La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia pertenece a Limona y yo me adjudico su traducción.

Anteriormente en EaSV: Bella escapó de la casa de Edward con la ayuda de el fiel Jacob después de que Jason Jenks les llevara un misterioso cuadro. Han pasado meses desde que esto aconteció y Edward no se encuentra en el mejor de los estados mentales. Su familia está preocupada por él. En una gala a la que él asiste en compañía de Alice, Jessica revela a Edward que tiene conocimientos sobre quién es realmente Isabella y Edward, sorprendido, se da cuenta que los Vulturi lo saben todo. Lastimosamente para él, Alice alcanza a escuchar algo de su interesante conversación con Jess y lo arrincona para que le explique unas cuantas cosillas.

El Bardo: se refiera a Shakespeare - Best Wetern: Cadena de hoteles - Downy ball: Suavizante en un tarrito en forma de bolita xD

Disfruten.


Capítulo 22


Viernes, Enero 11 de 2008

Estaba trabajando para criminales.

No había otra conclusión a la que pudiera llegar.

Había pasado las últimas semanas haciendo las cosas como solía hacerlas, determinada a no realizar cambios inmediatos en mí vida después de darme cuenta de que demasiadas personas de las que había interrogado estaban desaparecidas.

No es que fuera una persona planeadora, pero aún yo sabía que ponerme histérica era una mala idea. ¿Y si yo era la siguiente persona en desaparecer? Había pasado algo de tiempo investigado en mi pequeño apartamento. Busqué a toda la gente que podía recordar interrogando. Cuando estaba trabajando y veía documentos que no eran míos en la impresora, los leía discretamente. Vigilaba las interacciones en la oficina, tratando de adivinar quién sabía cómo era la jugada y quién no.

Llegué a la conclusión de que todos en mi pequeño rinconcito de la oficina parecían saber que algo ilegal estaba pasando.

Lo que no entendía era qué estaba haciendo Volterra con la información que estaba reuniendo.

Todo lo que Aro me dijo fue que el conocimiento era poder, ¿pero poder para hacer qué? ¿Y qué de bueno podía tener el poder si no lo usabas? ¿O si lo usaban?

Quise ir con las autoridades de inmediato, pero no pude verle el punto. No importa lo que estuviera haciendo Volterra, eran tan grandes y ricos que no era lo bastante idealista como para creer que la policía haría algo.

Por mi propio bien, necesitaba saber qué estaba pasando.

Y así fue como hice algo estúpido.

Tuve una cita con Felix.


Septiembre 4 a Septiembre 13 de 2008

El viaje en auto con Jake fue incómodo. A pesar de que sabía que nadie podía verme en un auto con él, saber eso y esconderme bajo una sábana por tres horas y media eran cosas diferentes. Él encendió el aire acondicionado en los ventiladores del piso, pero nada ayudaba de a mucho. Yo había asumido que su garaje estaba donde él vivía, en un apartamento aproximadamente a media hora de la casa de Edward. Pero no, su garaje estaba en La Push, al otro lado del estado.

Cada cierto tiempo, Jake me preguntaba si estaba bien.

No, no estaba bien. El calor me estaba sofocando hasta el punto de sentirme mareada y con nauseas. Me estaba comenzando un calambre en el cuello por la rara posición agachada que mantenía. Oh, y mi corazón estaba absoluta y completamente destrozado.

Pero le dije a Jake que estaba bien.

Durante todo lo que tardó el viaje, no hubo nada en que concentrarme más que en mi incomodidad física. Una vez logré acostarme en una posición más cómoda, mis pensamientos se apoderaron de mí. Esto fue algo malo porque agonicé por todas las cosas que pude haber hecho mejor. Por ejemplo, pude haberle dejado una nota a Edward en la caja fuerte –una nota de verdad, que dijera algo. Reflexioné sobre lo que pude haberle dicho y decidí que una nota diferente hubiera empeorado las cosas. Era suficientemente malo que hubiera terminado con él mediante una nota, pero tal vez eso le haría más fácil seguir adelante.

Me era imposible pensar en Edward continuando con su vida, pero quería que él fuera feliz. Él merecía ser feliz. Podría ser irritable en el exterior, pero en el interior era generoso y considerado y tenía tanto para dar. Lágrimas se formaron en las comisuras de mis ojos y parpadeé para alejarlas.

No lloraría. Si me permitía llorar, perdería mi coraje. Se lo debía a Edward, a mí misma y a todos los Cullen, ser fuerte y lista. Desaparecería sin dejar ningún rastro para guiarlos, y Jason Jenks y quienquiera más que tuviera mi número sabría que yo había desaparecido. Algo de daño probablemente ya había sido hecho, pero haría lo que pudiera para mantenerlos a salvo.

Después de una eternidad en mi oscuro escondrijo, el auto disminuyó la velocidad, giró en dirección de una carretera polvorienta y finalmente se detuvo. Dos perros ladraron en la distancia.

"Espera aquí, Bella. Voy a abrir la puerta del garaje."

La puerta del lado del conductor se abrió y se cerró, luego se abrió de nuevo cuando Jake se volvió a subir. El motor del auto se encendió y avanzamos lentamente hacia adelante. Cuando estuve segura que estábamos al interior del garaje, me quité de encima la cobija y respire profundamente varias veces.

"¿Ansiosa por salir de ahí?" Preguntó Jake. Me estaba sonriendo.

Le dirigí una lánguida sonrisa como respuesta. El sudor había aplastado mechones de mi cabello a mis mejillas y frente, y la súbita corriente de aire frío en mi cabeza me hizo temblar.

Jake abrió la puerta y se salió. "El auto está justo aquí," dijo mientras golpeaba con una mano el capó de un carro naranja que estaba junto a él. ¿Qué te parece?"

