Todo lo mío(?) es para Lizjoo porque es MI TODO y la amo densamente
Twilight no me pertenece, y la historia tampoco, es de AngryBadgerGirl. Sólo me adjudico la traducción
Capítulo dedicado a DessieCBCWCDF porque ella es amor y se aguantó sin leerla en inglés y me dijo p****ja XD, te amo, Dess
Gracias a carliitha-cullen por betear
Y bueno, gente, me compraron con tantos reviews y tan lindos (:
EPOV
Sólo quería tratar decirlo. Para ver cómo se sentía.
"Buenas noches, Ojos Cafés. Te amo," susurré en voz muy baja. La vi moverse un poco y sonreír antes de acostarme a su lado.
Nada. No se sentía extraño, pero tampoco me hacía feliz. Creía que solo tenía significado cuando eras totalmente sincero y la otra persona realmente te escuchaba.
Sin embargo, me consoló la extraña calma que me invadió cuando me acurruqué junto a ella para dormir. Dormir solía ser solo una forma en que mi cuerpo descansaba. La mayoría de las veces sólo dormía profundamente si estaba totalmente agotado. Mi mente debía cerrarse y estar demasiado cansada, ya que ni siquiera recordaba mis sueños, si es que tenía alguno.
Esa sensación de calma y tranquilidad que ella me daba, era otro recordatorio de lo que yo tomaba de ella y no daba nada a cambio. Ése supuesto 'favor' que hacía por ella —era absurdo si quiera mirarlo de esa manera. Tener relaciones sexuales con ellas, sin condiciones, ¿era mi favor a ella? Si yo fuera alguien con algo de consciencia o decencia, n hubiera estado de acuerdo con eso.
Incluso si yo pudiera amarla, no merecería nada de reciprocidad.
Ella se movió de nuevo, quedando frente a mí y descansando su cabeza sobre mi pecho.
"Edward," susurró.
"¿Hmm?"
"¿Por qué no estás durmiendo?"
"¿Cómo lo supiste?"
"Porque no me estás asfixiando ni roncando," suspiró, frotando mi mejilla. "Aquí, tal vez esto ayude," dijo con una sonrisa, mientras tomaba mi mano y la apretaba contra su pecho. "Ahora tienes una mantita de pechos —tuya," bufó.
"Vaya, gracias, Ojos Cafés. Tú puedes prestarme tus pechos en cualquier momento," me reí, besando su frente. Froté suavemente su pezón con mi pulgar, y bostecé. Creía que ella tenía la razón. Quizás lo que necesitaba era tiempo de calidad con mi mantita de pechos. Esas pequeñas cosas, sin importar lo extravagantes o ridículas, que ella pensaba y se preocupaba de compartir conmigo, me hacían totalmente indigno de ella. Deseaba tener algo, cualquier cosa, para darle a cambio.
"Duerme, Edward," murmuró, acariciando mi pecho suave y rítmicamente. Unas caricias más a la mantita y un enorme bostezo, y pude dormir plácidamente.
La siguiente semana pasó sin que Bella y yo nos viéramos, inundados de trabajo. Mis horas de trabajo eran agotadoras, ya que estaba cubriendo a un colega que estaba de vacaciones, mientras que Bella tendría su examen de posgrado pronto. Ni siquiera pudimos pasar tiempo juntos, como todos los martes en la noche, porque ella tenía que estudiar. Sin embargo, me dejó comida empaquetada afuera de mi puerta, siempre teniendo en cuenta que yo estaba muy cansado para comer, mucho menos para cocinar.
En el trabajo, tenía un humor irritante y colérico. Cuando tenía el lujo de tener tiempo libre para pensar en mi estado de ánimo, lo único en lo que podía concentrarme era en que no había visto a Bella. No podía comprender por qué era así. Cuanto más trataba de entenderlo, lo único que se mantenía dando vueltas en mi cabeza, era que tenía que verla o hablar con ella. Conforme los días pasaban, esa idea irracional se volvía peor y peor. Para el jueves, sentía que iba a enloquecer. Yo necesitaba hablar con ella —verla, tocarla, escuchar su voz…cualquier cosa.
Lo extraño era que no tenía ni una jodida idea de por qué.
