La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia pertenece a Limona y tengo su permiso para traducirla n.n


Capítulo 5


Lunes, Marzo 24 de 2008

Edward

El ascensor parecía especialmente rápido esta mañana. Quizás era porque mi mente estaba en otro planeta; algo común durante los últimos días.

Salí del ascensor en el piso 23, hogar de la Fundación Cullen.

"Buenos días, Edward."

Incliné mi cabeza hacia la recepcionista mientras la pasaba a grandes zancadas, yendo hacia el largo y "afelpado" pasillo alfombrado que guiaba hacia mi oficina.

La recepcionista volvió a hablar, "Buenos Días, Sr. Cullen."

Me di la vuelta instintivamente, aunque ella me había saludado hacía sólo segundos. La idea de que tal vez mi padre me estuviera haciendo una visita sorpresa pasó por mi cabeza, pero no era mi padre.

Ahí, parado varios pies detrás de mí usando un traje, con todo y camisa blanca recién planchada y corbata de seda roja, estaba mi hermano Emmett. Basado en las pocas veces que él había venido aquí, era una sorpresa que la recepcionista lo hubiera reconocido. Nuestros ojos se encontraron a través del cuarto. Emmett pasó un dedo alrededor de su cuello, alejando levemente el cuello de la camisa de su garganta. Se veía claramente incómodo, como siempre lo hacía cuando usaba un traje de negocios.

"Edward," dijo, con una sonrisa que era medio aliviada, medio mueca. "¿Tienes unos minutos?"

"Claro." La verdad es que no tenía unos pocos minutos. Había reuniones cuadradas de inicio a fin durante el día entero. No obstante, no había uso en señalarle esto a Emmett. Así no es como él funcionaba. Si yo no hacía tiempo para él ahora, él se haría tiempo solito de una forma aún menos conveniente.

Seguí caminando por el pasillo hacia mi oficina, conciente de que Emmett me estaba siguiendo.

Mi oficina era esencialmente a prueba de sonido, pero la proximidad de la oficina de mi asistente hacía posible que ella pudiera escuchar una conversación acalorada. Ya que la voz de Emmett era retumbante por naturaleza, tomé la precaución de mandar a Gina, mi asistente, a que bajara al lobby a comprar rosquillas y café para esta improvisada reunión de desayuno.

Entré a mi oficina y me senté detrás mi escritorio. Emmett se sentó frente a mí en un sillón de cuero, sus ojos pegados al escenario que se veía a través de la ventana detrás de mí.

"Buena vista la que tienes aquí arriba."

"Gina no tardará en subir el café." Dije con mordacidad.

Emmett me ignoró. "Es un mundo bastante retorcido donde a ti te llaman Edward y a mi Sr. Cullen."

"Haré que la recepcionista tomé nota de llamarte Emmett, si te molesta tanto."

"Nah, nunca vengo aquí de todas formas." Emmett le echó una ojeada a mi oficina de modo sospechoso, su mirada permaneciendo por más tiempo sobre una lámpara de piso que estaba en la esquina. "¿Este lugar está limpio?"

"Dime que no me estas preguntando si mi oficina tiene micrófonos ocultos." Cuando no respondió, giré los ojos. "Te pasas de paranoico. No hay razón para que alguien me espié."

Emmett metió la mano dentro del bolsillo de su abrigo y retiró una pequeña y plana carpeta que puso sobre el escritorio frente a mí. "Traje esto para Bella."

"Bella tiene todo lo que necesita."

Emmett bufó. "No eres Dios, Edward, respondiendo a cada una de sus necesidades. No olvides que ella es mi testigo."

Abrí la carpeta. En su interior había lo siguiente; una licencia de conducción, una tarjeta de crédito, un pasaporte, una llave de auto. Exceptuando la llave del auto, todo estaba a nombre de Isabella Lawson.

"No expidieron esto desde la oficina, ¿cierto?"

"No, Chico Maravilla, no los saqué de ahí. Los ID son ilegales y preferiría que nadie se enterara que falsifiqué los documentos estatales y federales."

Examiné los documentos críticamente. "Esta es una fotografía vieja de Bella."

