Todo lo mío (?) es para Lizjoo porque es MI TODO y la amo densamente & porque soy de ella para todo lo que guste & desee
Twilight no me pertenece, y la historia tampoco, es deAngryBadgerGirl. Sólo me adjudico la traducción
Ya saben, mi eterna gratitud aericastelopor hacer de esto algo decente y ayudarme a mejorar la traducción, también por explicarme qué es un 'fly' y por aguantar mis inventos de palabras (:…
Capítulo dedicado a SOLASIUM y Sarah-Chris Cullen, porque me apetece y las acabo de conocer y son chicas super lindas (:
La autora advierte que necesitan leer el complemento de esta historia para poder entender el capítulo, el título de esta es: "La Nueva Chica del Piso de Abajo". Está en mi perfil.
EDPAPOV
Froté mis ojos con mis manos después de darle clic al botón de 'enviar' en el correo que le acababa de escribir a Carlisle. En él, explicaba todo sobre mi vida hasta el momento. Que la muerte de mi madre había sido por el alcoholismo, aunque ella lo escondió bien—incluso de mí—hasta que fui lo suficientemente mayor para comprender mejor todo. Ella nunca explicó por qué había dejado Chicago tan pronto nací, o por qué no tenía contacto con sus padres. Me mudé con ellos después de su muerte, pero fui rápidamente enviado a un internado. Mi abuelo murió repentinamente de un ataque al corazón bastantes años después, y no me ofreció ninguna información sobre lo que había pasado. Mi abuela está ahora en las últimas etapas del Alzheimer, pero ella había sido la que me había dado la única pista que había necesitado para encontrar a Carlisle: su apellido.
Hoy había sido un emocional, pero al mismo tiempo, muy gratificante para mí. Estaba más que medianamente aterrorizado por cómo Carlisle reaccionaría a que Bella lo contactara. Convencido de que no tenía ni idea de que yo existía, lo más que esperaba de él era bastante sorpresa y quizás una promesa medio hueca de mandarme una tarjeta cada Navidad. Yo de verdad dudaba que quisiera tener algo que ver conmigo.
Sabiendo que él estaba enterado del embarazo de mi madre y cómo se sintió por eso, y con ella, simplemente me sorprendió. Había gastado años sintiéndome vacío, como el fantasma de una persona, por mi complicada y equivocada teoría de cómo había venido al mundo. Ahora me doy cuenta de cuán mal estaba. Aunque nada compensaba todo el tiempo que había pasado vagando sin rumbo en cuanto a relacionarme con los demás, de ahora en adelante, trataré de moverme y existir con un propósito, un significado.
De repente, recordé algo que Ojos Cafés me había dicho después de una de nuestras peleas—no puedes perderte si sigues tu propio camino. Además, todos tenemos un mapa. Bueno, más como un GPS interno. Tu corazón, Edward. Él te dice a dónde ir.
Pensé que había entendido lo que ella había dicho en el momento, pero fue hasta hace poco que realmente había experimentado lo que ella había descrito. Ahora podía ser guiado por las emociones con las que había peleado tanto tiempo por suprimir por lo dolorosas que eran. Yo tomaba la fácil y cobarde salida, fingiendo que nada me afectaba. Pero al final, todo lo que había hecho era que había creado una vida para mí que estaba vacía, sin sentido, y sin dirección.
Incluso aunque mi abuela había sido la que me había dado la pista que necesitaba para encontrar a mi padre, había sido Bella la que me había dado el coraje para hacer algo y buscarlo. Sin su amable guía incitándome, yo aún sería 'ese chico' que ahora que había crecido no me gustaba mucho. Y ahora, afortunadamente, no necesitaba serlo, pensar o actuar como él.
Mi mente se desvió a pensamientos sobre Bella y lo que ella significaba para mí mientras me levantaba de la silla de mi oficina y me estiraba. Ella era simplemente lo mejor cosa que alguna vez me había pasado.
Una sonrisa se deslizó por mi cara cuando recordé cómo me había hecho el amor anoche. Era una de las muchas fantasías que había tenido con ella. Pero esta ya se había vuelto realidad: su cuerpo a horcajadas sobre el mío, moviéndose de arriba a abajo, sus senos rebotando al ritmo del movimiento de sus caderas.
La fantasía…no tenía nada que ver con la realidad. Dios, la realidad había sido infinitamente mejor. Había tenido que mirar su transformación en la mujer que era ahora: segura de su belleza, su sexualidad, pero también amorosa, brillante, independiente…algunas veces incluso tenaz y desesperantemente terca. Pero había llegado a amar a esa mujer. Increíble.
Moviéndome hacia la cocina, incliné mi hombro contra el marco de la puerta y la miré de espaldas mientras lavaba los trastes. Me di cuenta de algo que me tomó por sorpresa—sus hombros estaban hundidos y temblaban. El agua estaba corriendo, así que no podía escucharla, pero sabía que estaba llorando.
"Ojos Cafés," dije suavemente mientras ponía mi mano en su hombro y usaba la otra para cerrar la llave. "¿Qué está mal? ¿Por qué estás llorando?"
Parecía que la había sorprendido, porque había brincado un poco cuando había sentido mi mano tocándola.
"Nada," contestó secamente, sus ojos parpadeando rápidamente. "Creo que, yo, uh, tengo algo de jabón en mis ojos…o algo," dijo de manera poco convincente mientras miraba hacia el piso.
Levanté una ceja hacia ella y la miré escépticamente. Sabía un montón de cosas sobre esta mujer, y una de ellas era que era terrible mintiéndole a los demás. Ni siquiera podía decir una mentira blanca sin que su cara y su lenguaje corporal la delataran.
"Estabas llorando," declaré simplemente. "Por favor, dime por qué," pedí de nuevo ladeando su barbilla hacia arriba para que tuviera que mirarme.
"Pensarás que es tu culpa," protestó dócilmente.
"¿Pensar que qué es mi culpa?" presioné, acercándole una toalla de papel para que pudiera secar sus manos.
"Por qué estoy llorando."
"No puedo pensar en otra cosa que no sea preocuparme por ti si no sé por qué."
"Eso es por lo que no quiero decirte el...porqué," contestó sin sentido.
"Ahora, realmente voy a creer que es algo que yo hice si tratas de esconderlo. ¿Por favor?" pedí de nuevo, mi ceja fruncida. Estuvo sólo parada ahí por un momento, retorciendo silenciosamente la toalla que sostenía. Se la quité, remplazándola con mi mano, con la que empezó a jugar nerviosamente, lo que se había convertido en su hábito.
"Estaba llorando porque ha sido un día largo," confesó. "No estoy triste," dijo rápidamente. "Es sólo que hay muchas emociones rondando por mi cabeza, y lloro para que pueda 'desahogarlas' y dejarlas salir," agregó, estudiando uno de los pliegues más profundos de mi mano, mientras su dedo lo trazaba de ida y de regreso.
"Hiciste esto antes—ese día en el hospital cuando me pediste que me reuniera contigo en el salón," recordé. Ella asintió tímidamente.
A juzgar por cuán culpable se veía, solamente pude imaginar que ella se había 'desahogado' en numerosas ocasiones mientras me ayudaba a pasar por todos los problemas relacionados con mi abuela y la búsqueda de mi padre. Cómo es que nunca me había dado cuenta, hasta ahora, de que sería difícil para ella salir inmune a tanto estrés y tristeza era, franca y jodidamente, absurdo. Todo lo que había querido era su ayuda, y nunca había considerado lo que le tocaría a ella.
"Lamento que todo esto te moleste. No es correcto. Ni justo," le dije, arrepentido por lo egoísta que había sido.
"No está molestándome. Ya te dije. Me estoy desahogando," insistió, luciendo ligeramente molesta y soltando mi mano.
