La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia pertenece a Limona y yo me adjudico la traducción n.n
Capítulo 16
Miércoles, Octubre 18 de 2006
Un error tipográfico. (NT/ Un error de dedo)
Los errores tipográficos eran la ruina de mi existencia.
Revisé el resto del documento con cuidado. Ya había impreso este memo al archivo cuatro veces, y ahora iba a tener que reimprimir la página cinco. La impresora estaba en el anexo, a una caminata de dos minutos desde mi oficina. Habría disfrutado la oportunidad de estirar mis piernas, pero la impresora estaba justo afuera de la oficina de Félix. Supuestamente Félix pasaba la mayoría de su tiempo afuera en el campo, pero si eso era cierto, ¿cómo es que siempre se las arreglaba para estar presente cada vez yo imprimía algo? Ayer apareció detrás de mí y tocó mi cabello. Eso no me hizo gracia.
Consideré quejarme con Aro sobre Félix, ¿pero qué le diría? ¿'Oye, él tocó mi cabello, hazlo parar'? No. Yo ya estaba grandecita. Yo podía y lidiaría con esto.
Mantuve la cabeza agachada y caminé hacia la impresora. Mi cabello caía alrededor de mi cara como un escudo. Si no yo lo veía, tal vez él no me vería a mí.
"Marrrrrie," ronroneó Felix.
Rayos. Tal vez podría pretender que no lo escuché.
Él puso su mano sobre mi hombro. Yo me tensé de inmediato. Tenía que decirle algo. Tenía que hacerlo. No podía permitir que me siguiera tocando cuando eso mismo me hacía sentir tan incómoda.
Traté de quitar su mano de mi hombro, pero él puso su otra mano encima de la mía, atrapándola.
"¿Por qué tan nerviosa, pequeña Marie?" Se inclinó aún más cerca y yo me estremecí. "Si alguna vez necesitas que alguien te enseñe la ciudad…"
Desde el otro lado del cuarto, la voz de un hombre proyectó una palabra: "Detente."
Yo me congelé. El hombre no dijo nada más, simplemente nos dirigió una mirada penetrante por unos segundos y luego se dio la vuelta y caminó hacia el corredor.
Félix me soltó y se alejó. Ahora había varios pasos de distancia entre nosotros. Acobardada por la situación, tomé la página cinco de mi memo y regresé corriendo a mi oficina. Cerré la puerta detrás de mí.
A la hora del almuerzo, Heidi asomó su cabeza por mi puerta. "Un grupo de nosotros va a ir a Pharaoh's a almorzar. ¿Vienes?"
"No, gracias. Traje el mío."
Heidi se dio la vuelta para irse.
"Oye," la llamé. "¿Hay un visitante en la oficina hoy?"
"No, ¿por qué?"
"Es sólo que, hoy más temprano vi a alguien y no supe quien era."
Heidi sonrió con suficiencia; era algo que hacía bastante. "Marcus está en la oficina hoy."
"¡Oh!" Marcus nunca había estado en la oficina, no durante todo el tiempo que yo había trabajado para Volterra.
Heidi entró completamente a la oficina y cerró la puerta a medias. Se inclinó sobre el escritorio de modo que yo pudiera oler su aliento a canela. "Un consejo amigable de mí para ti, mantente fuera de su camino."
Martes, Junio 3 de 2008
Bella
"¿Qué significa 'traje de cóctel'?"
"Quiere decir que puedes mostrar un poco de pierna." Respondió Alice sin abrir los ojos. ¿Por qué?"
Era un raro día soleado en Seattle y estábamos junto a la piscina en la casa de Esme y Carlisle, empapándonos de los rayos. El sol se sentía divinamente sobre mi espalda desnuda. Alice estaba tendida sobre su costado izquierdo a través de una silla larga para promover buena circulación para el pequeño Joshua Carlisle. De acuerdo con Alice, el sol estaba ayudando a su cuerpo a crear vitamina D, lo que la ayudaba a absorber calcio, el cual necesitaba para el bebe… de modo que estar acostadas junto a la piscina era productivo en vez de perezoso.
"Edward y yo vamos a ir a una cena/evento el viernes, una cosa de caridad."
Los ojos de Alice se abrieron de una. "¿Qué cosa de caridad? Él no me dijo que iba a ir a una cosa de caridad el viernes."
"Um. Edward no dijo. Creo que era algo para niños adoptivos."
"¿La Gala Treehouse?"
"Si, algo así."
"¿Serías un encanto y me largarías mi teléfono?" Su voz era dulce pero su expresión mostraba que estaba irritada.
Estiré la mano y lancé el teléfono en su dirección. Ella lo atrapó con destreza, su coordinación en discorde con su grosor.
Alice oprimió un botón y esperó varios segundos. "Hola, hermano."
Pausa.
