Todo lo mío (?) es para Lizjoo porque es MI TODO y la amo densamente & porque soy de ella para todo lo que guste & desee

Twilight no me pertenece, y la historia tampoco, es deAngryBadgerGirl. Sólo me adjudico la traducción

Capítulo dedicado a carliitha-cullen porque es un amor de persona, la amo & me ayuda siempre, como con este capítulo (: y porque ella me lo pidió & yo soy su fiel esclava, por supuesto(?)

También está dedicado a Indira, Yaneris,Hary y Soranyi porque siempre me leen a pesar de la tardanza


BPOV

"Te amo, Edward," susurré mientras me sentaba en su regazo.

Mi corazón se sentía como si miles de caballos militares galoparan dentro de él. No creía que hubiera suficiente alcohol en el planeta para que yo pudiera decirle eso sin sentir miedo, incluso si él me había dicho que quería que lo dijera. Lo que más me daba miedo era que no sabía a dónde nos llevaría. Yo tenía esa "venda" puesta y no podía ver que seguía. Pero estaba tratando de no pensar en eso —de no superarme. Sólo quería concentrarme en nosotros aquí, juntos, justo ahora.

Cerré mis ojos, inconscientemente, creyendo que eso haría desaparecer el sentimiento de incomodidad y nervios. Pero mis ojos no se mantuvieron cerrados por mucho tiempo, porque él me sostuvo en uno de sus abrazos de oso.

"Te amo, también, Ojos Cafés," escuché en mi oreja.

Pude fácilmente llorar de alivio —por la satisfacción de tener lo que yo ya sabía que sentía, pero puesto en palabras. En silencio agradecí a Dios porque él pudiera responderme tan fácilmente.

Nos miramos el uno al otro por un momento. No podía decir que estaba pensando él, pero parecía feliz. Estaba tratando de ver si algo parecía diferente después de que las palabras habían sido dichas. Afortunadamente, no.

Mis verdaderos sentimientos por él eran algo que podía demostrar pero no podía expresarlos con palabras. Era solo que yo tenía mucho miedo de espantarlo. Él parecía amarme, pero mi mente estaba en una carrera interminable de cómo reaccionaría él si estuviera forzado a ponerle una etiqueta a sus sentimientos. Cuando escuché a Aro decirle que la promoción era suya, simplemente me aterré. Ahora no teníamos otra opción más que discutir qué iba a pasar, porque ya no teníamos un "acuerdo" para escondernos detrás, por así decirlo.

"Gracias," contestó, besándome suavemente. "Por decirlo primero. Por decirlo todo," agregó, luciendo feliz y triste al mismo tiempo.

"Por supuesto que lo diría. Ya lo sabía," confesé con una sonrisa. Acaricié su mejilla con la parte de atrás de mi mano, luego tracé el contorno de su labio inferior con mi dedo índice.

"¿Desde cuándo?" preguntó, sonriendo.

"Hmm," dije con un suspiro. "Un rato," contesté tímidamente.

"¿Cuánto es 'un rato'?" presionó, mordiendo su labio inferior. No podía resistirme a él luciendo tan adorablemente varonil y dulce.

"La noche que venimos a casa después del cine. Cuando nos peleamos y nos arreglamos. Entonces supe que te amaba," le expliqué en voz baja.

"Pero yo tuve una pelea. Yo te molesté," dijo, inclinando su cabeza y luciendo perplejo.

"Lo sé, pero lo resolvimos, ¿Recuerdas?"

"Sí, pero todo lo que hice fue decir 'lo siento' y esperar que tú no estuvieras muy molesta," dijo con el ceño fruncido.

"Era más que eso," ofrecí una explicación vaga.

"Dime, por favor,"

"Tú dijiste que confiabas en mí. Me dijiste cosas que te hacían sentirte triste y yo quería… y yo quería saber qué eran, así podría ayudarte, tú sabes, a ya no estar triste. Ahí fue cuando me di cuenta… que probablemente me sentía así porque te amo," confesé suavemente, jugando distraídamente con su pulgar mientras sentía como mis ojos picaban de nuevo. Agarró mi mano y besó el interior de mi muñeca.

"Es solo que estoy muy feliz ahorita," le dije, con otro nudo formándose en mi garganta.

"Tienes una manera muy graciosa de mostrarlo," contestó con una sonrisa, burlándose de mí por llorar.

"¿Podrías, quizás… decirlo de nuevo?" pregunté, limpiando mis ojos con el dorso de mi mano. "No podía ver tu cara hace rato," expliqué. Ver su cara mientras lo decía, parecía igual de importante que escucharlo decirlo.

