La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia pertenece a Limona y yo me adjudico la traducción.

Me veo en la penosa necesidad de agregar esta nota:

Nadie, absolutamente nadie tiene permiso de Flamingo para escribir una segunda parte de TWICE IN A LIFETIME SINGER. La originalidad de esa historia es de Flamingo y si no les gusta el final, confórmense con el otro, porque ella no escribirá segunda parte y no de permiso a nadie para que lo haga. La historia tiene dos finales por ese motivo. Lo contado, contado está y ahí queda.

Que pena si les suena grosero de mi parte, pero estoy cansada de repetirle esto a las chicas que no entienden y que cada rato estén escribiendo otros finales.


Capítulo 17


Viernes, Marzo 16 de 2007

Sostuve el letrero frente a mí, una sonrisa estampada sobre mi rostro mientras la gente hablaba y se abrazaba y corría de aquí para allá. Esta era por mucho la parte que menos me gustaba del trabajo.

Después de lo que se sintió como una eternidad, alguien dio un golpecito sobre mi hombro. "Usted debe ser Marie."

"Sr. Jenks," dije alegremente.

"Llámeme Jason."

Nos subimos en una limosina que esperaba afuera del terminal. Entablé conversación lo mejor que pude, lo que era decir que lo hice mal. Aunque a él no pareció importarle. Él me dirigió unas pocas e incómodas sonrisas que se hicieron menos y menos comunes entre más nos acercábamos a las oficinas centrales de Volterra.

La mayoría de los visitantes que yo recogía del aeropuerto eran personas a las que Heidi y yo les mostraríamos la ciudad. Llevaríamos en un tour por un museo, a un juego de los Cubs, o tal vez a explorar el acuario. Pero todos por los que yo iba al aeropuerto al fin y al cabo pasarían tiempo en las oficinas. Algunas de las personas estaban muy felices de visitar Volterra. Algunos estaban nerviosos.

Jason estaba nervioso.

Cuando llegamos, supe por qué. Caius estaba esperándonos en el lobby.

Nadie estaba feliz de ver a Caius, nunca. Aunque no había prueba alguna de que a él no le agradara nadie, era obvio que yo no le agradaba para nada. Cada vez que era lo bastante desafortunada como para estar en su compañía, él me miraría como si fuera un insecto que quería aplastar bajo la suela de su costoso zapato italiano. Iba a ser una larga y dolorosa noche si tenía que llevar a Jason a cenar con Caius.

Antes de mover su mirada hacia Jason, Caius me dirigió un rápido vistazo. "Esta noche no necesitaremos más tus servicios, Marie."

Cerré mi quijada. Aborrecí la forma en que dijo 'servicios' como si estuviera implicando que yo hacía algo más que ser agradable. Ahora no era momento de responderle a Caius, no frente a un invitado. En realidad, nunca había un buen momento para contestarle a Caius, por lo que mejor le dirigí a Jason la sonrisa más brillante que pude y dije mi despedida.

Todo el tiempo que me alejé de Caius y Jason, repetí mi mantra en mi cabeza: nada de préstamos universitarios, nada de préstamos universitarios, nada de préstamos universitarios. Si renunciaba a este trabajo antes de tiempo, tendría que pagarle de regreso a Volterra el dinero que aportaron para que yo fuera a la escuela. Todo lo que tenía que hacer era tolerar hasta que mi contrato se terminara, y luego podría conseguir un trabajo enseñando y comenzar mi verdadera vida.

En vez de salir directo al área de estacionamiento e ir a casa, fui a mi oficina a recoger mi computador. Revisé mi email y luego lo apagué. Recogí mis cosas y apagué la luz, acortando camino por el cuarto de suministros y saliendo hacia el elevador. Todas las luces estaban apagadas, salvo la de la oficina de Caius.

Por la ventana junto a la puerta, pude ver a Caius hablando con Jason. La espalda de Jason daba hacia mí, pero se podía ver el rostro de Caius. Estaba retorcido en una fea expresión que yo me conocía muy bien. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y ofrecí un 'gracias' silencioso por no tener que tolerar su compañía.


Sábado, Junio 7 de 2008

Edward

Podía sentir el pecho de Bella moverse cuando respiraba. Ella estaba en mis brazos, su cuerpo presionado contra el mío, y estaba tratando de dormir. Ambos estábamos tratando sin éxito alguno, y habíamos estado haciéndolo por más de una hora. Después de varios minutos más, me moví ligeramente para espiar sobre hombro y verla de perfil, pero sus ojos estaban cerrados. Siguiendo su ejemplo, yo, también, fingí dormir.

Otra hora avanzó a paso de tortuga, y la tortura de estar tan cerca a Bella sin hacer nada estaba pasando cuenta. Mis músculos dolían por el esfuerzo de mantener mi brazo quieto. Éste estaba en una pose neutral, no demasiado cerca a ningún lugar inapropiado, y parecía incorrecto moverlo. Cuando ya no pude aguantarlo más, liberé mi brazo y me di la vuelta, de modo que ahora estábamos de espaldas.

