Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a Hidekaz Himaruya, las chicas les pertenecen a sus…mamas.
Setting: Canon / AU
Aclaraciones: (Personajes respectivos de cada chica para no perderse)
Inglaterra/ Mao
Rusia/ Hiro
Alemania / Angela
Prusia / Feño
España/ Natto
Finlandia / Yuu
Francia / Valeria
Japón / Mike
Cuba / Fran o Francisca
Canada / Almira
Taiwán / Valentina
Letonia / Pharkar o Phar
Chile / Flippy
Grecia / Katsume
Italia / Konny
China / Tsuki
NyoJapón / Katherine o Kathy
Corea / Kira
USA / Alfreda
Argentina/ Sou
Enjoy it
O.O.O.O.O.O
Reinaba el caos en la sala de juntas. Los países corriendo de un lado a otro, algunos de espectadores, mirando desde algún rincón de allí, indecisos a irse, o a quedarse para ver en qué finalizaba todo esto.
–Puta la wea' –Susurró un chileno, mirando ofuscado todo el desastre, le molestaba en demasía el ruído, y más a dimensiones como aquellas, cerró los ojos, y luego los abrió, analizándolas a cada una, algunas realmente blancas de piel, otras algo morenas, algunas gritaban, otras simplemente reían y otras observaban. Eran contrastes tan grandes que sentía una ligera jaqueca. –Tanta gente aquí…me duele la cabeza.
–Sácatela poh' aweonao' –Escuchó en un idioma idéntico al suyo, girándose inmediatamente, posando sus castaños ojos sobre una chica de tez blanca y cabello corto y ondulado, mirándole con una media sonrisa, casi a punto de reírse, sólo ligeramente. El chileno asintió levemente, ante aquella falta de respeto hacia su persona, aunque, de alguna forma hasta la pareció entretenido. Sus labios dibujaron una breve sonrisa, como quien empezará a decir algo importante, o como quien le seguirá el juego, hasta despilfarrar todas las groserías que sabía. Sin embargo se calló, y siguió observando a la chica, hasta que ésta miró incómoda hacia otro lado.
–¿Y pa' que te averguenzas? –Preguntó, con curiosidad.
–No es tu asunto…–El chileno dejó salir una risa, y dejó que su mano cayera en los cabellos de Flippy, que agachó un poco la cabeza.
–Así que es tímida la cabra enana…–Susurró, a lo que la otra le respondió con una sonrisa.
Al otro lado de la sala, una chica de cabello liso, y algo morena perseguía divertid a una un poco más blanca que ella, corriendo, tropezándose a cada momento por lo torpe que era.
–M-Me canso…¡Kira! Se supone que debes huir del resto…no perseguirme a mí –Mencionó la mini representación de China.
–¡No! Es divertido perseguirte…y ¡Mírate! Siento unos deseos de abrazarte –Un coreano tenía la vista fija en aquellas dos chicas, especialmente la segunda, le traía buenos recuerdos, de hecho, hasta le recordaba a sí mismo. A trote silencioso se acercó hasta las dos muchachas, una ya abrazando a la otra por la espalda, mientras la segunda intentaba quitársela de encima.
–¡Hola! –Dijo sin más el coreano, mirando a las dos hacia abajo, pues habían caído una sobre la otra, y tampoco hizo nada por separarlas. –Son divertidas da-ze –Mencionó animado, en seguida Kira se giró hacia arriba, sonriendo de inmediato al ver al coreano, se levantó rápidamente, a lo que la segunda chica aprovechó de huir; Kira miró al coreano. –¿Sabes? Me recuerdas a mí cuando pequeño….y bueno, quizás un poco ahora. ¡Me agradas da-ze! –Era cierto que hace unos pocos segundos la había visto, pero esos segundos, al menos para él, eran suficientes para saber si esa persona le agradaba o no, y especialmente aquella chica, que ahora le miraba con la misma admiración que él, hizo una conexión muy fuerte y en seguida la abrazó. – ¡Eres tan pequeña da-ze! –El coreano era asi, actuaba por instintos o impulsos y se habia dejado llevar. Su cabeza por un momento le hizo recordar que a la gente no le gustaba que la abrazaran de forma tan repentina, y quiso separarse, más desistió en seguida de su idea, cuando la otra chica correspondió el abrazo.
–¡También me agradas! –Gritó Kira, aferrándose a los ropajes del coreano, y éste meciéndola de un lado a otro, riendo divertido.
–Ufu~. Esto es divertido, da –Susurró un ruso, aún sentado en una mesa, mirando el caos que aún prevalecía.