N tenía idea del por qué, ya que en realidad no tenía nada que platicar o tratar con ella. Nada en absoluto.
O que era peor, había leído sus tweets cada noche, y en ninguno me mencionaba. Eso causó miles de extraños y salvajes pensamientos en mi mente.
¿Ella no estaba pensando en mí como yo en ella?
¿POR QUÉ NO?
Si algún flaco licenciado de Harvard algo emo-poeta-punk estaba distrayéndola, robando su atención, lo iba a destripar con mis propias manos.
Para el viernes, estaba decidido a ir a su apartamento, pero cuando llegué ahí y llamé, ella no estaba. Por suerte, para cuando acabé mi turno y entré al edificio, ella estaba en casa.
"Hola, Edward," dijo ella con una sonrisa, invitándome a entrar. Apenas pude contenerme cuando la vi —gloriosamente despeinada, su cabello en un moño que prácticamente estaba deshaciéndose, dulce, una blusa azul ceñida con pequeños botones que parecían rogarme para que los abriera, y jeans azules que abrazaban tan perfectamente su trasero, que me daban celos. De tela. Incluso sus pies descalzos, con sus gorditos dedos eran agradables a mi vista.
La agarré y la abracé fuertemente contra mí el minute en que la puerta se cerró.
"Oh, oh, OK," se rió mientras yo la soltaba el tiempo suficiente para darle un beso en la mejilla y después volver a abrazarla. Apostaba a que pararía en algún momento. Pero no estaba listo, aún.
"Edward," se rio de nuevo. "¿Qué diablos hace que estés así? No me digas — ¿Hay alguna clase de retiro de fin de semana y necesitas convencerme?" bromeó ella. "Habría dicho 'sí' incluso sin que rompieras mis costillas, tú sabes."
"No," dije, mi voz ahogada porque mi cara estaba entre su cuello. Levanté mi cabeza y la miré; No podía ayudarme a mí mismo y mantener su hermosa cara en mis manos. "De hecho, solo hay un evento de Pediatría mañana —sólo algo informal— u festival de otoño para entretener a los niños. No tan importante como las cenas de caridad," expliqué.
"Un festival para niños… ¿Los que están enfermos?" preguntó, inclinando su cabeza.
"Si, la mayoría son pacientes con cáncer." Su cara se entristeció cuando le dije eso.
"¿Tú no quieres ir? Me gustaría conocerlos, quizás jugar con ellos," dijo ella, luciendo decepcionada. "Quiero decir, si no es importante, entonces creo que no imp…" trató de decir, pero en vez de terminar, se encogió de hombros.
"Los siento, Ojos Cafés, no debí haberlo mencionado. Te estoy recordando a tu papá."
"Eso nunca es algo malo. Lo extraño."
"Sé que lo haces. ¿Sabes qué? Estaría feliz de ir mañana, pero ¿irás conmigo?" pregunté. Sus ojos se vieron felices de nuevo mientras una sonrisa se extendía por su cara. Asintió con la cabeza, y esta vez fue ella la que me abrazó al unto de casi romper mis costillas.
"Ouch, me has dado un buen apretón, Ojos Cafés," bromeé, acariciando su espalda.
"¿Estás hambriento?" preguntó.
"Dios, me muero de hambre. Y me encanta tu comida."
"Deberíamos parar de abrazarnos, porque los abrazos nos llevan a acariciarnos, y las caricias nos llevan a frotarnos el uno contra el otro, y cuando menos nos demos cuenta, no tendremos nada de ropa puesta," me advirtió, dando una palmada a mi trasero, ignorando completamente su propio consejo. Yo también lo ignore, metiendo mi mano a través de su blusa y desabrochando su sostén en un solo movimiento.
"Hmm, no quisiera que este abrazo se saliera de control," estuve de acuerdo, besando su cuello de arriba a abajo.
"Edward… Dios… eso se siente bien," murmuró, sus manos debajo de mi camisa, jugando con el vello de mi pecho. Pude oler su perfume de chocolate cuando desabroché su blusa y mi boca fue directamente a su clavícula. Cuando ella comenzó a tirar de mi camisa para sacarla por mi cabeza, no la detuve —no pude. Necesitaba su piel contra la mía tanto como ella lo necesitaba.