"Bella me dice que los dos van a ir a la Gala Treehouse, y es que eso no puede ser cierto. Porque yo hago RP y tú me dijiste el mes pasado que no ibas a ir. Entonces, yo, tu hermana que tiene ocho-y-medio meses de embarazo, estoy representando a la Fundación Cullen. Estoy apiñando mis hinchados pies dentro de zapatos que…"
Pausa.
"Cierto."
Pausa.
"Ajám."
Después de una pausa especialmente larga, Alice rompió en una sonrisa. "Eres una dulzura, Edward."
Dejó caer el teléfono sobre la toalla a su lado.
"¿Bueno?" Pregunté, protegiendo mis ojos del sol.
"Edward pensó que yo no debería estar representando a la Fundación Cullen cuando podría reventarme en cualquier momento. Ustedes van a tomar el mando de las RP por los próximos meses."
"¿Lo haremos?"
"Mmhmm." Los ojos de Alice se cerraron de nuevo, y fue la viva imagen de la relajación. "Mi hermano mayor me adora."
"¿Cuántas de esas cosas se aproximan?" Tuve un ligero toque de pánico. ¿Cuántas podría haber?
"¿Galas? No muchas. Pero hay otros eventos comunales que tienen lugar a los cuales me gusta asistir. Un par de cosas a la semana. No es una agenda para nada extenuante."
Mi ligero toque de pánico escaló varios grados. Cuando Edward y yo salimos a cenar dos veces en una semana, lo encontré estresante. Y en la cena, la gente ni siquiera nos estaba mirando mucho. La idea de asumir el calendario social de Alice me estaba haciendo entrar en pánico.
"Estará bien, Bella," dijo Alice, interpretando correctamente mi silencio. "Me tienes de tu lado."
Miércoles, Junio 4 de 2008
El auto de Edward estaba en el garaje. Eran las 2:00 de tarde en un día laborable.
Raro. Edward nunca estaba en casa sino hasta la hora de la cena.
Sería una mentira si no confesara a una breve oleada de esperanza irracional que él estaba temprano en casa para verme, aunque no se suponía que yo estuviera en casi sino hasta las 4:00. Él había dejado claro que la posibilidad de que fuéramos más que amigos era una mala idea, pero yo estaba segura que él sentía al menos un poco de atracción amigable por mí.
Entré rápidamente, pero él no estaba en ningún lugar visible. La casa estaba en silencio. Probablemente estaba trabajando en su estudio. Él trabajaba demasiado.
Desistí de mi caza por Edward y subí a ponerme mi ropa de ejercicio. Necesitaba estirarme después de mi día ayudando a Esme, porque ayudar a Esme nunca era mi único trabajo. Éste también involucraba un poco de planeación para la boda de lado. Planear mi falsa boda para alguien que no quería ser más que mi amiga era desconcertante, pero me las estaba arreglando. Era terapéutico, un poco, tener un trozo de mi vida donde podía pretender que tenía un futuro.
Ahora que regularmente usaba un traje de baño para mi tiempo en la piscina con Edward, el gimnasio se había vuelto mi amigo. No me entusiasmaba levantar pesas, pero pasaba una buena cantidad de tiempo sobre la máquina elíptica. No era tan malo mientras tuviera mi Ipod como compañía. Me paré sobre la máquina, seleccioné mi programa y verifiqué mi peso y mi edad.
La máquina me pitó y empecé mi calentamiento. Cuando incrementé la velocidad de mi zancada, miré por la ventana. Edward estaba ahí, parado junto a las hortensias. Lo raro era que estaba hablando con Jacob. Jake y Edward no eran uña y mugre. ¿Qué podrían estar discutiendo?
Inhala. Exhala. Inhala. Exhala. Me concentré en mi respiración y aceleré mi paso. Jake era el empleado de Edward. De seguro no era inusual que los dos sostuvieran una conversación civilizada.
Dos canciones después, todavía seguían hablando. Jacob se veía animado. Edward parecía irritado. Me estaba muriendo por saber de qué estaban hablando.
Ellos hablaron por tres canciones más antes de que Edward se fuera airado y Jake regresara a trabajar. Yo no me había estado ejercitando por mucho, pero decidí detenerme ahí. Quería ver a Edward. Me bajé de la máquina elíptica y descendí apurada las escaleras, esperando encontrármelo mientras entraba.
Patiné sobre el piso al final de los escalones en mi apuro. Mis tenis chirriaron sobre el piso.
"¿Edward?"
Ninguna respuesta.
El vestíbulo y la sala estaban vacíos. Fui a la cocina, la cual también estaba vacía, y traté de mirar por la ventana. Jake todavía estaba afuera trabajando, pero estaba sólo. Busqué en la casa y finalmente fui hacia el garaje.