"Te amo," Edward repitió, sus brillantes ojos verdes mirando justo hacia mí.

"Dios, realmente me gusta ese sonido," dije con una sonrisa de oreja a oreja. Él estuvo de acuerdo en que se sentía bien decírmelo, y escuchar eso no ayudó con mi situación de lloro por todo.

Mi menté viajó a cuando mi madre vino en vacaciones de Acción de Gracias y pensé en todas las miradas que nos lanzaba. La última noche ella estaba aquí, finalmente se rindió y me dijo que aceptara todo lo que estaba pasando, que "siguiera mi felicidad porque nada era más importante en esta vida que tener a alguien a quien amar". Pensé que la escuela sería suficiente para mantenerme en una pieza, pero, claramente, no lo era.

Encontré que lo que tenía con Edward era mayor de lo que jamás había esperado. Era como encontrar un billete de veinte dólares todo arrugado al final de tu bolso cuando estás sin dinero, o que finalmente sea tu turno en un juego en un parque de diversiones después de haber estado formado por horas, casi olvidas por qué estabas esperando.

"Lo siento. Estoy toda chillona y tonta. ¿Me distraes?" pregunté, tomando sus dos manos y poniéndolas en mi cara. Él me dio la mayor distracción cuando sus labios tocaron los míos —suave como un soplo, como la primera vez dentro de una tormenta.

"Disfruto distrayéndote," dijo con una sonrisa juguetona, mientras sus dedos se movían delicadamente por mi clavícula. Cuando comenzó a besar mi cuello, estaba tan distraída, que apenas podía hablar.

"Así… hay más de las, uh, lecciones, ¿cierto?" pregunté con voz débil mientras rodaba los ojos. Eso fue lo que pasó cuando sus manos se trasladaron a mi pecho y sus labios estaban por todas partes.

"Ojos Cafés," se burló. "No estamos ni cerca de terminar," explicó entre besos. "Tenemos mucho material por cubrir… mmm," gimió mientras alcanzaba el cierre del vestido, en mi espalda, "mucho material cubriéndote justo ahora."

Bajó mi vestido hasta mi cintura con una velocidad y fineza, que se las arregló para sorprenderme.

"Transparente," dijo con un suspiro, mirándome en sostén. "Transparente es mi favorito. Dios, eres hermosa," murmuró, acariciando mi mejilla.

"Gracias, por siempre decirme eso," dije, besando su palma.

"Es verdad," dijo con una mirada juguetona. "La mayor parte de estar contigo, de 'enseñarte', ha sido ver cuánto has cambiado. Ya no eres tímida, no estás incómoda. Tú me dejaste ayudarte a sentirte así."

"Porque tú siempre fuiste muy dulce, muy paciente. La manera en que me hablabas… en que me tocabas. Eres tan seductor," acusé juguetonamente.

"Lo siento, pero tengo que estar en desacuerdo. Si algo pasó, fue que tú me sedujiste, Ojos Cafés, sin importar si tenías ideas o no."

"Ves, ese es el tipo de charla a la que me refiero," contesté con una sonrisa.

"Es cierto," insistió, agitando su cabeza. "No podía obtener suficiente de tu imagen volviéndote un segura y sexy mujer. Aún no puedo," admitió, acariciando la copa de mi sostén con el dorso de sus dedos.

"Te amo," susurró en mi oreja.

"Ya lo habías dicho. Te hice decirlo un montón de veces," le dije, riendo.

"¿Debo detenerme?"

"No," dije con el ceño fruncido. Puso sus brazos alrededor de mí, y suspire ligeramente mientras descansaba mi cabeza en su pecho.

"Quizás ya usé todos —los 'te amo'," bromeó.

"No funciona así," hice un puchero.

"¿No? Entonces, ¿Cómo funciona?"

"Tú me dices que me amas y yo… te tolero."

"Hey, no me gusta este nuevo trato. Regrésame el antiguo," se quejó con una risita.

Lo mire y apreté sus labios entre mi pulgar y mi índice.

"Nooo puessooo deshirrr te amossshh ashi," farfulló.

"Oh, eso es cierto. No puedes, ¿Puedes?"

"No, no puedo," contestó con una sonrisa ahora que había soltado sus labios.

"¿Cómo hago que digas 'te amo' y nada más?"

"Supongo que necesitas encontrar pasatiempos para mis labios."

"Ooof, esa es una tediosa, horrible tarea. ¿Debo?" pregunté con una sonrisa y una falsa mueca.

"Sí, me temo que debes. Es tu cruz a cargar," dijo con sarcasmo.

