Capitulo 3
-¡Sakura! ¿¡Sakura, te encuentras bien!? –Preguntó alarmada la joven estudiante administrativa.- ¡Por dios, responde!
-E…estoy bien, Tomoyo. –respondió la aludida de manera confusa-.
-Por dios Sakura, me diste un susto de muerte.
-Lo siento, es que… no sé qué me sucedió. Simplemente mi vista se nubló y ya no sabía ni siquiera donde estaba parada.
Contestó la joven aún tambaleante, pues acababa de desmayarse en plena calle.
-Creo, que lo mejor será que vayas a casa. Llamaré a Sebastian para que venga por ti, estás muy pálida. Es gracioso, pero me recuerda a cuando transformabas las cartas Clow en cartas Sakura. –agregó Tomoyo sin poder evitar contener una risita.
-Ni que lo digas. Incluso me siento así, tan débil. –reflexionó la joven de ojos verdes, aunque sin evitar esbozar una sonrisa. –Pero, no le hables a Sebastian sobre esto. Temo, que lo preocuparía y…no, lo mejor será no hablarle ahora. No te preocupes, todo estará bien. Sólo fue una descompensación.
La hermosa estudiante de ojos azules, que conocía a su amiga desde tanto tiempo atrás dudó.¿Acaso hay problemas con Sebastian? ¿Por qué ha estado tan "apagada" Sakura? ¿Será por la convivencia? Miles de preguntas surgían en su cabeza, sin embargo no creyó oportuno atacar a preguntas a su mejor amiga. Tomoyo sabía, que si algo pasaba Sakura se lo confiaría sin presiones. Además Sebastian también era buen amigo de ella, compartían todos sus cursos ya que ambos estudiaban en el área de Administración empresarial. Por supuesto, Tomoyo lo hacía para poder administrar correctamente el negocio de su madre en cuando fuera oportuno aunque si era sincera consigo misma, aquello no le hacía gran alusión.
-Esta bien, Sakura. –le respondió a su adorada amiga.- Pero por favor, si te sientes así no te esfuerces mucho.
-Claro, ¡haré lo que usted diga señorita Daidouji!
Tomoyo no pudo contener la risa, pero cuando estaba a punto de acotar algo su celular sonó y debió abandonar a su amiga, dejando a esta en un estado muy pensativo.
¿Qué será lo que me sucede? Se preguntaba a sí misma ¿Por qué últimamente me siento así, tan débil? Sólo me pasa desde que Sebastian y yo convivimos, sin embargo… sin embargo… Oh, por favor que tonterías piensas, Sakura. Se reprochó así misma por intentar asociar su debilidad con la llegada de su novio a su hogar. Todo esto es obra de Kero, que desde que Sebastian llegó el no hace más que decir que no le gusta "ese sujeto"
-Señorita, ¿se encuentra bien? –interrumpió un hombre mayor, con auténtica preocupación en su semblante.
-Oh, no se preocupe me encuentro perfectamente señor. Gracias por su preocupación.
-Me alegra saberlo, señorita Kinom…
-¿Disculpe? –preguntó una muy confundida Sakura, ¿acaso este hombre me conoce?-
-Mis disculpas señorita, mi avejentado cerebro casi la llama Kinomira. Es que ése es el nombre de mi asistente y justamente vengo de hablar con ella. –sonrió amablemente el galeno.
-No se preocupe, está bien.
-Bueno, con su permiso señorita.
La joven respondió con una sonrisa, mientras el alto hombre de cabello plateado y ojos marrones se alejaba maldiciéndose a sí mismo. Estúpido, soy un viejo estúpido, casi me delato de la forma más estúpida que puede haber. ¡Estúpido!
Ajeno a todo, una pequeña figura con la forma de un adorable muñeco de felpa, flotaba dando vueltas a la habitación de su dueña mientras su carita mostraba un semblante inquieto.
¿Qué es este poder tan…maligno? Lo peor es que se siente muy cerca, y me debilita día a día. Yue… si tan solo estuvieras aquí. Pensó con preocupación.
