N.A.: Bueno, ¿he sido rápida o no? Este finde he terminado de traducir el capítulo 9 al inglés e inmediatamente me he puesto a trabajar en el 10. Lo he escrito prácticamente en un día y ha sido super divertido! He pensado en escribir algo de smut en algunos capítulos, pero no estoy segura de cómo hacerlo, porque todos los smuts que he leído eran en inglés, así que no sé como hacerlo sin parecer... vulgar. Dios, es que todo suena mejor en inglés, en serio. Pero me estoy informando, ¿eh? así que, ¿qué me decís? ¿Os apetece un poco de lemon? Como siempre decídmelo en la review.

Otra cosa: el AU del que os hablé, me voy a lanzar a escribirlo, pero lo haré en las vacaciones de Semana Santa, porque ahora no puedo con el instituto y mierdas varias.

Bueno, eso es todo. Son las 12 de la noche, así que sed buenos y dejad review, porfa. Besos. Rebeku95. :)

Capítulo 10

Punto de vista de Elena:

"¡Damon! ¡Deja de intentar forzar el cerrojo!"

"No sé de qué me hablas, princesa."

Podía ver la sonrisa de gallito que estaba poniendo incluso a través de la puerta. Puse los ojos en blanco. Mala idea. Aquello era una mala idea. La noche no había hecho más que comenzar, yo me estaba cambiando de ropa en el baño que compartía con Jeremy; y Damon ya estaba tocando las narices… Como había dicho, aquella noche iba a ser muy larga.

Abrí la puerta del baño casi esperando que estuviera ahí de pie, demasiado cerca como para que me sintiera cómoda. Pero, en vez de eso, lo encontré espatarrado en mi cama mirando a mi osito de peluche con evidente diversión. "Estabas intentando forzar la puerta." Dije severamente.

"Eso es mentira." Dijo él. "He estado todo el tiempo aquí con Teddy." Añadió señalando al peluche.

"Sí, seguro." Dije dejándolo correr. "Ahora fuera. No pienses que vas a pasar toda la noche en mi cama."

"¿Por qué no? ¿Dónde dormiré entonces?" Dijo haciendo un mohín asquerosamente adorable.

"En el sofá." Dije yo en un inútil intento de que se marchara.

"Elena," Dijo con voz seria, "estoy empezando a preocuparme por tu salud mental. Aquí no hay ningún sofá en el que pueda dormir. Además, este cuerpo sólo puede yacer sobre sábanas de algodón egipcio."

Puse los ojos en blanco por enésima vez en ese día, pero a pesar de ello, una pequeña sonrisa se abrió paso hasta mis labios. Estaba comenzando acostumbrarme a él. Todavía estaba decidiendo si eso era bueno o malo.

"Pues en ese caso no puedes dormir en mi cama. Mis sábanas no son tan especiales."

"¿Quién dice que quiero dormir?" Dijo él con tono sugerente y arqueando levemente las cejas.

"No vamos a hacer nada, Damon." Le dediqué una mirada de advertencia.

Él se rio entre dientes. "Me gusta cómo tu funciona tu cabeza. Pero no me refería a eso. Tengo que vigilarte, ¿recuerdas? Además ya sabes no necesito dormir."

"Ya, ¿y por qué es eso?" Le pregunté, ahora con curiosidad.

"Cosas de estar muerto." Dijo él encogiéndose de hombros. "No me malinterpretes, puedo dormir y me encanta, pero…"

"No es vital." Concluí yo por él. Él hizo un ademán con la mano para darme la razón. "Entonces sí que lo vas a hacer: estar despierto, vigilándome mientras duermo." Él se limitó a asentir. "Ugh. Inquietante." Dije fingiendo un escalofrío.

Lo cierto es que, aunque comenzaba a disfrutar de la compañía de Damon, no sabía si confiaba en él lo suficiente como dormir con él en la misma cama, o en la misma habitación. Algo ridículo, teniendo en cuenta que el día anterior había dormido prácticamente en sus brazos. Pero eso era antes de que montara todo aquel show de fingir que me iba a morder y todo eso, lo cual por un lado me aterraba; pero por otro me moría de curiosidad por comprobar lo que me acababa de explicar Damon sobre 'la otra forma de reaccionar del cuerpo'. Y eso me dejaba… jodidamente confusa para empezar.

Sacudí la cabeza para apartar tales pensamientos de mi mente y me moví hacia mi cama. Damon no se movió ni un centímetro, pero yo no me iba a dar por vencida. Cogí una almohada y me dispuse a golpearlo en la cabeza con ella. Aunque, claro, últimamente había cogido el hábito de olvidar que Damon era un vampiro y que, debido a eso, seguramente era unas cien veces más veloz que yo. Un instante estaba a punto de darle el almohadonazo de su vida y al siguiente mi almohada golpeaba una cama vacía y Damon no estaba a la vista. Miré alrededor sin ver nada. Me di la vuelta, ya por terminar de mirar por toda la habitación, y lo descubrí justo detrás, su cuerpo a pocos centímetros de mío. La impresión de su repentina proximidad me hizo perder el equilibrio y caer sobre la cama. Esta vez, Damon no tuvo la amabilidad de detenerme, sino que me dejó caer, obviamente satisfecho de sí mismo por haberme asustado. Yo cerré los ojos una vez aterricé sobre mi cómoda cama y me quedé ahí respirado profundamente, sin molestarme en mirar a Damon, quien debía estar divirtiéndose de lo lindo contemplándome.

