Sufrir
En algún lugar, sentado gozando de un aire fresco, un plato con la comida más exótica que el capitolio podría conseguir, se encontraba Snow, quien atreves de su gran pantalla miraba como 24 jóvenes morían sin razón alguna, simplemente porque para el ese era el mejor "reality show"
En la pantalla apareció Caesar con su azulado cabello que brillaba casi como un diamante. El publico siempre se pregunto ¿Qué seria lo que se pondrá en el cabello que lo hacia brillar de esa manera? Su rostro estaba serio, al salir a dar las ultimas noticias sobre los juegos, era otro Caesar, no era le mismo que en las entrevistas de los tributos, al parecer aquí si parecía un adulto serio.
A su espalda se podía ver unas imágenes que para mucha gente de los distritos era devastadora, una y otra vez se podía ver la sangre derramar en la pantalla, mirarla desde diferentes ángulos hacia que el estomago se revolviera mas rápido.
-que ingeniosa Qaren- hablo Caesar, -planear la trampa que dio muerte al tributo del distrito 7- las imágenes mostraban como el rostro de Sharly desaparecía tras las enormes rocas que cayeron sobre el. Minutos después ver su ojos sin vidas mirando al mas allá. Sin expresión, quizá solo una, la de sorpresa.
-al parecer esta niña será muy difícil de vencer, que nos esperara mas adelante- sonrió Caesar sin pasar a la carcajada.
Las imágenes cambiaron de ambiente, de los grandes arboles donde la sangre había corrido gracias a Qaren, pasaron y mostraron una gran montaña, rocas por todos lados, primero mostraron la belleza del lugar, los hermosos colores que impactaban en cada roca, hasta llegar al rojo sangre que se derramo en ellas, y ver pedazos de un cuerpo. Las imágenes eran escalofriantes, como sacadas de una película de terror.
-esto si fue realmente feroz- comenzó Caesar mirando hacia el publico que lo miraba, -haber muerto por la punta de un cuchillo, la velocidad de una flecha o el golpe de otro tributo, es una manera "normal y cotidiana" pero esto...- tomo aire, -esto si es un cazo serio, la tributo del distrito 10 murió de la manera menos deseada por un humano. Solo podría decir, suerte con los que recogen los cuerpos en la arena, será difícil encontrar cada parte de su cuerpo.-
Las imágenes continuaron mostrando primero un brazo, luego un trozo de lo que quedaba del pie de flor, y por ultimo su cabeza, la cual tenia una gran cortada por la mitad haciendo irreconocible el rostro.
Después velozmente pasaron imágenes de Eric que yacía en el suelo, sin vida. Su cuerpo había tomado un color amarillo verdoso, tumbado contra el suelo. Se podía apreciar como un tipo espuma comenzaba a supurar por su boca, sus ojos en blancos mostraban una escena más de terror que de alguna otra cosa.
-siempre cuando hay agua en las arenas de los juegos- menciono Caesar, -termina alguien muriendo así como el joven del distrito 12-
Una quijada rota fue lo que apareció en la siguiente imagen, solo mostraban el rostro de Benítez, su rostro estaba hinchado, los ojos cubiertos por los grandes moretones que Joczan había dejado de recuerdo en su piel.
-que golpes- alago Caesar, -a este chico si que le enseñaron a pelear- seguían las imágenes de Benítez, con su rostro entre una combinación de rojo sangre y piel.
-y por ultimo- finalizo Caesar, -nunca pensamos que el sonido seria una gran herramienta para la muerte- a continuación se mostraron imágenes de Joluroo quien a través de fuertes ondas sonoras, murió al quedarse atrapado en lo que parecía una red. Sus oídos habían explotado y de ellos brotaron chorros de sangre, -no puedo imaginar el dolor que pudo sentir este chico, pero en fin, ya esta muerto- fulmino Cesar.
La pantalla se puso en negro y mostro el símbolo del capitolio, Caesar miro a la pantalla y continúo con sus frases.
-veamos que sucede este día en la arena, prepárense, que la arena tiene nuevas sorpresas- Caesar rio y la pantalla se apagó.
-.-
La noche ya estaba por acabarse, Ana podía observar claramente como el sol se empezaba a reflejar sobre la delgada hoja del cuchillo que había usado Arturo para su fin. No pudo dormir, hablo con Mario y quedaron que ella haría la primera guardia, pero él nunca se levanto, y por ella no había problema, tubo toda la noche para pensar.