La cama se movió cuando Bella se acomodó para mirar en la misma dirección que yo, y sentí su aliento sobre mi cuello. Su mano toco la parte baja de mi espalda y me tensé de una, inseguro de si acoger este acontecimiento o sofocarlo. Mi falta de censura inmediata fue una decisión, porque Bella comenzó a correr sus dedos a lo largo de mi espalda.

"Bella," murmuré, "haces difícil que me duerma."

"Lo siento," dijo ella, y yo me derretí un poco. "La deposición es en dos días. Dos. Todo podría cambiar y quiero decirte…"

Me di la vuelta para mirarla a la cara; estábamos tan cerca que nuestras narices se tocaban. El contorno de su rostro era a penas distinguible en la oscuridad. Presioné mis labios contra los suyos. Fue un beso dulce, corto y casto. Fue también completamente insatisfactorio, pero un amigo no llevaría un beso a más que eso.

"No hables, Bella. Sólo duerme. No dejaré que nada te pase."

Bella suspiró y eventualmente sí se quedó dormida.

Yo, sin embargo, me quedé despierto bastante luego de que ella se había deslizado hasta la tierra de los sueños, preguntándome qué era lo que había dejado sin decir.

***

El sábado fue borrón de actividad que pasé en su mayoría alejado de Bella; tuvimos una rápida lección de natación en la mañana, pero luego ella se fue a comprar el vestido de novia con mi madre. Eso fue para mejor, dado que yo encontraba su presencia algo distrayente y prefería que mis acciones para el día pasaran sin ser cuestionadas. Lo primero en la agenda fue dejar mi auto en la casa de Gina. Como un favor personal, mi secretaría manejaría mi auto al trabajo y luego a casa en las noches mientras yo estaba fuera de la ciudad. Mi calendario estaba programado con reuniones de mañana a tarde para explicar mi ausencia de la oficina; Gina había accedido a encender mis luces y mi computador cuando llegara cada mañana. Los mensajes urgentes serían dirigidos a mi Blackberry.

Lo segundo en la agenda era desagradable pero inevitable. Después de que Gina me dejó en la casa, fui a la sala a esperar a que el jardinero llegara. Estaba retrasado, como siempre, pero sí traía a una mujer adecuada con él. El par fue a la puerta principal e hizo sonar el timbre, lo cual fue irritante dado que yo le había pedido específicamente que entrara por la puerta trasera para evitar atraer atención hacia su amiga. La buena ayuda podía ser tan escurridiza.

Pero él me estaba haciendo un favor, por lo que me tragué mi irritación y lo saludé. "Jacob, Leah, bienvenidos. Gracias por venir con tan poca antelación."

El jardinero asintió secamente en mi dirección.

Leah dijo, "yo sólo estoy aquí por el viaje gratis en su jet."

Tenía tanto encanto como un cactus en una selva tropical, pero igual puse una sonrisa amistosa en mi cara. "¿Ambos entienden la historia?"

"Seh, seh," dijo Jacob. "Bella quería ir a un show de jardinería y usted no quiso ir, entonces yo la estoy acompañando. Y me están pagando el triple por mis esfuerzos."

Me giré hacia Leah. "Y si alguien pregunta quién eres…"

"Soy Bella, el pastelito que tienes viviendo contigo. Lo tengo. Yo pasé mis SATs, sabes."

"Prometida. Bella es mi prometida."

"Lo que digas," dijo ella con una sonrisa sacarina que no hizo nada por hacerla más atractiva.

Mi mentón se tensó y renuncié a mi comportamiento amable. La idea de que alguien pudiera creer que esta… joven… era Bella me disgustaba. Pero a mí ella no tenía que agradarme. Yo no tendría que volver a verla después de que este fiasco terminara. Dentro de la mano de Leah puse una nueva tarjeta de crédito que había adquirido a nombre de Bella y le recordé que firmara la parte de atrás. Todos los gastos serían cargados a la tarjeta, dándole creencia a la idea de que ella era Bella. Le di al jardinero los tiquetes para la sinfonía más tarde esa misma noche. Ellos tendrían una noche de primera categoría a mis expensas y Bella tendría una coartada si alguien en la Occhi se preguntaba dónde estaba ella durante la deposición.

¿Estaba yendo demasiado lejos? Si. ¿Por qué estaba invirtiendo tanto esfuerzo para ayudar a Bella? Ella tenía a Emmett a su disposición y la asistencia de él era más que suficiente para garantizar su seguridad. Yo podía decirme a mí mismo que estaba protegiendo una inversión; había invertido una buena cantidad de energía y recursos en Bella hasta ahora, pero era más que eso. Había algo especial en Bella, o quizás era que ella era especial para mí. Especial no era una palabra lo suficientemente fuerte, pero yo no estaba dispuesto a contemplar una más fuerte.


Domingo, Junio 8 de 2008

"¡¿Qué parte de no vas no entiendes?!" Emmett rugió en mi dirección.

Habíamos estado discutiendo mi deseo de ir a Portland por los últimos cuarenta y cinco minutos, pero todavía estábamos en un punto muerto. Hasta ahora, nuestra discusión había consistido en los mismos argumentos repetidos a un nivel creciente de decibeles.