El carro de Edward no estaba. Dado el silencio en la casa eso no fue una gran sorpresa, y se supone que yo ni siquiera estaría en casa en a esta hora, pero… él debe haber notado mi auto en el garaje. ¿Qué acaso no quiso verme? ¿No era un poco tarde para regresar al trabajo?
Regresé a la casa por el cuarto trasero y entré a la cocina hacia la puerta de atrás. La abrí una pizca hacia afuera. Una ráfaga de aire húmedo se coló. Dudé un momento y entonces salí.
No estaba lloviendo, pero no estaba seco. La esporádica gota salpicaría mi brazo o mi cara mientras camina con dificultad a través del jardín. En frente de Jake, me detuve. Su espalda estaba hacia mí, y él, o no me escuchó, o no quiso saludarme.
Aclaré mi garganta.
Él se dio la vuelta y sus ojos registraron sorpresa. Entonces tal vez no me había escuchado, después de todo. "Hola Bells. Tiempo sin verte."
"Demasiado," dije, un poco sorprendida al ver que lo sentí así. Había estado tan ocupada con Alice y Esme y Rosalie que no había tenido mucho tiempo para relajarme con Jake en los jardines. "¿Qué has estado haciendo?"
"Un poco aquí, un poco acá. Nada emocionante." Él se encogió y regresó a deshierbar el perímetro.
Otra gota de lluvia cayó sobre mí, y yo miré rayado al cielo. A veces me preguntaba si todos mis problemas desaparecerían si pudiera estar de nuevo en algún lugar soleado.
"¿Te vi hablando con Edward antes?"
Jake siguió deshierbando por varios largos segundos antes de pararse para mirarme a la cara. Limpió sus manos sobre sus jeans y me miró de una forma que hubiera hecho que cualquier persona se retorciera. "Debí haber sabido que realmente no querías hablarme. Quieres saber lo que el 'jefe' dijo."
Mis mejillas se pusieron calientes. "Tenía curiosidad, pero no tienes que decirme."
"Bien. Porque no voy a hacerlo."
A pesar de ese desfavorable inicio para nuestra conversación, Jake y yo pasamos un buen rato hablando juntos. Todavía estábamos en el jardín cuando Edward llegó a casa y asomó su cabeza para avisarme que había traído la cena. Fue un poco incómodo. A pesar de mi vieja promesa con Edward de que nada romántico pasaría con Jake, no estaba segura de que él me creyera.
En cuanto di un paso en la cocina la calidez me envolvió; fue un crudo contraste al aire más frío de afuera. Edward estaba en el mesón, abriendo una botella de vino. Las mangas de su camisa estaban dobladas hacia arriba y todavía tenía puesta su ropa de trabajo. Pude ver los músculos en sus antebrazos moverse mientras él retorcía el sacacorchos.
Me quedé embobada mirando. Sólo Edward podría hacer que abrir una botella de vino fuera sexy. Antes de que nos conociéramos, ni siquiera me gustaba el vino.
"Bienvenido a casa," dije suavemente, todavía parada justo en entrada de la puerta.
Él respondió sin mirarme, su voz un poco cortante. "Gracias."
Mi intuición destelló, y sentí una urgencia abrumadora por decirle que Jake no era nada más que alguien a quien yo consideraba un amigo. Aún así, contuve mi lengua, porque técnicamente, Edward no era nada más que un amigo. Sonaría ridículo si le dijera que Jake y yo no estuvimos haciendo nada más aparte de hablar.
Edward llevó nuestras copas a la mesa. Cuando se dio cuenta que yo lo estaba siguiendo, dijo, "¿tuviste una buena conversación con el jardinero?"
Él seguro que era frío con Jake para alguien que sólo quería ser mi amigo y no me besaría.
"Si." Luego agregué, "no soy tan cercana a él como lo soy contigo, pero disfruto su compañía."
Puede haber sido mi imaginación, pero podría haber jurado que los hombros de Edward se relajaron.
Viernes, Junio 6 de 2008
Mis zapatillas resonaban contra el piso de mármol conforme nos acercábamos al salón de baile. ¿Eran los zapatos de las otras chicas tan ruidosos como los míos? Un cuarteto de cuerdas tocaba en la esquina, y me relajé conforme los sonidos del Canon de Pachelbel se desplazaban por el vestíbulo. La música ahogaría cualquier staccato de mis zapatos una vez estuviéramos dentro, y yo podría ir a sentarme en una esquina y ser anónima cómodamente.
¿A quién estaba engañando? Parada junto a Edward sería tan anónima como un Elmo en la fiesta de cumpleaños de un niño de tres años. Agarré el brazo de Edward un poco más fuerte. No estuve segura si fue por aceptación de que la gente nos estaba mirando o por el deseo de mantenerlo cerca a mí. En cualquier caso, no quise dejarlo ir.
