Capitulo 4
Sombras oscuras danzaban por la habitación, el silencio y la oscuridad predominaban y aun así se podían vislumbrar fácilmente unas oscuras sombras danzando en la habitación del pequeño apartamento. Danzaban de forma enloquecida alrededor de una persona. Un hombre que recitaba conjuros ininteligibles a medida que grandes ondas de poder parecían emanar de él. La concentración reflejada en su rostro era tal, que cualquiera que lo viera no se atrevería a distorsionar la belleza de sus facciones llamando su atención. El cabello negro azulado del joven ondulaba notoriamente y parecía formar un haz de luz que rodeaba su cabeza. Sus ojos azules, descansaban detrás de sus pálidas pupilas mientras sus seductores y característicos labios seguían recitando sin cesar aquellos conjuros tan antiguos.
En ese preciso momento, un alto señor de aspecto senil ingresaba al apartamento sin hacer el menor ruido temiendo interrumpir la concentración de su señor. Sabía que él llevaría a cabo una importante misión para el cumplimiento de sus fines, y lo que menos deseaba era molestarlo. Así que avanzó con paso felino por el lugar, sin hacer el menor ruido, y se sentó con paciencia en el costoso sofá de su señor para esperar a que éste terminara con su conjuro.
Mientras tanto el joven de cabello azulado estaba en el punto máximo de su conjuro, intentando irrumpir en los sueños de su víctima. No podía evitar sonreír con satisfacción, pues lo había logrado.
La oscuridad reinaba allí, pero una luz débil se divisaba a lo lejos. Avanzó con paso solemne hasta encontrarse de frente con el origen de la misma, allí estaba la muchacha acurrucada en la oscuridad sin hacer otra cosa que lamentarse y llorar débilmente. Él se encontraba bajo la seguridad de una capucha, previniendo con ella que nada fuera de lo común ocurriera y su identidad fuera descubierta.
-Pequeña, debes rendirte.
-¿Rendirme? ¿Por qué? No quiero, no quiero perderlo. –sollozaba la joven
-Será lo mejor, confía en mí. Entrégame lo que quiero y nada peor le ocurrirá.
-Pero si lo hago, él…él morirá. ¡Y NO QUIERO, NO QUIERO QUE ESO PASE!
Al decir esto, la triste muchacha alzó su mirada la cual reflejaba un profundo dolor, intentó ver la cara de su acompañante pero lo único que logró fue ver la sombra de una sonrisa maliciosa oculta bajo una gran capucha. Sin embargo…
-Yo, creo que te conozco. ¿Quién eres? –le preguntó al encapuchado, y lo único que tuvo como respuesta fue el rompimiento de mil cristales que saltaron a su alrededor hiriendo su rostro, sus brazos y sus pies descalzos.
-BASTAAA. –gritaba en esos momentos una adorable joven de ojos verdes mientras se retorcía en su lecho.
-Sakuraa, Sakurita ¿qué pasa? –preguntó su guardián de ojos dorados, quién se había despertado con su adolorido grito.
-Nada Kero, fue solo un sueño…no es nada, ya lo olvidé.
-Sakura, ¿o habrá sido un sueño premonitorio?
-No lo creo. –le tranquilizó. –Dudo mucho que lo haya sido, de seguro solo fue un sueño sin sentido producto de mi tonta imaginación. Ahora vuelve a dormir que yo haré lo mismo.
El pequeño ser había dudado, pero ante la insistencia de su dueña no le había quedado más que ceder. Él no ignoraba que algo no andaba bien, tanto Sakura como él se sentía débiles desde hace días y eso quería decir que algo pasaba con Sakura y de seguro también con su magia. Lo mejor sería intentar hablar con Eriol, de seguro él sabría aconsejarlo y no sería necesario preocupar a Sakura, puesto que ella no se enteraría.
-¡DEMONIOS! –bufaba el joven de cabello azulado en ese instante, mientras se sentaba en su sillón predilecto en un apartamento no muy lejos del de Sakura. -¿Cómo pudo "reconocerme" a pesar de todo? Quizás su magia sigue siendo fuerte, aunque creería que eso es imposible si no la conociera tan bien.
