N.A.: Lo siento, lo siento, LO SIENTOOO. De verdad, que lo siento muchísimo por no haber podido subir nada, pero estos días han sido estresantes, no, lo siguiente: exámenes, padres, enfermedad, instituto en general... más exámenes. Bueno, menos mal que ya he terminado los exámenes y estoy algo más relajada. Intenté escribir el capítulo, pero no tuve tiempo hasta este fin de semana. He sido rápida en escribirlo, ¿eh? y además es el capítulo más largo de todos los escritos hasta ahora. Lo terminé el domingo, pero por problemas técnicos no he podido publicarlo. xD

Aunque no os creáis que mi cabecita ha parado de funcionar en estos quince días. Además de tener una cierta idea de cómo sería el capítulo 9, se me ha ocurrido una nueva historia. Así que por supuesto, necesito vuestra opinión para decidirme a escribirla o no. Sería un AU, porque los padres de Elena seguirían vivos. La cosa sería esta: Elena se despierta convertida en vampira por un vampiro anónimo (no es ninguno de los Salvatore). Ella se siente confusa y desorientada en un mundo completamente nuevo (muy al estilo Caroline cuando se transformó) y entonces conoce a Damon, que está en Mystic Falls para lo que todos sabemos, y bueno, eso se convierte en una especie de fiesta al estilo Sexo, Drogas y Rock And Roll. Bueno, ¿qué os parece?

Bueno no os entretengo más. Dejad review. Besos! Rebeku95.

Capítulo 9

Punto de vista de Elena:

Después de la visita de Stefan, me encontraba en una especie de estado catatónico en el que actuaba de forma automática. No me sentía tranquila, pero tampoco estaba demasiado preocupada. Era como si todas mis preocupaciones y temores se escondieran tras una coraza que no sabía cuándo abriría.

"Tu tía ya está dormida después de darse cuenta de que todo esto ha sido un broma un tanto retorcida de sus sobrinos. No te preocupes, no se lo ha tomado muy mal. Lo único es… tanto tú como Jeremy estáis castigados sin salir dos semanas…" Se encogió de hombros como para quitarle importancia. Yo seguía sin comprender cómo hacía aquello. Me resultaba fascinante cómo podía manipular la mente humana tan bien.

Aquella tarde, después de que Damon me calmara tras la visita de Stefan, él y yo habíamos trabajado en cómo retirar la… ¿cómo la había llamado él? Compulsión, sí, cómo retirar la compulsión de Jenna para que no creyera que soy una alucinación cada vez que me viera. Habíamos trabajado en la idea de la broma de Jeremy y mía en la que también había participado un 'amigo' de Jeremy. También le había pedido a Damon que le hiciera olvidar la historia que le había contado a Jenna por la mañana. Al fin y al cabo, Jenna no se creyó la historia y tampoco quería que estuviera involucrada en todo este lío digno de la serie Sobrenatural. De hecho, sólo faltaba que los hermanos Winchester aparecieran por mi puerta con una estaca en la mano…

Damon se sentó a mi lado en el sofá. Parecía exhausto mientras cerraba los ojos y echaba la cabeza hacia atrás. Por un momento, parecía estar dormido. ¿Los vampiros podían dormir?

"¿Estás bien?" Pregunté mientras me giraba en el sofá para encararlo.

"Sí. La compulsión de Stefan no era muy fuerte… él y su estúpida dieta de animales." Hizo una mueca de asco. "Pero sustituir todos los recuerdos de estos días por otros nuevos es un poco fatigador. Además, me ha dejado un tanto hambriento."

"¿Necesitas… sangre?" pregunté dubitativa.

"No, Elena. Necesito una ensalada." Abrió los ojos para dedicarme una mirada escéptica, que se transformó en una mirada divertida. "¿Por qué? ¿Te estás ofreciendo?" Preguntó al tiempo que se acercaba un poco a mí.

"Woah. Relaja." Dije mientras lo empujaba ligeramente hacia atrás. Sabía que, con mi fuerza, no podría impedirle que se acercara a mí (o que hiciera lo que quisiera conmigo, en definitiva), pero él me lo permitió de todos modos. "No me estaba ofreciendo, pero si necesitas… alimentarte, deberías hacerlo, porque, si sigues así; podrías herir a alguien."