Sólo entonces, tumbada en mi cama por primera vez en días, me di cuenta de lo cansada que estaba en realidad. Se me hacía tarea imposible abrir los ojos conforme pasaban los segundos; los miembros de mi cuerpo eran cada vez más pesados y difíciles de mover. Fue en ese momento cuando sentí un peso extra sobre mi cuerpo que no tenía nada que ver con el cansancio. Abrí los ojos para encontrarme con que Damon estaba encima de mí mirándome con un brillo de diversión en los ojos que apenas compensaba la oscuridad reinante en ellos debido al deseo. Yo no podía hacer nada excepto mirarlo fijamente como una idiota. En algún lugar en el fondo de mi mente me preguntaba si Damon estaba jugando con mi cabeza, tal y como había hecho antes con Vicky.

Los minutos pasaban y nosotros continuábamos en la misma posición, mirándonos a los ojos sin mover un solo músculo, no estaba segura de que en ese periodo de tiempo hubiera parpadeado siquiera. En aquellos momentos, la incertidumbre había tomado el control de mi cerebro y tuve que preguntar por segunda vez aquella noche (una vez que fui capaz de recuperar la voz, claro):

"Damon… ¿estás intentando influenciarme?"

Él, de nuevo, pareció genuinamente ofendido. "¡No!" Dijo mientras fruncía las cejas. Pero rápidamente, su expresión fue sustituida por otra más calculadora. "Pero ahora que lo dices…" Dijo mientras acercaba su rostro al mío. Antes de que hiciera nada, cerré los ojos y lo empujé a un lado para apartarlo de mí. Pero, en vez de apartarse, lo que hizo fue agarrarme de la cintura, así que rodamos sobre mi cama hasta que yo estaba encima de él. Yo intenté levantarme, pero no pude zafarme de su presa.

"Damon." Suspiré irritada. "Suéltame."

Él negó con la cabeza. "Mhm… Esto es mucho más divertido."

"Damon, lo digo en serio. Suéltame o…" Comencé a amenazarlo, pero su risa me interrumpió.

"¿O qué? ¿Me vas a pegar? No seas ridícula, Elena. Además, si te soltara, ¿qué ganaría yo a cambio?" Dijo él con una sonrisa malévola.

"Una patada en el culo." Susurré yo con los ojos entrecerrados. "Ahora suéltame."

"¿Ves, Elena? Ésa no es manera de tratar al caballero en armadura negra que te ha salvado la vida." Dijo él sacudiendo la cabeza. "Debo tener algún… incentivo."

"¿Y si no quiero darte un incentivo?"

"Entonces te tocará estar toda la noche encima de mí. Y no sé si yo podría aguantar toda la noche en esta postura sin hacer absolutamente nada…" Dijo mientras levantaba las caderas, poniendo de manifiesto el bulto de sus pantalones. Yo me sonrojé profundamente mientras intentaba evitar cualquier tipo de contacto con esa parte de su cuerpo. Estaba segura de que no iba a aguantar toda la noche así. "Deberías alegrarte." Dijo él al ver mis intentos (inútiles por cierto) de evitar que presionara sus caderas contra las mías. "Muchas mujeres han matado literalmente por estar en esta misma posición conmigo." Mis ojos se abrieron como platos ante eso. ¿Estaba de broma o lo decía en serio? En ese momento parecía estar de broma, pero con Damon nunca se sabía…

Finalmente, me rendí y pregunté con un suspiro: "¿Qué quieres a cambio?"

Él me dedicó una sonrisa triunfante. Dios, ojalá pudiera borrar esa estúpida sonrisa de una bofetada. Su petición era simple y me pilló completamente desprevenida:

"Bésame."

"¿Qué?"

"Me deseas. Seguro que se te ha pasado por esa pequeña cabecita más de una vez. Además, es tu único pasaporte fuera de estos brazos, aunque todavía no entiendo por qué no querrías pasar la noche así, sinceramente… Bueno, eso no importa. Ahora, bésame."

Sabía que no había manera de escapar a aquello. Si quería una noche de descanso más o menos normal tendría que hacerlo.

Así que lo besé.

En la mejilla.

"Hala, suéltame."

"¿Qué? Y una mierda. No me has dado mi incentivo." Dijo él enfadado.

"Claro que sí. Pediste un beso. Nunca especificaste dónde."

"Por todos los infiernos, Elena, deja de ser tan cría."

"El único que está siendo un crío aquí eres tú. Ahora suéltame." Ordené.

Él se encogió de hombros y dijo: "Ahora no quiero soltarte."

"¿Qué? ¡Eso no es justo! ¡Te he dado lo que me pediste!" Protesté intentando zafarme de él. No conseguí moverme ni un centímetro.

