Todo lo mío (?) es para Lizjoo porque es MI TODO y la amo densamente & porque soy de ella para todo lo que guste & desee

Twilight no me pertenece, y la historia tampoco, es de AngryBadgerGirl. Solo me adjudico la traducción

Gracias a Ericastelo por betearme este capítulo

Capítulo dedicado también a ericastelo como por un millón de cosas, pero especialmente porque me soporta a todas horas por twitter y eso, y no solo con cosas sobre FF ;) Y porque a pesar de que es mi beta, siempre deja review :3. Y claro, porque le molestan mis míseros (prácticamente nulos) conocimientos sobre béisbol.

Y bueno, bienvenidas a la recta final, con este capítulo quedan 3 para terminar


BPOV

Estaba soñando despierta perezosamente, mis ojos mirando por la ventana a mi lado, pero sin enfocarse en nada en particular. Estaba vagamente consciente de que alguien me estaba hablando, y eso me trajo de regreso al aquí y ahora.

"Lo siento, ¿qué dijo?" le pregunté al desaliñado, pero dulce y sonriente hombre de mediana edad que vestía chaqueta tweed sentado frente a mí en su escritorio.

"Te perdí, ¿no, Bella?" preguntó en respuesta, con sus lentes de montura negra cayendo hasta la punta de su nariz mientras se reía de mi ensoñación.

"Lo siento, Profesor Berty, hoy estoy distraída", le expliqué con una rápida sacudida de mi cabeza. "He tenido mucho en mi mente", agregué torpemente. Por mucho que adorara y admirara a mi director de tesis, no había suficiente erotismo en la poesía Victoriana para mantenerme atenta hoy.

Ahora que lo pienso, no hay suficiente erotismo en la poesía Victoriana, punto.

"Solo estaba diciendo que estaba complacido de que terminaras tu tesis antes, y estoy esperando leerla", dijo, palmeando el gran paquete de hojas que estaba frente a él.

"Gracias. Estoy feliz de haberla terminado", repliqué. Por más que trataba de mantenerme entusiasta, me sentía bastante tímida.

Una vez que Shelly me ofreció una pasantía de un año en el hospital, supe que escribir mi tesis ya no era una gran meta. Incluso pedí a la Oficina de Registro que cambiaran mis créditos de esto por una nota de aprobado/reprobado. Eso me quitó muchísima presión, y así, pasé todo mi descanso de primavera de la semana pasada terminando el trabajo, mientras Edward trabajaba turnos dobles en el hospital. Tuve que rogarle que fuera—no porque él me distrajera, sino porque yo me distraía. Con él. Todo el tiempo.

Hubiera ido a Phoenix por las vacaciones de primavera, pero mi madre decidió que mejor ella venía a Cambridge para Pascua. Así que, mi madre estaría aquí por un fin de semana semiextendido, empezando dentro de dos días. Carlisle y Esme nos invitaron a su casa para la cena de Pascua. Era el momento perfecto para que mi madre conociera a los padres de Edward.

Amaba esa idea—los padres de Edward. El solo pensar en eso me daba los mejores sentimientos de calidez que el dinero no podía comprar. Quizás Carlisle era más como un nuevo amigo que un padre para Edward, y Esme quizás fuera su madrastra, pero ellos solo habían sido cariñosos e increíbles desde que los habíamos conocido hacía un mes. Yo creo que como ellos nunca habían tenido hijos propios, esto era una verdadera bendición para ellos. Conocer a Edward les dio lo que ellos creyeron que nunca tendrían—y fue igual para él.

Pero para mi madre y para mí, aún era duro para nosotras celebrar los días feriados sin papá. Que ella viniera era más fácil que tratar de 'celebrar' en nuestra casa en Phoenix, donde teníamos recuerdos de él por todos lados. Esos recuerdos eran constantes recordatorios de por qué lo extrañábamos tanto.

Y de verdad extrañaba a mi papá. Especialmente hoy.

"¿Bella?" Escuché que dijo el Profesor Berty. De nuevo estaba perdida en mi propio mundo de sueños.

"Lo siento. De nuevo", suspiré.

"Está bien. Te has ganado un tiempo de descanso después de haber trabajado tan diligentemente las últimas semanas. Estoy seguro de que tus esfuerzos se apreciarán en tu trabajo", dijo, sonriéndome con el cariño y optimismo que siempre me había mostrado, incluso cuando parecía que mi optimismo por este proyecto se había agotado.

"Gracias", contesté, sonreí antes de juntar mis cosas y despedirme.

Mientras salía de las Oficinas del departamento de Inglés, tomé una respiración profunda, y reí sin poder evitarlo. Un capítulo de mi vida, por así decirlo, había terminado. Estaba oficialmente dejando atrás el mundo de lo académico y las cosas escolares. Por no mencionar que, el experimentar el amor y la intimidad física, sobrepasaba a solo leer sobre eso. Era como la diferencia entre imaginar el más delicioso platillo que has probado…y darle una gigantesca mordida.

Era tiempo para empezar a recorrer un nuevo sendero en mi vida. No solo en mi relación con Edward, sino también en mi carrera. Estaba ansiosa por empezar con el trabajo social a tiempo completo y ayudar a esas familias que se sentían perdidas y espantadas. Mi mamá y yo nos sentíamos de la misma manera, justo como hace un año.

De hecho, hoy hace un año fue cuando mi padre perdió la corta pero extremadamente dura batalla contra el cáncer de estómago.

Al pasar por las puertas principales de la Universidad de Harvard, mi celular vibró desde el bolsillo de mi abrigo. Era un mensaje de mi madre.

Estaba pensando en Charlie. Te amo, mamá

Mi mamá estaba visitando a mi abuela en Tampa, junto con mi tía, tío y primos. Mi madre decidió visitarlos de camino aquí, y quizás llevaría a mis primos a Disney World. Prefería pasar este día sin mucha tristeza. Era lo que mi papá hubiera querido.

Le escribí una corta respuesta.

También te amo, mami. Te veo el viernes. –Bella

Mientras caminaba hacia casa, mis pensamientos se dirigieron a los últimos días de papá. Todavía odiaba que no estuviera aquí, que no pudiera hablar con él—verlo, bromear con él—como siempre lo hacía. Pero de alguna forma, sentía como si aún estuviera cerca, porque el tiempo que estuvimos juntos estuvo lleno de momentos grandiosos que todo lo que tenía que hacer era pensar en ellos, y era como si no se hubiera ido realmente.

Suspirando fuertemente, subí penosamente a mi apartamento, pero cuando noté que la puerta de Edward estaba ligeramente abierta, me sacudí la melancolía y sonreí para mí. Usualmente él dejaba su puerta así cuando estaba en casa y esperaba que yo llegara pronto. Bueno, él siempre esperaba que regresara pronto. Decir que a Edward no le gustaba cuando salía sola, o incluso con mis amigos pero sin él, era una especie de eufemismo. Agité mi cabeza y me reí al pensar en cómo adoraba monopolizar mi tiempo. No me molestaba ni un poquito. ¿Quién, en su sano juicio, se molestaría por tener un excesivamente posesivo, súper celoso, pero adorablemente tierno apasionado como novio?

Uh, yo no.

Entré en el apartamento de Edward y cerré silenciosamente la puerta. No vi ninguna señal de él, pero sabía que estaba por ahí. Suave música sonaba por las bocinas conectadas a su iPod, y noté que la mesa ya estaba lista para la cena, con cajas cerradas de comida para llevar ordenadamente agrupadas en el centro.

Deshaciéndome de mi mochila y mi abrigo, salí de mis zapatos y me estiré un poco, dándole a mi espalda un respiro después de haber cargado un montón de libros hasta la escuela y de regreso. No pude evitar reírme para mí misma mientras tomaba asiento en la mesa. Había dos platos, uno al lado de otro, puestos en un solo lugar de la mesa. Creo que Edward quería que me sentara en su regazo mientras comíamos. Una vez más, tuve dificultades para sentirme molesta, y me pregunté quién se sentiría de esa manera.

Me senté en el asiento que había arreglado Edward y giré distraídamente uno de los tenedores que estaban sobre la servilleta de lino frente a mí. Era tan reconfortante saber que siempre había alguien que me guardara un lugar. No solo para la cena, sino también en su vida y en su corazón. Quizás no lo teníamos planeado, pero de alguna manera terminamos haciéndonos un espacio mutuamente. Bueno, Edward amaba acaparar todo—mi 'espacio personal' con su estrujones y sentándome en su regazo, y en un sentido menos literal: llenando mi tiempo, dominando mi atención, y amándome tanto como yo a él. Me molestaría si no fuera tan jodidamente adorable.

Edward, había aprendido, era un hombre maduro con el corazón de un niño—eternamente joven; puro, pero también un poco egoísta, aunque en una completamente benigna manera.

"Hola, hermosa soñadora", una suave, profunda voz arrulló en mi oreja. Sentí el cabello húmedo contra mi sien y olía como si acabara de afeitarse. Me incliné más cerca hacia donde venía esa voz, porque él olía mejor que la comida y también sabía mejor.

Cerré mis ojos y dejé salir un largo, lento suspiro cuando los dedos de Edward masajearon gentilmente la parte posterior de mi cuello.

"Hey, guapo. Creo que no necesito cocinar", bromeé con una pequeña risa, mirándolo con un ojo abierto mientras él seguía trabajando en destensar un poco mis rígidos músculos.

"No cocina para ti esta noche, Ojos Cafés", dijo, antes de inclinarse hacia mí y robarme un beso. Tomó mi mano para levantarme, después se sentó y él me puso en mi regazo favorito.

"¿Hambrienta?" preguntó mientras ambos empezábamos a abrir las cajas.

"De hecho, estoy famélica", respondí con una ligera sonrisa. "No creo haber comido mucho hoy".

"¿Te sientes bien?" preguntó, luciendo preocupado.

"Estoy bien. Es solo que hoy es… un día algo difícil para mí. Eso es todo", expliqué, mi voz bajando de volumen.

"¿Qué va mal? Te ves decaída", me dijo, sosteniendo mi barbilla con sus dedos. Era tan insoportablemente sincero con su preocupación, y supe que tratar de decirle que 'no era gran cosa' no funcionaría. Él seguiría preocupándose hasta que supiera qué me pasaba.

"Hoy es, um, el aniversario de la muerte de mi padre", expliqué, mi pulgar frotando el borde de mi servilleta. Mis ojos vagaron hasta quedarse estudiando fijamente los intrincados patrones y remolinos de mi Lamb Padanda(1) mientras se deslizaba por la cama de arroz Jazmín debajo.

"Lo siento, Ojos Cafés", ofreció, bajando su tenedor para acariciar mi mejilla.

"Está bien. No estoy terriblemente triste. Solo lo extraño", repliqué.

Edward besó mi cabeza, y supe que entendía cómo me sentía. Ya habían sido catorce años desde que él había perdido a su madre, pero el vacío seguía ahí. Sus sentimientos habían estado atrapados en una especie de aspiradora todo este tiempo, y solo hasta hace poco, había comenzado a trabajar con ellos en vez de ignorarlos.

Comimos en silencio por unos cuantos minutos, y mientras mi hambre comenzaba a desvanecerse, mi melancólico humor también. Momentos como este eran difíciles de evadir, pero tan pronto como me recordaba que mi papá nunca hubiera querido que estuviera triste mientras pensaba en él, podía cumplir con ese deseo. Así qué, me enfoqué en memorias felices, como viajes para ver a los Diamondbacks jugar en el Chase Field, o las vacaciones en las que íbamos a todos tipos de lugares.

"¿Un centavo por tus pensamientos?" preguntó Edward cuando notó que miraba al vacío.

"Oh", dije, sonriendo. "Estaba pensando en las cosas divertidas que solía hacer con mi padre".

"¿Construir fuertes?" preguntó, sonriéndome.