Golpeteé mis dedos sobre la mesa de la cocina, pensando. No había más opción para mí que ir. Me negaba a estar lejos de Bella mientras ella atravesaba por la traumática experiencia de dar su testamento. La última vez que estuvimos distanciados, ella casi se acostó con el jardinero. Aunque no creía que ella callera a tales profundidades de desesperación de nuevo, no había necesidad de dejarle la vía libre. Yo acompañaría a Bella a Portland y estaría ahí si ella me necesitaba.

Emmett estaba sentado al otro lado de mí en una silla de madera que era 'ligeramente' pequeña para su voluminoso cuerpo. Su silla estaba paralela a la mesa, dándome una vista de su perfil. Un codo descansaba sobre la mesa. Sus piernas estaban abiertas frente a él. Alguien que no lo conociera estaría intimidado, pero nosotros habíamos crecido juntos. A pesar de nuestros recientes choques, nos llevábamos bien como hermanos. La familia Cullen era una unidad, y Emmett y yo no éramos la excepción. Eventualmente él vería las cosas a mi manera; era sólo cuestión de surgir con el argumento correcto.

Después de varios segundos de silencio, pregunté, "¿Y si fuera Rosalie?"

Emmett me miró sospechosamente, pero me dejó continuar.

"Si Rosalie fuera la testigo y alguien más fuera asignado a protegerla, ¿irías a Portland con ella?"

"Obvio si, iría."

"Asume que la persona asignada para protegerla fuera el mejor. Asume que fuera mejor de lo que tú lo eres—"

"Nadie es mejor que yo," dijo Emmett bruscamente a través del mentón apretado.

"Por el bien del argumento, entonces, asume que él fuera capaz de proteger mejor a Rosalie que tú. ¿Irías todavía?"

Emmett suspiró. "Lo haría, hermanito, pero estamos hablando de manzanas y naranjas. Rosalie es mi esposa. No importa lo que tú y Bella estén haciendo entre sábanas, no es lo mismo. Yo soy el profesional y tú has hecho suficiente para ayudarla. Déjame hacer mi trabajo."

La intención de sus palabras era buena, pero no por eso dolieron menos. Bella no era mi esposa, no, pero eso no quería decir que yo no me podía preocupar por su bienestar. Seguí golpeteando con mis dedos la superficie de la mesa, pensando. No había nada que yo pudiera decir que convenciera a Emmett de que yo estaba tan preocupado por la protección de Bella como él por la de Rosalie. Aún si le decía que amaba a Bella, él lo ignoraría. Ir a Portland por mi cuenta era una posibilidad, pero Emmett no me había dado suficiente información sobre la deposición para hacerlo posible. La seguridad de Bella era mi principal preocupación, e ir a Portland sin decirle a Emmett o a Bella podría crear complicaciones imprevistas. Emmett podía proteger mejor a Bella si sabía de todas las piezas en juego sobre el tablero. Él necesitaba saber que yo estaría ahí.

"¿Dejarías eso con los dedos sobre la mesa ya? Es molesto."

Congelé mi mano cuando la inspiración me golpeó. "Si Bella me quiere ahí, ¿cederás?"

"No."

"Ella ha pasado por mucho," dije, apelando al lado más suave de mi hermano. "Creo que ella necesitará un amigo después de que termine de dar su declaración".

"Entonces puede hablarme a mí. Llevarte será una amenaza para la seguridad."

"He tomado medidas para mitigar mi riesgo de seguridad."

"¿Cómo cuales?"

"Me he asegurado que ambos, Bella y yo, tengamos cuartadas para nuestra ausencia de modo que podamos mantener las sospechas a un mínimo."

"Edward. No hay nosotros en esta pequeña aventura. Eres el rostro público de la Fundación Cullen. Alguien te reconocerá y entonces la torre entera de cartas caerá sobre la cabeza de Bella."

"Las apariencias pueden ser alteradas." Saqué mi teléfono de mi cinturón y lo puse sobre la mesa. "Todo lo que pido es que pongamos la decisión en las manos de Bella y nos guiemos por sus deseos."

Poner la decisión sobre Bella era un riesgo, porque si se ponía del lado de Emmett, sería aún más difícil para mí ponerlo de mi lado. Por la expresión amargada sobre el rostro de Emmett cuando vio el teléfono, pude notar que quería decir que no, pero estaba considerando mi pedido con imparcialidad. A él le agradaba Bella. Él quería que las cosas salieran sin contratiempos para ella; eso era parte de lo que lo hacía un alguacil superior. Antes de que él pudiera pensarlo demasiado, marqué rápidamente el teléfono de Bella y puse mi celular en su mano. Había asumido que Emmett haría la llamada sentado a la mesa de la cocina, pero después de saludar a Bella desapareció con mi teléfono en el patio donde yo no podía escucharlo.

"¿Bueno?" Dije. De forma poco común, no podía leer nada de su expresión, y mi respiración se detuvo de nuevo.

"Tu ganas. Esta vez." Emmett frunció el ceño, me lanzó el teléfono de regreso, sacó una cerveza de la nevera y luego desapareció en la sala. Pude escuchar deportes a todo volumen en el televisor mientras me dejaba salir de la casa y luego conducía a la mía.