"¡Qué mona!" Dijo él extendiendo la mano para acariciarme la punta de la nariz con su dedo índice. "Siempre preocupándose por los demás." Lo decía como si hubiera tenido una revelación, como si no se lo esperara. Yo simplemente me encogí de hombros y dejé correr el tema. "Pero tienes razón. Debería alimentarme. Podríamos pedir una pizza, ¿te apetece?"

Fruncí las cejas y le lancé una mirada confusa. ¿No decía que necesitaba sangre? ¿Para qué quería una estúpida pizza?

"¿Pizza?" Pregunté finalmente.

"Tienes razón. Hace veinticuatro horas que has comido pizza. Mejor llamamos al Grill para que nos traigan algo de comer."

"Esto… claro." No me apetecía cocinar, de todos modos. Todavía no sabía qué tenía aquello que ver con su… sed de sangre

Damon cogió su móvil y llamó al Grill (al parecer se sabía el número de memoria) y pidió algo de comer. (Yo no me enteré porque habló tan bajo que no sabía cómo la persona al otro lado de la línea lo había entendido).

Mientras esperábamos a que llegara la cena, yo comencé a poner la mesa con Damon ayudándome en silencio. Era algo agradable. Por primera vez en mucho tiempo me sentía… normal, si dejaba a un lado que un vampiro destripador quería que fuera la sustituta de la vampira que lo transformó a él y a su hermano, todo era bastante normal: yo poniendo la mesa con un… ¿amigo? ¿conocido? Lo que sea. Pues eso, poniendo la mesa para cenar y pasar una noche normal viendo la tele o haciendo cualquier otra cosa normal, ya me entendéis.

Cuando habían pasado unos cinco minutos, Jeremy entró en la cocina. Parecía que se iba. El pánico se apoderó de mí. ¿Y si Stefan lo cogía? Ya había hecho suficiente daño a mi tía. "¿Adónde vas?" Mi voz era un poco más alta por el temor.

"He quedado con una chica que he conocido en la biblioteca." Dijo él encogiéndose de hombros mientras abría la nevera para coger un refresco.

"¿Qué? No puedes salir. Si yo estoy castigada tú también."

"Sí, pero eso era para arreglar la cabeza de Jenna, yo no he hecho nada, así que me niego a quedarme encerrado en casa."

"Jeremy, por favor. Stefan podría ir a por ti. ¡No deberías salir!"

Jeremy me ignoró completamente y se dirigió hacia la puerta diciendo: "Ya, tus labios se mueven, pero yo no oigo nada." Y con eso, salió por la puerta sin dedicarme una segunda mirada. Yo me quedé de pie en medio de la cocina mirando fijamente a la puerta de entrada.

"Parece que a alguien le afecta demasiado la adolescencia." Oí decir a Damon detrás de mí. Me di la vuelta para mirarlo.

"Sí, bueno, desde que nuestros padres murieron hace unos meses ha estado así. Justo antes de que… de que Stefan me secuestrara descubrí que se ha metido en las drogas. Dios, seguro que va a ver a Vicky y a sus amigos, los colocados. 'En la biblioteca'… seguro. Me pregunto hace cuánto que no visita la biblioteca de Mystic Falls." Hubiera continuado gruñendo quejándome de mi hermano de no ser por Damon.

"Espera." Me interrumpió. "¿Dices que se ha metido en las drogas?"

"Sí. ¿Por qué?" Pregunté confusa.

"¿Qué tipo de drogas?" Preguntó él mientras se acercaba poco a poco a mí.

"Pues… el otro día encontré marihuana y unos cuantos antidepresivos. No sé qué más ha podido tomar… ¿Qué? ¿Qué pasa?" Damon estaba ahora a apenas unos centímetros de distancia de mí con una mirada divertida a la par que calculadora. Me preguntaba cómo conseguía mezclar emociones tan distintas en la misma mirada cautivadora.

Él se rio entre dientes, seguramente de la cara que había puesto. "Será mejor que le agradezcas a tu hermano que quiera evadirse de este mundo cruel utilizando compuestos químicos."

¿Qué? ¿En serio acababa de decir eso? ¿En serio? Mi hermano se está destrozando la vida, ¿y yo tengo que darle las gracias? ¿Acaso los vampiros podían colocarse? Porque habría jurado que el que estaba frente a mí lo estaba. Era la única explicación racional que se me ocurría a su declaración.

"¿Por qué diablos iba yo a…?" El sonido del timbre me interrumpió.