"Algunas veces", reí. "Hacíamos un montón de cosas…mirar el béisbol, ir al cine, cosas como esas. Pero él realmente amaba el béisbol. Creo que nunca lo vi tan feliz como cuando los D-backs(2) ganaron la Serie Mundial", agregué, asintiendo con mi cabeza ante el recuerdo.

"¿Qué más? Cuéntame sobre él", me dijo Edward mientras palmeaba mi muslo.

"Déjame ver", dije con un suspiro. "Mi papá era un tipo muy amigable. La gente piensa 'policía' y se imaginan a alguien muy serio y sin sentido del humor… pero él no era así. Mi papá era amigo de todo el mundo. Ve a cualquier vecindario en Phoenix—rico, pobre, suburbio, lo que sea—y alguien ahí conoce a Charlie Swan", revelé. Mi papá era un tipo muy amable, y su trabajo lo llevaba a todos lados por la ciudad.

"Suena como si fuera un persona genial", dijo Edward, rozando su dedo índice por mi mandíbula.

"Lo era", estuve de acuerdo, tratando de recordar más momentos memorables con mi padre. "Le gustaba decirme cosas para aumentar mi confianza. Una vez, creo que yo iba en el último año de la preparatoria…tiré el primer par de tacones que me había comprado. Estaba muy molesta. Gasté todo el dinero de mi cumpleaños en esas cosas. Me los puse para ir a una fiesta y me torcí el tobillo incluso antes de salir de mi casa", recordé, agitando mi cabeza. Edward frunció el ceño y besó mi mejilla.

"Así que mi padre me vio de mal humor en mi habitación después de ver mis zapatos en la basura. Yo estaba al borde de las lágrimas—estúpida angustia adolescente", bufé. "Pero, como sea, estaba gimoteando y diciendo que me odiaba por ser tan descoordinada. Él solo sonrió y dijo tú no eres torpe. Son el resto del mundo los que están desequilibrados'. En ese momento, pensé que simplemente estaba tratando de animarme, pero, en realidad, él quería que yo estuviera orgullosa de quien era, incluso si eso me hacía diferente".

"Bueno, crió a una mujer extraordinariamente hermosa e inteligente, incluso aunque de verdad tenga dos pies izquierdos", bromeó Edward. Rio cuando le saqué la lengua.

"Mi papá me dio un montón de consejos. Era bueno en eso—ya sabes, ofreciendo 'palabras sabias' y esas cosas. Él diría 'Bells, no confundas a las personas que son agradables con las que son estúpidas.' Es gracioso, en serio, él me diría eso. Su clásica rutina de 'policía bueno' hacía que las personas le confesaran todo tipo de cosas. Básicamente, estaba advirtiéndome que no usara sus propios trucos", expliqué con una risa incrédula. Mi risa se convirtió en una tranquila sonrisa mientras ambos nos quedábamos en silencio por un momento.

"¿Ojos Cafés?" dijo Edward, sonando más serio. Mirando a su cara, de repente se veía pensativo.

"¿Crees que le habría gustado a tu padre?" preguntó, viéndose ligeramente ansioso. "Me refiero a que, ¿crees que tu padre me habría… aprobado?"

"No hubiera aprobado tu vestimenta del día que nos conocimos", respondí con mi cara seria, antes de perder mi autocontrol y reír tontamente.

"Me recordarás eso toda la vida, ¿no?" replicó Edward, agitando su cabeza y haciéndome una mueca. "Vamos, estoy hablando en serio".

"¿Cómo podría no responder eso con una broma?" dije, juguetonamente ignorando su ansiedad. "Mi padre habría calentado tu oreja hablando de béisbol. Bueno, ya, en serio. Primero, te habría advertido de que cargaba su pistola todo el tiempo. Después hubiera hablado sobre béisbol", agregué con una risa. Los pobres ojos de Edward se ensancharon como los de los relojes de gatos de los setentas.

"Bien, la parte de la pistola me asusta. No tanto que la usara en mí, sino que tú lo dejarías", bromeó en respuesta.

"Aw, vamos. No dejaría que mi papá te matara, Edward", lo calmé. "De hecho, quizás solo un disparo superficial en la pierna o algo".

"Eso creí", gruñó. "¿Solo una herida superficial?"

"¡No es más que una herida superficial!" dije con un bufido, recitando una de mis líneas favoritas de Monty Python(3).

"¡El Caballero de la Noche(4) siempre triunfa!" recitó en respuesta con una risa.

"Eso está bien. Y realmente le habrías gustado a mi papá. Solo lo sé", le dije dulcemente, sosteniendo su mejilla en mi mano. "Incluso habrías conservado tus brazos y tus piernas enteras. Lo juro", le aseguré con una sonrisa.

"Tomaré eso como lo más cercano que llegaré a estar de un clamoroso apoyo. Gracias", se rio entre dientes antes de besarme. Sus labios sabían como a Riesling(5) y curry, y saborearlo me hizo estremecerme hasta los dedos de mis pies.

"De nada", respondí mientras estudiaba su perfil. Realmente creía que a mi padre le habría gustado Edward. Quizás no habría aprobado nuestra relación cuanto aún teníamos nuestro 'acuerdo', pero ahora era obvio cuán felices éramos juntos. No era que nunca discutiéramos. Nuestra pelea la noche que regresamos de New Heaven no había sido exactamente una pequeña discusión. Pero lo habíamos resuelto. No soy una experta en relaciones, pero parecía que éramos buenos hablando las cosas en vez de dejarlas pasar y guardar rencores.

Además, mi padre probablemente habría apreciado lo sobreprotector que Edward podía llegar a ser, y pensar en eso me hizo sonreír.

Tomando un generoso trago de vino (lo que estaba haciendo que empezara a sentirme un poco tomada), miré a Edward tomar una pieza de pollo Korma(6) con su tenedor y llevarla a su boca, dándome un vistazo de su lengua, mientras salía y entraba rápidamente de su boca.

"Edward", suspiré. "Creo que ya terminé de comer", dije, dándole una, pura, falta de sutileza, gigantesca pista.

"Terminemos y trabajemos en el postre. ¿Qué piensas?" preguntó, sonriéndome. Él sabía que yo lo quería a él como postre. Imaginar a Edward en un gigante tazón de sundae, cubierto de crema batida y cerezas al marrasquino, no era exactamente la peor fantasía que una chica podría tener.

"Ojos Cafés", ronroneó, diciendo mi apodo lentamente y dejando que el sonido se deslizara por entre sus labios. "¿Por qué te estás sonrojando?" coqueteó, sus largos, expertos dedos deslizándose hacia arriba y hacia abajo por el interior de mi muslo.

"Por ninguna razón", murmuré débilmente en respuesta.

"Eres una pésima mentirosa", me informó.

"Lo sé", confesé, mirando sus labios como si fueran dos caramelos —dulces y chupables.

"Dime, niña dulce. ¿Por favor?" pidió, sus labios haciéndome cosquillas en la frente. Su voz era grave, pero suave. Era tan hipnótica, era casi hechizante. Si puedes imaginar a la pequeña voz en tu cabeza sonando como cuando te sientes tentado a comerte una rebanada gigante de pastel de chocolate, sonaría exactamente como Edward ronroneando en tu oído.

"Estaba pensando en ti, por supuesto", concedí. Me sonrojé aún más cuando se rio profundamente y canturreó en mi cuello

No debió haber sido una sorpresa para nadie, especialmente para mí, cuando Edward me tuvo en su habitación, sin ropa, y en su cama.

La tarde siguiente, me las arreglé exitosamente para llegar a Barney's en el Copley Place—con Alice y Rose, por supuesto—sin que nadie perdiera la cordura, ni siquiera yo. Edward insistió en que me comprara un vestido a su cuenta, diciendo que lo considerara un regalo de graduación adelantado. En realidad, sí necesitaba algo lindo para la cena de Pascua, y no haría daño si también fuera para la Ceremonia de Graduación.

Recibí un mensaje de Edward que me hizo sonreír.

Quéeee haceeeessssss? –E

Era el clásico mensaje de Edward con una broma local. Me preguntaba eso cada que estábamos juntos, y siempre con esa masculina y criminal mirada. Preguntaba sin importar cuán obvio era lo que estaba haciendo—leer un libro, escribir en mi laptop. Siempre le daba la misma respuesta.

Naaaaaaada. –OC

Y como siempre, me dio su respuesta usual.

Quieres hacer naaaaada conmigo? –E

No puedes. Estás en el trabajo. Yo salí con las chicas. –OC

Tú eres más bonita que ellas. –E

No necesitas coquetear, Coqueto McCoqueteador. –OC

No puedo evitarlo. La desesperada necesidad de complacerte es todo lo que conozco. Es mi única imperfección. –E

Tú eres *mi* talón de Aquiles. –OC

Mi intenso, generosamente dotado amor por ti no está en ningún lugar cerca de mi pie. –E

Pene de Aquiles? –OC

Algo así. –E

No dejes que una flecha lo alcance. –OC

Ouch. Por favor solo hiéreme con insultos. –E

El pene es más poderoso que la palabra. –OC

De hecho. Seguido te deja sin palabras. –E

No eres tan atractivo como él. Solo digo. –OC

De alguna manera no estoy ofendido por eso. Para nada. –E

:Rodando los ojos: –OC

Amo cuando haces eso. Especialmente si estás desnuda. –E

Mi último nervio, acabando con él tú estás. –OC

Eres hermosa cuando me hablas como Yoda. –E

Todo un geek debajo de ese adorable cupcake. –OC

Puedo tocar tus hermosos cupcakes? Por favor? –E

HFFFF! Oh, demonios para eso, sí! Y arremolina tu sorbedoramentedeliciosa lengua alrededor de las frambuesas encima!1! OMG, estoy TAAAAN mojada ahora.

O_O –E

Ugh, lo siento. Esa era Alice. Te dije que mis amigas eran asquerosas. –OC

Mejor me voy. Los uniformes de médicos no son el mejor atuendo para el…'evento', lo estoy experimentando. –E

Adiós, amor. Te prometo que, ya sabes, te ayudaré con tu 'evento' más tarde. ILY! –BE

ILY también. Y a tus cupcakes con frambuesas encima. –E

"¿Tenías que hacer eso, Alice?" la regañé mientras golpeaba su hombro realmente fuerte. Tenía unos paquetes importantes que estaba cargando; de otra manera, la habría golpeado mucho más fuertemente.

"Ow", se quejó juguetonamente. "Vamos, acabo de darle a tu hombre una buena empalada. Me agradecerás más tarde cuando él llegue y se meta en tu asunto", bufó.

"Ok, antes que nada", corregí. "No necesita absolutamente ninguna ayuda con su 'palo', Alice. Y en segunda, va a trabajar un millón de turnos esta semana para poder tener todo el fin de semana libre. Esta noche no tendrá ningún asunto para mí", expliqué.

"¿Tu asunto no es su asunto?" Rose preguntó entrometidamente con una ceja levantada. Estaba tratando de ser linda conmigo.

"Mi asunto es mucho más su asunto cuando no necesita ver otros asuntos por asuntos de trabajo", aclaré con un bufido, tirando de mis bolsas de compras y caminando más rápidamente por el centro comercial.

"¿No sabías que su asunto es el asunto de toda mujer?" Alice le preguntó a Rose antes de reír histéricamente.

"Él está ocupado con los asuntos de ellas, no con el mío. Él ama mi asunto", proclamé mientras sonreía para mí. "¡Y eso no es su asunto!" solté mientras entrecerraba los ojos hacia ellas.

"Eres cruel cuando estás sin sexo, Bella", me informó Alice. Solo rodé mis ojos.

"Uh oh, ¿Edward tiene una delipolla (7), huh?" Rose soltó, tratando de parecer simpática en vez de metiche.