Algo extraño que había notado con Ojos Cafés, era cómo cada vez me volvía más insaciable, hasta el punto de que tenía un apetito sexual voraz. Siempre había tenido una libido saludable, pero con el paso de los años había aprendido sobre el autocontrol y la resistencia. Parecía que poco a poco estaba desaprendiendo muchas de las cosas, porque en ese momento lo único en lo que podía pensar en ella, todo acerca de estar cerca de ella. Durante la última semana, había pensado en su cuerpo, en tocarlo. Masturbándome en la ducha llegué al límite, pero no fue suficiente. Mi cuerpo anhelaba a ella.
"Deberíamos parar, Ojos Cafés," traté de protestar.
"¿Por qué?" preguntó, mirándome con curiosidad.
"Porque yo… no estoy pensando correctamente," traté de explicar. Solo inclinó su cabeza hacia mí, con confusión.
"Yo me siento… demasiado ansioso, como si quisiera precipitarme. He estado de mal humor toda la semana, y usualmente eso me pone excitado."
"¿Qué hay de mal con estar 'excitado'?" preguntó con una carcajada. Suspire y traté de arreglar.
"Deseo tocarte de una manera en la que no debería. Me siento impaciente. El mal humor usualmente causa eso en mí. Por lo general, llamaría alguien que conoce que me gustan ese tipo de cosas."
"Oh, ya veo," ella respondió, luciendo sorprendida, dejando caer las manos a los costados y alejándose de mí. "Um, pensé que no íbamos a hacer eso," agregó, abatida y avergonzada.
"¡Oh Dios, Bella, no! Eso no es lo que quiero decir. No quiero llamar a nadie ni hacer nada con alguien más. Solo trataba de explicar qué es lo que solía hacer —quiero decir, lo que haría si no tuviera un trato contigo."
"Edward," ella dijo bruscamente, pareciendo frustrada. "¿Puedes por favor simplemente decir qué es lo que eso significa?"
"Ok," dije antes de aclarar mi garganta incómodamente. "Solo déjame pensarlo un poco. En ocasiones, cuando me siento enojado, frustrado, o cualquier cosa… me gusta desahogarme con…"
"¿Con qué?" me apresuró.
"Una follada rápida," dije bruscamente.
"¿Es todo?"
"¿No es suficiente?"
"¿Qué hay de malo con eso? Yo estaba bastante excitada hace un minuto, hasta que empezaste a hablar tanto."
"Ojos Cafés, no me agrada la idea de tocarte de esa forma, o ser… tosco contigo."
"¿Me lastimarías? ¿Me causarías dolor físico?"
"No, nunca haría eso."
"Entonces sigo sin entender cuál es el problema."
"Ojos Cafés —se supone que esto es sobre ti. Yo nunca te tocaría de una manera que fuera irrespetuosa."
"¿Incluso si te dijera que estoy bien con eso? ¿Que, tal vez, es algo que no me importaría intentarlo? Tengo que admitirlo, estás hacienda tanto alboroto que ahora, ¡Estoy curiosa!" dijo ella con una carcajada.
"Estás de acuerdo en algo que nunca has experimentado, no es como si pudieras hacer una decisión informada sobre eso," traté de argumentar, a pesar de sentirme feliz por su entusiasmo. Traté de mantener esa parte de mí reprimida.
"¿Cómo voy a saber si no trato contigo?" me exigió, mirándome de lado y torciendo su boca. "Además… te lo he dicho antes. No siempre tiene que ser acerca de mí —pensé que el punto era que me enseñaras a ser buena en la intimidad, ¿cierto?"
Su lógica hacía girar mi cabeza. Se suponía que yo le enseñaba a ella. Pero enseñarle… ¿para complacer a otro hombre? Ese pensamiento me disgustaba. Ella ni siquiera necesitaba complacerme, dejando a otro cabrón que no la merece. Realmente no me importaban cuáles eran sus razones; quería que ella aprendiera a sentirse hermosa, que supiera cuan sensual y seductora era. Eso era todo lo que estaba dispuesto a enseñarle, porque era lo que necesitaba saber.
"¿Edward? ¿Un centavo por tus pensamientos? Pareces enojado. ¿Dije algo malo?"
"No, para nada. Como dije, tengo un pésimo estado de ánimo."