"La cena ya está aquí…" Canturreó Damon mientras se relamía los labios.

Yo, todavía, seguía sin entender cómo iba a solventar su… sed pidiendo comida a domicilio para mí. Se escapaba a mi entendimiento. Fue Damon quien se dirigió a abrir la puerta para revelar a Vicky Donovan, la hermana de mi ex-novio Matt. Al ver quien le abrió la puerta, Vicky mostró cierta decepción; obviamente esperaba que abriera Jer, pero esta fue rápidamente sustituida por una mirada felina y una sonrisa que intentaba ser seductora tan evidente que me hizo poner los ojos en blanco. Vicky Donovan no era conocida por su discreción ni por ser una estrecha, precisamente.

"¿Habéis pedido la cena?" Preguntó Vicky mordiéndose el labio mientras escaneaba el cuerpo de Damon con una mirada hambrienta. Una punzada de… ¿celos? No. No podían ser celos. Damon no era mi novio, y tampoco podía serlo. ¿Quién era acaso? ¿Bella Swan? Al final las cosas no acaban muy bien para ella: casi la matan a ella y a su familia en múltiples ocasiones y al final de la saga ella termina, de algún modo, muerta. Yo no quería eso. Yo quería una vida normal, tener un novio normal, ir a la universidad, casarme, tener hijos, nietos, envejecer y morir. Así es como se supone que son las cosas, y así es como deben continuar. Pero, aun así, no me gustaba la manera en que Vicky miraba a Damon. Aunque lo peor de todo es que Damon la invitó a entrar y le dedicó una sonrisa encantadora que pareció derretirla. Cuando entraron en la cocina, Vivky me dedicó una mirada desdeñosa y dejó las bolsas de comida sobre la encimera. Cuando terminó de ponerme verde en su cabeza, me dio la espalda para dirigirse a Damon. "Bueno ya está. ¿Puedo hacer algo más por ti?" Juraría que podía ver a Vicky guiñándole el ojo aunque estuviera de espaldas a mí… Y, de nuevo, Damon me sorprendió dedicándole una enorme sonrisa, pero esta era diferente a todas las que había visto. Esta era una sonrisa hambrienta, parecida a la de Vicky, pero la de Damon escondía algo más oscuro y amenazador. Mientras los ojos de Damon escaneaban el cuerpo de Vicky, me vino a la mente la imagen de un gato que ha conseguido atrapar a su presa. Se estaba acercando poco a poco a ella mientras decía:

"En realidad, sólo necesito una cosa más. Elena, tal vez deberías irte al salón."

¡¿Qué? ¿En serio se creía que iba a dejarle enrollarse con Vicky Donovan en mi casa? Vale, era oficial: Damon estaba colocado o algo así. Continué mirándolos incrédula durante al menos un minuto hasta que fui capaz de recuperar la voz. "Lo que queráis hacer, lo hacéis fuera de mi casa." Dije con la voz fría intentado no mostrar emoción.

"Por mí no hay problema. Podemos ir al porche." Dijo Damon como si aquello no fuera nada importante y encogiéndose de hombros. Agarró el brazo de Vicky y empezó a conducirla a la puerta de atrás.

Vicky, en cambio, no fue tan comprensiva:

"¿Qué? Yo no quiero ir al porche." Protestó mientras tiraba del brazo de Damon y me lanzaba a mí una mirada asesina.

Damon se paró para darse la vuelta y mirarla a los ojos. Cuando habló, sus pupilas se agrandaron y parecieron sumir a Vicky en una especie de trance. "Sí, sí que quieres." Dijo con voz calmada y fría. Entonces sus ojos volvieron a la normalidad y Vicky pareció volver en sí misma.

"Estoy pensando," Comenzó diciendo ella casualmente, "¿por qué no vamos al porche?" Era como si se la acabara de ocurrir la idea.

Damon sonrió e hizo esa cosa que hace con los ojos, arqueando brevemente las cejas mientras sonríe levemente. No sé, es difícil de describir, pero Vicky pareció encantada y siguió sin más protestas a Damon hacia el porche.

Yo seguía de pie, en medio de la cocina, como una idiota ante lo que acababa de ver. Supongo que aquello era un ejemplo de cómo los vampiros jugaban con las mentes humanas. Con una simple mirada podían conseguir que hicieras lo que ellos quisieran. Increíble.