–Cierto…es divertido verlos correr, y ver sus caras de espanto. –Respondió una voz a su lado. Iván no creyó que alguien le fuese a responder o comentar lo que habia dicho recientemente, de hecho : nadie nunca lo hacía y si lo hacía era para evitar cualquier acción agresiva del eslavo. El albino se giró inmediatamente hacia aquella voz, encontrándose con una muchacha de cabello liso y algo morena, sentada tranquilamente a su lado, como si ignorara por completo que él era la gran nación de Rusia, temida por todos, pero no, ahí estaba ella.
–Da… me gusta ver esos rostros desesperados…–Volvió a hablar, esperando otra respuesta.
–Y ver como se jalan el cabello por la desesperación –Le completó la chica, sonriéndole abiertamente, cosa que hizo a Iván sonrojar, pues pocos y nadie le sonreía de esa forma, menos a él.
–Y la desesperación volviéndoles más estúpidos . –Siguió, bastante entretenido con aquel cambio de palabras, que cada vez se tornaba más y más perturbador, pero para ellos simplemente era gracioso, era parte de su mundo.
–Tu nombre… pequeña –Preguntó , ésta vez. La chica parpadeó y sonrió.
–Hiro.
–Ah, yo soy Rusia, pero puedes…decirme. Iván, supongo –Susurró con timidez, rascándose una mejilla. La chica ya se sabia su nombre, sabia todo de él, mas fingió demencia.
–Mucho gusto, Iván –Se mordió el labio, antes de alcanzar a decir 'Braginski' . Ambos se quedaron sonreír, antes de proferir al mismo tiempo un 'kolkol' en conjunto.
–Hahaha…mira que divertido se ve todo esto…–Canturreaba una hada mientras flotaba en el aire junto a varias criaturas mágicas que miraban aquel espectáculo, riéndose de vez en cuando o lanzando una broma casual.
–El señor Inglaterra no parece muy a gusto con esto…–Mencionó un hombre de larga barba y traje de mago, pendiente de todos los que estaba en aquella sala. – ¿Deberíamos ayudarle?
–No, no creo. Arthur se las puede solo –La mayoría de las criaturas asintieron, pero con rapidez captaron que aquella voz no pertenecía a ninguna de ellas. En sincronía giraron sus cabezas hacia el lado derecho, en el cual reposaba una chica de cabello muy corto, lacio y bastante blanca. La joven estaba apoyada en la pared, cruzada de brazos, mirando atentamente la pequeña pelea que tenía el francés con el inglés. Las criaturas abrieron sus ojos y se acercaron los menos hacia ella, y los otros se quedaron estáticos en su posición. ¿Acaso podía verles? Creían que solo Inglaterra, sus hermanos y quizás hasta Noruega podían hacerlo. Pero. ¿Ella?
–¿Cómo que puedes vernos? –Preguntó el hada, revoloteando alrededor de ella, mirándole completamente.
–Suelo creer en cosas que la mayoría considera ilógicas e inexistentes. –Fue suficiente respuesta para que las demás criaturas la fueran rodeando de a poco, colocándose a su alrededor, preguntándoles muchas cosas, a lo que Mao, respondía de forma calmada.
A los lejos el inglés al fin logró alejarse del francés que al parecer tenía la vista perdida en las demás jóvenes que ahora más calmadas observaban a todos los países con curiosidad, claro, no era una mirada reflexiva, era una pervertida, y Arthur prefirió irse mejor de allí. Sin embargo, abrió un poco más sus ojos al notar como sus criaturas rodeaban a una de las jóvenes recién llegadas. Lentamente se acercó a ella, y con sorpresa logró ver que las criaturas le hablaban a la chica, y ésta les contestaba de la forma más natural posibles, asemejándose bastante a él en muchos aspectos : La postura, el tono de voz, la sonrisa, las respuestas y esa calma que sólo personas como él tenían a la hora de iniciar una conversación con criaturas que la mayoría consideraba inexistentes. En el fondo se sintió aceptado por alguien que ni siquiera conocía, pero eso no quitó que se acercara hasta ella.
–Hello…Young lady –Murmuró con una sonrisa, provocando que las criaturas se separaran, dando paso al rubio, que se acercó a la joven, la cual sonrió en seguida.
–Hello…–Respondió al instante, Arthur como buen caballero se inclinó un poco en reverencia.
–It's a pleasure nice to meeting you…–Habló de aquella forma galante, que sólo podían tener los caballeros. Mao tartamudeo un poco antes de corresponder nerviosa aquella reverencia.
–M-Mee too. It's a pleasure nice to meeting you…my gentleman. –El ingles sonrió amplio.
–Ahm. ¿Puedo saber como…llegaron hasta aquí?
