Todo lo mío (?) es para Lizjoo porque es MI TODO y la amo densamente & porque soy de ella para todo lo que guste & desee
Twilight no me pertenece, y la historia tampoco, es de AngryBadgerGirl. Sólo me adjudico la traducción
Ya saben, mi eterna gratitud a ericastelo por hacer de esto algo decente y ayudarme a mejorar la traducción…
Capítulo dedicado a Carlita aka MaeCllnWay, porque es una bitchie , ella sabe por qué, pero así la amo y todo; y porque ella me presionó para que no dejara de traducir
BPOV.
"Así que, ¿la polla salvaje está domada y quiere saber de qué polla viene?" me preguntó Rose, riendo en su caramel macchiato.
"Polla salvaje viniendo…" repitió Alice distraídamente, su mirada perdida en el espacio mientras removía su chai. "¿De nuevo, de qué estamos hablando?" bufó.
"Ustedes chicas, no tienen absolutamente ninguna capacidad para poner atención. Es sorprendente, en serio," me quejé, agitando mi cabeza hacia ellas. Quería estar más irritada, pero no podía. La verdad era que, Alice y Rose, en su propia y ridícula manera, me daban más sensatez con sus vulgares bromas y puntos de vista sin sentido acerca de las relaciones que cualquier pastilla o psiquiatra pudieran darme.
"No, en serio," comenzó Rose, "Esto es bueno. Quiere encontrar a su papá. Y tú, porque nunca puedes decirle 'no' a este tipo, quieres ayudar," resumió con aire de seguridad, como si estuviera en un alto rango, por sus observaciones increíblemente sofisticadas.
"Rose, por supuesto que no podía decir 'no' a esto. No podría decir 'no' a cualquier cosa que quisiera decirme sobre su familia o a cualquier cosa en la que necesitara mi ayuda," dije en voz baja. Dejé caer mis hombros y bajé mi cabeza, descansando mi barbilla en mi pecho.
Solo estaba haciendo lo que podía por él—no sabía de qué otra manera ser. Él confiaba en mí, se fiaba de mí; esas eran cosas que él no había hecho con alguien más. A veces la idea por sí sola me abrumaba, por unas cuantas razones. Me hacía feliz, tan insanamente feliz, saber que él me estaba dando algo que nunca le había dado a nadie más.
Pero también me asustaba terriblemente.
Sentía como si estuviera tratando de cuidar algo muy pequeñito y delicado, pero también muy importante para mí. No quería arruinarlo. No podía fallarle y hacer que se arrepintiera de confiar en mí. Él estaba lidiando con cosas que por años había tratado de ignorar. Estaba causando que pasara por una carga emocional muy desordenada. No quería hacer nada que hiciera que el ya inestable terreno en el que estaba, cambiara.
Por no mencionar…había una cosa divertida acerca del amor. Cuando la persona que amas siente dolor, incluso si tú no hiciste nada para causarlo, ¿adivina qué? Tú sientes ese dolor también. Tal vez no lo sientes tan agudamente como ellos, pero, joder, sientes parte de él.
Alice debió haber notado la manera derrotada en que me desmoroné en nuestra mesa del Starbucks, y palmeó mi mano antes de intervenir con su propia opinión.
"Bella," dijo, "Sé cuanto quieres ayudar a tu Dr. Sementalcomestible. Creo que es increíble que te importe tanto," consoló.
"Gracias. De hecho sí me importa mucho. Quiero ayudar a mejorar las cosas para él," dije, jugando con el agitador de madera para el café en mis manos.
"¿Cómo fue conocer a su vieja Abuela?" preguntó Rose, mirándome por encima de la taza de café que tenía entre sus labios.
"En realidad no fue tan malo. No sabía qué esperar; no estaba segura de si ella iba a ser agradable, o simplemente una completa perra, o algo. Pues resulta que ella es sólo una inofensiva señora que apenas puede mantener una conversación antes de necesitar una siesta," expliqué. "Me sentí mal por ella. Y por él. Todos esos años sintiéndose enojado, culpable. Un desperdicio," agregué frunciendo el ceño.
"¿Cómo reaccionó él con ella?" chilló Alice.
"Bien, podría decir que estaba temeroso al principio—incluso antes de que dejáramos el apartamento y durante el viaje al hospital. Así que traté de tranquilizarlo lo más que pude. Yo entré y la vi primero, sólo para ver cómo estaba. Pero entonces, estuvo todo ese asunto en donde ella creyó que yo era la madre de él. No sabía si Edward podría manejar eso, así que primero le advertí," expliqué, llenándolas con los detalles que había pasado por alto cuando Alice me había mandado un mensaje más temprano.
"Maldición, eso está jodido," dijo Rose, de nuevo declarando lo obvio.
"Una parte de mí está realmente nerviosa, ustedes saben, porque no sé qué pasará si sí encontraremos a su padre. ¿Va a querer tener algo que ver con Edward? ¿Estará molesto porque le tomó casi treinta años a Edward ponerse en contacto con él?" pregunté en voz alta, mientras sentía la ansiedad en mí empezando a crecer.
"Pero por otro lado," continué, "Estoy muriendo por saber qué diablos pasó. ¿Qué hicieron los padres de su mamá? Debió haber sido malo, porque ella se fue con un bebé y nunca les volvió a hablar," dije, mientras Alice asentía mostrando que estaba de acuerdo. Froté mi frente para tratar de relajarme un poco.
"¿Cómo le van a hacer? ¿Cómo van a buscarlo?" me preguntó.
"Bueno, estoy pensando en que seguramente debo buscar por mi cuenta primero. Quiero decir, probablemente yo debería contactarlo en vez de que Edward lo haga," razoné. "De esta manera, si el tipo no quiere tener nada que ver con Edward…" empecé a decir, pero las palabras simplemente no salieron. Era muy doloroso para mí el solo pensarlo.
"Será más fácil para Edward, que venga de ti," respondió Alice, completando mi idea. aunque, ella lo dijo con mucha más convicción que con la que yo lo hubiera hecho.
Descansé mi cabeza en mi palma mientras pensaba en que pasaría si, de hecho, esa escena acababa pasando. ¿Qué diría yo? ¿Cómo lo diría? Y su reacción…ni siquiera podía imaginar la mirada en su cara. Me destrozaría por dentro. La única cosa que podía hacer era esperar que Carlisle Cullen, quien sea que fuera, estuviera receptivo a la noticia de que tenía un hijo.
Sentí el familiar escozor de las lágrimas en mis ojos y empecé a abanicarme la cara con mi mano. Edward no sabía esto, pero había estado llorando intermitentemente los últimos días, y era principalmente para desahogarme porque estaba molesta. Todas las emociones dentro de mí: ansiedad, tristeza, miedo, e incluso enojo, necesitaban salir de mi sistema. Yo no me permitía 'descomprimirme,' o mostrar exactamente lo que estaba sintiendo enfrente de él. Anoche, sollocé débilmente en mi baño de burbujas con olor a chocolate, sabiendo que mientras tanto, Edward estaba limpiando lo que quedó de nuestra cena en la cocina.
No era que quisiera esconderle lo que estaba sintiendo, era simplemente que sabía que yo tenía que ser la de 'al mal tiempo buena cara' aquí, la que lo animara y mantuviera su espíritu alto. No podía hacer eso si estaba triste o nerviosa. Él lo notaría, sé que lo haría. Y la única vez que lo hizo, se volvió a cerrar, no por su propio miedo o infelicidad—si no para ahuyentar los míos.