El bosque parecía una gran sala donde se presentaba un muerto y nadie hablaba, el silencio era el lenguaje de esas tierras. Si no aprendías a hablarlo, vendría otro y te lo aria aprender hasta la MUERTE.
-buenos días- le sorprendió la voz de Mario
-buenos días- contesto de la mejor manera Ana sin parecer muy seca, aunque realmente no le importaba.
-discúlpame por no cambiarte de guardia, creo que estaba muy cansado-
-no tienes que- contesto Ana, -creo que me ha servido mas estar despierta y ver la profundidad de la noche-
-y como estuvieron las cosas, ¿cañonazos?-
-ninguno-
-bueno, menos mal, pero...- dudo lo siguiente, -¿Qué haremos ahora?-
-pues lo mismo de siempre- mascullo Ana, -seguir adelante, hasta que llegue lo que tenga que llegar-
La conversación no continúo, empezaron a recoger las bolsas y las frutas que lograron conseguir. Estaba listo cuando una fuerte briza azoto en sus caras, los cabellos de Ana se revolotearon por todos lados, creándole nudos y enredando su cabello. En la cabeza de Mario paso rápidamente la pregunta ¿Qué esta sucediendo? Pero como era normal en este juego, la pregunta quedo sobrando ya que la respuesta llego primero.
Del cielo comenzó a llover, pero no una lluvia cualquiera, no eran gotas lo que caían, sino un fuerte y gordo granizo. Las temperaturas no eran aptas para un granizo de ese grosor, pero aquí sucede de todo. La velocidad del granizo era tan fuerte que el golpe con la piel dolía, incluso si tenias mala suerte podría llegar a cortar. Ana y Mario corrieron en busca de algún refugio cercano, pero al ver a su alrededor, toda y cada parte del suelo recibía los golpes del granizo.
-necesitamos un lugar con algo que nos cubra del cielo- sugirió Ana
-La montaña- sin pensar dijo Mario, y Ana sabia el porqué, cuevas.
Ese fue el inicio del nuevo día para los tributos del distrito 5 y 9. La gran y fría bienvenida que el cielo les dio. Corrieron esperando no haberse alejado tanto de la montaña, en sus mentes no había preocupación por otros tributos, de seguro ellos habían recibido la misma bienvenida.
-.-
-toma- su voz siempre sonaba dulce como la miel, y te tranquilizaba todas aquellas cosas que tuvieras en tu mente, -no le diré a nadie así que aprovecha-
Mirsha estaba debajo de un árbol de mandarinas un poco cansada, gozaba de un poco de sombra no permitida en su trabajo, era muy pequeña aun para acostumbrarse a esas duras horas de trabajo.
Frente a ella estaba una joven mujer. Ale era una chicha del distrito que conoció en los grandes huertos del distrito; era un año mas grande que ella por lo cual ya tenia mas tiempo que ella en el trabajo, era piel morena como la mayoría del distrito, su pelo era oscuro y lacio, como finos hilos cayendo desde su cabeza hasta sus hombros. Sus ojos eran de un color café avellana, fuertes y resistentes a las lágrimas.
-come rápido- inquirió Ale, -los guarias pueden llegar en cualquier momento-
Ale siempre cuido de Mirsha y la complacía comiendo a escondidas frutas del huerto. Ellas eran grandes amigas.
La escena cambio y en sus ojos se plasmaron el día en que ella fue seleccionada como tributo para su distrito. Mirsha salió de la fila de chicas y corrió en dirección a ella, la abrazo y sintió como el calor de su cuerpo se escapaba y llegaba a ella. La fuerza era tan grande, trataba de que nunca la pudieran arrancar de su vida.
-no te vallas-grito entre lagrimas
Ale no hablo, miro a los agentes de paz y ellos accedieron a parar un momento. Ella hablo clara y directa.
-No tienes de que preocuparte- nunca salió una lagrima de sus ojos, ni pensar en su futura muerte la hacia temblar, -tienes que seguir con lo tuyo, te he enseñado lo fundamental para sobrevivir, tu espera aquí y veras como pronto volveré-
-¿si volverás?- una luz en sus ojos se lleno de ilusión,
-te lo prometo- fueron las ultimas palabras que escucho salir de su voz, a continuación se fue alejando con los agentes de paz y salieron del distrito.