Era naranja y pequeño y tenía por lo menos diez años. Nunca había visto un carro parecido, y eso quería decir que resaltaría. ¿Pero resaltaría si la gente no sabía a qué mirar?

"Está genial." Intenté mostrarle una sonrisa verdadera esta vez. Debió haber sido suficiente, pues él me sonrió con aún más alegría.

"Ella no es muy atractiva, pero es de confianza."

"¿Tu carro es una chica?"

"Todos los autos son chicas."

Sacudí mi cabeza. La vieja yo hubiera discutido y bromeado, pero en el momento no tenía el corazón para hacerlo. Quería arrancar de una buena vez. "Gracias por esto, Jake. Nunca voy a poder pagarte."

"Estoy seguro que podemos pensar en algo…" Su voz se fue apagando sugestivamente y levantó una ceja. Ante mi glacial expresión, desistió. "Pero en serio, esto es lo menos que puedo hacer para ayudarte."

"¿Por qué me estás ayudando?" Confiar implícitamente en las personas era mi manera normal de ser, pero eventos recientes me habían vuelto paranoica.

"¿Alguna vez le preguntaste a Edward por qué te ayudaba?"

Cerré mis ojos ante el dolor de escuchar el nombre de Edward. "Lo hice. Él dijo que era hacer lo correcto."

"Bueno, lo era. Al igual que esto." Jake me lanzó las llaves, sin mirarme a los ojos. "No debería haber nadie en los alrededores a esta hora del día, pero echaré un vistazo por la carretera para estar seguros. ¿Sabes hacia dónde vas?"

"Si." Era una mentira, pero estaba bien. Si yo no sabía hacia dónde iba, nadie más lo sabría tampoco.

"Sígueme hasta la salida y te guiaré hasta la 101. Desde ahí deberías poder ir a cualquiera lado."

Abracé a Jake por ser tan buen amigo. El me apretó un poquitín demasiado fuerte, pero no me importó. ¿Quién sabe cuando tendría otra oportunidad de recibir un abrazo de alguien? Dejé que el abrazo se prolongara unos segundos más de lo que es estrictamente amigable, pero no creo que a ninguno de los dos nos importara. Yo no estaba interesada en él románticamente, pero él había sido un buen amigo para mí cuando yo necesité uno.

Él abrió la puerta de mi nuevo y pequeño auto por mí y yo me subí al asiento del conductor. El carro encendió sin problema y fue fácil conducir hasta la autopista. El auto era pequeño, pero tenía buen consumo de gasolina y el asiento del conductor había sido hecho para alguien con una figura pequeña. Nos llevábamos bastante bien. Llamé el auto Renée, por mi madre, porque este era el tipo de viaje de carretera que le gustaba: sin ningún lugar donde necesitara estar, dejando que la carretera te llevara hasta donde llegara.

Pasé cada día manejando, y por más de una semana me quedé en diferentes ciudades cada noche. Traté de quedarme en pueblos con nombres divertidos o que me recordaran de alguien que conocía. Algunos lugares coincidían con gente más que otros. Una mañana, me encontré en un café, en una pequeña ciudad de Texas llamada Alice. La fecha en el periódico decía que era mi cumpleaños. Tenía 25, un cuarto de siglo de edad. A mí no me gustaba ser el centro de atención, así que mi cumpleaños no era una fecha que ansiara, pero en este cumpleaños casi deseé el alboroto. Nadie más que Edward sabía cuando era mi cumpleaños, y casi podía imaginarme la indignación de Alice al atreverme cumplir años sin informarle. Edward sabía que me gustaban las cosas sencillas, por lo que me imaginaba que él no habría planeado nada grande, pero probablemente hubiéramos ido a cenar en algún lugar agradable. Era sábado, así que tal vez hubiéramos asistido a la sinfónica o al teatro.

Me permití por unos pocos minutos más, pensar en todas las cosas que Edward y yo pudiéramos haber hecho para celebrar mi cumpleaños. Me permití recordar la curva de su mentón, el ligero brillo de su cabello, la baja y grave voz que él guardaba para nuestros momentos en privado.

Este era un lugar chapado a la antigua y había un teléfono público en la esquina del restaurante. Nadie estaba usándolo, a pesar de que había un buen número de clientes. Terminé mi café, pagué la cuenta y dejé una buena propina. Luego, me senté en la silla frente el teléfono de monedas.

Podía llamar a Edward. Podía decirle que estaba bien. Podía decirle que lo amaba. Probablemente él no me había olvidado todavía. Probablemente todavía estaba preocupado. O tal vez estaba enojado. Me quedé mirando fijamente el teléfono unos pocos minutos más. Me sabía el número de memoria.

"¿Necesita cambio, cariño?" Me preguntó una mesera desde detrás del mostrador.

Sacudí mi cabeza. Era una idiota. Me senté en frente del teléfono por tanto tiempo que la gente me estaba mirando. No podía llamarlo ahora. Todo el mundo me recordaría.

Abandoné el restaurante, regresé al interior de mi auto y puse millas de distancia entre Alice, Texas y yo. Cuando me tomé un descanso para echarle gasolina al auto, consideré la idea de llamar a Edward de nuevo, pero esta vez fui más fuerte.

Él estaba más seguro sin mí.


Septiembre 14 a Diciembre 11 de 2008

Después de días en la carreta, estaba harta de ella. No estaba para nada cerca de Seattle y estaba teniendo problemas de espalda por tanto conducir. En vez de viajar todo el día, cada día, y sólo detenerme a dormir, comencé a pasar unos días en cada lugar antes de continuar.

Aunque era un alivio estar fija en un lugar, eso me dejaba con bastante tiempo para hacer nada. No quería salir y arriesgarme a ser vista, pero quedarme en mi cuarto todo el tiempo me estaba atontando. Leía el Usa Today todos los días, pero eso apenas me tomaba una hora, máximo. El resto de tiempo me lo pasaba pensando.