"Aw, Bella Bolsa-de-Pelotas(1)," arrulló Alice, poniendo su brazo alrededor de mí. "No llores, chica. No importa lo que pase, todo se solucionará. Ya verás," me aseguró, siendo la persona que ve el vaso medio lleno de siempre.
"Escucha, ¿qué es lo peor que podría pasar?" preguntó Rose, ladeando su cabeza. "Que su padre es sea un imbécil y te aleja. Edward no estará feliz, pero no estará peor de cómo estaba. Al menos él sabrá, ¿cierto?" cuestionó retóricamente, estirándose para palmear mi brazo.
Me recordé las palabras que le había dicho a Edward la semana pasada: Irá bien. Incluso si no está bien al principio, lo estará. Y realmente lo creía. Yo sabía cómo era cuando las cosas estaban horriblemente no bien, experimentando el dolor de perder a mi papá. Eso había dolido más que cualquier cosa que me hubiera pasado antes. Pero todo mejoró. Con el paso del tiempo, todo estuvo bien. Podía ayudar a Edward con todo esto. Si su padre no quería nada con él, lo ayudaría a estar triste justo como lo hice con mi padre.
"Sí, ustedes tipas tienen razón. No quiero que su padre sea un pendejo, pero si lo es, creo que estoy lista para eso. Quiero ayudar a Edward si todo es así," declaré, agarrando agallas para realmente querer decir todo lo que había dicho.
"¿No es la niña más dulce o algo, Ro?" preguntó Alice, apuntándome con su pulgar. "¡Esta chica es una cuidadora!" exclamó.
"Prunella(2), ya no eres la afortunada que le tocó vivir debajo de un caliente, desnudo ginecólogo," conjeturó Rose. "él es un bastardo con suerte. Caliente, sexy, bastardo con suerte," agregó.
Aparentemente, este extraño momento Hallmark(3) exigió una canción, porque de repente, Alice empezó a cantar a todo pulmón.
"You were my eyes when I couldn't see (Tú fuiste mis ojos cuando yo no podía ver)…you were my cooch when I couldn't pee (Tú fuiste mi vagina cuando no podía orinar)..." gorjeó, haciendo su mayor esfuerzo por imitar a Celine Dion.
"I'm everything I am, because you…boned me…(Soy todo lo que soy, porque tú… me deshuesaste…)" (4) las dos cantando al unísono, balanceándose hombro con hombro en sus sillas.
"¿Mi vagina cuando no podía orinar?' ¿En serio?" dije, agitando mi cabeza y entrecerrando los ojos hacia ellas. La gente estaba mirándonos, pero realmente no era nada nuevo para mis dos mejores amigas hacer un espectáculo de ellas mismas. Ya ni siquiera me avergonzaba.
"¿Qué, Celine no la canta así?" preguntó Alice inocentemente. "Oh, mi error," agregó con indiferencia antes de doblarse, riendo. Rose hizo lo mismo, solo que ella golpeó la mesa un par de veces.
Escondí mi cara entre mis manos, haciéndoles creer que estaba mortificada, pero en realidad me estaba riendo con ellas. Mientras que la canción original de Celine Dion era completamente estúpida y cursi, quizás encontraba todo esto algo irónico. Edward y yo en verdad sacábamos algo significativo y cariñoso de cada uno—a través de los pantalones del otro. E incluso podía admitir que había algo divertido en eso.
La tarde del martes pasaba, y entré en la oficina de Shelly Cope para despedirme por ese día. Se había vuelto mi costumbre detenerme y charlar antes de salir.
"Así que, ¿has pensado acerca de tus planes, Bella?" preguntó, refiriéndose a nuestra charla de unas semanas antes. Shelly me había preguntado si había pensado en una carrera en servicio social, y quizás conseguir un curso en vez de seguir estudiando Inglés.
"Lo he hecho. Hablé con mi mama sobre eso y ella cree que es una gran idea. Y odio decir esto, pero juzgando la cara de alivio de mi asesor de tesis, él probablemente cree que es una buena idea, también," confesé con una carcajada. Creo que él había sabido desde hace un tiempo que mi corazón ya no estaba en eso.
"Pero ¿cómo te sientes tú con eso?" cuestionó. "Eso es lo que de verdad cuenta," agregó, sonriendo hacia mí.
Y si bien la pregunta que Shelly me acaba de hacer era bastante básica y simplemente obvia, yo realmente nunca había considerado que quería yo de mi vida hasta hace poco. Decidí especializarme en Inglés y Escritura Creativa porque eran materias en las que era buena. Por supuesto que las encontraba interesantes, pero ¿eso era un llamado académico para mí? Nunca me había detenido a hacerme esa pregunta; así que ¿cómo pudo haber sido alguna vez la respuesta 'sí'?
"Esto se siente bien para mí, sin duda. Se siente como…cuando estoy aquí, estoy haciendo algo que importa. Y cada vez que voy a casa, siento que hice algo positivo. Eso me hace feliz," le dije, sonriendo en respuesta.
"Estaba esperando que dijeras eso," dijo. "De hecho, Tenía la esperanza de que pudiera empezar a trabajar en los trámites para que seas voluntaria a tiempo completo una vez que te gradúes y empezaras a trabajar en obtener la certificación," agregó.
"Gracias, Shelly," repliqué, realmente agradecida por la oportunidad que me estaba dando. "No te defraudaré," prometí.
"De nada. Y sé que serás una adición maravillosa a nuestro personal" dijo, dándome un rápido abrazo.
"Oh," dije, una pregunta viniéndome a la cabeza. "Yo, um, tengo un problema personal. ¿Te importaría si te pido consejo?" pregunté, sintiéndome un poco rara.
"Claro," contestó en suave, calmada voz.
Tome una respiración profunda antes de hablar de nuevo. "Okay. Estoy en una situación en la que quizás deba darle a alguien…malas noticias. ¿Cómo crees que debería hacerlo? ¿Cómo debería decirle?" pregunté, hasta ese momento notando que estaba retorciendo las manos.
"¿Malas noticias? Esa es una palabra muy subjetiva: 'malas.' Significa un montón de cosas diferentes dependiendo de la persona…dependiendo de la situación. ¿Es la peor cosa que podrían escuchar?"
"Bueno, no creo que sería así de malo. Pero involucraría una pérdida…me refiero a que, la pérdida de una oportunidad de ser feliz. Lo haría sentirse decepcionado, por decir lo menos."
"¿Y por decir lo peor? ¿Cómo se sentiría?"
"Creo que se sentiría rechazado. Como si él no importara," dije, mi corazón sintiéndose muy triste.
"Y esta persona, él te importa, ¿No?"
"Sí. Él me importa más que nadie," dije, mi voz casi un susurro.
"Entonces eso realmente hace una diferencia en cómo lo digas, mientras él sepa que le importa a alguien—tú," contestó, tendiéndome un pañuelo y palmeando mi mano. Asentí y limpié mis ojos.
Me sentí reforzada por el sabio consejo de Shelly. Mientras estuviera ahí para Edward, él podría salir de todo esto. Creo que estaba lista para ayudarlo a encontrar a su padre y acercarlo a él, y podría aceptar lo que viniera, incluso si era malo.
"Gracias de nuevo. Por escuchar, y por ayudarme. Realmente lo aprecio," le dije, después de tomarme un minuto para reponerme.
"Hey, es por eso que me llaman 'Cope.'(5) Es lo que enseño a las personas a hacer," replicó con un guiño. Me ofreció un abrazo que acepté gustosa antes de ir abajo para encontrar a Edward e ir a casa.