***

Bella me estaba esperando en la piscina. Estaba lloviendo, pero no me importó. Esta era nuestra última lección de natación antes de Portland. Nuestra última vez juntos antes de que todo cambiara.

Estaba sentada al borde de la piscina, sus pantorrillas oscilando en el agua. Las luces estaban encendidas, haciendo que las diminutas gotas de lluvia sobre sus hombros y cabello destellaran. Ella me saludó con una dulce sonrisa, y jamás se había visto más encantadora.

"No estaba seguro si querías una lección de nado hoy," dije.

"Siempre tenemos una a esta hora."

"No cuando está lloviendo." Escudriñé el cielo, verificando que no hubiera rayos que pudieran ponerle un final prematuro a nuestra lección.

"No está lloviendo realmente. Es más una llovizna." Dudó. "Me alegra que vengas conmigo a la deposición. Significa mucho para mí."

"Quiero estar ahí." Mientras hablaba, me metí dentro del acogedor círculo de luz que rodeaba la piscina y me adentré en de la parte baja. Una vez dentro, fui hacia Bella. El agua estaba caliente y deliciosa, y me di el gusto de permitir que mi mano rozara su tobillo.

Al mismo tiempo, Bella saltó de la pared y se deslizó dentro del agua, con la inesperada consecuencia de que mi mano acariciara su pierna, desde el tobillo hasta el muslo. Ondas circulares giraron alrededor de nosotros cuando nuestras miradas se cruzaron. La distancia entre nosotros era insignificante, y me incliné sobre ella sin pena alguna.

"¿Lista para mojarte?" No importa lo caliente que estuviera el agua, a Bella siempre le tomaba unos cuantos minutos reunir el coraje y sumergir su cabeza bajo el agua.

"Ya estoy mojada, Edward," dijo ella, su voz suave y un pelín demasiado seductiva para el bien de mi paz mental.

"¿Disculpa?" No era común de Bella ser tan lanzada. O al menos lo era cuando estábamos sobrios y no teníamos una audiencia.

"La lluvia, bobito." Soltó una risita. "He estado sentada aquí afuera por diez minutos--Estoy empapada."

"Claro. Cierto." Por supuesto que Bella no había querido decir que estaba mojada en forma malpensada. Últimamente estar alrededor de Bella me distraía tanto que estaba perdiendo mi control sobre la realidad e imaginando connotaciones que no estaban ahí.

"Entonces empecemos."

Empezamos flotando, como siempre lo hacíamos. Bella no necesitaba ayuda flotando; no la había necesitado por más de un mes, pero yo de todas formas ponía mis brazos debajo suyo. Al principio, le había resultado un reto relajarse lo suficiente para confiar en que el agua la mantendría a flote. La diferencia entre antes y ahora era remarcable. Sonreí ante su expresión de serenidad, observando sus ojos cerrados y sus brazos flotando a sus lados. Sus pies daban una patada periódica para mantenerla flotando al nivel que quería estar.

Bella estaba flotando tan bien y se veía tan relajada que alteré nuestra rutina. La solté y me recosté suavemente en el agua, permitiéndole mecerme. Una vez estuve flotando de espaldas, estiré mi mano. Puse mi palma bajo la suya, dejándole saber a Bella que aún estaba ahí. Ella enlazó sus dedos con los míos, y flotamos juntos por un rato, las gotas salpicando sobre nuestros rostros.

Algo sobre estar en el agua con Bella resultaba liberador. No teníamos que pretender cuando estábamos juntos en la piscina. No había nada fingido entre nosotros; nadie nos estaba mirando. Era como si el resto del mundo dejara de existir cuando estábamos juntos como ahora. Estábamos a salvo aquí, ella y yo.

Bella soltó mi mano y tomé eso como una señal de que habíamos terminado y era hora de empezar el resto de nuestra lección. Trabajamos en mantenernos a flote verticalmente y seguimos con mejorar su estilo libre. Cuando nuestra hora había casi terminado, le hice señas para que se pusiera de pie y pudiera escucharme.

"¿Te gustaría saltar del trampolín de tres metros hoy?"

"¿Contigo?"

"No me necesitas."

Había miedo tras sus ojos. "No sé, Edward. ¿Tal vez otro día?"

"Creo que hoy es un buen día." Tiene que ser hoy. Libérate de este miedo. No necesitas ni al jardinero ni a nadie más para que te ayude. Tú eres fuerte.

Bromeamos un poco entre nosotros antes de que ella se riera inquietamente y subiera la escalera hacia el trampolín. Estaba atardeciendo y la lluvia seguía cayendo. Bella se acercó al final del trampolín y se quedó parada allí por varios segundos mientras yo contemplaba su esbelta silueta. Quise animarla, subirme detrás de ella y saltar con ella, pero no podía. Este era su miedo. Ella tenía que conquistarlo sola.

Bella miró sobre su hombro por un momento, como si estuviera contemplando no saltar, pero luego se giró hacia adelante, miró hacia abajo, al agua, y saltó con destreza. Sus piernas estaban rectas y entró al agua sin siquiera salpicar. Salió a la superficie con la misma eufórica sonrisa que me imaginé Afrodita había usado mientras emergía del espumoso mar de Chipre.