"¿Delipolla? ¿De dónde sacas esas palabras? ¿Hay por ahí alguna versión más disgustante del urban dictionary(8)?" pregunté con incredulidad.

"Vamos, Prunella. No me digas que no sabes de lo que hablo. Porque una vez que la pruebas…mmm, mmm, mmm", canturreó Rose para sí.

"Oh, el pene te cambia", declaró Alice. "Una vez que pierdes la tarjeta de virginidad, todo se acaba. Una vez que explota, ya no puedes detenerte(9)", agregó con una carcajada. Rose soltó un fuerte '¡mmmhmm!'

"Oh, Dios, ¿Tienen que comparar a mi vagina con un bote de Pringles?" pregunté, agitando mi cabeza mientras caminábamos hacia la salida del centro comercial más cercana a la estación del tren.

"Lo que sea, chica. Ya sabes que ahora amas las pollas. No mientas", acusó Rose, antes de reír tontamente y agitar un dedo hacia mí.

"Ok, está bien. Amo la suya. ¿Felices ahora?" respondí, tratando de sonar irritada, pero sin lograrlo. En primera, luché por no sonreír, después mordí el interior de mi mejilla para evitar reírme, pero cuando dejé salir un bufido, todo terminó. Las tres nos reímos a carcajadas como un montón de hienas.

"Prunella Ironsnatch(10) está admitiendo que las vergas son buenas, las ama. Gracias, Señor, ¡es un milagro!" dijo Rose con una expresión extraña, y mirando hacia arriba, como si le estuviera dando gracias Dios directamente. "Creo que ahora tenemos que cambiar tu apodo", bromeó.

"Sexella Coñoresbaladizo", sugirió Alice, asintiendo con su cabeza.

"Jesús, es casi un trabalenguas", contesté con una risa.

"Es larguísimo para una sola bocanada", estuvo de acuerdo Rose.

"Sí. Sí, lo es," dije, guiñando hacia ella. Me sentí muy orgullosa de mí misma venciendo a Alice en su usual estilo de '¡Eso es lo que dijo!'.

"¡Escucha a esta chica, Ro! Haciendo bromas sobre mamadas y todo", Alice cloqueó como una orgullosa mamá gallina. "Nuestra bebé está tan crecida", sollozó, fingiendo limpiar una lágrima de su ojo. Caminamos hasta la estación y esperamos a que pasara el tren.

"Okay, necesitan detenerse ahora, chicas. Sí, me gusta el sexo con Edward. Sí, ambas tenían razón. Es divertido. Bueno, es mejor que divertido. Es…indescriptible", dije con un suspiro anhelante.

"Por supuesto que es indescriptible. El buen sexo siempre lo es. Te vuelve idiota", contestó Rose con naturalidad. Ahora me daba cuenta de por qué Rose actuaba como si fuera experta en todo. Estaba tan loca, que todo lo decía de una manera convincente.

"Incluso te mata un poco", estuve de acuerdo. Reí para mí cuando recordé que los franceses le decían le petit mort(11).

"¿Te mata suavemente?" dijo Alice, su risilla tonta empezando de nuevo. Ella y Rose se miraron con una mirada que ya conocía muy bien.

Gracias a Dios el tren llegó, porque el ruido increíblemente fuerte de metal contra metal pulido mientras el tren se detenía en las estación, ahogaba el sonido de estas dos terribles cantantes asesinando un clásico de R & B. Rose era la líder, cantando mientras agitaba su mano por encima de su cabeza, como si estuviera interpretando un solo en un concierto con entradas agotadas. Seguía cantando cuando abordamos el tren y nos sentamos.

"Rasgando mi coño con sus dedos,
lamiendo mi frijolito con su lengua,
matándome suavemente con su…"

Alice y Rose me miraron y apuntaron hacia mí, esperando que llenara el espacio en blanco.

"Vamos, Bella", regañó Rose, "matándome suavemente con su…'" repitió, agitando su mano hacia mí.

"Polla", murmuré bajo mi aliento, sin molestarme en cantar. Era suficientemente malo decir 'polla'. Se burlaron de mi forzada participación en su perversidad.

"Matándome suavementecon su pooooo-ooooo-oohooo-llaaaaa…" cantó Rose, alargando la palabra. Tuve que voltearme completamente hacia otro lado cuando empezó a girar alrededor de uno de los tubos del vagón, como si estuviera trabajando ahí por propinas.

Convenientemente me ocupé en revisar mis bolsas de compras. Esculcando entre las bosas, pasando mis dedos a través de la fina tela de envoltura, sonreí cuando toqué el suave material de mi nuevo minivestido de seda.

"Te verás sexy con ese vestido", dijo Alice, prácticamente saltando.

"Esos zapatos son increíbles. Tengo un jodido buen gusto", dijo Rose con una sonrisa, felicitándose a sí misma por haberme insistido en unos tacones de tiras rojos cuando estábamos en Barney's.

"¿Estás emocionada por lo de Pascua?" preguntó Alice. "Tu madre conocerá a Carlisle y a Esme—eso tiene que ser genial. Apuesto a que se llevarán bien".

"De hecho, estoy muy emocionada. Ellos han sido tan agradables. Mi madre y Esme probablemente hablarán sobre arte y cocina todo el tiempo", respondí, sonriendo para mí.

"¿Cómo están yendo las cosas entre Edward y Carlisle?" preguntó Alice.

"Ya sabes, creí que iba a ser raro—los dos conociéndose por primera vez—pero no lo fue. Es muy loco cuán parecidos son", expliqué. "No solo en lo físico, sino también en sus personalidades. Da un poco de miedo", agregué, riendo para mí.

"Así que papi también es una pieza sexy, ¿huh?" se metió Rose. Fue gracioso como solo prestó atención a que Edward se parecía a su padre.

"Oh, ¡qué asco! Yo no… ¿Quién pregunta eso?" repliqué, haciéndole una mueca.

"¿Qué, no quieres probar la dulce caña de azúcar de papá?" preguntó Alice, claramente tratando de hacerme vomitar a mitad del metro.

"¿Pueden cantar otra canción sobre penes a todo pulmón? Prefiero escuchar eso que cosas sobre la caña de azúcar de Carlisle. Porque eso tiene como diez tipos de asquerosidades", les dije mientras rodaba mis ojos.

Mi sugerencia sobre la canción parecía haber funcionado. Antes de notarlo, Alice y Rose decidieron que TiK ToK de Ke$ha no era tan molesta por sí misma, así que tuve escucharlas cantar algo llamado Lick Cock(12) por el resto del camino a casa.

Más tarde, estaba desanimada porque había recibido un mensaje de Edward diciendo que tenía que trabajar hasta tarde debido a una repentina afluencia de pacientes en trabajo de parto. Me resigné a una rápida cena y le mandé un mensaje a Edward. Mi teléfono sonó justo cuando me acurrucaba en la cama.

"Hey, tú", dije después de presionar el botón de llamada.

"Hola, Ojos Cafés", dijo Edward en respuesta.

"¿Me extrañas?" pregunté, sonriéndole al teléfono.

"Por supuesto, ¿Por qué más estaría llamando?"

"También te extraño. Estaba preparándome para dormir, pero hay demasiado espacio en mi cama sin ti aquí. Puedo respirar y moverme con libertad. Es tan raro", bromeé.

"Lamento que estés tan cómodamente incómoda", contestó con una risa.

"¿Estás en tu descanso?" pregunté.

"Sí, es de solo unos minutos. Estoy solo en la sala de estar en este momento. Así que pensé en llamar para darte las buenas noches. Desearía estar en casa contigo", me dijo, haciendo que mi corazón palpitara un poquito más rápido.

"También desearía que estuvieras aquí", repliqué, sintiéndome un poquito perdida al tener que dormir sola. "Oh", dije, recordando algo que pasó más temprano. "Lo siento por ese estúpido mensaje de Alice. Ya sabes cómo son ella y Rose", expliqué, aún un poco molesta por la falta de sutileza de mi amiga. Escuché a Edward burlarse al otro lado de la línea.

"No hay problema", dijo con una risa. "Hablando de eso, adoraría continuar esa conversación. Tenía la esperanza de quizás trabajar en una lección sobre eso", agregó, su voz cambiando a ese delicioso ronroneo que hacía que mi piel se erizara.

"¿Lo esperabas, huh? Algo sobre… ¿Cómo lo llamaste? ¿Un 'evento' que estabas experimentando?" pregunté. No respondió; solo canturreó.

"Sí, tengo un 'evento' justo ahora que puede necesitar… una mano", murmuró.

"Una mano. Ya veo", repliqué, mis labios curvándose en una sonrisa. "Bueno, desearía poder usar mi propia mano con tu 'evento', pero no puedo", dije, mi voz sonando con decepción mientras fruncía el ceño. Realmente adoraría tenerlo a mi lado en este momento: besando mi cuello, pasando sus manos de arriba a abajo por mis costados, canturreando palabras de seducción en mi oreja, y frotando su cuerpo contra el mío.

"Si quieres, puedes poner tu mano por ahí", ofreció. "¿Te gustaría probar algo nuevo? ¿Quieres poner tu mano por ahí mientras hablamos por teléfono?"

"¿Dónde, amor? ¿Dónde debería poner mi mano? Dime", lo provoqué, bastante cómoda con la idea de experimentar. Escuché la fuerte respiración de Edward, y después gimió suavemente. Imaginar la expresión de su cara mientras gemía, me hizo pensar que aquí se estaba poniendo todo un poco caliente, así que pateé mi sábana a los pies de la cama.

"Ojos Cafés…Dios, no puedo dejar de pensar en ti. Quiero tocarte, probarte, lo deseo muchísimo, me está matando. Por favor, pon tu mano en medio de tus piernas. Necesito…" dijo antes de que su voz se desvaneciera y lo escuchara sisear.

Su voz era sonora y profunda, tan masculina. Literalmente podía decir cuánto me deseaba por la manera en que me hablaba. No pude evitar hacer lo que él me ordenó, y dejé a mi mano deslizarse por entre mi pijama y mis bragas.

"¿Qué necesitas?" pregunté. Mi voz era delicada, casi temblorosa. Mi dedo se deslizaba ligeramente de arriba a abajo por donde ya estaba húmedo y caliente.

"Necesito que te corras…si no puedo ver la forma en que tu cuerpo reacciona ante mí, sentirlo debajo de mí, necesito escuchar los sonidos que haces. Tan dulces, tan sexys", gimió.

"Amo la manera en que me tocas. Cada vez, me haces sentir increíble…me haces sentir…perfecta", suspiré.

"Tú eres perfecta. Si estuviera contigo en esa cama justo ahora…Dios, qué te haría. ¿Estás…tocándote?" preguntó. Su respiración se estaba volviendo más pesada, y escucharlo, hizo que el cabello de la parte posterior de mi cuello se erizara.

"Sí. Pero desearías que fueras tú…tu mano, tus dedos", susurré. Me estaba dejando llevar por cuánto lo deseaba, pensando en cómo nos perdíamos el uno en el otro cuando estábamos juntos. "Amo cuando estás encima de mí…amo tu cuerpo presionándose contra el mío, grande y fuerte", dije. Cerré mis ojos y visualicé la cara de Edward mirándome, sus ojos taladrándome. Podía visualizar a su mandíbula apretándose, sus músculos tensos y abultados.

"La manera en que me miras…tus ojos, ¡Dios! Tus ojos se ven tan hermosos cuando estoy encima de ti—sensuales, cautivantes. Quiero mirar tus ojos…mientras mi boca está en tu pezón…mientras mi polla está dentro de ti—follándote hasta que grites mi nombre", jadeó.

"Sí, Edward, sí…voy a correrme", gemí justo antes de sentir un intenso calor entre mis piernas que explotó fuera de mí. "Amo la manera en que me follas", jadeé.