Tan pronto como lo vi, pude decir que Edward había tenido un ocupado y agotador turno. Parecía exhausto, con bolsas debajo de sus ojos y sus pies arrastrándose lentamente mientras caminaba. Pero a pesar de su obvio bajo nivel de energía, él aún me ofreció una ancha sonrisa y un cálido beso cuando lo saludé en la entrada principal del hospital.
"Te mantuvieron ocupado, ¿huh?" pregunté, acariciando su mejilla mientras nos sentábamos en el carro y nos dirigíamos a casa.
"Sí, fue bastante brutal. Las mujeres embarazadas pueden ser de verdad, realmente mezquinas," se quejó con el ceño fruncido. "Una de ellas casi me arrancó el brazo cuando le dije que era muy tarde para la epidural. ¿ Acaso era culpa mía que su parto estuviera yendo muy rápido?" reclamó, masajeándose su bíceps. No pude evitar reírme de su autocompasión, pero palmeé su casi-arrancado brazo en una muestra de forzada simpatía.
"Sí, pero ¿puedes culparla por ser irrazonable? Dudo que ella estuviera pensando claramente, ya sabes, con el dolor casi insoportable y todo," me burlé. "probablemente yo también querría arrancar tu brazo," dije, antes de darme cuenta de las toneladas de implicaciones de mis palabras. "Quiero decir, si yo tuviera todo ese dolor, no, ya sabes, teniendo un bebé," modifiqué rápidamente, agitando las manos frenéticamente y con la esperanza de eludir la trampa que era mi propia boca.
"Yo…um," fue todo lo que Edward pudo decir. Se veía total y completamente sin palabras mientras sus ojos cansados de repente se abrían y miraba al camino delante de nosotros. Recé para que la parte de abajo del carro desapareciera y pudiera hacer alguna clase de rápido y brutal escape justo en medio de la Storrow Drive (6) y todo su tráfico. Mi plegaria no fue respondida, así que en cambio me puse a mirar por la ventana hasta que llegamos a casa.
Cuando Edward no salió del carro para abrir la puerta para mí, como usualmente lo hacía, lo miré, aún lamentando mi falta de filtro de palabras momentos antes. Gracias a Dios su cara ya no se veía tan aturdida, sólo tímida y dulce. Se inclinó y me besó antes de estudiarme. Él tenía una mirada de duda, como si quisiera decir algo, pero no estuviera seguro de si debía hacerlo. Le sonreí, porque usualmente eso servía para que él hablara cuando estaba nervioso. También yo me sentía nerviosa, hasta que me sonrió y supe que la rara tensión que había en el aire había empezado a disiparse.
De repente, los dos empezamos a decir palabras rápidamente el uno al otro, al mismo tiempo.
"La idea de niños nunca cruzó por mi mente hasta que te conocí," dijo rápidamente, como si estuviera tratando de que las palabras salieran antes de perder las agallas para decirlas.
"Quiero tener una familia algún día, me refiero a que, no justo ahora, pero algún día," confesé con la misma rapidez. Pero cuando lo que él acaba de decir se registró en mi cerebro. "¿En serio?" pregunté, ligeramente aturdida por lo que había admitido, pero al mismo tiempo, muy enternecida
"Sí. En serio," contestó, metiendo un mechón de mi cabello detrás de mi oreja y con esa atractiva sonrisa hacia mí.
Miré nuestras manos descansando en la consola central, nuestros dedos entrelazados. Su mano era elegante, con hermosos dedos largos. La mía es pequeña, con los dedos casi todos de la misma longitud, a excepción de mi pulgar. Pero nuestras manos se acoplaban perfectamente porque podía abrir la mía tanto como para encajarla alrededor de la suya, y él presionaría sus nudillos fuertemente contra mis dedos para sostenerme tan fuertemente como pudiera.
"Ésto me recuerda cuando veníamos de regreso del festival de otoño," dije, el feliz recuerdo envolviéndome y haciéndome sonreír. "Te pedí que me dijeras algo dulce que me hiciera sentir bien," dije, mis ojos encontrando repentinamente el reloj del tablero muy interesante.
"Recuerdo eso," mencionó, mientras acercaba nuestras manos entrelazadas a su cara y las besaba. "Algo que te hiciera sentir a cien pies de altura[Acá hace referencia es a la unidad de medida llamada pie]" reflexionó con una sonrisa. Asentí y le di una tímida sonrisa en respuesta.
"Bien, sí," concordé. "Pero eso que acabas de decir, es…quizás un millón de veces mejor que lo otro," dije con un suspiro antes de besarlo. "Y esos son un montón de pies," agregué, riendo.
"¿Montones de pequeños pateadores?" dijo en voz baja, mientras se inclinaba y me besaba.
"Sí, quizás," respondí tímidamente, mientras sentía cómo mi cara se calentaba ante la simple idea de Edward y niños. "Vamos arriba antes de que diga algo que me avergüence a morir," hice notar. "Ambos estamos cansados y hambrientos. Vamos."
Estábamos dentro de mi cálido y pequeño apartamento, comiendo una rápida cena a base de sobras recalentadas de la cena que había hecho anoche mientras Edward trabajaba.
"Siempre cocino demasiado cuando no estás cerca. Quizás necesito toda la comida para mantenerme acompañada, así que hice una gran comida," bromeé, mientras pinchaba mis últimas verduras al vapor con mi tenedor.
"Hmmm," comenzó, mirándome con una ceja alzada. "Pensando en cosas 'grandes' cuando me extrañas, ¿huh?" alardeó. "Cuan Freudiano, fraülein(señorita en alemán)."
"Achtung(respeto en alemán), bebé," le advertí, mirándolo juguetonamente, agitando mi dedo hacia él.
"Bueno, ahora, muchas cosas sobre mí son grandes…gran cerebro, manos grandes, pies grandes, gran—"
"¿Boca? O espera, ¿Quizás ego?" intervine. "¿De todas maneras, cómo es que aún tienes energía para seguir hablando?" bromeé.
"Ojos Cafés, ¿Cuando, de alguna manera u otra, me falta la energía para calentarte?" preguntó riéndose disimuladamente, antes de tomar mi mano y besarla suavemente.
"Uno de estos días…" amenacé en broma, agitando mi cabeza y hacienda un puño como Ralph Kramden de The Honeymooners(7).
"PDG(Prisionero De Guerra), ¿Justo en el besador(9)?" preguntó, fingiendo estar espantado y alzando sus brazos.
"PDG," repetí, besando su besador. "Justo en tu besador," dándole un beso más, ya sabes, para asegurarme de que le había enseñado una lección.
"Directo a la luna," susurró en mi oído, levantándose de la mesa y llevándome con él. Limpiamos rápidamente la mesa y tomé mi laptop y mi celular antes de dirigirnos arriba, a la grande y más cómoda cama de Edward.
Me desnudé hasta quedar en "bra" y bragas, mientras Edward quedaba solo en bóxers. Aún no podía resistirme a la oportunidad de estudiar sus músculos mientras se hinchaban y flexionaban cuando él se movía. Desde su fuerte espalda, con sus anchos hombros y su largo torso de 'nadador', hasta sus ágiles piernas, nunca se gastaban por mirarlos. Él era simplemente hermoso.
"Hey, dulce niña," dijo, acomodándose a mi lado mientras subía el cómodo edredón lo más posible. "Creo que conozco esa mirada en tu cara," bromeó, muy probablemente porque él era consciente de lo que le hacía a mi cerebro (y al resto de mí) cuando lo veía sin ropa.