Ella puso sus manos en mi cara y me sonrió antes de besarme profundamente. Levantando mi mano de su cintura, la puso en sus pechos y suspiró.
"Está bien, quiero que lo hagas. Si no me gusta, te pediré que pares," susurró contra mis labios. "Tú nunca me lastimarías, Edward."
Pensé en las consecuencias que habría si me negara, cuando todavía tenía la fuerza de voluntad para hacerlo. Si yo insistía en no hacer eso, ella siempre estaría curiosa sobre eso, y quizás buscaría a otro hombre para que le enseñara —pero, sin duda, sería totalmente desagradecido con ella y sus caricias no harían más que mancharla. La sola idea de esas cosas, llevaban mi pésimo estado de ánimo al borde
"Ojos Cafés," gruñí, mi voz llena de primitiva lujuria y disgusto —no hacia ella, sino al pensamiento de alguien que no fuera yo fuera a hacer lo que yo estaba haciendo.
La recosté contra el sofá que estaba detrás de ella y puse su trasero en el borde, lo que provocó una pequeña exclamación en sus labios. Mis ojos vagaron por todo su cuerpo, de la cabeza a los pies, cada pulgada de su cuerpo estaba llamándome. Necesitaba… necesitaba follar.
"Esto es a mi manera," gruñí con una ceja levantada, empuñando la tela de su blusa medio desabrochada. La jalé hacia un lado, y los botones salieron volando casi sin ningún esfuerzo.
"¡Edward!" exclamó en voz baja, los ojos muy abiertos y perfectos. Ella miró hacia su blusa rota, luego de nuevo a mí, y sin advertencia, se presionó contra mí, me besó con avidez y gimió.
Saqué los tirantes de su sujetador por los brazos, y la prenda completa cayó al suelo, ya que ya había sido desabrochada. La miré, expuesta y semidesnuda delante de mí, tan vulnerable…tan hermosa. Sobé y agarré sus pechos, succionando y mordiendo en todas partes.
"Cuando llego de esta manera, Ojos Cafés…" comencé, acunando su pecho y tirando de su pezón un poco fuerte mientras lo veía arrugarse y volverse rosa, "sintiéndome frustrado, agitado… siendo un hombre, la testosterona en mi sistema sólo hace…"
Gruñí de disgusto, mientras trataba de quitarle los jeans tan rápido como podía. Me arrodillé en frente de ella, finalmente liberándola de sus pantalones y aventándolos a través de la habitación.
"Pero sin sexo, mi nivel de testosterona comienza a bajar, así que mi libido aumenta para asegurarse que eso no ocurra," expliqué, presionando mis dedos entre sus piernas y torciendo la tela de sus bragas. "La agresión, ya ves, solo provoca la agresiva y jodida necesidad de… follar…" concluí, y con eso, quité las bragas con un sonido de desgarre.
"Edward, fóllame," gimió. Sin perder el tiempo, me apoderé de su pierna, y la levanté por la altura del muslo, abriéndose para que yo hiciera lo que quisiera. Apenas tuve la paciencia de desabrochar mi uniforme y apurarme a poner los bóxers fuera de mi camino.
"Escúchame, Bella," dije en voz baja, usando cada onza de mi fuerza de voluntad para mantener mi mente alejada de los pensamientos que me provocaba el verla retorciéndose. "Tienes que prometerme algo."
"Lo que sea," me dijo. Ella agarró mi cara y me miró fijamente, con los labios entreabiertos y los párpados abiertos pesadamente.
"Nunca dejes que otro hombre te toque de esta manera. Nunca. Él no te respetará por eso; él no se sentirá agradecido por eso." Ella simplemente asintió con su cabeza. "Por favor, ¡Prométemelo!" le rogué, mi voz grave, urgente.
"Lo prometo, Edward. Lo juro. No lo haré," contestó, sacudiendo su cabeza rápidamente. "Sólo tú. Esto es solo para ti."
Dejé escapar un gruñido ahogado mientras la penetraba lo más profundamente que podía. Finalmente, pude satisfacer esta manía, la egoísta compulsión de joder a mi mal humor.
