Capitulo 17
-¿Cómo puede ser posible que no lo lograran? –gritó realmente ofendido Stuart, fiel servidor de Sebastian Doyle. Pues a pesar de su aspecto senil y aparentemente débil, aquel hombre canoso tenía un gran espíritu y se encontraba en perfectas condiciones aunque su estado físico sugiriera que padecía alguna enfermedad producto de la vejez. -¿Tienen idea de lo que significa esto? ¡FRACASARON! ¡No sirvieron para su cometido! ¡No pudieron capturar a una simple muchacha que encima se encuentra maldita y cuyo tiempo de vida se acorta! No merecen pertenecer al clan oscuro, ¡no merecen ser instruidos en los maravillosos artes de la Magia del Caos! –añadió con énfasis.
-Mi fiel servidor tiene toda la razón, y yo personalmente estaría en todo mi derecho de eliminarlos ahora mismo. –comentó con frialdad el conocido "señor" Doyle mientras ingresaba al recinto. –No merecen más que la muerte, y sería un honor para ustedes que sean mis propias manos quién los elimine.
Por su parte los aludidos, quienes horas atrás atacaron a Sakura y sus guardianes, no hacían más que escuchar cómo se decidiría su destino mientras se encontraban arrodillados con sus cabezas tocando el suelo en señal de respeto su amo.
-Lo único que debían hacer era encerrar su cuerpo y alma debilitados en una ilusión, para luego traerla hasta aquí. ¡Era simple! –gritó el joven de cabello negro-azulado y pálida tez, con el odio brillando en sus ojos.
-Mi señor, todo marchaba bien hasta que repentinamente aquel poder surgió con una fuerza increíble.
-¡Cállate inútil! –gritó el aludido dándole un golpe en la cabeza a quien había osado hablarle. -¡Debían debilitarla lo suficiente en primer momento! ¿O acaso no lo suponían?
-Señor, le sugiero que no malgaste su valioso tiempo con estos seres totalmente inútiles. Yo me encargaré de su castigo, el cual por supuesto será la muerte. –añadió Stuart con una sonrisa que destilaba veneno.
-No, no morirán. Les daremos otra oportunidad y lucharán cuando llegue la batalla final. Si salen vivos de dicha batalla, volverán a tener su honor de lo contrario…bueno, es obvio que morirán. –replicó Doyle solemnemente.
-Como usted ordene, querido amo. Ya oyeron bastardos, retírense de aquí.
Los encapuchados se marcharon tras una profunda reverencia, agradecidos en el fondo de su oscura alma el hecho de que se les diera una oportunidad más y jurándose que acabarían con sus propias manos a Sakura Kinomoto y a todo aquel aliado a ella.
-¿Qué hará ahora, señor? –dijo el senil Stuart en cuanto los sujetos se marcharon.
-Ahora que Sakura cree que estoy de viaje por tiempo indefinido, tendré tiempo y calma para planear la batalla final con calma. Es inútil tratar de atacar a Sakura cuando se encuentra sola, siempre aparece alguien en su auxilio ya sean sus guardianes o aquel despreciable chino.
-Ciertamente el despertar de Yue es ahora un inconveniente, señor.
-Nada que no podamos manejar astutamente, lo que me enferma es el hecho de que he sentido la presencia de mi primo en los alrededores. Sentí su magia por un escaso tiempo, pero no puedo equivocarme era él.
-¿Cree que interfiera en nuestros planes?
-De seguro, no hay otro motivo por el que esté aquí. Por más de que tenga amigos aquí no vendría a visitarlos. La última vez que vino fue para hacer que Sakura transforme las cartas y nada más.
-Como siempre mi señor, tiene usted razón.
-Bien querido Stuart llama a los seis, es momento de comenzar a planear con absoluto cálculo cómo se llevará a cabo la batalla final.
-¿Y el señor Zhao?
-Luego le informaré de lo que se disponga en la junta de hoy, hasta ahora ese sujeto ha sido completamente pasivo y no me ha servido de nada.
-En efecto señor, pero ya se lo ha involucrado en el asunto y no podemos dejarlo de lado ahora.
-Si, lo sé. Será hora de hacer que ese sujeto intervenga en algo, ¿no crees?
-Creo que sería mejor que intervenga sólo en la batalla final. Si lo hiciera ahora el sujeto Li se daría cuenta de la intervención de la gente del clan Zhao, y de seguro avisaría al Consejo de Magia Oriental.
-Al fin dices cosas completamente coherentes. –sonrió con satisfacción Doyle.
