Nota de la autora: Bueno, aquí estoy. No sé si os va a gustar el capitulo. La verdad es que no ha sido muy interesante de escribir. Creo que el siguiente será mucho mejor. Espero poder subir la semana que viene, pero no sé. Estoy castigada sin ordenador... :S

Otra cosa que quería decir antes de que se me olvidara: ¿Os acordáis de la fic basada en los libros de la que os hablé? Bueno, pues ya la he subido, para los que no se habían enterado. Se llama 'No te dejaré caer' y repito: es un oneshot con posibilidad de más capítulos, siempre que consiga reviews suficientes ;)

Bueno, pues sin más dilación, os dejo con el capítulo, que cada vez me enrollo más lol. Graciaas y dejad review. :D Rebeku95

Capítulo 8

Punto de vista de Elena:

"¿Por qué te preocupas tanto por mi seguridad?" No conseguía entenderlo. Vale. Yo había estado encadenada en una celda en su casa. Vale. Él me había salvado de su hermano. Pero, aparte de eso (que no es que fuera poco), Damon y yo éramos completos desconocidos. Lo único que me vinculaba remotamente a él era mi similitud a la vampira que había transformado a él y a su hermano en 1864 y a la que Damon amaba (estaba segura de que él la seguía queriendo). ¿Por eso era por lo que se preocupaba tanto por mí?

Observé atentamente a Damon. Era evidente que lo había pillado totalmente desprevenido. Estaba totalmente petrificado. Sus hermosos ojos azules estaban fijos en mi rostro, pero en realidad no me miraba. Parecía perdido en sus propios pensamientos. Casi había perdido la esperanza cuando habló:

"Tu tía está despierta."

Tardé un momento en procesar su respuesta. No tenía muchas esperanzas de que me diera una respuesta llena de sentimientps, pero tampoco esperaba que eludiera el tema de aquel modo. De hecho, estaba tan concentrada en mi pregunta que prácticamente me había olvidado de que Jenna estaba en el salón.

Lo miré por última vez. Él seguía pensativo, mirando al frente, donde yo me encontraba hacía meros segundos. Volvió la cabeza cuando notó mi mirada. Cuando nuestros ojos se encontraron, pude ver que él estaba tan confuso por su actitud como yo, o eso me pareció ver. Y entre toda aquella confusión, me pareció distinguir un brillo de respeto, pero no estaba completamente segura. Creo que Damon es la clase de persona con la que nunca puedes estar seguro de algo.

Me dirigí al salón para ver a Jenna incorporándose lentamente del sofá.

"¿Tía Jenna?" Pregunté suavamente.

"¿Qué...?" Jenna giró la cabeza en todas direcciones hasta que me vio de pie a la entrada del salón. De nuevo, su rostro palideció, pero ahora el terror que había anoche, había sido remplazado por confusión, "¿Elena? Pero... debo estar alucinando otra vez porque tú estás muerta."

"No, tía Jenna, no estás alucinando. Soy yo de verdad. Y anoche tampoco estabas alucinando. Ese chico te mintió. No estoy muerta." Dije mientras me acercaba poco a poco al sofá.

"No, pero no es sólo anoche. Desde que has muerto, has venido todos los días para decirme que tu muerte es culpa mía, me echabas en cara que Jeremy se hubiera metido en las drogas y que soy una mala tutora y... y... todo es verdad, todo esto es... es mi culpa..." Ahora Jenna estaba llorando. Yo la abracé y ella sollozó en mi hombro.

"Shhh... Todo va a estar bien. Sabes que eso no es verdad. Eres la mejor tutora que podríamos desear." Continué susurrándole cosas para calmarla. Entonces vi a Damon dirigiéndose a la puerta de entrada. "¿Adónde vas?" No me dejaría ahora sola después del discursito sobre mi protección, ¿verdad? A lo mejor había cambiado de idea. A lo mejor mi pregunta le había hecho darse cuenta de que, en realidad, no tenía por qué protegerme.

"Sólo voy a daros un poco de intimidad." Me guiñó un ojo al detectar mi preocupación. "No te preocupes. Estaré en el porche."