"¿Estarías bien para socializar por unos minutos?" Edward se inclinó para hablar en mi oído. "Vi a alguien con quien necesito hablar."
No, yo no estaría bien. Detestaba las fiestas como esta y él lo sabía. Pero asentí de todas formas, porque no quería que todo el mundo pensara que Edward tenía una prometida pegajosa.
Socializar no era uno de mis dones. Cuando Edward dejó mi lado, quedé sin saber que hacer por varios segundos, buscando un grupo de gente al cual unirme. Ninguno de ellos se veía acogedor, pero sí reconocí a alguien de una de las otras fiestas a las que Edward y yo habíamos asistido recientemente.
Caminé en su dirección, tratando de mantener mis zapatos en silencios, y esperando como loca que ella me recordara.
"¿Maribel?" Dije, mi voz un poco torpe e insegura.
Sin respuesta.
Cuando estaba a punto de rendirme y caminar en otra dirección, sus ojos se encontraron con los míos. Su rostro rompió en una sonrisa y la crisis de socialización fue evitada. Mantuve una satisfactoria charla con Maribel y sus amigas por unos pocos minutos antes de que me preguntaran sobre Edward. Después de que les conté el fantástico prometido que era, corté la conversación. Nunca me gustaba contarle demasiado a alguien sobre él. Aunque ahora lo conocía bien, no sabía que tan bien lo conocía la otra gente, y él era una persona muy reservada.
Desistí en socializar, y en cambio busqué a Edward. Después de varios minutos, lo encontré dentro del salón de baile, parado solo junto a la mesa de bienvenida a lo largo de la pared. Su espalda estaba hacia mí y su cabeza estaba agachada, pero yo lo conocería donde fuera.
Él se dio la vuelta hacia mí cuando yo me acercaba. "Ahí estás. Estamos en la mesa cuatro."
Sobre la mesa, tarjetas con los nombres de los invitados estaban cuidadosamente alineadas bajo bases numeradas. Le di un vistazo a los nombres junto al número cuatro para ver si conocía a alguno de nuestros compañeros de mesa. Mis ojos captaron un nombre en particular: Sr. Laurent Moreau. "¿No conocí a Laurent una vez?"
"Lo hiciste." Edward me dirigió una sonrisa apretada.
"Me sorprende que no cambiaras nuestra mesa asignada."
Él se encogió. "Servirán la cena dentro de poco."
Juntos, caminamos hacia la mesa. Edward sacó la silla por mí, y yo me senté. Había otras dos parejas ya sentadas, pero no vi a Laurent. Nuestros compañeros de mesa eran extraños para mí, pero no para Edward. No que esto me sorprendiera –él parecía conocer a todo el mundo.
Yo fui la única razón por la que se necesitaron presentaciones; todos los demás se conocían el uno al otro. En nuestra mesa estaban Jason Jenks y su esposa Melinda, y Carter Lincoln y su prometida Victoria. Jason era calvo y pasado de peso y el rostro de su esposa se veía entumecido de una forma que sugería que algún trabajo le habían hecho. Carter y Victoria, en contraste, eran una pareja llamativa. Carter era alto, de piel oscura, y apuesto, y Victoria tenía el cabello de un rojo muy intenso y piel como el alabastro. Ninguna pareja me hizo sentir acogida, pero estampé una sonrisa sobre mi rostro y traté de ponerme en un estado mental de QHLPDE.
La ensalada fue servida. Tenía demasiado queso gorgonzola desmenuzado, pero me la comí con ganas de modo que no fuera tan notable que no estaba hablando. Estaba contemplando otro trozo más de gorgonzola sobre mi tenedor cuando alguien se sentó a mi lado.
Era Lauren, por supuesto que sí. Para hacer las cosas aún mejor, la persona que se sentó con él fue… La-chica-sobre-la-que-derramé-vino-rojo-en-la-última-fiesta, alias Jessica.
Había al menos tres entradas más por comer. Incluso si Edward y yo nos saltábamos el postre, eso nos dejaría atascados con estas personas por otra hora. Este era el infierno, estaba segura de ello. Me preparé a mi misma para ser civil.
"Y así nos encontramos de nuevo, hermosa niña," dijo Laurent, quien puso una desagradable mano sobre mi brazo.
Antes de que yo pudiera retroceder, el brazo de Edward me envolvió desde el otro lado. Él quitó de un empujón la mano de Laurent y la remplazó con la suya.
"Ah, Laurent. Nada cambia, ¿verdad? Siempre pareces querer lo que yo tengo." La voz de Edward salió tranquila y fluida, y yo estaba tratando de decidir si él estaba hablando de mí o de Jessica. Decidí que era de mí porque usó el tiempo presente, pero la idea de que él alguna vez hubiera salido con Jessica fue tan aborrecible que me encogí.