"No, desahogar," refuté, "es cuando me golpeas o me das un codazo en las costillas. Lo que estabas haciendo era llorar. No puedo…Ojos Cafés, es inaceptable. Que llores es inaceptable," agregué severamente, sacudiendo mi cabeza y agitando mi mano, con la palma hacia abajo, indicando que esto se terminaba.
"¿Inaceptable?" se rió. "Eres ridículo, ¿sabes? ¿Qué es esto, estás emitiendo un mandato sobre 'no-llanto' o algo? "preguntó, su irritación aumentando. "¿Ahora eres el tirano de las lágrimas? ¿El Mussolini del llanto? Un, uh…¿Llanssolini?" gritó en frustración, mientras me miraba con una mueca de incredulidad.
"¿Qué hay de malo con no querer verte molesta?" contesté, sintiéndome a la defensiva. "Y sí, si pudiera evitar que lloraras, lo haría," agregué, diciéndole la pura verdad de Dios.
La llevé a la sala, donde los dos nos sentamos en el sofá. Ella dejó escapar un profundo suspiro y cerró sus ojos, obviamente tratando de calmar su irritación y aclarar sus pensamientos.
"No puedes evitar que tenga sentimientos, Edward. No funciona así. Todas las emociones negativas—estar triste, enojada, o lo que sea—ni si quiera yo puedo evitar sentirlas, Y no quiero hacerlo," explicó, luciendo un poco más calmada. "Las cosas que te pasan, cosas que son emocionales para ti, yo las siento. Pero no es nada que no pueda manejar si solo me 'desahogo' un poco," agregó, mirándome.
"Pero no quiero que te sientas mal por mí," argumenté.
"Déjame explicar algo. Cuando tú estás triste, yo también lo estoy. No hay manera de evitarlo. Te guste o no, si tú sufres, yo también. No te culpes, y no trates de decirme qué debería y que no sentir. Sabes que odio eso," me dijo.
"Eso no me gusta," le informé vacilantemente, el ceño frunciéndose en mi cara. Pero cuando ella se rió suavemente para sí, supe que no estaba enojada como lo había estado un minuto antes.
"Sólo sé decente y ámame por eso, ¿lo harás?" me preguntó con una pequeña, media sonrisa. "Porque todo es parte de esto," agregó, con tanta finalidad en su tono como yo la había tenido antes.
"Me parece lo suficientemente justo, pero tampoco escondas ese 'desahogo' de mí. Eso no hace nada más que preocuparme," dije. "Y tú hiciste la promesa de ser más abierta a hablar conmigo, y de tenerme más fe," le recordé.
"Lo sé. Lo sé," dijo, levantando su mano mientras hablaba. "Pero imaginé que reaccionarías de esta manera, que te culparías. Y esa es la única razón por la que no quería desahogarme en frente de ti," explicó. "Es divertido…bueno, más algo como irónico, porque estaba pensando para mí que esta sería la última vez que llorara, y realmente, era sólo porque estoy aliviada," confesó.
Cuando puse mi brazo alrededor de ella, descansó su cabeza en mi hombro antes de continuar. "Carlisle quiere conocerte. Todo se está solucionando. Yo esperaba lo mejor, pero estaba lista para lo peor. Y lo peor no pasó," dijo en voz baja.
"No," contesté, acariciando su cabello. "Lo peor no pasó. Y no pude haberlo hecho sin tu ayuda. Estoy en deuda contigo, Ojos Cafés. Mucho", le dije con total sinceridad antes de besar su frente.
"Serán $12.47, incluyendo el I.V.A., porque Dios sabe que tú me pones impuestos," dijo sarcásticamente, cerrando un ojo y meneando su dedo hacia mí.
"No bromees, vamos. Hablo en serio," contesté, tomando su dedo meneante y besando la punta de este.
"Hey," comenzó, tomando su cara con sus manos. "No puedo evitar bromear cuando dices algo como eso. Tú no me 'debes' nada," me informó, mirándome con esa expresión amorosa sin la que creo que no podría vivir.
"Pero has hecho mucho más por mí que lo que yo he hecho por ti," contesté, siendo completamente honesto.
"Eso no es verdad, Edward. Te he dicho antes por qué te amo…cómo tú también has hecho mucho por mí," dijo suavemente mientras alcanzaba mi mano para masajear el espacio entre mi dedo pulgar y el índice. "Me hiciste feliz, aún lo haces. No tendría ese gran trabajo en el hospital. No estaría viviendo la vida para la que estoy destinada," me recordó, estudiando mi pulgar.
"Te amo, Ojos Cafés," repliqué, sin saber realmente qué mas decir. No podía poner en palabras cómo me hacía sentir cuando me decía cuánto había hecho por ella, cuán feliz la hacía.
"También te amo," dijo en respuesta, besándome dulcemente. "Y no voy a empezar a llevar una cuenta. Porque, en primer lugar, apesto con los números. Y en segundo lugar, falsificarías los libros, porque eres un astuto tramposo," bromeó, acariciando mi mejilla con su pulgar.
"¿No puedo falsificar tus libros? Pero yo amo adquirir los bienes de tu empresa," coqueteé, sintiendo sus bienes con mis manos.
"Dios, si alguien pudiera hacer que incluso la contabilidad sonara pervertida, ese serías tú," regañó juguetonamente, rodando sus ojos y agitando su cabeza antes de reír.
"Vamos, sabes que amas mi método de pago," dije con una ceja alzada y una sonrisa.
Dejó salir un pequeño y lindo gruñido y se puso sobre mi regazo. Me reí cuando trató de golpearme en el pecho porque yo podía alejar sus pequeños puños o dejar que me golpeara—no dolía.
"Ouch," gemí con falso dolor. "¡Deja de golpearme, mujer!"
"No estoy golpeándote. Estoy desahogándome, ¿Lo recuerdas, chico sabio?" dijo en respuesta, su cara levantada por la risa.
"Así es como yo me desahogo," le dije, susurrando contra su cuello, mis manos pasando por sus costados de arriba a abajo hasta detenerse en sus caderas. Dejé un suave camino de besos desde su hombro, por su brazo, y hasta el interior de su muñeca. Sus puños se abrieron como una flor cuando sintió mis labios presionados en donde se sentía su pulso, así que tomé su palma y también la besé suavemente.
"No hay ninguna utilidad en pelear contigo, nunca la hubo," murmuró, sus ojos cerrados.
"Estoy agradecido de que estemos de acuerdo en algo," bromeé mientras besaba mi camino de regreso por su brazo.
"Hey, acabamos de tener nuestra primera pelea como, ya sabes, novios," me dijo en voz baja, mordiendo su labio y mirándome expectante.
"Y la solucionamos," contesté con una sonrisa torcida, antes de entretenerme a mí mismo mordisqueando el óvulo de su oreja.
"Sabes lo que eso significa, ¿no?" preguntó, alejándose un poco de mí. Me miró con esos ojos marrones, y me dio una coqueta y maliciosa sonrisa.
"¿Sexo de reconciliación?" pregunté en respuesta con un guiño. Oh, las posibilidades.
"Se supone que es el mejor," susurró, presionando sus labios contra los míos.
"Entonces está acordado," le dije. "Sí hay una utilidad en pelear conmigo. De hecho, pelearemos cada día a partir de hoy," agregué, antes de lamer mis labios.
Sabía que el lamer los labios la volvía un poco loca, y francamente, no estaba por demás usar todas las tácticas que tenía en mi arsenal de comportamientos coquetos. Cuando inconscientemente ella lamió su labio en respuesta, dejé a 'ese chico' que solía ser darse a sí mismo una ligera palmada en la espalda. No tenía sentido renunciar a todos mis malos hábitos. Sólo estaba usándolos para un propósito que valía más la pena: para estar con mi Ojos Cafés.