Estaba dirigiéndome hacia las bolsas de comida que Vicky había dejado sobre la encimera cuando oí un leve gemido proveniente de fuera. No me podía creer que estuvieran… en mi porche. Quiero decir, ¡tengo vecinos, por amor de Dios! En serio esperaba que nadie oyera ni viera eso, porque creo que moriría.

A los pocos minutos Vicky entró en la cocina y se dirigió hacia mí. "¿Tienes una gasa para que me pueda poner en el cuello, por favor?" Espera un segundo. ¿Vicky Donovan se acababa de dirigir a mí con amabilidad y pidiendo algo diciendo 'por favor'? ¿Es que el infierno se había congelado? Fue entonces cuando me fijé en la marca que tenía en el cuello. Era parecida a la mía: dos puntos rojos, sangrantes, que indicaban el lugar exacto donde la habían mordido. Pero su marca era ligeramente diferente: ella tenía los dos puntos, perfectos, redondos; los míos eran ligeramente irregulares y tenían alrededor un moretón. Me preguntaba cómo podía ser eso. Mientras tanto Vicky seguía frente a mí, esperando con una leve sonrisa la gasa que todavía no le había dado. Sacudiendo la cabeza para aclararme las ideas, dije:

"Eeeeh… sí claro. Espera un segundo. Ahora te la traigo." Con movimientos torpes y lentos, me alejé de ella para ir a la alacena bajo la escalera, donde guardábamos el botiquín. Cogí un par de gasas y una cinta de esparadrapo y se lo di. "¿Quie… quieres que te ayude a ponerlas?" Dije dubitativa. Aquella situación era tan incómoda y extraña.

"Oh, no hace falta." Dijo ella poniéndose las gasas al cuello y haciendo caso omiso del esparadrapo. "Bueno, me voy. Buen provecho." Dijo con una última sonrisa antes de desaparecer por la puerta.

Me di la vuelta para ver a Damon, quien había asumido la tarea de sacar la comida de las bolsas como si nada de aquello hubiera pasado.

"¿Por eso insistías tanto en pedir comida? ¿Para alimentarte de la repartidora?" Dije con voz incrédula.

Él se encogió de hombros. "¿Para qué, si no?" Lo decía como si aquello fuera lo más obvio del mundo. "¿Acaso creías que me la iba a tirar en tu cocina o en tu porche?" Añadió mirándome, claramente divirtiéndose. Yo me sonrojé.

"¡No!" Pero lo dije demasiado rápido y demasiado alto.

"Mientes." Me contestó él con una sonrisa malvada. Estaba disfrutando. "¿Estabas celosa?"

"¿Pero por qué gemía?" Pregunté yo a la defensiva.

Él se rio de mí y me dedico una mirada comprensiva. "Supongo que mi pequeño hermano el destripador no fue demasiado amable cuando te hizo eso, ¿no?" Dijo señalando la marca del mordisco en mi cuello. Yo negué con la cabeza. "A ver cómo te explico esto…" susurró él. Yo me acerqué a la mesa donde se encontraba nuestra cena al tiempo que él hacía lo mismo. "Verás, cuando mordemos a humanos, ellos experimentan dos tipos de reacciones completamente distintas dependiendo de si 'donan' voluntariamente o no." Paró un segundo para evaluar mi reacción. "Cuando el donante no es voluntario, su cuerpo reacciona ante nosotros provocándole dolor, un dolor terrible." Yo asentí, recordando aquel dolor que sentí cuando Stefan me mordió. "Pero cuando el donante es voluntario, lo que se experimenta es placer. Es una experiencia muy intensa, muchas veces relacionada con el sexo. De hecho, cuando practicamos sexo, ya sea con un humano o con otro vampiro, siempre solemos acabar mordiendo o intercambiando sangre. Como puedes averiguar, la repartidora era una donante voluntaria."

Yo estuve procesando toda aquella nueva información. Ahora tenía todo un poco más de sentido. Pero, aun así, tenía una duda:

"¿Y cómo 'se sabe' que el donante es voluntario? Quiero decir, ¿hay que decir algo así como: 'te permito morderme', como cuando hay que invitaros a entrar en una casa?"

"Ésa es una que no me suelen hacer." Dijo él. "No hay que decir nada, solamente no oponer resistencia ni luchar contra el vampiro. Entonces es como un interruptor que se apaga por otro que se enciende. Al dolor lo sustituye el placer. Cuando el vampiro y el donante tienen un vínculo emocional, la experiencia es todavía más intensa." Damon parecía ahora perdido en sus pensamientos, como si ya no estuviera aquí conmigo.