"Es lo que tenía, y en todo caso, las fechas en ellos son de hace algunos años, por lo que no necesitarán el chip que está en los pasaportes nuevos. Y sólo en caso que las cosas salgan realmente de la patada," dijo Emmett. Lanzó pesadamente cuatro pasaportes americanos, dos con mi fotografía y dos con la de Bella.

Resoplé. "Esto es ridículo. La gente piensa que ella está muerta. Te estás tomando esto demasiado en serio."

"Tú eres el jodido Eagle Scout," dijo con rabia. "Pensé que querrías estar preparado."

Fue el tono de Emmett el que me trajo de vuelta a la realidad. Era completamente posible que Bella tuviera los enemigos suficientes para que nos hicieran volar a ambos por el país en cualquier momento en un –no tan distante- futuro. La idea era un poco más que inquietante. No estábamos casados o siquiera comprometidos, pero yo había enlazado mi futuro al de Bella, por el bien o por la enfermedad. Alejé esos pensamientos de mi cabeza; preocuparse era una emoción inútil.

Regresé mis pensamientos a las cosas que Emmett me había dado para Bella. "¿Sobré la cuenta de quién está recargada la tarjeta de crédito?"

"La mía."

Deslicé la tarjeta de crédito a través del escritorio, de regreso hacia Emmett. "Destrúyela. La pondré en una de las mías."

Emmett se indignó. "No quiero que Bella sienta como que tiene que justificarte sus compras."

"Yo no quiero que Rosalie descubra que agregaste a mi hermosa prometida a una de tus tarjetas de crédito."

Él dudó, pero luego levantó la tarjeta de crédito y se la embolsilló.

Levanté el siguiente objeto del paquete de Emmett, la llave del auto. "Dime que esta no es para uno de tus autos."

"No creí que quisieras que ella manejara unos de los tuyos, y ella debería poder conducir a cualquier lugar que quiera. De lo contrario bien podría haberla dejado en la prisión."

"No compares mi casa con una prisión."

"Yo no le estaba diciendo prisión a tu casa. Tómatela suave."

"Aún si hubiera espacio en mi garaje, el cual no hay, la idea de ella rondando por la ciudad en uno de tus autos es ridícula. ¿Qué si la prensa se entera?"

"¿Ahora quién es el paranoico?"

"Ella puede conducir mi mercedes si necesita ir a cualquier lugar." Le lancé de regreso las llaves.

"Te pagaré cualquier gasto que acumule en tu tarjeta."

"No es necesario."

"No me importa. Es lo que se debe hacer."

"Puedes pagarme surtiendo tu nevera con mejor cerveza." Sonreí perversamente.

"Mi nevera es zona de cerveza norteamericana solamente."

"¿Podrías al menos agregarle un poco de variedad?"

"Supongo que puedo hacer un esfuerzo."

Gina tocó suavemente sobre la puerta y entró con dos tazas de café y una bandeja de pastelitos. Ella los puso sobre una mesita auxiliar contra la pared, cerca del sofá. Emmett estaba sobre sus pies inmediatamente y se había devorado un pequeño pastelito antes que yo pudiera parpadear.

Yo prefería no comer azúcar al desayuno. Emmett aparentemente no tenía tales reparos.

¿Había algo más que querías discutir?"

"Seeh. No te pongas demasiado cómodo con Bella. Ella es demasiado buena para ti." Con esas palabras de despedida, Emmett tomó otro roscón y se fue.

Corrí unos minutos tarde todo el día conforme volaba de reunión en reunión. Debí haber estado pensando sobre nuestro trabajo en Haití y mi próximo viaje. Debí haber estado pensando en todo un resto de cosas relacionadas con el trabajo, pero mi mente seguía desviándose de regreso hacia Bella.

Estos últimos días habían resultado ser, bueno, más duros de lo que me imaginé. Cuando le dije a Emmett que alojaría a su testigo no había componente sexual en ello. Ella era joven e inocente y estaba en peligro, además que necesitaba la ayuda que yo podía proveer. La descripción de Emmett de ella, 'la chica de la puerta de al lado', no le hacía justicia para nada. Cuando la vi por primera vez inmediatamente noté su belleza; pero era una belleza sutil. Tenías que buscarla. Era aún más atractiva porque no saltaba a la vista de inmediato.