"Sabes lo que me provoca que lamas tus labios, Edward," me regañó juguetonamente.
Aw, mierda.
"Eres un chico muy muy travieso," canturreó mientras se levantaba del sofá y se ponía encima de mí. "Poniéndome toda excitada con nuestras pequeñas peleas de amantes y ahora excitándome de nuevo, provocándome una y otra vez," agregó, agitando su cabello sobre sus hombros y empujando su pecho hacia afuera, para que así yo pudiera ver sus muy, muy erectos pezones a través de su fina camiseta. "¿Ves cómo haces trampa y no juegas limpio?" protestó, mientras hacía que su labio inferior sobresaliera un poco.
Oh, está bien, puedo verlo. Puedo ver cada pequeño borde de tus perfectos y rosados pezones.
Si no estuviera equivocado, creería que alguien estaba tratando de mejorarme en mi propio juego. En este particular encuentro, como sea, con mucho gusto quedaría con el trasero pateado—pero no sin darle una honesta, o quizás, no-tan-honesta, pelea. Cuando tiró de mis manos hacia ella para que tuviera que ponerme de pie, lo hice sin vacilar. Me estaba sintiendo bastante excitado por su muy repentino, y muy, muy sexy pequeño juego de poder.
"Oh, bien, supongo que tendrás que ajustar cuentas, entonces, ¿no?" ronroneé, levantando una ceja. Claramente era hora de usar la artillería pesada.
Cuando ella simplemente me gruñó, y en su cara se veía que no sabía si besarme o golpearme, supe que había dado justo en el blanco. Di un paso largo hacia ella, nuestras narices casi tocándose.
"¿Estás terriblemente enojada conmigo?" pregunté, mi voz grave y algo amenazante, a pesar de que le estaba haciendo un puchero. Ella dio un paso hacia atrás y yo di uno hacia adelante.
"No," contestó, su voz teñida con un poco de irritación y excitación. Sus ojos se alzaron para verme y los volvió a bajar para continuar. "No estoy enojada, Edward. Estoy…furiosa," agregó, mientras tiraba de su blusa por encima de su cabeza.
Tragué fuertemente cuando tiró su blusa al suelo y miró mi cara mientras mis ojos viajaban entre sus labios y sus pechos. Mi cerebro no podía decir que lucía más apetitosos—su boca o sus tetas. Mi polla decidió que era empate.
Su puntería, al parecer, era tan buena como la mía. Ella había tomado a este toro, pero no por los cuernos.
"Adoro cuando estás enojada," le dije francamente. "Eso siempre me pone cachondo. Desde el día que te conocí, he pensado que esa mirada que aparece en tu cara es—tan apasionada," siseé suavemente en su oreja mientras usaba mis brazos para ponerla contra la pared.
"Disfrutas jugar conmigo…demasiado," me reprendió con los dientes apretados. A pesar de su tono y expresión de enojo, me quitó la camiseta, y presionó sus manos a cada lado de mi cuello, poniendo mi boca encima de la de ella. Nuestro beso era impaciente, ávido.
Deslizando mi mano entre la banda de la cintura de sus pantalones, y llegando hasta entre sus bragas, presioné gentilmente mi dedo medio entre sus piernas.
"Juzgando por cuán mojado está aquí abajo, Ojos Cafés, creo que tú también lo disfrutas, ¿hmm?" la provoqué.
"Tú, mi amigo, no eres el que juzga," bromeó en respuesta cuando su mano se encontró con el duro bulto que sobresalía de mis pantalones.
Solía dejarme perplejo cómo es que esta pequeña bookworm podía hacer que yo fuera incapaz de mantener mi ingenio, cuestionando mi delicadeza con el género femenino, y sobre todo, simplemente haciéndome dudar que tuviera alguna habilidad en un juego que yo creía dominar. Creo que hasta ahora me daba cuenta de que era una tontería incluso tratar de seguir rivalizando con ella.
Renuncié, me rendí, y agité la bandera blanca.
Vencido en mi propio juego. Seducido por una tímida chica que solo tenía que morder su labio y sonrojarse, para que todos mis pensamientos coherentes se fueran al diablo. Mi cerebro, mi corazón, mi polla—estaban todos…bajo el mando de una vagina.
"Creo que he creado un monstruo," le confesé, mientras ella trataba de desabotonar mi pantalón y quitarse su pantalón de yoga al mismo tiempo.
"Sí, eso has hecho. Toda la culpa es tuya, Dr. Sexinstein," bromeó respirando rápidamente, apurándose para terminar de quitarse las bragas y arrojarlas con su dedo gordo del pie. Cuando sus manos alcanzaron el interior de mis bóxers, cerré mis ojos fuertemente en un intento de recomponerme, pero no funcionó. En vez de eso, mis manos la tomaron por la parte exterior de sus muslos, y ella enredó sus piernas alrededor de mi cintura.
La bandera blanca ahora era una bandera a cuadros.
"Edward," suspiró, mientras mantenía una de mis manos en su muslo y la otra, con la palma extendida, contra el muro al lado de su cabeza. Se apretó contra mí, su pequeña mano alrededor de mí, moviéndose. "Tócame como lo hiciste la otra noche, cuando me dijiste que no dejara que otro hombre me tocara de esa manera," ordenó, sus ojos parpadeando lentamente, su voz lánguida y sensual.
Estaba incitándome. Y estaba funcionando. En mi mente destellaron imágenes de ella desnuda, enarbolada en la parte posterior de su sillón, con las piernas abiertas, espalda arqueada. Vi mis manos manoseando su cuerpo, medio mirando abiertamente y medio mirándola de reojo. Vi a mi pulgar frotándose contra el medio de sus piernas mientras escuchaba el eco de mi voz diciéndole que lo que estaba tocando era mío.
La bandera a cuadros ya era una bandera roja.
Este toro estaba siendo dirigido por la matadora más engañosamente tímida que el mundo conocerá. Nunca la conocerán porque ella es mía y no tenía la intención de dejarla ir nunca. Ni su cuerpo, mente, corazón, o su alma.
"¿Eso es todo lo que soy, cualquier hombre?" pregunté, deliberadamente torciendo sus palabras cuando mi posesividad apagó a mi lógica. Ávidamente me presioné dentro de ella, tosca y rápidamente. Tomó una profunda respiración y sus ojos se ensancharon antes de tirar hacia atrás su cabeza.
"No, nunca solo cualquier hombre," gimió cuando mi boca viajó a su pecho, mordiendo y lamiendo. "Eres el único hombre," jadeó, mientras sus manos tomaban mi cabello en puños y sus caderas se movían más y más rápido.
"Mía," gruñí en su oreja. "Cada. Pulgada. De. Ti."
Todas las emociones que habían estado a punto de estallar durante el día llegando a su punto de ebullición, y lidié con la tentación de dejar que todo se transformara en una oleada de agresivo y codicioso deseo. Bajé el ritmo y mire esos ojos cafés. Como siempre, fue sólo cuestión de segundos para que ella supiera lo que estaba pensando.
"Quiero esto," me dijo, su respiración fuerte y rápida. "Te deseo, de esta manera. Edward de Bella…Bella de Edward, ya no hay diferencias. Sólo…amor. Muéstrame todas las maneras diferentes en que lo sientes, por favor," murmuró, sosteniendo mi cara entre sus manos.
"Ojos Cafés, te necesito tanto. Sólo tienes que saber que tú eres mía, siempre," confesé, moviéndome más rápido.
"Sí, siempre tuya," estuvo de acuerdo antes de besarme animadamente, su suave lengua provocándome.
