Disclamer: Kuroko no Basuke (Basket) no es de mi propiedad, sino del autor/mangaka: Tadatoshi Fujimaki. Y la canción aquí presente, pertenece al grupo Restart. La cual se titula "Te llevo conmigo"
N/A: Este Shot me salió algo cutre, o al menos así lo siento porque tiene muy poco de KiseMatsu. De agregado es un OneShot Song fic.
Advertencias: Errores ortográficos. Shonen Ai. OOC (Ya lo saben mis queridas, por si las dudas). El rating por momentos…será T, pero no prometo no poner nada de ya saben…M.
Dedicado a: Linne-'Malfoy. Por amar el KiseMatsu y seguirme por el celular en medio de un colectivo.
Summary: Hay tantas cosas que quiere decirle, pero no encuentra la forma. Por ello solo desea, egoístamente y se confiesa por medio de canciones que nadie conoce, aún.
De deseos y canciones secretas
Es día y el sol brilla, propiciando una mañana de lo más tranquila. Aunque claro, no todo puede ser perfecto, sino la vida sería solo una rutina aburrida, insípida y molesta de vivir.
Claro, a Kasamatsu le hubiese gustado añadir que si bien la vida no era perfecta, podía tratar de no ser tan perra a veces. Como por ejemplo que su reloj hubiese "sonado" tres horas antes y no después, cuando todos los autobuses se hubieron marchado ya a otros destinos, teniendo que recurrir a una vieja bicicleta con las cadenas y los pedales casi oxidados-los cuales tuvo que mover con todas las fuerzas que le permitían sus piernas- que Umi le había conseguido en tiempo record. Para luego, tener que subir una empinada colina pavimentada y sentirse como en una montaña rusa en el descenso tras llegar a la cima.
De no haber sido por eso, y porque de agregado los frenos se rompieron, y Kasamatsu se vio en la penosa decisión de tirarse del cacharro de metal antes de impactar contra un contenedor de basura, siendo amortiguado por un par de setos cercanos a la entrada de la universidad, sin ninguna herida mayor que simples rasguños; Yukio hubiera mandado a la vida al carajo, levantando el dedo y todo.
Pero no lo hizo. No, porque al ver el cielo azul, con algunas nubes grises recordó que era ya finales de primavera, que pronto el verano vendría, un periodo algo corto, pero que esperaba con ansias.
Ya que, Kise o él (si es que la carrera que escogía no lo mantenía en Hokkaido para ese tiempo), tendrían tiempo libre para disfrutar de las vacaciones, juntos.
Juntos, que bien sonaba.
Cerró los ojos, suspirando, agotado. Masajeándose las sienes procedió a erguirse, solo para que al alzar la vista se encontrase con algún que otro alumno como él, le mirasen con duda y extrañeza. Ciertamente no podía esperar demasiado, estaba con la camisa blanca llena de tierra y polvo, con hojas en su cabellos-las cuales procedió a quitarse enseguida-y algún que otro rasguño que comenzaba a arderle. Aún así, decidió que lo mejor era encaminarse al interior de la universidad, sin decir ni una sola palabra, sin volver con la jodida bicicleta-ya vería como explicarle a Umi después-.
La Universidad de Yukionna* era grande, bueno, no grande sino más bien enorme. Kasamatsu se pregunto si esto era lo que Umi llamaba "Universidad Pública", después de todo eso es lo que le habían dicho apenas le habían hablado por teléfono con respecto al asunto de su beca.
Kasamatsu era tal vez uno de los mejores en la clase cuando estudiaba en Kaijou, pero la inmensidad de las instalaciones que se le extendían los brazos a su persona no parecía ser del tipo que admitiese solo a gente aplicada.
Parecía más una universidad privada que otra cosa.
Genial, ahora estaba nervioso. Cuando se había decidido a estudiar en Hokkaido y pregunto los requisitos por teléfono le habían preguntado si quería participar por una beca, una invitación tentadora y que solucionaba muchos problemas. Obviamente acepto, y termino aprobando con unas notas bastante altas, no las mejores, pero si las necesarias para conseguir la beca y así tener un problema menos, como el dinero.
Sin embargo el tamaño de los edificios, y las áreas le producían cierta sensación de congoja. Kasamatsu miro el panfleto que le había llegado por correo hacia dos días. Yukionna tenía no solo departamentos y cátedras de carreras comunes, sino también un conservatorio que al parecer había sido unido a la institución como un conservatorio de música.
Eso era interesante, se dijo, pero aún con todo y eso se cuestionaba si había valido la pena el ir a Hokkaido solo para adentrarse en un ambiente que no le parecía favorable para su estado emocional.