Cuando trabajé para los Vulturi no hice suficientes preguntas. No las hice en parte porque las preguntas nunca se me ocurrieron, pero también porque no tenía el valor. Ahora, en retrospectiva, podía mirar hacia atrás y ver lo rara que era mi posición. Me habían puesto en mi propia oficina junto al jefe, con un montón de gente que sabía que era una organización criminal. Los otros recién graduados estaban en la recepción, sin duda trabajando en los negocios legales.

Algo no olía bien.

Puede que no haya tenido el tiempo para descifrarlo en ese entonces, pero ahora tenía más que tiempo. Y dado que no tenía un futuro que considerar, entender este embrollo se convirtió en la misión de mi vida.

No podía confiar en nadie.

No podía hablar con nadie.

Las horas de la noche eran lo peor. Me estaba volviendo una adicta a las conspiraciones, subsistiendo de películas del canal Lifetime que me ocasionaban pesadillas. Cuando las pesadillas eran tan malas que no podía dormir, cambiaba al canal de películas clásicas. El resultado final era que no podía apagar la televisión, porque apagarla era estar a solas con mis pensamientos, y estar sola quería decir que pensaría en Edward.

Trataba de no pensar en cómo hubieran sido las cosas si me hubiera quedado con él. Traté de no pensar en si él estaba saliendo con alguien más, si yo ya no era más que una nota al pie de la página en la historia de la familia Cullen. Habría un asterisco junto a esos meses en 2008 y las palabras explicativas dirían: *"Época en la que ayudamos a la pobre chica desafortunada que planeaba testificar contra los Vulturi"

Detuve los pensamientos sobre Edward justo ahí. La autocompasión no era útil y si los pensamientos sobre el continuaban, no podría contenerme.

Una noche, después de una pesadilla particularmente violenta, un recuerdo refrescó mi memoria.

Fue algo que Aro dijo el día en que lo conocí. Me dijo que nos habíamos conocido antes. En esa época lo ignoré porque no tenía sentido y no estaba en posición para preguntar por ello. Ahora quería saber a qué se refería exactamente.

Le eché cabeza por dos días antes de extraer de lo más profundo un recuerdo de una fiesta de cumpleaños hace mucho, y mi mamá discutiendo con un hombre aterrador. ¿Pudo haber sido ese Aro? De seguro mi mamá no conocía a Aro. Traté de recordar sobre qué habían estado discutiendo, o algunas de las palabras que fueron pronunciadas, pero nada vino a mi mente.

Fui directo al internet. El hotel tenía Wi-Fi gratis y lo puse en uso buscando a mi mamá en Google.

Yo no sabía casi nada sobre su familia. Ella huyó de ellos cuando tenía 18. Así fue como conoció a mi padre. Estaba sola y necesitaba un lugar donde quedarse. Él era un caballeroso policía novato que no la dejaría dormir en las calles. Eso se convirtió en algo más, y en menos de un año después, nací yo.

Mientras la abuela Swan solía divertirme con historias sobre mi papá atrapando serpientes en la quebrada cuando niño, no había nadie para contarme sobre el pasado de mi mamá. Cuando yo era pequeña, ella me dijo que ella había nacido el día en que conoció a mi papá, y yo pasé unos cuantos años confundida tratando de entender cómo era eso posible. A la edad de ocho, le hice preguntas más directas, pero ella me ignoró. Cuando tuve quince, pensé que compartiría más cosas conmigo porque yo era más madura, pero ella era una maestra a la hora de cambiar de tema. Cuando le dije que estaba evitando el asunto y le respondí, me castigó. Fue la única vez que me castigó en toda mi vida. Después de eso, mi papá me llamó a un lado y me dijo que si alguna vez le volvía a preguntar sobre su pasado, haría que yo lo lamentara. Él no hacía amenazas en vano, y yo dejé de preguntar.

Cuando ella estaba muriendo de cáncer en el hospital, la última cosa en mi mente era preguntarle sobre su familia. En cambio, la hice sentir tan cómoda como pude y sostuve su mano. Hablamos sobre muchas cosas, pero más que nada ella quería escuchar sobre mí. Ella sabía que nunca me vería envejecer, y quería que habláramos sobre mí tanto como pudiera.

Ahora yo estaba lista para agarrarme a pata por no preguntar más sobre su familia.

¿Quiénes eran ellos? Sopesar las cosas era una buena diversión, y me metí de lleno en ella con nuevo fervor. Cuando mi búsqueda por información de mi mamá no llevó a nada, busqué en su lugar información sobre los Vulturi para responder a la pregunta de por qué una chica completamente normal de Arizona atraparía la atención de Aro.

Había más en internet de lo que había anticipado. Yo habría pensado que la gente estaría demasiado asustada como para poner información en línea—después de todo, Dimitri pasaba el día entero siguiéndole la pista a gente que necesitaba ser encontrada. Sólo podía imaginarme que Aro considerara el que hubiera gente posteando información personal sobre los Vulturi e información privada sobre Volterra Inc. como razón suficiente para encontrar a alguien.

Y yo sí que sabía bien qué le pasaba a las personas que los Vulturi "encontraban" que no tenían información para agregar a la base de datos de Volterra.

No podía sacarme de la cabeza la imagen de Aro en la casa de mi infancia. ¿Realmente estuvo él ahí? Tal vez yo no recordaba bien… pero él había dicho que nos habíamos conocido antes, y esa era lo único que tenía sentido. Me negaba a creer que mi madre hubiese dormido con él alguna vez, y era igual de ridículo creer que mi pequeña familia tuviera información que los Vulturi hubieran querido. Eso dejaba sólo una posibilidad.

¿Estaba relacionada mi mamá con Aro?

No.

De ninguna manera estaba yo relacionada con ese embaucador rastrero.

