La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia pertenece a Limona y tengo su permiso para traducirla n.n


Capítulo 7


Lunes, Abril 7 de 2008

Bella

A lo largo de la semana pasada mis pesadillas se habían vuelto peores y las sombras bajo mis ojos se habían hecho más y más oscuras. Dejé de mirarme al espejo para no tener que ver lo demacrada que me veía. Trataba de seguir comiendo, pero no tenía hambre. Mis comidas más grandes eran cuando Alice visitaba, en su mayoría porque era más fácil comer que discutirle. Ella se preocupaba de que yo no me hubiera recuperado de mi previa "enfermedad", y yo no me molesté en corregirla.

Durante los últimos días había hablado con Jacob cada día. Estaría mintiendo si no reconociera que nuestras discusiones eran puntos brillantes en la oscuridad. Él siempre estaba alegre, no importa qué. Él era divertido. Yo le gustaba. Pasar tiempo con él me hacía sentir cómoda y apreciada.

El único defecto era que yo sabía que Edward lo desaprobaría. Yo le había hablado a Edward por teléfono en varias ocasiones desde que se fue. Todas nuestras conversaciones eran cortas e impersonales. No me había molestado con mencionarle mi relación con Jacob. Después de todo, la pequeña demostración pública de afecto de Edward con la otra mujer en la gala de caridad me había recordado que no teníamos control sobre el otro. Yo sólo le estaba hablando a Jacob y lo estaba haciendo en privado.

Ayer estuve así de cerca de contarle a Jacob la verdad sobre mí. Me había quedado despierta hasta tarde, considerando si hacerlo era lo correcto o no.

Jake era mi amigo y yo le estaba mintiendo sobre Edward y yo a cada instante. Eso apestaba.

Si, mentirle a la familia de Edward también apestaba, pero eso era diferente. Esa mentira era de Edward. Ellos eran sus seres amados y él cargaba la responsabilidad principal por esa decepción. La mentira a Jacob se sentía personal. Él era el amigo que elegí para mí.

Detestaba mentir. Especialmente mentir sobre esto. Cada vez que Jake y yo hablábamos, podía ver las tuercas girando en su cabeza mientras trataba de comprender como rayos terminé con Edward.

Se suponía que yo no le contara ni a un alma.

Pero era el estado de mi alma por el que yo estaba preocupada. Todas las decepciones eran como una plaga, y con cada segundo que pasaba me estaban haciendo sentir más y más enferma. Necesitaba alguien a quien hablarle. Alguien amigable. Alguien que me conociera. Alguien a quien le agradara, no alguien que se sintiera obligado a pretender que yo le agradaba.

Si Jake no podía guardar mi secreto, ese era un riesgo que estaba dispuesta a tomar. Era mi vida la que estaba en juego, y yo confiaba en él. Sabía que Emmett se horrorizaría si alguna vez se enteraba, pero él nunca tendría porque saberlo. Creo que en el fondo, Emmett querría que yo hiciera lo que fuera que necesitara para permanecer sana. Y yo necesitaba esto.

Me dio hambre para desayunar por primera vez en días. Envalentonada por mi decisión de contarle a Jake, me zampé una taza de cereal y un vaso de jugo de naranja. Sabía que él ya había llegado sin molestarme con buscar su carro en la entrada. A él le gustaba terminar su trabajo temprano de modo que podía ir a clases en las tardes.

Puse la taza y la vaso en el lavaplatos, sin molestarme siquiera con lavarlos. Até mis tennis y prácticamente corrí fuera de la puerta.

Había llovido todo el día de ayer y la tierra estaba cubierta de barro. Para cuando lo alcancé, mis zapatos estaban marrones y había lodo embadurnado en la bota de mi pantalón. Mi rostro portaba lo que me imagino era una sonrisa maniática.

Sólo me podría imaginar lo que Edward habría dicho si pudiera verme ahora. Él siempre era tan propio y pulido, era difícil prever lo que podría decir. No sería halagador, de eso estaba segura. Jake, en contraste directo, me vio, asimiló mi apariencia y expresión facial y me sonrió con maldad.

"Lo que sea que hayas acabado de hacer, deberías hacerlo cada mañana. No te he visto así de feliz nunca."

"Tomé una decisión."

Jake arqueó una ceja. "¿Oh?"