"¿Qué puedo decir? Admiro a un hombre con buen gusto." Laurent le picó el ojo a Jessica. "A veces lo que tienes es demasiado bueno para perdérselo."
Jessica se sonrojó y alejó la mirada.
Yo me quedé mirándolos a ambos. Por la inflexión de Laurent y esa mirada petulante sobre su cara, estaba implicando que Jessica engañó a Edward. Con él.
Imposible.
Laurent no era nada feo, pero tenía que ser al menos diez años mayor que Edward. Ninguna chica dormiría con él cuando podía estar durmiendo con Edward. Y si Jessica engañó a Edward con él, tenía que ser más bruta de lo que pensé que era.
Yo esperaba que Edward se enojara por lo que Laurent estaba implicando, pero se veía normal. El brazo que tenía alrededor de mis hombros se deslizó por mi espalda, bajo mi brazo y vino a descansar sobre mi rodilla desnuda. Un timbronazo de calor se disparó a través de mí desde nuestro punto de contacto y miré a Edward a hurtadillas. Un costado de sus labios se levantó ligeramente cuando cruzó su mirada con la mía. Mi corazón salió disparado en respuesta.
La mesa entera tenía sus ojos puestos sobre nosotros. Yo detestaba ser el centro de atención.
Edward se dio cuenta que estábamos bajo escrutinio una fracción de segundo después de que yo lo hice. Pude notarlo, porque sus ojos fueron de reflejar diversión a calculadores. Su mano se movió de mi rodilla, deslizándose unas pulgadas arriba de mi muslo, hasta que descansó bajo el orillo de mi vestido.
¿Qué estaba haciendo? Lo miré a los ojos, pretendiendo comunicar mi pregunta silenciosamente, pero su expresión me detuvo. Yo había visto esa expresión antes, justo antes de que me besara en el jacuzzi. Lamí mis labios ante el recuerdo, luego me sonrojé cuando me di cuenta que él estaba mirando mi boca. Mi corazón fue de correr a mil a martillar.
Él no iba a besarme, no enfrente de toda esta gente.
Él no lo haría.
O quizás sí lo haría…
Él agachó más su cabeza, hacia la mía, y yo pude sentir a Jessica lanzándole dagas a mi espalda con su mirada. Había pasado más de un mes desde que sentí los labios de Edward sobre los míos, y los ansiaba como una droga, de malas la audiencia.
Dejé de respirar, anticipando un beso. A último momento, su curso cambió, y en vez de besar mis labios, él besó mi hombro… y luego movió mi cabello a un lado y con sus labios trazó un camino ascendente por mi cuello. Comenzó con besos mariposa, pero conforme subía por mi cuello, su lengua salió a jugar, lamiendo y provocando. Un pequeño gemido escapó de mis labios. Justo antes de que yo pudiera avergonzarme de que todo el mundo me escuchara, él cubrió mi boca con la suya.
Mi estómago dio volteretas de la emoción mientras una de mis manos se enterraba en su cabello y la otra acariciaba su mejilla. Debió haberme dado vergüenza. Debí haberme alejado en vez de atraerlo más hacia mí, ¿pero cómo podría? Yo deseaba esto desesperadamente, y si la única forma de que él me lo diera era con una audiencia… mi voluntad no era lo bastante fuerte para decir que no.
Nuestras lenguas bailaron juntas.
Yo estaba en el cielo.
Débilmente escuché a Jessica criticándonos, algo sobre cómo a la gente que no inició rica le faltaba tacto. Pero a mí eso no me importó porque yo estaba besando a Edward y ella no.
La mano que Edward tenía sobre mi muslo se movió lentamente hacia arriba. Conforme subía cada vez más bajo mi vestido, diminutas gotas de sudor se desprendieron de mi frente. Nuestro beso se intensificó.
Alguien habló junto a nosotros, pero las palabras no se registraron.
La persona habló de nuevo, pero yo me estaba concentrando en la forma en que los dedos de Edward se sentían sobre mi muslo.
Se sentían bien.
Ésta vez la voz estuvo en mi oído. "Discúlpeme, Señora, ¿preferiría el bistec o el salmón?"
De mala gana, y con las mejillas encendidas, me alejé de Edward. "Pediré el salmón, por favor."
"¿Y para usted, Señor?" El mesero se giró hacia Edward.
"El bistec. Término medio."
La comida duró demasiado y no lo suficiente. Fue demasiado larga porque apenas pude tolerar la idea de sentarme quieta el tiempo suficiente como para comer cuando podría haberme estado besuqueando con Edward. No fue lo suficientemente larga porque nuestra audiencia era la razón por la que yo estaba recibiendo esta clase de atención de parte de él.
Mientras comimos y conversamos con la mesa, Edward mantuvo todo el tiempo una mano sobre mí. El lugar de descanso predefinido de su mano fue mi rodilla, pero de vez en cuando acariciaría mi brazo o pasaría sus dedos por mi muslo. Una vez, rozó 'accidentalmente' mi seno cuando estiraba su mano por el pan.