"Si eso es lo que se necesita," suspiré. "Aquí, ¿Qué tal esto?" pregunté, besándolo gentilmente en los labios.

"Ojos Cafés," dijo, después de parecer pensativo por un momento.

"¿Sí?"

"¿Tú, um, irías a una cita conmigo?" preguntó nerviosamente.

"¿Me estás preguntando? ¿Como en una verdadera cita?" contesté, poniendo mi mano sobre mi boca para contener la risa.

"¿Por qué eso es tan gracioso?" preguntó en respuesta, pareciendo enojado.

"No lo sé, ¿No crees que esto está yendo un poco rápido?"

Él hizo esa misma cara de gruñón que hacía cada vez que se quejaba de algo.

"Linda manera de elevar el ego de un chico," se quejó.

"¡Oh Dios mío! Tu ego no necesita nada de ayuda, mi amigo."

"¿Saldrás conmigo o no?" presionó.

"Claro. Incluso quizás podamos ser 'novios.' Puedes llevarme al Sock Hop (1) y después por malteadas en el camino," bromeé con una sonrisa cursi.

"¿Me dejarás buscar en tu falda de poodle (2), Peggy Sue (3)?" bromeó en respuesta. Le dio un golpecito al broche de mi sostén, causando que se abriera.

"¿Por qué clase de chica me tomas? ¡Yendo a tercera base en la primera cita!" argumenté en broma, pegándole a su codiciosa mano antes de que alcanzara mi seno desnudo.

"De hecho, así de caliente —tú en una de esas enormes faldas y un ajustado suéter con botone muy diminutos," dijo, agitando su cabeza y gimiendo.

"Hablando de ropa," comencé, jugando con el cuello de su suéter de punto, "Tú luces…" traté de decir, pero las palabras se me fueron.

"¿Qué?" contestó, luciendo tan presumido como siempre.

"Muy, muy, guapo con esto," murmuré, pasando suavemente mis palmas de su pecho a su cuello.

"Gracias," contestó mientras bajaba los tirantes de mi sostén a mis brazos.

"Pero yo creo que tú lucirías mejor sin esto puesto," le dije, tirando del borde de su suéter a medida que levanta los brazos. Le quite la camiseta que llevaba debajo, así pude tocar su musculoso, apenas desnudo pecho y sentir el claro vello entre mis dedos. Me perdí por un minuto, dejando a mis manos y mis ojos admirar su torso.

"¿Qué es lo que quieres, hmmm?" bromeó. Edward amaba escucharme decir que lo deseaba, no importaba lo obvio que ya era. No estaba totalmente convencida de que él me insistiera en eso solo para que yo fuera menos inhibida. Algo me decía que alimentaba su instinto cavernícola, aunque no lo necesitara.

"Quiero tomar una ducha," contesté. "Me gustaría quitarme el alcohol. Sentirme menos borracha… más hombreriega," expliqué, besando sus labios.

"¿Estoy invitado a esa fiesta?" preguntó.

"Edward," dije en respuesta, rodando mis ojos, "No es una fiesta si tú no estás ahí."

Pocos minutos más tarde, estábamos en el baño de Edward, desnudándonos mientras esperábamos que la vieja tubería de la ciudad nos trajera un poco de agua caliente.

"Permíteme," dije, desabrochando el botón de sus khakis y bajando el cierre. "Déjame enseñarte cuánto he aprendido desde la primera vez que hicimos esto," agregué con una sonrisa.

Besándome con un suave gemido, sus manos se deslizaron con destreza a mis caderas, entre mi piel y mi ropa interior, mientras yo le ayudaba a arrojar sus pantalones y sus calzoncillos.

"Estaba nerviosa la primera vez que te toqué," le dije. "Temerosa de que no te gustara o de que hiciera algo mal," confesé mientras nos parábamos debajo del agua caliente. "Pero he aprendido un montón desde ese día," ronroneé, dejando que mis jabonosas manos se deslizaran por todo su abdomen, provocándolo.

"No es posible, Ojos Cafés. Ni siquiera la primera vez. Dios, tú me vuelves loco," gruñó, jalándome hacia él y besándome. Su boca ya no era gentil —solo hambrienta. Sus grandes manos, tan ansiosas y hambrientas, tocaron mi trasero.

"Ahora amo tocarte," dije, besando su cuello y continuando provocándolo, deteniendo mis manos a una corta distancia de donde sabíamos que él las quería. Gimió cuando tome su muñeca y presioné la palma de su mano contra mi pecho. "Y sentirte sobre mí."

"No puedo tener suficiente de ti. Esto se vuelve siempre cada vez mejor," dijo.

