Capitulo 22
Oscuridad…me rodea y no me deja ver nada. Sé que vivo, siento el dolor en mi pecho y lo considero como una señal vital porque si estuviera muerta no sentiría dolor, sólo paz. Lo sé.
Sin embargo este dolor me atormenta, estruja mi pecho y da ligeras puntadas a mi corazón. Deseo morir, lo único que quiero es morir y descansar en paz. Porque la muerte es eso: paz. Pero algo me aferra a la vida, algo…unos cálidos ojos del color del chocolate me ruegan que siga luchando. Pero pedirle a alguien que luche es fácil de decir, lo difícil es entender la lucha de esa persona. Y yo…yo no puedo más, siento el peso de los problemas sobre mí y es como si cada vez me asfixiara más y más. Hundiéndome en la oscuridad.
Pero aquellos ojos marrones, tan intensos y decididos me piden que siga luchando y ahora con más claridad veo los rasgos de aquella persona. Sus hermosos rasgos que expresan gran decisión y valor.
Con estrépito la joven se sentó en el lecho. Tenía sus músculos agarrotados y el cuerpo le dolía, sentía como si hubiera permanecido horas o quizás días en aquel brumoso estado de inconsciencia en dónde lo único que podía ver con claridad era aquel rostro decidido a no dejarla ir, a no rendirse por ella. Se dispuso a moverse, con toda intención de levantarse de aquella cama, pero sin embargo no pudo. Sus brazos y piernas no respondían si intentaba moverse de aquella cama, pero lo que más la asombraba era que a pesar de eso, siempre y cuando no intentara abandonar el lecho, podía moverse libremente en la cama. ¿En dónde estoy? Pensó angustiada. ¿Por qué este lugar se me hace tan familiar?
-Querida, ¡has despertado, que sorpresa! –dijo Sebastian mientras ingresaba a la habitación con una bandeja repleta de lo que parecía un gran desayuno, mientras una encantadora sonrisa iluminaba su apuesto rostro.
-Se…¿Sebastian? ¿Qué haces aquí? ¿En dónde estoy?
-Esa, mi querida Sakura, no es forma de recibir a tu amado novio. ¿No es así?
-Pero…¿qué sucedió? ¿Por qué estás aquí, no se supone que estabas de viaje? ¿¡Y por qué no puedo moverme!? –preguntó mientras se revolvía inquieta en el lecho, prisionera de ataduras invisibles que no le permitían moverse con toda la libertad que deseaba.
Es una buena señal, si no puede ver sus ataduras quiere decir que su poder mágico se debilita aún más…fortaleciéndome a mi. Pensó con maligna satisfacción el joven de cabello negro azulado.
-Sakura, querida cálmate. O me verás obligado a volver a dormirte y la verdad es que estaba ansioso por poder charlas contigo.
-De…¿de qué hablas?
-Hablo de que pasaremos un buen tiempo juntos al fin, sin nada que se interponga entre nosotros. Quizás sea por una semana, un mes o quizás unas horas; todo depende si me canso de ti querida. Si te vuelves insoportable no podría tenerte aquí por una semana.
Por su parte la cabeza de la joven daba vueltas y vueltas intentando procesar lo que decía su novio, ¿acaso…me está amenazando? No, Sebastian nunca me haría daño. Pensó firme pero levemente atemorizada
-Sebastian, explícate. ¿De qué es lo que hablas?
-Oh Sakura…eres tan distraída, ¿o quizás debería decir tonta? Una persona normal ya se habría dado cuenta de la situación. –dijo mientras se sentaba a su lado y la abrazaba lentamente enterrando su rostro entre los sedosos cabellos de ella, y notando con satisfacción cómo la joven se estremecía ante su contacto. -¿Acaso no te das cuenta de que no podrás salir de aquí a menos que yo lo decida?
-¿Por qué? –Balbuceó ella -¿Por qué haces esto? Yo…no, no te entiendo.