"¿Puedes tomarte un descanso de más o menos media hora para poder contarte algo?"

Él miró a su alrededor, apreciando con sus ojos el estado de la tierra. Claramente, había estado a medio trabajo de algo, y por un momento tuve un fogonazo de incertidumbre respecto a interrumpirlo.

Mi duda desapareció cuando me dirigió otra sonrisa. "Seguro. Dame unos diez minutos para terminar aquí y te veré en la casa."

Regresé prácticamente dando brinquitos.

Dos minutos después, Jake me sorprendió acercándoseme por detrás y envolviéndome en un abrazo de osorazo. Yo no lo había escuchado entrar, y por un momento pensé que los Volturi habían enviado un asesino a la casa. Pesadillas con figuras y rostros poco definidos pasaron frente a mis ojos.

Nadie debería acercársele de esa forma a alguien que tiene razones para creer que algunas personas la quieren muerta.

Grité.

El terror debe habérseme notado en la cara, porque Jake se arrepintió de inmediato. "No fue mi intención asustarte, Bells."

Temblé. "Lo siento, es sólo que estoy un poco nerviosa," pausé, volviendo a ponerme en orden. "¡Y dijiste diez minutos!"

"Estabas tan emocionada. No podía concentrarme y por eso vine de una."

Le indiqué que tomara asiento en la barra de la cocina. Nos serví a cada uno un vaso de limonada y me senté junto a él.

Le conté todo.

Estuvimos ahí más de una hora.

Volví a llenar nuestros vasos de limonada hasta la mitad, en parte porque todo era tan intenso que necesitaba un descanso, pero mayormente porque mi abuela acostumbraba llamar a la limonada "el elixir para hablar," y la presencia de la limonada era reconfortante.

Jake estaba embelesado con mi historia. Incluso yo estaba un poco fascinada por ella, y yo la había vivido. Me di cuenta que mi comparación de hace semanas no estaba tan alejada –era como si estuviera protagonizando una película. Cuando terminé mi historia, Jake se quedó mirándome pensativamente por varios segundos.

Contuve mi aliento, insegura de lo que diría. ¿Me creería? ¿Estaría enojado porque lo había engañado por tanto tiempo?

De repente, su rostro estalló en una sonrisa imposiblemente amplia y fue como si el sol estuviera saliendo desde detrás de las nubes.

"¿Qué?" Pregunté. No tenía idea de qué podría ser tan placentero sobre mi historia. Demonios, yo pensaba que era bastante deprimente.

"No estás comprometida," respondió él. Sus ojos cafés bailaron.

Sacudí mi cabeza. "Nope."

"Esa es un noticia fantástica."

"No se si yo iría tan lejos…" Había una pequeña partecita de mí que más o menos disfrutaba pretender estar comprometida con Edward. Mi cuello sintió un hormigueo y recordé que él me besó ahí cuando estábamos jugando pool. Un rubor se trepó sobre mis mejillas y agaché mi cabeza para esconderlo de Jacob.

"Oh, yo lo haría, Bella," Jake me aseguró. "Ustedes dos son de universos completamente diferentes."

"No tienes que restregármelo."

"No de ese modo. Lo que quiero decir es que ustedes dos son simplemente diferentes. Uno del otro." Ante la mirada sobre mi rostro, agregó rápidamente, "¡y eso es algo bueno!"

Decidí dejar pasar el comentario y cambié el tema. "Ahora ves porqué me enoja tanto cuando hablas mal de Edward."

Jake consideró eso por un momento. "Seh, ha sido bastante decente alojándote. Aunque cualquiera sería afortunado de tenerte."

"Soy algo así como un desastre, Jake."

"Nah. Eres intrigante."

"Me encanta como acabas de hacer 'intrigante' una palabra código para 'desastre'."

"¿Crees que ellos te van a matar?"

La franqueza de Jake me sobresaltó. "Um, bueno. ¿Honestamente?"

"¿Entonces?"

Mordí mi labio por unos segundos, manteniendo mis ojos alejados de él. Mi voz, cuando salió, fue un susurro. "Si."

"¿Entonces por qué lo haces?"

Miré a Jake a los ojos y traté de transmitir en esa mirada todas mis razones. Cuando él siguió mirándome con desaprobación, me di cuenta que iba a tener que hablar. No estaba segura de si alguna vez había articulado las razones para mi misma, por lo que me tomó un par de minutos pensar en las palabras adecuadas. Jake esperó pacientemente, sorbiendo lentamente de su limonada.