Su belleza ya no era sutil; Alice se aseguró de eso. Ella no era más hermosa que antes… pero tampoco lo era menos. Había esperado que pudiéramos ser amigos. Desafortunadamente, Bella y platónico no eran para nada compatibles. Si yo le prestaba atención, ella me miraba desde bajo esas largas pestañas suyas y yo tenía pensamientos rating X. Si la ignoraba, sus ojos tomaban esta mirada lastimada que me hacía sentir como si yo fuera el cazador que le disparó a la mamá de Bambi.

El sábado en la noche, después de una copa o dos de vino, casi tuve un error de juicio. Había estado completamente desprevenido para el profundo timbre de su voz y la forma en que se inclinó hacia mí cuando hablé. La esencia de su cabello era como de fresas silvestres y algo sobre lo que no podía poner mi dedo, pero lo que sea que fuera, era adictivo. Y entonces me dijo que estaba asustada de ser vista en público conmigo. Su rostro era tan abierto, tan vulnerable; no pude evitar moverme una pizca más cerca de ella. Ella no se veía claramente en absoluto, y yo había estado ridículamente cerca de intentar alejar con un beso sus irracionales miedos. Ella huyó tan pronto como se dio cuenta de mi intención, y fue para bien. Yo no tenía interés en desear a una joven mujer a la que se supone estaba protegiendo, y ningún bien habría salido de ese beso. Si ella me hubiera besado también, no estoy seguro de a dónde habrían llevado las cosas, pero Emmett me habría despedazado miembro por miembro cuando se enterara.

Si, necesitaba concentrarme en lo que era importante: Mantener a Bella segura. Mi discusión con Emmett esta mañana me había dejado pensando; había peligro real si no manteníamos la charada de una pareja comprometida. Para eso, estaba planeando en ponernos en el ojo público varias veces esta semana. La idea que experimentáramos juntos cosas que eran detalles críticos de nuestra relación. Después de todo, ¿cómo podría decirle ella a la gente cómo Julio's era nuestro restaurante favorito si nunca había estado allí? ¿Cómo podría describir adecuadamente el sonido en crescendo que era la sinfonía de Seattle si no íbamos? Si la gente le hacía preguntas sobre mi trabajo, ¿qué diría ella? Ella nunca había ido a ninguna gala de cualquier clase, ¿entonces, cómo podríamos habernos conocido allí?"

Todo el día en el trabajo hice las cosas, pero mi mente estaba en Bella. Los minutos de cada reunión avanzaron lentamente. Finalmente, era hora de ir a casa.

Hoy era el primer día que llegaba a casa del trabajo hacia Bella. Había estado preparado para llevarla a cenar afuera, pero el delicioso aroma de pollo horneado me asaltó cuando abrí la puerta.

Bella salió de la cocina y entró al recibidor, un trapo de cocina estaba envuelto horizontalmente a través de sus muslos y metido dentro de la cintura de sus pantalones. Sus manos estaban entrelazadas juntas frente a ella y se veía nerviosa. Me pregunté por qué el trapo de cocina, y entonces me di cuenta que probablemente yo no tenía un delantal. ¿Por qué lo haría? Yo no cocinaba.

"Cocinaste." La sorpresa venció mi elocuencia normal.

"¿Te gusta el pollo?" Preguntó Bella, sus dedos retorciéndose aún mientras tenía sus manos juntas. "Habría hecho algo más interesante, pero no estaba segura de que te gustaba además de lasaña."

"Me gusta mucho el pollo," le aseguré mientras dejaba el portafolio cerca de la puerta.

"El pollo se está reposando. Todavía necesito hacer la salsa y el moler las papas, ¿entonces quizás diez minutos?"

"Suena genial." Solté mi corbata y me quité mi saco.

"¿Quieres algo de tomar?" Preguntó Bella solícitamente.

"¿Una cerveza?" Esto era surrealista. Visiones de un programa de televisión americano con Bella como la pequeña mujer, haciendo la cena en casa, y yo como el hombre ganándose un cheque afuera revolotearon alrededor de mi cerebro.