-¿Hacer qué? ¿Mantenerte aquí en contra de tu voluntad? ¿Traerte algo de comida?
-No me tomes el pelo. –dijo firme mientras se apartaba de él a duras penas, ya que si se aproximaba al borde de la cama automáticamente perdía control de sus movimientos. -¿Qué quieres de mi y por qué me tienes aquí, Sebastian?
-¿Qué es lo que quiero? –bufó muy molesto el hermano de la joven de ojos verdes. -¡Quiero encontrar a mi hermana y una vez que lo haga me la llevaré lejos de aquí! ¡Lejos de toda esta basura, de la gente que quiere hacerle daño y de toda esa tontería del Consejo de no se qué demonios!
-Kinomoto, cálmate. –dijo firmemente el aludido joven chino. –No solucionarás nada a los gritos.
-¡Perdóname pero tu tampoco estás solucionando nada! ¡NO VEO QUE TE MUEVAS Y HAGAS ALGO POR ENCONTRARLA! ¡SI FUERA POR MÍ SALDRÍA AHORA MISMO A RECORRER MAR Y TIERRA PARA ENCONTRARLA PERO TODA ESTA MALDITA CIUDAD ES UN CAOS!
-¡Deja de gritar! Por si no lo sabías pedí expresamente que todo el personal de seguridad del Consejo se movilizara para buscarla, ¡hasta mi asistente y mi chofer fueron en su búsqueda! Y aunque te parezca imposible, ¡intento mantener la calma porque es la única manera de pensar con claridad!
-DISCÚLPAME POR NO SER TAN SERIO COMO TU, CONDENADO MOCOSO. PERO ES MI HERMANA LA QUE DESAPARECIÓ Y CUYA VIDA CORRE PELIGRO. Aunque entiendo que no te cueste "mantener la calma" –añadió con bajando su voz pero dándole un toque de severidad y acusación. –Después de todo sólo eres un mocoso que sólo la ha hecho sufrir desde que era una niña y que recién ahora tiene el valor para volver a Japón. ¿Buscando qué de ella? ¿Su perdón? Alguien como tú no merece su perdón y ella ni siquiera tendría que haber vuelto a verte.
Ahora sí que la paciencia de Shaoran escaseaba aquellas palabras pronunciadas por el hermano de Sakura con toda intención de herirlo, pues Kinomoto no ignoraba la forma en que él seguía mirando a su hermana, había hecho efecto y habían sido como un puñal para el joven chino recordando cuánto había hecho sufrir a Sakura.
-Eso no es un tema de discusión digno de este momento. –replicó con inusitada frialdad que dejó levemente sorprendido a su aludido. –Ahora la prioridad es encontrarla y hacer lo posible para lograrlo, no discutir sobre temas del pasado.
-¿¡Acaso no pueden encontrarla con magia!? –protestó Kinomoto.
-Yo no puedo…sólo manejo poder sobre los elementos y principalmente sobre el rayo. Eriol es el único que puede hacerlo pero no logra encontrar su esencia en ningún rincón de la ciudad.
-Creí que los "hechiceros" sólo tenían un tipo de magia, y al parecer tu tienes toda la de los elementos. ¿No se supone que aquel que maneje la magia de UN elemento no puede manejar otra? –añadió burlonamente el galeno dejando en claro que no creía en todo lo que Shaoran le había contado anteriormente.
-Yo sólo puedo manejar los poderes de los elementos porque soy descendiente del mago Clow, quien en su tiempo fue el único que podía manejar cualquier tipo de magia sin que esta sea considerada caótica. Mi poder es sólo un vestigio de lo que fue el poder de Clow, y ahora sólo hay dos personas que pueden hacer lo mismo que él: Eriol que es su reencarnación y Sakura, quien es la única que ha sobrepasado el poder de Clow; pero como ella sólo limita su magia a las cartas Sakura no ha despertado por completo su poder. Pero si quisiera podría hacerlo. Y ya es suficiente, te expliqué todo lo que debías saber antes y si no me has creído es TU problema, mi prioridad ahora es encontrar a Sakura y si pierdo mi tiempo hablando contigo no tendré ningún avance. –y antes de que su aludido pudiera protestar y decirle mil insultos posibles, el joven chino se retiró de la sala y enrumbó a su despacho donde se mantendría en contacto con la gente del Consejo.