Respiré profundamente y luego las palabras salieron desaforadas de mi boca. "Alguien tiene que detenerlos. Lo que ellos están haciendo está tan mal que es enfermizo. No es que yo crea que yo puedo detenerlos. Pero se que tengo que intentar testificar contra ellos, o mi vida no valdría la pena."

Jake no se lo comió para nada.

Él no quería que yo testificara. Dijo que podríamos huir juntos hacia Mexico y tomar bebidas de frutas sobre la arena hasta que el embrollo entero quedara en el olvido.

Volví a tratar de explicarlo, de explicar que había algunas cosas por las que valía la pena morir. Jake reconocío que valía la pena morir por algunas cosas en teoría, pero que no creía que esto fuera algo que valiera la pena para que yo muriera.

La lluvia estaba amenazando con caer, por lo que él tuvo que volver a salir a terminar de trabajar. Yo lo observé, por un rato, pero mi optimista humor de antes se había ido al piso.


Martes, Abril 8 de 2008

Estaba comenzando a volverme una severa víctima de la insonmia. Había optado por dejarme tomar siestecitas durante el día para evadir las pesadillas. Si ponía el temporizador de la cocina para veinte minutos, podía tener una pizca de sueño sin soñar. Si lo hacía lo bastante seguido, quizás podria juntar una noche entera de sueño.

Me salté el desayuno. Nada sonaba atractivo, ni siquiera una taza de cereal azucarado.

Escuché a Jake llegar, pero no quise hablarle. Me estaba sintiendo lo bastante frágil sin enfrentar su opinión sobre mi decisión.

Traté de leer, pero las palabras daban vueltas sobre la página. Me rendí y puse una película. A mitad de "10 Cosas que Odio de Ti," Jake tocó sobre la puerta.

"Hey," fue mi discreto saludo.

"¿Puedo entrar?"

"Es un país libre," dije distraidamente, aunque me di cuenta tarde que era propiedad privada que no me pertenecía ni a mi ni a Jake, haciendo mi declaración vagamente ridícula.

Jake pasó por mi lado y entró a la casa, quitándose los zapatos en la puerta para no dejar un camino de lodo.

"Bells, anoche estuve pensando sobre las cosas que me contaste."

"¿Serio?"

"Creo que deberías dejar de estar deprimida."

"No estoy deprimida."

"Lo estás, más o menos. ¿Qué película estás viendo?"

"Oh, eso. No estoy deprimida."

Jake se rió. "No estás engañando a nadie, sabes. Tienes estas grandes ideas sobre hacer una diferencia, pero estás muerta del miedo como cualquiera lo estaría."

Fruncí el ceño. Yo, definitivamente, no estaba de humor para esto. Jake no tenía ni la menor jodida idea del lugar de donde yo provenía, y actuar como si entendiera mis sentimientos mejor que yo no le estaba ganando puntos.

Sin inmutarse por mi marcada falta de entusiasmo, continuó, "si crees que estos serán tus últimos meses de vida, ¿es así como quieres pasarlos?"

Tal vez él tenía un punto, pero yo no iba a concerder nada todavía.

"Creo que deberías hacer una lista de cosas que quieres hacer, en caso de que no tengas oportunidad después," concluyó con una sonrisa brilante. "Yo estaría encantado de ayudarte, tu sabes."

"Lo pensaré," dije. Yo todavía estaba de malhumor por la forma en que había terminado la conversación de ayer. Eso, combinado con mi falta de sueño, me hacía una compañía indeseable.

Acompañé a Jake hasta la puerta y le di la mejor sonrisa que pude formar, de forma que supiera que no estaba enojada con él.


Miércoles, Abril 9 de 2008

El martes en la noche no pude dormir. No sabía si mis asociaciones negativas con el sueño se estaban alimentando de sí mismas para hacer el sueño más elusivo, o si yo estaba tan desacostumbrada a dormir que había olvidado como hacerlo.

En vez de dormir, en la madrugada del miércoles hice una lista de cosas que quería hacer, como Jake había sugerido.