Mirsha nunca volvió a verla, a los pocos días de los juegos, ella murió. Un tributo la había atacado clavándole una flecha en su estomago y dejado desangran en medio de la arena. Mirsha miro el momento exacto en su proyector. Y supo que en ese momento una parte de ella fue apagada, su mejor amiga había dejado de existir. Desde entonces ella lloraba cada noche deseando nunca llegar a entrar a los juegos.
Las lágrimas se sentían tan frías en su rostro, tan fuertes y dolorosas...
Mirsha despertó con la cara empapada de agua, había trepado a la sima de un árbol salvaguardándose de otros tributos, del cielo empezaron a caer granizos tan fuertes que la habían levantado del sueño. Bajo rápidamente del árbol, miro en todas direcciones, el granizo caía tan fuerte que parecía que una neblina llenaba el bosque evitando ver más de unos pocos metros.
Una suave brisa toco el brazo de Mirsha quien volteo hacia ella y a lo lejos se le a figuro ver una sombra, entre dos arboles contemplo el bello cabello de su amiga Ale, sabia que no era real, ya había despedido desde hace tiempo a su amiga y sabia que nunca volvería pero... esta era la señal que ella esperaba, miro mas allá y corrió.
-yo si regresare- dijo Mirsha, -te lo prometo Ale- y despareció entre la neblina.
-.-
Qaren no se había alejado demasiado de Sharly, a lo lejos podía ver el bulto de rocas en el cual fue enterrado, solo que con un leve cambio. Ahora la nieve lo cubría completamente, parecía una montaña nevada en versión miniatura.
Ella se encontraba hecha ovillo dentro de un árbol, el destino (si así lo quieren llamar) le puso ese árbol en su camino, el hueco era perfecto para su delgado cuerpo, al verlo no pensó ni dos veces para saber que esa seria su cama esa noche, el lugar donde soñar seria imposible, pero trataría. El fuerte golpeteo de los granizos al caer al suelo la había despertado. Nunca en su vida había visto nevar o caer granizo de tal tamaño, dejo a un lado la competencia, la necesidad de matar o morir y contemplo aquella imagen que para ella era asombrosa.
A lo lejos pudo observar algo moviéndose, un cuerpo se movía a gran velocidad, era como una sombra que esquivaba los arboles y brincaba arbustos para continuar su camino. Se pregunto ¿Qué seria eso, un muto, un tributo, alguna otra cosa? Como leyendo su pensamiento, la sombra se detuvo y desapareció entre la fuerte lluvia.
Todo quedo en silencio, solo se escuchaba el tic tic tic del granizo caer. Sabia que no tenia de que preocuparse, era casi imposible que alguien la encontrara, y mas si se encontraba refundida dentro de un árbol.
Tomo un respiro, sus ojos se cerraron y su mente se relajo. Dio la espalda e hincada como se encontraba gateo hasta lo mas al fondo del árbol. Se encontró con sus suministros, comida, agua, su arco y algunas otras armas que le quito a Sharly. Hiso todo a un lado y reclino en la corteza interna del árbol, tomo una manzana y dispuso a comerla.
El jugo de la manzana roso suavemente sus labios, expandiendo el sabor por toda la boca de Qaren, tomo su mordisco y lo mastico, nunca pensó que una manzana la haría gozar de tal manera, pero era realmente rica.
La luz dentro del árbol disminuyo lentamente. Qaren miro hacia arriba como si esperara ver una bombilla eléctrica, pero solo vio mas corteza, miro hacia los lados y todo estaba igual solo que mas oscuro, miro hacia enfrente y la manzana callo de su mano, reboto y se fue rondando hacia la entrada del tronco y se detuvo en unas botas negras llenas de barro.
¿Cómo? Se pregunto Qaren, era el lugar perfecto.
La habían encontrado.
-.-
Cayó pesadamente de espaldas, con un impacto bastante fuerte para vaciarle los pulmones con un jadeo de dolor. La arena se levanto perezosamente, como una nube de café en polvo. Keren se dio un golpe en la nuca y vio las estrellas.
.
.
.