¿Pero y si lo estaba? ¿Y si Aro era su padre? Parecía poco probable, pero ¿qué otra conclusión podía extraer? Él era lo bastante viejo como para ser su padre. Eso lo convertiría en mi abuelo. Una hora de búsqueda me llevó al apellido de Aro, algo que yo nunca había sabido en todo el tiempo que trabajé con él.

Tenía el apellido de soltero de mi mamá.

Recosté mi cabeza sobre mis brazos y lloré.

Fue por eso que él estuvo en mi casa.

Fue por eso que él me dio la beca.

Fue por eso que yo tenía trabajo en la parte de los directivos de la oficina.

Él debió haber pensado que yo era una nieta terrible cuando busqué a las autoridades.

Otra semana, otro pueblo.

Cambiaba de hoteles cada semana para evitar atraer la atención hacia mí. No importaba cuan hundida en autocompasión o miseria o miedo estuviera, me obligaba a subir al auto, conducir a través de la línea de un estado, y me quedaba en un lugar nuevo.

Me compré una Mastercard de regalo con un balance de la mitad del dinero que tomé de Edward para poder comprarme cosas que necesitara.

Julie Chamberlain, alias, yo, se ganó una barcada de puntos Best Western. Y con los puntos Best Western compró tarjetas de regalo de Barnes & Noble. Los libros eran una indulgencia, pues no tenía suficiente espacio para llevarlos conmigo. Sólo podía llevar lo que cupiera en el baúl, y eso era una maleta, una bolsa de lona, y una pequeña hielera. Los libros eran un no definitivo. Justifiqué su gasto al imaginar que en esencia, eran gratis, dado que yo tenía que pagar por la habitación del hotel. Cuando cambiaba de pueblos, usaba el GPS que había comprado para encontrar una librería donde pudiera donar los libros. Era algo pequeño, pero me hacía sentir humana. Eso no encajaba en mi lema ¿Qué haría Rosalie?, pero pensé que Edward habría aprobado. Y yo quería sentirme cerca a Edward, ya que nunca volvería a estar cerca a él.

No fue sino hasta la revelación de mi árbol genealógico que me di cuenta que había estado aferrándome a la idea de que tal vez, cuando esto hubiera terminado, Edward y yo podríamos estar juntos de nuevo. Ahora que sabía que venía de una familia de asesinos prófugos de la justicia, tenía que aceptar que nunca jamás volvería a estar con Edward. Incluso cuando el juicio terminara, suponiendo que sobreviviera, no había programa de protección de testigos lo bastante seguro como para mantener a salvo de los Vulturi. Yo era familia. Ellos me encontrarían.

Estaba condenada.

No debería haber estado sorprendida. En mi cabeza, yo todavía era Bella Lawson, la prometida de Edward. Pero yo renuncié a ese derecho cuando puse el anillo sobre la mesa. Ahora era Marie Swan, y Marie no llevaba la vida de lujos que Bella llevaba.

Todo lo que yo había querido era ser una maestra de inglés. ¿Era eso mucho pedir?

Si, al parecer lo era. En vez de enseñar en una secundaria en algún pequeño suburbio de Phoenix, pasaba mi tiempo brincando de habitación en habitación. Me había desconectado de todo el mundo y de todo lo que me importaba. Me ponía nerviosa y agitada siempre que escuchado un ruido en el pasillo. Miraba mi espejo retrovisor tanto que casi le había pegado por detrás a alguien el día anterior. Y todo esto era para que pudiera testificar contra gente que sabía era la única familia con vida que me quedaba.

Estaba haciendo lo correcto. Mi madre cortó todos los lazos y los dejó. Ella era tan joven, y se las arregló para escaparse. Una pequeña parte de mí se preguntaba si ella sabía de las cosas que ellos hacían. ¿Podría haber ido ella en busca de las autoridades hace años?

Era una pregunta para la que no podría saber la respuesta.

Todo lo que podía saber es lo que yo haría. Yo testificaría. No había pensado en todos los detalles para llegar al juicio sin el apoyo de Emmett, pero pensaría en algo. Lo quería envuelto lo menos posible. Su familia lo necesitaba.

Me tomó semanas aceptar que estaba relacionada con asesinos, pero lo hice.

Comencé a comer de nuevo. No una tonelada, pero lo suficiente para sostenerme. Necesitaba estar fuerte para testificar.

Hacer las paces con una realidad sin Edward era un proceso más lento.

¿A quién intentaba engañar? No era un proceso en absoluto. Dicen que el tiempo cura todas las heridas, pero se equivocaban.

El tiempo alivia las heridas que son demasiado profundas para sanar, pero éstas nunca se van.


Diciembre 12 de 2008

Yo era cuidadosa.

Mantenía un perfil bajo.

Usaba lentes y una cachucha en todo momento cuando salía durante el día.

Hacía lo menos posible que fuera rastreable.

A pesar de mis mejores esfuerzos, iba conduciendo por la ciudad en camino hacia la autopista, y alguien me estaba siguiendo.

Respira, Bella

¿Qué haría Rosalie?

Rosalie los perdería, boba.

Consideré dejar que mi perseguidor me siguiera hasta la salida a la autopista, pero mi auto no iba tan rápido. Necesitaba perder a mi perseguidor mientras aún estaba en el pueblo. Giré con fuerza el volante para hacer un giro repentino. Zigzagueé el tráfico por un rato, manteniendo una estricta serie de giros impredecibles.

Me moví tanto por entre el tráfico que ya no podía decir si estaba siendo seguida. Parecía que estaba fuera de peligro, por lo que me detuve en un callejón para esconderme.

Esta vez estaba por mi cuenta. No había Emmett que viniera a salvarme, un hecho que fue aparente cuando me di cuenta que este era un callejón sin salida, y que un auto se había detenido detrás de mí, bloqueando mi escape.

