto al lavaplatos."

Bella trajo su vaso de agua consigo a la mesa y se sentó frente a mí.

"Lamento haber entrado a tu cuarto sin permiso; pensé despertarte para que cenaras."

"Está bien," dijo ella. Echó un vistazo alrededor. ¿Estamos solos?"

Asentí. "El personal de la casa se va a las cinco y Emmett tuvo que irse. Puedes hablar libremente"

"Lamento haberte enojado antes. No estaba tratando de arruinar tu imagen." Los ojos de Bella se encontraron con los míos; eran grandes y sinceros.

Suspiré. No tuvimos un inicio muy bueno, pero no es como si no tuviéramos suficiente tiempo juntos para solucionar las cosas. "Apreciaría si, en el futuro, te abstienes de darle pie a las atenciones de alguien mientras estás aquí, particularmente de mis empleados."

No pude decir cómo se tomó mis palabras porque ahora tenía la mirada agachada hacia la mesa.

El temporizador sonó y fui por la lasaña. La traje de regreso a la mesa en una mano, ensalada en la otra. El pan ya estaba servido.

Comenzamos a cenar en silencio. No estaba seguro de lo que podía o no podía preguntarle. Ella tenía un pasado completamente manufacturado ahora. ¿Deberíamos hablar de su pasado falso? ¿Sería demasiado doloroso hablar de su pasado verdadero? ¿Su pasado real era top secet?

Bella rompió el silencio. "Esta lasaña está buena. ¿La hiciste tú?"

"Es pedida."

"¿Pediste la cena por mí?" No se lo creía.

Me expliqué, "yo no cocino, y obviamente no íbamos a salir a cenar."

"Lamento incomodarte," dijo en voz baja, sus ojos centrados en su plato.

"No hay problema," dije rápidamente. No lo había. En las raras noches que comía en casa, generalmente pedía la comida de todos modos.

"¿Por qué estás haciendo esto por mí?" Me miró con sus grandes ojos cafés y perdí el hilo de mis pensamientos por varios segundos.

"Es lo correcto." Me forcé a mirar lejos de sus ojos. Si no lo hacía, simplemente seguiría contemplando, y eso de seguro la incomodaría más. Emmett la había descrito como bien. Tal vez comparada con Rosalie lo era, pero Rosalie era el polo opuesto a bien. Bella era encantadora. Su largo cabello café era liso y brillante. Tenía una complexión pálida, casi traslúcida, que era propensa a sonrojarse. Sus ojos eran de un café oscuro, ubicados dentro de un rostro con forma de corazón.

"Pero, ¿prometida?" Preguntó, interrumpiendo mi ensoñación. "Eso parece demasiado complicado. ¿No podría ser simplemente tu prima lejana perdida o algo?"

Sonreí ligeramente. "Lamentablemente no tengo ninguna prima lejana perdida que el resto de mi familia no conozca. Y ya que no estoy dispuesto a vivir un año entero ignorando a mi familia, pensé que prometida sería lo más conveniente."

"¿Así que en vez de eso los vas a ver y a dejarles creer que te vas a casar conmigo?"

"Seguro." Me encogí de hombros. "Ellos están acostumbrados a mantener las cosas personales en secreto. Simplemente no fijaremos una fecha para la boda. Las parejas hacen eso todo el tiempo."

"¿Entonces, eres cercano a tu familia?" Bella tomó otro bocado de lasaña y me descubrí contemplando la forma en que sus labios se cerraban sobre el tenedor.

Alejé mis ojos de sus labios y me concentré mejor en mi comida. "Si. Ellos para mí son lo más importante en el mundo."

Ella sacudió su cabeza levemente. "De ninguna manera se van creer que estamos comprometidos."

"Lo harán," le aseguré. La gente cree lo que quiere, y mi madre y mi hermana no querían nada más que creer que yo había encontrado alguien con quien pasar el resto de mi vida. Y cuando Bella se fuera para el juicio y nuestro "compromiso" se disolviera, yo pasaría el próximo año evitando sus sermones sobre encontrar una esposa diciéndoles que necesitaba tiempo para recuperarme por haber perdido a Bella. Esa parte de mi plan era brillante.

Bella estaba empujando la ensalada alrededor de su plato, evitando todavía el contacto visual conmigo. "No sólo soy una mentirosa terrible, sino que ellos van a preguntar toda clase de cosas, como cómo nos conocimos y cómo me propusiste matrimonio."

"He considerado eso," le aseguré. "Me tomé la libertad de crear un documento sobre nuestra historia. Lo guardé en el portátil en tu cuarto. Obviamente lo escribí antes que nos conociéramos, por lo que podría necesitar ajustes aquí y allá."

"¿Me compraste un portátil?"

"Tenía uno extra por ahí. En todo caso, si le haces cambios, avísame y los repasaré."

"Vale," dijo Bella. "Eso suena bastante razonable."

Aquí viene la parte incómoda. "También tengo un anillo para ti." Saqué la caja de mi bolsillo y se la largué.

Sus ojos se abrieron de par en par antes que siquiera abriera la caja. "¡¿Me compraste un anillo?"