Cuando Keren se despertó, el viento le golpeaba la cara y su ropa como si unas manos invisibles trataran de arrancársela del cuerpo. Estaba oscuro y temblaba de frio. Se incorporo con los codos y miro a su alrededor: arena. Lanzo un grito de dolor y de un salto se puso de pie.
Alzo los ojos hacia el cielo negro y aspiro profundamente mientras el recuerdo del sol desaparecía rotundamente de golpe. Ese había sido el principio del fin. El principio del terror.
Pero el sentido común rápidamente calmo su corazón. El viento. El aire fresco. Una tormenta. Tenia que ser una tormenta.
Nubes.
Avergonzada, volvió a sentarse. Después se echo de costado con los brazos alrededor del cuerpo y se hizo un ovillo. El frio no le resultaba insoportable, era simplemente un gran cambio del calor horrible del día.
Sin darse cuenta volvió a dormir.
.
.
.
La despertó la luz pálida y gris del amanecer, que dejo ver la espesa capa de nubes que cubría el cielo. Las ráfagas la lastimaban y parecía que una gruesa capa de arena se había quedado pegada en su rostro para siempre. Al pasarse las manos por la cabeza, sintió que tenía el pelo duro debido a la tierra que volaba por el aire.
Unos minutos después, sin saber la dirección, se encontraba marchando hacia alguna parte de la arena. El cielo gris estaba dispuesto a estallar en cualquier momento.
Las potentes ráfagas se convirtieron en unos terroríficos ventarrones que tenían la fuerza de un huracán. El rugido del aire envolvió el mundo. Keren sintió que le podrían arrancar el pelo y la ropa en cualquier momento.
Keren se tapo los ojos con las manos, trataba de buscar un lugar en donde resguardarse, sentía como el aire podía levantarla y llevársela. A lo lejos, apareciendo de la nada Keren logro ver un edificio, era alto y con muchas ventanas, no sabia como había llegado ahí, nunca lo había visto. Pero tenia claro que ese era el lugar donde llegaría.
Al ir aproximándose al edificio, a Keren se le hizo difícil ver, pues el polvo del aire se había convertido en una densa niebla café, perceptible a cada respiración. Comenzaron a llorarle los ojos. El gran edificio al que se dirigía era una sombra larga que acechaba detrás de las nubes de polvo, que se iban agrandando cada vez mas, como un gigante en etapa de crecimiento.
El viento arreciaba con fuerza, cubriéndola de tierra y arenilla hasta lastimarla. De vez en cuando, algún objeto de cierto tamaño pasaba volando a su lado y le daba un susto de muerte.
Después llegaron los relámpagos.
Había recorrido la mitad del camino –quizá un poco mas-, cuando los rayos surgieron de la nada y la tierra que la rodeaba estallo en luces y truenos.
Caían del cielo en líneas irregulares, como barras de luz blanca, que, al chocar contra el suelo, arrojaban cantidades enormes de tierra calcinada. El ruido era tan insoportable que los oídos de Keren fueron perdiendo sensibilidad y, mientras se iba quedando sorda, ese sonido horroroso se fue apagando hasta transmutarse en un zumbido distante.
Continúo corriendo: casi ciega, incapaz de oír, apenas capas de divisar el edificio. Keren tropezó pero recupero el equilibrio. Era solo cuestión de tiempo antes de que una de esas dagas de luz alcanzara su cuerpo y la carbonizaran.
Quería gritar para escuchar su voz, aunque solo fuera una vibración débil dentro de su cerebro. Pero sabía que el aire plagado de polvo la asfixiaría. Ya era suficientemente dificultoso aspirar bocanadas de aire cortas y rápidas con la nariz. En especial con la tormenta de rayos que se estrellaban a su alrededor, chamuscando el aire y esparciendo un olor a cobre y a ceniza.
¿Y donde estará la lluvia? , se pregunto. ¿Qué clase de tormenta era esa?
Un relámpago blanco zigzagueo en el cielo y aterrizo justo a su lado. Grito, pero no pudo escuchar su voz. Entorno los ojos y algo, una explosión de energía o una ráfaga de aire, la arrojo hacia un lado. Al desplomarse de espaldas se le corto la respiración y un roció de piedras y arenilla se deslizo sobre su cabeza. Escupió y se limpio la cara mientras respiraba hondo y se arrastraba tratando de alejarse del gran cráter que dejo el rayo al caer.
