Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su papi Hidekaz Himaruya, y las chicas….las chicas les pertenecen a sus mamis(?)
Setting: Canon/ AU
Aclaraciones: Muchas veces se nombraran a las chicas como su país o nacionalidad, o como su apodo, asi que para que no se pierdan, aquí va la lista de las chicas y el país que representan.
Inglaterra/ Mao
Rusia/ Hiro
Alemania / Angela
Prusia / Feño
España/ Natto
Finlandia /Hizumi
Francia / Valeria
Japón / Mike
Cuba / Fran o Francisca
Canada / Almira
Taiwán / Valentina
Letonia / Pharkar o Phar
Chile / Flippy
Grecia / Shizuka
Italia / Konny
China / Tsuki
NyoJapón / Katherine o Kathy
Corea / Kira
Hungría / Naomi
Argentina/ Sou
OoOoOoO
–Cuídate de no salir ésta noche, Xïâo Yuèqiú –Le habia dicho el chino, mirando con el ceño fruncido hacia el exterior. Su boca portaba un mohín de disgusto, casi de preocupación, intentando encubrirlo con ese rostro de seriedad. Tsuki O Yuèqiú le conocía de todas formas y sólo asintió a lo dicho. Yao le miró una vez más, e intentó sonreír.
–¿Mañana irás a esa reunión? ¿Con tu grupo?
–Shì de…–Respondió, sin saber que más responder.
–Cierto, nosotros estaremos en la sala aledaña…la verdad, detesto las reuniones, lo único divertido es..
–¿Iván? –Se ''adelantó'' la chica. Yao enrojeció de inmediato, pero no lo negó en ningún momento, y le miró con una sonrisa . Tsuki pudo traducir el código de aquella sonrisa y no necesito más para albergar una pequeña alegría ajena en su corazón. El chino besó su frente luego, y apagó la luz de su cuarto.
¿Qué hora será…? No puedo conciliar el sueño…todo está oscuro, Yao duerme, lo sé. No hace ruido, pero le conozco, parecemos estar conectados…Aun con eso, no puedo cerrar los ojos y abrirlos a un nuevo día…Quizás si recuerdo…
''Ella en medio de una sala de clases, las siluetas desfiguradas de sus compañeros, le miraban todos, una sonrisa torcida, voces, insultos, sus ojos rojos, le apuntaban, y la profesora le fulminaba con la mirada…la escena se ennegreció y vio uno de los recuerdos que más le marcó.
–¡Quítate! –Gritó uno de sus compañeros y la lanzó al suelo, de ese enorme resbalín, no cayó de frente, si no de costado, por el mango en donde los pequeños se sujetaban para lanzarse. Vio todo a una lentitud horrible, cayó, nadie le atrapó, se golpeó la cabeza y quedó aturdida en el suelo, sus compañeros le regañaron y se pusieron tras la parvularia que lo único que hizo fue arrodillarse a su lado, mirándole con desprecio.
–Por tu culpa no vendremos más a éste lugar…niña tonta…–Se levantó y partió con sus demás coetáneos, Yuèqiú quedó tirada en el suelo, unos varios minutos, antes de levantarse y volver…todo se oscureció, las escenas se repetían, las caídas, el llanto, y al final, todo desapareció, y fingió olvidarlo, como siempre lo hacía, para seguir sonriendo…o más bien, para hacer sonreír.''
Tuc tuc tuc
Tsuki abrió los ojos, un extraño sonido le alertó del exterior, y como un resorte se levantó. Sabía que si volvía a la cama, comenzaría a recordar. Era probable que luego de ver de donde provenía el ruido, fuese a acostarse junto a Yao. El ruido se hizo más fuerte, y Tsuki decidió calzarse las sandalias y salir hacia afuera, abriendo la puerta silenciosamente e impregnándose de la oscuridad, cerró la puerta tras de sí; tenia miedo, ni siquiera sabia por que habia venido hasta ahí, si Yao le ordenó no salir. No escuchó nada más, hasta que sintió una respiración tras de ella, volteó…lentamente y…
–¡Un jiangshi! –Gritó presa del miedo, Yao se levantó de un salto, buscándola.
