INFORMACIÓN NUTRIMENTAL:

Una advertencia: ¡contiene palabras obscenas! ...Sólo es una, pero aún así quedan advertidos por si no les gusta el lenguaje obsceno.

Cultura General:

El récord de velocidad de un ser humano es de 9.58 segundos en 100 metros. Yeeep, la mayoría ya sabe de quién se trata : Usain Bolt, de Jamaica. Este récord estaba previsto para romperse en 2035.

Bueno.

Enyoi.


Mientras él giraba lentamente sobre sí para asimilar la forma inmóvil de Bee, su mente recapituló una vez más al letal avispón que sabía que merodeaba debajo de la inocente fachada amarilla. Era difícil conciliar el arañado, dócil e inanimado automóvil ante él junto con el despiadado pero asombrosamente grácil defensor que hacía sólo unos días antes había partido la cara de un vesánico androide y arrancado la columna a un segundo. ¿Qué le dices a tu salvador? ¿Cómo te pruebas a tí mismo a alguien quien vendría corriendo a tus gritos de pánico y que asesinara por ti sin pensarlo dos veces?

"Entonces...¿Cómo estás?" No era la cosa más brillante que jamás hubiera salido de su boca.

Pero a Bee no parecía importarle el despreocupado saludo. Con un un ruido sordo apenas perceptible encendió su motor y se deslizó hacia enfrente hasta que su defensa frontal estaba a escasas seis pulgadas de las espinillas de Sam.

"¿Por el momento? Como un Camaro amarillo."

El sonido de la verdadera voz de Bee más que retazos de diálogos pre-grabados le levantó el ánimo. Un poco. El contacto con la Chispa Suprema hacía más de un año atrás le había sanado cualquiera que hubiera sido la avería que le había impedido al explorador hablar salvo con resuellos ásperos de cuando se conocieron por primera vez. Como todos los Autobots, la voz de Bee era sosegada, acompasada y masculina. Sam se había preguntado acerca de eso, al principio. Si todos los robots carecen de género ¿Cuándo adquirieron todas sus voces esa distintiva entonación masculina?

Pero para cuando Sam finalmente encontró la oportunidad de preguntarle a su guardián, la respuesta que recibió fue sencilla, sin embargo, para no alterar su inalterable percepción- para los humanos, las voces masculinas cargaban más poder, autoridad y, en última instancia, más credibilidad. La parte triste fue, que tuvo que reconocer que estaban en lo correcto. Si Optimus hubiera empezado a hablar con la voz de una mujer cuando se conocieron por primera vez, él tal vez no hubiera estado tan dispuesto a seguir sus órdenes como si fueran la palabra de Dios.

"Ja ja ja. Como si no hubiera escuchado esa antes." Observó nerviosamente a los otros silenciosos vehículos alojados próximamente. Mantuvo su voz baja, esperando no despertarlos como si estuvieran tratando de dormir. Recargar. Como sea.

"No hay necesidad de reticencia. Tu presencia no nos incomoda."

Sam brincó levemente a la repentina interjección de Ratchet, el Hummer de Búsqueda y Rescate estaba apiñado entre un Topkick negro y un camión Peterbilt. Su sombrío interior lo inquietaba un poco. Era como hablarle a un fantasma. (Y los fantasmas tenían la costumbre de regresar a la vida ¿verdad? Megatron estaba muerto muerto muerto y luego estaba vivo otra vez...)

Entonces se sonrojó débilmente, sintiéndose estúpido. Por supuesto que Ratchet iba a estar despierto. Sus meras pisadas eran lo suficientemente ruidosas como para alertar a los sensores auditivos del médico de su intrusión; había advertido que él estaba allí probablemente desde el momento en el que él había puesto un pie en el corredor.

"Eh...bien." Vaciló, tragando saliva pesadamente. "Supongo que yo sólo quería ver si ustedes estaban bien." Luego, bruscamente temiendo que una insinuación de debilidad podría malinterpretarse como un insulto, agregó "No es que no haya ninguna razón para que ustedes no estén bien— ustedes son asombrosos, después de todo, no hay motivo alguno por el cual no sean capaces de meterse con los Decepticons y terminar arriba—"

"Sam ¿Cuál es el problema?" Bee lo interrumpió sutilmente, desplazándose poquito hasta que Sam pudo sentir el cálido, vibrante metal presionando contra sus piernas.