Nadé hacia su lado para felicitarla, y porque quería estar cerca de ella de nuevo. "Bien hecho."

"Gracias," me dijo. Por un momento, pensé que iba a besarme, y me congelé con incertidumbre. Pero no lo hizo, y maldije mi hiperactiva imaginación.

Del brazo, caminamos hacia la casa, una toalla grande de playa cubriéndonos a ambos. Para un observador viéndonos en este momento, nos veríamos exactamente como lo que pretendíamos ser –una pareja comprometida. Hace tres meses, la idea me hubiera preocupado, pero ahora mis sentimientos eran encontrados. Parte de mí disfrutaba mucho la idea de que Bella fuera mía.

Cuando entramos a la cocina, el exquisito aroma de la lasaña flotó en aire hacia nosotros. Había sido una lección larga y me estaba muriendo del hambre. Subí corriendo las escaleras a darme un rápido baño y a ponerme algo de ropa. Para cuando bajé, Bella ya estaba sacando la comida del horno. Saqué los platos y cubiertos del aparador para arreglar la mesa mientras Bella cortaba los pimentones para la ensalada.

"¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?"

Bella me dirigió una mirada dubitativa y yo se la devolví con una sonrisa. Desde que había quemado la tostada, ella había sido inflexible en que no necesitaba ayuda en la cocina, "Um, ¿podrías escoger una botella de vino? No estaba segura si esta noche querías irte a lo Francés."

"¿Francés?" Imágenes de lo que podría ser 'ir a lo francés' con Bella asaltaron mis sentidos.

"Aja. Vino. Comeremos algo italiano. No sabía si querías vino Francés o vino Italiano."

"Vino, cierto. Iré a seleccionar una botella." Cuando bajé al celar, me reprendí por ser tan idiota. No cada palabra que salía de su boca estaba relacionada con sexo.

Examiné detenidamente el celar. Tenía una selección limitada de vino Italiano y una selección mucho más extensa de rojos Franceses. Traté de elegir un vino francés, uno que tuviera buen buqué y fuera fácil de beber. Traté y fallé, pues seguía pensando en cosas francesas que podía hacer con Bella, y esa no era una buena dirección para que mi mente divagara.

"¿Dónde está el vino?" Preguntó Bella cuando se dio cuenta que subí las escaleras con las manos vacías.

"Se me ocurrió que esta noche podríamos conformarnos con agua."

Nos sentamos a cada lado de la mesa. Bella comió con gusto mientras yo la miraba. Yo tenía hambre, sí, pero no podía alejar mis ojos de ella. Su cabello todavía estaba húmedo y un poco ondulado. Sus ojos eran piscinas color ámbar bajo la cálida luz del candelabro del comedor. Su piel era radiante.


Martes, Junio 10 de 2008

"No puedo creer que accedí a esto," masculló Emmett por sexta vez. Eran las 5:00 AM y él no era una persona madrugadora.

Emmett se veía ridículo. Tratar de disfrazarlo era como tratar de esconder un linebacker en un cuarto lleno de jugadores de ajedrez. Él había hecho todo lo que pudo para verse diferente, hasta usar suspensores, incluso, pero yo personalmente creía que hubiera hecho igual si se hubiera puesto un sombrero y un par de gafas.

El disfraz de Bella también era chistoso. Ella había optado por una peluca rubia, lentes de contacto azules y un brasier de realce con una camisa de cuello en v. Su lógica era que si mostraba suficiente escote, nadie la miraría a la cara de todos modos. Es una chica lista, pensé, mientras arrancaba mis ojos de su pecho antes de que Emmett me atrapara. No hubiera necesitado preocuparme; Emmett también, estaba mirando su pecho. La risa escapó de mis labios antes de que pudiera contenerla.

"¿Algo divertido?" Gruñó Emmett.

Sonreí con malicia. "Entre tú y Bella, siento como si estuviésemos saliendo de la película Erin Brockovich. Es bueno que nuestro auto alquilado sea un Chevy. La gente podría pensar que nos robamos un Audi."

"Métete en el asiento de atrás," dijo él, con una mirada envenenada en mi dirección. "Bella, tu adelante. ¡En marcha, gente!"

Hicimos un buen tiempo a Portland. Emmett no manejó tan rápido como yo lo hubiera hecho, pero nos gastamos menos de tres horas. Bella no era esperada en el juzgado sino hasta las 9:00, por lo que llegamos con suficiente tiempo para registrarnos en nuestro hotel.

La mecánica de llevar a Bella al juzgado involucraba una complicada coordinación, y a mí no se me era permitido ir. Mi trabajo era esperar en el hotel y vigilar nuestras cosas. Era un trabajo ridículo, dado que los únicos objetos que podían revelar nuestras identidades eran las identificaciones que Emmett y Bella habían traído con ellos. Yo ni siquiera me había molestado con traer mi licencia de conducción en este viaje. Complací a Emmett diciéndole que esperaría en el hotel –pero me pasé el día estacado a la salida del juzgado, pendiente de cualquier cosa o de cualquier persona sospechosa.