"Creo que he sido atrapada in fraganti por mi cara roja, ¿huh?" contesté, demasiado ida como para hacer cualquier tipo de negación. También podía burlarme de mí misma.
"No es que me queje," dijo mientras sus labios se curvaban astutatemente hacia un lado.
"Por supuesto que no lo harías," respondí, descansando mi cabeza en el lado de su bíceps. Me volteé y le di un ligero beso de pico. "Oh, este es tu brazo lastimado, ¿no?" pregunté, mitad por preocupación, y, sinceramente, mitad porque no podía evitar burlarme de él.
"No, pero gracias por recordarme que incluso una mujer en la peor parte del parto podría golpearme si está lo suficientemente motivada," bromeó con un bostezo.
"Ni siquiera la conozco, pero quiero ser su amiga," dije burlonamente. "Le pediría los detalles. ¿Fue un seco golpe con el puño, o, algo como, un golpe de karate o quizás solo un gancho al codo?" bromeé a sus expensas.
"Oh, quieres saber para que también puedas usarlo contra mí, ¿cierto? Tú sabes, para el 'algún día,'" se burló, volteando fácilmente la broma para que yo fuera el centro de esta.
"Te dije que no me había referido a eso," protesté con un puchero.
"Pero yo estaba esperando que tú lo hicieras," replicó, besándome y haciéndome cosquillas en el cuello con su cálido aliento. "Ya sabes, estaba pensando…"
"Uh oh," lo interrumpí con un pequeño bufido. Cubrió mi boca suavemente con su mano antes de decir 'ja ja ja' con un tono muy exagerado.
"Hablando de paternidad y familia: estaba pensando si solo podría encontrar a mi padre, esa parte de mi vida podría empezar quizás conociéndolo, o puedo finalmente dejarlo ir, si eso es lo que él decide. En cualquier caso, sabré donde estoy y podré partir de ahí," reveló.
"Lo sé, Edward. Lo encontraré por ti, si puedo," ofrecí, mientras estiraba mi cuello y besaba su frente. "Si me encuentro con un número telefónico o un correo electrónico, lo contactaré."
"Gracias, Ojos Cafés," susurró, acariciando mi mejilla.
"Y…ya sabes, no importa si tu padre quiere o no, siempre estaré aquí, tanto como tú me quieras," confesé, con cierta ansiedad, antes de basar el lado izquierdo de su pecho, justo encima de su corazón. Él levantó mi barbilla con la punta de su dedo y me dio un largo, cálido, lento beso para mostrar su gratitud.
"¿Tanto como yo te quiera, huh?" cuestionó. "No estoy seguro de si me gusta como suena. Quiero decir, ¿hay alguna otra mujer en la tierra a la que me gustaría atormentar, fastidiar, provocar, y con la cual bromear más que contigo? Porque si la encuentras, entonces yeah, estás fuera del trabajo, niña dulce," bromeó.
"Gracias. Postearé una lista del trabajo en monster(punto)com(9). Ya no necesito este trabajo temporal. Aunque, verte en el hospital cada día después de que me gradúe quizás sea un poco raro," revelé, sacando la noticia un poco clandestinamente.
"¿Shelly te ofreció un puesto de tiempo completo?" preguntó, sentándose levemente. "Lo vas a tomar, ¿Cierto?" preguntó, su voz con expectación.
"Sí, por supuesto que sí. Empezaré en cuanto el periodo de primavera acabe. Haré un año de prácticas mientras aplico para un programa de MSW(10); con suerte entraré en el de aquí o en alguno en Boston," expliqué con una sonrisa.
"Estoy muy orgulloso de ti, Ojos Cafés," suspiró, besándome por toda mi cara. "Y, seré honesto. No me gustaba la idea de que te fueras lejos. Estaría mintiendo si la idea de buscar un trabajo donde sea que tú terminaras no cruzó mi mente," me dijo en voz baja.
"Tú me acosarías," le tomé el pelo, incluso aunque mis ojos picaban ante el pensamiento de él llegando a tales extremos para estar conmigo. "Y te amo por eso," agregué.
"¿Tú crees que dejaría que cualquier imbécil elegido al azar tenga su brazo roto mientras estás en parto? No lo creo, Ojos Cafés. No va a pasar," refunfuñó.
"Sólo tú contemplarías tener niños conmigo para que no los tenga con alguien más. Aún así, de alguna manera es…algo tierno," le dije, sonriendo, pero sintiendo mi cara tomar color. "Dios, ¿estás feliz ahora? No me queda otra resolución," me quejé mientras besaba su palma.
"Bueno si mi razón es tan insuficiente, ¿cuál es la tuya?" me desafió.
"Porque amo a los niños…y odié ser hija única. Oh, y, uh, los bebés huelen bien," enlisté.
"¿Qué tiene que ver cualquiera de esas cosas conmigo?" preguntó, ligeramente ofendido de que ninguna de esas respuestas estuviera relacionada con él.
"Porque," comencé mientras rodaba mis ojos, "¿Tú crees que quiero golpear cualquier brazo de un imbécil elegido al azar?" jugueteé.
"Sólo este imbécil, ¿huh?" se quejó mientras de volteaba, lanzando una pierna a encima de mí.
"Yep," confirmé, poniendo su mano en mi mantita de pechos izquierda—que estaba convenientemente localizada sobre mi corazón. Después de respirar unos pocos y cómodos suspiros juntos, nos relajamos en un pacífico sueño, con Edward murmurando acerca de al menos no ser cualquier imbécil y yo riéndome entre dientes suavemente en mi viaje a la tierra de los sueños.
Me desperté unas pocas horas después en un escenario muy familiar: Edward enroscado fuertemente alrededor de mí, algo como esas raras, anudadas raíces de un árbol viejo que se elevan y enroscan en la superficie del suelo alrededor del árbol—tirando y tirando por todos lados, y teniendo ninguna intención de dejar ir. Mientras que solía encontrar esto algo molesto, había prendido a amar la manera en que este hombre se aferraba a mí, incluso en su sueño. Lo que antes consideraba un peso alrededor de mi cuello, no se había convertido en una carga para mí, sino una vida entrelazada con la mía. Simplemente no podía ni lo quería de otra manera.
Así que, en lugar de liberarme con mordaces murmullos de molestia y ligeros codazos en sus costillas, con mi propia ternura suavicé su agarre a mi alrededor—besos en lugar de quejidos, caricias en vez de pinchazos y golpes. Cuando empezó a moverse y gemir, y sentí su cuerpo aflojarse y relajarse, supe que esa era la mejor manera de despertarlo. Y también funcionó para despertarlo, que era un bono adicional.
Me las arreglé para salir de debajo del gran cuerpo de hombre y rodar para estar encima de él.
"Esta es la mejor manera de despertar," suspiró, mientras lo besaba hasta su cuello y regresaba, para poder tener una larga y agradable vista de mi par favorito de llenos, sabrosos labios antes de liberarnos a ambos de nuestra ropa.
Quería que cada caricia y cada beso le mostrara lo que él significaba para mí. Como nos la habíamos arreglado juntos para construir en esta aparentemente complicada manera—intimando físicamente primero, y emocionalmente conectados en segundo lugar—que había funcionado para nosotros. Y lo convertimos en algo verdadero, real. Su corazón y su alma eran cosas que eran más preciadas para mí de lo que podría poner en palabras, había nacido de desarrollar una amistad y la confianza que habíamos tenido que aprender a cultivar juntos. La experiencia completa era como ninguna que hubiera imaginado que me pasaría a mí, pero pasó, y en un tiempo en mi vida en el que realmente, necesitaba sentir felicidad y amor.