Sus uñas se enterraron en mi piel, impacientes, demandantes. Pero ella necesitaba saber que esto no era un juego. No era algo que debería tomar a la ligera —entregándose a mí, toqueteándola y revolcándome con ella.
Puse mi mano entre sus piernas, usando la yema de mi dedo pulgar para tocarla y llevarla a ese frenesí que me encantaba ver. Ella reaccionó rápidamente, gimiendo mi nombre y pidiendo por más. Su entusiasmo inesperado, impulse a mi mente a un deseo más intense de ser posesivo, codicioso, avaro.
"Es cierto, por esto solo me dejarás a mí estar contigo de esta manera. Éste delicioso, cálido, húmedo lugar entre tus piernas ¿justo aquí?" dije, presionando mi pulgar más fuerte para enfatizar.
"Oh Dios…" gimió, sin apartar los ojos de mí.
"Es mío, Ojos Cafés," gruñí con hambre, mirando hacia abajo, hacia mí perdiéndome en su cuerpo tan perfecto, tan completo. "Sólo yo puedo hacerte llegar a esto, porque es mío," gruñí mientras.
"Lo que sea que yo tenga… es tuyo," me dijo, su respiración frenética. "Pero esto…" comenzó, deslizando la punta de su dedo a lo largo de mi sien, bajando a mi cuello y a mi pecho, apretando un poco en mi músculo pectoral izquierdo.
"Prométeme que no dejarás que ninguna otra mujer tenga esto," dijo entre dientes, la palma de su mano contra mi pecho. "Ella no estará agradecida."
"No puedo. No hay nada…"
"¡Prométemelo!"
Sus ojos me miraron tan suplicantes que un pozo de dolor se instaló en mi estómago. No podía negárselo —sabiendo que ella lo quería y el no tenerlo causó una reacción visceral y palpable en mí, que casi le dio vida propia.
"Lo prometo, Ojos Cafés."
Ella asintió con la cabeza y me dio la más jodidamente sexy sonrisa que me hizo no querer hablar. Tiré de su cabello, de modo que su cabeza se incline, y su blanco y cremoso cuello quedó expuesto. La reclamé con mis dientes, hundiéndolos en su piel. Mi dedo trabajó en la parte delicada entre sus piernas, y después de poco tiempo, su cuerpo se tensó y comenzó a gritar mi nombre. No pude resistir más, no cuando la vi venirse de esa forma, y pronto yo estaba teniendo mi clímax dentro de ella, dejando mi reclamo dentro de ella una vez más.
"Sí," gimió cuando sintió cómo la estaba llenando. "Toma de mí," me arrulló, mientras descansaba mi cabeza en su hombro, completamente agotado y sin aliento.
"Lo siento," susurré.
"¿Por qué?"
"Por muchas cosas. Principalmente por que debí haberme controlado. Y…"
"¿Qué?"
"No hubo ninguna lección."
"Estás bromeando, ¿cierto?"
"No, estoy siendo completamente serio. Realmente no te enseñé nada. Lo lamento. Fue un error hacer eso."
Ella parecía pensativa. Me miró con una mezcla de decepción y dolor. Yo me sentí decepcionado. Debí haber hecho lo correcto y no lo hice.
"Si eso es lo que crees, Edward," dijo secamente.
Ella caminó rápidamente hacia su habitación y azotó la puerta detrás de ella. Poniéndome mi camisa, me senté y esperé a que regresara, con mi cabeza en mis manos. Incapaz de aguantar por más tiempo, fui hasta su habitación y llamé suavemente. Ella no contestó, y a pesar de mi buen juicio, entré. Caminé lo más silenciosamente que pude, en caso de que ella estuviera durmiendo, pero no lo estaba.
"¿Qué estás leyendo?" le pregunté mientras me acercaba al pie de su cama. Ella estaba sentada arriba, con muchas almohadas detrás de ella. El bookworm que le di en su cumpleaños descansaba en su regazo, haciéndole compañía.
Ella prefería a un objeto inanimado en vez de a mí. No era una buena señal.
"Robert Frost," contestó, sin mirarme.
Dispuesto a arriesgarme a que ella fuera hostil conmigo, me senté a su lado, lo más cerca que pude. Era difícil para ella ignorarme cuando yo estaba tan cerca.
"Edward," suspiró.
"¿Qué?"