-Esta será su habitación, señorita Sakura. –dijo el atento Sota. –Enseguida subiré todas sus maletas y acomodaré las cosas a su gusto. Sus guardianes dormirán en la habitación de enfrente.
-¡De ninguna manera voy a dormir en otra habitación que no sea la de Sakura! –protestó Kero.
-Esta bien Kero, cálmate. Joven Sota, por favor sólo prepare la otra habitación para Yukitoy no se preocupe por mí yo arreglaré las cosas a mi gusto. –respondió la antigua cardcaptor con una gentil sonrisa que dejó anonadado al podre Sota.
Realmente es muy hermosa, mi señor tiene una suerte enorme. Pensó embelesado el joven.
-Como ordene, señorita. Con su permiso, me retiro.
En cuanto el joven asistente cerró la puerta, Sakura se sentó en la majestuosa cama en la que dormiría con la preocupación dominando su hermoso semblante. No sabía cómo soportaría estas semanas, porque esperaba que sólo fueran eso: semanas y no más de dos, aunque quizás con la compañía de Eriol y la siempre alegre Nakuru sería más llevadero. Eso sin contar a su querido amigo Yukito.
Pero igualmente, no podía evitar sentirse incómoda cada vez que se encontraba en la misma habitación que él. Cada vez que Shaoran y ella se encontraban en el mismo lugar, sentía sus nervios a flor de piel y sentía como si su corazón le martilleara el pecho intentando escapar, no sabía cómo reaccionar ante sus acciones y lo único que deseaba era que se la trague la tierra; y todo eso le ocasionaba una profunda sensación de malestar que sabía no podría soportar por más tiempo.
-Sakura…Sakurita ¿qué te pasa? ¿Te duele algo? ¿Te sientes mal? –preguntó muy preocupado el pequeño guardián, al verla tan desanimada.
-No…no es nada Kero, sólo estoy cansada. Creo…que lo mejor será que duerma un poco.
Estaba a punto de recostarse en la suave cama con la intención de dormir y jamás despertar cuando, para su gran sorpresa, algo en su bolso comenzó a brillar intensamente.
Acaso son… ¿las cartas? Pensó con preocupación la joven. Se acercó rápidamente y buscó entre su bolso la fuente de aquel brillo y, en efecto, eran las cartas. Apenas las tocó, estas salieron disparadas por los aires y luego giraron en un círculo protector hacia ella tal como lo hicieron siempre que su dueña corría peligro.
-Se preocupan por ti Sakurita, todos lo hacemos. –dijo el pequeño Kero.
-Y yo me preocupo por ustedes también. –añadió ella con una sonrisa.
Todas las cartas Sakura brillaron y volaron delicadamente hacia la mano de su dueña. Todas, menos una. Sakura contempló confundida a la carta Espejo, que flotaba delante de ella y parecía pedirle que la invocara. Entendiendo su muda súplica, Sakura tomó la carta con sus manos y la abrazó tiernamente en su pecho mientras murmuró "espejo".
Al pronunciar aquella palabra, un brillo cálido cubrió su figura y frente a ella se materializó la carta, tomando automáticamente la forma de su dueña.
-Las cartas querían que te haga saber que todos estamos preocupados. –dijo con voz suave.
-Lo sé, pero por favor no se preocupen pase lo que pase todo estará bien. –contestó la antigua cardcaptor con una sonrisa cálida y unos ojos verdes que irradiaban esperanza.
-Sakura, queremos que sepas que pase lo que pase. –dijo su doble mientras tomaba sus manos. –Te protegeremos hasta el final y daremos lo mejor de nosotras.
-Lo sé, gracias a ustedes sigo aquí, por ustedes y con ustedes voy a luchar y no voy a permitir que nada malo les pase. –contestó la joven de ojos verdes sin poder contener sus lágrimas, que caían inconteniblemente por sus mejillas ante la emoción de las palabras de la carta.
Sabía que todas ellas le eran fieles, pero el hecho de que se lo hicieran saber la emocionaba mucho. Después de tantos años, el cariño que se tenían había aumentado notablemente.
Para su sorpresa, la carta limpió con sus suaves manos las lágrimas que corrían por sus mejillas y luego de un instante la abrazó fuertemente derramando ella también algunas lágrimas.
-Nos preocupa mucho tu bienestar, querida Sakura. Lo que menos queremos es que tu… -no pudo terminar la frase, la angustia se había apoderado de ella.