El aire entro de nuevo en sus pulmones, miro al vacío y trato de volver a la realidad, estaba mareada, no distinguía nada, todo estaba distorsionado. Poco a poco pudo ir enfocando la vista, vio la tormenta, distinguió algunos rayos caer al fondo, y con horror pudo ver su pierna totalmente deformada.
Nuevamente grito, esta vez lo sintió y miro al cielo como suplicando un ¿Por qué?, las lagrimas brotaban y antes de llegar al tronco de la nariz desaparecían, su mente estaba bloqueada mirando toda esa sangre que se mezclaba con horror con la arena.
Había quedado como la tonta de los juegos, como el tributo ingenuo que callo en la trampa de los encargados, inteligente. Esa era la idea del comienzo, ser la inteligente, y mirar donde había quedado, convertida en carbón humano. Miro al cielo y su última lágrima broto.
Otro rayo creado por las nubes cayo directamente sobre ella, cargándola como una pila y distribuyendo por su cuerpo una carga tan grande que destrozo cada miembro de su cuerpo, los dedos explotaron de tal manera que solo le quedo un trozo, sus piernas estallaron de igual manera llegando hasta las rodillas y mirando como sus huesos pasaron de blancos a negros. Su cabeza vibro emitiendo fuertes convulsiones, sus ojos quedaron en blanco por unos momentos y luego al igual que su cuerpo explotaron.
Cañón.
-.-
El fuerte viento y los filosos granizos chocaban en el rostro de Mirsha, correr por el bosque nunca había sido lo mismo para ella. Ver hacia un lado y ver más que blanco; ver al lado contrario y ver lo mismo, blanco, blanco y más blanco. El pánico comenzó a perforar el cuerpo de Mirsha, siguió mirando en busca de su amiga. Pero había desaparecido, la había abandonado de nuevo.
Respirar era difícil con toda la nieve en su rostro, pronto empezaría a pasar frio. Tenía que buscar un refugio, concentro su mente tratando de buscar la solución al problema. Miro al cielo tratando de encontrar un rayo de sol, para así poder ubicar tan siquiera una dirección. Pero el sol había desaparecido también. Su corazón se agitaba cada vez un poco más.
Un fuerte sonido impacto en sus oídos, el sonido de un cañón. –Alguien ha muerto- pensó Mirsha, sin darse cuenta Mirsha había dejado de respirar, volviendo en si con un fuerte tosido. No sabía si lo había hecho el susto del fuerte sonido, o porque dentro de ella el miedo empezó a sucumbir.
-correr a cualquier lado- murmuro con un leve tono para ella.
Comprendía que eso lo llevaría a cualquier lado, salir del bosque. Pero… ¿A dónde la llevaría realmente? No tenia alternativa, sin más que pensar, Mirsha siguió su camino por un blanco camino. Sin saber que le podría llegar a esperar al final.
.
.
.
La nieve comenzó a subir, cada pisada nueva era nieve que entraba en sus botas y se derretía, convirtiéndose en agua helada que hacia doler sus pies. Cada paso se hacía más doloroso, no sabía cuanta distancia había recorrido ni mucho menos cuanta más podría soportar. Se detuvo a descansar un poco, saco de su mochila un frasco con agua, sus ojos se abrieron como platos al ver lo poco que le quedaba, solo un trago más. Pensó.
Tenía que pensar rápido. En lo corta de su vida, ella había aprendido que en caso de padecer de agua, el hielo –que es una fuente de agua-, no era recomendado tomar, ya que el cuerpo gasta más energía al momento de tratar de derretir el hielo, por lo cual no era recomendado. Tratar de decir si tomar el resto del agua o dejarlo para después. Era desesperante decir viendo que a su alrededor había litros y litros de agua congelada. Tomo el frasco y abrió la tapa completa. Pego a sus labios y empino la botella. El agua pasó a través de su garganta, llenándola de un placer que muy pronto se acabaría. Cerró los ojos tratando de que así el placer fuera mejor, pero para su gran sorpresa fue al revés, al bajar el frasco y abrir los ojos, miro a lo lejos un cuerpo negro moviéndose a través de los blancos arboles.