Bella regresó rápidamente con una cerveza. Le había quitado incluso la tapa.

"Gracias." Tomé un rápido y largo trago. Bella regresó a la cocina, y me resistí el impulso de seguirla allí. Mi objetivo de permanecer platónico con ella sería más fácil de lograr desde varios metros de distancia.

Fiel a su palabra, Bella puso la cena sobre la pesa aproximadamente diez minutos después. Me senté al otro lado de ella, preguntándome si ella esperaba que yo cortara el pollo. Yo no tenía idea de cómo cortar un pollo; la cocina y la comida no estaban entre mis habilidades generales. Para mi inmenso alivio, Bella cortó el pollo ella misma. Aparentemente estos no eran los 50's

Martha Stewart habría estado orgullosa de la repartición de la mesa de Bella. Había pollo, salsa gravy, puré de patatas, rollos, espárragos y ensalada de frutas cítricas. Cocinar no era mi fuerte, pero esto tuvo que haberle tomado horas.

"No tenías que cocinar, sabes."

"Lo se. Pero tenía que hacer algo. Me estaba volviendo loca." Bella me sonrió. "Además, tienes una cocina fabulosa."

"¿De dónde vino la comida?" Yo conocía mi refrigerador. Otro que bebidas, condimentos y comida de desayuno, estaba vacío.

"Alice y yo fuimos a almorzar, y luego ella fue lo bastante amables para llevarme a la tienda."

El pollo estaba jugoso y sabroso; No estaba seguro de haber tenido antes un pollo horneado de este calibre. "Esto es excelente."

Bella se ruborizó. "Gracias." Agachó la cabeza y se concentró en comer.

Algo se me ocurrió entonces. Yo había estado tan preocupado porque nuestra historia fuera creíble que no había pensado en Bella como una persona con necesidades. Había un anillo sobre su dedo, pero Emmett estaba en lo cierto –esencialmente, ella era una prisionera aquí. En el momento, ella necesitaba que Alice la llevara a cualquier lado al que necesitara ir si yo no estaba aquí.

Alcancé mi billetera y deslicé una tarjeta de crédito azul a través de la mesa hacia Bella. "Esta es para tu uso hasta que la tuya llegue. La compañía de la tarjeta de crédito está enterada de que tienes permiso para usarla."

"Edward, no quiero tu dinero," dijo Bella, sacudiendo su cabeza. "Ya has hecho tanto, no puedo aceptar esto."

"Puedes y deberías. Compra cualquier cosa que necesites para hacerte sentir en casa aquí; vas a estar aquí un buen tiempo."

Bella dudó, entonces posó sus dedos sobre la tarjeta. "Gracias," dijo suavemente.

"Si necesitas manejar a cualquier lugar, las llaves de los autos en el garaje están sobre ganchos dentro de la despensa de la cocina. "¿Sabes como manejar un auto de transmisión manual?"

"No."

"Entonces recomiendo el Mercedes."

"¡No puedo manejar un Mercedes!"

"Es el único automático."

"Oh." Bella frunció el ceño. "Detesto depender de alguien más."

"En ocasiones simplemente tienes que dejar que la gente te ayude. Emmett pasó por mi oficina hoy y me pidió que te diera estos." Retiré la licencia de conducir y su pasaporte de mi bolsillo interior y los puse sobre la mesa. Ella los miró y sonrió mientras los guardaba. Debí haberle mencionado las otras cosas que Emmett le iba a dar, pero de alguna forma decidí que prefería dejarla pensar que yo pensé en esas cosas.

La conversación en la cena continuó por una vena impersonal. Yo quería decir más, para tener una conversación significativa con esta hermosa extraña que estaba viviendo en mi casa, pero no estaba seguro de cómo proceder. Quería hacerla sentir segura aquí, y no estaba seguro de cómo ella podría hacerlo si estaba preocupada de que yo me le fuera encima.

Después de la cena, Bella limpió todo en silencio y luego subió a su cuarto. Yo trabajé por varias horas y luego fui a la cama.