"No. Sabes lo que quiero, así que si no me lo das… atente a las consecuencias. Y no me hagas decir dónde quiero el beso o tendrás que dármelo un tanto más abajo." Me advirtió con ojos serios al ver la mirada en mi rostro.

Ahora sí que no tenía escapatoria y ambos lo sabíamos. Además no quería saber dónde era 'un tanto más abajo' (aunque, obviamente, me lo figuraba), así que me armé de valor e hice lo que estuve evitando hacer todo aquel día.

Lo besé, esta vez en la boca.

Lo que tenía previsto es que fuera un pico inocente en los labios, un suave roce, pero como todo últimamente en mi vida, no salió para nada como esperaba. En cuanto mis labios rozaron los suyos, supe que con un simple roce no iba a tener suficiente. Él me devolvió el beso al instante y abrió la boca para acariciar mis labios con su lengua. Yo respondí abriendo mi boca y profundizando el beso, suspirando mientras mi lengua acariciaba la suya suavemente. Sus manos fueron bajando poco a poco de mi cintura hacia mis caderas hasta que alcanzaron mis muslos, acariciándolos con los pulgares. Mis manos, a su vez, tampoco estaban quietas, precisamente: poco a poco, habían pasado de acariciar el pecho de Damon a enredarse con sus cabellos negros como la noche, ganándose un sonido gutural que parecía de aprobación por parte de él.

Besar a Damon no era como nada que hubiera experimentado antes. Un cosquilleo electrizante recorría mi cuerpo hasta los dedos de los pies. Era adictivo. Y eso que solamente lo estaba besando. No me atrevía a imaginar las sensaciones que tendría si diéramos algún paso más, tampoco es que me hubiera importado en aquellos momentos: mi cerebro había perdido el control sobre mi cuerpo y había sido sustituido por las hormonas, que no se preocupaban por las consecuencias que aquello pudiera acarrear. Todo había pasado a un segundo plano, sólo los puntos los que mi cuerpo y el de Damon conectaban eran lo que me importaba.

No sé cómo conseguí salir de aquello a tiempo, pero cuando sentí las manos de Damon en el elástico de mis pantalones cortos fue como si a mi cerebro le hubieran dado un chute de cafeína, porque despertó de su letargo y me obligó a alejarme de Damon, quien, no sabía como descansaba sobre mi cama sin camisa. ¿En serio había estado tan absorta que no me había dado cuenta de cuándo desapareció la camisa? Apenas me lo creía. Nunca me había pasado con nadie. De hecho a duras menas creía que me acabara de pasar. Pero el caso es que había pasado. Y yo, como la imbécil en la que me había convertido últimamente, no podía apartar del pecho de Damon. Sí, lo sé, muy maduro por mi parte; pero es que aquello no era normal. Era perfecto. Como todo en él, al parecer. ¿Es que no podía tener ni un estúpido defecto?

"¿Ves algo que te guste?" Dijo él interrumpiendo mi ensoñación. Yo me sonrojé, no sólo por que me hubiera pillado mirándolo como una retrasada mental, sino por aquel estúpido beso que se había descontrolado del todo.

"¿Suficiente incentivo?" Dije apartando la mirada de sus fabulosamente definidos pectorales para mirar a esos ojazos azules que me quitaban la respiración.

"Oh, sí desde luego." Dijo él con una sonrisa torcida. "Eres libre para irte, si quieres, claro." Añadió, guiñándome el ojo soltándome al fin.

Al segundo me aparté de él y de su asquerosa perfección diciendo: "Si vas a pasar la noche en mi habitación 'vigilándome', será mejor que vuelvas a ponerte la camisa." No quería volver a quedarme mirándolo fijamente más de lo que ya lo hacía. No es que no fuera agradable a la vista, es que resultaba embarazoso, dado que siempre me pillaba.

Él obedeció sin ninguna protesta ni ninguna puntillita de esas que él siempre hace en plan: 'Oh, ¿pero no quieres disfrutar un poco más de este cuerpo espectacular?'.

Yo me tumbé en la cama, esta vez en condiciones, y me metí debajo de la colcha. Era una sensación reconfortante, sentía como que nada podía hacerme daño bajo aquella colcha, como cuando era pequeña y me escondía del monstruo del armario bajo ella.

A mi lado sentí cómo el colchón se hundía ligeramente debido al peso de otro cuerpo. Me di la vuelta para encontrarme con Damon que estaba tumbado sobre la colcha (al menos no se había metido bajo ella) y tenía las manos detrás de la cabeza. Yo iba a empezar a echarlo, pero me encontré demasiado cansada como para empezar otra peleíta. Él lo notó y me dijo:

"Duérmete, Elena. Te prometo que no haré nada." Añadió con una sonrisa amable.

No sé como, pero el oírle decir esa promesa me dio la confianza que necesitaba para cerrar los ojos. Es estúpido lo sé, pero había llegado a confiar en Damon hasta ese punto. Sin más discusiones ni incidentes, me sumí en un sueño reparador y sin sueños.