Capitulo 23

-¡Amo! ¿Qué le sucedió? –preguntó alarmado Stuart.

-No te preocupes, son sólo…heridas leves. Ese infeliz de Shaoran se atrevió a atacarme. –respondió mientras escupía un poco de sangre. –Que los Seis y Zhao se reúnan aquí lo más pronto posible, hoy todo terminará.

-Como usted ordene mi señor, ¿pero no cree que está algo debilitado para luchar?

-¡Ese idiota sabe todo, si hoy no actuamos comenzará a buscarla y dará con ella, no puedo correr ese riesgo!

-Entiendo señor, haré que todos se reúnan en menos de una hora.

-Está bien, yo iré a ver a Sakura. Le complacerá saber que hoy su cautiverio termina. –añadió con una sonrisa. –Y otra cosa más, si la gente de Zhao quiere dejar de ser un estorbo que disponga todo en la torre de Tokyo según las instrucciones que le dimos a Yugo.

-Como ordene, amo. –y dicho esto el senil anciano se retiró dejando solo a un enfurecido Doyle que lo único que quería era acabar lenta y tortuosamente con todos y cada uno de los que intervinieran en la batalla.

En ese momento, Toya Kinomoto recorría la ciudad en sus diarias caminatas desesperadas en busca de su hermana y fue gracias a esto que pudo contemplar la figura de Shaoran Li manteniéndose de pie a duras penas con la ayuda de una pared en la que se apoyaba. A pesar de su pésima relación con el chino, Kinomoto no dudó echarse a correr hacia la dirección en la que el convaleciente jefe se hallaba.

-¿Qué demonios te sucedió? –preguntó intentando disimular su preocupación y pasando el brazo del joven sobre sus hombros para ayudarlo a mantenerse en pie.

-Seba…Sebastian, él la tiene estoy seguro… -murmuró el joven chino

-¿¡Qué!? ¿Él te lo dijo, en dónde está?

-No me lo dijo directamente pero me lo dio a entender, después de una corta pelea…huyó. Él…él tiene magia. Y es Magia del Caos. –suspiró antes de perder el conocimiento.

¿Quién demonios es en verdad ese Sebastian Doyle? Se preguntó Kinomoto mientras suspiraba, pues se hallaban a por lo menos diez cuadras de la residencia Li y tendría que cargar con Shaoran hasta que llegaran y lo atendieran como corresponde. Sin embargo fueron menos de 15 minutos lo que le tomó al galeno llegar a la gran residencia, hay que agradecer eso a su gran estado físico y su buena salud. No había terminado de dar un paso hacia el gran portón de entrada cuando tanto Sota como Liu Jin, chofer de Shaoran, ya estaban corriendo hacia él preguntando a voz de grito "¿qué le sucedió?"

-Sólo tiene unos cortes leves, pero parece muy debilitado. Antes de desmayarse me dijo que tuvo una pelea con Sebastian Doyle. –explicó el joven a los recién llegados.

Y mientras estos llevaban al inconsciente joven chino al interior de la mansión, Kinomoto no podía dejar de pensar en el giro que estaban tomando las cosas. Quien creía que era un estúpido inglés que tenía el honor de considerarse novio de su hermana, era en realidad un poderoso hechicero con el poder de dejar en estado de inconsciencia al "mocoso" de Li quien sabía bien que era una persona muy fuerte.

Cuando ingresó a la residencia, detrás de los asistentes, se encontró con la muy preocupada Tomoyo que no hizo más que preguntarle qué sucedió.

-Ese sujeto, Doyle, lo atacó. El chino está seguro de que tiene a Sakura y además ese tipo practica esa magia del caos o como se llame. –bufó

-Pero…¡pero Sebastian nunca demostró su magia! ¡Ha sido amigo mío y de Sakura por dos años y si él tuviera magia Sakura lo habría sentido!

-Una persona con gran poder puede disimular el mismo si se lo propone, Tomoyo. –intervino Eriol.

-¿Eriol qué haces aquí?, ¡debes estar en cama haciendo reposo!

-Querida, aunque no lo creas por alguna razón me siento mucho mejor.

-¿De qué hablas Hiragizawa? Cuando yo salí de aquí parecías más muerto que vivo.

-Yo tampoco lo entiendo, pero ahora estoy mejor. Creo que puede deberse a que nuestro amigo Shaoran haya dejado muy débil a mi primo, o eso espero.

-¿¡Tu primo!? –gritaron al unísono Tomoyo y Toya.

-Si…temo que nuestro enemigo es él. Vine a Japón porque en Inglaterra me habían informado que quizás mi primo estuviera ocasionando problemas, y por lo que escuché quien atacó ahora a Shaoran es alguien llamado Sebastian Doyle. Mismo nombre que posee mi "amigable" primo, además no me cabe duda después de todo hace unos días Shaoran me preguntó cómo se llamaba mi primo y normalmente eso no le interesaría a no ser que sea algo muy importante, ¿no creen? – los aludidos asintieron al unísono.

-Espera un momento, ¿eso quiere decir que tú sabías quién tenía a Sakura desde un principio, Hiragizawa? ¿¡Por qué no nos lo dijiste!?

-No señor Kinomoto, yo no lo sabía de haber sido así se los hubiera dicho en un primer momento. No tenía ni la más remota idea de que él practica Magia del Caos o que tuviera alguna relación alguna con Sakura y los demás. Cuando vine aquí, creí que los "problemas" que él ocasionaba eran insignificantes.

-Pero ya ves que no lo son y… -un gran estruendo interrumpió a Toya.

Las reacciones fueron rápidas, Kinomoto se cubrió la cabeza con las manos imaginando que el techo se le caería encima y Eriol abrazó fuertemente a Tomoyo en un ademán sobreprotector. Pero para el asombro y alivio de todos, el techo no se les cayó encima aunque los estruendos siguieron. Fue Eriol quien soltando suavemente a Tomoyo se aproximó a la ventana más cercana y observó lo que ocurría, grandes truenos se escuchaban como si desgarraran el cielo y una tormenta eléctrica sacudía Tokyo.

-En toda mi vida, nunca vi algo como esto. –murmuró Toya mientras se le acercaba acompañado de la temblorosa joven de ojos azules.

-Esto no es natural, se siente una fuerte presencia de magia oscura que se concentra en el centro de la ciudad.

