Capitulo 6
-¡Maldición Stuart! ¡Maldición, maldición, maldición!, ¿quién demonios era ese sujeto y qué hacía allí? ¡Se suponía que gracias al sello, todos los transeúntes se mantendrían alejados inconscientemente para que nada fuera de lo normal ocurriera y se llevara a cabo mi cometido!
-Señor, ¿el hechizo no funcionó?
-No seas idiota, deja de preguntar cosas obvias. ¿Crees que si hubiera funcionado estaría así de alterado?
-Lo siento señor, pero cálmese. Recuerde que al menos ha logrado sellarla con la maldición. Morirá en cuanto la maldición se complete, y con su muerte usted obtendrá su poder, el cual es tan fuerte que ha llegado superar a la mismísima reencarnación del gran Clow.
-Si, si, si. Ya sé todas esas estupideces, no necesito que me lo recuerdes todo el tiempo. ¡Recuerda tú lugar!
-Lo siento mi señor.
-A propósito, aún no me haz dicho qué es lo que hacías en mi apartamento ayer por la noche.
-Tenía la esperanza de verlo allí mi señor, llámelo una corazonada. Deseaba saber si había avances en la situación y bueno, con la visita de anoche pude comprobarlo por mí mismo. Por eso no quise molestarlo con mis preguntas.
-Está bien, Stuart. Ya no importa. Lo que ahora importa, es saber quién diablos era ese estúpido sujeto que intervino en mis planes. En cuanto lo sepa, no me detendré hasta hacerlo arrepentirse de haber intervenido. Y lo mejor por ahora, será recurrir al "plan B"
-Al parecer su muñeca izquierda ha sufrido una fractura que se recuperará en algunos meses. Debido al fuerte golpe que recibió todavía se encuentra inconsciente en la habitación. Sin embargo… -añadió un preocupado médico del Hospital central del Consejo de Magia Oriental en Japón. –ha sido maldecida señor, y temo que por una magia muy oscura. Su vida acabará pronto si no se deshace esta maldición.
-¿Pronto? ¿Qué tan pronto? Debe haber algo que se pueda hacer para deshacer esa maldición, ¿no?
-Puesto que la maldición parece ser reciente y probablemente provocada con el accidente, según lo que usted deduce. No podremos saberlo con exactitud.
-Parece ser una maldición regresiva, pero no sé con exactitud cómo afectan al maldito este tipo de conjuros. –reflexionó el joven chino con preocupación.
-Señor Li, al ser usted miembro y jefe de un clan tan reconocido como el suyo y además del hecho que se encuentra en una misión del Consejo. Demás esta decirle, que la biblioteca central del Consejo se encuentra a su entera disposición en caso de que desee investigar sobre lo sucedido con la jovencita. Es claro que lo que sucedió no ha sido una casualidad del destino o una coincidencia.
-Un buen amigo mío solía decirme con frecuencia que en la vida no existen las coincidencias, sólo existe lo inevitable; doctor.
-Sabias palabras. En fin, ¿conoce a la señorita o por lo menos sabe su nombre? Sería agradable para ella sentirse en un lugar seguro. Puesto que puede despertar en algún estado de shock.
-No, no lo sé. Aunque me gustaría estar con ella en caso de que despertara. Lo dudo pero…quizás me haya visto antes del accidente y me recuerde.
-Está bien joven Li, la enfermera ya ha terminado de enyesar el brazo de la muchacha y, como le dije, ella aún no despierta. Por favor, acompáñenme. Lo guiaré a la habitación donde se encuentra.
Tanta preocupación, y deseos de salvarla aún cuando no la conoce. Sin duda el señor Li, es un joven admirable. Pensaba el galeno mientras guiaba al chico en cuestión por los pasillos del gran hospital.
Mientras tanto, en la dirección del Hattori Tokyo Institute, una muy preocupada Tomoyo se reunía con la secretaria del director del reconocido instituto.
-En efecto señorita Daidouji, los superiores de segundo año nos informan que la señorita Kinomoto, hoy no ha asistido a clases y tampoco se ha reportado enferma.
-Esta bien, señorita Hanajima. Muchas gracias por la información y lamento si le causé algún contratiempo.
-No es molestia señorita y por favor envíele saludos a su madre de mi parte. –había sonreído la dulce secretaria que conocía personalmente a Sonomi, debido a los contactos de su madre.
-Lo haré con gusto, Hanajima.
Dicho esto, la joven de ojos azules se marchó de la oficina con absoluta preocupación reflejada en su rostro. ¿Qué pudo haberle ocurrido a Sakura? Se decía. Ella no suele faltar a sus clases a no ser que se reporte enferma o por motivos personales, de los cuales siempre me informa. Además la llamo a su teléfono y no contesta, y por si fuera poco Sebastian tampoco ha asistido a clases. Espero que no les haya sucedido nada malo, pero lo mejor será ir a la casa de Sakura para ver como está.