-Nada va a pasar, todo estará bien. –sonrió la maestra de cartas.
Y con una sonrisa esperanzada la carta Espejo volvió a su forma natural.
-Yugo, ¿qué es lo que harás? –inquirió una bella mujer de cabellos plateados.
-No lo sé Misa, no lo sé. –suspiró el aludido mientras tomaba un vaso con whisky.
Yugo Zhao y su fiel esposa Misa Zhao, se encontraban en el despacho de éste. La débil luz del atardecer irrumpía en la habitación suavemente, manteniendo un aire íntimo entre los dos. Él se encontraba sentado en el extremo de un amplio sofá y ella se encontraba recostada a su lado con su cabeza apoyada en el regazo de su amado haciendo de eso un gesto de amplia devoción.
-No sé que es lo que haré, mi amada Misa. –dijo él mientras acariciaba los suaves cabellos plateados. –No puedo retractarme de mi decisión pero no niego que no sé si lo que hice ha sido lo correcto.
-Yugo, querido, tomaste tu decisión pensando que sería lo mejor para el clan. Pero déjame decirte algo: no flaquees. Si comienzas a flaquear una vez que haz tomado tu decisión, eso te provocará inseguridades, dudas y arrepentimiento. Y mi querido, el arrepentimiento es una de las peores emociones humanas.
-Lo sé, pero si lo analizo bien quizás nada malo suceda. Es decir, Doyle practica la magia más antigua y poderosa de todos los tiempos. Una simple magia basada en cartas de poder no podría vencerlo y tampoco podría la magia de conjuros de Shaoran Li.
-Pero Yugo. –añadió con preocupación la dama. -¿Qué pasará contigo el día en que peleen? ¿Quién te protegerá a ti? Sebastian tiene a esos sujetos a los que llaman "los seis" y en lo personal, creo que es poco para defenderse.
-Misa, no lucharán contra un ejército. –rió el hombre. –Sólo contra el insignificante de Li y aquella muchacha. Aunque quizás tengas razón, también estan esos guardianes que tiene. Pero los seis serán solo la protección del Maldito, es decir de Doyle. Sabes bien que el número seis es significativo en la magia oscura, y está en sus "tradiciones" por así decirlo, que sean seis quienes protejan al Maldito.
-Pero no entiendo Yugo, creí que esto era sólo una simple conspiración y…
-Al parecer Doyle es el jefe de una especie de clan. Digo una especie porque no son un clan propiamente dicho. En señal de infundirme confianza Doyle me explicó la situación. –dijo mientras tomaba otro sorbo de su whisky, ya que sabía que la explicación que le daría a su esposa sería larga. –Existe una casa mayor, en la que se entrenan los que serán los Seis. Desconozco el lugar en donde se encuentra pero supongo que es de público conocimiento entre los practicantes de la Magia del Caos. En fin, tengo entendido que los Seis son entrenados y designados a la protección del jefe del "clan" que normalmente es llamado el Maldito.
-Pero…ellos no están reconocidos públicamente como un clan, ¿o si?
-No querida, incluso se les cree extintos. Nadie sospecharía que existan aún personas que practiquen tan peligrosa magia, creo que ni el Consejo lo sabe pero en fin eso no es asunto mío ya que aún no soy el jefe de la organización. Se designa jefe a aquel que manifiesta el mayo poder de todos los practicantes.
-¿Y cómo saben quién es el de mayor poder? –inquirió la inocente Misa, sorprendida. Pues aunque tenía magia y era fiel a los deberes de su clan saber todo esto sobre un clan que casi nadie cree que existe despertó su curiosidad al máximo.
-Tienen una pitonisa que prevee quien será el futuro jefe para que se lo eduque en la casa mayor, junto a los Seis. Doyle me dijo que se seleccionarán a los más poderosos de su gente con ayuda de la pitonisa y que ellos serán los que intervengan en la batalla.
-Pero Yugo…no serán demasiados sólo para vencer a cuatro personas?
-Lo mismo pienso mi querida Misa, pero temo que hay algo que Doyle no nos está diciendo y eso me inquieta. –respondió el aludido besando suavemente la cabeza de su amada.
-Shaoran, ¿qué es lo que estás haciendo? –dijo fríamente Ieran Li, mediante una comunicación telefónica con su hijo. –Estás en Japón en una misión para el Consejo, no para hacer de la residencia que se te ha otorgado un hotel barato.