Mi corazón retumbó en mis oídos. La adrenalina estaba bombeando, pero no había a dónde ir. Podía salir corriendo, pero tendría que pasar el auto detrás de mí. Esto no era bueno. ¿Y si él tenía un arma? Con esa idea, me deslicé hacia abajo en el asiento. Era inútil ganarse un balazo en la cabeza.

Esperaría hasta que el conductor del carro viniera y me disparara de frente.

No.

Yo no quería que me dispararan, en absoluto. Comencé a entrar en pánico, y cerré mis ojos y respiré profundo. Necesitaba estar calmada.

Piensa, me amonesté. Fallé en ser Rosalie, porque ella los habría perdido varias cuadras atrás.

¿Qué haría Emmett? Él tendría un arma, y él les dispararía. Eso no iba a funcionar para mí.

¿Qué haría Edward? Él no habría estado en esta situación en el primer lugar.

La adrenalina causó un molesto ruido en mi cabeza, y se estaba volviendo difícil pensar.

¿Qué haría Esme? Esme no asumiría que estaba en peligro mortal. Ella esperaría y se aseguraría que era un enemigo el que estaba tras ella.

Eso tampoco iba a funcionar. Esme era prácticamente una santa. Ella no tenía ningún enemigo de qué preocuparse.

Cada segundo se sintió como si estuviera formado por cientos de diminutas piezas de tiempo, y yo podía sentir cada una de ellas pasando. Velozmente, moví mi mano para ajustar el espejo retrovisor y poder ver detrás de mí. Las ventanas del auto eran polarizadas, pero podía ver el perfil de la cabeza de un hombre a través del vidrio. Él se estaba moviendo, y el miedo me paralizó. Abrió su puerta, y yo supe que venía por mí. No pude ver su rostro cuando se bajó del auto, y recé porque no fuera uno de los Vulturi. Consideré canalizar mi Emmett interior y embestir el auto hacía atrás para intentar escapar, pero mi auto era un peso ligero.

Había una pequeña posibilidad de que pudiera lanzar el carro en reversa en un ángulo y golpear el hombre con mi auto.

Yo nunca había matado a nadie, y tampoco creía que pudiera hacerlo ahora.

Mientras sopesaba mis opciones, el tiempo se fue marcando segundo a segundo y éstas empezaron a desaparecer.

Yo estaba demasiado agachada tras el asiento para mirar sobre mi hombro y ver su acercamiento. Mi espejo retrovisor sólo me mostraba su pecho y su espalda. Llevaba puesto un traje de negocios. Una mano estaba en su bolsillo. ¿Podía ser esa un arma? Él tenía un poco de barriga, lo que quería decir que no era Felix ni ningún otro Vulturi de los que hubiera esperado que vinieran por mí. Eso era bueno, ¿cierto?

Respiré profundo varias veces, tratando de calmarme. Me mantendría abajo, y si él se acercaba lo bastante, lo golpearía con la puerta del conductor. El callejón era angosto. Con un poquitín de suerte podría mandarlo contra la pared de ladrillo y luego robas su auto.

Si.

Ese era mi nuevo (descabellado) plan.

Esperaba que él tuviera un arma.

Esperaba que él fuera un criminal amenazador.

En cambio, era… ¿Jason Jenks?

Él tenía sus manos levantadas y sin arma. Estaba haciendo señas como si quisiera hablar conmigo. Como una tonta, yo bajé la ventana.

"Marie," dijo, y se veía un poco aliviado. "Gracias al cielo te alcancé."

"Estoy segura que Aro te recompensará como te lo mereces." Mi voz se quebró.

Jason lanzó una mirada nerviosa sobre su hombro. "¿Tú crees que yo quiero entregarte a… a ellos?"

"¿Por qué más me estarías siguiendo?" Demandé. "Sabes mi nombre. Estás obviamente conectado con los Vulturi." Si Jason no estaba trabajando para los Vulturi, ¿qué quería conmigo? Puse en pausa la idea de golpearlo violentamente con la puerta del auto, preguntándome todo el tiempo si estaba haciendo lo correcto.

"¿realmente no te acuerdas de mí, verdad?" Sacudió su cabeza. "No importa, podemos discutir los detalles específicos después. Ahora mismo necesitamos sacarte de aquí."

"¿Qué?" Ahora estaba verdaderamente confundida. Si todo esto era un juego para confundirme, estaba funcionando.

"Tu auto y placa son conocidas. Ven conmigo."

"¿Pero por qué estoy viva todavía?"

Jason miró otra vez sobre su hombro. "Esto no es seguro. Podemos hablar luego. Súbete a mi auto."

¿Qué elección tenía? Aún si me negaba su subir en su auto, estaba atascada. Podía correr, ¿pero qué tan lejos llegaría? Estaba en una ciudad extraña, y había dado tantas vueltas que no tenía idea dónde estaba.

¿Podía confiar en Jason Jenks, o era todo esto una elaborada treta para llevarme a algún lugar más siniestro? Busqué en su rostro algo, cualquier clave que me dijera qué hacer. La única vibra que recibí de él fue ansiedad. Eso podía significar cualquier cosa.

Salí de mi carro y dejé que Jason Jenks me empujara dentro del suyo. Emmett hubiera estado histérico, pero él no estaba aquí. Si Jason pudo encontrarme, ¿quién sabe cuánta otra gente me estaba vigilando?

Una vez estuvimos en camino, dejé que mis dedos vagaran sobre los asientos de cuero de su Mercedes. Ninguno de los dos dijo nada. Él parecía estar concentrado en la carretera y yo todavía no estaba segura si él estaba salvando mi vida o guiándome a mi muerte. Viajamos por varias horas. Los signos de la carretera indicaban que íbamos a St. Luis.