"Mierda", gruñó Edward. Hizo ese ridículamente sexy gruñido de 'ah' que hacía cuando se corría. Suspiré soñolientamente y tiré de nuevo de mi sábana hasta cubrirme hasta el cuello mientras lo escuchaba hacer ruidos, presumiblemente resolviendo la conclusión de su 'evento'.

"Te amo", susurré. "Y te extraño".

"También te amo. Duerme bien, dulce niña", susurró en respuesta.

"Trataré. Es bastante feo no tener a un estrujador. Es gracioso cómo me he acostumbrado a tener poco oxígeno", dije mientras trataba de evitar un bostezo.

"¿Así que debo suponer que tu comprometido flujo de sangre a tu cerebro es la razón por la que me amas?" dijo sarcásticamente.

"Finalmente lo entiendes, Cullen. Te tomó demasiado", respondí con el mismo tono.

"Estaba distraído por tus pechos", ronroneó.

"Gracias. Creo", reí antes de bostezar de nuevo.

"Duerme, Ojos Cafés. Te veré mañana", me dijo.

"Te veo luego, amor. Cuida los cacahuatitos y luego ven directo a casa", ordené.

"Sí, señora", rió entre dientes. "Si quieres puedo recoger a tu madre en el aeropuerto en la mañana. Solo mándame un mensaje con la información de su vuelo", ofreció.

"Gracias, eres un esclavo muy atento".

"Lo repito, tus pechos tienen algo que ver con eso".

"¿Hiciste todo por tu mantita de pechos?" reí tontamente.

"Sí, de hecho así es. Buenas noches, Ojos Cafés".

"Buenas noches, Estrujador".

Con un ligero suspiro y una gran sonrisa en mi cara, me quedé dormida, todo el tiempo soñado con un hermoso hombre con el corazón de un niño y voz de demonio.

Me desperté temprano la mañana siguiente para ir a mis clases y un muy necesario tiempo en la biblioteca. Asegurándome de mandarle a Edward la información del vuelo de mi madre, dejé mi apartamento esperando acabar las cosas de la mañana rápidamente para así poder regresar a casa con mis dos personas favoritas.

Después de estar sentada durante un seminario sobre cómo escribir poesía que pareció durar días, finalmente llegué al edificio y abrí la puerta. El inconfundible olor de la comida de mi madre era, probablemente, la cosa más agradable con la que me recibieron durante la semana. Había extrañado muchísimo a mi madre, y Edward trabajando tantas horas solo incrementaba la sensación de soledad que había tenido en los últimos días.

"Hey, aquí estás", dije con una amplia sonrisa mientras abría la puerta del apartamento y veía a mi madre sonriéndome en respuesta. Caminamos ansiosamente hacia la otra, intercambiando un caluroso abrazo y un beso de saludo.

"Oh, bebé. Te he extrañado", suspiró, frotando mi espalda mientras me abrazaba de nuevo.

"También te extrañé, mamá. Estoy tan feliz de verte", le dije con un poco de demasiado entusiasmo en mi voz.

"Shhh", replicó, poniendo su dedo sobre sus labios antes de usar su pulgar para apuntar hacia el sillón detrás de ella. Di un paso hacia un lado para mirar, donde encontré a un muy, muy exhausto Edward acostado boca abajo y algo desparramado, sus pies sobresaliendo sobre el descansabrazos acojinado. Mi cara formó un puchero ante la visión de este pobre, cansado hombre. Me pregunté cuántos golpes en el brazo y otros abusos físicos tuvo que soportar mientras trabajaba.

"Le di algo de pan francés y tocino, y justo después se durmió", me dijo mi madre en voz baja. "Me recuerda a cuando papá solía trabajar horas extras", agregó con una sonrisa.

"Ha estado trabajando turnos dobles y triples en el hospital para poder tener el fin de semana libre", expliqué. Sin poder resistirme, me acerqué a él y acaricié gentilmente su cabello. Suspiró en sueños y murmuró algo sobre extrañar a su Ojos Cafés. No pude evitar sentirme avergonzada cuando mi madre rió silenciosamente.

"Ven, almorcemos y pongámonos al día", dijo, indicándome por señas que me dirigiera a la cocina para comer en la pequeña mesita de café para dos personas que tenía ahí.

"¿Te la pasaste bien en Tampa?" pregunté, mientras empezaba a ayudarle a mi mamá con la comida.

"Sí", respondió mama con una sonrisa. "Tus primos están creciendo. Tía Shari apenas puede contenerlos. Tu abuela te manda cariños. Te extraña", agregó, sonriéndome.

Platicamos un rato sobre la familia y después comimos en silencio, los sonidos de los cubiertos mientras los movíamos eran lo único que se escuchaba. El silencio estaba empezando a sacar lo peor de mí. Por una vez, deseaba que mi madre estuviera picándome e insistiendo con preguntas sobre mi vida amorosa. Ahora que ya tenía una.

"Bien, ¿no vas a preguntarme?" cuestioné, levantando una ceja hacia mi madre. Sabía lo que debía estar pensando, pero tenía miedo de sacarlo a colación.

"¿Preguntar qué?" replicó inocentemente mientras cortaba su pan francés en pequeños pedazos.

"Vamos, mamá", dije en respuesta, rodando mis ojos. "¿Realmente no quieres saber cómo están yendo las cosas entre Edward y yo?"

"Oh, ¡claro que quiero saber!" exclamó. "Solo que creo que no me corresponde preguntar", dijo, encogiéndose de hombros y agitando su cabeza. "Usualmente te sientes demasiado incómoda con eso", agregó, refiriéndose a cómo me erizaba cada que trataba de hablar conmigo sobre chicos.

"Edward es diferente. Él es…" traté de explicar, pero fui incapaz de ponerlo en palabras. "Él es especial para mí. Ya sabes eso", le recordé. Había hablado antes con ella sobre eso por teléfono, y ya habían pasado algunos meses desde que Edward y yo habíamos dejado el acuerdo.

"Lo puedo ver", observó, guiñándome. "Cada vez que tu nombre salía en nuestro camino desde el aeropuerto, su cara se iluminaba, como si fuera un niño en una tienda de dulces—igual a la tuya justo ahora", observó con una enorme sonrisa.

"Sí", dije, bajando la mirada tímidamente. "Estamos algo locos el uno por el otro", admití mientras examinaba los remolinos que se habían formado en la crema de mi café.

"¿Algo?" presionó.

"Bien, bien. Muy locos", confesé con una sonrisa tonta en mi cara. "Las últimas semanas, con eso de conocer a su padre y a todo ese lado de su familia—han sido increíbles. Edward está tan feliz", expliqué. "Estaba enamorada de él incluso antes de eso, probablemente tú lo notaste", agregué con una risa torpe. "Pero verlo teniendo tantas cosas en su vida ahora…Me siento mucho más cercana a él, porque quiere compartirlo conmigo…No lo sé, estoy balbuceando sin sentido", dije, agitando mi cabeza, regañándome interiormente por irme a las nubes en frente de mi madre.

"Bella, definitivamente no estás balbuceando sin sentido, cariño. De hecho, lo que dices tiene mucho sentido con lo que estás sintiendo. Si alguien puede, de manera lógica, expresar de alguna manera lo que siente por alguien más, esa eres tú. Justo como Charlie—un pensador", murmuró mientras inclinaba su cabeza hacia una de sus manos y me sonreía.

"Bueno, no tengo que pensarlo mucho. Lo amo. Él me ama", dije firmemente, antes de sentirme un poco tonta por cuán trillado sonaba eso, incluso aunque sea la verdad. "Creo que ya terminé con eso de tratar de analizar los sentimientos. Mi tesis me consumió. Trabajo social es diferente—mucho más gratificante", expliqué.

"Es lo gracioso acerca de ayudar a las personas. Es increíble cuánto te ayuda. Enseñar es de esa manera. Para tu padre el ser policía lo era", me dijo mientras palmeaba mi mano.

Llegué hasta donde estaba mi madre y la abracé fuertemente, para dejarle saber cuánto apreciaba la manera en que me entendía y me aceptaba, sin importar nada.

"Así que, ¿supongo que no te vas a mudar pronto?" preguntó mi madre con una risa entre dientes.

"Uh", fingí pensarlo. "No", respondí rápidamente, riéndome con ella. "No me voy a ir a ningún lado. Al menos no sin Edward", confesé.

"Si él te hace feliz, eso me hace feliz", me aseguró con una sonrisa. "Un brindis", ofreció, levantando su taza de café hacia mí. "Por los nuevos comienzos", dijo, chocando su taza contra la mía.

"Por los nuevos comienzos", repetí, riendo suavemente.

El siguiente par de días pasaron en un borrón de felicidad. Mi madre y yo fuimos a hacer algunas compras por todo Harvard Square. Compré uno que otro libro para que Edward leyera durante sus descansos en el trabajo—era parte de mi plan, lentamente expandir sus gustos literarios más allá de Ciencia Ficción y Fantasía, y meterlo en géneros ligeramente más comunes.

Entre mi madre y yo, nos las arreglábamos para cocinar tanto como para un batallón. Edward casi murió por una felicidad inducida por huevos cuando mi madre le preparó frittata de jamón y queso para cenar el sábado por la noche. Después de comer alegremente, él y mi madre vieron una película mientras yo me recluía forzadamente en mi recámara para escribir un trabajo para mis clases.

Me senté en mi cama con mis audífonos puestos y traté de comenzar a escribir, pero entre lo mucho que había comido, y lo cansada que estaba por nuestro día de compras, me sentía agotada, así que cerré mis ojos. Antes de darme cuenta, me sumí en un profundo sueño.

"Hey, dormilona", escuché a la voz de Edward susurrar en mi oído. Sentí al dorso de su mano acariciar mi mejilla muy suavemente—su toque tan ligero, cuidadoso.

"Edward", susurré en respuesta, sonriendo con mis ojos cerrados. Estiré mis brazos y suspiré, queriendo que recostara a mi lado.

"No debería quedarme mucho tiempo. La película ya terminó y mañana tenemos que levantarnos temprano. Es domingo de Pascua y le prometimos a mi abuelo que iríamos a su servicio de la mañana", explicó mientras se deslizaba a mi lado. Me dio la vuelta un poco para poder poner su brazo alrededor de mi hombro. "Solo quería decir buenas noches", agregó, jalándome hacia él.

"Bien", concedí. "Di 'buenas noches' hasta que salga el sol. Y luego quédate a decir 'buenos días'", ofrecí, riéndome suavemente contra su pecho. Eso parecía una perfectamente buena razón para que se pasara toda la noche y toda la mañana en la cama conmigo. Buena, al menos una perfectamente buena e inocente razón.

"No quieres que te atrapen con la blusa al revés de nuevo, ¿o sí?" bromeó, riendo en mi cabello antes de besar mi frente. Él sabía que el solo pensar en lo que llevaría a mi blusa a tal estado me ponía la piel de gallina, así que no tenía ni idea de por qué estaba haciendo tal pregunta. Parecía algo especialmente absurdo preguntarlo cuando sentía sus dedos ligeramente bailar de arriba a abajo en uno de los costados de mi caja torácica.

"No, no quiero especialmente otra falla con mi vestuario", admití. "Pero lo que sea que estás haciendo en este momento hace que no me importe", argumenté, frunciendo los labios. Finalmente abrí mis ojos, y la visión de ese enloquecedor cabello, su barba sin afeitar, y una maliciosa media sonrisa nunca habían lucido tan bien. No habíamos tenido 'tiempo de calidad' en días porque él había estado ocupado y mi madre estaba de visita.

"¿Debo fingir que voy arriba a pasar la noche y luego deslizarme por tu ventana como una especie de espeluznante acosador? Puedo hacerle de acosador espeluznante. No estoy por encima de eso", bromeó mientras pasaba la punta de su dedo a lo largo de mi nariz.