–Con magia… –Ante esa mención, el inglés inevitablemente se acercó un poco más a la otra chica, sus ojos exigían caballerosamente saber más de aquello, lo que le incitó a la otra a seguir.- Well, yo traje un libro de magia…y, al principio nadie creía que podría hacer magia, pero, hice un hechizo y luego todo s volvió blanco y…aparecimos aquí…y … –Y asi siguió relatando lo sucedido, agregando emociones propias, mientras el inglés se sentía en la dicha, pues había encontrado al fin a alguien que probablemente pensaría de una forma idéntica a la de él. Hasta le invitó a tomar una taza de té después, mientras la otra seguía con su narración, fascinada, y siendo seguida de las criaturas.
–Todos se están yendo…–Murmuró una dulce voz mientras se mantenía quieta en un rincón, suspirando a cada momento, con un semblante ligeramente triste, pero ya casi acostumbrado a aquello, era Phar. –Quizás…deba ¿Seguir observando?
–¿Q-Que haces t-tan sola? –Escuchó de pronto , una voz parecida a la suya, pero más masculina, aun asi infantil. La chica miró solo un poco hacia arriba, pues el sujeto cercano a ella no era demasiado alto que digamos, pero en cuanto lo vió le fascinaron sus ojos azules.
–Y-Yo…. Ahm, bueno, estaba aquí, y ehh….–Buscaba una forma de poder explicarse- Yo, pues…no sé que hago aquí….em. ¿Hola? –Rió con nerviosismo, esos ojos que ahora a observaban eran tan…tan inocentes y lindos. ¡Los ojos más bellos que podría haber visto!
–H-Hola… Soy L-Letonia…–El chico se colocó a su lado y se sentó en el suelo, Phar le imitó rápidamente, viéndole por el rabillo del ojo, sonriendo un poco. – ¿Estás acostumbrada a ser un observador? –Preguntó de la nada, la otra chica sólo asintió con la cabeza, pero sin responder, mientras Letonia, sin mirarle, sabia que habia afirmado su pregunta, haciéndole sonreír y volteándose hacia ella. –Ya somos dos… S-Siempre miro, c-casi nunca opino… a m-menos que me lo pidan. N-No es que me agrade tampoco.
Phar sonrió, y subió una pequeña mano a acariciarle la cabeza al otro pequeño, haciéndole sonrojar fuertemente.
–Eres lindo…–Pronunció de pronto, sin darse cuenta de sus palabras, el otro nuevamente se sonrojó, sin embargo se sintió bastante bien internamente, los demás bálticos jamás se lo decían, y si alguna vez alguien se lo habia dicho, no le produjo una sensación tan reconfortante como la de ahora. ¡Y eso que habían estado hablando por un par de minutos!
–Usted también es m-muy linda y a-agradable… –Susurró tímido, sonrojándose aun más cuando la otra correspondió su sonrisa y se dejó acomodar en el hombro del letón, que miró hacia otro lado, sonriendo nervioso pero sincero.
–¡Esto es divertido! Pero. ¿Por qué tanto alboroto? –Susurró una voz muy tierna, mientras se acariciaba el cabello con los dedos, y miraba una pequeña flor puesta en la mesa, memorizando todos sus detalles, para pintarla después.
–Es una flor linda….–Murmuró otra voz timida, dando una risilla. La chica de cabellos castaños y un rulito sobresaliendo la miró en seguida, y sonrió.
–¿Tú vienes con esas jovencitas? –Preguntó la chica.
–Si, son mis amigas… uhm…–La joven jugó con sus dedos y tomó asiento a su lado, en seguida la otra chica movió su silla para sentarse junto a ella, mirándola con curiosidad, sin respetar el espacio ajeno.
–¿Cómo te llamas? ¿Dónde vives? ¡Ah, tienes un cabello hermoso! ¿Puedo peinarlo? –Y antes de que Valentina lograse hacer o decir algo, la chica ya se habia puesto tras ella a acariciarle su largo cabello.
–¿Cómo se llama usted….primero? –Preguntó la más pequeña, avergonzada.
–Soy Taiwán, Puedes decirme Mei. ¡Oh, es tan liso tu cabello! –Comenzó a hacerle trenzas a su cabello, mientras Valentina se iba relajando cada vez más, al parecer la otra chica era muy buena haciendo amistades. Al menos ahora le agradaba, era tierna, y tenía una voz dulce, como de niña pequeña, aunque fuera un poco más alta que ella.
–Soy Valentina…Un gusto…vengo de em,, de muy lejos.
–No importa, no importa. ¡Tu voz es adorable! Haha –Rió divertida y le dejó unas trenzas hechas, sin sujetar por algún moño, volviendo a sentarse junto a ella, la oriental parecía bastante enérgica e hiperactiva pues miraba hacia todos lados, no de manera extremista pero se notaba en que siempre debía estar haciendo algo.