Una ola de alivio me recorrió mientras asentía levemente en su dirección y volví a centrar mi atención en Jenna, quien parecía ahora más calmada, aunque seguía susurrando cosas como:

"Te echo muchísimo de menos, Elena... Esto sin ti no es igual... Ojalá pudieras volver..."

"Tía Jenna," dije seria, "esto es real. Estoy aquí. He vuelto. ¿No me ves? ¿No me oyes? Estoy aquí y no pienso irme, ¿de acuerdo?"

Jenna asintió, como si simplemente quisiera darme la razón para no enfadarme, pero sin terminárselo de creer totalmente. ¿Acaso esa cosa que hacen los vampiros es tan poderosa? ¿Acaso mi tía cada vez que me viera, vería a un fantasma? ¿Acaso pensaría ella que estaba loca por tener aquellas 'alucinaciones'? No. Aquella no era la pregunta correcta. ¿Acaso yo la estaba volviendo loca ahora mismo? Pero ella decía que ayer no era la primera vez que me veía. ¿Es que había alguna otra doble mía por ahí? A lo mejor era Katherine. No. Damon dijo que Katherine estaba muerta, o al menos lo insinuó.

"Jenna, ¿cuándo dices que me viste antes de ayer?"

"Todos los días desde que muriste, cuando dormía. Te me aparecías en sueños, diciendo que todo esto es mi culpa."

"Pero eso eran sueños, Jenna. No eran reales, pero esto sí. Esto," dije mientras le daba un ligero apretón en la mano, "es real."

Ella volvió a asentir, pero seguía sin creerselo. Creí que era mejor contarle lo que había ocurrido estos días. Respiré profundamente y me dispuse a contarle el corto, pero inolvidable infierno que había vivido.

3ª persona:

"¿Y qué te trae por aquí?" Preguntó Damon casualmente cerrando la puerta tras de sí.

"No finjas que no lo sabes, Damon." Dijo Stefan sonriendo. "He venido a buscar lo que es mío." La sonrisa desapareció.

"¿Lo que es tuyo? ¿Qué pasa? ¿Uno de los conejitos que perseguías entró aquí en un desesperado intento por sobrevivir?" Replicó Damon sarcásticamente.

"Damon, no estoy para tus juegos. ¿Dónde está?"

Conforme pasaba el tiempo, Stefan se enfadaba todavía más. Si Damon pulsaba las teclas un poco más perdería el control. Aquello no era normal en Stefan. Stefan no se enfadaba. Podía poner su expresión indignada, poner los ojos en blanco, pero nunca enfadarse. Stefan sólo se enfadaba cuando... La comprensión golpeó a Damon. Stefan volvía a beber sangre humana (en serio). Elena no había sido la única a la que havía mordido, sino que volvía a ser como en los años veinte... Stefan descontrolado por la sed de sangre, son saber lo que hace o deja de hacer. Aun así, Damon estaba convencido de que si Stefan atacara, Damon podría con él fácilmente: mientras que él llevaba 145 años a base de sangre humana, Stefan sólo llevaría una semana o dos como mucho, así que decidió seguir pulsando teclitas.

"¿Quién?" Preguntó finalmente.

"¡Maldia sea, Damon!" Gritó Stefan. "¡Ya sabes a quién me refiero! ¡A la doble de Katherine!"

"Ah, ¿Elena Gilbert, quieres decir? Pues la encantadora Elena no está aquí ahora mismo. ¿Quieres que le dé un mensaje de tu parte?"

"Damon, no me mientas." Repuso Stefan amenazadoramente. "He sido invitado a esta casa. Puedo entrar cuando quiera." Añadió acercándose poco a poco a Damon. Éste no flaqueó.

"Ya, pero tienes un problema: yo no voy a dejarte entrar."

Ante eso, Stefan se echó hacia atrás con una sonrisa en los labios y un brillo divertido en los ojos. "En ese caso, supongo que debería irme, ¿no?" Dijo levantando las manos a modo de rendición y dándose la vuelta para irse.

No había dado dos pasos cuando se paró para mirar a Damon. "¿Sabes, hermano? Ahora que lo pienso, tú debes de estar tan enfadado con Katherine como yo. Al fin y al cabo, por su culpa tienes esta vida, igual que yo."

Damon entrecerró los ojos ante eso. "Creo que ambos sabemos que eso no es cierto. Si fuera el caso, a quien tendría que matar es a ti. De todas formas, ¿qué tiene eso que ver con Elena?"