"Edward…sé que juego un montón," susurré. "bromeo con que sólo te tolero, te aguanto…pero es nuestro juego, ¿Lo sabes?" dije, buscando una confirmación aunque era completamente obvio para ambos que nuestros juguetones insultos eran sólo eso—juegos.
"Por supuesto que lo sé, Ojos Cafés," dijo con una sonrisa, mientras me sentaba a horcajadas en sus muslos y él permanecía recostado debajo de mí. "Amo esa parte de ti. La parte que me desafía, nunca cede," agregó mientras sus palmas rozaban mis costados de arriba a abajo, deteniéndose en mis caderas para hacerlas moverse suavemente hacia adelante y hacia atrás.
"No, nunca cederé, o me rendiré…contigo," murmuré, inclinándome hacia adelante con mis manos sobre sus hombres, para que la parte superior de mi cuerpo estuviera presionada contra la suya, pecho con pecho, los corazones latiendo tan estrechamente juntos como era posible.
Me incliné de nuevo de manera vertical y utilicé mi mano para guiarlo gentilmente para que él entrara en mí, lentamente, cuidadosamente. Cerrando mis ojos, sentí cada nervio de mi cuerpo despertar y chispear. Mi hombre estaba debajo de mí, permitiéndome darnos placer a ambos, llevar el ritmo, dejándome guiar. Las lecciones ahora eran solo sobre hacer el amor, sin importar qué nueva cosa probemos. Y esta vez, podía llegar a ser no solo maestro, sino la de dar, orientar y satisfacer.
"Ojos Cafés," dijo, en voz baja, casi melancólica. "Haces que quiera darte todo, cualquier cosa, ser el hombre que tú mereces. Te amo," gimió mientras sus ojos estaban atentos en ver mis movimientos de arriba a abajo, cada vez más y más rápido.
" Tú me das todo lo que siempre he querido. No olvides eso, amor," suspiré mientras ponía su mano en mi pecho izquierdo, al tiempo que su otra mano hundía sus dedos en mi cadera, incitándome.
"Déjame, Edward," dije, calmando su cadera con mis manos y poniendo sus dedos lejos de mi entrepierna. "Quiero mostrarte cuánto amo hacerte sentir bien, de la misma manera en que tú lo has hecho por mí, tantas veces," dije con mi último respiro apacible. Sonriendo dulcemente, se relajó y solo me miró.
Moví mi cabeza de lado a lado, dejando que mi cabello cayera desordenadamente sobre mis hombros. Me moví sinuosamente, casi como una bailarina, gimiendo cada vez que me hundía en él. Edward se mantuvo quieto, pero su cara, su hermoso rostro, se transformaba de una leve sorpresa, a tierno y amoroso, a estar consumido por la lujuria y necesidad. Sus ojos se movieron de mis pechos, a mi cara, y de regreso. Sonriendo seductoramente, arqueé mi espalda y pasé mis manos por mi cabello, levantándolo y dejándolo pasar por entre mis dedos, cayendo cadenciosamente de nuevo.
Moví mi cadera más rápidamente, más impacientemente, demasiado metida en las sensaciones para controlar mis gemidos y mi frenético movimiento. Necesitaba alcanzar ese punto final donde todo se desenmarañaba dentro de mí—ese era el lugar donde sólo este hombre podía llevarme. Donde todo se detenía y se volvía una descarga explosiva de excitación, calor y éxtasis.
"Edward de Bella, Edward de Bella," jadeé, tirando de sus muñecas y poniendo sus palmas en cada lado de mi cara.
"Hermosa, hermosa Bella," jadeó Edward. "Yo," gimió, "soy tuyo," gruñó, mientras su cuerpo se ponía rígido y lo sentía derramarse dentro de mí.
"Yo también soy tuya," susurré.
Exhalando un suspiro de feliz agotamiento, puse las sábanas sobre nosotros y descansé mi parte superior encima de él, mi cabeza entre su mandíbula y su clavícula. Aún tenía mis piernas en cada lado de su cadera, manteniéndolo debajo de mí.
Así que esta noche, yo hice el estrujamiento. Y eso me hizo pensar en pateadores, y espoletas divididas por la mitad, y un fuerte hecho de sábanas y dulces pretzels como fogata.
Me desperté la mañana siguiente junto a un Edward, aún, profundamente dormido, una leve con una sonrisa en sus labios. Estuve tentada a besar esos labios pero no quise despertarlo. De alguna manera me las había arreglado para dormir toda la noche encima de él, así que cuando cuidadosamente me deslicé al borde de la cama, él rodó a su costado, completamente imperturbable. De deslicé dentro de una playera y unos pantalones de pijama que había tenido el hábito de dejar en su apartamento. Fui al sofá en la sala, donde me senté y encendí mi laptop.
Edward trabaja el turno más tarde hoy, así que sabía que dormiría un rato más. Mirando la hora en mi pantalla, vi que sólo eran las 8am. Abriendo el navegador, miré mi página principal, las brillantes y coloridas letras deletreando Google hacia mí.
Sentí los familiares casos de miles de caballos galopando estruendosamente dentro de mi pecho mientras escribía tres palabras en el buscador.
Doctor Carlisle Cullen
Los resultados aparecieron de inmediato, en .37 segundos, para ser exacta. Y el primer link de la lista no ayudó al estruendo de mi pecho.
Escuela de Medicina Dartmouth Directorio de la Facultad
Carlisle Cullen, M.D. Título(s): Profesor de Medicina de Emergencia. Departmento(s): Medicina. Educación: Universidad de Medicina Dartmouth, MD...
Cerrando mis ojos, no estaba segura de si rezarle a Dios que este fuera el Carlisle que buscaba, o rezar para que no fuera. De todas formas hice clic en su nombre, y se sintió como si fuera el equivalente mental a quitarse un curita demasiado rápido.
Cuando finalmente abrí mis ojos, fue mi boca la que se abrió después.
La foto delante de mí en el monitor me aturdió momentáneamente—no era porque no conociera a ese hombre; de hecho, estaba segura de que era un extraño para mí. Pero lo había reconocido. Este hombre era el padre de Edward. Obviamente, él no tenía ni el cabello ni los ojos verdes de los Masen. Pero las cosas que veía en Edward que me cautivaban, y a veces me irritaban, las cosas que conocía tan íntimamente que estaban grabadas en mi corazón, eran de Carlisle: la media sonrisa, el ladeo de su cabeza, la elegante mano con largos dedos plegados en el escritorio detrás del que estaba sentado
"Es él," murmuré para mí.
Y solo tomó .37 segundos. El tiempo que tomaba un parpadeo podría arreglar o joder años de sufrimiento.
Rápidamente escaneé la información biográfica y noté que incluso en la línea del tiempo donde marcaba su educación en la facultad de medicina coincidían con la concepción y nacimiento de Edward. También noté la información de contacto y un horario para horas de oficina, presumiblemente para sus estudiantes.
Horas de oficina: LMV(Lunes, miércoles, viernes), 8am – 10am. Por favor llama para agendar una cita si no te es posible verme en persona.
Antes de dejar que mis nervios sacaran lo mejor de mí, tomé una pluma y papel y anoté un 'guion' de la plática. Era mi seguro contra la pérdida de la calma y colgar el teléfono en caso de que contestara.
Tome una respiración gigante y marqué el número de la pantalla.
"Carlisle Cullen," respondió una voz. Estuve de nuevo aturdida, casi congelada. Creía que Edward estaba haciéndome una broma. Sus voces eran idénticas.
"¿Hola?" repitió la voz.