Racionalmente, yo sabía que ella estaba a salvo en el sentido físico. Si, los Volturi podían verla vía videoconferencia. Si, el abogado de los Volturi estaba interrogándola. Pero ellos estaban bien lejos en Carolina del Norte, y Bella estaba segura aquí en Oregón. Las cosas serían diferentes después de la deposición; habíamos subsistido en una burbuja donde los Volturi pensaban que Bella estaba muerta, y ahora sabrían que ella estaba con vida.

¿Qué tanto buscarían por ella? No tenía idea. Considerando sus previas experiencias, la respuesta obvia era que registrarían el país por ella. Hice una nota mental de contactar a Laurent a finales de semana. Yo lo odiaba, si, pero estaba casi seguro que la Occhi tenía relaciones lejanas con los Volturi. Aparte de cualquier otra cosa que hicieran, ellos proveían a los Volturi una manera para mantenerse al tanto de lo que pasaba en Seattle.

Mantén cerca a tus amigos pero aún más a tus enemigos. Yo quería escuchar lo que estaba siendo reportado a los Volturi, quería saber si estaban buscando a Bella de manera activa, y la única forma lógica de descubrirlo era volverme parte de la Occhi. Y además, unirme a la Occhi posiblemente haría que fuera menos probable que cayéramos bajo sospecha. Había un nada insignificante riesgo implicado; era posible que alguien pudiera reconocer a Bella, pero dado el tamaño de los Volturi y la distancia entre Seattle y Chicago, las probabilidades tenían que ser bajas.

Conforme los minutos pasaron, encontré mis pensamientos retornando a Abril, cuando Bella me había informado que quería tener sexo porque haciendo algo que viviría para lamentar garantizaría que sobreviviría al juicio. Esa fue la muestra de lógica más estúpida que yo jamás había escuchado. Recuerdos de su defectuosa lógica guiaron a recuerdos de nosotros en el jacuzzi. Esos recuerdos eran ambos, dulces y amargos; la dulzura de su piel mezclada con la amargura de saber que yo era un desvergonzado por tomar su virginidad de esa forma.

Cuando Bella finalmente salió del juzgado con Emmett a su lado, me sentí tan aliviado que casi olvidé que necesitaba regresar a toda prisa al hotel para estar ahí cuando ellos llegaran. Absorbí la visión de Bella-se veía cansada pero aparte de eso bien-y sonreí. La timidez que había sido su distintivo cuando primero llegó a mi casa en marzo se había evaporado. Ahora era más fuerte, más segura de sí misma. Ella era hermosa, aún con su peluca rubia y su brasier de realce.


Viernes, Junio 13 de 2008

El timbre sonó, y yo abrí la puerta con una sonrisa. "Alice, Jasper, ha pasado bastante tiempo."

"Eso es cierto," dijo Alice mientras me abrazaba, su grosor haciendo nuestro abrazo incómodo. "Creo que veo a Bella más que tú."

"Mmm. Bueno, creo que es seguro decir que tu y Bella tienen un poco más de tiempo libre que yo." Solté a Alice y estreché la mano de Jasper.

Jasper me dirigió una sonrisa tensa. "Gracias por permitir que Alice se quede, hermano. De verdad."

"Somos familia. Nunca hubo problema." La única pregunta había sido qué tan rápido Bella y yo podíamos limpiar el cuarto en el que ella se había estado quedando de modo que Alice nunca se diera cuenta que Bella había estado durmiendo ahí.

Cuando Bella me había dicho que Alice se estaría quedando con nosotros, yo supe de inmediato cuál cuarto querría Alice. Alice querría la mejor habitación de huéspedes, la del baño lujoso… la que yo le había dado a Bella cuando ella llego. Yo había dejado para última hora el forzar a Bella a mudarse del cuarto, mayormente porque aunque éramos amigos, y aunque ella ciertamente había visto mi cuarto antes, la idea de estar así de cerca a ella y tener que mantenerme alejado me olía a tortura.

La deposición se había alargado durante todo el día miércoles y no fue sino hasta el jueves que regresamos a casa. Emmett nos había dejado en la casa, y Bella y yo habíamos pasado el día viendo películas. Sí, si vimos Erin Brockovich porque yo si tengo sentido del humor. Bella no mencionó la deposición ni nada relacionado con la declaración que dio, y yo no pregunté.

El viernes, me di cuenta que Alice iba a venir y necesitábamos mudar a Bella a mi habitación. Nos tomó la mayor parte del día borrar toda evidencia de que Bella había estado en el cuarto de huéspedes, y hacer que el mío se viera como si ella vivía ahí. Alice era observadora, por lo que yo no quería que ningún detalle pasara inadvertido. Estaba seguro que nos habíamos olvidado de algo, pero con ella estando tan cerca a su fecha de parto, esperaba que su mente estuviera en otras cosas.

"Odio tener que irme, bebe." Jasper acarició el cuello de Alice con su nariz y yo alejé la mirada; no quise inmiscuirme en sus últimos momentos juntos.

Después de que Jasper se fue y Alice se ubicó en el cuarto de huéspedes, ella bajó las escaleras como ballena y entró a la cocina.

"Tengo hambre," anunció.

"Tus deseos son órdenes," dije, y señalé hacia el refrigerador. Bella había ido al supermercado ayer para abastecerlo de comidas Alice-aceptables.