¿Cuál era el problema?

Todo. Nada. Nadie había muerto, todos seguían en una sola pieza, pero habían estado tan cerca de un cataclismo-acaba-planetas que todavía podía sentir la bilis amarga de terror, un tártaro bostezante de desesperanza y desesperación abriéndose paso para engullirlo completo. Había habido tanta sangre, tanto dolor, tanto miedo y desesperación y siguecorriendosiguecorriendo que se había absorbido como una esponja y no quería irse

Tragó. Recio. "Nada. No hay problema, estoy bien, fresco como una lechuga."

"Sigo sin entender el propósito de aquella frase absurda." el Topkick negro, Inronhide, resopló, sus llantas chirriando atrás y adelante, "Tu temperatura corporal se ha mantenido en una constante de 98.623 grados Farenheit, indicando que ningún 'enfriamento' ha tomado lugar."

Sam dio una pequeña risita endeble. "No puedo creer que nadie te lo haya explicado aún, a estas alturas, con todo el tiempo que has pasado con nosotros humanos y toda la cosa. A lo que me refiero es que estoy—" (no hagas muecas, no hagas muecas) "-bien."

La sensación del parachoques de Bee contra su espinilla empezó a hormiguearle la piel. Tomó un minúsculo paso atrás, aliviado cuando el transformer encubierto no lo siguió.

"Entonces...¿Cómo han estado soportando? Aparte de las abolladuras obvias," Forzó a su voz a mantenerse constante, manteniendo sus ojos clavados en la media luna del volante que podía ver a través del parabrisas de Bumblebee, sin importar cuántas ansias tenían sus ojos de escurrirse y persistir en un cierto camión decorado con flamas ( -muerto muerto muerto, todo por salvarme, no corriendo ni siquiera de uno, sino de dos, tres, cuatro Decepticons a la vez, un desafiante "¡Acabaré con ustedes!" resonando como una trompeta, un grito de batalla mientras él iba al calvario-)

Tomó un respiro profundo. Lo mantuvo, revoloteando en su pecho. Escudriñó las paredes, el techo. "Siento mucho que los hayan dejado atascados aquí. No puedo decir que me guste lo que el decorador de interiores hizo con este lugar. De todas formas, al menos no tienen que aguantar marineros curiosos viéndote todo el tiempo."

"Nuestras lesiones fueron, en la gran mayoría, de poca gravedad, Sam. Ratchet nos ha reparado, y nuestros sistemas internos de auto-reparación están ocupándose del resto," Bee tranquilizó, ignorando su intento de tratar de guiarlo por otra vía.

Ratchet hizo recelosamente un sonido parecido a un resoplido, "Aún así, sería considerablemente mejor cuando finalmente arribemos a los cuarteles generales de NEST. Yo no poseo acceso a todos los materiales necesarios para completar las reparaciones en su totalidad, pero he logrado convencerlos para que instalen una rudimentaria área médica en la estación base. No es tan avanzada como yo hubiera preferido, no obstante, ciertamente servirá para hacer el trabajo."

Sintiendo un trasfondo de ansiedad en las palabras, Sam no puedo evitar echarle una mirada a la imponente figura de Optimus Prime con el aspecto de un trailer. Su estómago se dobló en nudos sobre sí mismo al pensamiento saturado de angustia de que él no había pronunciado palabra porque simplemente no podía hablar. No exactamente atreviéndose a preguntar abiertamente, y teniendo la esperanza que los otros Autobots no estuvieran asentados ahí, conversando con toda calma posible si su líder estuviera en inmediato peligro de morir una vez más, el otro Autobot deliberadamente no comprendió la tácita urgencia.

"¿Estamos en peligro de que Starscream llegue en picada y nos ande lanzando disparos al azar aún cuando no hay otro lugar a donde ir más que al fondo del océano?"

Aún mientras las palabras salieron a gorgotones de su garganta le dio pavor la respuesta.

"No," Ironhide resopló, "Screamer tal vez sea un bastardo aterrador en el campo de batalla, pero en general es un cobarde. Ni él ni tampoco Megatron se retiraron sin serias lesiones, de eso me aseguré. No tomarán el riesgo de un ataque al menos que sea infalible de que puedan ganar, e incluso con sólo dos de ellos estando moviéndose constantemente, la mitad de nosotros seguramente podríamos estar fuera de batalla y aún así ganaríamos."