Yo no me sentía cómoda estando así de cerca a Chicago, donde estaba ubicado el centro de operaciones de los de Volterra, Inc. pero no dije nada. Jason nos condujo hasta el corazón de la ciudad, al Ritz-Carlton. Le dio sus llaves al valet y ordenó un botones para cargar mi equipaje. Él se registró en una habitación y ambos subimos allí juntos. Yo estaba un poco turbada de que el conserje haya asumido que éramos marido y mujer—había tenido suficiente de esa clase de pretensión para durarme un vida—pero me recordé que Jason ya tenía una esposa. Esta era una breve mentirilla para evitar atraer la atención hacia mí. Nada más, nada menos.

El cuarto era una suite. Tenía dos cuartos, una habitación y un salón de estar con sofá, sillón y mesita de centro. Había incluso un comedor preparado con platos y vasos en una esquina justo a la ventana. Comparado con el Best Western, era un palacio.

Exhalé una bocanada de aire mientras inspeccionaba el cuarto. Había medio-esperado ser recibida por uno de los Vulturi o uno de sus empleados, y estaba aliviada de que sólo fuéramos Jason y yo.

"¿Es más tarde ya? ¿Podemos hablar ahora?" Pregunté.

Él me largó el menú de servicio al cuarto. "Primero la cena."

Opté por una hamburguesa. Él ordenó una comida de tres platos.

"No me recuerdas en absoluto, ¿verdad?" Él se acomodó al borde de un sillón, inclinándose hacia adelante.

"¿Debería?"

Él sonrió ligeramente. "Me gustaría pensar que soy memorable, pero tal vez no lo soy para las jóvenes damas"

"Me pareces familiar, pero no te puedo ubicar. ¿Por qué viniste a buscarme?"

"Nos conocimos cuando eras un nuevo rostro en Volterra, Inc. Dudo que llevaras bastante cuando ellos te mandaron a recibirme. Era obvio que no tenías idea lo que hacía la organización. Tu trabajo era ser amigable y un rostro bonito."

"Fui la que recibía a la gente por un tiempo," afirmé.

"Yo tenía una, bueno, no estoy seguro de cómo poner esto. No siempre me veo en persona con Caius."

"Nadie lo hace. Él odia a todo el mundo."

"No a todo el mundo." Jason tomó aire y continuó, "tuve que contarle a Caius algo que él no quería oír. Entré ahí esa noche con la idea de que podía morir. Pero ellos te enviaron a recogerme del aeropuerto, y fuiste una luz destellante en una oscura noche. Fuiste muy amable. Después de que sobreviví mi reunión con Caius, me llevaste a cenar.

"Tuvimos una conversación sobre filósofos, Platón en particular, y me dejaste relajarme y escapar por unos minutos. Te recuerdo con cariño." Él pasó una mano por lo poco que le quedaba de cabello y esperó por mi respuesta.

"¿Me rastreaste por cariño?" No me la creía.

"No señorita, te estoy ayudando porque quiero que estés viva para testificar."

"¿Me estás ayudando?"

"Preferiría no entrar en detalles sobre eso, pero si." Alejó la mirada.

"Pero el cuadro que llevaste a la casa de Edward… ¿por qué?" Mis palabras estaban hechas un revoltijo en mi cabeza, y no estaban saliendo bien. Estaba abrumada.

"Los Vulturi te encontraron y estaban manteniendo pista de tus acciones. Yo te estaba advirtiendo de la mejor forma que podía."

"¿No podías haber enviado una carta? ¿O un texto? ¿O algo obvio?"

"Si te hubieras molestado con mirar el cuadro, te hubieras dado cuenta que la parte superior de la pintura es una falsificación. Bajo la pintura estaba mi mensaje."

Hubo en golpe en la puerta, indicando que nuestra comida había llegado. Jason le dio la propina al mesero, comimos en silencio por varios minutos.

Cuando mi hamburguesa iba a medias, la bajé y miré a Jason a los ojos. "Un poco sutil con lo del cuadro, ¿no te parece?"

"Tenía que serlo. Y en cualquier caso, el Sr. Cullen hubiera notado que algo estaba mal con la pintura. Contaba con su inteligencia".

Me pregunté si Edward había leído el mensaje después de que me fui. "Sabes, yo me fui justo después de que te pasaste por la casa."

Él pinchó con el tenedor un gran trozo de salmón. "No fue exactamente la acción que yo estaba tratando de provocar."

Apreté mi quijada para evitar gritarlo. Si él quería un desenlace en particular, hubiera podido decirnos algo en inglés en vez de asustarme hasta actuar súbitamente.

"¿Todavía trabajas para los Vulturi?" Mantuve mi voz dulce para contener mi molestia. Este señor estaba de mi lado, más o menos, y necesitaba que se mantuviera así.

"Técnicamente, no trabajo para ellos. Yo hago trabajo para ellos. Hay una diferencia."

"¿Por qué no les haces frente entonces?" Yo no era única. Otras personas tenían conciencia. De seguro yo no podía ser la única persona en atestiguar la maldad que eran los Vulturi. ¿Por qué nadie más dio el paso adelante?

Jason hizo una mueca. "Demasiado que perder. Tu eres mejor persona que yo."

Me quedé mirándolo fijamente. Él tenía mucho que perder. Yo había perdido todo lo que significaba algo para mí. Aquí estaba él, ayudando un poco donde nadie podía ver. Él dormiría bien en la noche en sus almohadas de cientos de dólares, con la certeza de que me ayudó. Yo, yo estaría corriendo por mi vida.

Hamburguesa acabada, mordisqueé una papa frita y alejé mi plato. Algo además de su obvia cobardía me estaba molestando. "Dijiste que estoy en peligro, ¿entonces por qué no me han matado?"

"¿Por qué tendrían que hacerlo? Si saben dónde estás, no se tienen que preocupar por ti hasta justo antes del juicio."

Esa idea no me dio buena espina, y no tenía mucho sentido tampoco. Había una pieza del rompecabezas que me estaba perdiendo. "¿Cómo estoy más segura ahora en este hotel que lo que estaba ayer?"