En todos mis años de saltar de una cama a otra, de jugar con los cuerpos de las mujeres para ver cuán rápido, cuán duro podía provocar una respuesta en ellas—nada me había satisfecho. Le había dado a mi líbido algo que hacer, y alimentaba mi ego. Pero no había hecho nada más, salvo dejarme emocionalmente atrofiado. Desde entonces, ya había encontrado a la mujer que satisfacía el intenso deseo que tenía de sentirme un hombre completo, un ser humano. Por eso, siempre la necesitaré, desearé, amaré.
Empecé a moverme contra ella más fuertemente, y sus gemidos que acompañaban a cada uno de mis empujes, solo alimentaban el fuego que ardía dentro de mí. Ese fuego mantenía vivo y ardiendo, por el voraz, irracional y alimentado por la testosterona, el deseo Neandertal (primitivo, de la era de las cavernas) de antes arrancarle la cabeza del cuello a cualquier tipo, que dejarlo echar un vistazo a lo que era mío y sólo mío.
"Dios, no puedo…" traté de decir, mientras me hundía en ella furiosamente. Carecía de las facultades suficientes para expresarme con palabras. No podía controlarme, ni molestarme en ser más cuidadoso, no podía desenredar mis emociones durante el tiempo suficiente para actuar como solía hacerlo, con tanta facilidad. Todo dentro de mí era demasiado salvaje, visceral, efusivo.
No podía ser nada ni nadie sino yo mismo, sintiéndome justo como estaba sintiéndome en este momento. Necesitaba que ella me amara por eso, incluso quizás a pesar de eso.
"Dame. Dame más," gimió, reafirmando mi fe en su capacidad de verme por quien era, incluso en ser lo suficientemente valiente para ordenarme que le mostrara todo lo que antes solía ocultar.
"Quiero darte todo. Cada jodida parte de mí," gruñí, demasiado excitado y perdido en mis pensamientos para verlo a la cara.
"Edward," jadeó, tomando mi barbilla con la palma de su mano, sus dedos presionados en mis mejillas, y forzándome a mirarla a los ojos. "Amo cada parte. Te amo como si cada respiración fuera a ser la última," confesó, su voz ronca. "No olvides eso…nunca."
"Te amo, te amo tanto," murmuré, mirándola gemir y retorcerse, justo antes de que su cuerpo llegara al clímax mientras gemía fuertemente mi nombre una y otra vez. Sentir su orgasmo mientras seguía impulsando mis caderas dentro de ella, me envió al más increíble precipicio, al frenético borde de mi vida, y pronto, todo lo que pude hacer fue dar un último empujón dentro de ella antes de correrme con un fuerte y primitivo gruñido.
"Mi hermoso hombre, mi hermoso Edward," canturreó, acariciándome el cabello mientras yo trataba de recuperar el aliento.
No me molesté en pararla sobre sus pies, solo la cargué hasta la habitación, sus brazos y sus piernas apretados alrededor de mí, su cabeza descansando en mi hombro. Ya estaba dormida para cuando la recosté cuidadosamente en la cama. Me liberé de mis pantalones y nos envolví en una gruesa, cálida sábana antes de ponerme en la 'posición estrujadora', y poner mi mano cuidadosamente en mi mantita de pechos.
"Buenas noches, Ojos Cafés. Te amo. Esta vez, lo digo en serio," susurré. Cuando suspiró y sonrió entre sueños, sonreí en respuesta.
Mientras la semana pasaba, Carlisle y yo intercambiamos más correos electrónicos. Con cada correspondencia, llenábamos entre sí detalles de nuestras vidas. Había un parentesco casi demasiado cómodo que iba emergiendo gradualmente con cada mensaje, y pronto me sentí cómodo hablando de cosas que eran queridas para mí. Le conté cómo Bella y yo nos habíamos conocido como vecinos, y cuán felices éramos, a pesar de parecer una pareja muy extraña.
También tuvimos bastantes 'charlas sobre el trabajo', explicando nuestros intereses particulares en las especialidades que habíamos elegido. Estaba sorprendido de que no hubiera escuchado antes el nombre de mi padre, porque, era uno de los más prominentes y respetados doctores de emergencias en Nueva Inglaterra.
Cuando nos extendió una invitación a Bella y a mí para ir a cenar el domingo a su casa en New Hampshire, acepté gustosamente, a pesar de que aún me sentía un poco nervioso por qué pensaría él de mí una vez que nos conociéramos cara a cara.
El viernes en la tarde, estaba siendo atendido con un baño compartido lleno de burbujas de chocolate, mi hermosa Ojos Cafés sentada entre mis piernas mientras yo masajeaba suavemente sus hombros enjabonados.
"Carlisle me mandó un email esta mañana y nos invitó a cenar en su casa el domingo". Le dije, acariciando ligeramente su cuello con la punta de mis dedos.
"Eso es increíble," contestó emocionadamente, volteando su cabeza y sonriéndome ampliamente. "Estoy tan feliz de que vayan a conocerse," agregó, tomando mi mano y presionándola en su cara.
"Sí, yo también," dije con una débil sonrisa.
"¿Qué? ¿Algo está mal?" preguntó, percibiendo la falta de entusiasmo en mi voz.
"Es sólo que estoy…un poco nervioso, eso es todo," contesté, pero era más que eso, y ella lo sabía.
Sumergió mis manos en el agua y las envolvió alrededor de su cintura, luego inclinó su cabeza hacia mi clavícula y suspiró.
"Amor, dime qué es lo que realmente está mal," pidió en voz baja, moviendo su mano para tocarme. Cerré mis ojos y me relajé ante su dulce toque.
"Carlisle sabe tan poco como yo sobre por qué mi madre nunca trató de contactarlo y contarle sobre mí," dije, ese familiar peso en la boca del estómago creciendo.
"Pero no es tu culpa que no sepas mucho. Dudo que la tome en tu contra. Eso sería poco razonable de su parte, y no parece un tipo irracional," me aseguró.
De verdad que estaba de acuerdo con lo que estaba diciendo. Carlisle parecía que ni siquiera cuestionaba mi papel en todo esto, y por qué me había mantenido lejos. En realidad, eso no era lo que me preocupaba. Antes de que pudiera pensar en algo para cambiar de tema, traté de seguir adelante y llegar al meollo del asunto por mi cuenta, pero no pude.
"Lo sé, él entiende. No es solo eso," murmuré.
"Hey, ¿recuerdas lo que dijiste la otra noche sobre no saber? ¿Cómo eso sólo hacía que te preocuparas?" preguntó, su perfil revelando que había levantado una ceja.
"Sí, lo recuerdo," gruñí en respuesta, muy consciente de mi propia hipocresía.
"Funciona en ambos sentidos, estafador. Ahora, escúpelo," dijo demandantemente, a pesar de que estaba acariciando mi mejilla.
Tomé una respiración profunda y exhalé lentamente con las mejillas abombadas, pero me negué a empezar a hablar.
"Edward, me estoy haciendo vieja aquí," se quejó con una carcajada. "¿Qué, hay algún James desmembrado enterrado por ahí en los jardines de Harvard? ¿Debajo de la vieja Three Lies (1)?" refiriéndose al apodo de la estatua de John Harvard que estaba afuera del vestíbulo de la universidad.
"No. James está, desafortunadamente, vivo e ileso, hasta donde sé," contesté, incapaz de reírme.
"Señorrr Cullenov," dijo con un horrible y muy nasal intento de acento ruso. "tengov manerass de hacerrlo hablarrr. Dime el feeeo secrrrreto de estado y conserrrrvarrrás tus tessstíículos, ¿khorosho(2)?" Bromeó mientras se volteaba para verme. "Mirra, tenggo barrrba, como Lenin, para hacer que te rías, ¿da?(3)" preguntó, pegando su barba de chivo hecha de burbujas hacia mí.