Martes, Marzo 25 de 2008

Había llamado a Bella desde el trabajo para avisarle que esta noche saldríamos a cenar. Escogí Julio's, en parte porque era uno de mis restaurantes favoritos, y en parte porque era bastante casual y era poco probable que nos notaran. Sería una buena oportunidad para practicar salir como pareja.

Estábamos en al auto ahora, y de vez en cuando yo atrapaba un poco del aroma de su cabello cuando giraba la cabeza. Era perturbador hasta el extremo, razón por la cual no fui muy conversador.

Tan pronto como entramos al restaurante, me relajé. La atmósfera era ruidosa y optimista, y Bella parecía tranquila, aún cuando sostuve su mano mientras entrábamos.

"Dos, por favor," dije.

La anfitriona nos guió hacia la mitad del restaurante, y eso no me gustó para nada. Le pedí que nos moviera a una mesa esquinera y la anfitriona me dio gusto sin demora. Noté la intensa mirada de Bella y me pregunté si ella había visto el dinero dejar mi mano. Yo no quería que ella pensara de mí como rico y mimado, aún cuando lo era.

Pedí un margarita. Bella pidió agua.

Pedí un segundo margarita. Bella dudó, y pidió una cerveza.

Probablemente la estaba corrompiendo, pero en su situación, dudo que alguien le resintiera unas pocas bebidas fuertes. Una cerveza parecía suave en comparación.

Bella se relajó notablemente cuando vació su cerveza, y me pregunté si quizás una masajista sería beneficiosa. Hice una nota mental para preguntarla a Alice se ella conocía a alguien.

La mesera apareció de nuevo, parándose esta vez aún más cerca de mí que de lo que lo había hecho antes. Incluso se inclinó un poco, mostrándome su escote. Esta clase de cosas me pasaban todo el tiempo y no habría sido notable, a menos que fuera por la reacción de Bella.

Bella se inclinó a través de la mesa, rozando su mano sobre la mía. "¿Qué comerás esta noche, corazón?"

Mi boca se movió ligeramente. Bella era adorable cuando actuaba de celosa. Después que ordenamos nuestra comida, la conversación fluyó con facilidad.

"¿Edward, puedo hacerte una pregunta?"

"Puedes preguntarme lo que sea."

"¿Lo que sea?"

"Puede que responda o puedo que no, pero te invito a preguntar."

Bella rodó los ojos. "¿Por qué me da la impresión que no responderías ninguna pregunta interesante?"

"Nunca sabrás a menos que preguntes."

"Bueno, esta no es interesante, pero me la he estado haciendo por un tiempo." Tomó un sorbo de su cerveza. "¿Qué rayos haría tú prometida potencial?"

"¿Estás aburrida?"

"Bueno, más o menos. Es decir, ¿qué hace tú gente?"

"¿Mi gente?"

"Tú sabes, la gente rica."

"Eso varía. Alice es diseñadora. Rosalie está en casa con las niñas. Mi madre ofrece funciones benéficas. Si de verdad quieres hacer algo, estoy seguro que mi madre estaría encantada de tener tu ayuda. O si había algo que querías estudiar, puedes tomar clases en línea."

Bella pareció pensativa. "No había considerado eso."

"O podrías ser una dama de tiempo libre, acostada junto a la piscina."

"Ci-i-i-ierto. Porque mucha gente se acuesta junto a la piscina en marzo en Seattle."

"La piscina está climatizada y hay lámparas cerca. Estarías bien."

"Estás bromeando."

"Me gusta nadar. "¿Por qué crees que tengo a alguien que se haga cargo de la piscina?"

"OH. Realmente no pensé en ello. Yo no nado."

Me quedé mirándola. "¿Cómo puedes no nadar?"

La mesera reapareció y la delicada mano de Bella estaba de pronto sobre mi antebrazo. La mesera me dio un vistazo de su escote y Bella la miró rayado.

"Esa mujer no puede tomar una indirecta".

"Tampoco es particularmente sutil," dije con una sonrisa. Estaba disfrutando esto demasiado para ser lo correcto.