"Uh, hola," balbuceé, mirando a las notas en mi mano. "Mi nombre es Bella Swan. Estoy llamando porque estoy buscando a alguien. ¿Alguna vez conoció a Libby Masen?" pregunté rápidamente.
"¿Quién habla?" preguntó, a pesar de que yo ya había dicho mi nombre. Podía decir por las dos palabras que él había dicho que estaba confundido.
"Mi nombre es Bella. Estoy buscando a alguien que conociera a Libby Masen. Yo, uh, de verdad lo siento por llamar de la nada," ofrecí.
"¿No estás buscando a Libby? ¿Sabes dónde está?" preguntó, su voz impaciente, ansiosa.
"Sí," respondí, tragando fuertemente. "Lo siento, pero ella ya murió. De verdad lo lamento," dije, sabiendo por el sonido de su ansiedad que esto sería difícil de escuchar para él.
La línea estuvo en silencio por un momento, y justo cuando empezaba a preguntarme si me había colgado, empezó a hablar de nuevo.
"Oh, Libby," dijo, su voz casi un susurro. Esperé un momento, dándole la oportunidad de recuperarse por algo que obviamente lo afectaba profundamente. "¿Tú no eres," trató de decir. "¿Libby es tu madre?"
"No, um. Su hijo…" empecé a decir, peleando con lo que se sentía como mi garganta cerrándose. "Su hijo es mi novio," expliqué.
"¿Su hijo? ¿Libby tuvo hijos?"
"Sólo uno. Pero, ella, ella nunca se casó," contesté, tratando de dar una pista de lo que me estaba costando decir.
"Oh, Dios. ¿Qué edad tiene?" preguntó, tomando conciencia.
"Tiene veintiocho," respondí claramente a pesar de que las manos me temblaban.
"Su nombre es Edward, ¿no?" preguntó, sabiendo la respuesta.
"Sí, pero…"
"El padre de Libby. Ese hombre," escupió, el enojo en su voz aumentando. "¿Por qué lo escuché? Libby me dijo que le pondría Edward al bebé si era niño. No puedo creerlo…¿Está vivo? El padre de Libby me dijo que había muerto, que lo había perdido."
"No, Dr. Cullen. Edward está bien. Um, de hecho, él también es doctor," dije, esperando agregar algo alegre a la conversación.
"¿Por qué no me dijo?" cuestionó. "¿Por qué él no me contactó antes?"
Tomé una respiración profunda antes de responder. "Dr. Cullen, hay un montón de cosas de las qué hablar y las cuales hay que organizar. Pero creo que Edward debería ser el que se las explique. Lo llamé, en realidad, por una razón," le dije.
"¿Cuál razón?" preguntó, sonando preocupado.
"Para preguntar si usted estaría o no abierto a hablar con él, o incluso conocerlo," interrogué.
"¿Dijiste que él es doctor?" preguntó. Estaba perpleja por esto. Casi parecía un non sequitur(11).
"Sí. Es un GIN/OB(12). Aquí, en Boston, donde vivimos," repliqué, contenta de darle pequeños detalles en los que él tenía interés escuchar.
"¿No un abogado en Masen Law?" presionó. Casí podía oírlo sonreír.
"No. De hecho, no creo que los abogados le gusten mucho," expliqué, sintiendo a mi boca formar una sonrisa, la implicación de por qué no, no necesitaba explicación.
"Ja. Tampoco a mí." Se quedó callado de nuevo un momento antes de continuar. "'Edward Masen, M.D.' me gusta como suena," agregó.
"Oh, es Cullen, en realidad. Edward Cullen," corregí.
"Libby…¿Le dio mi apellido? Ella…le importaba más de lo que me hizo creer," dijo crípticamente.
"A Edward le gustaría saber más sobre lo que pasó, y espero que usted pueda ayudarlo a averiguarlo," dije, sintiéndome optimista.
"Mi hijo…No puedo creerlo," repitió. "Bella, ¿verdad? ¿Su novia?"
"Sí. Él me pidió que lo ayudara a buscarlo," dije, la calidez de pensar en Edward llenándome mientras se volvía cada vez más claro para mí que Carlisle estaba, de hecho, bastante interesado en saber más sobre su hijo.
"Bella, tengo una carta que escribí unos años atrás. Una noche, estaba pensando en Libby y en cómo las cosas habían terminado. Escribí esperando que algún día pudiera enviársela a alguien, pero la escribí para el hijo que pensé se había ido. Aún la tengo, y me gustaría arreglarla y mandártela por correo electrónico. ¿Se la darás a Edward por mí?" pidió.
"Claro," respondí. "Quiero ayudarlo de cualquier forma en la que pueda," le dije antes de darle mi dirección de correo electrónico.
"Gracias. Edward es afortunado de tenerte," me dijo algo que me habían dicho dos veces en unos pocos días.
"Fue agradable hablar con usted," dije. Me dijo que esperara su email pronto, y nos despedimos.
Me levanté de mi silla y no pude evitar bailar en el lugar por un segundo o dos. Y era porque no había pasado lo peor. Era porque podía decir que Carlisle Cullen, aparentemente, era un tipo decente.
Me lavé rápidamente en el baño antes de ir a la cocina a empezar el desayuno. Como siempre, el olor de mi comida fue mágico, y el Dr. Cabello Revuelto Al Despertar hizo su aparición, besando mi mejilla dulcemente y quejándose de que estaba muriendo de hambre.
No pude evitar la sensación de alivio puro mezclada con alegría cuando vi a Edward, pero me debatí en decirle o no sobre mi llamada a Carlisle. En lugar de asaltarlo con todo eso cuando acababa de abrir sus ojos, decidí que comiera su desayuno y tomara su café antes de tener cualquier conversación intensa.
"El desayuno está listo, el café está hecho. Así que no te quejes," advertí, agitando mi espátula hacia él.
Él hizo su clásica cara de 'niño atrapado con las manos en el bote de galletas', y yo sólo agité la cabeza y le dije que pusiera la mesa.
Comimos un ligero desayuno de huevos revueltos y algo de pan de trigo, y justo cuando terminaba de limpiar la mesa, mi laptop sonó desde la mesita de café, diciéndome que tenía un correo. Edward me miró muy de cerca por cómo reaccionado repentinamente por el sonido.
"¿Qué va mal?" preguntó, sintiendo que había reaccionado un poco demasiado intensamente ante un sonido que por lo general no me sorprendía.
"Es un, correo. Estoy bastante segura de que es de Carlisle Cullen," me forcé a decir.
Edward me miró con una mezcla de incredulidad y sorpresa.
"¿Lo encontraste?" preguntó, con sus ojos abiertos.
"Fue casi demasiado fácil," contesté suavemente mientras asentía. "Lo llamé hace como una hora. Definitivamente es él. Déjame imprimir ese email para que puedas leerlo."
Unos minutos después, le extendí a Edward dos hojas de papel que habían salido de su impresora.
"Él me pidió que te diera esto," fue todo lo que le dije.
Edward se sentó en el sofá, el email colgando flojamente en sus manos, pero sus ojos en mí.
"Ojos Cafés…¿Podrías?" fue lo que dijo, sosteniendo las hojas hacia mí.
"Por supuesto," dije, tomándolas. Me paré por encima de él y lo miré a la cara, viendo que era una mezcla de emociones. Sin decir una palabra, hubo un intercambio tácito en el que uno extendía la invitación y el otro la aceptaba—así que, me senté en su regazo. Él descansó su cabeza en mi pecho y cerró los ojos.