Mi lista terminó siendo corta, porque yo era realista. No tuve fuerzas para poner 'conocer a mi alma gemela y casarme' en la lista. No es como si yo fuera a tener una oportunidad para conocer a mi alma gemela antes del juicio, y aún si lo hacía, él nisiquiera me notaría porque yo estaría usando el anillo de compromiso de Edward. Y si yo sí lo conocía, ¿no se decepcionaría él bastante cuando los Volturi acabaran conmigo? No querría desearle eso al hipotético él.

Me concentré en cosas que podía hacer aquí. Quise poner 'saltar de un acantilado', porque mi papá siempre había bromeado sobre la gente que salta de un acantilado igual que todos los demás. Puesto que yo no nadaba y me daban miedo las alturas, decidí que saltar de acantilados probablemente no era una adición genial a la lista. En cambio, puse 'saltar de un trampolín'. Eso era un poquitico osado, pero no mortal. Además, era algo con lo que Jake podría ayudarme, y eso lo haría feliz. Enlisté otro par de cosas que pensé eran factibles. Quería aprender como cambiar el aceite de mi auto, aunque yo ya no tuviera uno. Esperaba que Jake me dejara practicar en el suyo; no quería arriesgarme a derramar aceite en el garaje de Edward. Un soufflé de chocolaté también estaba en la lista. Yo era una buena cocinera, pero no tanto cuando se trataba de postres. Me encantaba el chocolate, y si podía lograr un soufflé, estaría satisfecha conmigo misma. Agregué un par de metas de lectura también, ya que la biblioteca de Edward era tan atractiva.

Después que me cancé de enlistar cosas, creo que dormí a pedazos. Nunca estaba cómoda, y si bien no recuerdo haber dormido, debo haber dormido algo, porque la noche no fue lo suficientemente larga de lo contrario.

Cuando Jake llegó en la mañana, yo estaba esperándolo afuera, lista en mano.

"Buenos días," dije, bastante complacida conmigo misma.

La mirada de Jake centró directamente sobre el trozo de papel en mi mano. "¡Hiciste una lista!"

"No es mucho." No quería darle esperanzas. Era una lista corta.

Caminamos juntos hacia el patio, su brazo colgando sobre mis hombros. Eso era nuevo. Me gustaba. Me recosté un poco en él, saboreando el contacto físico. Él lo notó, y le dio un apretón a mi hombro. Traté de no notar que me agarró con un poco más de furza de lo normal, para nada como el toque ligero como pluma de Edward.

Jake trabajó unas pocas horas y yo me senté sobre el suelo y lo vi hacerlo, ayudando ocasionalmente cuando me lo pedía. Sabía que él se estaba muriendo por preguntarme sobre mi lista, pero estaba esperando a que yo le dijera.

Me encantaba verlo trabajar. El juego de músculos de sus antebrazos era fascinante.

Hice el almuerzo para ambos y lo traje afuera. Era un raro día soleado y anormalmente cálido a casi 21 grados. Tuvimos un picnic en el jardín; un banquete de emparedados de pollo, ensalada de patatas y galletas con chispas de chocolate hechas en casa.

"Esto está delicioso," dijo Jake felizmente, su boca llena de galleta.

Pensé sobre mi lista, y decidí que ahora era tan buen momento como cualquiera para abordar el tema. "¿Puedes nadar?"

"Claro que puedo." Jake frunció el ceño. "¿Tú no puedes?"

Sacudí mi cabeza. "Puedo medio flotar."

"¿Eso es lo que está en tu lista? ¿Aprender a nadar?"

"No exactamente. Aprender a nadar tomaría demasiado, y estos días ando en busca de gratificación instantánea."

"¿Entonces por qué preguntaste?"

"La primera cosa en mi lista es brincar de un trampolín."

"¡Pero no puedes nadar!"

"Lo se. Es por eso que necesito tu ayuda." Le sonreí con inocencia.

"¡Oye, Seth!" gritó él a través de los jardines.

Me di la vuelta para ver al chico de la piscina caminando hacia nosotros. No quería testigos de mis conversaciones con Jake. Yo no estaba haciendo nada malo, pero ¿y si el chico de la piscina iba y le contaba a Edward? "Jake, no se sobre él," comencé.

"Nah, él está bien. Nos conocemos desde hace tiempo. No te preocupes, Bella." Jake le estaba haciendo señas a su amigo para que se acercara.