–¿Sabes, Valentina? Me agradas.
–Me conoció hace menos de cuatro minutos y contando.
–Son tus ojos…–El aspecto de la oriental de un momento a otro se volvió maduro, y la niña que Valentina parecía ver antes, ahora era toda una mujer frente a ella- Siempre que conozcas a alguien, míralo a los ojos, dicen bastante de la persona. Hacia donde los gira cuando responde, la dirección, si mira mucho, si no mira. Eres tímida , pero agradable….–Valentina sabía algo de aquello, pero jamás lo había puesto en práctica, claro que alguien como Taiwán debía saber de aquello. ¿No? La chica quiso saber más de aquel país, pero fue cortada en seguida por la otra. – ¿Quieres beber té ? –Preguntó, colocándole la flor en el cabello de Valentina, mientras ésta respondía con un suave 'si'. –Entonces vámonos de aquí…me aburro.. –Y asi simplemente la tomó de la muñeca y se la llevó.
Dos chicas ya veían como todo volvía a la normalidad, aunque cada vez comenzaban a ver menos gente en aquella sala, incluyendo países como su grupo de amigas.
–¿A dónde se fueron todas? –Preguntó una chica de tez trigueña, y cabello hasta los hombros, mas lentes.
–Ni idea... ¿Se supone que debemos buscar a alguien? –Miró hacia todos lados, y reconoció de inmediato a un chico de terno y cabellos cortos y azabaches. –Katty, ven conmigo…
–Si, Mike . –Ambas se dirigieron rápidamente hacia el japonés, que, sentado en su silla mira todo el espectáculo, actuando como si quisiera intervenir, pero sin saber realmente lo que debía hacer, y girando rápidamente su vista hacia ambas adolescentes que se acercaban hacia él a paso rápido.
–Ahh…¡Konnichiwaa! Etto… ¿Cómo es que entraron aqui? Ie, sumimasen….no quiero llenarlas de preguntas, demo…
–Ohayou… Atashi wa Mike
–Kimi wa Katty
–¡Yoroshiiku nee! –Pronunciaron ambas juntas, evitando reir al hacerlo, y dejando de paso a un japonés atónito de haber sido saludado en su propio idioma. Levantándose de inmediato, erguido e inclinándose hacia adelante, rápidamente.
–Ore wa Nihon desu. Yoroshiiku nee –Se apresuró a decir. Levantándose y mirándolas fijamente.
–¿Sabes? –Inició Mike con una sonrisa. – Yo he hecho cosplay de ti.
–¡¿Nani? –Trade, ambas chicas recordaron en donde se encontraban, y por un momento se les heló la sangre, de seguro el japonés comenzaría a hacer preguntas que, fácilmente podia contestarse, pero debían tomar en cuenta la reacción de su receptor. Sin embargo…– ¡Me emociona tanto escuchar eso! ¿Y cómo les fue? ¿Les sacaron muchas fotos? Ahh…..gomenasai…demasiadas preguntas, demo… Esto…es tan fascinante.
Ambas chicas sonrieron y siguieron contándoles todo acerca de cosplays y temas que a Japón le hacían interesarse cada vez más en ellas, al punto que de un momento a otro, japonés, Katty y Mike desaparecieron del salón, oyéndose algunas risas a lo lejos.
El lugar comenzaba a quedar cada vez más solitario, y tres jóvenes estaban en el centro, sentadas en el piso, molestándose unas a otras, las tres eran bastante diferentes físicamente, una morena de cabello corto castaño, la otra blanca de cabellos negros, y la otra blanca de cabello largo y ondulado. Mientras que parada junto a ellas estaba una chica más baja de cabello rubio, observándoles.
–Awwww…. Mira a Inglaterra, se ve tan adorable~
–Valeria…Inglaterra y Mao se largaron hace un rato. –Dijo Feño, mirando hacia otro lado.
–Lo decía por los minutos antes de que se fueran…
–Sonó como si lo dijeras refiriéndote a este preciso momento. –Le completó Natto.
–Ellas tienen razón –Espetó Yuu, riéndose bajito, aun levantada.
–¡Déjenme tranquila! Me equivoqué, nada más –Dijo, arreglándose elegantemente un mechón de cabello.
–Aish…Nadie se ve más genial con su cabello que yo. ¡Mírenme, Mírenme, Mírenme! –Dijo, pataleando como niña pequeña, una y otra vez.
–Ya. Bien. Te miro –Dijo Natto riéndose entre medio.
–Oh, mon cheri, deberían mirarme a mí~ –Comentó nuevamente Valeria.
A lo lejos, tres países las observaban y otro país alejado de esto miraba también hacia aquel círculos de amigas, acercándose hacia ellas. ¡Eran la viva imagen de ellos pero en versión mujer!