Yuèqiú dio varios pasos hacia atrás, el vampiro o fantasma le miraba, la iba a matar, estaba atento a sus latidos a la respiración de la chica, pues era ciego, pero un asesino igual. Tsuki cortó su respiración, e intentó no moverse, al final no aguantó lo suficiente, y el Jiangshi dando un salto se acercó hasta ella, cara a cara…sentir su moribundo aliento…náuseas, asco, miedo, terror, furia. Yao salió de la casa y la localizó en seguida, estuvo a punto de alejar al espectro de ella, si no fuera por que aquel fantasma fue lanzado lejos de ella, y la misma ahora se abalanzaba sobre él, enterraba sus uñas en él, las uñas con la fuerza pasaron a ser como cuchillas, y le desfiguró la cara, pedazos de carne ya muerto, el grito del espectro,el grito de ella, traspasando la noche como una daga, intentando contaminarle con aquel hongo propio de los jiangshi, estaba inmovilizado, la chica sobre él se había descontrolado; terminó desvaneciéndose en el aire, en busca de otra víctima, pero ella…
–¡Contrólate! –Gritó Yao y la tomó por los hombros, la zamarreó un poco, y luego la abrazó, con fuerza, besó su frente, sus mejillas, un breve beso en los labios (uno casto, de hermanos) y la llevó en brazos, ella…paralizada, los ojos abiertos, y la respiración agitada y cortándose…y luego, todo oscuro.
-.-.-.-.-.-.-.-
Phar estaba observando el exterior, la ventana, a veces se veía ella misma en el reflejo de ésta y debía concentrarse para lograr ver el exterior y no su rostro. No soportaba tener que verse así misma. Deseaba encerrarse, con una gemela, un ser exactamente como ella, y masacrarla, gritarle, abofetearla, a sabiendas que sólo era ella misma.
Paso una mano por su corto cabello y se abrazó las piernas a su pecho, mirando hacia abajo, siguiendo la forma de los cuadros.
Primero un triángulo…luego un cuadrado y triángulo…luego un cuadrado…
Frunció el ceño, al ver una mancha, o una trizadura en la cerámica que quitaba absolutamente toda la continuidad de aquellas baldosas en el suelo; volvió la vista al frente y frunció el entrecejo. Subió su dedo índice y delineó su rostro en el reflejo, marcando su propio contorno. Todo se volvió oscuro para ella, y vio a través del cristal a un ser, idéntico a él. ¡Era ella! ¡Maldición!
Se levantó y pegó el rostro a la ventana, observándose asi misma ahí, dibujando como solía hacerlo desde siempre. La verdadera Phar se quedó estática observando a través de la ventana, la ventana era la única pared que le impedía llegar a un recuerdo hecho montaje sobre sus cosas. Quería romper aquel vidrio en mil y un pedazos, destrozarlo, correr hasta la chica que era antes, hace unos años, abrazarle, cubrirle los oídos para que no tuviera que escuchar lo que venía a continuación.
–¡No la escuches! –Gritó, sentía que su garganta se contraía luego de aquel grito, y ahora dolía, como si hubiese gritado un día entero.
La chica pareció escuchar y volteó hacia todos lados, pero era solo un recuerdo, no podia ver a la Phar del futuro frente a ella, y siguió dibujando, ignorando que esa ''amiga'' tras de ella, se acercaba lentamente, irando el suelo, sin saber si decírselo o no.
Phar golpeó con fuerza la ventana, con los puños, hasta que sintió los nudillos arder, y luego la ventana: sangre…su sangre. Quedó paralizadas unos instantes , antes de reponerse y seguir golpeando aquel vidrio que parecía no querer romperse, ni trisarse.
–¡No la escuches! –Cayó de rodillas, y observó la escena. Ojos desmesuradamente abiertos, la quijada se apretaba aun más. Ese recuerdo. La pequeña del otro lado del ventanal, dejó de dibujar y puso atención a su amiga, la cual, luego de pensar mucho, le dijo aquello.
–Eres extraña…–Phar, logró leer los labios de aquella chica, y luego observó el rostro de la otra, éste mantuvo su sonrisa, y asintió , antes de voltearse y seguir –o intentar seguir–dibujando. Sin embargo, el lápiz con el cual dibujaba antes, estaba quieto, en posición de dibujar, pero sin trazar nada. Su puño apretaba aquel lápiz, y quiso llorar. SU cabeza hecha un revoltijo de pensamientos contradictorios, el odio, la impotencia, la furia, el odio otra vez, y una nueva puerta se abría, la confusión, el cinismo, el sadismo. Extrañas figuras siendo apuñaladas, torturadas aparecían y desaparecían por su mente sombras, sangre, paredes salpicadas. Parecía ser un hermosos escenario…a esa edad, a esa corta edad.