Para cuando llegó el postre, estaba tan excitada que era incómodo. Me excusé para ir al baño de damas. Me quedé mirándome en el espejo. Mis pupilas estaban dilatadas y mi cara estaba iluminada. Edward y yo habíamos estado en público antes, pero él nunca había sido así. En público, tratábamos de vernos comprometidos, pero era mayormente él poniendo el esporádico brazo alrededor de mí o susurrando en mi oído. Nunca estaba lleno de coqueteo y besuqueo. ¿Por qué esta noche era diferente?
Respiré profundo y traté de hacer que mi corazón disminuyera la marcha. A pesar de que esto se sucedía como un gran juego provocador en frente de los demás invitados, yo sabía que era todo un acto. Nada iba a pasar cuando llegáramos a casa. Él iría a su cuarto. Yo iría al mío. Pero no me pondría a pensar en eso ahora; me deleitaría en cualquiera que fuera la atención que él ofreciera.
Así tranquila, salí del baño de damas y regresé al circo. Eché un vistazo a nuestra mesa al otro lado del salón y me di cuenta que el asiento de Edward estaba vacío. Recorriendo el salón con la mirada, identifiqué la parte de atrás de su bronceada cabeza. Él estaba parado en el bar, esperando por el barman. Me dirigí hacia él, deslizándome entra la gente.
Cuando estuve justo detrás de él, el barman se le acercó y comenzaron a hablar. No quise interrumpir, por lo que esperé detrás de Edward. Yo no estaba tratando de escuchar la conversación, pero de todas maneras alcancé a escuchar el intercambio.
"En algún momento, la mesa cuatro pedirá una ronda de tragos, posiblemente unas cuantas rondas." Dijo Edward, su voz lo bastante suave que casi no la escuché. "Asegúrese de que mi copa siempre tenga agua en ella." Billetes cambiaron de mano.
"Claro, Sr. Cullen," respondió el barman.
"Y esto es por su discreción." La mano de Edward cubrió la del barman de nuevo.
Tan concentrada estaba yo en el intercambio que olvidé que estaba parada detrás del codo de Edward. Casi nos chocamos cuando él se dio la vuelta para regresar a nuestra mesa.
Él agarró mis hombros con un poco más de fuerza de la necesaria. "¿Cuánto tiempo has estado parada ahí?"
"Bueno…"
Él suspiró. "No digas nada."
"Duh." No era estúpida.
Edward me guió de regreso a la mesa. Jason y Melinda estaban de pie bailando, pero Carter, Victoria, Laurent y Jessica todavía estaban sentados.
Cuando Edward retiró mi silla, Jessica se puso de pie.
Ella tiró de la mano de Laurent. "Vamos, corazón. No quiero estar más aquí."
Laurent la ignoró, fijando en cambio su mirada sobre Edward. "¿Qué tal una ronda de tragos?"
"Paso," dijo Edward. "Tengo toda la bebida que necesito justo aquí." Y acarició con su nariz mi cuello.
"Insisto." Laurent le hizo señas a un mesero. "Seis tragos de tequila para la mesa."
"Cada vez," Edward suspiro.
"¡Es tradición, Cullen!"
Antes que el mesero pudiera desaparecer, Edward dijo, "haz el mío vodka."
"El mío también," agregué yo. Mi último recuerdo de tomar tequila con Edward era demasiado sagrado para ser arruinado bebiendo con Jessica.
"A mí me gustaría un Sexo en la Playa en vez de tequila," dijo Victoria.
Tuve una copa de vodka. No me sentó bien. Me estremecí y temblé y me sentí un poco enferma. Después de eso cambié a Coca-cola. El resto de la mesa tomó cinco rondas a lo largo de la siguiente hora. Victoria pasó su lengua por un lado de la cara de Carter. Jessica parecía como si pudiera desmayarse o vomitarse en cualquier momento. Carter estaba contando historias sobre sus sexcapadas con Victoria mientras ella lo incitaba. Laurent estaba fanfarroneando sobre un negocio. Edward se estaba riendo un poco demasiado fuerte en todos los lugares adecuados, y sus manos parecían un pulpo sobre mí. Era un buen actor.
Victoria y Jessica se saltaron la sexta ronda de tragos y desaparecieron al baño juntas.
Éramos solo los chicos y yo.
Carter dejó de hablar sobre sexo, y en cambio cambió el tema a cierto grupo elite del que él, Laurent y Victoria eran todos miembros, la Occhi. Por el rumbo de la conversación, deduje que Edward una vez había sido invitado a unirse y se había rehusado.
"Un hombre como tu sería una excelente adición para la Occhi, pero tú lo sabes." Laurent bajó su sexto trago.