Asustada se lanzo a un lado, ocultándose debajo de un gran árbol, con su mirada siguió aquel cuerpo sin distinguir que tributo podría ser, o peor aún, que muto podría ser. Recordó los mutos que usaron el año pasado, una versión escalofriante de un insecto gigante, como una mantis que en sus brazos tenia filosas hojas como cuchillas. En ese momento prefirió que fuera cualquier tributo a un vivo.
Miro que pronto el cuerpo iba desapareciendo entre los árboles, era el momento de irse y tomar el sentido contrario a él o ella.
Camino otro tramo largo, llegando a una planicie donde los arboles escaseaban. Miro con cautela para prevenir cualquier otro tributo y suspiro aliviada al no ver a nadie más. Camino lentamente a través de la planicie, tratando de buscar un buen lugar por donde seguir, ya se encontraba a medio camino cuando un ruido la saco de su gran esfera invisible de protección.
Conocía muy bien ese ruido, el sonido de un palo al quebrarse, diariamente lo escuchaba en su distrito al bajar de los árboles y caer sobre varas de árbol. Miro a su alrededor y no miro nada, mas blanco para acabarla de frustrar, se detuvo y reflexiono, ella sabía que no había sido ella, ya que se encontraba muy lejos de cualquier árbol.
-crac-
De nuevo el sonido.
Miro hacia atrás y sitio como su alma iba saliendo lentamente de su cuerpo, una flecha había pasado rosando por frente de su pecho, si no hubiera sido por el movimiento, la hubiera recibido directamente en la espalda, perforándola y… no quiso pensar lo que pudo ocurrir después.
Con el miedo corriendo por sus venas, giro y enfoco tratando de mirar a su oponente o el origen de aquella flecha. Pero nada.
Dio un paso hacia el frente, pero antes de dar el segundo, de nuevo aquel sonido, y ahora la flecha broto rápidamente de otro lado rozando por arriba de su cabeza, sintió el aire a través de sus cabellos.
-¿Quién está ahí?- grito tratando de no arrepentirse. -¿sal y da la cara?-
-crac-
Giro y se sorprendió al lograr ver a su atacante, no logro distinguir de que distrito era, pero era un hombre, su cabello corto y sus gruesos brazos lo distinguían sobre cualquier mujer. Se encontraba a una gran distancia de ella, y en las manos tenía el arco listo para lanzar la flecha. Fue un momento neutro para Mirsha, el tiempo se detuvo, ya no sentía el viento correr, ni los fríos granizos caer sobre su rostro.
-esper…- pero fue demasiado tarde. El sonido de la velocidad corto esa palabra.
Se escucho el chasquido de una cuerda, el sonido de un objeto zumbando por el aire y, por ultimo, el sonido húmedo y nauseabundo que confirma que la flecha había dando en el blanco.
En sus últimos momentos, recordó a su amiga Ale, una frágil lagrima broto, le había fallado. Su promesa.
-.—
El sonido del cañón había sido lo primero en desatar su miedo, los dos pies frente a ella eran el motivo del que miedo se transformara en algo más.
Ningún musculo de su cuerpo se movió, se congelo literalmente, tratando así de convertirse en parte del árbol donde se encontrar, y que el dueño de aquellos pies no lograra encontrarla. Pasaron los 5 minutos más eternos de su vida, obteniendo una gran colisión de ideas y pensamientos sobre su cabeza. ¿Qué tenía que hacer? ¿Seguiría esperando ahí? ¿Era alguna especie de broma? ¿Se estaría volviendo loca? Y la más mortífera de todas, estaría a punto de saber algo ¿moriría en ese momento, o continuaría en el juego?
Los pies se movieron y giraron en su mismo eje, dando "la espalda" de los zapatos. Qaren movió lo más lento que pudo su brazo en dirección a su maleta, quizá si intentara atacar y cortar el tendón de los dos pies y así inmovilizarlo un poco.
Abrió la maleta y deslizo su mano tocando cada cosa que encontrara. Cuchillo, cuchillo, cuchillo. ¡Cuchillo!.
Lo tomo fuerte por el mango, el sudor empapo su frente y respiro, miro hacia enfrente y una fuerte sensación invadió su cuerpo. El sudor se hizo mas frio, el estomago se le revolvió y su mente colapso.
Los pies desaparecieron.