Phar se cubrió el rostro, viendo a esa pequeña destruirse mentalmente, como había quedado luego de aquello, la mente desfigurada, dañada , rasgada. El recuerdo reflejado en aquel ventanal se desvaneció, dejándole un horrible sabor en la boca . El amargo sabor de los malos recuerdos…Se levantó apenas, y volvió a la realidad, se acercó a una pared, la observó.
–Se vería linda bañada de sangre…–Dijo, y luego se dirigió a la mesa, en un impulso tiró al suelo el mantel, llevándose éste consigo todos los platos y servicios, luego rompió los demás, los azotó contra la pared, imaginando que eran cabezas, que eran cuerpos. Oyó al letón gritar su nombre y abrazarle por la espalda, para luego escuchar un ''Señor, Rusia'' Desesperado. Lituania corrió en su lugar hasta ellos, y tomó a Phar por las muñecas, ella gritaba, se desesperaba.
–¡¿Y el señor Rusia?! –Gritó Letonia, con el ceño fruncido y manteniendo sujeta a Phar.
–¡T-Tampoco puede venir! ¡La señorita Hiro está en una situación parecida! ¡El señor Iván la está reteniendo…c-creo que l-logró calmarla! –En esa casa, también se oían otros gritos, pero al mismo tiempo que Phar, se apagaron.
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A veces se preguntaba para que servían los espejos.
–Ah, para observarse…–Susurró, estiraba en su nueva cama, mientras observaba el techo de manera pensativa. Se quitó un cabello que había caído en su frente; quiso sentarse en la cama, pero prefirió estar en esa posición; cerró sus ojos un momento.
–Me gustan los espejos…desde el punto de vista general, para verte a ti misma…pero no a otros, no cuando el espejo estaba embarrado por vapor.
Al final, sin controlar sus propios movimientos, movió las piernas hacia arriba, y las bajó, con el impulso se sentó en la cama y miró al frente. Ahí descansaba un espejo de cuerpo entero, parecía estar llamándole, o ya estaba demasiado loca, no sabía, más bien. No sabia cual era la peor y la mejor a la vez. No sabría nunca, tampoco le interesaba, o más bien no se sentía atraída por descubrirlo.
–Hiro, Hiro…–Se dijo así misma, y al final dejó caer la planta de sus pies descalzos en el frío suelo de madera, en segundos estaba frente al espejo, se miró en el reflejo, de pies a cabeza, pero después ya no pudo verse más. El espejo parecía llenarse de vapor, con la palma de su mano quiso limpiar una parte, en vano, pues el vapor no desapareció, parecía haber sido enjabonado y jamás lavado. Apretó los dientes, y su entrecejo se arrugó.
Miró hacia atrás, a su costado. Habían miles de espejos en su alrededor, en todos los espejos no había reflejos, imágenes borrosas, confusas, sabia quienes eran, peor no podía verlas, no tan nítidamente, sólo quedaba el último recurso : imaginar como sería, como sería verlas en su totalidad, sin ningún resquicio que nublara su visión, poder ver los hundimientos de sus sonrisas, sus ojos. ¿Le verían de frente? O relojearían los ojos, demostrando cinismo. Deseaba poder verlas, y saber en seguida si era lo que pensaba que eran, pero siempre lo mismo, frente a un espejo que poco y nada mostraba, que le hacía imaginar el ser reflejado, inventarle una personalidad, idealizarla, moldearle una personalidad, un cuerpo, una mente con sus propias manos, y luego creerse el cuento de que en verdad eran así.
Todo esto cambiaba cuando el espejo se esclarecía…nunca tuvo oportunidad, el espejo era lavado, veía a esos seres por unos cuantos segundos, antes de romperse…otro espejo roto a su arsenal…sus espejos…sus maniquís, todas eran idealizaciones suyas…en realidad no deseaba ver más allá de. Deseaba encontrar un espejo que sucio o no sucio, el rostro fuera predecible, el cuerpo y la mente, que todo pudiese adivinarlo y fuera correcto, y asi no tener que hacer trabajar a su cabeza, para darle forma al nuevo ser.