"Un par de cosas. Primero, estás en mi lugar. No puedo leer. En segundo lugar, no quiero que tu nariz esté en mi escote en este momento."
"Quiero aclarar el humor. Es terriblemente sombrío aquí."
"Yo quiero aclarar tu IQ golpeando tu cabeza con mi libro."
"Por favor, no te enfades conmigo. No sé qué fue lo que hice mal, juro que no lo sé."
"Sé que no lo sabes. Y no estoy enojada ―no contigo, de todos modos."
"¿Con quién?"
"Con nadie. Sólo… enojada en general. Enojada con la vida, creo."
"No estés enojada, Ojos Cafés. O infeliz. Tú solo debes de estar contenta. Tú cara es demasiado bonita como para tener el ceño fruncido."
Moví su libro y al bookworm a su mesa de noche y descansé mi cabeza en su regazo, sin importarme si ella me quería ahí o no. La mire y le sonreí, esperando no haber estado irritándola. Pero su rostro era hermoso, su expresión tierna.
"Si pudiera, sentiría todos esos sentimientos desagradables por ti, así tú no tendrías que hacerlo," ofrecí. "Juro que lo haría," agregué, quitando un mechón de cabello de su rostro. Esperaba que diciendo eso, mitigara su ira y su tristeza, al menos un poco.
Pero falló miserablemente.
Ella cerró los ojos, exhale temblorosamente y su barbilla comenzó a temblar.
"Edward," susurró, presionando su frente en la mía y sosteniendo mi mejilla. "¿Por qué tuve que hablarte?" preguntó con un hilo de voz
"¿Por qué siempre sé la palabra que buscas en tu crucigrama de las mañanas?" dije, esperando que una broma ayudara a la situación, y lo hizo, un poco al menos.
"No," dijo ella con una risa, sus ojos aún cerrados y cada vez más húmedos.
"¿Ojos Cafés?" dije, cambiando de posición, quedando Bella y yo acostados uno e frente del otro. Levanté su barbilla con la punta de mis dedos. Sus ojos un poco hinchados y rojos.
"¿Qué, Edward?"
"Nosotros podemos… podemos terminar nuestro trato, si quieres. Si eso te pone triste," ofrecí, pero rogando internamente para que dijera que no.
"¿Eso es… lo que tú quieres?" preguntó, la tristeza en sus ojos era más clara de lo que yo alguna vez había visto.
"No… sí. Quiero decir, no quiero que estés triste. Eso es todo. Quiero lo que tú quieras. ¿Quieres parar?"
"No. Quiero seguir con esto."
"Ok."
"¿Quieres parar?"
"No. Necesito seguir con esto."
"Ok."
"¿Ojos Cafés?"
"¿Hmm?"
"Si te beso, ¿te sentirías mejor?"
"No quiero que me beses para hacerme sentir mejor. Deberías besarme porque… simplemente quieres hacerlo."
"Bueno, yo siempre quiero hacerlo. Pero estaba pensando… no lo sé. No sé qué es lo que estaba pensando. Es solo que… a veces de verdad quiero 'arreglarte' pero no sé cómo."
Me sonrió e incluso se rió un poco.
"Bueno, no puedo decir que no aprecio tu intento," contestó. La puse más cerca de mí, enrollando mis brazos alrededor de ella, acunando su cabeza sobre mi hombro. Besé su frente, sus mejillas, su barbilla, sus húmedos ojos e incluso la punta de su nariz. "Creo que tomaré ese beso ahora," susurró, acariciando mi mejilla ligeramente.
Y así, le di un beso lento, para compensar lo que la hizo llorar, y la manera en que la había tocado anteriormente. Nuestro largo beso se convirtió en suaves caricias y pronto estábamos desnudos de nuevo, pero nos movimos lenta y deliberadamente. Aún uno en frente del otro, levanté su pierna lo suficiente para poder estar dentro de ella, antes de sostener su cara entre mis manos y balancearnos. Sacó su brazo y rodó hasta quedar recostada en su espalda, indicándome que me recostara encima de ella.
"Me gusta de esta manera… que me estrujes, de hecho es agradable," confesó con voz tímida mientras envolvía sus pierna alrededor de mis caderas y sus brazos alrededor de mi pecho.