"Sí, Nastasha Fatale(4), me haces reír," estuve de acuerdo, riendo de buena gana. "Sólo deja que este Rocky, la Ardilla Voladora (5) conserve sus nueces, ¿okay?"
"Hmm," reflexionó. "Porrr esssta vezz, esstá bien," dijo con una sonrisa. "Pero solo porrque tu nariz luce solitaria," agregó, antes de besar el mismo punto que siempre me besaba cuando algo me molestaba.
Afeité gentilmente su barba con un lado de mi dedo y le di un beso.
"Nyet, Nyet, Soviet.(6) Besarme no me distraerá," me advirtió con una sonrisa.
"Está bien," concedí. "Hay un lugar al que necesito ir. Y creo que deberías venir conmigo," le dije.
"¿Un lugar dónde, Edward?" preguntó. Me miró de manera pensativa mientras arrugaba su frente y apretaba sus labios.
"Es donde estoy bastante seguro de que descubriré más de mi madre…sobre su vida," repliqué, realmente incapaz de decir más.
"Donde sea que sea, solo llévame," dijo simplemente antes de acariciar mi mejilla y besarme cálidamente.
La siguiente tarde, nos tomó media hora para llegar al sur de Boston, a la bodega que Jenks había dispuesto para que todas las cosas de mi padre y mi abuela se almacenaran. Esta era la primera vez que iba a ese lugar, y por mi vida que no quería ver nada de lo que había ahí. Pero sabía que tenía que hacerlo. Merecía saber qué había pasado, incluso si era doloroso, o si era una completa mierda.
Carlisle, aunque aún era solo un conocido para mí hasta este momento—ya que aún no lo había conocido—también merecía saber. Mi abuelo paterno claramente había interferido en la relación de mi madre con mi padre, y eso le había causado a Carlisle una gran dosis de sufrimiento injustificado e innecesario. Sospechaba que él necesitaba algún tipo de resolución o cierre tanto como yo.
Ojos Cafés apretó mi mano fuertemente mientras salíamos del carro y caminábamos a la puerta principal de las instalaciones de almacenamiento. Se detuvo por un momento y me miró, sus ojos buscando leer mis emociones. Besando el dorso de mi mano, la acarició gentilmente y me sonrió.
"Todo irá bien," me aseguró. "Confía en mí."
Y con esas últimas tres palabras, mi corazón dejó de palpitar tan rápidamente y el peso que sentía en la boca del estómago se aligeró considerablemente.
La chica de la recepción nos saludó con una sonrisa, agradeciéndome por llamar con anterioridad para avisarle que iríamos. Levantó el teléfono y mandó a llamar a un chico de seguridad. Él llegó rápidamente, y después de checar mi licencia y mi pasaporte, nos llevó a Bella y a mí hasta una enorme puerta de acero.
El guardia deslizó su tarjeta de seguridad a través de un lector magnético en la puerta, y después, me indicó que tecleara el código privado en el teclado debajo del lector de tarjetas. Después de un beep y varios sonidos de tecleos, la puerta estuvo abierta y el guardia nos indicó que entráramos. Nos dijo amablemente que nos tomáramos nuestro tiempo, que él estaría esperando afuera hasta que termináramos.
"Edward, esta habitación …es gigantesca," declaró Bella, sus ojos abriéndose mientras trataba de abarcar el enorme espacio a su alrededor.
Se parecía mucho a una pequeña biblioteca, con largas estanterías metálicas dispuestas en filas ordenadas, cada una marcada con una tarjeta al final que describía el contenido de la fila. Había una zona, ricamente construida, específicamente para el arte: esculturas, pinturas, and pequeños muebles antiguos, como lámparas y diversos objetos de decoración. Otra parte estaba reservada para los muebles.
Después de una breve caminata en torno a todo lo que nos rodeaba, una fila de estantes en particular llamó mi atención. La tarjeta decía simplemente 'Libby Masen, New Haven, CT.'
"Este es el lugar al que necesitabas ir," dijo Bella en voz baja, acariciando la parte interior de mi brazo mientras lo apretaba.
"Sí," fue mi simple respuesta.
Escaneamos todas las cajas que estaban tan meticulosamente etiquetadas. Vi una marcada con 'Fotos' y la saqué del estante. Bella y yo nos sentamos en el piso, viendo fotografías antiguas—la mayoría eran de mí cuando iba a la escuela: retratos anuales de la clase, tomas de premios que había recibido al final del año por mis logros en ciencias y matemáticas.
"Mi madre amaba fotografiarme," recordé con una tímida sonrisa.
"Oh, ¿Quién puede culparla? Dios, eras adorable. ¡Mira ese corte de pelo de tazón!" dijo con una risa, mientras examinaba el retrato de segundo grado.
"Sólo es divertido para una persona que, de hecho, no tuvo una madre que usaba un tazón de verdad para cortarle el cabello, Ojos Cafés," le dije, a pesar que estaba riéndome con ella.
"Aw, aún así es dulce. Y en realidad sí tomó muchas fotos—todas estas donde sostienes cintas de premios y diplomas. Estaba muy orgullosa de ti," dijo con una cálida sonrisa, mientras ponía su brazo alrededor de mí.
Me sentía extrañamente en paz mientras miraba todos esos recuerdos felices. Lo que Bella había dicho era verdad. Mi mamá estaba orgullosa de mí. Ella misma me lo había dicho muchas veces. Es raro como nuestra memoria tiende a filtrar las experiencias positivas, pero les permite a las negativas quedarse y meterse en lo que solíamos pensar que era la felicidad, hasta que dejas de pensar en ellas juntas.
Me topé con una fotografía que era casi demasiado agridulce como para mirarla. Era de mi graduación de la secundaria. Ahí estaba yo, con mi toga y birrete, acababa de cumplir catorce, con el brazo de mi madre envuelto fuertemente a mi alrededor. Mi sonrisa era completamente forzada, hasta el punto en el que parecía que estaba avergonzado. Recuerdo haberme sentido mortificado por la embarazosa muestra de afecto de mi madre. Es la pesadilla de todos los chicos adolescentes ser apapachado por su madre en público, y qué decir de tener evidencias fotográficas.
Mirando al pasado, me hubiera gustado haber disfrutado más ese momento en vez de dejar que mi mente adolescente le pidiera a Dios que terminara. También me di cuenta de que era la última fotografía que nos habían tomado a mi madre y a mí juntos—incluso quizás era la última fotografía que le tomaron a ella. Murió cuatro meses después.
"Tengo una foto con mi padre que se parece mucho a esta," dijo Bella, interrumpiendo mis pensamientos. "La mía fue en la graduación de la preparatoria. No pudo dejar de contarles a las personas que me iba a Harvard. Podías preguntarle la hora, y él te contestaría 'Son cuatro y cuarto, mi hija irá a Harvard.' Me volvió loca. Se le iba la lengua con cualquiera que quisiera escucharlo en la graduación. Estaba tan molesta para cuando mi mamá nos tomó la foto, que salgo como si estuviera a punto de golpearlo," relató mientras agitaba su cabeza y reía suavemente.
"Pero creí que tú y tu padre se llevaban bastante bien," dije, perplejo.
"Sí," estuvo de acuerdo. "Pero, aunque era mi padre, hacía cosas por las que yo deseaba fingir que no teníamos relación alguna," bromeó. "La única diferencia es que ahora comprendo que él estaba orgulloso," agregó, mirándome, su boca formando una triste sonrisa. Como siempre, sin esforzarse, había mostrado empatía por lo que yo sentía.
Buscamos entre otras cajas después de un rato, y me encontré con un diario de piel que se veía bastante desgastado y que debía ser de hace muchos años. Había una inscripción en el interior.
Feliz cumpleaños, Libby.
Aquí está este diario para que lo llenes con muchos de tus brillantes pensamientos.