–¡Detesto ésto! Ser el pintor de mis cuadros, pero no el dueño. ¡Odio que mis cuadros….! ¡Odio que los espejos ya tengan una forma definida! ¿Por qué no puedo verlas? Me ahorraría…tanto…¡Mierda! –Gritó, y lanzó un jarrón, que apareció de súbito en su mano, hacia el espejo, rompiéndolo en mil pedazos. – Un espejo menos…no vale la pena, ese tampoco….y…ese…¡HAY MILLONES DE ESPEJOS! –Gritó, y lanzó patadas, puñetazos, se manchaba de sangre las manos…al fin los espejos, rotos o no, se llevaban parte importante de ella, y la debilitaban.
–¡¿Qué importa si sigo asi?! AL menos algún día…entre estos millones de espejos, encontraré uno…uno limpio….uno al cual cuide…uno al que…–Abrió los ojos y gritó una vez más, sus gritos parecieron alterar el material de los espejos, y todos fueron rompiéndose uno por uno. Vidrios aquí…allá…incrustados en su piel, en heridas imaginarias, se dañaba mentalmente, dolia, se abrían, ardían, pero no existían.
–¡Pequeña! –Gritó Iván, y la abrazó por el cuello, cubriendo sus ojos, Hiro gritaba , más y más fuerte, pateaba a seres invisibles, estaba enloqueciendo, quería odiar y no podia, guardaba, se guardaba, se rompia, se se sanaba, se heria, volvia a sanar y de nuevo las heridas estaban al aire, ardiéndole. Ivan sabia lo que era, y besó su frente, aun frente a las protestas de la otra, le abrazó, ella lanzó un alarido, que contenía todo lo albergado…y se desplomó en sus brazos.
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–¿No vendrás conmigo? –Preguntó un canadiense, observando a la chica que estaba sentada en un sillón, observando las ilustraciones de un libro. Ella negó, sin despegar sus ojos de la lectura, pero sonriendo como si en realidad estuviese viendo el rostro de Matthew y no el de las letras. El canadiense sonrió, y luego de despedirse, se escuchó la puerta cerrarse.
No se cuanto he pasado en éste lugar, creo que ya van unas dos horas desde que Matthew se marchó. He leído el mismo párrafo…o más bien, me toma unos treinta minutos leer cada párrafo, claro, leerlos y entenderlos, hasta quedar de nuevo pegada en alguna frase sin importancia, porque mi mente anda distraída hoy.
Debería pensar, distraerme un poco, es mejor eso a que mi sentido se distorsione, y comience a dispararme imágenes que disfrutaré, pero de nada me servirán para sentirme bien conmigo misma. Ah, los recuerdos, las personas, la maldad, el bien. El mundo y sus contradicciones, acciones contraproducentes, refranes reconocidos que al mismo tiempo se pelean unos a otros. ¿A qué podemos creerle?
A las personas está claro que no. Muchas veces observo, desde mi posición, ajena a esa burbuja que cubre a todos esos seres, a esa ''enfermedad'' , y miró todo, analizo, hago mis hipótesis, y luego las comparto con seres que, supongo yo, no estarán dentro de esa burbuja que a cualquier enferma.
¿Por qué la gente se esmera tanto en hacer el mal y no el bien? Obras de caridad toman años , o meses para planearse, poner el dinero, organizar. Un plan maligno demora tan solo minutos en la cabeza, incluyendo los pro y los contra. Beneficios y desventajas, secuelas, consecuencias, posibles causas, tanto a gastar, que vas a utilizar. Cuesta tan poco lograr algo para hacer el mal a otro ser como tú. ¿Pero que hay del bien?
Al final, todos somos partícipes de cosas malignas, aunque lo neguemos. Todos hemos sentid rencor, todos hemos tejido cosas malas, telarañas, para hacer caer a nuestros enemigos, a los que nos hacen mal, aun si el plan no llegase a ver la luz, pero ya está en nuestra cabeza.
Supongo que todo es a causa que yo pase por algo asi.
Primero la felicidad, luego la tristeza, luego el rencor, y después la depresión. ¡¿Cómo ellos pueden causar tanto daño?! ¡¿Cómo lo logró esa maldita?!
