Capítulo 4

3ª persona.

Stefan subió las escaleras del sótano. ¿Cómo era posible que aquella pequeña humana fuera la viva imagen de Katherine? ¿Cómo?

145 años habían pasado desde que ella murió. 145 años de sufrimiento, pensando que por su culpa el amor de su existencia había muerto; consumiéndose por su recuerdo, observando aquella fotografía antigua, como si pensara que por el mero hecho de observarla intensamente durante un cierto periodo de tiempo ella fuera a aparecer de la nada. Bueno, pues aquello era lo que había ocurrido… más o menos.

¿Y si aquella humana encerrada en la celda de su sótano era Katherine? No, aquello era imposible. Pero… ¿y si había encontrado la manera de volverse humana y solo estaba jugando con él? Katherine conocía a muchas brujas. Quién sabe si alguna de ellas había descubierto la fórmula para invertir el proceso de aquella condena eterna. Pero aquello tampoco era posible, no solo porque era imposible que un vampiro volviera a convertirse en humano, sino porque a Katherine le encantaba ser un vampiro, un monstruo de la oscuridad, la velocidad, la fuerza, la caza, la sangre, la manipulación de los pensamientos humanos… Katherine era la definición de un auténtico vampiro. A ella no le gustaría volver a ser débil y humana. Por eso y por muchas cosas más, aquella niña del sótano no era Katherine. Pero una cosa estaba clara. Aquella niña le recordaba demasiado a Katherine. Por eso la odiaba. Por eso quería castigarla. E iba a disfrutar de lo lindo haciéndolo. Con una sonrisa malévola salió por la puerta para ir a cazar… humanos, por supuesto. Había apagado el interruptor cuando posó los ojos en la humana inconsciente de su sótano por primera vez.


Damon entró en la casa de huéspedes por primera vez en… muchos, muchos años. Todo seguía prácticamente igual, excepto por la instalación eléctrica, la televisión y otros avances de la época.

Le bastó prestar un poco de atención a la casa para saber que Stefan no se encontraba allí. Sin embargo había estado allí recientemente. Aún podía olerlo por toda la casa. Mientras inspeccionaba el salón con algo de nostalgia, un brillo metálico llamó su atención. Un iPod. Entrecerró los ojos. Stefan… siempre intentando integrarse. Se preguntaba si escucharía a Taylor Swift. Con un poco de curiosidad, conectó el iPod a unos altavoces cercanos y subió el volumen. Se sorprendió al escuchar a un grupo de rock que según el aparato se llamaba The Pretty Reckless y que ahora tocaba una canción llamada "Make Me Wanna Die". ¿Todavía seguía Stefan con ese horrible look grunge? ¿En serio? La última vez que lo había visto parecía casi normal…

"Bah" pensó, "¿qué importa lo que San Stefan haga?" Como si le daba por ponerse retro y volver a los sesenta, con sus hippies, sus porros y su amor libre. Eso fue lo único bueno de los sesenta: el amor libre. Significaba sexo y sangre asegurados y sin prejuicios.

Y hablando de sangre, eso era justo lo que necesitaba en ese momento, sangre. Dudaba que su hermano tuviera bolsas de sangre en el frigorífico o en el sótano, pero decidió inspeccionar por si acaso.

Taste me, drink my soul

Show me all the things that I shouldn't know…

La canción, desde luego era oscura, no del tipo que le pegaba a Steffy. Lo cierto era que la canción empezaba a gustarle. Puede que… Un sonido interrumpió sus pensamientos.

"You make me wanna die; I'll never be good enough… You make me wanna die"

Parecía que alguien estaba tarareando la canción. Y venía de la celda que estaba en el sótano. Curioso, se dirigió a la celda para descubrir que había alguien dentro. Una chica. ¿Qué diablos hacía una chica encerrada en el sótano? Con cuidado corrió el cerrojo y abrió la puerta. La chica fingía estar dormida, pero era imposible creérselo debido a su acelerado pulso y al olor de la adrenalina por toda la celda. Era evidente que tenía miedo. ¿Era posible que Stefan hubiera secuestrado a aquella chiquilla para…? ¿Para qué? Un vistazo más a la chica le bastó para ver que estaba… encadenada. Aquello cada vez tenía menos sentido.

Poco a poco, Damon fue acercándose a la chica. Se agachó y le retiró los mechones de pelo que cubrían su rostro. Katherine. No, no. Aquello no era posible. "Pero, ¿qué…?" fue todo lo que logró decir. ¿Desde cuándo el mundo era tan cruel? ¿Cómo era posible que aquella chica fuera la imagen exacta de la mujer que amó, y todavía amaba, hacía 145 años? Decidió que no era momento de hacerse esas preguntas y decidió atender a la pobre cría que tenía a sus pies.

Con las puntas de los dedos, Damon le acarició el rostro. Aquel gesto lo único que causó fue que la chica cerrara los ojos con más fuerza, mientras las lágrimas se escapaban de sus párpados. "Sé que estás despierta". Se limitó a decir Damon, ahora en un tono más controlado. Con aquello sus ojos se abrieron de golpe. Al principio parecía sorprendida, luego aliviada y después recelosa.