"Es todo lo que quiero para ti, Ojos Cafés —quiero todo lo que te haga sentir bien," susurré en su oído.
Sostuve su cara en mis manos, besándola suavemente y gimiendo en su boca cuando ambos llegamos al clímax por segunda vez. Ella suspiró cuando dejé caer un poco más de mi peso sobre ella, sintiendo su cuerpo debajo del mío más detalladamente. Estaba demasiado cansado y harto como para resistirme a recargarme en ella pero a juzgar por el suspiro, creí que a ella realmente le gustó.
"¿Tienes hambre?" preguntó.
"Mmm."
"Tomaré eso como un 'sí,'" dijo con una risita mientras comenzaba a agitarse debajo de mí.
"Sabes, tienes que moverte si quieres que haga algo de comida."
"Mmm."
"¿Puedo levantarme ahora?"
"No."
"¿Por favor? Mira, ni siquiera estoy tratándote con violencia física. Pero con lo hambrienta que estoy, recurriré a ello."
"Bueno, pero aún no puedes pararte."
"¿Por qué no?" preguntó con una mueca molesta pero adorable. Me senté y la puse en mi regazo.
"Porque no quiero que cocines," le dije. "Voy a ordenar algo de comida china, y tú vas a comerla conmigo, sin movernos."
"No puedo comer sin moverme a menos que pienses alimentarme por intravenosa, Edward."
"No seas ridícula, Ojos Cafés. Me refiero a sin dejar la cama."
"Aunque, yo no acostumbro a comer en la cama."
"Aunque. Si hacemos un desastre, te compraré nuevas sábanas. Diablos, te compraré una cama completa. De todas formas, esta es muy pequeña."
"¿Qué diferencia hay? De todas formas siempre estás encima de mí."
"No puedo negarlo —amo estar sobre ti."
"Eres un cerdo. Debería simplemente cocinarte la cena. Puerco Agridulce."
"¿No caliente ni picante? Me siento un poco insultado."
"Nope. Eres dulce y amargo."
"Te llamaría 'Delicia de Buda'. Pero no creo que ni él tenga la paciencia Zen para aguantarte, Ojos Cafés."
"Ja. Ja. Eres gracioso. Creo que tender que conformarme con ser 'Delicia cabezota' entonces."
"Creo que sí. ¿Puedo tocar tus bollos de cerdo?"
"Sólo si no te importa que te de un codazo en las costillas en respuesta."
"Pero no negociaré contigo mi fortuna entera, galletita."
"Suficiente. Ordena la comida antes de que deje como Kung Pao tus nueces confitadas."
"Tú no eles diveltida."
"¿En serio? Te voy a matar ahora."
Claramente estaba llevando mi suerte al límite, pero no me importaba. Estaba muy aliviado de que ella ya no estuviera triste, y muy contento, ya que habíamos vuelto a hablar el uno con otro y a reír como siempre lo hacíamos.
Una hora después, estábamos aún en la cama, Bella sentada en mi regazo, llenos con nuestra comida china. Yo le di sus trozos de pollo al sésamo, porque ella estaba desesperada con los palillos. Quitando su libro de Robert Frost de la mesa de noche, lo abrió en una página específica y comenzó a leer en voz alta.
I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
two roads diverged in a wood, and I -
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.
Diré esto con un suspiro, En algún momento hace siglos y siglos: Dos caminos divergieron en un bosque, y yo — yo tomé el que estaba menos transitado, Y eso ha hecho toda la diferencia.
"¿Es tu favorito?" pregunté.
"Sí. Me gusta leerlo de vez en cuando. Me recuerda que debo tratar de ser yo misma. Seguir mi propio camino."
"¿Qué pasa si te pierdes?" pregunté, medio jugando, medio siendo serio.
"No puedes perderte si sigues tu propio camino. Además, todos tenemos un mapa. Bueno, como un GPS interno."
Ella supuso, indudablemente por la cara que puse, que no tenía ni la más mínima idea de a qué se refería.
"Tu corazón, Edward," dijo con un profundo suspiro. "Te dice a dónde ir."
"Ah. No me di cuenta de que había un camino, mucho menos dos. Esta es la razón por la que dejo la poesía para ti, Ojos Cafés," dije, limpiándole la barbilla suavemente con un pañuelo. "Hablando de literatura," continué, "¿Cómo te fue en el examen de posgrado?"