"¿Te volverías un sociópata y cometerías allanamiento de morada solo por mí?" bromeé en respuesta, batiendo mis pestañas hacia él.

"Bueno", replicó, agitando su cabeza mientras fingía pensarlo. "Sociópata es un poco fuerte. Prefiero 'intensamente enfocado', si quieres discutir sobre semántica", dijo inexpresivamente.

"Intensamente enfocado", repetí, asintiendo con mi cabeza. "Me gusta eso. Me estoy poniendo 'intensamente enfocada' o algo así justo ahora", reí descaradamente mientras mi mano vagaba por encima de su camiseta un poco al sur de su ombligo, donde sentí que podría haber otro 'evento' de manera inminente, si jugaba bien mis cartas.

"Hey, Ojos Cafés, tu mamá podría entrar en cualquier momento. Y no quiero probar eso de salir con mis pantalones al revés", dijo con una risa mientras gentilmente envolvía su mano alrededor de mi muñeca, forzando a la palma de mi mano a alejarse de todas las cosas divertidas. Levantó mi mano hasta sus labios y la besó antes de sostenerla firmemente con la suya. Evidentemente yo no era de fiar.

Con buenas razones.

"Bien, entonces. Si realmente quieres irte y no escuchar sobre cuán bonito es el vestido que compré para usar mañana…es tu decisión", me burlé, tratando de parecer indiferente.

"¿Qué tan bonito?" preguntó, luciendo curioso, pero también un poco consternado.

"Muy, muy bonito", murmuré en su oreja.

"Estás determinada a volverme loco de una manera u otra", gimió.

"Pero yo te amo, y tú ya me has vuelto loca," argumenté, rascando su barbilla con mis dedos.

"También te amo. Más de lo que podría decir", me dijo antes de darme mi beso de buenas noches y deslizarse de nuevo fuera de la habitación.

Me senté en mi cama justo cuando mi madre tocaba y entraba para tomar su pijama de su maleta. La expresión de su cara captó mi atención en seguida. Se veía triste a pesar de que estaba sonriendo. Era una extraña combinación que raramente veía. De hecho, creo que la última vez que la vi así fue el día en que ella y mi papá me dejaron en Harvard por primera vez, cuando yo era estudiante de primer año.

"¿Mamá? ¿Estás bien?" pregunté, preocupada porque algo estuviera molestándole.

Se sentó a mi lado en la cama y puso su brazo alrededor de mí. No dijo nada por unos cuantos minutos, y solo me sostuvo realmente cerca de ella. Recosté mi cabeza sobre su hombro y me pregunté qué había causado esta muestra de intenso afecto maternal, pero no la presioné por una respuesta. A veces era bueno dejar que tu mamá hiciera las cosas que solía hacer más a menudo.

"Te vas a graduar el próximo mes", dijo en voz baja.

"Sip. Ese ha sido el plan desde hace un tiempo", respondí con una risa, ladeando mi cabeza y mirándola. Era raro que mencionara algo tan obvio, pero de alguna manera lo había hecho sonar como si fuera una sorpresa para ella.

"Me pregunto a dónde se va el tiempo. Pero siempre fuiste un alma vivida, siempre madura", dijo sabiamente.

"¿Estás segura de que estás bien?" pregunté de nuevo, tratando de descubrir qué había puesto a mi mamá tan sentimental. "¿Hiciste que Edward viera Steel Magnolias o Beaches o algo así?" pregunté en voz alta.

"No, no", respondió riendo. "Nada de eso, cariño. Era una comedia, de hecho. No muy buena", explicó, agitando su cabeza. "Terminamos hablando. Ya sabes, creo que ya sé qué es lo que los hace tan buena pareja", reveló, luciendo reflexiva.

"¿Oh, sí? ¿Qué?" pregunté, mi curiosidad picándome por lo que mi mamá diría.

"Creo", comenzó, suspirando fuertemente. "Edward y tú se complementan el uno al otro muy bien. Tú, mi pequeñita, algunas veces te tomas las cosas demasiado en serio", dijo, palmeando mi muslo. "Puedes llegar a concentrarte tanto en tus metas que olvidas por qué las tienes en primer lugar. Pero dejaste de hacer eso. Dejaste de hacerlo para asegurarte de ser feliz—desde que conociste a Edward".

"Sí. Creo que tienes razón sobre eso", respondí, asintiendo con mi cabeza.

"Me parece el tipo de persona que probablemente sabe cómo hacer y decir lo correcto en cualquier situación, y sin mucho esfuerzo—pero no a tu alrededor. Lo haces pensar las cosas dos veces. Lo haces trabajar en ello, y no sé si alguna vez haya tenido que hacer eso", resumió mientras agitaba su cabeza. "Y creo que ustedes van a ser muy felices por un buen y largo rato", agregó.

Me dio un beso de buenas noches en la mejilla y dejó mi recámara antes de preguntarle qué significaba exactamente 'un buen y largo rato'.

Temprano, la mañana siguiente, el estruendoso sonido de mi reloj despertador me empujó fuera de mi sueño. Teníamos que estar listos a tiempo para ir hasta New Hampshire. Mi madre y yo nos apurábamos la una a la otra, maniobrando entre el dormitorio y mi pequeño cuarto de baño. Edward me llamó tres veces para preguntarme cosas triviales. Para la tercera llamada, le dije que ya sabía que llamaba para asegurarse de que yo estuviera a tiempo, y lo estaría, si él dejaba de llamar.

Llamó a la puerta mientras yo me deslizaba dentro de mis nuevos tacones de tiras rojos, y sonreí por su perfecta sincronización. Ajusté mis pendientes que colgaban y mi sombrero de ala ancha una última vez, para asegurarme de que estaban derechos.

La mirada de su cara cuando me vio casi me hace creer que debería cambiarme. Solo estaba parado ahí, completamente congelado. Era como si alguien lo hubiera golpeado en la cabeza. Edward me había dado miradas muy raras—algunas muy sexys, muy intensas. Pero nunca antes me había mirado como descerebrado. Rápidamente decidí que este vestido probablemente no se veía tan bonito en mí como Rose y Alice me habían hecho creer.

"¿Es demasiado? ¿Vulgar? ¿Nada favorecedor? ¿Simplemente horrible?" pregunté nerviosamente, mirándome de arriba a abajo.

Mientras esperaba con expectación a que respondiera, mis ojos vagaron al pulcramente planchado, exquisitamente entallado traje azul marino y a la perfectamente anudada corbata a rayas que él estaba usando, y, repentinamente, también yo me volví descerebrada.

"Ojos Cafés, yo…" farfulló. "Te ves…"

"Hermoso", suspiré, mis ojos más brillantes que una dona de Krispy Cream. El traje, la corbata, sus anchos hombros, largas piernas…era un poco demasiado. Era mucho demasiado, pero era la mejor clase de 'demasiado' con la que una chica podría soñar, y quizás más.

El estupor de ambos fue roto por el sonido de mi madre aclarándose la garganta. Aclararse la garganta, había descubierto recientemente, era el sonido universal para 'dejen de actuar como si fueran las únicas dos personas en el planeta, incluso si se siente como si sí lo fueran.' Las personas parecían aclararse la garganta seguido cuando Edward y yo estábamos juntos. A pesar de que yo era una persona muy centrada, él me hacía perder la noción de lo que estaba pensando o lo que iba a decir, e incluso de cualquier cosa que estuviera a mi alrededor. Parecía que el problema solo empeoraba, juzgando cómo acababa de reaccionar.

Nos las arreglamos para reaccionar y dirigirnos abajo. Edward tenía su brazo alrededor de mí mientras me guiaba a la calle. Mi madre iba a unos pasos detrás de nosotros, como si deliberadamente estuviera manteniendo su distancia. Me dio esa impresión por sus sonrisitas cómplices y nuestros suspiros melancólicos que seguramente estaban causando que su cerebro corriera en todas direcciones.

"Ese vestido…no…es…justo", dijo Edward en mi oído mientras caminábamos rápidamente a su carro. Entre mirar fijamente mi escote y observar a cada hombre en un radio de seis metros, (independientemente de la edad del varón, o incluso de su especie,) sus ojos estaban bastante ocupados.

"¿No te gusta?" pregunté, confundida. Mi pregunta anterior sobre si me veía bien o no aún permanecía en mi mente, hasta que vi cómo le frunció el ceño a un niño de seis años que pasaba por ahí, cuya única indiscreción había sido decir '¡Hola, chica linda!' antes de sonreírme sin sus dos dientes frontales, mientras balanceaba su mano dentro de la de su madre.

"Edward, le acabas de dar la mirada de enojo a un niño", lo regañé, mi voz convirtiéndose en un siseo bajo.

Se detuvo en seco, se volteó hacia mí y parpadeó unas cuantas veces.

"¿No notaste cómo te estaba comiendo con los ojos?" preguntó con gran incredulidad. "¿Y su tono? Completamente inapropiado", agregó, ladeando su cabeza y mirándome de reojo.

"Um, estoy bastante segura de que su madre no le hubiera dado permiso de pedirme que saliera con él", contesté sarcásticamente. Hubiera rodado mis ojos, pero tenía miedo de que si los rodaba demasiado, se quedarían ahí permanentemente. La palabra 'excesivo' apenas empezaba a describir el nivel de celos y posesividad de Edward.

"Así que, ¿el vestido está bien?" pregunté de nuevo, sintiéndome ya un poco exasperada. Solo estaba tratando de averiguar si el traje que usaba cruzaba el borde de Feliz y Divertido Vestido de Primavera en la Ciudad al menos deseable estado ubicado en Demasiada diversión te hace lucir como en Puta…landia.

Edward no respondió; solo puso su mano sobre sus ojos y jadeó.

"¿Acabas de responderme con una palmada en la cara?" le pregunté, medianamente horrorizada. "Eso es todo, voy arriba a cambiarme", murmuré con fastidio mientras hacía girar las cintas de mis tacones para hacer una rápida retirada de regreso a mi apartamento. Si me veía como la rubia puta y tonta de Bay State, solo debía haberlo dicho.

"Ojos Cafés", dijo rápidamente, tomando mi hombro. "No, por favor no lo hagas. Escucha", me instó. Me volteé y lo enfrenté. Sus ojos reflejaban un agudo e infantil arrepentimiento que me recordó al pequeñito que acababa de pasar junto a nosotros. Asentí rápidamente y esperé a que Edward terminara de decir lo que estaba diciendo.

"Te ves…" me dijo en voz baja. Su mano acunó ligeramente mi mejilla mientras yo veía fijamente la grieta en la acera frente a mí. "La manera en que ese vestido se abraza a ti…Dios, tus largas piernas con esos tacones que estás usando. Tu rostro—con poco maquillaje en él, y tu cabello cayendo alrededor de tus hombros…Diría que estás sacada de una fantasía, pero no creo que mi cerebro pudiera crear algo tan…perfecto", profesó antes de ladear mi barbilla y besarme.

"Oh", respondí de la misma increíblemente articulada forma en que usualmente lo hacía cuando Edward me pagaba con estos cumplidos de 10 millones de dólares. En realidad, valían mucho más que cualquier cantidad de dinero.

De nuevo, mi madre nos interrumpió aclarándose la garganta, lo que esta vez fue más fuerte e insistente. El Universo de Bella y Edward, Población: 2 una vez más tendría que esperar para ser habitado, preferiblemente cuando realmente estemos solos. Levanté mi vista a la fuente de la interrupción y vi a mi madre parada a unos metros de distancia, junto al carro de Edward. Estaba revisando su reloj con indiferencia para insinuar no muy sutil, y tácita forma, que estábamos a punto de llegar tarde.

Tarde o no, tiré suavemente de la solapa de Edward hacia mí y le planté un generoso beso en sus labios que eran igualmente de generosos—tanto en su forma llena y lo deliciosos que eran y en cómo me daban los más ricos, y hermosos elogios libre y abiertamente.

