Capitulo 14
Había terminado de tomar el té que su novio le había preparado y ahora intentaba dormir. Pero un torbellino de imágenes con los acontecimientos que hoy había vivido no la dejaban en paz. Quería olvidar, olvidar más que nunca lo que había vivido. Era increíble de creer como en un día todo su mundo podía ponerse de cabeza, en un simple segundo todo podía cambiar. Lo que había sido una mañana agitada en la que su única preocupación era no llegar tarde a la universidad se había transformado en el día que marcó su destino.
Nunca sabemos cuando el curso de nuestras vidas puede cambiar, y tampoco estamos preparados para cuando eso ocurre. De pronto todo lo que creíamos parece derrumbarse y nos encontramos en blanco, sin saber qué hacer o cómo reaccionar ante lo que sucede. A veces los cambios son tan drásticos que nos encontramos completamente perdidos, hundidos en un mar de confusión y sin hallar la superficie. Pero siempre, siempre hay una solución a nuestros conflictos; porque para cada conflicto se creó una solución. Pase lo que pase, todo estará bien. Pensó la joven de ojos verdes mientras recordaba todo lo sucedido.
Sin embargo…sin embargo no puedo dejar de pensar en todo lo de hoy. La charla con Shaoran, el accidente, la maldición… Lo mejor será llamar a Yukito mañana, sin falta y a Eriol también. Por lo menos Eriol podrá aconsejarme debidamente sobre magia y no será necesario que hable con Shaoran. Fue lo último que pensó antes de quedarse dormida.
La mañana llegó acompañada de una muy preocupada Tomoyo Daidouji. La joven había faltado a sus clases sólo para acompañar a Sakura, ya que Sebastian se había excusado con que tenía cosas que hacer y lamentablemente no podría acompañar a Sakura en su convalecencia.
-Te agradezco que estés aquí, Tomoyo. –dijo la joven de ojos verdes mientras servía el almuerzo para ellas y Kero. –Estas perdiendo tus clases por esto.
-Sakura, me preocupa más tu salud que mis clases. ¿Estás mejor o te sigues sintiendo débil?
-En realidad es extraño, me siento perfectamente bien…como si nada hubiera pasado. Lo único que me molesta un poco son los cortes de mis brazos y el dolor de mi muñeca, aunque hablando de mi muñeca gracias a esto soy una inútil. –añadió mientras su amiga debía ayudarle ya que no podía cargar más de un plato a la vez.
-No digas eso, es una fortuna que al menos puedas mover tus dedos. –rió ella
-Si, pero si algo llega a pasar esto sólo me entorpece a la hora de usar las cartas.
-¡Si algo pasa, esta vez estaré ahí para ayudarte! –intervino su pequeño guardián. –No sé por qué no pude transformarme ayer, ¡pero esta vez no voy a permitir que vuelva a ocurrirme lo mismo! Mi deber es protegerte, Sakurita.
-Por cierto, ¿has logrado hablar con Yukito, Sakura? –agregó Tomoyo.
-Hoy en la mañana me comuniqué con mi hermano y él me dio el número de Yukito, pero también me dijo que Yukito también le había llamado para pedir mi número. Ya lo he llamado pero no me contesta y como él también le pidió mi número a mi hermano estuve esperando que me llamara, pero…hasta ahora no he sabido nada de él.
Justo cuando las estudiantes universitarias y el adorable guardián de ojos dorados se disponían a almorzar con tranquilidad, el timbre sonó y al abrir la puerta Sakura se llevó una de las más grandes sorpresas de su vida. Ciertamente, lo que menos se esperaba en el mundo era recibir tan agradable visita en estos momentos aunque en realidad era un alivio su llegada.
-Yu…¡Yukito! –exclamó en cuanto lo vio.
Mientras tanto, a tan sólo unas cuadras de allí un joven chino también se llevaba la sorpresa de su vida. De todas, absolutamente TODAS, las personas en el mundo a quienes menos esperaba recibir en su casa era a aquel trío.
-No fue difícil encontrarte joven amigo. –dijo con una sonrisa satisfecha ante el asombro de su amigo, un agradable joven inglés.
-Wow, la verdad es que la pubertad te ha dejado de maravilla. –comentó una, no menos que rescatada, Nakuru Akizuki.
El joven jefe del clan Li no había hecho más que sonrojarse ante la incómoda frase de la guardiana. A pesar de sus veinte años de edad y de que recibía comentarios de ese tipo a diario, no podía evitar sentirse incómodo y por eso procuraba ignorarlos. Aunque, ciertamente los merecía. La pubertad le había pegado demasiado bien, tenía un cuerpo atlético que rayaba la perfección su musculatura era…digamos que "intermedia. No era ni muy delgado y ni muy robusto, como aquellos sujetos que se pasaban horas en el gimnasio para lograr músculos exageradamente grandes. No…los del joven jefe del clan eran, en pocas palabras, perfectos. Su rostro expresaba decisión y valentía y sus ojos marrones reflejaban el gran poder de su espíritu.
En fin, era un muy buen partido para cualquiera, hasta las treinteañeras suspiraban al verlo pasar.