-¿En el centro de la ciudad?

-En el centro de la ciudad…se encuentra la torre de Tokyo. –murmuró Tomoyo. –El lugar donde Sakura sufrió el Juicio Final.

-Así es… -asintieron al unísono sus acompañantes. Pero para sorpresa de todos fue Shaoran quien apareció en el umbral de una puerta y aclarando:

-Sebastian me dio a entender no sólo que tiene a Sakura, sino también que algo va a suceder hoy

-¿De qué hablas, mocoso? ¿Y qué haces de pie si estas tan débil?

-Me siento mejor, Kinomoto. Y él dijo que hoy habría un gran "espectáculo" en la torre de Tokyo y que no faltaba mucho para que ocurriera, así que estoy seguro de que allí es a donde debemos dirigirnos para encontrar a Sakura.

-Bien, no hay tiempo que perder. ¿Qué esperan? ¡Vamos allí! –respondió con leve esperanza el galeno, esperanza de al fin hallar a salvo a su hermana. Pero para su asombro fue Eriol Hiragizawa quien se negó.

-No, es muy peligroso. Ustedes no poseen magia, por lo tanto se quedarán aquí; señor Kinomoto…recuerdo bien que usted le brindó sus poderes mágicos a Yue hace años para que su identidad falsa y él no desaparecieran de este mundo. Por lo tanto ya no tiene poder alguno como para defenderse de los ataques que pueda sufrir en la torre, al igual que Tomoyo, aunque tu nunca haz tenido poder mágico alguno, querida. –repuso mirando con infinito amor en sus ojos a la joven de ojos azules, la cual asintió levemente.

-¿¡Entonces debo quedarme aquí sin hacer nada!?

-Así es Kinomoto. –añadió el jefe del clan Li. –Serías sólo un estorbo en la lucha que se pueda ocasionar allí, porque es evidente que con tan gran concentración de magia a los alrededores y esta tormenta eléctrica, Doyle no quiere charlas amistosamente y entregarnos a Sakura por las buenas. Haré lo posible por traerla sana y salva, y si es necesario la protegeré con mi vida. –

Ante la seriedad y sinceridad con la que el joven chino había dicho esto, Toya Kinomoto no pudo más que asentir en silencio. Pues conocía a Shaoran y sabía que era alguien que quería mucho a su hermana (más de lo que a él le gustaba) y que cumpliría con su palabra, pero aunque él se mostrara siempre malhumorado con el joven Li…lo apreciaba y sabía que su hermana también por eso las siguientes palabras sorprendieron a más de uno en la habitación. Incluso a Sota que acababa de ingresar a la habitación y no se le escapaba que aparentemente a Toya su jefe no le caía muy bien que digamos.

-Cuídate mocoso, no te dejes morir. Lucha. Y no sólo por ti, sino también por mi hermana.

-Te prometo que te traeré a Sakura a salvo, sin importar qué. –fue la única respuesta del joven chino. Y tras un breve y expectante silencio fue Sota quien intervino.

-Señor, ¿qué haremos? Esta tormenta incrementa más y más, si sigue así comenzará a causar grandes daños en la ciudad.

-Iremos a la torre de Tokyo, Sota. Iremos a recuperar a Sakura.

-Creo…creo que es precipitado atacar ahora, Doyle.

-¡No me interesa si usted lo cree o no precipitado, Zhao! ¡Con o sin su ayuda la lucha será hoy, ahora mismo! Los Seis y yo estamos listos, si usted no se cree capaz de lidiar con un estorbo inservible como los es Shaoran Li entonces es un incapaz, un inútil ¡un completo idiota!

El jefe del clan Zhao a duras penas logró contener su rabia ante la forma en que Doyle lo trataba, pero decidió no ponerse agresivo ya que sabía bien que si Doyle quería…podría matarlo con el sólo movimiento de un dedo.

-Esta bien, Sebastian. Lucharé hoy, sólo yo y una persona de mi absoluta confianza y nos desharemos de Li sin inconvenientes.

-Espera un momento, no lo matarás. Sólo lo dejarás agonizante para mí, entonces yo le daré el golpe de gracia para que Sakura vea con sus propios ojos la muerte de su querido Shaoran.

-Cómo desees, mientras el Consejo no sepa de mi participación en esto porque sino todo habrá sido en vano para mí.

-Oh quedate tranquilo, hoy Li morirá y el Consejo no sabrá quién fue su asesino. Para cuando su muerte salga a la luz tu estarás a salvo en Yokohama y fingirás no estar enterado de nada, los "acontecimientos extraños" terminarán y podrás volver a tu natal Hong Kong asumiendo el cargo del clan más poderoso ya que el clan Li se disolverá al haber muerto su jefe. Es simple y nada puede salir mal hoy.

Por un corto momento, Yugo Zhao dudó de su decisión al ver a la pálida e inconsciente Sakura no muy lejos de donde se hallaba. Dudó al imaginar el dolor provocado por la situación que la joven podría estar sufriendo, dudó al imaginar a su esposa en las mismas condiciones y…sin embargo, la ambición volvió a llenar su corazón invadiendolo por completo y sin dejar lugar para pequeñas dudas. Animándolo así, a terminar lo que había empezado para llegar a ser al fin el jefe del clan más poderoso de China, y no sólo el "segundo clan más poderoso"

-Bien, cada uno a sus lugares, no debe faltar mucho para que esos imbéciles lleguen aquí. –ordenó Doyle.

-Señor, no falta mucho.

-Lo sé, Sota. El poder se concentra cada vez más y no debe faltar mucho para que estalle en forma catastrófica para la ciudad. Debemos apurarnos. –contestó Li, mientras terminaba de ponerse su traje de combate verde que tanto lo caracterizara de niño. Sólo que éste ahora tenía algunos arreglos, sus mangas no eran tan anchas como lo eran antes, ahora eran un poco más angostas proporcionándole al jefe una mejor movilidad. Ya no llevaba aquella especie de sombrero sobre su cabeza sino sólo sus suaves cabellos canela al aire; además de los usuales símbolos que el traje verde tenía bordado, ahora se añadían en sus mangas algunas inscripciones chinas bordadas hábilmente y que servían de protección ante ataques mágicos básicos que pudieran ocasionar daños graves en el joven chino.