Toya Kinomoto quedó sólo y enfurruñado, la desesperación lo carcomía por dentro al imaginar las mil y un situaciones en las que podría hallarse su hermana en esos momentos y por eso había dejado que su mal carácter se abriera paso y desquitara su enojo en Shaoran. En el fondo sabía bien que el joven chino había movilizado a todo ese Consejo en la búsqueda de su hermana pero en su desesperación sólo quería hacer sentir a alguien igual de miserable a como él se sentía y por eso había pronunciado aquellas crueles palabras al jefe del clan Li. Porque sabía que aunque el chino no hubiera movido un músculo de su cara, sus ojos canela reflejaron dolor. Una punzada de culpa atravesó el corazón del galeno, sabía que ese "odioso mocoso" aún quería a su hermana, demasiado para su gusto, y se sintió un poco culpable al recordarle el dolor que había sufrido Sakura hace tantos años cuando él se marchó sin siquiera decirle adiós.
-Eriol…¿estás seguro de que no es peligroso?
-Completamente seguro, Tomoyo. Confía en mi, es sólo un hechizo simple de localización y en verdad espero que funcione. –añadió preocupado. –Los guardianes llevan horas buscando y aún no encuentran nada.
-Yo también, estoy muy preocupada por Sakura. Si algo malo le pasara una gran parte de la alegría de mi vida y de la de todos se extinguiría, ella siempre es tan optimista y alegre, como si fuera nuestro propio sol. –dijo la joven de ojos azules mientras se aferraba al brazo del inglés como si fuera su tabla de salvación.
-No me molestaría para nada quedarme así abrazado contigo pero temo que me dificultará invocar mi llave. –añadió divertido el inglés provocando un leve sonrojo en la joven.
-Oh lo siento, es sólo que yo…bueno, haz el hechizo por favor
-Llave que guardas los poderes de la oscuridad. –dijo una vez que la joven lo liberó de su agarre. –muestra tu verdadera forma ante Eriol, quien aceptó el pacto contigo. ¡Liberate!
Rápidamente el gran báculo que usaba desde que era niño, se había manifestado y con un leve movimiento de Eriol pronto la insignia del mago Clow se manifestó en el suelo iluminando completamente la habitación. El inglés cerró sus ojos y luego de un breve momento de concentración un aura lo rodeó y haciendo ondular sus azulados cabellos, fue entonces cuando en el suelo se manifestó una habitación en la penumbra pero por más que el inglés lo intentaba con todas sus fuerzas, no lograba visualizar con claridad aquel lugar en el que estaba seguro que Sakura se hallaba.
Maldición, alguien está intentando romper los sellos. Pensó frustrado el maligno Sebastian Doyle mientras se ponía de pie en un salto
-No te preocupes querida, volveré en un segundo y hablaremos apropiadamente. –le dijo a la joven de ojos verdes con una falsa sonrisa
-No me llames de ese modo, nunca más. –murmuró ella.
Pero ignorando su respuesta, Doyle se marchó apresurado de la habitación.
No puedo equivocarme, este es el poder del infeliz de Eriol, pero con un poco de suerte podré aprovechar su intento de intrusión para matarlo de una vez por todas. Pensó el joven con astucia.
Invocó su espada mentalmente, era una espada completamente negra que al conjurarse parecía ser formada por una neblina completamente negra que luego se solidificaba dándole su forma. Una espada larga y filosa que era capaz de cortar una hoja en el aire. Una espada mortífera.
-Sirvientes de la sombra, almas malditas que no logran el descanso eterno. Muéstrenme a mí, el gran Maldito quien se atreve a romper el Gran Sello.