"Tú eres mi Pigmalión (4), Edward," contesté con una pequeña sonrisa.

"No, no lo soy. Soy yo quien está transformado," dijo, sosteniendo mi cara entre sus manos. "Nunca tuve nada como esto antes. Nunca," me contó. "He estado con… muchas. Pero nunca hicieron por mí lo que tú hiciste," agregó. "Tú me crees, ¿No?"

Asintiendo con mi cabeza lentamente, suspiré mientras él se concentraba en mi pecho, sobando mis pechos gentilmente.

Dejé de provocarlo y envolví mi mano a su alrededor, sin necesitar una instrucción o guía. Esos días de ser insegura, ambos, en la manera emocional y física, estaban ya en el pasado.

"Puedo decir qué tan cerca estás," dije, estudiando su cara. Su frente estaba arrugada, y sus ojos estaban cerrados. Sus labios se curvaron hacia un lado en una media sonrisa cuando dije eso. "Tu cara se vuelve muy intensa, y luego sólo se relaja. Luces… como la criatura más sublime que alguna vez haya visto —de otro mundo," profesé suavemente.

Me sorprendió cuando abrió sus ojos y tomó mi mano con la suya.

"Te necesito," dijo simplemente. "Por favor, necesito..."

"Dime qué necesitas. Tú siempre dices que me darás lo que necesite. Yo quiero hacer eso por ti, también," contesté, sintiendo la urgencia, el deseo, igual de intenso como él lo hacía.

"Necesito hacerte el amor," me dijo.

"Sí," respondí, asintiendo con mi cabeza rápidamente.

Impacientemente nos ayudamos el uno al otro a quitarnos las toallas. Sequé mi cabello lo más rápido que pude. Prácticamente me deslicé por el pasillo para encontrar a Edward en la habitación, y me congelé en mi lugar para ver. Él tenía solamente una toalla alrededor de su cintura mientras se arrodillaba para encender la chimenea y conseguía que la habitación fuera suficientemente acogedora. Podía ver su perfil en el suave resplandor del fuego —su fuerte brazo se flexionaba mientras agarraba la madera con el atizador de hierro. Mi cambio de peso lo hizo volverse hacia mí.

"Hey, bonita," dijo con una sonrisa. "¿Ves algo que te guste, Ojos Cafés?" me provocó.

"¿Dónde te he oído decir eso antes?" apunté sarcásticamente. "Oh, sí. La primera vez que te vi en mi vida y que estabas semidesnudo. Seh. Difícil de olvidar," agregué, arrugando la nariz con falso desdén.

"¿Sabes qué? Tú eres la chica del póster que dice 'Las mujeres protestan demasiado.' Tu foto debería de estar al lado de esa frase donde sea que la pongan."

"¿Qué, fue mi culpa que te presentaras desnudo?"

"No, pero aún lo mencionas. Tengo que preguntarme si todo lo que soy para ti es un objeto," respondió con fuerte, pero falso, suspiro.

"Tú eres el más adorable objeto sexual, Edward —un dulce y completamente inofensivo Don Juan, de hecho. Estoy loca por un talón," declare, riéndome.

"Ven aquí y bésame, Kate (4)," bromeó.

"No puedo decir no, Edward. Tú eres tan malditamente caliente," bufé sarcásticamente, rodando mis ojos. Me reí mientras él me acunaba y me llevaba hasta la cama, pero me detuve abruptamente cuando me volcó justo en el centro del colchón.

"Ahora no estás riendo, ¿O sí, mi pequeña astuta?" preguntó con una sonrisa de satisfacción, mirándome hacia abajo por un lado de la cama.

"Odio a los hombres," dije, frunciendo el ceño.

"Pero yo te amo," contestó, deslizándose a mi lado.

"Oh, no. ¿Escuchaste eso?" pregunté.

"¿Escuchar qué?" preguntó, pareciendo confuso.

"Dilo de nuevo. Ahora escúchalo más atentamente."

"Te amo," dijo de nuevo. "No escucho nada."

"¿No? Es el gemido de tristeza de todas tus zorritas pasadas, Edward," bromeé, acuné mi oreja con mi mano y me incliné hacia la ventana.

"Eres un saco de risas, pequeña," contestó, claramente no divertido. Me agarró de los costados y empujó sus largos dedos en mis costillas, haciéndome cosquillas. ".."

"Seeeh, lo soy," protesté, empujando sus manos y tratando de poner distancia. "¡Mira! Una acaba de volar por la ventana," exclamé, sentándome y señalando hacia el vidrio. "¡Están brincando! No, ¡Zorras! No lo hagan. ¡Siempre queda James!"