"Gracias", dije. "Es una de las cosas más dulces que me han dicho", confesé con una sonrisa tímida.

"Hay muchísimos más de donde vino ese. Eso es si no pierdo antes mi mente", dijo con una sonrisa mientras abría la puerta del carro para mí.

Los caminos estuvieron tranquilos y tuvimos un buen trayecto en nuestro viaje al norte de noventa minutos a Landaff, el pequeño pueblo de los ancestros Cullen de Edward. Los árboles y las flores silvestres estaban floreciendo de nuevo, hacienda el escenario casi tan atractivo de ver como el hombre que estaba sentado a mi lado y que manejaba con una sonrisa satisfecha en su cara. Le hubiera preguntado en qué estaba pensando, pero no tuve el corazón para interrumpir lo que sea que lo hubiera puesto de tan buen humor.

Llegamos a la Iglesia Episcopal de Todos los Santos con suficiente tiempo para saludar a Carlisle, a Esme, y a Patrick, quienes estaban afuera, junto con los otros feligreses que estaban ahí para asistir al servicio. Noté que todos estaban absolutamente bien vestidos con sus mejores ropas para el domingo, incluso el miembro más nuevo de la comunidad, y sonreí ante la vista de sus pequeñas caras con pequeños sombreritos con lazos y sus diminutos pies en pequeños botines.

Carlisle y Patrick nos presentaron a varios amigos que me di cuenta, bastante rápidamente, que nunca recordaría sus nombres. Pero sus brillantes sonrisas y cálidas bienvenidas me dejaron otra impresión.

Demasiado pronto, fue tiempo de que nos acomodáramos dentro. Todo el mundo comenzó a entrar en el blanco, sencillo edificio mientras la campana sonaba por encima de nosotros. Las bancas se llenaron rápidamente, dejando que Edward y yo nos sentáramos detrás de Carlisle, Esme y mi mamá.

Tan pronto como tomamos asiento justo al lado del altar lateral, Edward puso su mano en mi rodilla. Alejé mis piernas sin mirarlo, esperando que mi lenguaje corporal fuera suficiente para expresar cuán indispuesta estaba a violar hasta la última regla de etiqueta y decencia—ni siquiera por Edward y su encanto que disolvía mi inhibición, ni siquiera porque no había nadie más sentado a su lado. Estábamos en una casa de adoración por…Dios santo. En el segundo intento de cubrir mi rodilla con la palma de su mano, golpeé su mano son mi puño. Para el tercer intento, tomé su muñeca fuertemente entre mi mano.

"Edward", susurré severamente en so oído. "Estamos en la iglesia", lo reprendí.

Justo en ese momento, escuché una risilla entre dientes detrás de mí. Me volteé y vi a una pequeña, señora de edad con un sorprendentemente artificial cabello azul sujeto en un chongo por encima de su cabeza. Su boca formaba una gran sonrisa, exagerando los surcos provocados por la risa de su cara.

"Mi Vernon es igual", me dijo. "¡Mira!" exclamó, señalando a su regazo. Mire hacia el pequeño hombre calvo que estaba sentado a su lado. Él sonrió descaradamente mientras su vieja mano apretaba el vestido de ella. "¡Desvergonzado! ¡Eres un chico desvergonzado, Vernon!" regañó, golpeando con fuerza su mano, a pesar de que estaba sonriendo. Tenía la sensación de que el Chico Desvergonzado Vernon aún sabía cómo encender a su mujer.

Le sonreí al hombre y él me guiñó en respuesta. Por tercera vez escuché a alguien aclararse la garganta, pero esta vez era Edward, y lo hizo mientras miraba al pobre Chico Desvergonzado Vernon. Tomé esa oportunidad para voltearme y ajustar mi sombrero, suavizando el ala ancha ya que estaba enfrente de mi cara.

"¿En serio, Edward?" susurré con agitación mientras me inclinaba hacia él. "Es un hombre mayor. ¿Qué va hacer, golpearte con su bastón y secuestrarme?"

"Nadie te guiña. No me importa qué tan viejo sea", respondió calmadamente, sus ojos mirando fijamente hacia enfrente.

Quería decir algo más, pero me detuve cuando las primeras notas del órgano comenzaron a sonar, provocando que todo el mundo se calmara y concentraran su atención en el coro y en el inicio de la procesión del servicio.

Las palabras impresas en el libro de himnos delante de mí se volvieron borrosas cuando mis pensamientos empezaron a vagar lentamente lejos de la iglesia y las canciones sobre fe y alabanza a lo divino. Soñaba despierta con cómo sería la vida cuando fuera tan amor como la Señora de Chico Desvergonzado Vernon. ¿Tendré a un pervertido hombre mayor, sentado junto a mí, tratando de seducirme en la iglesia? Me gustaba pensar que sería Edward el que tratara de seducirme. De hecho, me hizo sonreír el solo imaginarlo.

Le eché un vistazo al perfil de Edward y me pregunté si alguna vez podría verse viejo. Era demasiado guapo, decidí algo de manera estúpida. Sin embargo, seguí tratando de imaginar sus patillas y el cabello en sus sienes volviéndose plateado, y las verdaderamente ligeras líneas de su frente pronunciándose. ¿Pensaría entonces que yo era hermosa? ¿Seguiría dándome cumplidos de diez millones y llamándome 'perfecta'? la verdadera cuestión, al menos para mí, era si llegaría a averiguarlo.

En unos pocos meses, había visto cómo la vida de Edward cambiaba algo dramáticamente—lo vi cambiar drásticamente. Había ido desde creer que ocupaba un minúsculo espacio en su vida, a saber que significaba mucho para él. Confió en mí sobre sus padres, y cuando necesitaba a alguien con quién contar y al cual acudir por ayuda, le di esas dos cosas tanto como pude. El esfuerzo bien lo había valido, porque el hombre sentado a mi lado ya no se escondía detrás de una encantadora, superficial fachada. Había cambiado hasta convertirse en alguien con una increíble cantidad de cariño, hacia mí y hacia su recién descubierta familia.

Verlo cambiar para mejor de estas maneras había sido el mejor viaje en una montaña rusa hasta ahora. Y tenía que admitirlo, realmente no quería que terminara pronto.

Dejé de sonar despierta cuando noté que todos estaban de pie y formaban una línea hacia el altar para recibir la hostia de la Eucaristía. Sentí la mano de Edward en mi pequeña espalda, guiándome cuidadosamente hacia adelante para así quedar en frente de él cuando llegáramos hasta donde estaban los demás feligreses. Me volteé y le sonreí unas cuantas veces, incapaz de resistirme a la expresión de vergüenza en su cara. Apostaría a que había estado viendo mi trasero mientras yo iba caminando delante de él, eso probablemente se le habría ocurrido después de notar que el hecho de ver traseros en la iglesia, sin importar cuánto los ames o estés prendado de ellos, no divertía a Dios ni un poco.

Apretó mi mano y susurró un suave 'te amo' en mi oído. Sus pequeñas barbas ligeramente me hicieron cosquillas en el cuello, haciéndome sonreír y acercándome un poco más hacia él. Decidí que si él seguía con esto, cambiaría su nombre a Chico Desvergonzado Edward.

Después de recibir el sacramento y decir una pequeña oración de agradecimiento, di un pequeño paso hacia nuestra banca, luchando desesperadamente con la necesidad de mirar a Edward sobre mi hombro. Sabía exactamente lo que estaba haciendo, y echar un vistazo sería simplemente…malo. Era mucho más malo que tocar la rodilla de alguien o mirar su trasero.

Es malo, Bella. Realmente muy, muy malo. No mires. No. Lo. Mires.

Obviamente, volteé mi cabeza y miré.

Y ahí estaba Edward, arrodillado frente al altar. Cerró sus ojos, después, abrió la boca y sacó su lengua mientras uno de los ayudantes de Patrick colocaba la hostia sobre ella. Fue con una completa falta de juicio con lo que decidí caminar de espaldas y seguir mirando, así que realmente no debí haberme sorprendido cuando choqué con la persona que iba unos pasos delante de mí. Edward solo me miró y sonrió. Murmuré un genuino 'lo siento' y a la pobre mujer de edad avanzada que traía un sombrero de un brillante color naranja.

Y Dios, creo que también te debo una disculpa. Pensamientos impuros y todo eso.

Al final del servicio, un gran grupo se reunió en el patio de la iglesia para tomar café y comer exquisitas galletas de azúcar horneadas por las feligreses señora Chico Desvergonzado Vernon y su amiga, Dama Sombrero Naranja. Los dos me sonrieron y me acosaron con galletas mientras Esme estaba ocupada charlando con mi madre y otras cuantas personas a una buena distancia. Ubiqué a Patrick, con Edward bastante cerca de él, presentando orgullosamente a su nieto a algunos de los feligreses.

"Ruth Anne, esta es la joven amiga del nieto del reverendo Pat", le informó la señora de Chico Desvergonzado Vernon a Dama Sombrero Naranja. "Lo has visto, ¿no? Un chico guapo, ¿no crees?" le preguntó a su amiga en voz alta mientras apilaba más galletas en mi plato de papel.

"¿Cuál es tu nombre, cariño?" Dama Sombrero Naranja, también conocida como Ruth Anne, me preguntó. Ella también, parecía alzar su voz innecesariamente.

"Bella", me las arreglé para decir, cubriendo mi boca mientras masticaba. Cuando me tuve que repetir varias veces para ser escuchada, fue cuando llegué a la conclusión de que estas dos señoras estaban ligeramente sordas.

"Oh, Franny, eso significa 'bonita' en italiano. ¿Lo sabías? Y ella es bonita", Ruth Anne trinó, un poco demasiado fuerte, captando la atención de la gente que estaba de pie alrededor de nosotros. Me sentí bastante observada junto a estas dos bienintencionadas, sin embargo, muy obviamente, con dificultades de audición, parlanchinas señoras, llamando la atención innecesariamente hacia mí y mi galleta. Quería deslizarme discretamente lejos, pero me habían arrinconado. Traté fuertemente de esconderme detrás del ala de mi sombrero.

"Feliz Pascua, señoras. Es agradable verlas", escuché a una voz decir. Volteé hacia arriba y vi a Carlisle saludando a Ruth Anne y a Franny con una amistosa sonrisa. Después de otorgarles una generosa cantidad de elogios por sus galletas, se las arregló para llevarme lejos del lugar ruidoso.

"Gracias", dije con una risa. "Estaba buscando una ruta de escape y casi me rendía".

"Ni lo menciones. Ruth y Franny son hermanas. Las conozco desde que era un niño. Siempre fueron ruidosas. Solo que ahora lo son más", explicó con una gran sonrisa.

"Gracias por invitarnos hoy, por cierto", dije, agradecida por la oportunidad de pasar más tiempo con sus padres y conocer a sus amigos.

"Oh, de nada. Me alegra que hayan podido venir. No tuvieron que cambiar ninguno de sus planes usuales para estar aquí, ¿o sí?" preguntó.

"No. Mi mamá y yo probablemente habríamos simplemente cenado nosotras solas en mi apartamento. Nosotras, uh, perdimos a papá el año pasado, así que las celebraciones…" revelé, encogiéndome de hombros. "Ya no tenemos planes 'usuales'", agregué torpemente.

"Lamento su pérdida, Bella. Edward no me lo mencionó—hace unas semanas, en el campo de prácticas", dijo, luciendo arrepentido al darse cuenta de que me había hecho sacar un tema triste.

"Gracias, Carlisle", repliqué. "Me alegra que Edward y tú se estén llevando tan bien", le dije, verdaderamente feliz por la amistad que se estaba formando entre ellos. "Realmente le gusta jugar golf los miércoles y la cena de Esme los domingos", dije.