–Haber~. ¿Pero que pequeñas tenemos aqui? –Comentó con una voz totalmente provocativa, haciendo que las cuatro se voltearan lentamente hacia el rubio de ojos azules y ropas elegantes, que les miraba con una rosa en la mano y expresión poética
–Keseseses… ¿Alguien mencionó ''genial''? Por que lo único genial soy yo, y nadie más que yo, ni siquiera ustedes dos, ni esas chicas me ganarían por mi asombrosidad y…–El español pasó hacia adelante, saludando cordialmente, mientras con su mano puesta en el rostro del prusiano, lo tiraba hacia atrás, y asi poder hablar sin interrupciones.
–¿Qué tal pequeñas? Lindo día. ¿Eh? No habéis dado un buen susto. Pero . ¿Les parece si os presentáis? –Las cuatro presentes sonrieron, mientras un finlandés se iba a acercando lentamente hacia la chica, con una tierna sonrisa en los labios, pero manteniendo distancia, esperando a que éstas se presentaran primero.
–Mi nombre…–Se levantó, tomando aire, y luego levantando un brazo, en dirección hacia algún punto vacío, para darse más elegancia.- Valeria…–Sacó una rosa de quien-sabe-donde y la colocó sobre sus labios, provocando una risita baja en las otras tres, a lo que el prusiano, el español y el finlandés (que aun seguía a distancia) miraban aquello con una gotita en la cabeza, y con el mismo pensamiento.
–Otro Francia….
A Francia le brillaron los ojos. Pero en seguida se colocó a su lado y le susurró : –Debes cerrar un ojo mientras posas….
–Oh, cierto.. –Hizo casi a aquel comentario u opinión, y en seguida cerró un ojo. Las demás miraron hacia otro lado, aguantándose (y con razón) las enormes ganas de reírse que tenían. Los otros países solo sonrieron entre dientes.
–¡Yo soy la fabulosa Feño! Inigualable, incomparable, única, marca registrada,
Asombrosa y todo lo que no se pueden imaginar por que soy más asombrosa que todos ustedes, asi que la poca asombrosidad que se puedan imaginar no les alcanza para imaginar alguien como yo.
Los presentes no sabían cuantas veces habían escuchado la palabra ''asombrosa'' o algún derivado de ésta en una misma frase, y que saliera de otra persona que no fuera Prusia, el cuál estaba anonadado, claro, ninguno de los países se habia atrevido a llamarse ''asombroso'' asi mismo y todos los auto elogios que la otra se hacía. Se cruzó de brazos, como un nuevo desafío. Caminó hasta la chica pelinegra, a lo que ésta en seguida se levantaba y le hacía frente.
–¿Genial? Keseseses. Has de saber que nadie es más genial que…
–Yo…–Contestó en seguida la otra.
–¡Oye, te robaste…!
–Mi frase.
–Esto no es para nada genial, no lo es. Tú no eres…
–¡Genial! Sí, lo sé, suelen decírmelo. Por que además es cierto.
–¡El única asombroso aquí soy!
–¡Yo! –Los presentes ocultaban una fuerte carcajada al ver al prusiano colocarse de todos los colores existentes por el enojo que le estaba provocando aquella chica. El francés se codeaba con el español, ambos riéndose bajito, pero ya con un dolor de estómago por soportar semejante escena. ¿Dónde había una cámara cuando se le necesitaba?
De un momento a otros los dos egocéntricos comenzaron a pelearse, mientras el francés le decía como posar a Valeria, aunque por que no, aprovechando también, pervertido como era de manosear un poco.
–Y señorita… ¿Cuál es vuestro nombre? –Preguntó el español acercándose con su típica y amable sonrisa hacia una chica que se habia mantenido de observando toda esa cómica escena. La chica se giró un poco y contestó:
–Natto…
–Vaya…que extraños nombres. No importa. –EL español se encogió de hombros y la observó detenidamente. – ¿Te apetecería un churro? –Ofreció con otra sonrisa a la chica que no entendía esa confianza tan fácil que tenía el español al hablar con desconocidos, aunque si, eso lo hacia aun más agradable.
–Un…¿Churro? –El estómago de la chica rugió un momento. –Dame dame dame –Estiro una mano hacia él.
–Primero debes levantarte…–Dijo con una risa entre dientes, la otra miró alrededor dándose cuenta de que el francés y Valeria ya estaban casi saliendo del salón, riéndose de alguna estupidez, mientras que el prusiano y Feño se encontraban aun discutiendo pero más alejados de ellos, pues ahora comparaban quién tenía los ojos y cabellos más genial.
–Son tal para cuál –Pensó en su mente, antes de que el español terminara levantándola a ella. –Bien bien…dame churros.