-Sota, ¿Eriol está listo?

-El señor Hiragizawa aún está terminando de colocarse su traje

-¿Cuál traje?

-El que usó alguna vez siendo Clow Reed, según me dijo.

-No sabía que habías traído este traje. –dijo Tomoyo mientras terminaba de acomodar bien las solapas del traje de combate que antes pertenecía a Clow.

-Querida, este traje es de combate y me brinda cierta protección al igual que el traje de Shaoran. Además cuando vine aquí, sabía que tarde o temprano me enfrentaría a una pelea

-Y fue una agradable coincidencia que nuestros caminos se cruzaran

-No existen las coincidencias, sólo lo inevitable. Mi destino era amarte, aunque la primera vez que nos vimos siendo niños no fui consciente de ello. –murmuró el inglés mientras depositaba un cálido beso en los suaves labios de la joven. –Te amo, de no ser porque lo siento con pasión creería que es imposible. Pues nunca hubiera imaginado que me acabaría enamorando de una forma tan intensa en cuestión de días. –le susurró a sus oídos

-Yo también te amo Eriol, nunca en mi vida me hubiera imaginado de esta forma, sintiendo lo que siento por ti. Siento que si te pierdo, muero así que por favor: vuelve con vida. Vuelve conmigo.

-Volveré por ti mi amor, y cuando vuelva quiero que estemos juntos. Por siempre, lo prometo. –le susurró antes de sellar su promesa de amor con un tierno pero a la vez demandante beso que quizás hubiera llegado a más de no ser porque un suave golpe en la puerta captó la atención de ambos. Y mientras lanzaba un suspiro resignado el inglés contestó

-¿Quién es la persona tan oportuna que golpea?

-Eriol, lo…siento. Mis disculpas si interrumpo pero debemos irnos. –contestó Shaoran algo apenado.

-Oh Li, pasa por favor. –dijo la joven de ojos azules mientras se liberaba de su amado que aún continuaba dándole ligeros besos en su pálido cuello, besos que le provocaban cosquillas y que a duras penas contenía. –No te preocupes, no interrumpes nada. Lo mejor será que se vayan ahora, o sino…no quiero ni pensar lo que le podría suceder a Sakura.

-Bien, vámonos Shaoran. Tomoyo tiene razón, lo mejor será apresurarnos.

-Esperen. –intervino nuevamente la estudiante universitaria. –Por favor cuídense mucho, y Li…desde que eras un niño haz dado todo por cumplir tus metas y temo que ahora puedas ser algo extremista. No mueras en esa pelea con la intención de sacrificarte por ella. No mueras por Sakura, vive por ella. Ustedes dos tienen cosas que aclarar y sé bien que ambos se quieren…mucho.

-Yo…yo traeré a Sakura, a salvo…ambos volveremos. –balbuceó el joven chino poniéndose completamente rojo, lo que motivó una sonora carcajada en su compañero inglés.

-Bien, ahora sí vamos. ¿Sota y Liu Jin nos acompañarán, verdad Shaoran?

-No, sólo Sota irá con nosotros. Prefiero que Liu Jin se quede aquí en protección de Daidouji y Kinomoto, es el más capacitado de todo el personal que queda aquí en la residencia.

-¿Qué harán con Kero y Yue? –inquirió Tomoyo

-Kerberos está despierto e insiste venir con nosotros, sin embargo Yue, es decir Tsukishiro, aún no despierta por lo que se quedará aquí con ustedes.

-Cuidense mucho, me siento culpable por permitir que Sebastian entrara en nuestras vidas…si algo les pasara…yo…

-Sh, querida por favor no digas más. –la calló Eriol mientras la abrazaba. –Nada es tu culpa, si el objetivo de Sebastian era relacionarse con ustedes con o sin tu ayuda lo hubiera logrado. Por favor, no te atormentes más mi amor

-Está bien, lo prometo. –dijo ella secándose las lágrimas que, rebeldes, había comenzado a resbalar por sus mejillas. Lo que provocó que su amado joven de ojos azules besara sus mejillas borrando con un suave beso el rastro de las lágrimas, y luego deslizándose hacia sus labios. Obviamente provocando el sonrojo del apenado Shaoran.

-Bien, vámonos de una buena vez. Volveré por ti, Tomoyo y junto a Shaoran traeremos a Sakura.

Fue así, como los guardianes Ruby Moon, Spinel Sun y Kerberos partieron hacia la torre de Tokyo acompañados del jefe del clan Li, Eriol y el siempre leal Sota Xing. Dejando en la gran residencia Li a un impotente Toya, una angustiada Tomoyo y a un inconsciente Yukito.

Al cabo de unos minutos, llegaron a la gran torre pero no sin gran esfuerzo. Las grandes fuerzas oscuras que rodeaban a la torre provocaban debilidad en todos ellos, además la tormenta de rayos seguía azotando a la ciudad y el hecho de estar en el interior de una gran estructura de hierro no les provocaba "bienestar". Pues cabía la posibilidad de que un rayo diera con la torre y destruyera todo, ciertamente era Sota quien iba a mencionar esto y agregar de que quizás la torre estaba protegida por algo cuando un desgarrador grito los dejó congelados a todos. Un grito lleno de angustia, dolor y desesperación, un grito que solo podía pertenecer a una persona.

-¡Sakura! –gritaron todos al unísono apretando su paso y dirigiéndose con gran velocidad al piso más alto de la torre. Que era de donde aquel desgarrador grito parecía provenir.

Cuando al fin llegaron lo que vieron les dejó sin habla, mudos de espanto. El último piso de la torre, que usualmente era utilizado como mirador por lo que sólo contaba con algunos bancos y una tienda de bebidas, estaba totalmente desierto. El suelo se veía completamente destruido con unas raíces negras que lo cubrían, pero no fue eso lo que los dejó espantados. Fue la gran especie de "altar" que se erguía en el centro del mirador, un alto altar formado de aquellas nudosas raíces negras que todo lo cubrían y en lo alto de aquella extraña construcción, se hallaba Sakura. Unas raíces sobresalían y ella estaba sujeta a ellas por sus muñecas, la antigua cardcaptor apenas tocaba la superficie del altar con sus rodillas puesto que ni siquiera estaba de pie. Pero lo alarmante era ver lo pálida que se encontraba, aquellas raíces negras y filosas se estiraban como enredaderas por sus brazos haciendo correr de estos hilos de sangre espesa que caían constantemente. La situación era alarmante, sólo faltaba una cruz a la espalda de la joven de ojos verdes y cualquiera que viera la situación desde un lugar lejano pensaría que la joven estaba crucificada.