—Dame dos años—
El recuerdo le golpeo de improviso, pero a tiempo. Negó con la cabeza, asomándose una sonrisa por su rostro. Si renunciaba ahora, antes de darle una oportunidad al lugar, la promesa y el ánimo de Kise se verían desperdiciados.
Y él no quería eso.
Con una sonrisa en la cara-una del tipo que Kise pondría en situaciones incomodas-, aún cuando al hacerlo las mejillas le dolieran por los rasguños, se adentro al establecimiento.
Por dentro Yukionna parecía una universidad normal, con las paredes pintadas en un tono celeste pastel demasiado claro. Bueno al menos el color no destacaba tanto como el exterior, eso le tranquilizo mínimamente, por momentos. Los alumnos entraban y salían, solos, en grupos de dos o tres. Charlando, en silencio, cogidos de la mano…
Kasamatsu se giro disimuladamente para ver a una joven pareja sosteniéndose las manos, riéndose y con la felicidad siendo expulsada como miles de brillos de sus ojos al mirarse.
La misma forma en que Kise le miraba.
Apretó los labios, dejando atrás el recuerdo de ese par de estudiantes, debía centrarse, tenía que hacerlo. Hoy era el día en que se decidiría por una carrera, no podía perder el tiempo. Eso sí, siempre es más fácil decirlo que hacerlo. Puesto que una de las cosas que Yukio había escondido a Kise (no por maldad, por supuesto) era que ni él mismo había decidido que haría a futuro.
Exacto. Había decidido ir a Yukionna por el equipo de basquetbol, por la beca y el hecho de que quedase cerca del departamento cedido por su prima, más que por tener alguna otra aspiración.
Admitirlo le daba algo de pena, siendo él tan provisorio como solía serlo. La decisión de irse para Hokkaido había sido un capricho, pero un capricho importante.
Había dejado a Kise atrás debido a ello.
¡Joder y como lo odiaba!
Antes de que se diera cuenta ya estaba fuera de la universidad, o al menos así parecía, sus pies lo habían llevado a ruta desconocida al estar él consumiéndose en la culpa y la frustración. Se movía por una especie de pasillo exterior, divisando al final de este una puerta de madera bastante vieja.
Normalmente la curiosidad no era un rasgo que predominase en su persona, pero en esta ocasión sentía que debía atravesar el umbral de aquella puerta. Por ello, acercándose con paso decidido, tomo la perilla de la puerta, empujándola hacia adelante. Abriéndose esta con un chirrido.
Era una especie de depósito, con las cortinas descorridas, con miles de cajas y estantes por aquí y allá. Llenas a rebosar de partituras, e instrumentos de todo tipo. Había al menos cuatro pianos cubiertos por una manta, dos violonchelos, un triangulo grande que colgaba de un clavo en la pared…y, justo sobre una silla, con la luz del día entrando por el cristal de una de las ventanas impactando contra su cuerpo, yacía una guitarra.
Kasamatsu sonrió, caminando lentamente hasta la silla y tomando la guitarra de madera con una mano. Examinándola, no era del todo nueva, pero era algo. No parecía faltarle ninguna cuerda y estaba acorde.
Resolviendo que aún le quedaba y sobraba un montón de tiempo, y que algo debía hacer para apartar a Kise y a su indecisión de su mente por un rato, se sentó en la silla donde antes estuviera la guitarra, y comenzó a tocar.
Las cuerdas sonaron al unisonó, en sincronización y en intervalos también, al cambiar ligeramente la intensidad y el orden por el cual Kasamatsu posaba sus dedos.
Kise no supo, hasta el día en que después de la graduación Yukio le invito a su casa a comer-porque irse cada uno por su lado ese día en que se habían declarado mutuamente hubiera sido raro-que él tocaba la guitarra.
—Es un hobby, realmente lo hago para tranquilizarme.
— ¡Eso no importa! ¡Quiero oírte! ¡Por favor!
—No se…
— ¡Juro quedarme calladito! ¡Pero toca!
Kasamatsu abrió los ojos, tarareando una letra sin palabras en su boca. Acordándose del brillo en los ojos dorados de Ryota, esos ojos que tantas veces se habían visto distantes cuando el pasado se manifestaba, cuando un encuentro con alguno de los de la Kiseki no Sedai se presentaba.
Primero Kuroko (hizo una mueca), luego Midorima, le siguió Aomine (apretó los labios), Murasakibara y por último Akashi.
Todas esas veces, realmente, tuvo curiosidad. Pero él no era quien para hurgar en el pasado ajeno, menos en el de Kise. Anhelando, secretamente, que algún día el joven tuviese la suficiente confianza en él como para decirle, hablarle sobre ello.