"Tengo razones para creer que perdieron rastro de ti hace, digamos, ¿seis horas?"

Mis ojos se abrieron. "¿Hiciste algo?"

Su sonrisa de gato que se comió al canario respondió a mi pregunta, y mis sentimientos gélidos hacia su cobardía se fundieron un poco.

"¿Soy anónima de nuevo?" Pregunté con entusiasmo. Sonreí una sonrisa verdadera.

"Eso creo." Dudó, y luego agregó. "Ten cuidado con eso esta vez. Viaja en taxi o en bus, mantente fuera del ojo público, y evitar Best Westerns."

"Ellos tienen un buen programa de puntos," señalé un poco a la defensiva.

Mi cerebro estaba en sobrecarga, considerando lo que podía significar este nuevo anonimato. Lo que yo más añoraba era una forma de justificar el ver a Edward de nuevo, o tal vez sólo escuchar su voz sería suficiente. Me podía escabullir hasta un teléfono público y llamar a su celular. Si él respondía, le colgaría de inmediato. Si no lo hacía, tendría el placer de contestar a su correo de voz. De cualquier forma, escucharía su fluido barítono en mi oído. Me deleité con la posibilidad por varios segundos, hasta que recordé que probablemente Edward estaba siendo vigilado y contactarlo podría revelar mi ubicación.

Mi ánimo se fue al piso de nuevo al darme cuenta que nada había cambiado para Edward y para mi, pero traté de permanecer positiva. El anonimato no cambiaría mucho en el esquema diario de mi existencia, pero al menos me facilitaba llegar hasta el juicio. Ese era mi objetivo final.

Jason interrumpió mi reflexión al hablar. "Recuerda que todavía estarás en peligro al acercarse el juicio."

"Como si pudiera olvidarlo," mascullé. Con la voz un poco entrecortada, pregunté, "¿le dirás que estoy a salvo?"

Jason puso una mano sobre mi hombro de forma amable, y yo me las arreglé para no estremecerme. "Tienes mi palabra."


Martes 23 de Diciembre de 2008

El episodio con Jason Jenks me dejó sacudida. Seguí su consejo, en su mayor parte, aunque confieso que cambié el resto de mis puntos Best Wetern por tarjetas de regalo. Hubiera sido un desperdicio no hacerlo. Extrañaba a Renée. No debí haber llamado el auto como mi madre ya que ahora estaba triste porque tuve que abandonarla.

Los Vulturi sabían que yo estaba con vida. Me estaban vigilando antes de que Jason me encontrara, y podrían estar vigilándome todavía. Toda mi existencia recaía en mirar sobre mi hombro. Ningún lugar era seguro.

Empecé a quedarme en mejores hoteles, pues servicio al cuarto hacía la vida más fácil. Rara vez dejaba mi habitación, así que había pocas formas de que pudiera ser sorprendida. Cada vez que me traían la comida, miraba por la mirilla y me aseguraba que fuera staff del hotel el que estaba a la puerta. Se me ocurrió que alguien podía envenenar mi comida, así que había empezado a probar cada plato, esperar media hora, y luego comer si no me sentía enferma. Nada de veneno todavía.

Los hoteles más lujosos hicieron mella en mis $20,000. El Best Wetern pudo haber sido de carretera, y puede que no haya sido el más limpio, pero había sido barato. Quedarme en lugares chic y sobrevivir de servicio al cuarto me estaba empobreciendo.

Mi única verdadera excursión fuera del hotel era a la lavandería. Cuando solía quedarme en Best Westerns, usaba su servicio de lavandería, pero ahora estaba controlando el presupuesto. Yo podía lavar y secar mi ropa por mucho menos de lo que los hoteles cobraban. Como un extra, salir del hotel quería decir que podía solicitar servicio de camarera; algo que no había tenido desde el domingo.

Yo había dejado la casa de Edward con ropa para una semana. Aunque aguantaba muchas cosas en mi búsqueda por no llamar la atención, no toleraría bien usar ropa sucia. Empaqué mi ropa sucia en mi maleta; junto con una pequeña caja de detergente en polvo, mi Downy ball, y una botella de Spray N Wash; y cogí el bus hasta la lavandería.

Era de mañana, y la mayoría de la gente me imagino que estaba en el trabajo, así que tenía el lugar para mí. El interior era claro y dejaba entrar el sol, cortesía de un frente que miraba al sur y tenía un vidrio que iba del piso al techo. Incluso en lugares vacios y benignos, yo seguía esperando el momento en que alguien se me acercara accidentalmente-a-propósito, pusiera un arma en mis costillas, y me guiara hasta un callejón silencioso donde podría morir.

Sí, me estaba volviendo mórbida.

Separé mi ropa oscura de la clara y puse las lavadoras en marcha. Mientras las máquinas corrían, me puse una gorra sobre mis ojos y me encorvé en una mesa donde mantuve mi cabeza metida en mi libro favorito. Estar afuera de las confinantes paredes de un hotel era liberador, si no reconfortante.

La fecha del juicio no era sino hasta febrero, y yo no estaba segura cómo iba a sobrevivir a las próximas semanas. Los cuartos de hotel me estaban volviendo loca y mis fondos eran pocos. Estaba considerando ir a un refugio para personas sin casa y pretender ser una de ellos – espera, yo no tenía casa, ¿o no? - pero no quería poner en peligro a otros residentes del refugio. Si ellos estaban en un refugio, se supone que ya estaban pasando por un pésimo momento, ¿verdad?