"Estaría mintiendo si dijera que a mí no me gusta. Y, tengo que decirlo, te lo debo, Bella, en serio. No estoy seguro de que Edward estaría aquí sin tu ayuda", me dijo. Reconocí la expresión de sinceridad que había visto tantas veces en el rostro de Edward. Eso era suficiente recompense para mí.

"Solo hice lo que pude. Él necesitaba ayuda, y yo quería que fuera feliz", expliqué con una sonrisa. "No fue nada, en serio", traté de decir antes de que Carlisle me interrumpiera.

"No fue exactamente 'nada'", dijo, sonriéndome. "No si me lo preguntas. Y estoy verdaderamente seguro de que Edward está de acuerdo conmigo. Obviamente eres muy importante para él, y puedo ver por qué", agregó con una sonrisa.

Apreciaba los amables sentimientos de Carlisle, pero realmente no se sentía como si hubiera hecho mucho por Edward. Por supuesto, fue una experiencia verdaderamente emotiva el conocer a su abuela y todos los detalles de su pasado. Leer el diario de su madre fue bastante desgarrador, pero leería cientos de diarios si eso ayuda a aliviar el dolor que él sentía en su interior. Y más que eso, sufrir algo con él, e incluso por él, era infinitamente mejor que ser feliz sola.

La multitud de fieles empezó a dispersarse, y nos dirigimos a casa de Carlisle para una temprana cena de Pascua. Esme nos consintió con una lujosa cena, como siempre. La puerta de la casa del doctor Cullen estaba literalmente siempre abierta, y un constante flujo de vecinos y amigos pasaron a desear al 'Reverendo Pat,' 'Doc,' o 'Señora E' una Feliz Pascua. Justo como en la iglesia, le presentaron más gente a Edward.

Ahora tenía una cosa en claro: si era raro para él explicar quién era realmente, seguramente tampoco lo mostraba, y no creía que tuviera ninguna razón para sentirse mal. Esto era, después de todo, un pequeño pero unido grupo de personas que conocían a los Cullen desde hacía años. Era obvio cuánto les importaban y respetaban a la familia de Carlisle—tanto que la misma amabilidad y amistad se extendían a él.

Un especialmente alegre pensamiento cruzó por mi mente. Edward no solo tenía una familia: tenía una comunidad entera con la cual relacionarse, si es que quería. Él nunca más tendría que sentirse solo y sin un lugar al cual perteneciera.

Antes de notarlo, el día había terminado. Mi mamá, Edward y yo fuimos de regreso a Cambridge, con nuestros estómagos (y corazones) completamente llenos.

Temprano, a la mañana siguiente, me despedí largamente de mi madre antes de que Edward la llevara al aeropuerto en su camino a cumplir con su turno de treinta y seis horas. La vería de nuevo dentro de un mes en la graduación, lo que lo hizo bastante más fácil para las dos.

"Adiós, pequeña. Cuídate, ¿sí?" pidió antes de abrazarme una última vez.

"Adiós, mamá. Lo haré, lo prometo", contesté.

"Te amo", dijo, palmeando suavemente mi mejilla.

"Ya habíamos dicho los 'te amo'. Pero, también te amo. De nuevo", reí.

Agitando mi cabeza y riendo un poco más, no pude evitar pensar que mi madre se había vuelto un poco emo con la edad. Había pasado la mayor parte del fin de semana en su extraño estado de humor, y esperaba que se le pasara para la siguiente vez.

El siguiente par de días pasaron a velocidad de tortuga. Los largos turnos de Edward parecían interminables. Lo extrañaba y trataba de ocupar mi tiempo lo mejor que podía. Mirar el reloj durante las clases y ver DVD en mi laptop mientras estaba en casa no ayudaban, incluso aunque yo esperaba que lo hiciera.

Afortunadamente, el largo turno de Edward en el trabajo terminaba a la medianoche—más de dos días después de que hubiera iniciado. Cuando llamó a mi puerta, estaba apenas lo suficientemente despierta para abrirle la puerta y que él se deslizara conmigo en la cama, sin embargo, estaba feliz de al fin estuviera en casa. En el segundo en el que me acosté y me dio mi beso de buenas noches, caí dormida. Las últimas cosas que recuerdo antes de perderme en sueños, es a él estrujándome, lo que había extrañado, y una mano tocando mi pecho.

Me desperté a la mañana siguiente sintiéndome extrañamente… desestrujada. No había nadie en la cama aparte de mí, lo que era raro porque Edward nunca se levantaba antes que yo, especialmente si había tenido un turno largo y necesitaba descansar.

Me senté, mi cabello era un desorden de nudos, y tenía una expresión de duda en mi cara. Una rápida mirada a la habitación me confirmó que estaba sola.

"Esto es…raro", dije, a nadie en particular.

Balanceando mis piernas sobre el borde de la cama, traté de alejar el amargo sentimiento de vacío que tenía por despertarme sin alguien presionado contra mí y roncando en mi oreja. Echaba de menos esos brazos y piernas que me envolvían y mantenían a mi cuerpo cautivo, a pesar de que mi corazón siempre estaría cautivo dentro del suyo.

Entré al baño esperando que lavarme me hiciera olvidar el sentimiento. Después de enjugarme la cara y cepillar el desastre que era mi cabello, inspeccioné mi cara en el espejo

"Estás mal, Swan", me dije. "Lo amas tanto que duele no despertar a su lado", murmuré, declarando en voz alta lo que yo ya sabía.

Yendo hacia la cocina, mi corazón se hundió un poco cuando vi una nota pegada a la cafetera. Despegando cuidadosamente la cinta adhesiva que la sostenía en su lugar, acerqué la nota para poder leerla. Sentí una punzada de decepción porque creí que habían llamado a Edward del hospital, y una vez más tendríamos que pasar otra gigantesca cantidad de tiempo separados.

Ojos Cafés—me levanté temprano para hacerte desayuno, para variar. Sube cuando despiertes. Te amo, Edward

Tomé una profunda respiración y sonreí para mí. Esto era diferente. Pero un diferente bueno. Me sentí tan aliviada de tener a Edward para mí que llevé la nota de papel a mis labios. Pasé los dedos sobre los bordes y las líneas hechas por las hendiduras de los dedos presionando la pluma en el papel.

"Dios, te extraño", le dije a la nota en mi mano.

Corrí al apartamento de Edward tan rápido como pude, y sonreí cuando vi que su puerta estaba ligeramente abierta. Estaba esperándome. Él siempre me esperaba.

Entrando en su silencioso apartamento, vagué hasta la mesa y tomé asiento. Noté otra nota pegada enfrente de donde me había sentado, junto con la sección de crucigramas del periódico y un lápiz junto a mi tenedor.

Sírvete algunos hot cakes. No tardaré. Si quieres empieza el crucigrama, o espera. De todas formas, sabes que necesitarás mi ayuda con las respuestas.

"¡Ha!" jadeé para mí. Aún no estaba en la habitación y ya estaba debajo de mi piel. "Te mostraré eso de necesitar respuestas, Dr. McPantaloneslistillos", murmuré. Mi felicidad había sido ligeramente saboteada por algo de indignación.

Sirviéndome unos hot cakes del plato de cerámica que estaba en el centro de la mesa, los apilé y les eché miel antes de cortarlos en pequeños pedazos. Tomando el periódico, le di un brusco empujoncito para desplegarlo, y alterné entre mi crucigrama y mi desayuno.

La primera pista era casi demasiado fácil, y me di un golpecito de felicitación internamente cuando la respuesta vino a mí casi inmediatamente.

Misiva esencial para cualquier escritor con una beca exitosa.

Con mucho cuidado anoté la palabra PROPOSICIÓN en los once espacios predispuestos para esta.

"¿Cómo te quedó el ojo, Dr. 'Yo-Puedo-Resolver-un-Cubo-de-Rubik-en –Treinta-Segundos'? Puedo hacer esto sin tu ayuda", alardeé, sintiendo como se formaba una sonrisa de satisfacción en mi cara antes de comer un gran bocado.

La segunda pista también fue algo fácil. Edward era, francamente, era un poco demasiado ambicioso señalando que quizás le he pedido ayuda un puñado de veces, a lo sumo.

Boy Scouts y marineros hacen esto de manera experta.

Agitando mi cabeza, reí por como amaba convencerse a sí mismo de que no podía ni siquiera hacer un crucigrama sin su caballerosidad atendiendo la más pequeña de mis necesidades. No era una doncella con apuros del lenguaje.

Escribí las palabras ATAR(13) en el apropiado espacio.

"Estoy a punto de graduarme en Inglés en Harvard", dije, levantando la cabeza. Con un movimiento de mi brazo, puse más hot cakes en mi tenedor y lo llevé a mi boca.

Para cuando leí la tercera pisa, lo juro, quizás golpearía a Edward. No sabía por qué estaba tan irritada con él. Solo estaba molesta por cuán jodidamente fácil era ese crucigrama. Él debió haber leído las pistas cuando sacó la sección. Debió haberse dado cuenta que decirme que esperara para que me ayudara con algo como esto, sería un poco condescendiente de su parte.

Famosa viuda, música, y vocalista de Hole, casa de religión

"¡Perra, por favor!" murmuré, completamente decepcionada por la falta de cualquier tipo de desafío a mi ingenio.

CAPILLADELAMOR

"¡O sea, duh!" me quejé sarcásticamente. "Courtney Love…capilla del amor", dije, repetí lo que me había tomado diez segundos deducir.

Empecé a hacer un baile de felicidad en mi silla mientras las palabras Capilla del amor me recordaban una canción con el mismo nombre. Empecé a tararear la canción para mí mientras comía más hot cakes.

"Vamos a la capilla y nosotros vamos a…caaaa-aah-saaaaaar-nosss- …vamos a la capilla del amor," canté en voz alta, a pesar de que tenía la boca llena de comida.

"Vamos a la caaa…pilla…?" traté de cantar de nuevo, pero me detuve, mis palabras apagándose. Mi mandíbula se cayó ligeramente y acabé por quedarme completamente inmóvil, a pesar de que mi boca estaba a la mitad de masticar.

Aquí había un extraño patrón. Todas estas pistas tenían que ver con casarse y bodas. No era San Valentín. Ni siquiera estábamos cerca del día de San Valentín. ¿Por qué las pistas eran sobre casarse?

Ni siquiera hubiera estado segura del patrón de no haber sido por la siguiente pista.

Moverse en la dirección del tintineo de un metal, ¿quizás atender a una ceremonia nupcial?

'Tintineo de un metal' me hizo pensar en una campana, lo que era gracioso porque mi padre solía llamarme 'Bells'(campanas) cuando era niña. 'Moverse en la dirección' era la manera en español de decir 'toward'. Si te movías hacia una campana, ibas a bellward

Rápidamente garabateé la respuesta BELLWARD en el crucigrama, y mi corazón se saltó un latido o dos cuando miré las palabras que acababa de escribir.

Bella y Edward…bellward. Sospechaba que esta era una realmente loca coincidencia. Nuestros nombres formando una palabra. Bueno, podía admitir que era una palabra realmente rara, pero probablemente era real. Pensé que quizás debería conectarme y buscar por internet a las personas que hacían el juego de Scrabble, porque ellos parecían tener una idea realmente clara sobre qué palabras eran reales y cuáles no.

Tragué mis hot cakes (finalmente) con un largo, y duro trago, incluso cerré mis ojos para lograrlo. Tomando un gran trago de jugo de naranja, repentinamente deseé que alguien le hubiera echado, lo que borrachamente llamaba 'Gay Groose' vodka en él, como en la fiesta del trabajo de Edward. Recordé que fue la noche que le dije 'te amo' por primera vez. Incluso mejor, esa noche él también me había dicho que me amaba. Esa noche fue en la que creé uno de los recuerdos más felices de mi vida porque esa había sido la noche en que decidimos estar juntos. Mi vida…La vida de Bella…con la de Edward.