"¿Y Stefan?" Consiguió preguntar con voz débil.

"Se ha ido". Dijo él con voz suave, "volverá en un rato".

"¿Y tú quién eres?"

"Damon Salvatore para servirte".

Ella entrecerró los ojos y lo miró con recelo mientras su pulso se aceleraba.

"¿También eres… ya sabes… un vampiro?" La voz se le quebró al pronunciar la última palabra.

"En vez de hablar, ¿por qué no te saco de aquí?" Dijo él cambiando de tema.

"¿Podrías?" Dijo ella con sus enormes ojos marrones llenos de esperanza abiertos como platos.

"Por supuesto" Dijo él con una sonrisa. Se levantó y se puso a trabajar con las cadenas. En unos segundos, ella estaba liberada y él la estaba cogiendo en brazos, pues ella no podía caminar.

Una vez arriba, Damon la depositó cuidadosamente encima del sofá. "Todavía no me has dicho tu nombre". Susurró él.

Ella sonrió débilmente. "Soy Elena Gilbert".

"Muy bien, Elena Gilbert, ¿tienes hambre?" En ese momento, su estómago rugió en respuesta. Damon se limitó a esbozar una sonrisilla. "No era necesario ponerse así". Elena rio un poco. "¿Qué te apetece?"

"Me conformo con cualquier cosa que se pueda comer". Respondió ella.

"Hmm… miraré si tenemos algo de eso, pero lo dudo seriamente". Rápidamente se levantó y se dirigió a la cocina, pero no había absolutamente nada para cocinar. Era extraño, San Stefan siempre compraba comida y hacía todo lo posible para integrarse entre los humanos. 'Ya, igual de extraño que mantener encerrada en el sótano de casa a la réplica de la mujer que amaste hace 145, ¿no?' dijo una voz en su cabeza. Bueno, aquello no importaba. Damon trató de centrarse en lo que le concernía ahora. Comida. La necesitaba para Elena. Y no había. "¡No hay comida!" Gritó a Elena, "¿quieres pedir una pizza o salir a comer algo fuera?"

Hubo un momento de silencio hasta que Elena respondió.

"Creo que prefiero que encargues una pizza"

"¿De qué la quieres?". Preguntó Damon mientras volvía al salón.

Elena dudó. "Hmm… no sé. ¿De qué te gusta a ti?"

Damon le lanzó una mirada que claramente decía '¿en serio?' "Tú eres la que se muere de hambre, no yo. Tú decides"

"Sí, ya, bueno… entonces… atún, bacon y queso con extra de queso. Si te parece bien". Añadió tímidamente. Damon se derritió por dentro.

"Claro". Dijo con una sonrisa para inspirarle confianza. Sacó su móvil del bolsillo y se dispuso a llamar a una pizzería. Una vez encargada, todo quedó en silencio. De repente a Damon se le ocurrió que Stefan podría volver a casa y sería mejor mantener a Elena escondida de él. Lo mejor sería que estuviera fuera de la casa de huéspedes, pero claramente estaba demasiado débil para salir. "Esto, Elena…" comenzó, "creo que sería mejor si subieras a mi habitación. Ya sabes, por si vuelve Stefan". La sola mención de su hermano hizo que sus ojos se abrieran del miedo. Ella se limitó a asentir e intentó levantarse por sí misma demasiado rápido, lo que hizo que perdiera el equilibrio y que se cayera. Pero Damon, gracias a sus rápidos reflejos, la sujetó justo antes de que su cuerpo golpeara el suelo. Se quedaron así durante unos segundos, hasta que Elena recuperó el aliento.

"Gracias". Consiguió decir.

"Si quieres puedo volver a llevarte en brazos". Dijo él en tono sugerente.

Ella intentó zafarse de él.

"Creo que podré ir por mí misma". Esta vez, Damon le permitió incorporarse, aunque mantuvo un brazo en su cintura, sólo por si acaso.

Con cuidado, Damon condujo a Elena por la enorme mansión hacia su dormitorio. Si Elena no hubiera estado tan débil, hubiera admirado un poco más la grandeza de aquel lugar.

El dormitorio de Damon era, como todo en aquella casa, enorme. Tenía una cama (enorme) de matrimonio en el medio, libros, cuadros, una televisión plana colgada de la pared de madera y un enorme cuarto de baño anexo a la habitación. "Wow". Fue todo lo que Elena pudo decir.

"Si quieres, puedes tomarte una ducha o un baño. Yo estaré abajo hasta que acabes, ¿vale?"

Elena receló un poco. El cuarto de baño carecía de puerta, por lo que si Damon decidía entrar, nada le impediría verla desnuda. Por otra parte, no tenía más opciones; además necesitaba una ducha después de Dios sabe cuánto tiempo en aquella celda. "De acuerdo". Terminó diciendo, "confío en ti".

Damon se quedó sorprendido y, durante un segundo de más se quedó allí plantado sin decir nada, mirándola. Luego, bruscamente, se dio la vuelta y desapareció por la puerta. Durante todo el tiempo que Elena estuvo en la ducha, él concentró todos sus esfuerzos en no pensar si quiera en la chica desnuda que ahora mismo estaba en su habitación.