No terminó de pronunciar con solemnidad cuando en el suelo de la habitación que ocupaba se visualizó la insignia de magia que alguna vez perteneció a Clow Reed y que ahora pertenecía a su reencarnación: Eriol Hiragizawa. Y con una siniestra sonrisa de satisfacción clavó su oscura espada en el centro de la gran insignia, cualquier observador común se abría asombrado y se hubiera negado a creer lo que veía. Pues la espada no era clavada en el suelo dejando alguna marca, sino que parecía disolverse a medida que se hundía más y más mientras quien la sostenía murmuró unas simples palabras: Yo, te maldigo Eriol Hiragizawa.
-¡No, no, no! –gritó desesperada la joven de ojos azules al ver a su acompañante caer de rodillas al suelo mientras escupía sangre violentamente. -¡Eriol, Eriol! ¡Resiste, por favor! ¡SHAORAN, SHAORAAAN! –gritó desaforadamente mientras sostenía en sus brazos al mortalmente pálido, Eriol Hiragizawa.
Fue menos de un minuto lo que le tomó al joven chino llegar a la habitación de donde provenían los desesperados gritos de la joven.
-Cielo santo… -murmuró aterrorizado ante la imagen. Mientras Toya Kinomoto ingresaba después de él a la habitación quedando estupefacto por un segundo y luego corriendo a intentar auxiliar al inglés, pero fue el imponente grito de Li el que lo detuvo.
-¡NO LO TOQUES! Eso no es una reacción humana común provocada por una enfermedad, es magia la que le está haciendo daño, si lo tocas podrás ser afectado
-¡Hagan algo para salvarlo, puede morir! –gritó sollozante la joven de ojos azules.
-¿¡Cómo es que ella lo sostiene en brazos!?
-Por alguna razón que no comprendo Tomoyo no parece afectada… -dijo con leve asombro el jefe del clan Li. Mientras el inglés no dejaba de escupir sangre pero a duras penas logró murmurar.
-Tomoyo…está…protegida… -y señaló un extraño medallón dorado con la insignia de Clow en él, medallón que él había puesto a duras penas en la mano de la joven en cuanto ella se acercó a él. –El…medallón la…protege. –dijo escupiendo más sangre aún.
-Eriol, ¿has sido maldecido? –preguntó seriamente y con preocupación brillando en su intensa mirada.
-Estoy…luchando, contra eso. –cerró sus ojos por un instante y nuevamente la insignia mágica se vislumbró mientras una nueva aura rojiza lo rodeaba haciendo ondular sus cabellos y los de la joven a su lado.
Toya se alejó lentamente de la escena y Shaoran concentró su poder procurando ayudar con su fuerza mágica a su joven amigo. Deseando con todas sus fuerzas que pudiera vencer aquello, porque de lo contrario…el divertido inglés de profundos ojos azules moriría.
-No podemos seguir así, siento como si diéramos vueltas en círculos. –bufó Ruby Moon angustiada. –Sakura tiene que estar en algún lado, pero es como si se la hubiera tragado la tierra.
-Debemos seguir buscando, debe estar oculta en algún lugar. –respondió Spinel Sun, aunque en realidad temía lo peor ya que llevaban horas de infructuosa búsqueda.
-A pesar de todo, no logro sentir su esencia mágica y eso es lo que más me preocupa. Si su esencia mágica no se siente quiere decir que… -pero el guardián de ojos dorados no pudo terminar su frase. Mientras volaba por los cielos, acompañado también por su compañero el guardián de la luna que también pasaba por lo mismo que él, quedó completamente inconsciente.
Ambos guardianes caían al vacío y a duras penas los guardianes pertenecientes a la reencarnación de Clow lograron atraparlos.
-¿Qué es lo que les sucede? –preguntó Ruby Moon realmente sorprendida
-Parece que se han debilitado. –comentó preocupado Spinel Sun mientras intentaba volar establemente con el gran cuerpo del guardián del Sol sobre su lomo. –Será mejor que descendamos a un lugar seguro. No podré resistir mucho con Kerberos sobre mi lomo.