-¡SAKURA! –gritó horrorizado Shaoran avanzando directamente hacia el lugar donde la joven se hallaba pero cuando estaba a metros de llegar a ella una extraña corriente de fuego se interpuso en su camino.

-¡Shaoran ten cuidado! –gritó Sota, sumamente preocupado

-¡Dragón de agua, ven! –invocó el joven chino provocando que una serpenteante corriente de agua extinguiera el fuego sin esfuerzo.

-Vaya, me sorprende que te hayas tardado tanto Shaoran. Creí que estarías en la torre apenas salieras de ese callejón. –dijo a modo de saludo Sebastian.

-Maldito, ¿¡qué le hiciste!? –gritó el aludido mientras que con su gran espada arrojaba una columna de fuego hacia quien suponía era su atacante. Fuego, que Doyle redujo a la nada con facilidad.

-Oh por favor, no seas patético. Con tus insignificantes poderes no podrás contra mí, por eso te traje a alguien…a tu medida. Zhao, compañero, saluda a nuestros recién llegados.

Y ante las palabras del inglés la figura encapuchada de Yugo Zhao surgió de la oscuridad acompañado por alguien más cuyo rostro no era visible.

-Zhao, no me sorprende que estés involucrado en esto

-¿Quién es este sujeto? –espetó Kerberos irritado

-Jefe del clan Zhao, segundo clan más importante y poderoso de China después del clan Li. –informó con rapidez el joven Sota

-Sebastian, ¿qué es lo que buscas con tus actos? –preguntó con frialdad el hasta ahora entonces mudo, Eriol Hiragizawa.

-Mi querido primo, algo simple como convertirme en el hechicero más poderoso de los tiempos y quedarme con la llave de la vida. Oh, y también destruirte. –añadió con perversidad.

-Hacía mucho tiempo que no escuchaba a alguien llamar de esa forma al báculo de la estrella. –murmuró el aludido ignorando lo último que había dicho su "querido" primo.

-Estaba escrito que la llave del libro Clow llevaría el poder de las estrellas y sería capaz de crear seres mágicos, en nuestro clan siempre le hemos llamado de esa forma. Después de todo es lo que siempre hemos anhelado y ahora al fin lograremos tenerla.

-¿Tu clan? ¿De qué hablas? No hay un clan de Magia del Caos –repuso Shaoran sin dejar de mirar a Zhao con el temor de que lo atacara por la espalda

-Si somos un clan, uno muy pequeño que ni siquiera puede llamarse un clan propiamente dicho. Pero es más que evidente que no seríamos tan estúpidos de salir a la luz y quedar a merced del Consejo, ¿no crees? En fin, basta de charla. Que comience el espectáculo.

Y antes de que los demás reaccionaran Doyle se movió con rapidez acompañado por seis sombras que lo rodeaban en círculo. Fue el inglés quien con un ágil salto se situó en lo alto de aquel altar parado justo al lado de la inconciente figura de Sakura mientras los seis encapuchados que anteriormente rodeaban a Doyle se situaban al pie de la construcción oscura en posición de ataque dispuestos a luchar contra Eriol, Sota y los guardianes, y antes de que Shaoran pudiera unirse a sus compañeros una gruesa barrera de fuego lo separó de los demás dejándolo a merced de Yugo Zhao.

-Nunca creí que podrías caer tan bajo, Zhao. Hasta un perro tiene más dignidad que tu. –dijo Li escupiendo las palabras.

-Como un perro quedarás tu cuando acabe contigo y mi clan se yerga sobre el tuyo. –y dicho esto, la lucha comenzó.

Yugo atacó con ferocidad al jefe del clan Li, con su magia. La magia del fuego.

Y aunque Shaoran logró esquivar la mayoría de los ataques y repelerlos con ataques de agua, no pudo evitar comenzar a sufrir pequeños cortes en sus manos y su rostro, ocasionados por las veces que caía al suelo esquivando los ataques de su contrincante y lastimándose con las filosas raíces negras que se extendían por todo el suelo.

Por su parte, Eriol, Sota y los guardianes no la pasaban mejor. Habían sido Spinel Sun y Kerberos quienes habían comenzado el ataque uniendo sus fuerzas y atacando con todo su poder, a pesar de que la Bestia del Sello se encontraba débil, pero con una lluvia de púas completamente negras lanzadas por uno de sus contrincantes habían acabado con profundos cortes

-¿Cómo puede ser que los únicos seres mágicos creados en el mundo sean tan débiles? –había reído Sebastian

-No me incluyas en la misma bolsa, Doyle. –repuso Ruby Moon volando hacia él y atacándolo con sus cristales de poder, pero no pudo llegar a menos de un metro de él cuando el inglés repelió su ataque y lanzó una ráfaga de un negro viento que lanzó a la guardiana hasta la otra punta del mirador haciéndola chocar contra uno de los duros hierros de la torre.

-Insisto, son seres débiles.

-El juego termina aquí y ahora, Sebastian. –advirtió Eriol mientras su báculo, conjurado por su mente, aparecía en su mano derecha y su insignia mágica brillaba más que nunca en el suelo mientras giraba en torno a él. –Has causado suficiente daño. –y con una inclinación de su báculo hacia Doyle invocó un fuerte rayo de luz azulada. Sin embargo, antes de que aquel poderoso rayo tocara si quiera un pelo de Sebastian uno de los Seis se interpuso y para la sorpresa de Sebastian, quedó inconsciente al recibir tal poderosa magia.

-Vaya, vaya Eriol. ¿Te has hecho más fuerte? Diría que me alegra por ti, pero en realidad me es indiferente. –replicó Sebastian con un encogimiento de hombros.

-Este sujeto no me gusta, está muy confiado de sí mismo y por si fuera poco tiene a Sakura en su poder.