Almira se levantó del sillón y miró la pared blanca, aun podía ver a esa chica que alguna vez habia formado parte de su vida, y ahora la formaba, pero en la lista negra de recuerdos. Apretó los dientes y lanzó el libro en dirección a la chica que, parada como fantasma frente a ella, le miraba, con una sonrisa socarrona en los labios, airándose más Almira.
–¡Puedes largarte de una puta vez! –Gritó, con fuerza, pero esa chica avanzó hasta ella, Almira tembló como nunca. –¡No te tengo miedo! –Le gritó, sin embargo su cuerpo la delataba de todas formas, y ya no podía confiarse de él. Tendría que dejar a su mente y odio hablar por ella.
El espectro avanzó hasta ella y comenzó a traspasarla varias veces, susurrando, riéndose de ella, humillándola.
Almira cayó de rodillas y cerró los ojos con fuerza, derramándose sus cuantas lágrimas, al abrirlos vería el rostro de la chica a centímetros del suyo, ella se reía, y hacía llorar a la otra, se estaba acercando…cada vez más… Almira abrió los ojos, ahora le dolían y su cabeza, todo daba vueltas.
–¡Vete de aquí! ¡YA LARGATE! –Su garganta se desgarraba, le dolía, pero…necesitaba que aquel fantasma del pasado se fuera. No podía hacer nada, ya estaba atrás, solo podía rememorar y destruirse con eso.
Matthew sintió los gritos desde las afueras de su hogar, y trémulo, y nervioso logró hundir la llave en la cerradura de la puerta, darle las vueltas correspondientes y entrar entre saltos hasta su hogar, buscando a su protegida. Dobló la pared, y le encontró a los pies del suelo, una mejillas rasguñada de la cual brotaba sangre y sus ojos entrecerrados y apagados, miles de lágrimas cayendo y volviendo líquida la sangre densa que caía igualmente por su mejilla.
El rubio la abrazó e intentó reanimarla, pero ella solo miraba al vacío, boca entreabierta, palabras que no llegaron a decirse, y luego el sueño, el deseado letargo antes de olvidar todo por las horas necesarias.
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La protegida del cubano miraba hacia un punto inespecífico y sus ojos se perdían allí. Tomo unos enorme audífonos –regalo de Cuba–y se los colocó en las orejas. Al menos así, y con la música no se sentía tan solitario, por que al menos había un ruido resonando en lo que ella se planteaba su nuevo y único mundo, construido según entelequia .
Miró la ventana, y se asomó por ésta, colocando primero las palmas en el marco de la ventana y luego acodándose en ella, mirando hacia todos lados, y saboreando la brisa marina que llegaba hasta su ventana, aun si viviera lejos de la costa, pero dentro de una ciudad costera, claro ésta. El aire era bastante limpio y desde su puesto podía observar las olas, la arena blanca esparcirse cada vez que las olas chocaban contra la arena convertida en barro y luego en arena gracias al imponente y cálido sol . Le agradaba estar así, y colocó una música que consideraba apropiada para un ambiente así, lejos de los…
¡Worf worf!
Escuchó eso, y sintió crisparse entera, mirando hacia abajo, a la planta de abajo, en donde un enorme perro tenía sus patas posadas sobre la pared y le ladraba a ella hacia arriba. Su mente se alejó entonces y sus ojos buscaban rehuir los ojos de aquel perro y de su imponente figura. Cada ladrido sonoro la llevaba más y más lejos y la música dejaba de hacer efecto entonces…estaba llegando, y el recuerdo se hizo frente a ella, espantándola.
Movió su mano para que el perro se alejara, pero éste mostró los dientes, y ella caminó hacia atrás, cayéndose al suelo, y quedándose ahí, cerró los ojos.
El perro se encontraba frente a ella, gritos, liquido carmín derramándose, los gruñidos ensordecedores de dos quiltros peleándose, uno queriendo atacar, el otro defender, ella sola, botada en el frío y sucio suelo de una calle, intentando reponerse como fuera de aquel enorme susto, pero en vez de dejarlo salir, se lo trago, y quedó marcada por éste. Un nuevo temor, otro trauma se depositaba en su cabeza y no saldría de ahí jamás.