"Hace dos años me dijiste que sólo preguntan una vez." Edward sonó indudablemente sobrio. Yo le di un pisotón, tratando de recordarle que se supone que estaba borracho.
Carter interrumpió, "esa es la regla. Pero siempre hay excepciones por las personas adecuadas."
"¿Y Bella qué? ¿Ella también sería invitada?"
"Claro." Carter me lanzó una mirada lasciva. "Bella, tenemos buenas fiestas. Sé que Toria estaría contenta de mostrarte las cuerdas." (NT/ Están hablando de 'bondage' busque en google xD)
Victoria y Jessica regresaron a la mesa, y Jessica se veía mucho mejor. Tal vez había vomitado mientras estaba en el baño. Me alegré de ya haber hecho mi viaje al baño.
Las mejillas de Victorias todavía estaban coloradas y sus párpados medio cerrados. "¿Escuché mi nombre?"
"Sólo le estaba diciendo a Bella cómo le mostrarías las cuerdas si ella y Edward se unen."
"¿Unirse a qué?" Preguntó Jessica. Nadie le respondió.
Los ojos de Victoria se encontraron con los míos y ella me evaluó. Sentí sus ojos pasar sobre mí y luego pasar apreciativamente sobre Edward. "Por supuesto. Me encantan los nuevos compañeros de juego."
Contuve un escalofrío. Quería irme. Ahora. Pisé a Edward y le di una mirada significativa cuando pensé que nadie estaba mirando.
"Creo que la pista de baile nos está llamando. Terminaremos esta conversación en otra ocasión." Edward se puso de pie y me ofreció su mano. Yo le permití ayudarme a parar. Él puso su brazo alrededor de mí y me guió hasta la pista de baile.
"Pensé que nos estábamos yendo," susurré.
"Nos vamos. ¿Pero puedo primero tener un baile contigo? No me gustaría ser visto como un mentiroso".
"Yo no puedo bailar. ¡Tú lo sabes!" Mi susurró tomó un borde histérico.
"Podrías sorprenderte. La música es lenta y soy bueno guiando." Capturó una de mis manos en la suya y arregló mi otra mano sobre la parte superior de su brazo, justo bajo su hombro. "Mírame a los ojos y no mires a tus pies."
Y entonces despegamos. Honestamente, bailar no era tan malo. La mano de Edward detrás de mí fue una buena guía para la forma en que nos moveríamos a continuación, y era más que placentero estar tan cerca de él. Estuve casi triste cuando la música terminó.
Condujimos a casa en silencio. Nuestro acto para él público había terminado y no estaba segura de cómo estar con él en el auto. Además, todavía estaba confundida por todo el contacto físico que habíamos tenido en el transcurso de la noche. No quería que éste se detuviera, pero no sabía cómo pedir que continuara.
Era tarde cuando llegamos a la casa. Edward me ayudó a salir del auto y yo dejé que mis dedos agarraran su antebrazo. Él no me dejó ir y yo tampoco, por lo que entramos a la casa conectados.
"¿Me vas a contar de qué iba todo eso de la Occhi y el agua en los vasos de trago?"
"No planeaba hacerlo." Él soltó mi brazo.
"¿Por qué no?"
"Bella," comenzó él.
"Está bien. No tienes que contarme. Después de todo, no soy tu prometida de verdad." Mi voz salió tímida y suave y detesté que sonara así.
"No es que no confié en ti. Nosotros somos…amigos."
"Sólo tenía curiosidad." Alejé la mirada, porque cada vez que él nos llamaba amigos un pequeño trozo de mí se moría.
Edward respiró profundo y soltó el aire de una. "A veces hay cosas que no quiero que sepas porque no eres muy buena mintiendo."
"¿Mintiendo? ¿Por qué necesitaría mentir sobre la Occhi o lo que sea qué son?"
"Tengo algo de trabajo que hacer esta noche. ¿Tal vez mañana podemos tener nuestra lección de natación en la mañana?"
Yo asentí, pero él no lo vio, porque ya estaba de camino al estudio. Me fui a dormir aunque no estaba cansada.
Por dos horas, traté de dormir. No fue un intento simbólico; en serio traté. Cerré mis ojos, metí mi mano bajo mi almohada con cuidado, y me dije a mi misma que dejara de pensar. Cuando no pude detener a mi cerebro, conté ovejas. Logré contar más de mil antes de rendirme. Algo sobre el secretismo de ese grupo Occhi me recordaba a los Volturi, y pensar en los Volturi me recordaba a la deposición, y la idea de la deposición era aterradora.
Dormirme no iba a pasar, por lo que me abrigué en mi bata, me puse mis pantuflas y bajé las escaleras. La sala estaba oscura, pero la luz del pasillo estaba encendida. Podía escuchar débil música de piano, y me pregunté si Edward estaba en su estudio escuchando música o si estaba tocando.