"De acuerdo, ¡Estoy bromeando! Por favor para," Grité, sacando todo el aire que quedaba en mis pulmones.

Se levantó y se inclinó lejos de mí, así que pude respirar. Enrosqué mis piernas al rededor de él, el hecho de que ambos solo lleváramos una toalla fue maldito. Esa era yo con mi Edward, y él me amaba.

"Tantos lugares deliciosos," dijo, abriendo mi toalla e inspeccionando mi piel desnuda, "No sé dónde empezar."

"Mmm," Ronroneé mientras su lengua jugueteaba con mi pecho. "No me importa donde empieces… solo no te detengas," suspiré.

"¿Mía?" preguntó mientras llevaba su mano entre mis piernas.

"No me preguntes cosas de las que sabes la respuesta, bebé" le dije con una sonrisa. "Eres un tipo listo. ¿De quién crees que es?"

"Me gusta oírte decirlo," se quejó, con ese ceño tipo Cromañón que debería ser dominante, pero era sexy y masculino, y me hacía derretirme en mi interior.

"Soy tuya. Cada parte de mí," suspiré. "Pertenezco a ti ahora. Mi cuerpo, mi corazón —son tuyos, Dr. Cullen," prometí, susurrando en respuesta las mismas palabras que él me había dicho la primera vez que estuvimos juntos. Pero esta vez, no había ningún juego de roles, no había pretensiones, nada de juego.

Los ojos de Edward se iluminaron repentinamente mientras se daba cuenta de que yo estaba repitiendo algunas de las palabras dichas esa noche en que él, dulce y gentilmente, me mostró cómo era estar con un hombre.

"No más 'como- hacerlo,' Ojos Cafés," dijo con una expresión seria. Parecía estar harto de pretender.

"No. No más de eso.'"

"Yo no sabía cómo hacer el amor antes de conocerte," susurró.

"Ya somos dos," dije con una sonrisa. "Yo tampoco sabía. Pero ahora lo sé," agregué, mi mano presionándolo en la espalda.

Me monté a horcajadas en sus caderas y me incline hacia adelante, besándolo suavemente y jugando con nuestras lenguas. Su cuerpo se tensó y dejó escapar un gemido de impaciencia cuando me restregué contra él.

"Tú no solo te abriste y floreciste para mí, Bella oji-café," dijo, sentándose, conmigo todavía alrededor de él. "Tú te convertiste en la más perfecta y hermosa flor que yo podría tener."

Nos sentamos el uno frente al otro mientras me levantaba por la cintura, posicionando nuestros cuerpos para que él pudiera estar dentro de mí. Pegando mis piernas alrededor de su sección media, bajé para que él estuviera dentro de mí, arqueando mi espalda ante lo bien que se sentía estar conectados, unidos, y enlazados el uno con el otro.

"Mi Edward," murmuré, sosteniendo su cara en mis palmas mientras sus brazos de daban un fuerte abrazo.

Moví mi cadera contra la de él, al principio lentamente porque quería saborearlo, haciendo cada segundo tan largo como se pudiera. Nuestros cuerpos juntos, presionados pecho con pecho, era la más satisfactoria, divina, y más perfecta cosa imaginable. Presioné mis labios contra los suyos hasta que ambos estábamos demasiado agitados para seguir besándonos. Manteniendo el pulso constante y gradual, descansé mi cabeza en la curva de su cuello.

"Mírame, dulce niña," me dijo en voz baja. Sonreí cuando note la ardiente expresión de su cara.

En ese momento, hicimos por el otro lo que habíamos estado haciendo por un tiempo —nos hicimos felices, nos hicimos sentir completos y enteros.

"Tú eres el hombre que siempre he querido, Edward," confesé mientras sentía cómo iba llegando al clímax. "Te amo, bebé," repetí, mis palabras saliendo en un lento gemido.

"Necesito ser ese hombre, Ojos Cafés… Simplemente te necesito," confesó en respuesta mientras se venía dentro de mí. "Dios, Te amo," dijo, su aliento saliendo a pequeños gruñidos con cada exhalación.

Edward nos recostó a los dos y quedamos acurrucados, nuestros brazos y piernas alrededor del otro en cualquier espacio de piel disponible.

"Nunca respondiste mi pregunta," dijo, retorciendo un mechón de mi cabello y usándolo como brocha de pintura contra mi piel.

"¿Qué pregunta? Creo que me quedé sin células cerebrales justo ahora."

"En la que te pregunté si saldrías conmigo," contestó, sus cejas se alzaron ansiosamente.