"¿No te das cuenta?" Dijo Stefan volviendo sobre sus pasos. "¡Esa chica es nuestra oportunidad de desquitarnos, de vengarnos de Katherine!"

"¿Cómo? ¿Dejándola medio muerta cada dos días por turnos?"

"Convirtiéndola en Katherine. Sería como en 1864 otra vez, incluso podríamos transformarla cuando nos cansáramos de ella. Vamos, Damon, podemos recuperar lo que teníamos, volver a ser hermanos."

Damon pareció pensárselo un momento y luego dijo:

"Me tientas, Stefan, de verdad, pero ya tengo mis propios planes respecto a Elena y te advierto que no me gusta compartir."

Stefan lo miró entre divertido y decepcionadom pero no dijo nada al respecto. "Tú piénsatelo. Tienes 24 horas." Y con eso, Stefan se dio la vuelta para marcharse.

En ese momento, la puerta volvió a abrirse.

"Damon, si quieres, ya puedes..." Elena se paró en mitad de la frase al ver quién acompañaba a Damon en el porche. Sus ojos se abrieron por el terror mientras que su respiración se había quedado atascada en la garganta y su pulso se aceleraba.

"Hola, Elena." Dijo Stefan. "Perdona que no pueda quedarme más tiempo, pero debería irme. Nos vemos pronto." Dijo con una sonrisa malévola mientras caminaba de vuelta a su antiguo Porsche rojo.

Elena seguía en estado de shock. El mero hecho de volver haber visto a Stefan era aterrador ya de por sí, pero el hecho de que no la hubiera atacado o que le hubiera dedicado unas palabras 'amables', la sorprendía al mismo tiempo que la inquietaba y la aterrorizaba todavía más.

"¿Qué..?" Comenzó a decir, pero se le quebró la voz.

"Entra." Dijo Damon. Como Elena no se movía, Damon la empujó suavemente adentro. "Ya." Ella no opuso resistencia.

Una vez dentro, Damon condujo a Elena hacia la cocina de nuevo.

"Elena." Susurró Damon. "¡Elena!" Repitió un poco más alto y chasqueando los dedos frente a sus ojos.

Elena sólo susurraba incoherencias. "Ese... ese... e... Stefa... era Stefan." Cuando Elena se oyó diciéndolo en alto, fue como si se acabara de dar cuenta de lo que había pasado. Su respiración se aceleró y su pulso de disparó tanto que Damon temió que fuera a darle una taquicardia. Cuando Elena parecía a punto de gritar, Damon dijo:

"Elena. Elena, mírame." Él posó un dedo en su barbilla obligándola a mirarle. "Vas a estar bien, ¿vale? Yo estoy aquí y no voy a dejar que te pase nada, ¿de acuerdo? Conmigo estás a salvo." Elena asintió levemente.

"¿Por qué estabas hablando con él?" Preguntó en un susurro.

"Él había venido a por ti." Al contrario de lo que él esperaba, Elena no pareció afectada. "También me comentó lo que planeaba hacer. Quería que me uniera a él."

Esta vez, la expresión de Elena, cambió. "¿Vas a aceptar?" Preguntó con el miedo impregnado en la voz.

"¡No!" Damon puso cara de ofendido. "Pero me ha dado un 'tiempo para que me lo piense'."

"Oh. ¿Y de cuánto tiempo estaríamos hablando?"

"24 horas."

Elena asintió levemente. De repente, su expresión fue de total arrepentimiento. "Dios, por un momento, cuando os vi fuera en el porche, pensé que lo habíais planeado todo y... Dios, lo siento mucho." Elena comenzó a sollozar levemente. "Seguramente me odiarás ahora mismo." Dejó escapar una risa sin trazas de alegría en ella.

Damon le dedicó una sonrisa comprensiva. "Anda, ven aquí." Dijo él mientras la rodeaba con sus brazos y posaba la barbilla sobre su cabeza. Elena simplemente enterró el rostro en su pecho y se permitió relajarse sólo un poquito.

"Gracias." Dijo Elena después de unos minutos de confortable silencio. "Por todo."

Él sonrió levemente y dijo: "Cuando quieras, princesa."