"Me fue bien," contestó, encogiéndose de hombros.
"¿Qué va mal? Pareces muy indiferente al respecto."
"Bueno, ya no estoy muy segura. Quiero decir, últimamente he estado pensando en que debería pensar más en mis metas antes de comprometerme a hacerlas… ya sabes, asegurarme de que esto es realmente lo que quiero hacer. Nunca me he sentado y he hecho eso. Suena un poco ridículo, ¿no? No saber qué es lo que quieres, no saberlo porque nunca pensaste en ello."
"No, no reamente. Creo que es mejor pensar en eso ahora, que hacer algo y después te arrepientas."
"Eso es lo que me digo. Y mi madre no ayuda. Ella solo dice 'haz lo que te haga feliz.' Ella es tolerante al punto de ser alcahueta. Mi padre era mucho mejor ayudándome a centrarme y burlándose de mis pensamientos."
Estuvimos un minuto en silencio, porque yo sabía que necesitaba un poco de silencio cada que su padre aparecía en la conversación. Ella sentía mucho su ausencia, y cuando me hablaba de los detalles entendía por qué.
"No te preocupes, Ojos Cafés. Llegará a ti. Lo que sea para lo que estés destinada, llegará."
"Eres incluso más vago en tus palabras que mi mamá," dijo ella con una risa, rodando los ojos hacia mí.
"Hey, te ofrecería trabajo como mi cocinera personal de omelets si pensara que lo aceptarías."
"Oh sí, Edward, es el sueño de mi vida, hacerte los huevos cada mañana. Puedo servírtelo en una bandeja en la cama. Incluso sacudiré a las putas de tu cama si así lo deseas," bufó, frotando suavemente su bookworm antes de entrar al baño.
Sabía que ella solo estaba jugando con 'las putas,' pero el humor que había tenido pensando en ella sirviéndome el desayuno en la cama, se desvaneció.
El oírla mencionar a otras mujeres me hacía sentirme un poco… desinflado.
Desinflado —ja. He perdido toda la fe en mi polla. Sólo deseaba a Bella, y no le importaba si estaba en su ridícula pijama de pingüinos o en la más caliente tanga de seda. Ella podía dormir o retorcerse debajo de mí. Ella podía decir 'pasa la sal' o 'buena pequeña mamadora.' No importaba. Solo tenía que ser ella.
Limpié lo que quedaba del picnic en la cama y comencé a ponerme mis zapatos cuando Bella salió del baño, oliendo a pasta dental y con su pijama.
"¿Te vas?" preguntó, pareciendo un poco decepcionada. "Creí que podríamos pasar el rato, pero si tienes planes…"
"Bueno, no esperabas que durmiera en esa pequeña cama. ¿O sí?, " pregunté con una sonrisa. Ello no se rio, de hecho, parecía dolida.
¿Piensa que me iré sin ella?
"Oh, claro que no. Lo siento," dijo ella, mirando a sus pies.
"Vamos, Ojos Cafés," dije, manteniendo la puerta abierta y señalando al pasillo con la cabeza.
Su cara se iluminó antes de que una sonrisa se extendiera por su rostro y agarrara el teléfono.
"¿Qué? ¿Pensaste que dejaría a mi mantita de pechos aquí abajo? No es como si pudiera alcanzarlas desde el piso de abajo," agregué, golpeando su trasero mientras pasaba delate de mí. Me escurrí rápidamente delante de ella, para que no pudiera devolverme el golpe.
Bueno, ese es uno de mis capítulos favoritos (: qué les pareció a ustedes?
Mil gracias por todos sus lindos reviews, sepan que leo todos y cada uno de ellos
Degna: Awwww yo también quiero uno, gracias por el review (:
v . cullen: jajaja, ya veremos cuando lo aceptan, esperemos que pronto
susana p: jajaja aquí está el cap :P rápidamente
JOZZLYN: Awwww, muchas gracias a ti por leer, linda
Annie Cullen: muchas gracias, linda, me alegra qe te guste la historia
Gaby: jajaja, Edward es amooor
Review recibe preview
sparklinghaldecullen