–Sabía que aceptarías –El trigueño comenzó a caminar. – A todo esto. ¿Sabes bailar flamenco?. –El español pareció emocionarse ante su propia pregunta.
–Pues…he oído un poco, pero no lo he bailado y..
–¡¿No sabes bailarlo? ¡Já! Pues aquí estoy yo , te enseñaré.
–No, grac…–Pero antes de que alcanzara a hablar, el español ya se la llevaba tomada de la muñeca, llevándola quizás a donde, pese a las protestas de Natto.
–Ahora me quedé sola…–Murmuró Yuu, antes de que Finlandia la tomara por el brazo y le sonriera.
–Hola…¿Quieres venir conmigo?
–Emmm no estoy segura…
–¡Vamos! Tengo una mascota que de seguro te va a buscar
–¿Mascota? ¡Yay! Me apunto – Y en seguida salió corriendo hacia una dirección, tras Finlandia que le perseguía.
–¡No es por esa dirección! –Gritó el otro, antes de perderse.
–Y nuevamente…reinó la paz…–Dijo una voz, que ahora mismo se acodaba en la mesa sosteniendo su cabeza con las manos, observando aburrida la tranquilidad que habia ahora en el salón. A lo lejos vió como Grecia y Katsume dormían una siesta echados en el suelo, mientras varios gatitos les pockeaban el rostro con sus peludas patitas.
–¿Qué haces tan sola? –Preguntó una voz, que, aunque fuera gruesa, parecía intentar ser amable, lográndolo. La chica rubia y de ojos azules, posó su mirada en su emisor, encontrándose con un hombre que parecía tener los mismos rasgos físicos, refiriéndonos a cabellos y color de ojos, peor que su musculatura, porte, y severidad en los rasgos, representaba una madurez y años bien pulidos.
–¿Sola? Yo no me siento asi…–El hombre tomó asiento junto a ella.
–Pero no veo nadie más que tú aquí.
–Estás tú –El hombre alemán dio una breve risa.
–Además de yo…que acabo de llegar hace unos segundos. –La otra rodó los ojos y se rió.
–Entonces te consideras un nadie.
–No he dicho que no soy nadie, muy por el contrario. Si soy alguien, alguien importante…
–Alguien que fue tan importante en su tiempo y que además asesinó a tanta gente. Cierto, entonces si, quizás seas un alguien. –El alemán parecía no entender el objetivo de aquella extraña conversación, pero eso era lo que la hacia interesante.
–No logró entenderte. Ser alguien por matar gente, no me hizo ser un alguien.
–Peor en tu tiempo lo fuiste, fuiste egocéntrico, creíste que por estar en la cima podias tomar la vida de inocentes asi como asi. ¿No? Amarte a ti mismo, amar a tu ''raza'' y proponer que la raza blanca era la que debía liderar.
–¿Por qué me dices todas esas cosas? –Preguntó serio, peor internamente interesado en aquel tema.
–Porque estás presente, y por es algo que siempre he tenido en mente. –La rubia le miró un momento antes de sonreír. –Leer esa parte de tu historia me hace pensar en el narcicismo, todos hemos tenido algo de eso alguna vez en nuestras vidas. Pero tu época narcisista estuvo tan marcada, que me atrevo a decir eres una copia perfecto de ese cuadro.
–¿Entonces fui un narcicista?
–Si, pero te destruiste tú solo después. Todo mundo lo hace, están lo alto, piensan que jamás caerán, pero caen en cualquier momento, y cuando menos se dan cuenta, estan en el suelo, y vuelven a estar solos. –La chica parecía relatar exactamente todo lo que el alemán había pasado, pero. ¿Cómo lo sabia? Bueno, si uno lo pensaba detenidamente, y desde un punto de vista filosófico, podría darse cuenta. De hecho, esos pensamientos siempre habían estado en su mnte pero jamás se los habia dicho a nadie. –Y eso…te encerró en una realidad…en realidad fueron dos, pasaste por lo alto y caíste a lo más bajo. ¿Qué se siente cambiar de entorno tan rápido?
–Lo mismo que cuando quien creías era tu mejor amigo, te abofetea de la nada. ¿Por qué? Creías que jamás sucedería, pero no, y ahí tienes una marca en tu mejilla que te revive aquel brusco cambio. Quedas desconcertado y desorientado, y temes dar cualquier paso por temor a revivir la misma caída. Es la realidad de muchos, pero solo caerte hace que aprendas, y aprender da felicidad, pues la felicidad lleva consigo la experiencia. A veces no es buena, pero de algo te servirá a medida que vayas viviendo.
Ambos se miraron, y siguieron conversando, levantándose de a poco para ir a platicar en las afueras de aquella mansión, con más tranquilidad y al aire libre.