Y acto seguido amos guardianes descendieron a un pequeño bosquecillo que formaba parte un parque de juegos en la ciudad.
-Si tan sólo volvieran a sus identidades falsas…serían menos "evidentes" –se lamentó el gran guardián negro azulado volviendo a su forma original al igual que su compañera.
Pero como si su lamento hubiera sido escuchado por los inconscientes guardianes, ambos volvieron a su forma original dejando visibles a un agotado y pequeño Kerberos jadeante y a un dormido Yukito Tsukishiro.
-¿Kero, qué les sucedió? -Preguntó Nakuru.
-Sakura…Sakura se debilita…y si ella, si ella se debilita entonces…entonces nosotros tamb…ién, también. –jadeó el ser de ojos dorados concentrando todas sus fuerzas en reponerse y seguir en la búsqueda de su dueña.
Pero antes de siquiera intentar ponerse de pie, el pobre Kero se desmayó arrastrado por la inconsciencia.
-Ha logrado combatir la maldición a duras penas, pero pese a su estado de inconsciencia se encuentra bien. –murmuró tranquilizadoramente Shaoran Li a una muy angustiada Tomoyo. –Sin duda Eriol es uno de los hechiceros más fuertes que he conocido Tomoyo, estará bien. Sólo debe reponerse de la pérdida de sangre y eso está solucionado ya que ahora mismo recibe transfusiones de sangre. No sé si prefieres que lo traslademos al hospital de Consejo o…
-No. –interrumpió la joven. –No, él estará más a gusto aquí, claro…si es que no te causa alguna molestia. –añadió apenada.
-Por supuesto que no, Tomoyo. A pesar de sus "divertidas" pruebas en nuestra infancia, con el tiempo me he hecho buen amigo de Eriol aunque han sido pocas las veces en las que hemos podido vernos. Aunque me sorprende lo allegada que eres a él, no me…no me lo imaginaba. –admitió con ligera confusión el joven jefe, provocando que la joven se ruborizara violentamente
-Es que…es que él y yo…bueno hemos puesto en claro algunas cosas. –suspiró. –Y creo, que en cuanto todo esto termine tú y Sakura deben hacer lo mismo. Es decir, aprecio a Sebastian pero aunque no lo creas últimamente se ha distanciado mucho de Sakura, y salta a la vista que tu y ella aún sienten algo.
A la sola mención del inglés Doyle, el rostro de Shaoran se endureció y dijo con rabia.
-No sé qué se trae ese inglés entre manos, pero algo me dice que está detrás de todo esto.
-¿Sebastian? Oh, no lo creo. Él no tiene magia o Sakura lo habría sabido, es decir…él sabe que Sakura posee magia pero él no la tiene.
-Si alguien tiene mucho poder puede lograr ocultar su magia, ya sea por su propia voluntad o utilizando ciertos amuletos especiales.
-Pero…dudo que Sebastian tenga algo que ver con esto, él siempre ha sido muy atento y amable con Sakura y conmigo. No lo imagino como una persona cruel capaz de hacerle daño a alguien y mucho menos a nuestra querida Sakura.
-No lo sé, lo único que tengo en claro en mi mente es que NECESITO encontrar a Sakura. El sólo hecho de imaginar que algo malo pueda sucederle me desespera.
-Tenemos que ser optimistas y pensar como ella Li, pensar que pase lo que pase todo estará bien.
En ese momento, eso era lo mismo que la antigua cardcaptor se repetía sin cesar como si fuera un mantra. Aunque apenas podía mantenerse sentada en la gran cama que ocupaba y se sentía muy afiebrada. Todo estará bien, sé que Shaoran vendrá por mí, confío en él. Solo tengo…sólo tengo que resistir. Pensó.