"Oh. Entonces, bien."

"No tengas miedo, no tengas miedo," Bee cantaleó alegremente "¡Yo te cuidaré!"

El pesado y cargado parásito en su pecho empezó a retorcerse y contorsionarse.

"Te protegeremos a ti y a tu familia, Sam," Optimus Prime entonó firmemente, haciendo que Sam se estremeciera violentamente en algo parecido a una convulsión de cuerpo completo. No se había dado cuenta de que el poderoso Autobot estuviera siquiera consciente de su conversación. Pero junto con el shock sobrevino una profunda sensación de alivio. Músculos que no había notado que estuvieran tensos lentamente se relajaron. No conocía mucho sobre robo-anatomía, pero dio por sobreentendido que algunos principios básicos eran universales; hablar = consciente = no-estar-en-la-puerta-de-la-muerte.

La tonalidad de Optimus cambió, se tornó más delicado, llevando consigo una nota de promesa solemne que lucía inexplicablemente arrepentida. "Jamás tendrás que temer de los Decepticons otra vez."

Una abrumadora inundación de culpa lo remojó en una presa mental y lo hundió en una ola espumosa, imágenes de Optimus abalanzándose sobre una horda de Decepticons para salvar a su frágil humano oculto calcinó a través de su mente. Su estómago se agrió; luchó contra la tentación de vomitar. Consciente del colorido rubor que sus orejas habían conseguido, volteó a estudiar sus manos, reparando en el guante de vendajes cubriendo la quemadura que había adquirido cuando Jetfire había hecho ese rarísimo show de luces que los había botado en Egipto.

(-Muertos, todos muertos—tan valientes y leales y extraordinarios, y ahora todos ellos están muertos—)

Susurró débilmente "No son los Decepticons de los que estoy asustado."

Jamás vio a Bumblebee moverse, pasó tan rápido. Un momento había un carro ante él y al siguiente- en una ráfaga de piezas rotadoras que giraron hacia el exterior; deslizándose, golpeteando, reformándose- estaba mirando a un robot alienígena súper avanzado (demasiado avanzado para ser japonés). Habiéndose revertido a su forma normal, Bee se agazapó hasta que estuvieron cara a cara, chico con androide, un alien con otro.

"Sam," por primera vez en meses, la voz de Bee emergió forzada " no hay necesidad de estar asustado de nosotros. Nosotros jamás, jamás te haríamos daño."

Sam apartó su cabeza bruscamente del suelo, atónito por las palabras. Estupefacto de que su murmurado comentario hubiera sido interpretado en semejante modo, respondió sin pensar.

"Quizás no a propósito-"

Esta vez, fue Bumblebee quien se apartó de él. Y al escuchar el corto, afligido gemido que el Autobot amarillo concedió, su antena móvil allanándose a su casco, Sam en serio se sintió enfermo consigo mismo. Una gran mano se extendió, intentando alcanzarlo (un dedo reconfortante descansado en su hombro, su mano envuelta alrededor de su costado y su espalda descansando en el huequito cóncavo de su palma, contemplando las estrellas juntos- ¿Cuál de ellas es Cybertron?) pero igual se distanció lentamente antes de hacer contacto, dedos retrayéndose hacia adentro.

"¡No, espera! Eso no...eso no era a lo que me refería. ¡No estaba hablando de ustedes!"

"Y aún así tienes miedo de nosotros," Bee dijo en voz baja, su voz tan sólo un susurro de sonido. Su radio estaba muerta. Absolutamente muerta.

Sam quería negarlo. Necesitaba negarlo con la misma ardiente, abrasante compulsión que lo había guiado hasta aquella bodega en el hangar en primer lugar. Hasta incluso abrió su boca para hacer justamente eso. Pero por alguna razón su proclamación de su inquebrantable fe se distorsionó en la travesía desde su mente hasta su lengua y se convirtió en un "Mira, mi consciente y subconsciente están tan revueltos ahora mismo que ya ni sé a qué le tengo miedo ¿Bien?

"¡Oye, Sam!"

Por la segunda vez en esa mañana, se convulsionó como si lo hubieran electrocutado. Dándose media vuelta, se encontró con Mikaela parada en la entrada luciendo algo arrugada del rostro por haber estado dormida, estaba irritaba y completamente hermosa.