–Mi… estómago…ruge…–Se quejó a lo bajo una chica de tez algo blanca y pelo negro y liso, mirando de repente a Alfreda, que estaba a su lado, también tomandose el estómago. –Alfreda…
–¿Mh?
–¿Tienes comida? –Preguntó bajito, a lo que la otra negó varias veces.
–Quizás…si buscamos al estadounidense logremos obtener comida, además Alfred siempre tiene.
La otra negó.
–Mira…iré a buscar comida por mi cuenta, y ya veo a muy pocas de nuestro grupo aquí. Así que…–De repente un dulce aroma pasó cerca de sus narices, al tiempo que Alfreda iba hacia otro lugar, también siguiendo un aroma conocido para ella.
La chica al final logró instalarse tras una mesa, del otro lado estaba el chino suspirando un poco, mientras frente a él había una pequeña canasta con comida. Tsuki desde el otro lado de la mesa alargó una mano hasta la canasta y sacó lo que parecía ser un dumpling, llevándoselo a la boca, y comiendo, y repitiendo el proceso como tres veces o cuatro más. Yao, aburrido decidió sacar un dumpling, pero al palpar la canasta se dio cuenta de que ya no quedaba ninguno.
–¡Aiyaaa! –Se levantó y buscó sus dulces, hasta que escuchó que bajo la mesa un sonido de comida de oía, lentamente se agachó y vió a una chica pequeña en posición fetal, asemejándose a una bolita, mientras comia de lo más feliz sus dumplings. – ¡Así que eras tú aru! –La otra pareció alterarse y en seguida se levantó, golpeándose con la mesa, y mirando al chino después, sobándose.
–S-Si…–Se quedó maravillada al ver al chino. – Es tan….tan…–SI, cumplia todos sus requisitos de belleza, peor el otro la despertó de su trance.
–Si querías dumplings…solo debías pedírmelos aru. Aunque..nadie nunca acepta mis dulces aru –Parecía triste por eso, pero en seguida la chica se acercó a él y revisó si en sus bolsillo tenía comida.
–Quiero más comida. ¿Tienes?
–¡Claro aru! –La tomó de la mano, ayudándole a levantarse.
–¿Y té verde tienes? –El otro asintió rápidamente, y en seguida la joven se colgó de su brazos , para después abrazarle por la cintura. –Ah…huele a té verde~ –El chino parecía desconcertado, pero bien que pasados sus segundos la chica le pareció una pequeña hermanita, despertando su lado fraternal, acariciándole el cabello mientras se la llevaba de ahí.
–¡Hey! ¡Devuélveme mi hamburguesa!
–¡Nofdgfg! –Alfreda tenia la boca llena de comida, por lo tanto no podía siquiera responder bien, aun asi, entre sus brazos, y acunándolas como bebes llevaba un sinfín de hamburguesas pertenecientes al estadounidense que ahora corría tras de ella con el fin de recuperarlas. –Además… ¡Eran gratis!
–No eran gratis.. ¡Me las robaste! –El rubio ya se estaba cansando de correr tras la chica.
–Con mayor razón. Hhahahahahahha –Se rio idéntico al ruio, y este se enojo, pero seguía persiguiéndola con las mejillas infladas, dándose fuerzas para lograr alcanzarla, sin darse cuenta que la chica comenzaba a correr hacia las escaleras, el peor enemigo de Alfred, sin embargo logro atraparla tiempo después, pues la chica también se canso y se sento en la escalera a comer una hamburguesa de lo mas entretenida.
–Podria yo haberte invitado a una hamburguesa.
–No me la habrias comprado, por que no eran gratis, y gastarías el doble…
–Cierto…. HAHAHHA But, no importa, me las robas…–La otra no le dejo terminar y coloco una hamburguesa en la boca del chico, provocando que este se atragantara y estuviera un buen rato golpeándose el pecho.
–Y por eso es que la pasta hace bien y rejuvenece y hace que seas amable como yo y…Por eso es que como pasta a todas horas. Ve~. –Un italiano inspirado hablando hacia un punto vacio, con sus ojos cerrados mientras Konny se comía la pasta del italiano, casi sin darse cuenta por lo deliciosa que estaba, y asintiendo, para luego tomar otro fideo y sorberlo una y otra vez, hasta terminar y seguir con el otro.
–Pero Alemania dice que no debo comer tanto que es malo para la salud y…–Konny ya estaba en el segundo plato de pasta, comiendo las ricas albóndigas y llenándose la boca de comida, tanto que ya parecía una ardilla con bellotas en los mofletes.
–Pero eso no significa que dejaré de comer, la pasta es buena para la salud y…–La chica terminando el tercer plato, se limpio con una servilleta, y siguió observándole.