La música se detuvo a media canción y luego volvió a empezar. Definitivamente, él estaba tocando. Caminé silenciosamente por el pasillo hacia la puerta del cuarto de música, donde me quedé parada por unos minutos, escuchando. Cuando Edward tocaba, podía escuchar pasión subyacente bajo cada nota, y eso me erizaba la piel. Durante el noventa y cinco por ciento de todas mis interacciones con él, él era frío y tranquilo y completamente bajo control. El otro cinco por ciento de veces eran las que yo anhelaba.
Edward cambió de canciones, a algo que no reconocí. Era una pieza dramática, llena de cambios en el volumen y el ritmo, y cerré mis ojos y me imaginé sus dedos volando a través de las teclas. Yo nunca lo había visto tocar, aunque lo había escuchado muchas veces. La puerta de la habitación de música estaba cerrada como siempre, pero esta noche, yo quería verlo.
Quería algo real, algo que alejara mi mente de la inminente deposición. Tocaría cuando él terminara esta canción y le preguntaría si podía escuchar dentro del cuarto por un rato. Lo peor que podía decir era no, ¿cierto?
La música se detuvo.
Mi mano se cerró en un puño y colgó en el aire a una pulgada de la puerta, pero mi valor estaba fallando.
Los segundos se prolongaron, y sentí una breve puñalada de miedo de que tal vez él hubiera terminado de tocar y abriría la puerta en mi cara y tendríamos que hacer un viaje de media noche al hospital por una nariz rota. Ya que eso sonaba a la par con la forma en que funcionaba mi suerte, retrocedí dos pasos de la puerta.
Él comenzó a tocar de nuevo, y si yo tocaba lo estaría interrumpiendo.
Pero si no tocaba, nunca sabría si él me hubiera dejado entrar.
Golpeé sobre la puerta.
La música se detuvo abruptamente, pero nada pasó. Toqué de nuevo, más suavemente esa vez. En el último golpe, la puerta se abrió una pizca.
"¿Bella?"
Mordí mi labio, nerviosa. "No podía dormir. ¿Te importa si entro y te escucho tocar?"
En respuesta, Edward abrió más la puerta y yo me deslicé dentro. No había ningún lugar donde sentarse otro que en la banca del piano, por lo que él me hizo espacio ahí. Nuestros hombros se tocaban conforme sus dedos se movían a lo largo de las teclas. Escucharlo tocar a través de la puerta no le había hecho justicia como artista en absoluto. Sentada así de cerca a él, pude sentir la música.
Pudieron haber sido treinta minutos, pudieron haber sido dos horas, pero al final, Edward dejó de tocar.
"Deberías estar en la cama," murmuró él.
"Igual tú." Mis dedos se movieron nerviosamente sobre mis piernas.
"Iré si tú vas." Él se puso de pie.
"Cada vez que cierro mis ojos, pienso en ellos."
Edward acarició el lado de mi rostro. Yo me recosté sobre su mano descaradamente.
"¿Sabes que es lo que más admiro de ti?"
Sacudí mi cabeza y me puse de pie.
"Tu valor." Él pasó sus brazos a mí alrededor y recostó su mentón sobre mi cabeza. Él era cálido y fornido y seguro.
"¿Me abrazarás esta noche? Sé que no seré capaz de dormir por mi cuenta."
Edward dudó, y yo pensé que diría que no, pero me sorprendió.
"Claro que lo haré."
Él me liberó de sus brazos y ambos subimos hasta su cuarto. Gateé dentro de su cama y abracé su almohada mientras él se alistaba.
Edward salió del baño en un par de bóxers y su cuerpo se iluminó en la puerta por unos segundos antes de que él apagara la luz. No fue nada que yo no hubiera visto antes –después de todo, teníamos lecciones de nado seguido- pero nunca habíamos estado juntos de este preciso modo. Habíamos estado juntos en esta cama en dos ocasiones, pero en una de esas yo había estado durmiendo y desperté después de que Edward ya había bajado. La otra vez había sido después de que tuvimos sexo y yo estaba bebida.
Ahora yo estaba sobria. Él estaba sobrio ahora. Estábamos sobrios y en su cama, juntos. Rodé sobre mi lado y Edward tendió un brazo sobre mí y me sostuvo alineada contra él.
Una parte de mi plan tuvo éxito: ya no estaba pensando en los Volturi. Pero no había forma de que fuera capaz de dormir.
Mm, ¿Qué tal les pareció? En este cap hubo una lluvia de pistas de todo tipo. ¿Las atraparon todas?... Ya veremos. Muajaja xD.
El siguiente cap lo subiré el domingo 25... y les doy una pista, es la deposición! xD
¡Regálenme un poco de amor en esos reviews, gente linda!