"Por supuesto que lo haré, loco," dije con una risa. "Yo tengo que preguntarte algo a ti ―¿por qué tan nervioso?"

"No estoy seguro. Tú me haces esto. Sigo sin saber qué esperar. A lo mejor me desanimaste."

"¿Desanimé? Después de todas las charlas sensibleras y las lágrimas afeminadas y, tú sabes, el amor caliente, ¿crees que diría 'no' a una cena y una película?" pregunté un poco sorprendida.

"Bueno, creo que así es. Primero que nada, nunca sé qué esperar de ti," bromeó mientras se acurrucaba en su mantita de pechos, enrollando su gran mano alrededor de mi pecho. "Y no sé, tal vez estoy preocupado porque tengo algo que valoro y ese nunca ha sido el caso, anteriormente. ¿Cómo debo cuidar de ti? ¿Cómo puedo estar seguro de darte lo que necesitas? Pienso en eso y me pongo nervioso."

"Eso es realmente dulce. No sé qué decir," contesté, acariciando el anillo de su meñique con la punta de mi dedo índice. "Supongo que nunca sé qué esperar de ti, tampoco."

"Era de mi mamá," me dijo, alzando la mano que usaba el grueso anillo plateado. "No lo he usado en un buen tiempo."

"Hay algo grabado en él," noté.

"Es una 'E' mayúscula. Su nombre era Elizabeth. Aunque todos la llamaban Libby."

"¿La extrañas?"

"A veces."

"Edward," empecé, sintiendo como si ahora fuera el momento ―si es que lo hubiera― para preguntar algo que me había estado curioseando desde hace tiempo.

"¿Hmm?"

"¿Tu padre sabe de ti?" pregunté, con mi voz un poco suelta. Estaba cautelosa sobre presionar demasiado, en mover emociones que a lo mejor él había enterrado.

No contestó al principio, y pensé que tal vez había sobrepasado y cruzado a territorio que no debí haber abordado.

"No lo sé," contestó simplemente.

"¿Nunca intentaste buscarlo?"

"No."

"Lo siento. Te estoy poniendo incómodo."

"Es un tema incómodo. No creo que sea posible que no lo fuera."

"De todas maneras lo siento."

"¿Por qué? No has hecho nada."

"Lo sé. Pero… no conoces a tu papá… y no tienes a tu madre cerca."

"Tú no provocaste esas cosas," contestó con lógica.

"Lo sé," repetí, suspirando. "Lamento que no tengas padres, algún familiar que se preocupe por ti, que te ame. ¿Qué hay de tu abuela? ¿Es ella, ya sabes, especial para ti?"

"No realmente."

"¿Y eso por qué?"

"Nunca me relacioné con mis abuelos. Fui a vivir con ellos cuando mi madre murió, y las cosas fueron… mal desde el principio."

"¿Quieres contarme?"

"No lo sé. Nunca he hablado de eso antes."

"¿Qué sucedió?" pregunté, acariciando su mejilla, como si eso lo calmara y le ayudara a hablar.

"Ellos me trajeron a Chicago desde el entierro de mi mamá, y me dijeron que me iba a ir a vivir con ellos. De alguna manera u otra, no tuve ninguna opinión en realidad, porque no los conocía."

"¿Nunca los habías conocido?"

"No. Los conocí en el hospital cuando mi mamá murió."

"¿No sabes por qué?"

"Mi mamá solamente me dijo que tenía familia, pero que no era muy cercana a ellos. Dijo 'Dejé Chicago en Chicago,' y lo dejó de esa manera. No tenía idea de a qué se refería."

"¿Nunca te lo explicaron? ¿Tus abuelos?"

"Me enviaron fuera de Andover (6) a una escuela privada antes de que pudiera preguntar."

"¿Ellos te hicieron ir a un internado?"

"Bueno, como que los obligué a hacerlo, en realidad."

"¿Qué pasó?"

"Nuestras cosas ―las cosas que mamá y yo teníamos en New Haven, fueron enviadas a Chicago, y mi mamá tenía cajas y cajas de cosas que había guardado y que yo quería conservar. Mi abuelo dijo 'tira la mayoría a la basura. Todo eso,' y cuando lo escuché diciendo eso, algo en mí me golpeó. Tomé mi bate de béisbol y destruí su estudio completamente. Sentí como si él estuviera tratando de 'borrar' a mi madre. Fue un error, no debí haber hecho eso."

"¡Edward, eras solo un niño! Por supuesto que eso hizo que te molestaras," dije con convicción.

Sentí mi propio enojo ir creciendo. No conocía al abuelo de Edward por Adam, pero tuve que suprimir una oleada de amargura por cómo había tratado la muerte de su propia hija y lo insensible que se mostró con su propio nieto.