Con amor, Carlisle
Noviembre, 1980
El diario era bastante grueso, y cada página estaba llena con la escritura de mi madre. Antes de que pudiera leer algo de eso, Bella, quien había estado mirándolo conmigo, puso su mano encima de las páginas abiertas.
"Edward, déjame," dijo.
"Yo debería hacer esto, Ojos Cafés. Debería ser capaz de hacerlo," protesté, mirando a su mano.
"No. Tú puedes, pero no debes," discrepó, deslizando el diario de mi flojo agarre.
"¿Por qué no?" pregunté, creí que ya era tiempo de que enfrentar las cosas por mí mismo.
Ojos Cafés tomó una profunda respiración antes de hablar. "Porque hay cosas que no necesitas saber de primera mano," argumentó gentilmente. "Déjame especificar," aclaró. "Cuando a mi padre le quedaba poco tiempo, y mi mamá y yo estábamos con él, él estaba sintiendo mucho dolor. No puedo decirte cuánto deseaba no verlo sufrir de esa manera," explicó en un suave susurro, el recuerdo aún era fuerte, aún le dolía.
"Lo sé, Ojos Cafés. Lo sé," contesté, besando su frente.
"Tú ya viste a tu mama sufrir," dijo, su voz compasiva. "No necesitas vivir eso de nuevo. Déjame leerlo. Te diré las cosas importantes. Si quieres, puedes llevarlo a casa…leerlo cuando realmente quieras hacerlo. No sólo porque debes," me aconsejó, tomando mi mano y apretándola.
"Gracias," contesté, abrazándola fuertemente.
"Mira—hay algunas cosas viejas de beisbol," dijo, señalando a la caja que estaba a unos pies de distancia, mi viejo bate de Louisville sobresaliendo. "¿Por qué no las ordenas? Quizás encuentres algo que quieras llevarte a casa," sugirió, dándome la oportunidad de entretenerme con algo más.
Pronto, estuve soñando despierto, recuerdos de juegos en las pequeñas ligas y prácticas de bateo inundando mi mente. Era reconfortante regresar a momentos felices de mi vida, para reflexionar las cosas sin que estuvieran llenas de años de tristezas y culpas. Todavía sentía ese sordo dolor, era más una sensación que un dolor agudo.
Veinte minutos o algo así pasaron antes de que me diera cuenta de que Ojos Cafés estaba llorando mientras estudiaba atentamente las páginas del diario que tenía en las manos.
"Hey," dije en voz baja, mirándola con una mezcla de culpa y preocupación. Levantó su mano y agitó su cabeza vigorosamente antes de que yo tuviera la oportunidad de decir algo más.
"Desahogo, Edward. Sólo desahogo," contestó antes de secarse los ojos con un pañuelo arrugado que parecía que había estado apretando en su puño.
Regresé para examinar las cosas de mi infancia, pero parecía que no podía volver a caer tan fácilmente como hacía un rato en ese lugar nostálgico de mi mente. Todo lo que podía hacer era estar inquieto y mirar hacia Bella, quien continuaba lloriqueando mientras pasaba las páginas.
"Ojos Cafés, no creo poder seguir distrayéndome," dije, sintiendo que ella ya había cargado mucho conmigo. Por mucho que insistiera en que estaba 'desahogándose,' seguía siendo una carga para ella de la que yo era parcialmente responsable.
"Tú primero", dijo, provocando que la mirara con curiosidad. "Me dices qué es lo que ha hecho que sonrías tanto por la última media hora," elaboró, con un brillo de felicidad regresando a su cara.
"Oh," respondí, entendiendo a qué se refería. "Este es mi viejo guante y mi pelota de la suerte," le dije, sosteniendo en alto ambos objetos.
"Pelota de la suerte, ¿huh? ¿Por qué de la suerte?" preguntó con una sonrisa, a pesar de sus rojos y acuosos ojos.
"Es de la suerte porque atrapé un elevado [fly es cuando la bola se eleva sin que gane mucha distancia como para ser un hit y menos un homerun] con ella," expliqué. "No fue cualquier elevado," agregué, cada vez más animado mientras le contaba cómo es que me había vuelto famoso en la liga. "Jugaba de jardinero, porque incluso de niño tenía un gran ojo y podía correr como si mi trasero estuviera en llamas," dije con una carcajada.
"Aún corres rápido, al menos para mí. No estoy segura de que eso diga mucho," dijo, su sonrisa ensanchándose y sus ojos brillando más.
"Y aún tengo buen ojo," bromeé. "reconozco a una mujer hermosa cuando la veo," coqueteé, tirando de su mano para que se acurrucara a mi lado.
"Come on, Desvergonzado Joe Jackson (7). Más beisbol, menos intentos de recorrer las bases," me regañó juguetonamente.
"Pensé que te gustaba mi Gran Unidad," repliqué, incitándola deliberadamente.
"Oh, suficiente, Randy Johnson,(8)" bufó, palmeando mi hombro. "Cuéntame la historia de Cullen con el Bate ya."
"Yo no bateaba, yo jugaba en los jardines," dije con un guiño, presionando mi suerte una vez más.
"Buen Señor," suspiró, rodando los ojos. "Esa de verdad va a ser tú única pelota con suerte por lo pronto," agregó, muy cerca del punto de la alegre exasperación.
"Muy bien, señorita, no me lastime," pedí en broma antes de continuar. "estaba en los jardines, como ya dije. El juego iba en el final de la novena entrada. Las bases estaban tomadas y mi equipo iba arriba por uno. Esta lanzada en particular parecía que iba a irse fuera del campo," conté, el recuerdo tan vívido como el día que pasó. Los ojos de Bella se ensancharon por la anticipación mientras yo seguía hablando.
"La miré navegando en el aire," dije, apuntando al techo. "Todo lo que podía hacer era rogar que las leyes de la gravedad se rompieran sólo esta vez," agregué, cerrando mis ojos mientras veía a la misma pelota cernirse muy por encima de mi cabeza.
"Y por eso, es mi pelota de la suerte," describí, sosteniéndola con mis dedos, "de repente se convirtió en un pedazo de plomo. Aterrizó justo en medio de mi guante—como si estuviera destinada a hacerlo. Ganamos el partido y un punto en la división de los play-offs," expliqué con una ancha sonrisa, lanzando la pelota ligeramente hacia arriba en mi mano.
"Aw, es una historia increíble," suspiró Bella, poniendo su cabeza en mi hombro. "Apuesto a que hubo un montón de alegría ese día en Mudville," agregó, su voz suave, soñadora.
"Fue el día más feliz de mi vida a los diez años. Mi mamá estaba ahí. Fue a cada juego," dije con una sonrisa tímida. "Me llevó a mi restaurante favorito por una gigantesca hamburguesa con queso y cerveza de abedul."
"¿Me llevarás ahí, quizás, algún día?" preguntó Bella, su cara con dudas, esperanzada.
"Me gustaría eso," contesté con una sonrisa afectada. "Estoy poniéndome algo hambriento, de hecho. ¿Quieres salir de aquí y dar un pequeño paseo por la carretera?"
"¿A New Haven?"
"¿Por qué no? ¿Qué son un par de horas de manejo para conseguir la hamburguesa más deliciosa que puedas probar?"
"Tú manejas, yo pago," ofreció.
"¿Me estás sacando a una cita?" dije sarcásticamente.
"no nos apresuremos, por ahora. Es solo una hamburguesa con queso y cerveza de abedul. No creo que eso sea para tanto," bromeó con una carcajada.
Recogí una improvisada colección de los objetos que quería llevarme a casa, compuesta más que nada de fotografías, mi pelota de la suerte, algunos modelos esqueléticos que hice de niño (Bella disfrutó molestarme con esos), e incluso algunos de mis viejos juegos y juguetes. Bella agregó el diario de mi madre a la pequeña pila de cosas que había puesto en una caja de cartón.