-Madre, no sabe cuáles fueron las circunstancias que llevaron a que seis personas se encuentren bajo mi hospedaje. –replicó el joven chino incluyendo en el ámbito de personas a los pequeños Kero y Spi. –Esas personas no son nada más y nada menos que Hiragizawa, reencarnación del mago Clow; Akizuki y Spinel Sun, sus guardianes y la dueña de las cartas Sakura: Kinomoto, junto a sus guardianes Yue y Kerberos.
-No has vuelto a Japón para reunirte con tus viejas amistades. –contestó cortantemente la madre del joven. Pero haciendo caso omiso de la forma de hablar de ella, para no ponerse él también completamente histérico, le contestó.
-Madre, le recuerdo que yo no tenía intenciones de aceptar esta misión pero usted insistió. Además, la señorita Kinomoto ha resultado afectada por los acontecimientos, el día que nos conocimos fue gracias a que sufrió un ataque cuyo resultado fue una maldición que acabará con su vida en un tiempo indeterminado. Hiragizawa está investigando conmigo y hemos decidido mantenernos juntos para mayor seguridad, ya que en el día de hoy la señorita Kinomoto ha sufrido otro ataque cuando se hallaba en su casa y ha resultado una fortuna que no pasara algo más grave ya que contaba con la protección de sus guardianes quienes también terminaron heridos.
-Entiendo, sólo espero que esta vez no te dejes guiar por tus sentimientos y actúes como corresponde. Cuando le pedí al joven Xing un parte de la situación no esperaba que me dijera esto.
Y antes de que el aturdido joven chino pudiera protestar, la honorable dama cortó la comunicación.Voy a matar a Sota, pensó con irritación, aunque él sólo cumplía con su deber.
-Señor… -dijo Sota Xing en ese momento entrando tembloroso a la habitación. Parecía haber visto un espíritu malvado y estaba casi blanco, pero todo su susto se debía a una sola cosa: la reacción de su joven señor.
Todo el mundo sabía que Shaoran Li tenía un carácter pésimo cuando se lo proponía y podía ser tan o más oscuro que el mismísimo Maldito cuando estaba de mal humor.
-Señor yo…lo siento mucho, no debí decirle a la señora Li que tanta gente vivía en la residencia pero es que ella insistió mucho y debía cumplir con mi deber. –se excusó temblando de pies a cabeza el pobre Sota, y es que de verdad parecía una gelatina siendo agitada constantemente.
-No. No debiste. –replicó fría, y hasta podría decirse oscuramente, el joven jefe del clan Li. Mientras el pobre Sota rogaba a los dioses que su amo tuviera compasión. –Pero está bien, sólo cumplías órdenes. Te recomiendas que pidas al consejo al menos uno o dos asistentes más, ya que siendo siete personas las que vivimos aquí te será difícil mantener en orden la casa y la seguridad. Puedes retirarte si quieres, Sota.
El aludido no esperó más, hizo una profunda pero rápida reverencia y se retiró del lugar sintiendo que había vuelto a nacer. Estaba feliz de no haber sido víctima del mal carácter que tiene como reputación su amo. Pocos eran los que habían visto a Shaoran Li realmente enojado ya que él era un hombre muy serio y poco temperamental, pero todos sabían que si se enojaba, SE ENOJABA.
-¡Esto será muy divertido! –gritó en ese momento una emocionadísima Nakuru Akizuki que abrazaba fuertemente a Sakura, quien a duras penas se resistía. –¡Vivir aquí, todos juntos será total y absolutamente GENIAL!
-Nakuru, yo creo que lo mejor será que sueltes a Sakura la pobre no puede respirar y su mano izquierda debe dolerle. –intervino Eriol
-Cierto, casi lo olvido. Disculpame Sakurita, pero…¿sabes qué es lo que más anhelo? Ver a tu precioso hermano Touya, realmente debe estar MUY bueno ahora. –dijo la guardiana mientras le daba pequeños codazos a la pobre Sakura, provocando un leve gesto de dolor.
-Esto…creo que lo mejor será que vaya a descansar. –dijo la joven de ojos de ojos verdes mientras una ligera gotita de sudor surgía en su cabeza, muestra de su incomodidad.
-Si, Sakura debes descansar después de todo… -el inglés no pudo terminar lo que iba a decir, pues súbitamente se escuchó un estruendo similar al de un vidrio romperse.
Rápidamente todos se dirigieron al lugar de donde provenía tal sonido y se encontraron con lo que menos esperaban.