-Kerberos, lo mejor será que vayas a ayudar a Li. –contestó Ruby Moon mientras se ponía de pie, ante la afirmación hecha por la Bestia del Sello

-No se preocupen. –refutó Li- todos pelearemos juntos, Zhao y Doyle no lograrán que peleemos por separado, estamos juntos en esto. –añadió mirando a cada uno de sus acompañantes y amigos y dando un leve asentimiento hacia su asistente, por el cual este dio un paso al frente extendiendo sus brazos a ambos lados mientras una leve corriente de aire lo rodeaba haciendo ondear sus ropas y sus cabellos. Y antes de que Spinel Sun preguntara qué era lo que sucedía, espirales acuáticos comenzaron a rodear los brazos del joven Sota mientras grandes columnas de agua comenzaban a surgir de los alrededores.

Poco tiempo fue el que le tomó a los Seis y a Zhao reaccionar y fue entonces cuando el jefe chino conjuró dos dragones de fuego a que atacaran al asistente. Ataque, que fue hábilmente repelido por Shaoran quien encerró las llamaradas con forma de dragón en una inmensa burbuja de aire mientras con un movimiento de su báculo, Eriol vaporizaba tan dañinas llamas. Pero los ataques no cesaron y esta vez fueron los Seis quienes intervinieron, dos de ellos dieron un formidable y sincronizado salto mientras al caer posaban su puño derecho sobre el suelo, provocando que este se moviera constantemente haciendo perder el equilibrio a más de uno. Antes de que los tres guardianes lograran poner fuera de combate a los dos encapuchados, los otros cuatro atacaron con intrincados saltos en el aire, confundiendo a los guardianes y antes de que reaccionaran ante la reacción de sus oponentes una lluvia de pequeñas lanzas oscuras y de gran filo los atacó provocándoles más cortes profundos. Seguido a eso, y ante un leve movimiento de la mano de Sebastian, las negras raíces que se extendían por toda la superficie se irguieron y atraparon con una gran enredadera a los heridos guardianes que no pudieron más que gritar de dolor.

Y fue ese grito, ese grito de tres criaturas mágicas sufriendo lo que sacó de su inconsciencia a Sakura.

Ojos celestes de un pálido tono que rozaba el plateado se abrieron con lentitud para el gran alivio de Tomoyo.

-Yue, ¿te encuentras bien? Me has dado un gran susto

-¿Qué sucedió? –replicó el guardián de la luna sentándose en la gran cama que ocupaba.

-No lo sé, estabas inconsciente pero en la forma del joven Yukitoy de un segundo a otro te convertiste en Yue, pero nada sucedió…seguiste inconsciente

-No me refiero a eso, ¿qué sucedió con los demás?

-Esto…ellos fueron a la torre de Tokyo. –

Silencio.

-Fueron…a luchar. –completó Tomoyo ante el silencio de su aludido

Más silencio fue la respuesta de Yue, sin embargo esta vez se puso de pie y se dispuso a salir por la ventana más cercana.

-¡Espera Yue, estás muy débil y…!

-Mi dueña me necesita. –cortó fríamente el guardián. –Y mientras viva, haré lo posible por protegerla

-No es tu dueña, es tu amiga. –repuso con una sonrisa la joven de ojos azules. –Ella siempre ha querido ser tu amiga, no tu dueña. Y bueno, creo…creo que no puedo detenerte, sólo quiero pedirte que tengas mucho cuidado.

Con un leve asentimiento de cabeza, el guardián partió por la ventana perdiendose en el cielo en dirección a la torre de Tokyo. Sabía que algo malo sucedía, y lo sabía porque había sido Sakura quien se lo había dicho, así es.

Durante su estado de inconsciencia, el guardián había visto en una especie de sueño a su dueña. Una superficie oscura los rodeaba a ambos y en el centro, vestida con un angelical vestido blanco hasta sus rodillas y dos alas hermosas a su espalda, que el guardián supuso…serían por el poder de la carta Vuelo; Sakura le pedía ayuda, le pedía ser fuerte.

-Yue…por favor, protege a los demás, no dejes que nada malo suceda

-Pero Sakura, ¿qué sucederá contigo?-preguntó con gran preocupación el guardián, pues a pesar de ser siempre un ser inexpresivo esta vez las emociones lo desbordaban

-No te preocupes, pase lo que pase todo estará bien. –respondió la dulce joven de ojos verdes mientras se desvanecía en el aire como si fuera una mera ilusión.

Ahora que Yue recordaba estas breves palabras mientras se dirigía a toda la velocidad que sus alas le permitían hacia la torre, se decía a sí mismo que por nada en el mundo dejaría que alguien le hiciera daño a su dueña, a la única que después de Clow había sido una verdadera amiga para él.

-¡NOOO! ¡Detenganse, por favor! –gritó con desesperación la antigua cardcaptor mientras forcejeaba contra las raíces que la aprisionaban, provocando que más sangre se derramara por sus brazos como ríos inagotables. –Por favor Sebastian, detén todo esto. –sollozó

-Querida Sakura, esto no se detendrá hasta que YO así lo quiera, así que no te gastes en pedirme nada. –le respondió el inglés mientras limpiaba con delicadeza las lágrimas en el rostro de la muchacha.

-¡No la toques! ¡Aléjate de ella, maldito!

-Shaoran, tu tampoco estás en condiciones de exigir nada. Compañero Zhao, ¿por qué no terminas con él de una buena vez?

Pero esta vez fue Shaoran quien actuó con rapidez y antes de que Zhao pudiera reaccionar, lo atacó con el poder de su espada provocando una onda de poder que lo arrojó contra el extremo del mirador. Acto que provocó un débil grito en el acompañante de Zhao quien hasta ahora se había mantenido en las sombras sin actuar en lo más mínimo.

-Es tiempo de terminar Sebastian. –exclamó Eriol, y con un hábil movimiento hizo que las grandes raíces del suelo comenzaran a obedecerle atrapando en ellas a los cinco de los Seis malditos. Sota fue quien los rodeó con un espiral de agua empapándolos por completo y, acto seguido, fue Li quien invocó al dios del rayo provocando que los cinco individuos atrapados quedaran inconscientes al recibir tan grande descarga eléctrica.

-Eres el que sigue, Doyle. –afirmó con leve cansancio el jefe del clan Li, mientras se mantenía de pie con la ayuda de su gran espada y flanqueado por su leal asistente, Sota.