Seth vino trotando, sus ojos moviéndose entre Jake y yo, y finalmente bajando hacia mi anillo de compromiso. Jake y yo necesitábamos tener una charla. Una seria charla sobre mantener secretos y ser discreto.

"Seth, tienes que probar una de estas galletas que Bella hizo." Jake lanzó una galleta hacia Seth y éste dudó.

"Sabes lo que dijo Edward," Seth le habló a Jake como si yo no estuviera allí. Mi rubor se hizo más fuerte.

"A veces eres tan lambón. Bella es buena onda. Simplemente cómete la berraca galleta."

Seth tomó la galleta con vacilación y la mordió. Después del primer bocado, me sonrió. "¿Usted hizo estas?"

Asentí. "Ajá."

"Están deliciosas."

"Te lo dije," dijo Jake con aire petulante.

Le rodé los ojos a Jake y luego le me dirigí a Seth, "Gracias."

"¿El agua de la piscina está caliente?"

Seth se zampó el resto de la galleta. "A Edward le gusta a 29 grados. Por lo que si, está tibia."

"¿Tienes que seguir diciendo su nombre?" Siseó Jake.

"Es la piscina de Edward."

Jake ignoró eso y en cambio me miró a mí. "¿Qué piensas, Bella?"

"¿Quieres hacerlo hoy?"

"¿Por qué no? Sería una forma sencilla de empezar con tu lista. Una ayuda para aumentar tu confianza, si así lo deseas."

"Pero no puedo nadar," dije estúpidamente.

"Saltaremos juntos. No te dejaré tomar agua."

La frente de Seth frunció en preocupación. "Jake, lo que sea que estés planeando, ¿no crees que sea una mala idea meter a la prometida de Edward a la piscina si no puede nadar?"

"Te preocupas más que mi abuela," gruñó Jake. "Y además, Bella necesita esto. Ella ha tenido un mal rato últimamente y necesita la oportunidad para construir algunos recuerdos divertidos."

"Quizás ella debería estar construyéndolos con Edward," dijo Seth con mordacidad.

Jake y Seth compartieron una larga mirada y yo aclaré mi garganta en un intento por aliviar un poco la tención. "No te preocupes, Seth. Se que a Edward le gustaría que yo me diviertiera un poco mientras él no está." Era cierto. Hay que reconocerlo, la diversión que él querría que yo tuviera no incluía a Jake… ¿pero no me había dicho él que probara la piscina?

Seth no parecía convencido, pero se comió otra galleta, lo que tomé como un buen signo.

Ni Jake ni yo teníamos trajes de baño, por lo que me resolví por una camiseta y unos shorts. Jake se quitó los zapatos y la camisa.

Jake hizo una zambullida "de prueba" para asegurarse de que el agua estuviera bien. Yo sabía que estaba alardeando, pero de todas formas me impresionó. Su cuerpo entró al agua en una línea bien definida y sin salpicar tanto, lo que era mucho más de lo que yo esperaba lograr para mi próximo salto del trampolín. Yo sólo quería lograr entrar a la piscina sin golpear el agua de la forma equivocada.

Jake se salió de la piscina y caminó hacia mí. Estaba chorreando y traté de no dejar que mis ojos siguieran las pequeñas gotas de agua que descendian por su pecho desnudo.

"¿Lista Bella? Tú te montas primero y luego yo te sigo. Una vez ambos estemos montados, contaré hasta tres y luego saltaremos."

"¿Debería taparme la nariz?"

"Sólo si no eres lo suficientemente lista para exhalar cuando golpees el agua."

En ese caso, si, me taparía la nariz. "¿Hay alguna forma correcta para saltar?"

"¿Te das cuenta que sólo tiene 3 metros de alto, cierto? Con tal que no saltes de plano sobre tu espalda estarás bien."

Él estaba en lo cierto. El trampolín no era tan alto. Yo podía hacer esto.

Me quité mis sandalias y caminé con cautela hacia la piscina, cuidadosa de evitar los charcos creados por Jake cuando se salió de la piscina. Con mi suerte, probablemente me resbalaría y caería sobre la baldosa antes de que siquiera llegara al trampolín.

Subí los escalones lentamente, uno a la vez. Puse un pie sobre el trampolín y me subí. Parada sobre el trampolín, miré a mí alrededor. Esto no estaba tan mal. No se que me había poseído para comparar esto con saltar de un acantilado. Era más como saltar de una roca.