-Shaoran no vendrá por ti querida, si eso es lo que piensas. –dijo Sebastian Doyle ingresando a la habitación para gran sorpresa de la joven
-Sebastian tienes que detener esto. –suplicó ella. –Detente antes de que alguien resulte herido.
-Oh, si te refieres a eso ya es tarde. Mira. –dijo alzando su brazo y develando el grueso hilo de sangre que corría por el. -¿Ves esta sangre? Sale de una herida, herida que me provocó recibir el contraataque de una maldición que quise echar sobre el imbécil de Hiragizawa. –bufó
-¿¡Eriol!? ¿Conoces a Eriol, qué le hiciste? ¡DIME! –gritó desesperada la joven de ojos verdes.
-¡Cállate! –gritó con imperio el inglés dejando a Sakura completamente muda de espanto ante la violenta reacción de quien era su novio, o lo había sido, pues el joven se había acercado hacia ella amenazadoramente. –Desgraciadamente para mi ese infeliz es mi primo, pero no creas que eso lo salvará de su muerte. Todo lo contrario, después de que te mate y absorba por completo tus poderes acabaré lenta y tortuosamente con él, aunque aún no me decido si primero acabaré con Shaoran Li. Quizás lo mejor sera torturarlo frente a tus ojos y después matarte, absorber tu poder y terminar con el inglés. –dijo con una sonrisa perversa que asqueó profundamente a Sakura.
-Eres repugnante, pero aunque muera en el intento no dejaré que lleves a cabo tus planes. –contestó ella mientras lágrimas de dolor y desilusión caían por sus mejillas sin cesar.
-Oh Sakura, no seas estúpida. ¿No te das cuenta de que con el sólo hecho de que mueras yo salgo ganando? Podría matarte aquí y ahora y quedarme con tu poder, con la llave de la vida y con tus guardianes. Pero admito, que me gusta ser más dramático a la hora de realizar mis actos, y disfrutaré mucho cuando nuestra batalla final se lleve acabo. Ya lo tengo todo planeado, torturaré a Shaoran dejándolo apenas con un hilo de vida para que luego te vea morir.
-Me das asco…-fue lo único que murmuró la joven de ojos verdes.
-Vamos querida, de alguna forma tengo que ganar y cuando más interesante sea esa forma, mejor. Después de todo la llave de la vida y tu poder lo vale.
-¿De qué llave de la vida hablas?
-Tu majestuoso báculo de la estrella, desde que se supieron los planes de Clow Reed al morir mi clan ha esperado por años que ese báculo vuelva a aparecer en este mundo y que albergue en sí el poder más grande de todos que superaría al de Clow. Este poder se manifestó, y gracias a ti es conocido como el poder de las estrellas, querida. Pero dado a que no sabes hacer uso completo de esta mágica llave no lo mereces, para que lo entiendas te aclaro que siempre le hemos llamado llave de la vida, primero por su particular forma al ser la llave del libro Clow, y luego porque es el único báculo con el poder de crear VIDA, SAKURA, VIDA. Sólo dos hechiceros a lo largo del tiempo han logrado crear seres mágicos con su magia: Clow Reed y su reencarnación, el odioso de Eriol. Pero tu también podrías si hubieras puesto empeño en concentrarte en tu magia y no en tus estúpidos estudios de cocinerita de cuarta.
-Si quieres el báculo te lo daré pero deja en paz a mis amigos, déjame ir y no te acerques a Kero y a Yue. –suplicó la muchacha.
-No seas ilusa, si todo fuera tan fácil te habría robado la llave mientras vivimos juntos. Pero no, para poder ocupar el verdadero poder del báculo se necesita del poder de las estrellas, es decir: TU poder.
-Pero…no tienes que hacerle daño a los demás. –musitó Sakura.
-Eso es algo más personal, ese idiota de Li no me cae precisamente bien. No creas que ignoro la forma en que se miran, y bueno…ya que estamos también acabaré con Eriol. Mataré dos pájaros de un tiro. –sonrió.