Bellward.

Repentinamente olvidé cuán enojada estaba y cuánto quería probar que podía resolver mis propios crucigramas. De hecho, estaba empezando a sentirme ligeramente ansiosa, pero de un modo casi eufórico. No estaba paniqueada, solo extremadamente…ni siquiera lo sabía.

Combina esta melodía, cuerpo aviario de agua, con el apellido de un conocido poeta del renacimiento de Harlem.

Melódico cuerpo de agua' era fácil. Era Swan Lake (lago de los cisnes). Cuando compartías apellido con alguien tan famoso, este se te quedaba en la memoria. También sabía que el poeta del renacimiento del Harlem podia ser solo una persona, ya que ya había descubierto que tenía que llevar un 'L' en la séptima casilla. Era el poeta Countee Cullen. Cuando puse los dos apellidos juntos, obtuve:

SWANCULLEN

Solo después de que escuché el sonoro chasquido del metal golpeando la cerámica, me di cuenta de que había dejado caer mi tenedor. Soltar mi tenedor fue probablemente lo mejor que pude haber hecho, había estado a punto de escribir la siguiente respuesta con él. Después de todo, un tenedor es un sustituto muy pobre para un lápiz, pensé con una risa nerviosa.

Supongo que debí haber andado por las nubes porque alguien se estaba aclarando su garganta, de nuevo. No vi quién era, todo lo que podía ver era las palabras de mi crucigrama a medida que se volvían borrosas. Un punto húmedo cayó en el periódico, y rápidamente lo limpié con mi manga.

"¿Ojos Cafés?" dijo Edward, volteando mi cara, con su mano en mi barbilla.

Ahí, en una rodilla, estaba mi Edward. En su palma estaba una pequeña, abierta caja de terciopelo con un anillo dentro.

"Estoy en pijama", balbuceé.

"Lo estás", dijo con una risa. "Aunque, esas son mis favoritas", me informó.

"¿Te gusta Hello Kitty?" dije, atónita mientras miraba mi pijama de Bad Badtz Maru.

"No", contestó, ladeando su cabeza y riendo entre dientes. "Me gustas tú dentro de ella",

"Oh", fue mi simple respuesta. "Tengo más ropa. Puedo cambiarme y regresar", ofrecí. Por alguna razón, estar en pijama y con mi cabello como un nido de ratas, y el sueño apenas desapareciendo de mis ojos parecía increíblemente inaceptable justo ahora. Sentía que debía estar vestida como Cenicienta o al menos estar usando rímel o algo.

"Bella", dijo. Eso captó mi atención. Edward casi nunca me decía Bella. "Necesito hacerte una pregunta", me dijo, poniendo cuidadosamente la cajita sobre la mesa y sacando el anillo.

"El crucigrama", dije, señalando el papel. Por alguna razón, mi cerebro sufría algún tipo de retraso. Normalmente, hubiera sido capaz de poner todas las piezas juntas por mi cuenta, pero ahora necesitaba un poco de ayuda para hacerlo.

"Está personalizado", respondió con una sonrisa que expresaba todas las clases de felicidad que brillaban por todo su rostro. Era justo como mi madre había dicho: como un niño en una tienda de dulces. "Lo mandé a hacer", agregó.

"¿Para mí?" pregunté, completamente ajena a las cosas que deberían ser un poco obvias.

"Para ti", confirmó, besando la palma de mi mano.

"¿Por qué?"

"Estoy tratando de llegar a ese punto, si tan solo me dejaras", se rió.

"¿Por qué estás arrodillado?" pregunté, esperando que recordara lo que le había dicho la noche de nuestra gran pelea afuera del edificio. No me gustaba cuando se arrodillaba.

"Es mi turno de hacer una pregunta, Ojos Cafés", me regañó gentilmente, antes de tomar mi mano con la suya.

"Bueno, pero, ¿puedo hacer solo una cosa?" pregunté rápidamente mientras me deslizaba fuera de mi silla. Edward suspiró e inclinó su cabeza. Estaba empezando a verse un poso exasperado. No levantó su mirada hasta que yo también estuve arrodillada, justo enfrente de él.

"De alguna manera sabía que no ibas a hacer esto fácil para mí", dijo con una risa mientras agitaba su cabeza. "Esto es por lo que quería sorprenderte. Esperaba que te quedaras aturdida y tranquila en tu silla por unos treinta segundos", bromeó. Al menos eso creía.

"Pero te dije que no te arrodillaras enfrente de mí, ¿no lo recuerdas?" pregunté. Edward simplemente me miró por un segundo y cerró sus ojos, como si estuviera tratando de tranquilizarse.

"¿Puedo, por favor, hacer mi pregunta ahora, Ojos Cafés?" preguntó con voz calmada, a pesar de que parecía que estaba tratando de hacerlo aunque no fuera fácil.

"No", dije. "¡Espera!" agregué rápidamente, desesperada por corregir mi respuesta que había sonado tan mal. "O sea, ¡aún no! ¿Tengo que regresarme a la silla?"

"No si realmente no quieres" respondió con un tono un tanto derrotado. Creo que mis payasadas neuróticas estaban poniendo a prueba su paciencia.

"Realmente no quiero. No es necesario. Lo prefiero de esta forma, pero puedo sentarme si…" divagué. Ahora estaba nerviosa y me sentía estúpida. Y lo amaba demasiado como para sentarme mientras él estaba arrodillado, por lo que no quería que se sentara en la silla.

"Bien", me cortó. "Por favor elige. Cuando estés lista, déjamelo saber. Yo solo estoy aquí, arrodillado, tratando de hacerte una pregunta formal", empezó a recitar. "No es como si este es un momento en la vida de un hombre que está marcado con él desde una edad muy temprana sea de una importancia increíble o algo", continuó, claramente bailando entre la verdaderamente delgada línea entre algo enojado y verdaderamente perturbado. Cerró sus ojos y pasó su mano por su cabello.

"¿Edward?" dije. Creo que era tiempo de que explicara algo antes de que se volviera loco.

"¿Hmm?"

"¿Puedo decirte por qué no me siento en la silla?" pregunté en voz baja. Asintió y esperó a que continuara. "Yo, uh…" comencé, sintiendo como mi acara se contraía y un nudo en la garganta. "No quiero sentarme en la silla contigo arrodillado enfrente de mí…porque no quiero mirar hacia abajo al hombre más valiente que conozco. Quiero mirarlo hacia arriba. Es todo lo que quería decir", confesé, limpiando mi húmeda mejilla con el dorso de mi mano.

"Gracias, Ojos Cafés", dijo antes de besar mis manos y acunar mi cara con sus palmas. "Gracias por decirme eso. Quiero ser un mejor hombre para ti. Espero que el hombre que soy ahora te haga feliz, porque es todo lo que quiero hacer—hacerte feliz", me dijo.

"Te amo, muchísimo", dije, abrazándolo tan fuerte como podía.

"Creo que te he amado desde antes de saberlo", confesó. "No hay nada más que quiera hacer más que pasar el resto de mi vida contigo",

"Yo también amaría hacer eso".

"¿Te casarías conmigo?" preguntó, luciendo inseguro pero también esperanzado. Vi al niño pequeño en su expresión, el mismo que me atrapó con la guardia baja el día que lo conocí. Al chico que era malo a pesar de sí mismo y que ahora solo quería mi amor y mi consentimiento.

"Sí, amor. Sí", contesté, sonriendo de oreja a oreja. Plantó besos por toda mi cara, primero prestándoles atención especial a mis húmedos ojos, y después llegando a mis labios. No entendí por qué de la nada me alejó.

"Debería hacer mi pregunta propiamente", explicó. Sostuvo mi mano izquierda mientras el hermoso anillo con el diamante descansaba entre su dedo pulgar y el índice.

"Quiero hacer una broma sobre si entiendes o no que con el matrimonio no habrá zorras nunca más, pero temo que te enojarás", confesé, tratando de suprimir una sonrisa.

"Ojos Cafés—¿me dejarás, por favor, proponerme adecuadamente?" me dijo, a pesar de que se estaba riendo.

"Lo siento, lo siento", ofrecí rápidamente. Esta vez, aclaré mi garganta, pero fue solo para calmarme y evitar decir bromas que rompieran la tensión. "Sigue", insistí.

"¿Me harás el honor de volverte mi esposa?" preguntó. Lo miré a los ojos mientras mi mente vagaba de regreso a los momentos importantes de los dos. Estaba la noche en que me sorprendió con un fuerte en nuestra primera cita 'real'. Después pensé en mi cumpleaños, donde los dos estábamos perfectamente estropeados, sabiendo qué queríamos físicamente, pero no lo que queríamos emocionalmente. Por supuesto que recordé nuestra primera vez juntos, donde los dos 'fingimos' hacer el amor, pero para nada estábamos fingiendo. Hubo veces en las que me ofreció confort y amabilidad, empatía y calidez. Me hacía sentir amada, deseada, protegida. Nunca hubo ningún acuerdo—solo estaban dos solitarias personas, predestinados a encontrar la felicidad en el otro. Edward me prometió 'más allá de feliz' la noche en que nos dijimos 'te amo' el uno al otro, y estaba cumpliendo esa promesa.

"Sí", dije con voz rasposa mientras me ahogaba de nuevo. "Acepto", extendí mi dedo anular mientras él cuidadosamente pasaba mi anillo más allá del segundo nudillo. Cubrí mi cara con mi otra mano porque no podía evitar las lágrimas de felicidad.

"No llanto. O desahogo. O como sea que vayas a llamarlo", insistió Edward, sonriéndome mientras limpiaba mis mejillas con una servilletas. Siempre sería un Llantolini, sin importar cuántas veces le dijera que no lo fuera.

"Okay, no llanto", estuve de acuerdo a medias, tratando de sofocar un sollozo. Ambos reímos por mi poco éxito conteniendo las lágrimas.

Levanté mi mano e inspeccioné el anillo antiguo con el diamante más hermoso que jamás haya visto. Dejé escapar un largo, soñador suspiro y sonreí para mí. Quizás estuviera en pijama, pero justo ahora me sentía como en un cuento de hadas…el torpe bookworm que se enamoró de una oveja disfrazada de lobo. Si duda una historia complicada, pero, al final de cuentas era mi 'felices por siempre'.

"¿Te gusta?" preguntó Edward vacilantemente, refiriéndose al anillo. "Es el que Carlisle quería darle a mi madre," explicó en voz baja.

"Lo amo, Edward. Es perfecto. De hecho, es mejor que perfecto", clarifiqué, recordando la palabra que utilicé para describirles a Alice y Rose nuestra primera vez Rose.

"¿Mejor que perfecto?" preguntó, envolviendo sus brazos alrededor de mí antes de que yo pusiera mi mano sobre su hombro.

" Es magi-fantasti-maravi-lloso," proclamé.


(1)Pierna de cordero cocinada. Platillo indio, me parece.

(2)Diamondbacks. Equipo de béisbol de Arizona.

(3)Grupo de humoristas británicos

(4)Ya saben, Batman

(5)Variedad de uva blanca

(6)Platillo indio

(7)deliciosa polla

(8)Diccionario en inglés de slang y esas cosas del diablo

(9)Es la frase de Pringles, las papas

(10)Ya lo he explicado, Bella decrépita, arrugada

(11)la pequeña muerte, se refiere al orgasmo.

(12)Lame Polla

Eso es todo por hoy, fueron muchas hojas(45), así que espero que les guste el cap. El siguiente capítulo es como la mitad de este, así que espero tardar menos.

Lamento si no contesté reviews, no he tenido mucho tiempo, pero leo cada uno y se los agradezco muchísimo.

Los invito a pasarse por mis otras traducciones.

Con cariño,

sparklinghaledecullen