Al final del trampolín, miré hacia abajo. Gran error. Tres metros nunca habían parecido tan altos. Tres metros eran sólo como trescientos centímetros. Y yo tenía más de 153 de alta, por lo que el trampolín era menos alto que dos yos. No era nada alto, y aún así, de repente me encontré menos entusiasmada de saltar.

De la nada, el trampolín comenzó a moverse y yo estiré mis brazos para mantener mi balance. Lancé una mirada alarmada sobre mi hombro y me di cuenta que era Jake, uniéndoseme sobre la tabla. Lástima que se moviera como una manada de elefantes.

Varios aterradores momentos de tembladera de tabla después, sentí las frías y húmedas manos de Jake sobre mi cintura. Temblé instintivamente.

Jake se inclinó hacia mí y habló directamente en mi oído. "Recuerda, apreta tu nariz, mantén tu cuerpo recto. No te soltaré ni por un momneto, así que no te asustes cuando golpees el agua. Saltamos a la cuenta de tres."

Asentí, muda de miedo.

"Uno."

Casi le dije que cambiaba de opinión. Yo no tenía nada que probar.

"Dos."

Imágenes de los Volturi destellaron a través de mi cerebro: Aro, Cayo, Marco, Demetri, Jane, Alec… el miedo hacia ellos se mezcló con mi miedo de saltar y me sentí físicamente enferma.

"Tres."

Ya no quería estar asustada. Salté.

Fiel a su palabra, Jake pasó sus brazos alrededor de mi cintura mientras saltaba y no me dejó ir, ni siquiera cuando golpeamos el agua.

Olvidé taparme la nariz y subí a la superficie chapoteando dentro de los brazos de Jake. Nos balanceábamos arriba y abajo dentro del agua conforme sus piernas se movían a un ritmo continuo bajo nosotros, manteniéndonos a flote en la parte honda.

Jake me llevó nadando hacia el borde de la piscina y yo me salí con las piernas temblorosas.

"¿Estás bien, Bells?"

El trampolín ya no se veía tan alto o tan temible. Si tan sólo mis otros miedos pudieran ser amainados tan fácilmente.


Jueves, Abril 10 de 2008

Me quedé dormida tan pronto como mi cabeza golpeó la almohada la noche del miércoles, pero el sueño fue intimidante y para nada relajante. No pude recordar ninguno de los aterradores sueños en la mañana. El sueño que recordaba más claramente era en el que podía escuchar a esa malintencionada mujer de cabello churco de la gala de caridad en mi cabeza, charloteando sobre mí muriendo virgen.

La odiaba. Esperaba que el vino manchara permanentemente su vestido.

Me puse una bata, bajé a tientas las escaleras y me situé sobre un taburete en la barra de la cocina. Ahí sobre el mesón, bajo un lápiz, estaba mi –demasiado- corta lista de cosas por hacer antes del juicio, garabateada en mi descuidada letra.

Lavanté el lápiz. ¿Perder mi virginidad era una cosa estúpda para poner en mi lista de deseos?

Si.

Quizás no.

Jake habia dicho que él me ayudaría con mi lista. Él ya había saltado conmigo del trampolín a la piscina. Tenía la sensación de que no le importaría ayudarme con mi problema de la virgnidad.

Además, nuestra pequeña experiencia en la piscina me había enseñado algo sobre él.

Tenía un cuerpo de infarto. Sensual y despampanante.

Una chica tendría que estar muerta para no notarlo.

Me estremecí ante la elección de mis propias palabras. Yo no estaba muerta, todavía. Aún había tiempo para mí.

Decidí no escribirlo en la lista. Había algo superficial en ponerlo en un papel, donde cualquiera podría verlo. No muchas personas sabían que me estaba salvando para el matrimonio. Mis padres habían sabido, una vez, cuando estaban con vida. Ángela sabía, pero probablemente no la volvería a ver de nuevo. Emmett sabía, porque le conté la noche que nos emborrachamos juntos después de casi morirnos. Pero nunca hablábamos de esa noche, y estábamos tan borrachos que ni siquiera estaba segura de que él recordara nuestra conversación. Yo recordaba cada palabra al pie de la letra, porque siempre memorizaba lo que él decía.