"Hablas como un experto." Dije yo con cautela. "Como si lo hubieras vivido miles de veces. Desde el punto de vista del humano, quiero decir."

Él me dedicó una sonrisa triste. "Ya, es una larga historia, como todas. Mejor te la cuento otro día."

Reconocí ese tono al instante. Es el que uso yo cuando no quiero hablar de la muerte de mis padres. A pesar de mi curiosidad, dejé pasar el tema. Estuvimos en silencio comiendo durante un buen rato. Entonces recordé lo que Damon me había dicho de Jeremy.

"¿Qué querías decir con eso de que tenía que agradecer a Jeremy que se hubiera metido en las drogas?"

Él dejó lo que estaba comiendo y comenzó a explicarme:

"Cuando tu hermano dijo que, aunque Stefan le había dicho lo que tenía que creer, él no estaba seguro, sospeché que había resistido la compulsión, pero el problema era que no sabía el motivo. Pero, cuando dijiste lo de las drogas… Bueno, eso lo explica."

"Pero, ¿cómo?" Pregunté.

"La compulsión se basa principalmente en manipular el cerebro. Las drogas hacen más o menos lo mismo: liberan ciertas sustancias que incluso hacen que veamos cosas que no están ahí en realidad, pero nuestro cerebro 'las ve'. Si Jeremy estaba bajo la influencia de las drogas cuando vino Stefan…"

"Entonces su cerebro podría haber resistido la compulsión." Terminé yo por él. Era increíble que algo que es tan malo para Jeremy, hubiera resultado al final tan… ventajoso. Era de locos, de hecho.

"Es sólo una teoría, no es que haya muchos estudios ni tratados verosímiles sobre vampiros, ya sabes."

"Sí, me imagino…"

Continuamos comiendo en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Cuando terminamos, Damon me ayudó a meterlo todo en el lavavajillas y yo anuncié que me iba a la cama.

"Perfecto. Vamos." Dijo Damon dirigiéndose a las escaleras.

"Ja, ja. ¡Qué chiste!" Dije con sarcasmo. "Tú duermes en el sofá." Terminé, volviendo a poner cara seria.

"Tengo que vigilarte." Dijo él inocentemente y con un mohín adorable en los labios.

"¿Cómo me vas a vigilar si estás durmiendo?" Le pregunté yo entrecerrando los ojos.

"No necesito dormir." Explicó él como si fuera algo obvio. Parece que siempre se olvida de que no lo es. Yo puse cara de horror.

"Ugh. Peor. Me vas a vigilar en sueños, como Edward Cullen."

Él se hizo el ofendido. "Por favor, soy mucho más atractivo que la versión cinematográfica de mi hermano, de lejos. Además, yo no brillo como una bola de discoteca."

"Seguro que sí, Drácula. Pero eso no cambia nada. No vas a subir a mi habitación." Respondí con determinación.

"Vamos, Elena." Dijo mientras se acercaba a mí hasta que sólo unos pocos centímetros nos separaban. Mi pulso se aceleró, pero no del miedo, como me había ocurrido con Stefan. "Prometo que no te morderé. Aunque ahora mismo lo estás deseando." Añadió mientras sus ojos recorrían todo mi cuerpo, para volver a mis ojos. De repente, ya no me sentía tan segura de mí misma.

"No estarás tratando de influenciarme, ¿no?"

Él volvió a poner cara de ofendido, pero esta vez lo parecía realmente. "¡No! Intento razonar contigo. Estarías mucho más segura si yo estuviera en tu habitación. Los vampiros podemos llegar a ser muy sigilosos cuando queremos." Me advirtió. "Ni si quiera lo verías venir." Terminó él.

Sabía que tenía razón. Y odiaba ese hecho. "No es justo." Terminé diciendo. "Te aprovechas de mis miedos para conseguir tus propósitos. A veces me pregunto si Stefan es el único que debería temer o si debería vigilar a mi también a mi vigilante."

"¿Qué puedo decir?" Dijo él con una sonrisa que reflejaba lo pagado de sí mismo que estaba. "Me halagas."

"Seguro que sí." Dije mientras me dirigía a mi habitación con Damon pisándome los talones.

Dios, aquella noche iba a ser muy larga.