-Como ves, primo, no es necesario utilizar grandes poderes para atacar a alguien. También se puede recurrir a las leyes naturales: electrocuta a alguien empapado y lo dejarás fuera de combate en un según… -la reencarnación de Clow Reed no pudo terminar su frase, pues una gran llamarada de fuego los había atacado y a duras penas lograron evitar morir calcinados. Sin embargo fue la rápida reacción de Sota lo que extinguió el peligroso fuego y esta vez totalmente irritado fue Sebastian quien actuó.

-¡Detente grandísimo inútil, sólo eres un inútil! ¡TODOS LO SON! –y acto seguido atravesó el cuerpo de Yugo Zhao con una gran lanza totalmente negra, provocando que el jefe cayera inconsciente en el suelo.

-¡YUGOOO! –gritó de pronto la otra figura encapuchada que acompañaba al jefe y que había dado a conocer que era una bella mujer de largos cabellos negros y ojos verdes. Verdes como las esmeraldas, verdes como los de Sakura. –¡Yugo por favor, no mueras! Por favor, ¡POR FAVOR! –gritó mientras sollozaba inconteniblemente y se abrazaba al cuerpo de su marido.

-Lamento informarle que es muy tarde señora Zhao, o mejor dicho viuda de Zhao. La lanza con la que lo atravesé está envenenada así que ahora su marido ya no es más que un cadáver.

Ante los incontenibles sollozos y gritos de dolor de la joven, Sakura no pudo más.

-Sebastian, ¡BASTA! Por favor, detente. Te doy mi poder, no me negaré ¡pero deja libres a Kero, Spinel y a Ruby Moon! Deja que Eriol y Shaoran se vayan, ¡por favor!

-Siempre tan dulce, querida. Sacrificándote por los demás, pero en esta ocasión…si te sacrificas yo gano y ellos. –añadió señalando despectivamente a Eriol, Sota y Shaoran. –Pierden.

-Aléjate de ella. –gritó de nuevo Shaoran corriendo con su espada en alto hacia la cima de aquel altar donde Sakura y Sebastian se hallaban.

Pero ante un leve movimiento de la mano de Doyle, unas oscuras sombras envolvieron el cuerpo del joven chino y lo arrojaron con violencia hacia el gran ventanal del mirador. Ventanal que se rompió en mil pedazos haciendo caer al vacío a Li.

-¡SHAORAAAN! –gritó con desesperación la joven de ojos verdes. Y fue en ese momento, cuando en la desesperación que sentía su verdadero poder se desató.

Grandes alas blancas y puras surgieron a su espalda desprendiendo un brillante resplandor que encegueció a todos. Principalmente a Doyle quien cayó de lo alto del altar ante el gran resplandor. Las raíces que aprisionaban a la joven se disolvieron en un instante liberándola de sus ataduras y curando todos los cortes de su brazo, dejándola como nueva. Y fue cuando corrió con todas sus fuerzas hacia los cristales rotos que habían quedado de la caída del joven jefe del clan Li, que se percató que alguien había evitado lo peor. Yue volaba suavemente, o más bien levitaba, sosteniendo el cuerpo malherido del joven chino y con una gran sonrisa, Sakura agradeció a su guardián mientras lo ayudaba a dejar a Shaoran en el suelo con gran cuidado.

-Gracias, Yue…gracias por venir. –dijo la antigua cardcaptor con lágrimas en los ojos mientras sus grandes alas se desvanecían suavemente.

-Siempre te protegeré, Sakura. –asintió el guardián lunar.

-Oh Shaoran…- sollozó de nuevo la joven. –Déjame curarte, por favor. –Y, recorriendo con sus pálidas manos las heridas del joven, cerrándolas y borrando de su cuerpo los rastros de sangre.

-Es…increíble. –murmuró Eriol, que se había acercado rápidamente a la escena acompañado de Sota.

Sin embargo fue Yue quien ahora estaba mudo de asombro, pero no asombro por los "nuevos dones" de su dueña, sino por la situación en la que se encontraban. El gran mirador de la torre de Tokyo se encontraba poblado de negras raíces, que el conocía bien pues no era la única vez que las veía, un alto altar formado de las mismas raíces se erguía en el centro del lugar, a su pie yacía adolorido Sebastian Doyle y frente a él totalmente inconscientes cinco hombres estaban enredados entre las raíces, mientras que un sexto también estaba inconsciente sólo que más lejos de allí. En el extremo del mirador una mujer lloraba inconteniblemente sobre el cuerpo inconsciente de un hombre, y al extremo opuesto sus compañeros Kerberos, Spinel Sun y Ruby Moon estaban inconscientes enredados a gran altura entre las mismas raíces negras y con graves cortes en sus cuerpos.

Sacándolo de sus pensamientos, fue Doyle quien balbuceó…

-Eres…tú. ¡MALDITA ERES TÚ! –añadió gritando mientras se ponía de pie rápidamente invocando a su alrededor vientos oscuros que se arremolinaban furiosos. -¡ERES TU LA ÚLTIMA HECHICERA DE LA MAGIA DE LA VIDA!-

Pero antes de que Eriol, Sota, Shaoran o Yue pudieran atacarlo; los doblegó con sus fuerzas mientras estos caían con violencia al piso sintiendo un gran peso sobre ellos y sin poder moverse por más que lo intentaban

-¿¡Qué sucede!? –preguntó Sakura alarmada

-Él…él nos está inmovilizando. –respondió Shaoran a duras penas. –Ten cuidado…Sakura.

-¡Sebastian, detente!

Pero era tarde, el inglés lanzó aquellos remolinos en contra de la joven que gracias a su rapidez logró invocar mentalmente a su gran báculo de la estrella y gritar:

-¡Escudo!

-Ese insignificante escudo no te salvará de mi, querida –repuso con frialdad Doyle mientras lanzaba una lluvia de diminutas lanzas que provocaron leves cortes en la joven atravesando el poder de defensa de la carta Sakura.

Sin embargo para la gran sorpresa de Doyle, luego de un instante el escudo alrededor de la joven volvió a formarse con gran intensidad repeliendo sus ataques. Y la joven, saliendo de la protección de tan grande poder, atacó.