Pensamientos de Emmett trajeron una sonrisa a mis labios, pero la sonrisa se desvaneció cuando me obligué a pensar en él con Rosalie. Emmett no me iba a ser el amor de manera apasionada la noche anterior al juicio. Él nunca traicionaría a su familia de esa forma, y por supuesto que esa era una de las cosas que admiraba de él.

Jake llegó y lo dejé entrar.

Su sonrisa radiante me decidió. Yo podía hacer algo mucho, mucho peor que perder mi virginidad con Jake. Si sobrevivía a toda esta experiencia del juicio y de alguna manera lograba encontrar a mi Príncipe Azul, puede que me arripintiera de no haberme salvado para el matrimonio, pero al menos podría lamentarlo. Y de alguna retorcida manera, la lógica resultaba. Con mi suerte, yo viviría para lamentarlo. Y definitivamente preferiría vivir para lamentar algo como haber tenido sexo con Jake que morir porque los Volturi me mataron.

Hasta cierto nivel sabía que lo que pensaba no tenía sentido, pero no me importó. Necesitaba algo de qué aferrarme por el momento, porque no podría continuar indefinidamente sin comida o sin dormir.

Jake vió la lista en mi mano y preguntó, "¿qué hay en la lista para hoy?"

¿Hoy? No, no lo haríamos hoy. No estaba lista. Pero estaba empeñada en este plan, necesitábamos hacerlo antes que Edward regresara a casa el domingo, pues esto no era algo que quisiera explicarle. Entonces el sábado sería el día.

¿Pero y si disfrutaba el sexo y quería hacerlo de nuevo? Entonces el viernes. De esa forma si las cosas iban bien, todavía tendríamos juntos el sábado antes de que Edward estuviera en casa. Era raro pensar en hacer cosas cuando Edward no estaba aquí. Parecía como si yo lo estuviera engañando, pero ese no era el caso. ¿Entonces por qué se sentía como si lo estuviera haciendo?

"¿Bells?"

"Lo siento Jake, taba pensando." Alejé los pensamientos de Edward. Yo no lo estaba engañando. Edward sólo se preocuparía si la gente se enteraba. Seríamos discretos, por lo que estaría bien.

"Para hoy pensé que podríamos caerle a la 2ª cosa de la lista, pero quería hablarte de mañana…"


Viernes, abril 11 de 2008

Alice

Tararée alegremente todo el camino a la casa de Edward. Me diminuto baúl estaba lleno de compras para el bebe y lo único que faltaba era alguien que admirara mi destreza para comprar. Normalmente, se podía contar con Jasper para ocasiones como esta, pero él hacía esta cosa llamada trabajo durante el día.

Lo se. Nunca lo he entendido tampoco.

No es que yo no tuviera responsabilidades y deberes, pero la mayoría de ellos giraban entorno a hacer apariciones a nombre de la fundación de caridad de mi familia y en pensar en mi nueva línea de moda. Las apariciones generalmente tenían lugar en la noche, aunque a veces eran por la tarde. Pensar en moda podía hacerse en cualcuier lado, a cualquier hora. No estaba limitado por un concepto prosaíco como horas de oficina. Yo trataba de explicarle esto a Jasper, pero él estaba empeñado en la idea de que las transacciones de negocios pasaban a una hora determinada, principalmente entre 8:00 A.M y 6:00 P.M.

Sin embargo, hoy no estaba tan enojada con él porque iba a ir a visitar a Bella. Edward había estado de viaje por demasiado tiempo y estaba segura que para estos momentos ella estaría prácticamente colgándose de las paredes. Yo la había visitado varias veces a lo largo del último par de semanas, y ella difinitivamente apreciaba la compañía.

Las dos estábamos empezando a volvernos cercanas, como las hermanas deberían serlo, y me hacía feliz saber que el pequeño Joshua Carlisle iba a tener una tía tan dulce. Esa sensación de calidez se hizo aún más fuerte cuando pensé en como quizás sería tía de nuevo en el no-tan-remoto futuro. Edward podía ser tan frío con los adultos, pero amaba a los niños. Edward y Bella tendrían bebes hermosos.

Paré en la entrada con un giro llamativo y corrí hacia la puerta.

Bueno, realmente no corrí porque tenía siete meses de embarazo, pero "corrí" sonaba mucho mejor que "caminar como pato."