"Querido Edward," comencé. "Cuando tu novia Bella me llamó hace unos momentos y me dio algunas noticias bastante inesperadas, estaba inseguro sobre cómo reaccionar. Estaba, y aún estoy, sorprendido y entristecido por la muerte de tu madre. Ella permanecerá en mi memoria como una chica llena de vida, hermosa e inteligente de la que me enamoré en el momento en que la vi.
"Nos conocimos en una fiesta de bienvenida en Yale. Ella se veía aburrida, y francamente, fuera de lugar. Yo estaba ahí visitando a unos amigos, pero entonces la vi parada sola en una pequeña esquina y obviamente soñando despierta, no pude quitar mis ojos de ella. Eventualmente, ella atrapó mi mirada, pero miró a otro lado. Finalmente vencí los nervios para hablar con ella. Ella estuvo tímida al principio, y era casi como si se preguntara por qué yo querría hablar con ella.
"Terminamos charlando la noche entera—de hecho, hasta que salió el sol. Bueno, 'hablar' es darlo a menos. Debatimos sobre política, libros, películas, incluso cuál cereal era nuestro preferido. Había un fuego en ella por el que fui tomado instantáneamente. Pasamos la semana completa juntos, e incluso me perdí unos cuantos días de clase para alargar mi estancia. Yo simplemente no quería decirle adiós a esa sorprendente mujer de gran espíritu.
"Manejé hasta New Heaven cada fin de semana del siguiente mes. En una de esas visitas, tu madre me dijo que estaba embarazada. Después de que el shock incial se disipó, yo estaba, francamente, extasiado. Sabía que Libby era el amor de mi vida. Pero Libby estaba preocupada. Ella venía de una antigua, establecida, y rica familia de Chicago. Ella había sido 'preparada' desde una edad muy temprana para llevar a cabo la tradición de su familia de unirse a las filas de algunos de los abogados de mayor éxito, uniéndose a la firma Masen Law. Casarse y tener un bebé antes de terminar la Universidad significaría que tendría que poner todo eso en espera. Ella me dijo que no importaba, y le creí.
"Y sí, quería casarme con tu madre. Tenía todas las intenciones de proponérmele. Pero mis inseguridades me fastidiaron. Yo era de una modesta familia de New Hampshire—el hijo de un reverendo Episcopal. Yo vivía de becas y préstamos. Todavía tenía dos años en la escuela de medicina antes de que comenzara a ganarme la vida. Pero había heredado la fuerte fe de mi padre, y creía que todo eso estaba pasando por una razón, y que era parte de un plan más grande.
"No podía esperar a que nacieras y te pudiera cargar por primera vez. Quería que fueras bautizado por tu propio abuelo en la pequeña iglesia rural donde había pasado la mayor parte de mi infancia. Sin importar que fueras 'Edward' o 'Lily' (ambos elecciones de tu madre,) yo iba a amarte y hacer todo lo posible para asegurarme de que te convirtieras en un adulto feliz.
"Las cosas entre Libby y yo se volvieron tensas. Parecía extrañamente distante y comenzó a poner excusas de por qué no debía visitarla los fines de semana. Le pedí que se casara conmigo, pero ella insistió en que era poco práctico. Ninguno de los dos vivíamos en nuestras propias casas, sino en dormitorios. Ella quería esperar hasta el final del periodo de primavera, para que ella pudiera al menos terminar su segundo año antes de pedir una licencia para tenerte.
"La última vez que vi a tu madre, ella se iba a Chicago para pasar las vacaciones de Navidad al final del periodo de otoño. Nuestra despedida fue bastante emocional. No pude evitar la sensación de que algo estaba terriblemente mal. Siendo joven y con el corazón en un puño, sentí que quizás esto era demasiado para ella—que nuestro romance iba muy rápido, y ella se estaba sintiendo sofocada.
"La llamé a los pocos días que se fue, pero siempre me respondían que no estaba en casa. Después de unas semanas de llamarla a diario, me sentí fuera de mí. Me subí a mi auto y manejé 900 millas (1448.409km) a Chicago con el anillo de compromiso con un pequeño diamante que había estado en la familia Cullen por generaciones, perfectamente presionado en el bolsillo de mi chaqueta.
"Llegué hasta la puerta de la casa de sus padres. Su padre se negó a dejarme entrar a la casa. Me dijo que estaba arruinando la vida de Libby, y que ella estaba deliberadamente evadiendo mis llamadas porque quería que la dejaran sola. En realidad, el estrés de la situación entera le había causado que perdiera al bebé. Necesitaba tiempo para ella, y que todo esto había sido mucha carga emocional para ella.
"La súplica que le hice de que al menos me dejara verla cayó en oídos sordos. Y cuando él pregunto '¿Qué podía ofrecerle un hijo de un pobre hombre de iglesia a una debutante de los Masen de Chicago?', finalmente agotó lo último de mi determinación atacando una de mis debilidades: mi creencia de que yo no era lo suficientemente bueno para ella, y que ella merecía algo mejor que yo.
"Dejé Chicago con el anillo aún en mi bolso y mi corazón completamente roto. Había perdido a la mujer que amaba, y a nuestro hijo, de una sola vez. Aún así hice esfuerzos por contactar con tu madre—por llamadas telefónicas, cartas, mensajes enviados a través de amigos. Nunca fueron respondidos. Me enteré de que no tomó el semestre de primavera, ante la insistencia de sus padres, ligada a 'estrés extremo,' y que había sido transferida a la Universidad de Chicago después de eso.
"Después de graduarme de la escuela de medicina, terminé mi internado y mi residencia en Chicago, pensando que algún pequeño toque de suerte me permitiría de alguna manera encontrarla. Pero eso nunca pasó. Traté por cinco años, y cuando mis familiares me persuadieron de que me mudara de regreso a New Hampshire, lo hice, aunque a regañadientes. Fui lo suficientemente afortunado al obtener un lugar en el personal del Dartmouth's Medical Center, y al final terminé enseñando medicina también.
"Mientras trabajaba en el hospital, conocí a una mujer maravillosa llamada Esme. Ella trabajaba como enfermera en pediatría y había notado que yo comía en la misma mesa, el mismo sándwich, cada día. Un día, ella se acercó a mi mesa y me ofreció un brownie, diciendo que tal vez podría probar algo diferente. Ella tenía razón. Hemos estado casados por quince años. Siempre hemos querido una familia, pero nunca sucedió para nosotros. Ahora, entiendo el verdadero significado de que las cosas suceden por una razón, y de todo siendo parte de un plan más grande.
"Espero que esta carta explique algunas de las cosas que quizás te has preguntado sobre mí. Hay muchas preguntas que de verdad me gustaría hacerte, si estás dispuesto a responderlas. Lamento mucho la muerte de tu madre, pero no creo que pueda disculparme adecuadamente por no haber sido parte de tu vida. Eso, siempre lo lamentaré mucho.
"Y aunque entiendo que no hay nada que pueda hacer para compensar el tiempo que he perdido contigo, me gustaría mucho tener la oportunidad de conocer la persona que eres ahora. Bella me dijo que tú también eres médico, y eso realmente me enorgullece.
"Tienes mi dirección de correo electrónico y el número de mi oficina, pero incluiré el resto de mi información personal al final del mensaje. Estoy abierto a cualquier tipo de conversación que quieras tener, sin importar si es por email, teléfono o inclusive en persona.