"Pero creo que todo lo que hice fue una prueba para él de que era como el resto de la 'basura' que él no quería. Era desperdicio, también," dijo simplemente, como si estuviera recitando un sencillo hecho.

"Estoy segura de que no lo sintió de esa manera. Deja de decir eso," dije, alzando mi voz ligeramente. Inclusive me sorprendí a mí misma por cuán indignada estaba de que Edward pensara tan bajo de él mismo.

"Bueno, nunca lo sabré. Mi abuela me dijo que al día siguiente iba a ser enviado a Andover. Sabía que eran adinerados. Probablemente, llamaron a la escuela, arrojaron algo de dinero, y el trato estuvo cerrado."

"¿Pero nunca los visitaste? ¿Ibas a casa en las vacaciones?"

"Traté de evitarlo lo más posible, para ser honesto. Los odiaba cuando era joven. Vi la vida que tenían ―muy ricos, una casa enorme, un equipo a su disposición. Y no podía creer cómo vivían de esa manera, mientras mi madre se las arreglaba para darme una colegiatura para que así pudiera ir a una escuela privada para niños dotados. Ellos tenían todo. Mi mamá no tenía nada. No sabía por qué, pero la razón no hubiera sido válida, sin importar cuál fuera."

"Es por eso que dijiste que tu herencia no era importante para ti."

"Y sigue sin serlo. Pero con mucho gusto voy a gastarla en lo que necesite y nada más. Al menos puedo ser agradecido con mi abuelo por dejarme eso después de morir."

"Puedo entender por qué te sientes así. ¿Pero qué hay de tu abuela? ¿Ella no quería verte?"

"Ella no tiene la mejor salud. No durará por mucho tiempo."

"¿Pero, no te extraña? Ella está cerca por…" presioné, sin entender por qué, después de todos esos años, no habían logrado formar ningún tipo de relación.

"No es tan simple," dijo, su voz reflejando una ligera irritación, como si no quisiera seguir en este asunto.

"Lo siento, lo voy a dejar. Ya sabes que solo soy curiosa. No quería arrastrar los malos recuerdos."

"Ha," dijo con un resoplido. "Es gracioso que menciones los recuerdos. Ese es el problema en sí."

"¿A qué te refieres?"

"Mi abuela. Ella tiene demencia senil ―Alzheimer. No tiene ningún recuerdo. Ninguno mío, al menos."

"Edward," suspire, sosteniendo su rostro en mis manos. Mi corazón sencillamente se rompió por él. Él no tenía a nadie; su único pariente vivo no era capaz de reconocerlo, inclusive si ella quisiera conocerlo del todo.

Y lo peor de todo, era que el pasado de Edward parecía estar condenado a quedarse así para siempre ―estaba en lo cierto, sobre ser 'borrado'. No había nada más para descifrar la verdad sobre quién es en realidad. No había nadie que le dijera dónde podía encontrar a su padre, y por qué su madre lo había criado sola, sin que su familia le ayudara. La única prueba de su vínculo con el legado establecido por los Masen de Chicago era su herencia ―cosas materiales que no podían comprarle lo que había perdido.

"Hey, hey… ¿por qué estás llorando?" preguntó, imitándome y poniendo sus manos en mi rostro. "Pensé que esta era mi historia lastimera," bromeó suavemente.

"No me importa tu historia lastimera. Ni siquiera me gusta el nombre de 'historia lastimera.' Y no quiero que tengas una," murmuré sin sentido. Apenas podía definir con palabras cuán profundamente me había afectado todo esto. Había sido difícil imaginar qué podía haber hecho por él.

"Sabes que puedo manejarlo cuando estás molesta," dijo, exhalando profundamente y enrollando su brazo alrededor de mi hombro. "Vamos, Ojos Cafés. Estás más dolida por todo esto de lo que yo estoy. Las cosas pasaron y ya," explicó, tratando de consolarme.

"Pero debió haber sido diferente. Debiste haber tenido más," discutí, sollozando.

"No importa," dijo con una ligera sonrisa.

"Por supuesto que importa, Edward," insistí.

"Pero tengo todo ahora. Tú lo haces mejor," dijo, levantando mi barbilla con la punta de su dedo para que pudiera verlo.

Su cara se veía perfectamente angelical cuando dijo esas palabras, y pude ver la felicidad en sus ojos. Era donde podía ver su alma con tanta claridad, y entre más lo veía, más podía ver cómo el 'pequeño niño perdido' lentamente se estaba convirtiendo en el 'pequeño niño encontrado.'

