Capítulo 2

Cuando desperté, no estaba segura de donde estaba. No reconocía en absoluto aquel lugar por la oscuridad. Estaba tumbada en una especie de banco de piedra (muy incómodo, debería añadir) en una habitación que sólo podría escribirse como celda. Aunque no parecían los calabozos de la comisaría de Mystic Falls. No porque hubiera estado allí, sino porque simplemente parecía demasiado antiguo como para tratarse de una comisaría. Estaba un tanto inquieta, por no decir aterrada: ¿cómo había llegado aquí? Cuando me moví, oí un ruido tintineante que me puso los pelos de punta. Miré mis brazos y me quedé horrorizada al descubrir que estaba encadenada al banco. Las cadenas eran viejas y pesadas. No tenía ni idea de cómo no me había dado cuenta antes de su presencia, pues ahora eran lo único que veía con claridad.

Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando escuché un ruido fuera de la celda. Parecía que alguien se acercaba. Mi primer instinto fue llamar a ese alguien para pedir ayuda, pero… ¿y si ese alguien era quien me había traído aquí? Oí cómo alguien retiraba el cerrojo de una puerta que no había visto antes y que tenía pinta (como todo) de antigua. Era de madera y tenía a la altura de los ojos una ventanilla con unos barrotes que parecían de hierro. Intenté moverme, pero no quería que mi visitante fuera consciente de mi presencia y el tintineo de las cadenas no haría más que delatarme, así que permanecí completamente quieta y observando con los ojos entrecerrados quién era aquel extraño.

"Veo que estás despierta." Dijo una voz masculina, perteneciente a mi visitante. Era una voz fluida, melódica, pero con un deje frío que me ponía la carne de gallina. Noté cómo mi pulso de aceleraba. "Sí, definitivamente despierta." Dijo el hombre, como si… como si hubiera oído cómo se me aceleraba el pulso, pensé con un escalofrío. Él ladeó la cabeza, divirtiéndose mientras observaba mi reacción.

"¿Quién eres?" Conseguí susurrar.

"Ah, es cierto. ¡Qué falta de educación por mi parte!" Dijo él con una sonrisa. "Mi nombre es Stefan Salvatore y me voy a divertir mucho contigo." Dijo con voz cantarina. ¿Divertirse conmigo? ¿Qué demonios se supone que significa eso? Stefan interrumpió mis pensamientos "Ahora creo que te toca decirme cuál es tu nombre, ¿no?" Dijo sonriendo.

"Yo... yo… s-s-soy E-Elena." Conseguí decir temblando. Todo mi cuerpo parecía estar temblando como reacción a sus palabras.

"Así que Elena, ¿eh? Me esperaba otra cosa, pero en fin… Katherine siempre me sorprende. La pregunta es ¿cómo es posible?" Parecía absorto en sus pensamientos, apenas consciente de mi existencia. Yo no me atrevía a decir palabra alguna, pero mi mente ya estaba cavilando. ¿Katherine? ¿Quién diablos era Katherine y qué tenía que ver conmigo? Y, por favor ¿cómo era posible el qué? Él, mientras tanto, seguía con su monólogo: "Desde luego, no eres Katherine. Eres humana… Bueno, eso no importa mucho, ¿verdad, Elena?" Otro escalofrío recorrió mi columna. "Tú y yo nos vamos a divertir mucho." Otro escalofrío. "Levántate."

Intenté levantarme. Lo juro que lo intenté, pero no fui capaz. No tenía fuerzas. "Y-Y-Yo no puedo…" Al segundo estaba de pie, con Stefan sujetándome fuertemente los brazos. Ahora podía ver bien sus rasgos gracias a la tenue luz que había en el pasillo. Tenía la piel clara, pero no demasiado. Pelo castaño, ojos verdes, mandíbula prominente y unos labios curvados en una sonrisa malévola. Yo tenía los ojos abiertos como platos debido a la impresión y al terror. Cuando habló, lo hizo con apenas un susurro que hizo que se me helara la sangre de las venas.

"Una cosa que deberías saber," comenzó, "es que si te digo que hagas algo, lo haces. No importa lo que cueste. ¿Entendido?" Yo asentí, pues no me sentía capaz de articular palabra alguna. Su sonrisa se amplió y añadió: "Bien. Más cosas: si te hago una pregunta, contestas diciendo la verdad y hablando. ¿Entiendes?" Volví a asentir. "Perdona, no te oigo." Yo continué mirándolo. Tenía un nudo en la garganta que me impedía hablar. Sabía que tenía que decir un 'sí' o un 'entiendo', pero no podía. En ese mismo momento vi cómo sus ojos se oscurecían, aparecían venas oscuras y palpitantes bajo sus ojos y al abrir la boca reveló unos colmillos horriblemente largos. Me llevó unos segundos asimilar lo que estaba viendo y lo que significaba (por disparatado que pareciera): vampiro. Fue ahí cuando intenté escapar. Forcejeé con todas mis fuerzas, luchando por librarme de su férrea sujeción. Chillé, luché, pataleé, asesté puñetazos a diestro y siniestro; pero nada de esto sirvió para zafarme del monstruo que me sujetaba. En algún momento de mi lucha, mi espalda golpeó la pared. Las manos de Stefan a ambos lados de mi cara. Estaba acorralada.

Traté de seguir luchando pero era inútil. Era mucho más fuerte que yo con diferencia. Él continuaba observándome con los colmillos extendidos y expresión divertida. Lo estaba disfrutando como el que más.

Entonces fue cuando me mordió.

Ni si quiera lo vi venir. De repente él tenía sus colmillos en mi garganta y dolía. Tenía la impresión que cada milímetro cuadrado de mi cuerpo estaba siendo apuñalado con dagas ardiendo, como si me arrancaran las entrañas mientras todavía estaba consciente. Continué luchando, pero él bebía demasiado deprisa y la pérdida de sangre me debilitó en seguida. Se había acabado. Iba a morir. Lo tenía tan claro como que el Sol existía. Aquel iba a ser mi fin. Poco a poco y dolorosamente, me deslicé en la confortable oscuridad.