Comimos sin prisa, charlando sobre nuestros recuerdos de Secundaria. Tuvimos experiencias muy diferentes. Bella fue a una escuela pública, la única secundaria en su pequeño pueblo. Yo fui a una preparatoria de elite en la costa este. Superficialmente, no teníamos nada en común, pero nuestra conversación nunca se estancó. Ambos disfrutábamos la música clásica. Ambos nos sentimos fuera de lugar en secundaria. Ambos nos castigábamos a nosotros mismos bajo el peso de las expectativas de nuestros padres. Fue como una primera cita, sólo que más personal.

La última vez que le mesera vino hacia nosotros, Bella le dio la vuelta a la mesa y se plantó sobre mis piernas. Mis brazos se pasaron a su alrededor inmediatamente e inhalé su cabello.

Bella le lanzó a la mesera una sonrisa como tímida. "¿Podríamos tener una orden de flan, por favor? Sólo necesitaremos una cuchara."

La mesera dio media vuelta y nos dejó rápidamente.

Bella soltó una risita, sus brazos aún alrededor de mi cuello. "¿Viste la mirada sobre su rostro?"

No, no vi la mirada en el rostro de la mesera. Toda mi atención estaba en Bella, y en el encantador sonido de su risa.


Miércoles, Marzo 26 de 2008

"¿Lista?"

"Quizás debería ir otro día." Bella estaba jalando el orillo de su falda. Yo no estaba seguro si ella estaba tratando de alargarla o si simplemente estaba nerviosa.

"Hoy es un día perfecto."

Bella y yo estábamos de traje. Le eché una ojeada sus piernas; ella se veía mejor en el suyo de lo que yo me veía en el mío. Bella iba a venir a trabajar conmigo esta mañana. La Fundación Cullen tenía aproximadamente 450 empleados en nuestras oficinas generales de Seattle, con un par de pequeñas oficinas satélite en otras partes del país. La fundación era una gran parte de tanto mi identidad como la de mi familia. Estaba seguro que ella me conocería mejor si veía lo que yo hacía en el trabajo.

Llegamos al lobby y esperamos el ascensor. Tenía mi mano sobre el brazo de Bella y podía sentir la tensión en su cuerpo.

"No hay razón para estar nerviosa."

Bella no respondió.

Subimos al ascensor juntos. Bella se puso levemente verde conforme el ascensor se movía rápidamente hacia arriba.

"¿Estás bien?" Murmuré mientras salíamos.

"Creo que mis oídos se explotaron."

Después de ese desfavorable inicio, la mañana mejoró. La tensión nunca dejó la figura de Bella, pero ella se las arregló para parecer relajada y encantadora mientras yo le daba el gran tour y la presentaba con mis colegas.

Bella se sentó en una presentación acerca de la misión de la Fundación Cullen que mostrábamos a los posibles internos. Ella pareció bastante impresionada por nuestras iniciativas, y puede que yo haya presumido un poco más de lo que era necesario. Mis colegas vieron mi presunción como prueba de mi afecto por Bella, así que ningún daño fue hecho. Atrapé a varios de mis empleados masculinos inspeccionándola y estuve ridículamente complacido de que ella estuviera usando mi anillo, por muy falso símbolo que fuera.

Después del trabajo fuimos a cenar a un pequeñísimo local italiano que yo siempre había favorecido. Tuvimos una cena relajada, donde discutimos los trabajos asquerosos que tuvimos en secundaria. El primer trabajo de Bella fue como una mesera en una restaurante de los 50's, con todo y patines. Ella tenía las cicatrices en sus rodillas para probarlo.

Oímos a la sinfonía tocando y nuestro amor mutuo por Mozart relajó la conversación por la noche entera.


Jueves, Marzo 27 de 2008

Era la noche de Bella y yo había acordado hacer lo que fuera que ella quisiera hacer. Ella quería jugar pool, por lo que planeábamos visitar un bar de poca reputación cercano con mesas decentes.

Bella bajó las escaleras, viéndose podidamente sexy en blue jeans y un sweater ajustado. Sonreí al verla. Mis ojos se quedaron mirando un buen rato a lo largo de la 'v' de su sweater.

"¿Lista?" Pregunté, forzando mi mirada de nuevo hacia su rostro.

Bella me estaba mirando fijamente.