-¡TOMA, TOMA, TOMA! –gritaba el pequeño Kero mientras atiborraba la boca del pobre Spinel con dulces. -¡ESTO ES POR TODO EL TIEMPO QUE PASÓ DESDE LA ÚLTIMA VEZ QUE NOS VIMOS Y ESTO POR AQUELLA PRUEBA QUE TU Y ERIOL LE HICIERON A SAKURA!
- ¡Más, más, MÁS! –gritaba como loco el pequeño Spinel, mientras se escapaba del agarre de Kero y volaba por toda la habitación gritando por más dulces. A su vez, Kero lo perseguía sin cansancio con un montón de dulces en sus pequeñas patitas.
En medio de persecución ya habían roto un hermoso jarrón chino que tenía algunas flores y ahora el pequeño Spi se había dado de lleno contra un mueble antiguo de puertas de vidrio que almacenaba una vajilla muy fina. Y Kero, como fuel perseguidor no había tardado estrellarse contra el mismo mueble.
-Oh no… -gimió Sakura, quien todavía no había reaccionado ante lo que veía.
-¡Más, más, MÁAAAS!
Fue el grito de Spinel lo último que se escuchó antes de que el antiguo mueble se viniera abajo con un gran, pero GRAN estruendo.
-¡Kero! –gritó la antigua cardcaptor mientras a su vez la animada Nakuru Akizuki gritaba por Spinel. Eriol por su parte, contenía la risa a duras penas.
-Oh Kero, ¿Kero dónde estás? ¡Eriol, Nakuru ayudenme a levantar esto!
Luego de un segundo de asombro, los aludidos ayudaron a la desesperada Sakura. Con rapidez levantaron el frágil mueble, pues era muy antiguo y aunque en un principio les pareció imposible que el mueble cayera por el impacto de los dos guardianes ahora se daban cuenta de que era totalmente posible ya que era frágil y (aunque no lo parecía) muy liviano.
Pero grande fue su sorpresa al ver que de entre medio de la pila de vajilla rota salió volando alegremente Spinel gritando incansablemente "¡más, más, más!" mientras se puso a dar vueltas por toda la habitación buscando más dulces y el pequeño Kero estaba a punto de salir a su siga cuando la rápido mano de la antigua cardcaptor lo detuvo en el aire.
-Keeroo. –le dijo mientras un aura oscura la rodeaba amenazadoramente. -¿Qué es lo que crees que estás haciendo?
¡Más, más, más!, gritaba Spinel sin cesar. Hasta que Eriol intervino y con su magia lo puso a dormir, antes de que se estrellara en el piso la muy astuta Nakuru lo alcanzó y se lo llevó de la habitación conteniendo a más no poder sus ganas de reír.
-Sakura, Sakurita es que yo… yo tenía que vengarme de nuevo y además…como estaba aburrido… -no pudo continuar con lo que decía, bah más bien balbuceaba, porque la dura mirada de su ama lo tenía aterrorizado.
-Kero, quiero que te vayas inmediatamente a mi habitación y te quedes allí hasta que yo te lo ordene.
-Pero Sakurita…
-¡Ahora Kero! –ordenó firmemente la joven de ojos verdes. Y al pobre muñeco no le quedó más que hacerle caso a su dueña, dirigiéndose tristemente a la habitación que compartía con ella.
-¿Qué haremos? Cuando Shaoran vea este desastre se enfadará y…
-Veo que al fin me llamas de nuevo por mi nombre, Sakura –dijo el joven chino mientras ingresaba tranquilamente en la habitación, provocando que Sakura se sonrojara brutalmente. ¡Estaba totalmente roja!
-Lamento los problemas que te ocasionamos Shaoran, me hago cargo del desastre porque Spinel también ocasionó esto. E incluso fue el primero en estrellarse contra el mueble. –dijo Eriol con una leve sonrisa.
-Esto…yo lo siento mucho Shaoran, limpiaré todo y hablaré seriamente con Kero y…
-Sakura por favor, no te hagas problema. Le diré a Sota que se encargue de este…desorden. –añadió alzando una ceja mientras decía lo último.
-Oh, pero yo le ayudaré. No puedo permitir que él se encargue de todo. Además principalmente fue culpa de Kero.
La joven oriunda de Japón iba a añadir algo más pero su teléfono móvil comenzó a sonar así que tuvo que excusarse y contestar la llamada.
-Si, habla Kinomoto. ¡Hermano! Cuanto tiempo sin escucharte, ¿qué sucede?
Y tras un largo silencio contestó con asombro a lo que su hermano mayor le decía:
-¡¿VENDRÁS A TOKYO?!