-¡Por favor Sebastian, no pue… -la pálida joven no pudo continuar con sus palabras, se llevó la mano al pecho con un mueca de dolor y comenzó a sollozar mientras se revolvía en la cama presa del dolor.
-¿Ahora comprendes tu situación, querida? –dijo él mientras acariciaba suavemente su cabello. –La maldición te consume y cada vez más dolorosamente, es cuestión de días para que tu fin llegue. Pero me aseguraré de que antes de que mueras por la maldición que te hice, veas morir a tu querido Shaoran.
Gemidos y sollozos fueron la única respuesta que obtuvo, la joven de ojos verdes lloraba ante la fuerza de aquel dolor que le oprimía su pecho y luego de unos instantes se dejó llevar por el suave manto de la inconsciencia.
El tiempo se acorta, debo actuar antes de que muera o mis planes no tendrán sentido. Pensó siniestramente Doyle mientras sostenía entre sus brazos la frágil figura de la antigua cardcaptor.
Sakura, Sakura…¿dónde estás? Me entregaría a quien fuera necesario si con eso te recuperara.Pensó con desaliento el joven Jefe del clan Li, tres días después de la desaparición de su compañera de la infancia.
Los días habían pasado lenta y dolorosamente para todos, Toya Kinomoto ya estaba preso de la desesperación y de haber sido posible se hubiera arrancado sus cabellos con las manos. Pero aún así se negaba a informarle a su padre de lo ocurrido, no sería fácil de explicarle que por culpa de algunos lunáticos de la magia su única hija estaba desaparecida y corría grave peligro; se pasaba horas y horas recorriendo la ciudad de Tokyo con la esperanza de hallarla en algún lado. Pero el panorama no lo ayudaba, Tokyo seguía siendo un caos a pesar de que los días habían transcurrido y ningún terremoto había azotado la ciudad, los ciudadanos se encontraban temerosos y un gran número de maquinarias estaban en las calles removiendo escombros de edificios caídos. Recorrió todos los hospitales de la zona en busca de su hermana pero todo había sido un completo fracaso.
Por su parte Eriol Hiragizawa aún se sentía débil y estaba a cuidado de la cariñosa Tomoyo, que aún cuidando del inglés hacía todo lo posible por obtener información sobre Sakura. La joven le había prohibido al inglés realizar otro conjuro como el que había realizado antes, y aunque eso no lo tenía contento a él, no se quejaba pues disfrutaba de las agradables caricias de su amada.
Pero ciertamente era Shaoran quien peor lo pasaba, los días pasaban y no tenía ninguna información sobre Sakura y el hecho de que los guardianes de ella estuvieran cada vez más débiles sólo podía significar una cosa: Sakura estaba mal, muy mal.
La desesperación lo consumía cada vez más y más aunque intentaba mantener la calma para poder pensar mejor, pero al ver que los informes de investigación que llegaban día a día por parte del Consejo no mostraban mejoría sólo empeoraba.
Fue así que con la sola idea de encontrar a Sakura salió de nuevo a las calles acompañado por los guardianes de Eriol quienes peinaban los cielos sin resultados. Sin embargo, cuando ya se estaba dando por vencido, el movimiento de una sombra en un callejón cercano a la vereda por la que caminaba le llamó la atención, siguió sigilosamente a aquella oscura figura y de repente una ráfaga de viento azotó su cara haciendo caer la capucha de quien iba delante de él. Revelando un cabello negro-azulado que ondeaba al viento. Un cabello que él reconocería donde sea, porque su dueño era una persona en quien no confiaba.
-¡Sebastian! –gritó haciendo que la figura se detuviera en seco y girara con lentitud hacia él.
-Vaya, vaya…me sorprendes Shaoran. ¿Qué te trae por este solitario callejón?
-Más me sorprende saber que estás aquí, creí que estabas de viaje en algún lugar de Japón o del mundo.