Ella tendida en el suelo, arañándose la cabeza para sacarlo. Más recuerdos, y las llagas volvían a abrirse como aquella vez. Podía saborear, sentir aquel dolor propio como si lo reviviese una vez más, algo no andaba bien. Habia decidido jamás recordar aquello, y por alguna razón que jamás sabría éste había vuelto. Se quedó callada, o más bien, se quejó en silencio, no gritó, intento concentrarse…no lo logró.
Intentó producirse más dolor ella misma, para olvidar lo otro, pero unas manos firmes le sujetaron las suyas, y unos ojos pardos intentaron devolverla al mundo.
–¡Francisca! –Ésta la intentaba devolver al mundo real, antes de que ella terminase quedándose como huésped en ese otro mundo que al parecer la atormentaba. Le abrazó con fuerza y dejó que éste llorara en su hombro, desahogándose, y durmiéndose por el cansancio y el uso psicológico mayor al que soportaba.
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Las dos salas se iban llenando de gente, entre países, y en la otra, sus protegidas. En la primera comenzaron a disctirse ciertas cosas respecto a las chicas y la recibida que le habia dado cada uno.
E la otra sala, varias chicas observaban con curiosidad a tres chicas recién llegadas, las cuales recibían bastante bien.
Eran tres las recién llegadas: Shizuka, la protegida de Grecia, Naomi, la protegida de Hungría, e Hizumi, la nueva protegida de Finlandia. La mayoría, de hecho, todas las recibieron bastante bien y les preguntaron como es que habían llegado, la respuesta de las otras respondieron con una historia similar a la ocurrida con ellas.
Todo estaba en una gran tranquilidad y armonía, todas se encontraban allí, estaban hablando de lo más normal, hasta que un estruendo les hizo girar la cabeza hacia ellas.
Hiro había roto un espejo, luego saco otro, tamaño mediano y lo lanzó tras de ella, rompiéndose éste en mil pedazos, y comenzando a reírse. Phar se molestó por esto, no deseaba ruido, se levantó en seguida para regañarle o quizás golpearla y decirle que no hiciera eso, pero antes de lograr hacer algo, cayó al suelo, pues Francisca habia puesto un pie, haciéndole una zancadilla, Almira observaba todo con una extraña sonrisa. Las demás no entendieron el comportamiento de ellas.
Phar volvió a levantarse, decidida a decirle u obligar a Hiro que se detuviera o sino…
–¿Qué harás~? –Preguntó Tsuki, la cuál la tomó por la muñeca, y con un leve movimiento comenzaba a apretarla.
–¡Tsuki! ¡La estás dañando! –Gritó enojada Feño, que estaba dispuesta a alejar a Phar de la otra, pero Angela la detuvo, algo andaba mal.
–¿Qué crees que haré? Sacarle las manos para que deje de romper espejos…
–Oh~ , pero si ella no está molestando a nadie…–De un movimiento la tiró al suelo, y sacó una pequeña espada china, parecida a una daga, enterrándola cerca de su mejilla.
Ésta vez todas las demás se pusieron en alerta, a excepción de las otras. Phar sonrió y se levantó, mirándole con una cínica sonrisa.
–No importa cuantos espejos rompa…es mejor asi…–Comentó Hiro, rompiendo el último y tapándose el rostro con las manos. Tsuki miro a su amiga y luego a Phar, detectó movimiento tras de sí y lanzó la daga que pasó entre Natto y Feño, enterrámdose en una pared cercana, Phar les sonrió a las dos 'imprudentes'.
–No…se metan…–Dijo ella y miró de nuevo a Tsuki, levantándose, y mirándola, alejándose un tanto, y comenzando a reír estrepitosamente, Francisca y Almira sollozaron de pronto, Hiro y Tsuki gritaron bajito y luego alto.
Nadie entendía nada, ignoraban que las estaban intentando arrastrar hacia la locura…ignoraban tantas cosas…y sus pensamientos eran destruidos. ¿Qué podían hacer ahora?
Lo primero…mantenerse cuerda hasta el final, la locura es contagiosa.
OoOoOoO
Terminé. ¡Yay! –Se cubre de posibles insultos.- Uu. Uhm…¿Críticas(constructivas), Sugerencias, Tomatzos, Maldiciones de Jashin-sama, Maldiciones de Buda, no más pandas? DDDDD:
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