El corazón empezó a palpitar cada segundo más rápido, sentía como la sangre corría cada vez más rápido por sus venas. No sabia si era por no saber que le esperaba afuera, o el simple hecho de sentirse a salvo de aquel cuerpo. Siguió sin moverse.
-vamos Qaren-pensó.
Poco a poco se puso en posición para poder gatear a través del árbol y salir a explorar. El granizo seguía cayendo y proyectaba una gran cortina blanca que evitara ver más allá de uno metros. Si lograba correr e ir mas allá su vida estaría a salvo.
Tomo la decisión que tenia que tomar, igual de cautelosa tomo su maleta, la coloco en su espalda y se preparo para correr.
Respiro y se preparo.
Se impulso de la manera más rápida, esa podría ser la ultima vez que corriera en su vida.
Al pasar por el arco de la entrada del árbol, la temperatura corporal cambio bruscamente, aunque allá sido poco, dentro del árbol pudo calentarse en lo mas mínimo, ahora, fuera, con la briza a menos 0 grados, el impacto fue grande. Los huesos le dolieron y le dificultaba moverse, los pulmones se contrajeron y ocupaban mas oxigeno. Se detuvo un minuto examinando a su alrededor. Nada.
-me buscas- hablo la nieve.
-estúpida nieve- pensó Qaren, -ojala y me dejes ver-
-por aquí- rio de nuevo la nieve.
-no juegues- grito desesperadamente Qaren, -sal-
-si estoy justo atrás de ti-
Qaren siguió las ordenes sin prensarlo dos veces, volteo y miro el árbol donde se ocultaba al principio, ramas secas alrededor, y mas de aquel color que empezó a odiar Qaren. Blanco.
-mujeres- susurro de nuevo esa voz.
Qaren se tenso y apretó fuertemente el mango de cuchillo, preparada para lo que vendría, pero desafortunadamente no pudo hacer nada. Se escucho un fuerte crujido proveniente del árbol, después un sonido de metal, como si estuvieran desenfundando algo. El sonido de un hueso al quebrarse y por ultimo el goteo de sangre sobre la nieve.
Las manos corrieron a tocar su rostro, se entumeció completamente al ver el color rojo Ruby que embarro sus manos. Los ojos giraban rápidamente buscando el motivo, ¿el porqué de eso? Pero nada, la sangre comenzó a escurrir por su rostro, sentía como las gruesas gotas pasaban por el contorno de sus ojos y terminaban en sus mejillas. Un fuerte dolor nació en la parte superior de la frente, era un dolor punzante, una fuerte presión en la cabeza, como si miles de abejas la hubieran picado en el mismo lugar. Subió la mano y poco a poco fue tocando su frente hasta que llego a algo duro, con el tacto fue tocando la base dura llena de sangre hasta que descubrió que era.
Era una gran hacha clavada exactamente en la parte de su frente, el lado filoso había perforado el cráneo de Qaren. Comprendió rápido y sus ojos giraron hacia la parte superior del árbol. Y ahí se encontraba. Sentado y al parecer con una sonrisa pintada en su rostro. El chico del distrito 3. Joczan.
-mujeres- repitió.
Qaren tomo fuerte la parte media del hacha y jalo hacia afuera.
Después simplemente callo y se escucho su final.
Cañón.
-.-
Los pies se vencían cada vez mas, la nieve congelaba y quemaba los pies de Ana y Mario. Falta poco. Eso era lo que tenían en mente, era su única oportunidad para seguir.
A lo lejos se podía mirar ya la alta montaña y sus gigantes extremos rocosos. El granizo al parecer no era tan fuerte en esa zona de la arena. Un brillo de esperanza broto de sus ojos. Lo lograrían.
-¡vamos!- grito Mario, -nosotros podemos-
Ana no contesto, no podía gastar sus energías hablando, las ocupaba en las piernas, no en la boca.
-RUUOAR-
Un fuerte rugir corto el aire, golpes contra la nieve que un humano no podía dar, cada vez mas rápido, mas cerca. Y ante ellos un gran muto apareció. El doble de grande que ellos dos juntos, se ergio en sus dos patas traseras y enfrente cara a cara a los tributos.
Unos minutos después, ya estaba sobre ellos.
Un fuerte golpe, unas filosas garras, sangre, nieve.
To be continued...