-¡Fuego! ¡Agua! –invocó. Pero con hábiles movimientos el inglés esquivó sus ataques. –Es suficiente Sebastian, me has hecho daño y no sólo a mi, A TODOS por culpa de tu ambición sin sentido.

-¿Ambición sin sentido? ¡Lo que tú dices no tiene sentido! No sabes lo que es ser rechazado por ser oscuro, por eso cuando tenga conmigo la llave de la vida, ¡PORQUE TE ASEGURO QUE LA TENDRÉ! Crearé nuevos guardianes y todos se rendirán ante mi gran poder, ¡admitiendo que soy mejor que ellos! –y con rapidez, el joven materializó su oscura espada negra y se acercó a la antigua cardcaptor comenzando a atacarla con el objetivo de herirla justo en su corazón. Pero a la rápida invocación de la carta Espada, Sakura logró defenderse.

Espadas chocaron y la desesperación de los únicos que aún estaban conscientes aumentaba cada vez más, ya eran varias las veces en las que Sakura casi caía al suelo por tropezar con las raíces y Sebastian aprovechaba eso para redoblar sus ataques. Fue así como la lucha terminó con Sakura sentada en el suelo y el filo de la negra espada de su contrincante apuntando directamente a su cuello. Sin dudar en cortarlo ante el menor movimiento de ella.

-¡Sakura! ¡Rayos, sin tan sólo pudiera moverme! –gritó con desesperación el jefe del clan Li.

-Es tu fin querida Sakura, que quede claro que yo soy tu dueño y siempre lo seré. El dueño de tu vida, quien te amó y te enamoró…y quien ahora te quita la vida. –pronunció Sebastian Doyle, que estaba parado amenazadoramente sobre ella.

Sakura cerró con fuerza sus ojos, esperando el ataque final, pues en su posición no tenía forma de atacar sin terminar con el cuello cortado. Pero después de dos segundos en los que creía que ya debería haber estado muerta, los abrió lentamente y lo que vio la dejó muda de espanto. Espanto y sorpresa.

Una negra lanza atravesaba el pecho de Sebastian, la misma lanza que había puesto fin a la vida de Yugo Zhao, lanza que ahora era empuñada por las blancas manos de Misa Zhao. Manos, que ahora retiraban con violencia la lanza del cuerpo inerte de Sebastian que al ser despojado de ella, cayó muerto sobre Sakura quien no pudo más que pronunciar un grito atroz.

Fueron Eriol y Yue quienes le quitaron de encima el cadáver de Doyle, mientras Shaoran la abrasaba con fuerza, como si la vida se le fuera en ello mientras no hacía más que murmurar su nombre preso del alivio que le ocasionaba tenerla de nuevo en sus brazos. Sana y salva. Pero antes de pronunciar algo más, fue un nuevo grito de negación de Sakura lo que lo devolvió a la realidad. Se giró con rapidez para ver qué era lo que había ocasionado tal grito, y se encontró con la figura de Misa empuñando contra su propio pecho la lanza envenenada que había matado a su esposo, suicidándose al acto y murmurando levemente un Lo siento antes de caer muerta al piso.

-¿Cómo están todos? –preguntó con preocupación Toya Kinomoto.

-Ellos…están bien, hermano. Sólo descansan. –suspiró una hermosa joven de ojos verdes.

-Deberías hacer lo mismo, Sakura. Aún te ves muy pálida y creo que ha sido un shock muy fuerte para ti todo esto, quizás también estás cansada por haber usado tanta magia. Después de todo fuiste tu quien curó las heridas de todos.

-Lo sé, hermano. Pero antes de ponerme a descansar tengo algo que hacer y no pienso pegar un ojo antes de hacerlo. –respondió la antigua cardcaptor mientras dirigía una mirada hacia una puerta lejana a la sala de estar donde se hallaba conversando con su hermano mayor.

-Si, supongo que deseas hablar con ese mocoso. -

Y antes de que la joven protestara en relación a la forma en que su hermano llamaba al joven Li, la puerta antes mencionada se abrió y el señor Fujiwara, máximo representante del Consejo en Japón, salió acompañado por cinco de sus asistentes y la cansada figura de Shaoran Li.

-Señorita Kinomoto, lamento mucho todo lo sucedido. Tenga por seguro que se castigará a los responsables severamente. –anunció Fujiwara a la levemente sonrojada joven de ojos verdes.

-No se preocupe señor Fujiwara, todos cometemos errores y estos hombre sólo han seguido el camino equivocado. Espero que se pueda encontrar a los demás miembros de su clan y hacerlos recapacitar para bien sobre sus actos, convirtiéndolos en mejores personas.

-Bien, todo está dicho. Sota, por favor acompaña al señor Fujiwara y a sus colegas a la salida. –intervino Shaoran mientras su eficaz asistente salía también de la habitación dirigiendo a los hombres.

Una vez que los hombres se fueron, incluído Toya Kinomoto, Sakura se decidió a actuar.

-Shaoran, yo… -vaciló. –Yo…quiero, hablar contigo y…

-Adelante Sakura, pasa a mi despacho. Podremos hablar tranquilamente. –respondió con una sonrisa que motivó un nuevo sonrojo en la joven.

-Gracias. –murmuró la joven mientras él cerraba con suavidad la puerta a sus espaldas. –Yo…quiero decirte que…

Nada, nada fue lo que la joven pudo decir pues sus labios habían sido sellados con un beso apasionado, desesperado ante la idea de nunca poder tocar esos delicados labios femeninos. Labios que transmitían todo el amor que sentían el uno por el otro en un solo beso que cada vez se hacía más apremiante y que sólo se interrumpió cuando los jóvenes se permitieron respirar.

-Te amo, Sakura. Eres lo que más amo en todo este mundo, nací para amarte y conocerte, porque ahora que lo veo mi vida sin ti todo este tiempo ha sido vacía y sin amor. Eres mi fuerza vital, eres mi vida, Sakura. –susurró él mientras besaba lentamente su cuello, perdiéndose en las curvaturas de sus delicados hombros y aprisionando entre sus viriles brazos la fina cintura de la joven.

-¡Oh Shaoran! Yo también te amo, mi vida sin ti no hubiera tenido sentido si esta noche te perdía, hubiera muerto. Muerto de pena y me abría dejado matar por Sebastian para no tener que soportar el dolor de tu pérdida.