"Necesito chocolate. Ya extraño a Jazz."

Encontré el chocolate sin harina que Bella había horneado el día anterior y lo saqué de la nevera. Corté un trozo y se lo ofrecí a Alice con un gesto dramático.

Ella me miró sospechosamente "Estás de un humor terriblemente bueno, considerando como estoy sufriendo yo."

"Lo siento, Alice." Dije instantáneamente contrito.

"No, no lo estés. Es algo refrescante. No te he visto así de complacido contigo mismo desde que te ganaste la abeja de geografía en séptimo grado."

¿Era yo tan transparente? Los pies de Bella sonaron suavemente sobre las escaleras y miré hacía la puerta para poderla ver cuando entrara a la cocina. Bella había estado ejercitándose cuando Alice llegó y ahora estaba recién bañada y cambiada. Mi mirada vaciló sobre ella una nimiedad demasiado larga, pero me salvé de que Alice comentara algo gracias a que Bella entró rápidamente a la cocina para envolverla en un abrazo.

Alice me dirigió una sonrisita de complicidad sobre el hombro de Bella. Cualquier otro día, ese gesto podría haberme irritado, pero aún estaba demasiado embobado disfrutando a Bella para importarme.

Alice y Bella pasaron el día juntas mientras yo me ponía al día con el trabajo que me perdí a inicios de semana. La cena vino y se fue. Después de cenar, los tres jugamos Scrabble. Debió haber sido una victoria sencilla para mí, pero Alice y Bella insistieron en formar un equipo juntas; siempre que sus letras eran malas, se inventaban palabras como papagayear. Cuando le pedí a Bella que la usara en una frase, ella dijo: no me papagayees mis palabras. Debieron haber perdido su turno por ese ridículo movimiento, pero dejé que la palabra de veinte puntos siguiera en pie.

Después de que Alice se fue a la cama, Bella y yo nos quedamos mirándonos el uno al otro, sentados a cada lado de la mesita de centro.

"Supongo que deberíamos irnos a la cama," Dijo Bella.

"Eso me parece una buena idea." Me encogí ante la forma en que eso sonó. "Quiero decir, es bueno estar bien descansados."

Subimos juntos las escaleras, pero tan pronto como entramos a mi cuarto la cosa se puso incómoda.

"Um," dijo Bella. "¿Te gustaría ir primero?"

"Tú eres mi invitada, tu ve primero." Me senté sobre el borde de la cama mientras Bella desaparecía en el baño. Esto no debería haber sido incómodo. Ella había estado en mi cuarto antes. Habíamos dormido juntos hacía poco y nada lamentable había pasado. ¿Por qué esto era tan incómodo?

Bella salió del baño en un negligé azul media noche. El cuello bajaba en V y supe entonces que bien podría volver a bajar y poner a trabajar. Dormir sería imposible.

"El baño es todo tuyo." Bella señaló hacia la puerta y yo entré al baño con forzada naturalidad.

Después de que estuve en el baño una obscena cantidad de tiempo, preparándome mentalmente para acostarme en la cama con Bella, hubo un golpe sobre la puerta. "¿Edward? ¿Estás bien?"

Mis mejillas se pusieron rojas cuando me di cuenta de lo que ella debería estar pensando. "Saldré en un momento, Bella."

Me sentí cohibido cuando salí del baño en mis bóxers, lo cual era ridículo—Bella me había visto en menos. Por suerte, las luces ya estaban apagadas y Bella ya estaba metida en la cama bajo el edredón. Me metí bajo los cobertores con cuidado y sin tocarla y me acosté mirando en la otra dirección.

Fue Bella quien rompió el silencio. "Los Volturi estaban ahí, en Carolina del Norte, escuchando y mirando mientras yo daba mi testimonio."

Me moví en la dirección de Bella. Esta era la primera vez que ella había mencionado algo de lo que había pasado relacionado con la deposición.

"Fue horrible, Edward," dijo, escondiendo su cabeza en mi hombro.

Mi mano fue a acunar su cabeza contra mí automáticamente y la enormidad de su decisión de testificar contra los Volturi me dio de golpe una vez más. Recordé mi incredulidad cuando Emmett me dijo que ella iba a testificar, y recordé mi decisión de alojar a Bella en mi casa. De alguna manera, entre antes y ahora, nuestras vidas se habían entrelazado de una manera retorcidamente maravillosa.

"Puedes confiar en mí." Esperaba que ella me creyera.

"Pude verlos. Por la cámara. Mirándome. No creo que Marcus me haya quitado los ojos de encima en todo el tiempo que duró la declaración. Y Caius… de verdad pensé que él iba a encontrar una forma de matarme a través de la pantalla del TV. Aro fue el que más me asustó, porque ni siquiera me miró una vez."

"No tienes que testificar – no es muy tarde para retractarse."

"¿Después de que di declaración jurada? Sí, creo que es un poco tarde."

"Siempre podrías retractarte. Podríamos huir juntos a algún lugar por un tiempo hasta que el circo de los medios disminuya."

Bella permaneció en silencio por unos segundos. "¿De verdad escaparías conmigo? ¿Y qué de tu trabajo?"