Agradecimos al guardia y a la recepcionista antes de salir hacia el carro. Abrí el maletero, para poner la caja. Bella se asomó para ver el contenido.
"Hey, un cubo de Rubik," dijo, señalando al juguete en forma de cubo de muchos colores. Lo levanté y lo inspeccioné rápidamente. "¿Nunca jugaste con él?" preguntó, notando que todos los lados estaban de un mismo color cada uno.
"Sí, sí jugué. Um," dije, apretando mi boca y frunciendo las cejas, tratando de recordar. "Me lo dieron en mi cumpleaños número nueve. Lo resolví en…media hora, ¿quizás? No volví a jugar mucho con él después de eso," me encogí de hombros.
"Presumido," gruñó, metiéndose en su lado del carro.
El viaje a New Heaven fue relativamente rápido. No había mucho tráfico, y pasamos el tiempo intercambiando historias sobre nuestra infancia y adolescencia. Las anécdotas humorísticas de Bella casi siempre incluían algún tipo de daño físico o accidente. Me contó sobre su 'enorme fierro para la cabeza' y la manera en que la hacía sentir, como si todo el mundo la volteara a ver cada que hablaba o sonreía.
"Apuesto que incluso entonces eras hermosa," dije genuinamente.
"Ugh. No, no lo era," respondió con un tono firme de voz. "Odiaba ser adolescente," dijo con un suspiro de resignación.
Imaginar a una Bella adolescente, tan tímida, aún así bonita en su completamente única y natural manera, me llevó a un sueño sobre la posibilidad de que yo fuera el padre de una adolescente. Antes de saberlo, estaría poniendo toques de queda a las 6 pm para ella, iría de chaperón a cualquier lado, y prohibiría cualquier cosa que tuviera un pene a 500 m a la redonda de mi casa.
"¿Edward?" dijo Bella, mirándome con una expresión de sorpresa. "¿Estás bien?" preguntó, poniendo su mano en mi muslo.
"Sí, estoy bien. ¿Por qué preguntas?" contesté, mirándola brevemente mientras trataba de seguir viendo el camino.
"Bueno," comenzó, "por una cosa, estás frunciendo el ceño como si quisieras estrangular a alguien. Y parece como si estuvieras practicando con el volante justo ahora," agregó, señalando a mis nudillos blancos. Ella tenía razón, estaba tratando de asesinar a mi carro, y era consciente de que los músculos de mi cara estaban frunciendo el ceño.
"Lo siento," ofrecí. "Sólo estaba soñando despierto, y creo que me perdí por un segundo," expliqué, mientras parpadeaba lentamente varias veces para aclarar un poco mi mente.
"¿Perdido? ¿No triste o molesto?" preguntó, mirándome con curiosidad.
"No, sólo, uh…" dije torpemente.
"Tu cara se está poniendo roja como un tomate. ¿Qué diablos estabas pensando?" se rió.
"Estaba, uh, estaba pensando en cómo sería, ya sabes, que algún día… la conversación que tuvimos la semana pasada," dije a trompicones.
"Uh oh," se rió. "¿Tú con una hija adolescente?" dijo con un bufido. "Eso sería…¿Cuál es la palabra?" pretendió lucha por encontrarla. "No sé, ¿qué es más irónico que la palabra 'irónico,' Edward?" preguntó con dulzura fingida, sonriéndome.
"¿Malicioso, sardónicamente irónico?" ofrecí, estando de acuerdo en su punto.
"Sardirónico. Definitivamente," contestó, con una carcajada y besando mi mejilla.
Pronto nos detuvimos, junto a un pequeño, bastante indescriptible edificio de ladrillo con una puerta roja y persianas. Parecía como cualquier otro edificio en Nueva Inglaterra, excepto que este estaba absolutamente lleno, con una enorme fila saliendo por la puerta, a pesar de que eran las 3pm—pasada la hora del almuerzo, y demasiado temprano para la cena. Aunque este lugar era diferente. Era legendario.
"Esperaba que estuviera lleno, pero no tanto," expliqué, mirando por mi ventana. "Aunque vale la espera. ¿Está bien?" pregunté.
"Claro," respondió con una sonrisa complaciente.
Cuarenta y cinco estómagos-gruñendo minutos después, pedí dos órdenes de queso, una ensalada, un abedul y una crema,' porque si no hablabas el lenguaje de Louisiana, te decían que fueras a comprar tu hamburguesa McDonald's. Era en serio.
"Oh, esto es…" trató de decir Bella, cerrando los ojos y gimiendo para sí mientras le daba una mordida a su hamburguesa, que era casi demasiado grande para que la sostuviera, incluso con ambas manos.
"Desafía las descripciones," contesté estando de acuerdo, tomando un gran pedazo de mi hamburguesa.
"Tuviste buenos tiempos aquí, ¿huh?" preguntó, limpiando su boca con una servilleta.
"Sí, cuando era niño. Evité el lugar mientras era universitario y estaba aquí," expliqué, refiriéndome a mis años en Yale.
"¿Te gustaba estar de regreso en New Heaven?" preguntó, ladeando su cabeza y sonriendo ligeramente.
"Estuvo bien. Quiero decir, quizás quería sentirme más cercano a mi madre, incluso si no estaba cerca físicamente. Realmente no pensaba en eso. Andover canaliza a los estudiantes aquí," expliqué.
"Eso creo. Pero también los mandan a Harvard y Princeton, ¿No? No tenías que venir aquí," dijo.
"Supongo," ofrecí. "Sí," agregué, confesando. Ojos Cafés tomó mi mano y envolvió sus dedos alrededor de ella.
En realidad, traté de no pensar mucho en mi madre. Solía celebrar su cumpleaños emborrachándome cuando era más joven. Con el paso de los años, simplemente trabajaba las 24 horas si era posible, o prefería estar solo.
De hecho, desde esa primera vez que dormí con ojos Cafés, había estado pensando más en mi madre. Inicialmente, no había entendido por qué—todo lo que sentía era culpa, enojo y tristeza. Eventualmente, me empezó a dar curiosidad sobre mi pasado, especialmente después de ver a mi abuela en el hospital.
Pero hoy era diferente. Hoy era la primera vez en un largo, largo tiempo que podía mirar al pasado y sonreír. Podía pensar en el pasado con satisfacción y alegría.
Terminamos de comer nuestras hamburguesas, y volví al mostrador para ordenar un pie mientras Ojos Cafés ponía nuestros platos de papel en una pequeña pila que puso en una esquina de la mesa.
"Ojos Cafés," comencé, tomando una respiración profunda mientras me volvía a sentar en la mesa de madera desvencijada, con dos pedazos de pie casero de manzana en las manos. "¿Qué dice el diario de mi madre?" pregunté, finalmente reconociendo al enorme elefante rosa que había estado con nosotros las últimas horas.
"Estaba esperando a que preguntaras," dijo, dando palmadas en mi mejilla.
"Estoy listo para escucharlo," dije con un asentimiento, mi boca formando una línea.
"Es mucho como lo esperaba," respondió simplemente. "Su padre interfirió un montón. Como Carlisle dijo, tu abuelo no aprobaba que ella estuviera con un tipo que no pertenecía a los mismos círculos sociales que los Masen," explicó.
"¿Sabía que Carlisle fue a Chicago a buscarla?" pregunté.
"Sí, pero le dijeron algo completamente diferente a lo que en realidad pasó," dijo suavemente.
"¿Mi abuelo?" adiviné, antes de que asintiera confirmándolo.
"Bueno, por la forma en que tu mamá lo menciona, parece que su padre plantó esta idea en su cabeza—o, al menos, era su teoría—que Carlisle era sólo un oportunista. Su padre le dijo eso, una y otra vez, desde que averiguó que ella estaba embarazada," dijo, su voz cargada de tristeza.