-Sh, no digas eso que la sola idea me enferma. Me enferma pensar en lo que ese sujeto te podría haber echo sólo por su estúpida ambición.

-A mi me enferma pensar en lo estúpida que he sido. –contestó la joven de ojos verdes mientras dos lágrimas rebeldes resbalaban por sus mejillas. –Antes dudaba de mis sentimientos por ti, sabía que algo muy fuerte me unía a ti pero creyendo que Sebastian era alguien honesto y bueno, temía de lo que sentía y es por eso que intentaba evitarte. Ahora me siento estúpida, todo esto tuvo que suceder para que al fin me diera cuenta de todo.

-Sakura, Sakura por favor no llores. Verte llorar es como si mil puñales se clavaran en mi corazón, no te preocupes por nada todo pasó. –dijo el joven chino mientras limpiaba con amorosa devoción las lágrimas del rostro femenino. –Nacimos para estar juntos y a pesar de nuestros obstáculos, siempre ha sido así. Te amo, siempre lo hice y siempre lo haré.

-Siento que yo nací para ti y tú naciste para mí, Shaoran. Y siempre, siempre te amaré y estaré a tu lado aún cuando haya mil obstáculos entre nosotros, lo prometo.

Y al igual que sus compañeros de primaria, ambos sellaron su promesa con un beso cargado de amor y pasión. Así estuvieron por largos minutos, besándose apasionadamente y liberando todo aquel amor que se tenían y que había estado conteniendo hasta ahora por el temor de ser rechazados el uno por el otro ante el gran abismo que antes los separaba.

Él la besó tiernamente y cuando sus bocas se separaban para tomar aire, continuaba con sus besos recorriendo las curvas de su cuello mientras ella acariciaba con devoción su sedoso cabello y se abrazaba aún más a él como si ambos quisieran fundirse en un solo ser.

-Shaoran…será mejor que vayamos con los demás…ellos…-no pudo decir más ya que sus labios fueron acallados por los de él.

-Lo que menos deseo en este momento, es separarme de ti, Sakura. –le respondió tomando aire entre beso y beso.

-Bueno, pero será mejor que lo hagan antes de que el joven Kinomoto venga para aquí. –interrumpió Eriol Hiragizawa desde el umbral de la puerta, con una muy divertida sonrisa y rodeando con su brazo la cintura de su novia.

-Pero, estamos muy contentos de que al fin estén juntos de nuevo. –añadió Tomoyo.

-¡ERIOL, TOMOYO! –gritaron al unísono los sorprendidos, acalorados y ahora apenados jóvenes.

-Pero Tomoyo, ¿acaso tú y Eriol? –preguntó con confusión Sakura, al ver la manera en que el inglés abrazaba a su amiga

-Tengo mucho que contarte, Sakura. –fue la respuesta que recibió de una muy ruborizada Tomoyo Daidouji.

-Oye, chino…más te vale que cuides muy bien a mi hermana porque de lo contrario te romperé la cara. –bufó Toya Kinomoto dos meses después mientras esperaba desde el umbral de la residencia Li, que todo estuviera listo para su partida.

-¡Hermano! –protestó la antigua cardcaptor

-No te preocupes Toya, ten por seguro que así será. Envíale mis saludos al señor Kinomoto.

-Y los míos también, hermano. Hace tiempo que no veo a papá, pero apenas pueda iré a verlos a los dos.

-Le enviaré sus saludos, con los de Tomoyo y Hiragizawa. Aún no puedo creer que esos dos hayan sido tan precipitados.

-Creo que todo en ellos ha sido precipitado. –rió Sakura. –Pero sólo espero que la estén pasando muy bien.

-¿Quién podría pasarla mal en su luna de miel, Sakura? –rió Shaoran.

-Igualmente creo que 20 años es muy pronto para casarse, son sólo dos mocosos. –respondió Kinomoto.

-Hermano, no seas así lo dices sólo porque nos llevas algunos años. Además si se aman deben disfrutar a pleno de ello. A propósito, tu también deberías buscar el amor y dejar de ser un gruñón.

-Cállate monstruo, el amor no es para mí. Nunca lo ha sido

-Por cierto, la señorita Mizuki me escribió hace unas semanas a mi antigua dirección y dijo que vendría en unos meses de visita a Japón

-Monstruo, te dije que te callaras. Sólo espero que ustedes dos no sean tan precipitados como Hiragizawa y Daidouji y esperen un poco más para casarse. –añadió mirando seriamente al jefe del clan Li, que ya empezaba a sudar con la fuerte mirada de su "cuñado"

-Eh…cuando Sakura y yo vayamos a visitarlos a Tomoeda tendrán noticias al respecto

-¿Cómo que noticias al respecto? ¡¿Acaso piensas desposar a mi hermana tan pronto?! ¡No lo permitiré! ¡¿Me oyes mocoso?!

-Hermano… -intervino temblando la antigua cardcaptor ante el estallido de celos de su superior. –Todo está listo, será mejor que no te demores o…

-¡Óyeme monstruo! ¿no piensas decir nada? Este mocoso anda dicien… OUCH. –fue la reacción del galeno ante el gran pisotón por parte de su hermana, quien luego procedió a empujarlo hacia la puerta del coche que lo esperaba listo para partir.

-Cuidate mucho, hermano. –le dijo abrazándolo a modo de despedida. –Y deja de ser tan celoso.

-Tu cuidate monstruo, a papá le agradará saber de ti. –repuso con una sonrisa el aludido, correspondiendo al abrazo de su hermana y luego ingresando al vehículo.

Partiendo al fin, hacia su natal Tomoeda.

-Lo mejor será que vayamos adentro, está refrescando un poco. –dijo al oído de la muchacha el jefe del clan Li mientras juntos ingresaban a la gran residencia. Donde una vez dentro y en su gran habitación, comenzaron a besarse con calor y pasión tal como lo hicieran la primera vez que se tocaran. Con la necesidad de sentir al otro y de transmitir su amor, esta vez fundiéndose por completo en un solo ser en la privacidad de la habitación y en la comodidad del lecho. Fundiéndose en uno solo, en un ser creado enteramente por amor, pasión y ternura; dejándose llevar por lo que sentían y expresándolo de la forma más pura conocida por ambos: haciéndose el amor con total ternura y devoción del uno por el otro.