"¿Yo… lo hago mejor?" pregunté tentativamente. Me sentí un poco abrumada por ser capaz de hacer tanto aunque en realidad no esté haciendo absolutamente nada.

"Tú haces que todo sea mejor," me informó antes de besarme suavemente. "Especialmente los huevos. Me gustaría un omelet occidental en la mañana, por cierto. No te limites con el queso," bromeó, pero no alcancé a ver la broma cuando estaba actuando como un asno.

Dejó salir un exagerado 'Ooof' cuando lo golpeé levemente en las costillas.

"Eso es todo. Voy a comprarte una gallina que vaya con tus tendencias de cerdo. Puedes abrir un zoológico de mascotas mientras me mudo con Alice y Rose."

"No," protestó, tomando mi puño y abriéndolo fácilmente, sus fuertes dedos se metieron en mis dedos, apartándolos con casi nada de esfuerzo. Una vez que tuvo mi palma abierta, la presionó contra el lado izquierdo de su pecho. "No te puedes ir," dijo sencillamente.

"¿No puedo, eh? ¿Y qué te hace estar tan seguro de eso?" pregunté, alzando mis cejas.

"Fácil," rió, rodándome hacia mi espalda y fijándome debajo de él. "Ves, no puedes irte," añadió, cepillando su cara en mi cuello y colocándose en su posición normal para dormir ―esa que me privaba de cualquier movimiento. Amaba al Apretador, aún y aunque a veces me cortara mi suministro de oxígeno.

"No," contesté, concediendo la derrota. "No podría dejarte," susurré, besando su frente y cerrando mis ojos, dejándome caer en un pacífico sueño mientras Edward empezaba a roncar ligeramente en mi oído.


(1)Se refiere a uno de los bailes que se suelen realizar en Estados Unidos, comúnmente se hace en el gimnasio o la cafetería de la escuela

(2)L a falda de poodle, es una falda rosa, de los años 80's con un perrito poodle estampado en negro en una esquina, la usan las "niñas bien"

(3) "Peggy Sue" es una canción de rock and roll escrita por Buddy Holly, Jerry Allison y Norman Petty, y grabada por Buddy Holly y su grupo The usa para referirse a una chica linda que siempre sabe como levantarte el ánimo

(4)Es una leyenda griega; en ella, el rey Pigmalión esculpió una estatua con la figura ideal de la mujer. A Pigmalión le gustó tanto su obra que quiso que se convirtiera en un ser real. El deseo fue muy fuerte e hizo todo lo que pudo para conseguirlo. Pidió ayuda a Venus Afrodita, la diosa del amor, la cual colaboró en que su sueño se hiciera realidad. Así nació Galatea, su mujer ideal. Bella se refiere a lo contrario.

(5) Las líneas que dice Edward cuando arroja a Bella a la cama son del musical Bésame, Kate: "Tan malditamente caliente" y "Odio a los hombres" son canciones que se interpretan ahí. La letra y música fueron escritas por el legendario Cole Porter.

(6) En esa localidad, el colegio más conocido y bajo las características que dice Bella es el Phillips Academy in Andover, que es un internado ubicado en Andover, Massachusetts. Está como a 8 horas de Chicago. Al ser una escuela privada, su colegiatura está alrededor de los $40 mil dólares, por eso Edward menciona que sus abuelos eran ricos.

Pfff, no merezco perdón & ustedes no tienen que leer mis excusas, pero no volverá a pasar, lo prometo… Habrá actualización antes del próximo jueves pase lo que pase…

Disculpen a las chicas que no tienen cuenta en ff, pero hoy no puedo responder; sin embargo, agradezco muchísimo sus rr, me levantaron el ánimo durante todo este tiempo, todos & cada uno de los rr los leo & los aprecio (: & a partir del siguiente capítulo, responderé a todos y cada uno de ellos

Chicas, para agilizar la traducción del siguiente capítulo, he decidido no mandar preview, ya que será menos de una semana de espera; a menos que quieran un poquito más de atraso para mandar los previews a todas, ustedes díganme; será su decisión

Por otro lado, como estoy loca & así, en colaboración con carliitha-cullen, les dejo el link por si quieren pasarse, es una historia muy buena & con lemon (:

http : / www . fanfiction . net / s / 7038856 /1 / Late_Night_Encounters_Traduccion (sin espacios)

Y bueno, chicas, eso estodo, sólo me queda agradecerles mucho su paciencia, su espera, su apoyo, sus reviews & todo, de verdad son unas lectoras maravillosas

Merezco un review?

Con cariño,

sparklinghaledecullen