"Um. Hola, Mikaela." Sr. Cautivador.

"Todos te andan buscando, Sam. ¿Por qué no fuiste a desayunar?"

¿Ya era hora de desayunar? ¿Precisamente cuánto tiempo había gastado en deambular por los pasillos?

"Porque estaba aquí, obviamente."

Ella sólo puso los ojos en blanco y sonrió indulgentemente, avanzando despreocupadamente para agarrar a su novio mentalmente transtornado, sujetando su manga y tirando de él junto con ella, de vuelta a la puerta.

"Los veremos después en la reunión," exclamó a los Autobots, "Tengo que asegurarme de que mi distraído novio coma algo antes de que todo lo que quede sea grasa de tocino cuajada. Hasta luego."

Sam arqueó su cabeza atrás de sus hombros, su corazón estrujándose con mucho dolor al lúgubre presentimiento al ver la figura de Bumbleebee. "Sí. Como ella dijo. Adiós Bee," añadió suavemente.

La puerta se cerró, dejándolo fuera de su vista. Resistió el impulso de golpearse la cabeza en la puerta hasta que dejara una o dos abolladuras.

El comedor estaba abarrotado, pero no tan abarrotado como para que no pudieran encontrar dos asientos juntos. Por desgracia, acabaron en la misma mesa de Simmons y Galloway, el neurótico ex-agente del gobierno y el déspota y mezquino senador. Sam refunfuñó así como Mikaela se dirigió directamente hacia los dos perdedores, su bandeja la sujetaba como si fuera un ariete ante ella. Alcanzándola, juguetonamente chocó su cadera contra la suya y se inclinó para susurrarle en el oído.

"En serio 'Kaela. ¿Simmons? ¿Simmons? Vamos a buscar otro lugar."

"No HAY otro lugar, Sam," respondió ella en voz alta, suficientemente ruidosa como para que los dos adultos fracasados la escucharan, una pizca de alteración pintando su voz. Con un suspiro resignado, colocó su bandeja en la superficie de la mesa metálica y se sentó a un lado de su novia. (...'¡Sam! ¡Me escuchas! ¡Dije que te amo!'...)

"¡Ah, mira quién se ha dignado de venir a sentarse con nosotros, meros mortales!" Simmons observó con un acento burlón, "¡Es el chico resucitado y su ardiente novia!"

Sam le honró con una mirada de pocos amigos antes de tornar su atención en abrir su cartoncito de jugo de naranja. A él le gustaba el jugo de naranja. Cada mañana tomaba un poco, estaba acostumbrado a usar el jugo de naranja para pasarse una barrita de granola antes de salir como flecha a clases o a la casa de Miles. Le daba más energía que el café sin ese efecto secundario de andar como un loco todo feliz. Su mamá lo alentaba a tomarlo por todos aquellos artículos en revistas de salud que había leído sobre los beneficios de la vitamina C. Él le seguía la corriente y fingía ahogarse con él por el bien de su madre, cuando realmente él lo habría tomado de todas maneras, sin vitaminas o no. La hacía feliz y orgullosa de él, así que supuso que valía la pena seguirle el juego.

Pero cuando despegó la pestaña blanca del cartón, se congeló. El jugo de naranja, contradictorio a su nombre, no era exactamente naranja. Era amarillo. Amarillo como la armadura de Bumblebee. (-Ráfagas de energía explotando como bombas, más ensordecedores que fuegos artificiales, suficientemente ardientes para derretir metal, intrépido amarillo derritiéndose, derritiéndose, desprendiéndose en la arena-)

"Sam ¿Estás bien?"

Los dedos de Mikaela rozaron sobre su mano. Parpadeó, dándose cuenta que había estado mirando a su cartoncito de jugo por un largo tiempo. Lentamente, lo dobló para cerrarlo de nuevo y lo empujó lejos de él, recorriendo toda la superficie hasta el otro lado de la mesa. 'Estoy enloqueciendo.'

Alzó la vista para ver a Simmons mirarlo con una expresión cautelosa, pero cuando el ex-agente sintió su mirada fija volvió su atención para seguir mutilando un huevo en su plato.

"No te pongas todo crazy con nosotros, chico. Tú, ella y ese cabeza hueca de Lennox parecen ser los únicos en los que el grandote confía," notificó severamente, señalándolo con sumisión y un tenedor.