"Afectuosamente,
Carlisle"
Para cuando terminé de leer, mi voz estaba rasposa y ronca. Había empezado a tener la urgencia de llorar después de los primeros enunciados. Podía sentir las emociones saltar prácticamente de las hojas por la descripción de Carlisle sobre cuánto le importaba la mamá de Edward, y no había habido manera para que me contuviera. Había llorado leyendo todo. Qué triste giro de los acontecimientos para sus padres. Qué golpe tan triste de mala suerte y malas intenciones sobre las que Edward no tuvo control, y mirándolo bien, tampoco sus padres.
Tiré suavemente la carta de Carlisle en la mesita de café enfrente de mí y miré hacia la cara del hombre quien, por ninguna de sus elecciones, era el centro de tanto: dolor sin resolver, amor no correspondido, esperanza perdida. Él lo compartió todo; también lo había sentido.
Edward resultó herido al ser criado por una mujer con un armario lleno de esqueletos. Ella debió haber tenido que mantener ocultos todos esos secretos para protegerlo, pero no había funcionado. Él había sufrido por el amor no correspondido de su madre por cuán triste la hacía a ella, cómo eso la había llevado a tomar y finalmente causar su propia muerte. Él tenía su propio amor no correspondido, quizás no del tipo romántico, pero él nunca había conocido el amor de un padre. Y cuando su madre murió, creo que fue cuando Edward perdió la esperanza de alguna vez amar a otra persona.
Acariciando su mejilla y besando su frente, abracé a Edward tan fuertemente hacia mí como pude. Al principio, él estaba sin fuerzas y no me abrazó, pero me mantuve sosteniéndolo, masajeando su espalda, y diciéndole cuánto lo amaba.
"Edward," susurré, lloriqueando mientras me limpiaba la cara con el dorso de mi mano. "Háblame, por favor," pedí. Él me miró con esos expresivos ojos, teñidos de rojo.
"Yo fui…deseado," fue todo lo que dijo. Estaba demasiado superada por las emociones para reaccionar con palabras, pero asentí y le di la sonrisa más grande que fui capaz.
"Siempre fuiste querido, y creo que tu padre adoraría llegar a conocerte," repliqué, pasando mis manos por su grueso cabello y palmeándole la mejilla.
"¿Qué digo? ¿Cómo actúo? Me refiero a que, todo este tiempo…perdido," se lamentó, con su ceño fruncido.
"Quizás no estuvo para ti en el pasado, pero definitivamente quiere estarlo ahora. Eso es lo que cuenta. Quiere una oportunidad. Dásela," le dije suavemente, ladeando mi cabeza y sonriendo. Asintió, pero su cara se veía triste, sombría.
"Y que si, ya sabes," murmuró, sin hacer contacto con los ojos. "¿Qué pasa si no le gusto?" preguntó, encogiéndose de hombros. Su voz quebrándose ante tal pregunta.
"Oh, amor," murmuré simplemente en respuesta. Sostuve su cara en mis manos. "Estás viendo a la persona que, en la noche de su cumpleaños, juró en tu cara que nunca se enamoraría de ti, y mira como termino esto," bromeé gentilmente antes de besarlo melosamente.
"Pero nosotros no tratamos de enamorarnos. Simplemente pasó," argumentó, su expresión pensativa, aún ligeramente confundido.
"Exactamente. No tienes que tratar de gustarle a tu padre. Simplemente pasará. Confía en mí," aseguré, abrazándolo de nuevo. Esta vez él también me abrazó, y creo que nunca en mi vida había estado tan feliz por ser estrujada.
"Creo que le mandaré un correo," dijo, luciendo más optimista que minutos antes. Pude ver volver su mirada de felicidad y fue algo agradable.
"Esa es una idea fantástica," respondí, deseosa de animarle a corresponder el esfuerzo de Carlisle de acercarse a él.
"¿Qué haría sin ti, Ojos Cafés?" preguntó, sosteniendo mi barbilla con dos dedos.
"Uh, estarías saliendo con tus zorras y comiendo huevos malos," bromeé, arrugando mi cara hacia él.
"Pero tú eres mejor de lo que ellas fueron, y también tus omelets," dijo frunciendo el ceño.
"Ya sabes, no es que eso diga mucho, pero tomaré lo que pueda obtener," contesté con una carcajada. "Hey, tengo una idea," dije, algo apareciendo repentinamente en mi cabeza.
"Lánzala, Ojos Cafés," contestó, la punta de sus dedos trazando el contorno de mis labios.
"Yo digo que nos quedemos en casa hoy. Debes tener un montón de días de descanso amontonados, y yo solo tengo una clase de la que puedo conseguir los apuntes con alguien más," sugerí. "¿Qué piensas?" dije, esperando que él dijera 'sí' para que así pudiéramos pasar el día relajándonos o hablando si él quería.
Una feliz sensación empezó en mi pecho y se propagó hasta los dedos de mis manos y pies cuando él me dio una sonrisa juguetona. Nos levantamos del sillón y nos paramos uno frente al otro, nuestras muy diferentes, pero muy compatibles, manos entrelazadas de nuevo.
"Lo he dicho anteriormente, pero lo diré de nuevo. Me gusta la manera en que piensas," me dijo con una ceja alzada.
"¿Una carrera a la ducha?" lo desafié.
"Ja," bufó. "Como si pudieras pasarme," se burló, antes de simplemente recogerme y cargar conmigo al baño como si fuera un saco de papas.
"Qué carrera es esta," gruñí indignadamente, dejándome caer flojamente con mi cabello hacia abajo y mi playera por mis axilas.
Y aunque no gané la carrera y ni siquiera conseguí correr, no pude evitar sentir como si hubiera ganado en algo a mayor escala. Había ayudado a Edward con algo que dudaba alguna vez hubiera intentado solo, y lo mejor de todo, y por cómo se veían las cosas, él sería más feliz por eso.
No había mayor victoria que esa.
(1)En ingles: Bella Ball-Sack
(2) Prun: decrépito ella: Bella
(3) Compañía que vende tarjetas de ocasión
(4) Parodia de la canción 'Because you loved me' de Celine Dion
(5)Cope:Hacer frente a, pero como aquí es un apellido también, traducirlo quedaba mal
(6) Es una avenida grande en Boston
(7) Serie de comedia americana, en donde el anteriormente mencionado era el protagonista
(8)Se refiere a la boca
(9) Una página donde se ofrecen oportunidades laborales
(10)Master in Social Work: Maestría en trabajo social
(11)non sequitur: (en latín «no se sigue») a un tipo general de falacia en la cual la conclusión no se deduce («no se sigue») de las premisas.
(12)Gineco/Obstetra
La autora avisa que para entender el siguiente capítulo, deben leer la historia contada desde el punto de vista de Edward, la primera parte está ya en mi perfil como 'La chica nueva del piso de abajo', y el segundo capítulo estará antes del martes.
Lamento la tardanza, pero mi computadora murió y ahora puedo traducir sólo cuando mi hermano se apiada y me presta la suya, trataré de seguir con el ritmo de un capítulo por semana ahora que ya estoy en mi casa (:
El capítulo es más largo, así que es algo…
Trato de contestar todos los reviews, pero a veces se me pasan algunos, lo siento; pero de verdad que los leo todos y siempre me sacan una sonrisa.
Guest: Nunca abandonaría la historia y trataré de actualizar cada semana, aunque los capítulos son cada vez más largos, gracias por tu review
marym25: Muchas gracias a ti por leer, linda, y sí, trato de sólo tomar lo bueno de todo
Sil:Me alegra que te guste, muchas gracias por tu review
maps66:Gracias, linda
Les dejo mi twitter por si quieren contactarme, es MUY fácil encontrarme ahí:
acidillusion
Con cariño,
sparklinghaledecullen