–Por eso jamás dejes de comer pasta, ve~ –El italiano ensartó el tenedor en la comida, abriendo sus ojos al escuchar que el tenedor chocaba contra el plato y no en su pasta. Se sorprendió y miró a la chica, con una gotita en la sien.
–La pasta era muy deliciosa….ella tuvo la culpa de que me la comiera…–Se excusó Konny mirando hacia todos lados. –¿Tienes más pasta?
–¡Claro! Acompáñame y haremos un gran plato de pasta –La otra sonrió y se relamió los labios, siguiéndole.
–¡Ahhhhhh! No me golpees. Agh... tu niña. ¡Quitame a esta chica de encima! –Cuba tenia sobre si a una cica de cabello ondulado , corto y de tez blanca, que lo golpeaba una y otra vez, a la vista del canadiense que estaba sorprendido y de su amiga Francisca que se reía con fuerza.
–¡Esto es por golpear a Canada! ¡Y por confundirlo con Estados Unidos! –La chica le jalaba el cabello una y otra vez y le picaba el estómago. Aun asi, tanto Cuba como Canada se sorprendieron de que la chica supiera quien era, y que además le estuviera defendiendo.
–Ya, déjalo. Aunque por mi sigue golpeándolo es divertido cuando se queja. Jajajaaj –Se burlaba Francisca, tomándose el estómago y riendo a carcajada limpia .
–Y-Yo…no puedo explicarme esto…–Hasta su oso no le respondió, pendiente de la pelea frente a ellos en donde el cubano tenia todas las de perder. – ¿P-Podrias…dejar de golpearlo…? Parece sufrir…
Almira dejó en seguida lo que estaba haciendo, no sin antes darle un puntapié al cubano que en cuanto dejaron de golpearlo, fue atendido por Francisca que seguía riéndose a lo bajo.
–Tu…debes aprender a defenderte –Le dijo Almira al canadiense , ya estando frente a él–Yo misma te daré clases de defensa propia contra ese cubano. ¿Entendido?
–Oui….–Respondió suavemente el chico, sintiéndose enormemente feliz de que alguien le defendiera y reconociera.
–Entonces…ahora, llévame a tu casa y dame miel de maple, tengo un hambre enorme –Dijo, a lo que el otro se sorprendió, pero como era, terminó asintiendo brevemente, antes de decirle que la siguiera, preguntándole si quería comer algún dulce en el camino o algo.
–Eres un idiota…te lo merecías de todas formas…–Le regañó Francisca al cubano que estaba hecho bolita por que esa chica lo habia golpeado.
–No vuelvo a golpear a Canada, No vuelvo a golpear a Canada, no vuelvo a golpear a Canada…–La chica suspiro.
–Parece que te perdimos, Cubita.
–Che…¿A dónde carajos se fueron todos? ¡Tenía una interesante propuesta!
–¿Quitarle las Malvinas a Inglaterra?
–Exact..¿Quien ha dicho eso? –El argentino miro hacia todos lados, antes de toparse con la chica frente a él, que mantenía una sonrisa en los labios, algo burlesca al parecer.
–Yo lo dije.
–¿Y quien sos vos?
–Sou…
–Ah ya veo…A todo esto. ¿Dónde está ese Anglocejón?
–Fuera de tu alcance, ya se fue –El argentino maldijo a lo bajo y se sentó a refunfuñar , con los brazos cruzados. La joven rápidamente tomo asiento a su lado.
–Ya sé…iré a molestar a Chile un rato. –El argentino se paró, y con un extraño brillo en los ojos pareció reanimarse por esa idea.
–Ya se fue.
–¿A dónde se ha ido?
–Con Flippy…
–¿Sabes hacia donde? ¡Dimelo! –El rubio comenzó a zamarrear a la chica, mientras cascadas caían de sus ojos, si no estaba el chileno para molestarlo su animo bajaba drásticamente.
–¡Te llevo, te llevo, pero sueltame!
–Así me gusta… –El chico la solto y en seguida comenzó a caminar, con una sonrisa enorme en los labios, haciéndose preguntar a Sou si el otro era bipolar, pero siguiéndolo aun asi.
Y asi la sala quedó totalmente vacía, a excepción de Cuba que era curado por Francisca, y un Grecia y Katsume que seguían durmiendo de lo más bien en el suelo.
Cada país se llevó a una chica, ignorando que quizás ellas pasarían a ser algo bastante importante en sus vidas.
O.O.O.O.O.O
Emmmm, ya. Costó demasiado hacer este capitulo. Emmm, me duele un poco la cabeza, aghhh. En fin, espero lo hayan disfrutado y si comentan sabre que el esfuerzo valio la pena. Eso seria todo.