"Lo cual es absurdo, considerando que es un adolescente," Galloway le sermoneó testarudamente en respuesta.

"¡Oye! Tengo que informarte que tengo dieciocho. Puedo fumar y comprar una casa y todas esa cosas."

El político de rostro cetrino, asemejándose a no menos que a un marchito buitre nadando en una chaqueta estridente de los 80's no muy diferente a la suya, haciendo trizas su desayuno sin siquiera verlo. "Oh sí, claro. Porque ambas de esas cosas hacen a alguien tan maduro."

Simmons lo miró. "¿Sí viste esa cosa encogerse, verdad, chico-robot?"

Sam hizo una mueca al morder el tocino. En cualquier otro ocasión hubiera sabido bastante rico. Pero por alguna razón, sintió que estaba masticando algodón mojado. Completamente insaboro.

Preocupado de que el estar atrapado en medio de una batalla con extraterrestres de treinta pies de altura empeñados en desgarrarlo extremidad por extremidad y también para destruir su planeta podría causar algo de estrés psicológico, por eso, un burócrata sin rostro había ordenado que se llevara a cabo una sesión de terapia de una hora con un psiquiatra abordo, siendo ésto un requisito para cada miembro humano del equipo de sobrevivientes. Si ellos hubieran pensado que podían haber presionado a los Autobots para obedecerlos, ellos probablemente hubieran pedido que los androides extraterrestres pudieran hacer lo mismo (risita). Sam casi hubiera deseado enfrentarse al pequeño espia Decepticon demente de Frenzy otra vez para tratar de escaparse de ésta. Casi.

Cuando llegó su turno, entró a una oficina del tamaño de un armario con tanto temor como un hombre condenado presentándose al escuadrón de fusilamiento. Las paredes color verde hospital y unos viejos sofás atiborrados en el cuarto que despedían olor a humedad hicieron poco para tranquilizarlo. Tampoco la sonrisa plástica de una mujer de unos treinta y tantos detrás de un escritorio laminado.

Le preguntó su nombre. Él le dijo.

Le preguntó sobre su infancia. Él le dijo.

Le preguntó cómo conoció a los Autobots. Vacilando un poco, le dijo. Si en primer lugar ella estaba le estaba preguntando, entonces ya debía de tener autorización para oír todo el cuento.

Le preguntó cómo se estaba sintiendo. Se la quedó mirando. Luego se rió. Soltó una carcajada hueca y tajante.

¿Cómo podría decirle algo que ella jamás podría y nunca entendería, algo que ni siquiera ÉL entendía? ¿Cómo le podría decir que que odiaba el que le ordenaran 'descansar', porque su 'descanso' lo dejaba sin nada para entretener a su mente?, y estar solo con sus pensamientos era una Cosa Muy Mala. Esos pensamientos le mostraban cosas. Cosas como Sangre. Como grumos grises de cerebros reventados. Extremidades cercenadas. Y algo sobre lo que ella nunca tendría que considerar jamás para andar de bocona sin pensarlo; Bumblebee-Ratchet-Optimus-Ironhide-Bumblebee-Bee-Bee-Bee luchando, muriendo, partes arrancadas y cayendo, gateando, moviéndose a gatas, lejos de las risotadas que lanzaban esas sombras desfiguradas suspendidas encima de él, sollozos eléctricos de terror, gritando-

Eventualmente se hartó de ella intentando desmembrar su mente como si fuera un espécimen de laboratorio, preguntándole que le escupiera todo como si fuera su mejor amiga (Bee. Bee. Bumblebeeeeee!) y no una completa extraña quien realmente le importaba un bledo y cuyo mundo existía dentro de un libro de texto. Si ella hubiera estado ahí. si ella hubiera podido correr con él a través de Mission City, esquivando escombros y bolas de fuego y partes humanas; si ella hubiera jugado a las escondidas junto a él contra una turba de Decepticons sedientos de sangre en un poblado perdido egipcio; si ella hubiera podido haber sido el individuo por la que la más grandiosa y amable persona en el universo hubiera dado su robótica vida mientras ella no podía hacer nada a excepción de mirar en horror...bueno, ella no podría estarle formulando ninguna pregunta. No tendría nada que decir. Del todo.