"Lo primero que aprendes cuando diriges una compañía es que nadie es irremplazable. Yo no soy excepción."

Bella permaneció en silencio tanto; Pensé que se había ido a dormir. Me di cuenta que estaba despierta; su respiración no era lo bastante regular para dormir.

"Tengo que testificar," dijo.

"Nadie tiene que hacer nada."

"Yo no soy la persona más fuerte o la más inteligente, pero puedo testificar. Y después de todo por lo que he pasado hasta este punto, voy a testificar."

La impasible determinación en su voz me golpeó con fuerza. "Sé que estoy siendo egoísta, pero no quiero que testifiques. No quiero que tengas que pretender ser alguien más y rehúyas de las cámaras. Quiero que disfrutes tu vida."

Bella puso su pequeña mano en mi pecho y se sostuvo sobre su costado. "Edward, estoy disfrutando mi vida. No importa lo que pase después, esto es lo más feliz que jamás he estado. Tú me haces feliz."

Y entonces, porque sus palabras encendieron un fuego en mí, la besé.

Este no fue el beso casto de la semana pasada. Puse todo lo que tenía dentro de este beso: los anhelos, la admiración, la incertidumbre, el cariño, y el deseo. Ella me besó con igual fervor, y yo me tambaleé sobre el borde de un gran abismo que resultaba negro y desconocido.

Cuando mi cordura regresó, traté de apartarme. Aunque mi deseo por ella había crecido exponencialmente desde que primero la vi en mi cuarto de huéspedes usando sólo una toalla, yo siempre me había contenido. Bella merecía algo mejor que ser manoseada por mí como a un animal. Y aunque de vez en cuando yo cometía un desliz en público, había hecho mi mejor esfuerzo por mantener el decoro propio de un caballero en privado.

Rompí el intenso beso, pero no conté con la pasión de Bella. Su cálida boca y húmeda lengua me colmaron de atención. Sus dedos se movieron a lo largo del borde de mis bóxers, tentadores y prometedores, y me perdí. Si esto era lo que ella quería, entonces yo ya no tenía la fuerza para decir que no…no cuando mi memoria estaba fija en un ciclo sin fin de ella diciendo, tú me haces feliz.

Deslicé mis manos bajo su negligé, halándolo sobre su cabeza con una mano mientras la otra acariciaba la suave piel de su costado. Ella gimió y apretó sus dedos a mí alrededor, y yo me endurecí bajo su roce. Nos besamos de nuevo, nuestras bocas moviéndose juntas mientras nuestros cuerpos se presionaban el uno contra el otro. En el pasado, el aire entre nosotros había estado cargado de electricidad, nervios y tensión. Esta noche era diferente; la electricidad aún estaba ahí, pero los nervios y la tensión habían sido reemplazados por una tranquilidad que no podía identificar.

La mano de Bella se movió a lo largo de mi miembro, pero yo la detuve. Esta noche era sobre ella; sobre mostrarle que yo merecía el cumplido que ella me había dado; sobre mostrarle que sentía cariño por ella. Nos moví de modo que Bella estuviera de espaldas y yo quedara sobre ella, y me tomé mi tiempo besando cada trozo de piel desde su frente hasta la cima de sus panties.

Con una última mirada a Bella para asegurarme de que esto era lo que ella quería, deslicé sus panties bajo sus piernas y los puse a un lado. Mi cuarto estaba oscuro, demasiado oscuro para ver mucho de ella, pero lo que no podía ver, mi memoria llenaba los vacíos. Yo tenía antojos de esto, de ella.

"Edward, no tienes que…"

La acaricié suavemente con mis dedos, familiarizándome con su silueta. Las yemas de mis dedos probaron su humedad, y luego la esparcieron alrededor.

"Mmm," dijo ella mientras yo bajaba mi cabeza para aspirarla.

El aroma de su excitación mezclado con la esencia floral que ella usaba en sus piernas resultó ser una combinación embriagadora. Tracé círculos con mi lengua a lo largo de la parte interior de los muslos de Bella hasta que ella comenzó a retorcerse. Lamí su esencia con mi lengua, degustando su sabor mientras Bella temblaba y gemía ante mis servicios.

"Levanta tus caderas," instruí. Cuando sus caderas estuvieron fuera de la cama, deslicé una almohada bajo ellas para mejorar mi ángulo. Separé aún más sus piernas y comencé de nuevo. Centré mi lengua sobre su lugar más sensitivo y deslicé un dedo en su interior, moviéndolo a la par con mi lengua.

Sus muslos se cerraron a mí alrededor y gritó mi nombre mientras sus dedos se enredaban en mi cabello.

Ella era hermosa.


Y entonces, ¿qué les pareció?

El siguiente cap es uno de esos largos tamaño familiar y el detalle es que ya entré a clases y más encima el pc me está dando guerra con el internet, tengo calculado subirlo el 8 de noviembre, así que pueden estar pendientes. Si por alguna cosa no puedo subir ese día, les avisaré por medio de mi perfil. Tenganme paciencia por favor, no voy a abandonar la traducción.

¡Nos estamos hablando! ah, y no se olviden de comentar, por favor, necesito animos x(.