Le eché un vistazo a mi ropa, tratando de ver si mi camisa estaba al revés o alguna otra cosa extraña. "¿Qué?"

"Nada, es sólo que, te ves tan normal."

"Hmm." No estaba seguro de cómo responder a eso.

"No, no, no de mala manera. Te ves genial, como siempre. Es sólo que, estás usando jeans."

A penas registré su última frase, porque mi cerebro se fijó en la parte donde ella dijo que me veía genial. Me recordé a la fuerza que ella a penas estaba tratando de ser amigable. Tarde, me di cuenta que ella esperaba que yo respondiera. "Tú también estás usando jeans, sabes. Vamos a ir a un bar."

Bella me sonrió. "Han sido décadas desde que salí a un bar."

Condujimos al bar en lo que se sintió como un amigable silencio. Resistí el impulso de mirarla mientras estaba manejando, manteniendo mis ojos sobre la carretera. Cuando arribamos, la ayudé a salir del auto. Entramos al bar, mi mano sobre la parte baja de su espalda.

Los hombres notaron a Bella de inmediato. Las probabilidades de que viéramos a alguien que me conociera aquí eran de cero a ninguna, por lo que probablemente no importaba si pretendíamos o no estar comprometidos. Aún así, entre más tiempo pretendíamos estar comprometidos, mejor actuábamos nuestras partes. Cuando vi a un hombre lanzarle una mirada lasciva a Bella desde otro lado del cuarto, la acerqué a mí y planté un beso sobre su suave cuello.

Cuando me alejé, Bella giró su cabeza, sus grandes ojos encontrándose con los míos. Le di mi mejor mirada inocente. Pensé que ella podría decir algo, pero no lo hizo. Era la primera vez que yo había tocado su piel con mis labios, y tuve que retenerme para evitar hacerlo de nuevo.

De mala gane solté a Bella y caminé hacia la barra. Le di al hombre detrás de ésta mi licencia de conducción en intercambio por un juego de bolas y noté que Bella ya había conseguido una mesa y un taco.

"¿Sólo un taco?"

"Era el único medio decente," dijo Bella mientras evaluaba críticamente la punta. "Me imaginé que podríamos compartir."

"¿Eigth Ball?" (NT/ Me disculparan pero el pool no es lo mío, por lo que decidí mantener los nombres originales.)

Bella sacudió su cabeza. "Prefiero jugar Nine Ball."

"Estás familiarizada con una mesa de pool, ¿no?"

"He jugado unas pocas veces antes," dijo con una sonrisa maliciosa. "¿Tú?"

"Soy tolerable," dije. Esperaba que al menos fuera una jugadora de pool decente, porque de lo contrario mi plan para dejarla ganar se verías frustrado. Ella había estado bajo mucho estrés, no estaba comiendo lo suficiente y esta noche ya había sonreído más de lo que lo había hecho en la primera semana de nuestra relación."

"¿Quieres abrir tú, o lo hago yo?"

"Las damas primero," dije, ordenando las bolas sobre la mesa, asegurándome bien de que todas las bolas se estuvieran tocando la una con la otra.

Bella atizó su taco y hábilmente destrozó la formación de diamante. Bolas rebotaron sin control de los orillos y finalmente la quinta bola rodó dentro del bolsillo de la esquina. Bella hundió la uno, la dos y la cuarta antes de rasguñar un intento fallido para golpear la tercera bola.

Recogí la cue ball (NT/ O mingo, es la bola blanca) y la puse sobre la mesa donde pudiera fácilmente hundir la tercera. Luego embolsillé la seis y la siete, dejando las dos últimas bolas para Bella.

No mencionaré cuantos hombres atrapé mirándole el trasero mientras ella se inclinaba sobre la mesa de pool. Bella era completamente ajena a su atención, algo que tanto me divertía, como me irritaba. La parte irritante era que porque ella no se daba cuenta, prácticamente los animaba con sus profundas inclinadas sobre la mesa. Me encontré a mi mismo parándome detrás de ella constantemente para escudarla de los pensamientos lascivos de los otros hombres. Por supuesto, mi posición defensiva detrás de ella me daba una buena vista de su cola.