Todo citado, la única cosa que su sesión de 'terapia' había logrado era darle la firme convicción de que existía alguien en la gerencia media que le debía una hora de su vida.

"Sí. Lo hice." Sam se encogió de hombros. "Vaya que me hizo bastante bien."

Galloway frunció el ceño. "Probablemente ni siquiera lo estabas intentando. Ya sabes, no es una cura milagrosa. Tienes que esforzarte en ella."

Su mano apretó su tenedor hasta que creyó que la tensión podría doblarlo en dos. Alzó la vista con media sonrisa, tendones acentuándose en su brazo, y contestó alegremente, "Estás absolutamente en lo cierto. ¡No lo intenté del todo! Quizás mañana reserve algo de acupuntura la próxima vez, ya sabes." se encogió de hombros otra vez, replegando en su cara una expresión jovial pensativa, "Sólo para decir que he hecho cada cosa de mierda inútil que he podido. Contrataré un sujeto de feng shui justo después de esto para rellenar la lista. Y si puedo encontrar un psíquico de feria ambulante, también lo voy a incluir."

"¡Sam!" Mikaela le dijo entre dientes. Su colérica expresión lo sorprendió, pero sólo anadió leña al fuego.

"¿No están de acuerdo? Digo, no sé con ustedes chicos, pero de alguna manera hablar de mis 'sentimientos' no hace que el mundo regrese a estar lleno de arcoiris y alegres y risueños unicornios."

"Ya es suficiente," con una vehemencia espeluznante, Mikaela derribó de un golpe su taza sobre la mesa, empujó su silla atrás y se levantó, "Si vas a estar actuando como un niño malcriado que quiere ir a cortarse las venas en el baño cada vez que algo malo sucede, no quiero volver a desayunar contigo nunca más."

Sintiéndose como un avión fuera de control que se había deslizado en una abrasadora tormenta eléctrica sin haberlo notado, Sam descubrió su ira drenándose de su ser.

"¡Mikaela, espera!" Trató de alcanzar su mano mientras ella cogía su bandeja en disposición de irse. Una partecita de él irradió de felicidad por el hecho de que ella no se apartó de su tacto. Suspirando profundamente, le pasó su mano por su muñeca y gentilmente le frotó la hendidura en su palma, sintiendo su acelerado ritmo cardiaco debajo de su tacto. "Lo siento ¿Está bien? Has estado irritada toda la mañana."

Sacudiendo su cabeza, de mala gana se plegó en la silla a un lado de él, rotando su mano de manera que se agarraron las manos debajo de la mesa.

"No TODA la manaña," ella corrigió malhumoradamente. El hielo en sus ojos se fundió con calidez cuando ella lo miró, pero cuando volteó para encarar a regañadientes a Galloway, éstos volvieron a endurecerse. "ÉL te puede decir qué está mal conmigo."

Viéndose afrontado, el hombre más viejo lanzó un puño contra la mesa "Ahora, mira aquí. No tengo ni la más mínima idea de qué causó toda esta locura-" indicó con una seña al comedor en general, " pero te aseguro que no tiene que ver nada conmigo."

Simmons, luciendo con demasiada alegría a la discusión de la pareja de tortolitos, lanzó una mirada a Galloway antes de arquear una lasciva ceja en dirección de Mikaela.

"¿Algo que no le estés informando a tu novio, niñita?"

Una mirada suficientemente ardiente como para derretir la coraza de un Decepticon lo bañó sin efecto aparente.

"Saca tu incapacitada mente fuera de la alcantarilla," desplazó su visión de calor a Galloway, "¿La palabra 'reunión militar' te suena?"

Ahora luciendo confundido, afrontado y ligeramente agitado al mismo tiempo, echó un vistazo entre Sam y Mikaela sin comprender.

"Bueno ¡Sí! Las reuniones militares son un procedimiento estándar después del término de cualquier misión militar. Cuando la situación lo requiere, todos los civiles que estén intensamente involucrados también son incluidos. Pero eso qué-"

Poniendo los ojos en blanco, Mikaela se volvió a Sam para encararlo de frente. Tragó saliva, no gustándole para nada la mirada impregnada de empatía en su rostro. Ella normalmente lo usaba solamente en niños pequeños, perros y con un espía Deceptcion minúsculo mientras lo amenazaba con un soplete.

"No puedes volver a la Universidad, Sam."