"Se supone que la gente crea que estamos comprometidos." Emmett me había dicho que su familia era absolutamente de clase media. El anillo en la cajita costaba probablemente más que todas sus pertenencias combinadas, y esa idea me ponía claramente incómodo.

Abrió la caja con cautela, como si la pudiera morder. "Este no es un anillo, es un roca."

"¿Te gusta?" No había pasado mucho tiempo escogiéndolo, pero había tratado de elegir algo elegante y de buen gusto.

"No puedo usarlo. Es enorme."

"Es más pequeño que el de mi hermana y el de mi cuñada." No añadí que era el anillo más pequeño y barato que pude comprar sin tener el ceño fruncido de mi madre encima.

"Podría lastimar a alguien con esto." Bella me dirigió una mirada nerviosa. "Y tú todavía no lo sabes, pero no soy exactamente grácil. Probablemente lastimaré a alguien con él."

"Si estuviéramos comprometidos de verdad, mi prometida tendría un anillo bonito. Lamento que no te guste."

"No es que no me guste, es sólo que… ¿de cuánto es, como de 4 quilates?"

"Buen ojo. Es de 3.8 quilates, corte antiguo, grado de color F, claridad IMV, ubicado sobre oro blanco." Si, esto definitivamente era incómodo. Por la mirada sobre su rostro, estaba seguro que ella tenía una buena idea de que el anillo era obscenamente costoso.

"¿Este es el salario de dos meses para ti?"

No, era menos que el salario de dos meses, si contabas con que recibía de mi fondo de fideicomiso. ¿Debería decirle eso? No quería presumir mi dinero. Aparentemente mi silencio dijo suficiente.

Ella deslizó el anillo sobre su tercer dedo sin decir otra palabra. Éste brillaba intensamente bajo la luz del candelabro.

"¿Te importa si te hago algunas preguntas? Hoy, en el auto con Jacob, me di cuenta que él sabe más sobre tú que yo. Fue incómodo."

Sentí una punzada de irritación a la mención del nombre del jardinero, y mi respuesta salió más brusca de lo que pretendía. "Continua. Aunque sería bueno si pudieras leer el documento que armé tan pronto como pude."

Bella siguió sin inmutarse por mi tono. "¿Qué es lo que haces?"

"Manejo las operaciones cotidianas de la segunda fundación privada más grande de los Estados Unidos."

"¿Cuántos años tienes?"

"Veintinueve." De pronto me pregunté si eso sonaba viejo para ella. Me estaba acercando a los treinta y ella estaba ocupada coqueteando con mi jardinero.

"¿Cuántos hermanos tienes?"

"Dos; Emmett es mayor y Alice más joven."

"¿Cuánto mides?"

"1.88. Todo esto está en el documento que guardé para ti en el portátil." De nuevo, mi tono fue brusco, pero si íbamos a mantener este engaño, iba a tomar más que unas pocas preguntas en la cena.

"Oh. Lo leeré esta noche, supongo." Bella volvió a bajar la mirada hacia su plato. Jugueteó con su tenedor por unos segundos y luego finalmente lo dejó quieto.

"Mañana estaré en el trabajo todo el día. Varios de los empleados de la casa estarán para dentro y para afuera. La mucama vendrá después del almuerzo. El jardinero, a quien ya conociste, estará aquí en la mañana. El chico de la piscina también vendrá en la mañana. Tienes libertad sobre la casa, y tu computador está conectado a la red inalámbrica de la casa de modo que puedes acceder a Internet."

"Vale." Se veía un poco traumada. ¿Demasiada información de una?

Yo continué, ignorando su incomodidad. "Necesitarás ropa nueva y probablemente un nuevo look por precaución. Me he tomado la libertad de pedirle a mi hermana menor, Alice, que te ayude con eso el sábado."

"Um, ¿no le parecerá raro a ella que yo no tenga nada de ropa y que necesite un nuevo look?"

Dudé. "Le dije que estabas siendo acosada por un ex-novio, que tuviste que irte de repente, y que estabas preocupada de que él te encontrara si por casualidad la prensa te atrapaba en una foto conmigo."

Parpadeó. "¿La prensa?"

"Como te puedes imaginar, mi familia es bastante destacada en la comunidad."

"¿La gente me va a fotografiar contigo?" Se veía horrorizada. Chistoso, la parte que pensé que la iba a horrorizar era que yo hubiera inventado un exnovio mentalmente inestable para ella.

Me puse rígido. La mayoría de las mujeres adorarían ser fotografiadas conmigo, pero la mayoría de ellas no vivían con miedo en sus vidas. Traté de mantener mi voz neutral. "Me encargaré de mantenerte fuera de cualquier fotografía lo mejor que pueda, por supuesto."

Asintió y bajó la mirada hacia su comida. Ese fue el resumen de nuestra conversación en la cena. Ella había comido muy poco, en su mayor parte picoteando su plato. Me ayudó a levantar los platos de la mesa y a cargarlos en el lavaplatos.

Dijo que estaba cansada y subió a su habitación inmediatamente después de la cena. Yo, sin embargo, me quedé despierto hasta bien entrada la noche repasando propuestas para fondos, tratando de no preguntarme sobre la joven mujer durmiendo escaleras arriba.


:)