Bella ganó el primer juego fácilmente. Ella era mejor que decente, era buena. Después del primer juego dejé de preocuparme sobre quien ganó o quien perdió. Ella era lo bastante buena para que yo no me sintiera obligado a tirar el juego.

Me sorprendí un poco cuando fallé un tiro sobre una mesa abierta en el segundo juego, pero Bella no lo estuvo. Ella estaba toda petulante. Sus ojos brillaban y refulgían y me sonrió ampliamente mientras limpiaba la mesa y luego reclamaba la bola dentro del bolsillo lateral. Le dio un golpecito suave a la cue ball y la novena bola rodó lentamente y luego entró con un satisfactorio sonido seco.

"Esos son dos juegos para mí," dijo ella, como si yo no fuera capaz de contar por mi cuenta.

"¿Quién te enseñó a jugar?"

El rostro de Bella decayó, y eché marcha atrás precipitadamente. "Lamento haber preguntado. No me di cuenta que era personal."

"No, está bien. Mi papá me enseñó a jugar."

Hice una mueca. "Supongo que ya no ves más a tus padres."

"No los veía en todo caso." La suave voz de Bella era apenas audible sobre el bullido dentro del salón de pool. "Mi mamá murió de cáncer el año pasado. Y mi papá, bueno, él era policía; lo mataron en la línea del deber. Él es la gran razón por lo que decidí… tú sabes."

Mi mente se llenó con las palabras que ella dejo salir. Su papá, un servidor público, era la razón por la que ella había decido testificar. Con sus padres muertos, no era una sorpresa que ella estuviera completamente sola. Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas que amenazaron con escurrirse bajo sus mejillas. No fui conciente de cuando me moví, pero momentos después ella estaba en mis brazos, sollozando suavemente. Recosté mi mentón sobre su cabeza y la sostuve con fuerza.

Varios minutos pasaron antes que Bella se alejara.

"Lo siento. No se lo que me pasó."

La volví a acercar a mí y dije suavemente, "está bien. No estás sola."

Ella respiró profundamente varias veces, tratando de ponerse bajo control, y luego se relajó contra mí. De repente fui consciente de la sensación de su cuerpo presionado contra el mío. No quería alejarme, pero la parte inocente de este abrazo había desaparecido. Solté mis brazos de alrededor de ella y gracias al cielo ella se alejó.

Tomé la decisión de que habíamos terminado de jugar pool por la noche. Retiré mi licencia de conducir y guié a Bella de regreso al auto.

"Todavía es tu noche. ¿Qué hacemos ahora?"

"¿Malteadas?"

Veinte minutos después estábamos parqueados en una cafetería y Bella estaba engullendo una malteada de piña. La mía era de fresa, porque aparentemente no soy tan aventurero. El humor de Bella mejoró exponencialmente conforme terminaba su malteada. Era una rara noche clara en Seattle, deslicé hacia atrás el techo corredizo del auto de modo que pudiéramos reclinar nuestros asientos y mirar las estrellas.

Bueno, Bella miró las estrellas. Yo la miré a Bella.

"¿Edward? ¿Alguna vez has estado enamorado? ¿Realmente enamorado?"

Lo consideré cuidadosamente antes de responder. Había habido mujeres en mi pasado, por supuesto, y había considerado proponerle a un par, ¿pero las había amado? "No realmente. O quizás sea más adecuado, no lo suficiente."

"Yo tampoco."

Bella se giró en su asiento de forma que me estaba mirando de frente y su lengua salió para lamer sus labios. "Gracias por la malteada."

Deseo destelló en mi interior, pero lo mantuve bajo control. Mi tiempo con Bella se estaba convirtiendo en una deliciosa tortura, de hecho. Mañana asistiríamos a la primera gala de caridad de Bella. El sábado lo estábamos pasando con mis padres. Estaba secretamente aliviado de estarme yendo para Haití el domingo. Dos semanas sin Bella seguramente calmarías la atracción y me darían perspectiva.


Por cierto, traduje este capítulo en un día, si señoras y señores, un día… ¿me merezco reviews? ¿A que sí? ¿No sean malitos? Un 'gracias' no cuesta nada ;)