"Creo que mi abuelo simplemente veía el mundo de diferente manera," traté de racionalizar. Recordé mis pensamientos en el carro, acerca de qué clase de padre sería para una chica adolescente. Si fuera lista, bonita…querría asesinar al tipo.
"Aún así, en realidad no creo que le hiciera ningún favor a tu madre. Al final, rompió su corazón. Dos veces, de hecho," replicó Bella, frunciendo el ceño.
"¿A qué te refieres?"
"Él le dijo a tu madre que Carlisle había ido, pero que estaba solamente interesado en casarse con ella por su dinero. Ella se negó a creerle. Discutieron, y tu abuelo le dijo que le había ofrecido un montón de dinero a Carlisle como prueba," reveló, agitando su cabeza lentamente. Ella sin duda no comprendía hasta donde era capaz mi abuelo de llegar para manipular a las personas y obtener lo que quería.
"¿Y le dijo a mi mamá que Carlisle había aceptado?" deduje. Bella simplemente asintió de nuevo. "¿Por qué creería eso?" pregunté en voz alta.
"Parece como si hubiera sido un proceso lento—la duda que su padre plantó en su cabeza. Ella nunca se enteró de que Carlisle la llamaba, o de que le enviaba cartas y mensajes. No menciona nada de eso. De hecho, estoy bastante segura de que tus abuelos interceptaban todo. Tu madre escribió que lo extrañaba, preguntándose por qué no llamaba o le escribía. Creo que ella era demasiado orgullosa para contactarlo, especialmente con su padre diciéndole lo mal que lucía lo que Carlisle hizo," conjeturó.
Froté mi frente con la punta de mis dedos y traté de absorber toda esta nueva información. Desearía haber sabido esto antes. En realidad, deseaba muchas cosas. Más que nada, deseaba fuertemente regresar al pasado y poner a mis padres donde debieron haber estado—juntos y felices. Mi mama estaría viva. Tendría un padre que hubiera estado conmigo toda la vida.
"¿Dijiste que mi abuelo rompió el corazón de mi madre dos veces?" pregunté, sabiendo que debía haber más de esto, mencionando cómo había terminado la relación de mi madre con sus padres.
Bella parecía incómoda mientras su cara se volvía el fiel reflejo de lo que debí haber sido muy doloroso para ella leer.
"Sólo dímelo," la apresuré, tomando sus dos manos.
"Cuando naciste, tu abuelo fue al hospital y trató de convencer a tu madre de que renunciara a ti. Le dio algunos papeles para que los firmara. Ella fue lo suficientemente lista como para leerlos, pero mientras lo hacía, tú comenzaste a llorar. Ella le pidió que saliera un momento para darle privacidad para alimentarte.
Una vez que él dejó la habitación, empacó todas sus cosas y se fue—sin descansar, ni nada. Ella simplemente… se fue. Ella sacó tanto dinero como pudo del banco y voló fuera de aquí. El diario termina cuando aún eras un bebé, pero ella ya había conseguido un apartamento con una amiga de la escuela quien la ayudó a vigilarte mientras ella buscaba un trabajo," reveló, mientras acariciaba mis manos con sus pulgares.
"Eso es a lo que mi madre se refería," dije, mientras que algo que me habían dicho mucho tiempo antes adquiría significado.
"¿Referirse a qué?" preguntó Bella, su ceja fruncida.
"Cuando le preguntaba por qué lloraba…ya sabes, cuando había estado bebiendo," expliqué incómodamente. "Ella decía: 'Estaría llorando mucho más si no te tuviera'," agregué.
"Sí," estuvo de acuerdo, jugueteando con mi dedo meñique. "Es por eso que ella 'dejó Chicago en Chicago'," agregó, repitiendo otra de las crípticas frases de mi madre.
"Gracias, Ojos Cafés, por leerlo," dije, acariciando su mejilla.
"Ya sabes, no todo fue triste," dijo, sus cálidos, compasivos ojos mirándome. "Tú mamá, ella te amaba…de una manera tan intensa y hermosamente pura. Tan cuidadosa e increíble. Tú eras lo único que le importaba."
"No era suficiente para hacerla feliz, Ojos Cafés," dije. Era la verdad.
"No puedes verlo de esa manera. Simplemente no puedes," pidió, sus ojos volviéndose tristes. "En su mente, tú eras todo lo que ellos no fueron," dijo, su cara seria.
"¿Quién?" le pregunté, a pesar de sentir un profundo abatimiento.
"Tu abuelo. Carlisle. Te llamas así por ellos: Uno por su primer nombre, el otro por el segundo."
"Lo sé. Y no tiene ningún sentido para mí, considerando las circunstancias," repliqué.
"Edward," dijo Bella en voz baja, antes de besar las palmas de mis manos y presionarlas en s cara.
"Tu madre escribió que quería nombrarte así por los dos hombres que más había amado y admirado en su vida. Pero también fueron los dos hombres que más la lastimaron, por lo tanto, quería que llevaras esos nombres para educarte como el hombre que ellos debieron ser. Y lo eras. Ella te amaba y tú la amabas. Nunca la entristeciste—solo la hiciste sentirse orgullosa, feliz," me dijo, sus expresivos ojos, transmitiéndome de nuevo todas las emociones y el corazón que siempre compartía conmigo.
Luché con la intense ola de sensación de vacío, vacío que antes me reconfortaba. Mi mente había creado su propia manera de hacerle frente a las cosas, quedándose en blanco; mandando todo a la más obscura, y más profunda parte donde no pudieran alcanzarme. La lucha por dejarme sentir era tan difícil para mí que simplemente me senté inmóvil, mirando a las ranuras, arañazos y ralladuras de la mesa de madera frente a mí.
Ojos Cafés me miró antes de rápidamente tirar nuestros platos y jalarme para levantarme. Caminamos de regreso al carro, y cuando tomó las llaves de mi mano, la dejé. Me metió en el asiento de atrás y se deslizó a mi lado mientras cerraba la puerta.
"Está bien si estás triste, Edward. Está bien," repitió suavemente, acariciando mi cabello mientras descansaba mi cabeza en su regazo y lloraba más fuerte que cualquier otra vez en mi vida adulta.
(1)'Tres mentiras' en español. La estatua lleva ese apodo, porque tiene escrito debajo: 'John Harvard, Fundador, 1638'; y las tres cosas son mentiras. No es John Harvard porque éste ya había muerto y no había ni pinturas de él. No fue fundador, sólo uno de los primeros graduados. Y por último, la escuela se fundó en 1636.
(2)Es 'está bien' en ruso
(3)'Sí'
(4)Es una espía rusa que salía en una caricatura de los 60's
(5)Caricatura de los 60's
(6)Canción de BB Gabor. El título en español sería: No, no, soviética.
(7) "Desvergonzado Joe Jackson", es una variación del apodo "Shoeless'(Descalzo) Joe Jackson", quien fue un beisbolista estadounidense
(8) "Gran Unidad (Big Unit) es el apodo del recientemente retirado Randy Johnson, estaba en los Giants de San Francisco.
*Louis' Lunch es un restaurant real, ellos dicen ser los inventores de la hamburguesa
Chicas, gracias por sus rr, si no he respondido todos es porque no tengo computadora, pero los he leído (:
A todas las chicas que no tienen cuenta y dejan rr, no puedo contestarles porque todas me aparecen como 'Guest', pero pueden dejarme su dirección de correo electrónico, si quieren.
De verdad chicas que trato de traducir un capítulo por semana, pero cada vez son más largos; así que trataré de apurarme más (:
Pronto comenzaré a traducir otra historia, en inglés se llama 'We Were Here'
Mi twitter: acidillusion
Silvana