-Acabo de regresar y sólo tomaba un atajo a mi apartamento. –contestó el aludido mientras se encogía de hombros. –Si me permites tengo prisa, luego de ordenar mis maletas quiero ir a ver a Sakura.
-Llevas ropa extraña para un recién llegado. Esa capucha la vi antes, ¿sabes? –dijo con suspicacia el chino mientras se acercaba lentamente a él.
-Me sorprende tu observación, bueno Shaoran tengo prisa. Nos veremos luego. –añadió con una falsa sonrisa.
-¿Dónde está Sakura?
-Oh, me sorprende lo directo que eres. Creía que serías más…cobarde y huirías de aquí sin más.
-Admites que no eres quien decías ser. –replicó fríamente Li
-Oh, claro que no. Pero bueno, ahora que lo sabes no me queda otra opción que matarte, y yo que quería que vieras como muere Sakura. –suspiró mientras una ráfaga de oscuros vientos se arremolinaba a su alrededor.
-Maldito bastardo. –fue lo único que alcanzó a decir Shaoran antes de tener que esquivar hábilmente una columna de una especie de sustancia oscura. Y mientras saltaba ágilmente invocó su gran espada contrarrestando el ataque recibido.
Una macabra risa fue lo que recibió como respuesta mientras su atacante se acercaba rápidamente blandiendo una espada negra con toda intención de herirlo. La lucha de espadas comenzó y Shaoran se asombró de la gran habilidad de Taijustsu* que poseía el inglés. Nunca hubiera creído que este sujeto tuviera habilidad en Taijutsu, parece a propósito. Pensó mientras se defendía hábilmente de los golpes que lanzaba el atacante y a la vez lo atacaba.
Ciertamente esto lo sorprendía ya que a pesar de ser su nacionalidad, Shaoran prefería el Taijutsu como técnica de ataque y defensa siendo los ataques con sus piernas, su punto fuerte. Por eso le sorprendió que sin saberlo, el inglés peleara con la ténica de combate que él prefería. Aunque no malinterpreten, Shaoran Li era un experto el todas las artes marciales y no le costaba gran trabajo defenderse…y atacar.
Al darse cuenta de que no obtenía nada con la pelea cuerpo a cuerpo, el inglés retrocedió y con un simple movimiento de su espada atacó con una serpiente de fuego al joven chino que rápidamente lo evadió convocando una ráfaga de viento y lanzando el serpenteante fuego contra Sebastian.
-Me sorprendes. –dijo jadeante. –Creí que tu fuerte era el poder del rayo, Li.
-Como descendiente directo de Clow, soy el único mago de Oriente con el poder de los elementos. ¡Burbuja de agua, ven a mi! –invocó, envolviendo en una gran burbuja de agua a Doyle, burbuja que luego de un segundo el inglés logró disolver sin esfuerzo no sin antes quedar empapado. Pero antes de que pudiera reaccionar Shaoran invocó el poder del rayo atacándolo sin piedad.
Con gran esfuerzo, Doyle logró protegerse del rayo mediante la invocación de vientos oscuros pues al estar empapado el poder del rayo lo había afectado con una gran descarga eléctrica.
-Eres inteligente Li, pero con esto sólo haz adelantado tu muerte y la de todos. –dijo el jadeante Doyle, mientras para el gran asombro de Shaoran un par de enormes alas negras surgían de su espalda. –Hoy habrá un gran espectáculo en la torre de Tokyo, espero que lo presencies en primera fila. Y ten en cuenta que no falta mucho para que suceda. –añadió con una de sus tan detestables sonrisas.
Pero antes de que Li intentara atacarlo nuevamente, Sebastian agitó con fuerza sus negras alas arrojando lejos al joven chino y aprovechando su ataque para huir del lugar volando…como un gran ave negra, huyendo como un cobarde.
-¡Maldición! –gritó con rabia Shaoran al ver alejarse rápidamente a su atacante. –Ese maldito tiene a Sakura, ¡pero no me detendré hasta recuperarla!