Toqué en la puerta, pero no hubo respuesta.

Timbré, pero no hubo respuesta.

Le eché una miradita al garaje y conté. Todos los cuatro autos estaban ahí.

Probablemente Bella estaba tomando la siesta. O duchándose. O algo.

¿Qué podría estar haciendo ella a las tres de la tarde?

Un sentimiendo de preocupación se asentó en mi estómago. Tal vez estaba enferma de nuevo. O, más probablemente, estaba lastimada. Ella era horriblemente torpe. Cielos santo, Edward nunca me perdonaría si estaba listimada y necesitaba ayuda y ninguno de nosotros lo notó.

Saqué a toda velocidad a mi llave mágica y me dejé entrar. Apagué la alarma con facilidad y tomé las escaleras dos a la vez hacia el cuarto de Bella.

La puerta estaba medio abierta, y por entre ella, vi a Bella poniéndose toda caliente y encendida con el jardinero.

¡El jardinero!

¿Cómo pudo? ¡Esa zorra desagradecida! Después de todo el amor y el tiempo que invertí en ponerla sexy, ¿lo estaba desperdiciando en el jardinero?

Edward se iba a poner putérico.

¿Debería contarle a Edward? Él actua de forma fría, pero en el interior es cálido y sentimental. Estaría devastado.

¿Y si yo no le contaba a Edward y él de todas maneras se casaba con ella? Ese podría ser un desastre de proporciones épicias, tanto emocional como financieramente. Si, yo tendría que contarle a Edward.

Ellos todavía no me habían visto. Jardinero estaba moviendo sus manos bajo la camisa de Bella, trabajando en la segunda base.

¿Debería detenerlos o debería ver lo lejos que Bella iba a ir? Por todo lo que yo sabía, Bella había estado durmiendo con él cada día desde que Edward se fue, pero algo me decía que esta era la primera vez. Si éste de verdad era un acontecimiento único, quizás Edward la perdonaría si ella no iba hasta el final, aunque a este punto no estaba segura si quería que él lo hiciera.

Aclaré mi garganta.

Él no me escuchó, pero ella si lo hizo.

Sus ojos se abrieron y encontraron con los míos.

"¡Alice!"

Crucé mis brazos sobre mi pecho y los recosté sobre mi pancita. Tenía una selección de palabras que quería compartir con Bella, pero sabía que Joshua Carlisle podría escucharme con sus oidos perfectamente formados, por lo que decidí mantener mi boca cerrada.

Jardinero por fin me notó. Él dio un paso lejos de Bella pero no se vio para nada mortificado. Si yo no me hubiera preocupado de que Edward regresando a casa para ver las flores muertas le agragara insulto a la herida de Bella "haciéndolo" con su jardinero, lo hubiera despedido en el acto.

Bella alejó a Jardinero y arregló su camisa. "Esto no es lo que crees."

Levanté una ceja mientras continuaba manteniendo mi lengua bajo control. Oh, las cosas que quería decirle… pero tenía que mentaner al pequeño J.C. inocente por tanto como fuera posible.

Bella volvió a mirar a Jardinero y luego a mí, "bueno, quizás es lo que crees, pero puedo explicarlo."

Esa última pequeña frase suya me enojó aún más y luché por dominar mi temperamento. Yo no quería transmitirle estrés o rabia al bebe, por lo que decidí mantener esto tan breve como fuera posible. "Sálvatelo para Edward."

"Alice..."

"Ni siquira empieces. No quiero escucharlo."

Bella pasó saliva, sus ojos abiertos de par en par y asustados. Ella debería estar asustada. Yo había estado del lado receptor del temperamento de Edward antes, y no era bonito. Casí sentí lástima por ella.

Pero no realmente.

Maldición, me estaba sintiendo bastante traicionada de que alguien a quien consideré que iba a a ser mi hermana fuera una zorra cachona. Y sólo me podría imaginar cómo se iba a sentir Edward.

"Me voy ahora. Pero deberías saber que voy a llamar a Edward para contarle todo sobre este pequeño incidente. Creo que sería mejor si tú y yo no nos vemos o hablamos la una a la otra por un buen tiempo." No me quedé para ver la mirada en el rostro de Bella.

Bajé las escaleras hacia mi auto y manejé a casa, mi dedo moviéndose sobre mi teléfono.