-¿Co…cómo supiste en dónde vivo, Eriol?
-Tengo un buen amigo en la sede aquí en Japón del Consejo, le informé que quería investigar unos sucesos en los que podría llegar a estar involucrado un primo lejano y también le pedí un informe sobre sucesos fuera de lo común que estuvieran ocurriendo. Para mi sorpresa, en el informe figuraba tu nombre y después de mucho insistir logré obtener tu dirección.
-¿Tienes dónde hospedarte?
-Por supuesto que sí, ¿con quién crees que hablas? –rió el aludido.
-¿Te has comunicado con Sakura y con los demás? –intervino de pronto, una muy feliz Nakuru.
-Eh…si, de hecho no vive muy lejos de aquí
-¡Ay, me muero por verlaaa! ¡Debe estar hecha toda una mujer, con lo linda que era de pequeña! Además ella debe saber muchas cosas de Touya que yo no sé por nuestro tiempo en Inglaterra.
A Shaoran simplemente le surgió una gotita de sudor mientras contemplaba a la guardiana saltar de excitación al imaginar…lo que sea que imaginaba. Y Eriol, no hacía más que reírse mientras el pequeño Spinel intentaba ignorarla con todas sus fuerzas
Mientras tanto, Sakura observaba cómo Yukito comía con el mismo apetito voraz de siempre.
-Esto… ¿Yukito, estas seguro de que quieres hacerlo? –preguntó preocupada.
-Sakura, mi deber es protegerte y no es ningún sacrificio el despertar de Yue. –dijo él mientras terminaba de comer.
-Es muy amable joven Yukito. –sonrió Tomoyo.
-Mmm, lo mejor será hacerlo pronto Sakura. –intervino el pequeño guardián.
-Mejor que Yukito termine de comer. –contestó la aludida con una gotita de sudor en la cabeza.
-Listo, Kerberos tiene razón lo mejor será hacerlo pronto.
Una vez todos estuvieron listos, se dirigieron a la sala de estar. Y la siempre preparada Tomoyo quizo filmar la situación, pero esta vez había olvidado su cámara.
-Oh, es una lástima que no pueda filmar tan grandiosa hazaña de Sakura. -suspiró
Sakura agradeció mentalmente su descuido, ya que aún le seguía dando pena que Tomoyo la filmara.
-Bien, empecemos. –dijo de pronto, poniéndose firme. –Llave que guardas el poder de la luna, muestra tu verdadera forma ante Sakura, quien aceptó esta misión contigo. ¡LIBERATE!
Ante sus palabras, el mágico báculo con la forma de la luna que la protegió ante el ataque del encapuchado, apareció en sus manos. Y mientras se concentraba, su poder mágico aumentaba poco a poco y ondas de energía mágica hacían ondear su cabello suavemente.
-Yue, guardián de la luna y juez del Juicio Final, ¡liberate!
Una luz cegadora pareció de salir del báculo y envolver la habitación, tal era su fuerza que tanto Tomoyo como Kero debieron cerrar sus ojos para evitar que la luz los dañara. Tras un momento, la luz se concentró en Yukito haciéndolo brillar intensamente como si fuera un ser de otro mundo.
En su residencia Shaoran, al igual que Eriol, sintieron un fuerte estallido de poder. Un poder puro y tan fuerte que sólo podría ser de una persona.
-¡Sakura! –dijo angustiado el joven jefe. -¿Qué esta haciendo? No puede usar tanta magia o se debilitará cada vez más
-¿Sakura es quien está haciendo esto? –preguntó sin ocultar su asombro Eriol. –No hay duda de que su poder mágico ha aumentado enormemente
-Si, pero eso no la ayuda en estos momentos. ¡Sota! Saldré un momento
-Si señor. –contestó su joven asistente.
-¿Vendrás conmigo, Eriol?
-Por supuesto. –replicó el aludido. –No me perdería por nada en el mundo ver a nuestra joven amiga usar tanto poder.
Y es que en efecto, el poder que Sakura estaba utilizando era tan fuerte que se sentía a por lo menos 1 kilómetro a la redonda. Sin duda, su pequeño guardián se sentía tan orgulloso que lágrimas caían por sus pequeños ojos.
-¡Sakuraaa! ¡Sakuritaa! ¡Es increíble ver que lo fuerte que te haz vuelto! Exclamaba alegremente.
-Creí que el báculo volvería a ser el mismo que tenías cuando eras niña, pero veo que sigue siendo diferente. –comentó asombrada Tomoyo. Ya que, en efecto, el báculo seguía siendo igual de largo como aquel que usó en su dura prueba contra Eriol. Pero ya no brillaban ni el sol ni la luna en su extremo superior. Ahora lo hacía una brillante estrella dorada cuyas alas eran realmente hermosas.
Pero tanto poder había dejado exhausta a Sakura y ahora se apoyaba en su báculo para sostenerse, aún con la ayuda de Tomoyo. Ignorantes de que justamente frente a su casa, dos encapuchados observaban la situación con sigilo y al sentir que tan grande manifestación de magia había acabado… decidieron intervenir.