El ciclo de lavado terminó y pasé mi ropa a la secadora. Me volví a sentar a la mesa y comencé a leer Romeo y Julieta por la millonésima vez. Yo prefería la versión delgada del libro de bolsillo, pero hoy, en consideración con mi situación, todo lo que tenía era un pesado tomo de la colección de trabajos del Bardo. Pasé cada delicada página con reverencia mientras releía la parte donde Julieta despertó, vio a Romeo, y se mató a sí misma. Mis ojos estaban un poco humedecidos, pues si el tiempo y el destino hubieran sido más amables, ellos habrían tenido su felices para siempre.

No escuché la puerta abrirse, pero sentí una ráfaga del frío aire de invierno. Las lágrimas sin derramar en la comisura de mis ojos volvieron borrosa mi visión cuando levanté la mirada para ver quién había abierto la puerta. Un hombre había entrado a la lavandería. Llevaba una gruesa chaqueta negra. Tenía puesta una gorra. El sol estaba tras de él, dejando su rostro en la oscuridad.

Era una hora normal para el negocio. Un hombre entrando a la lavandería no debería haberme puesto nerviosa, pero no podía ver una de sus manos. ¿Estaba en su bolsillo? ¿Detrás de su espalda? Traté de convencerme a mí misma que no importaba donde estuviera su mano. Probablemente él quería lavar su ropa, al igual que yo.

Entonces me di cuenta que él no traía ropa sucia.

Me paralicé.

Había llegado el momento.

Iba a morir.

Él me miró fijamente, y yo actué por instinto. En un fluido movimiento, me puse de pie y le lancé Las Obras Completas de William Shakespeare a su estómago. Cuando lo vi doblarse, agarré la botella de Spray N Wash. Tan pronto como levantó la mirada, le eché justo en los ojos y comencé a correr.

Sus dedos agarraron mi brazo, pero yo ya estaba fuera de la puerta.

No tenía ni mi abrigo ni mi ropa, pero todavía tenía mi Spray N Wash y mis pies volaban.

Con varios metros entre la lavandería y yo, lancé una mirada sobre mi hombro para ver si él me estaba siguiendo.

Mi corazón se detuvo.

Él se había quitado la gorra para limpiarse la cosa esa de los ojos. En el sol de la mañana, su cabello color cobrizo destellaba.

Como si él hubiera sentido que yo lo estaba mirando, se enderezó por un momento para mirarme a los ojos. Tuve que cubrir mi boca con mi mano para evitar soltar un grito. Su rostro estaba demasiado flaco y su abrigo era demasiado ordinario, pero su identidad era inconfundible.

Era Edward

Corrí de regreso sin pensármelo dos veces y me lancé a sus brazos. Él hizo una mueca de dolor cuando me agarró.

Edward estaba tratando de decirme algo, pero apenas si lo noté. Él estaba aquí. Y yo lo había extrañado.

"Bella," murmuró.

"¿Hmm?"

"Necesito lavarme los ojos y luego tenemos que irnos. Ve por tu ropa."

Los blancos alrededor de sus ojos estaban salpicados por puntos rojos, y yo sentí una oleada de culpa mientras lo miraba agacharse sobre el lavamanos de la lavandería para limpiarse los ojos.

"Tu ropa," dijo, sonando irritado, "o no tendremos tiempo para ella."

Arrebaté mi ropa aún mojada de la secadora y la metí a mi maleta. Cuando estaba alcanzando por mi última media en la secadora, Edward tomó mi mano y me haló hasta la salida.

"Vámonos."

Él me guió hasta un oscuro y angosto lado de la calle, y yo no me resistí. Hubiera ido a cualquier parte con él. Nos deslizamos dentro de un sedan negro, y antes de que me pusiera el cinturón, Edward estaba manejando.

Esta no era la clase de carro que normalmente hubiera asociado con Edward. Los asientos eran afelpados, pero eran de tela en vez de cuero. El tablero era de plástico barato. Era un carro americano normal.

Él notó mi evaluación del carro. "Fue todo lo que pude conseguir con poca antelación." Agregó, "no resalta mucho, lo cual es una ventaja."

"Me estoy quedando en el Windsor," dije en voz baja. Nadie podía escucharnos ahora que estábamos en el auto, pero no estaba segura si esto era la realidad o no. Si hablaba demasiado fuerte, eso podía desquebrajar la fantasía. Aunque si esto fuera una fantasía, los ojos de Edward no estarían en fuego y yo todavía tendría todas mis medias.

"Lo sé, una amiga mía está pretendiendo ser tu por unos días. Ella está en tu cuarto ahora."

Parpadeé varias veces, mis manos inquietas en mis piernas. "Pero, ¿cómo consiguió mi llave?"

"Mostró la ID en la recepción y ellos le dieron otro par de llaves para reemplazar las que se le 'perdieron'".

Hice una nota mental de que los hoteles costosos no eran mucho más seguros que los económicos. "¿A dónde vamos?"

"Lejos. No es seguro para ti estar por aquí."

"Entonces tampoco es seguro para ti," dije en un apuro. "Si algo te pasara…"

Observé el perfil de Edward. Los músculos de su quijada estaban trabajando horas extra, y me pregunté qué palabras luchaba por contener.

Finalmente, dijo, "soy bien capaz de tomar mis propias decisiones. Tengo un avión esperando por nosotros en el aeropuerto. ¿Vendrás conmigo?"

"Pero… la Fundación Cullen…. ¿cómo explicaras tu ausencia?"

"¿Vendrás conmigo?"

"Estarás en peligro."

"¿Marie, me acompañarás?"

Él dijo mi nombre. Él sabía mi nombre.

Sonaba mal. Y bien.


Nota de Autor: Habrá 25 capítulos en total, así que faltan 3.

¡HOLA! Como pueden ver, cumplí mi palabra, subí el 26… de septiembre xD. Gracias por seguir hasta aquí conmigo y tener paciencia. Este es el último capítulo que ha subido limona, hay una nota suya dirigida a los lectores en mi perfil.

Cuidense! Y cuéntenme teorías, yo estoy q me como las uñas por saber lo que viene xD