Pero dicha oportunidad no se presento antes, ni ahora parecía posible o factible que tal cosa ocurriese. El pasado es pasado, y ahí queda, como una caja de Pandora que no debe ser abierta.
Pero, se recuerda así mismo, él es como Pandora ahora, en estos momentos. Porque sabe que si abre la caja, desgracias ocurrirán, tal vez se entere de secretos que no debería haber sabido, de un lado de Kise que él desconoce o desconoció. Porque la gente cambia, con el tiempo. Y aún si miles de plagas en forma de demonios le engullesen, aún perduraría la esperanza.
La esperanza de que Kise confiase en él.
Tal vez estaba yendo demasiado rápido, Kise antes había sido su kouhai, su compañero de equipo. No como ahora que era su pareja, novio, koibito (*). No estaba bien que insistiera-internamente-por algo que madura con el tiempo.
—Quiero saberlo todo de ti…—murmura, y es que es la verdad. Así como Kise que se emociono al descubrir algo totalmente distinto de su típica faceta autoritaria y seria, él deseaba a conocer cada cosa que pudiera de Kise. —Tus penas, tus momentos dolorosos—no sabe porque lo dice ahora, en soledad, en voz alta, y se lo calla en esas conversaciones por teléfono. Donde podría decirlas libremente y sin temor, porque Kise no correrá de sus sentimientos, porque lo que tienen es mutuo.
Y antes de que se dé cuenta, ha comenzado a cantar, una canción. Su voz sale algo grave, suave como si quisiera prolongar la letra el mayor tiempo posible, esperando que sea arrastrada por algún viento que no hay, porque las cortinas no se mueven, y llegue a los oídos de Kise, y así sepa lo que siente.
Quisiera escribir una canción
Que pudiera hacerte sentir
Y mostrarte que mi corazón late solo por ti hoy
Se detiene, le ha gustado como ha salido ese verso, de la nada, y tan acorde con los sentimientos que tiene ahora y se expanden por cada parte de su ser. De niño, su madre siempre le había dicho que el amor era una enfermedad, maravillosa, que no tiene fin.
Ahora lo entendía.
Y en esa bella melodía explicar
Lo que has llegado a provocar
Y en esa dulce melodía regalarte
Ese amor que empieza a germinar
La sonrisa, los ojos, las lagrimas, la risa, el cabello, la nariz, la actitud despreocupada. Todo, Kasamatsu solo mueve los dedos, confesándose, así mismo que no podría amar más de Kise, porque ya ama todo de él, y lo imagina, ahí presente, oyendo esta confesión. Y en algún punto, el volumen de su voz aumenta. Y las cuerdas cantan, más alto y con más fervor.
Debes saber que me haces bien
Que tú me salvaras
De tanta soledad
Yukio cierra los ojos, permitiendo a su mente soñar (y desear, porque es lo que más esta haciendo en este momento) que las vacaciones lleguen, que Kise venga y tengan una cita (por cursi que suene), porque cuando Ryota esta ahí, tomando su mano a escondidas, viéndole con suplica para tener su aprobación y robarle un beso fugaz. Estremeciéndole de pies a cabeza, porque cada beso con él se siente de esa forma.
Cálido, desbordante de euforia.
Yo pienso siempre en ti
Adonde quiera que voy
Adonde quiera que voy
Te llevo conmigo…
Unos aplausos se oyen a la distancia, y Yukio salta, abriendo los ojos. Asustado, y avergonzado con la vista al frente. Una mujer en el umbral de la puerta, choca sus palmas enérgicamente mientras lagrimas de cocodrilo se desbordan por su rostro.
— ¡Esa fue una canción tan bonita!—chilla, poniéndose las palmas en las mejillas, retorciéndose para adelante y atrás, de izquierda a derecha cual víbora.
Kasamatsu quiere correr.
—Y-Y-Yo lo siento…no sabía que este lugar. —se detiene. ¡Porque la lengua tenía que trabársele justo ahora!
La mujer le mira. Es un desastre, piensa Kasamatsu. No por el hecho de ser descubierto por una mujer, sino porque esta mujer parecía salida de un tráiler de terror. Los rizos de su cabello parecían enredaderas juntadas a la fuerza por una hebilla que mantiene algunos cabellos de la frente hacia atrás, más no todo el cabello. Andar con sandalias de madera tradicionales, y con un pantalón de jean con alguna que otra mancha de café o rasgadura.
La mujer parece, entonces, reparar en su mirada y hacia donde esta dirigida.
— ¡Oh lo siento!—se disculpa esta, rascándose la mejilla derecha, obviamente avergonzada de su apariencia. —A veces me olvido que estamos en la universidad…—tras decir esto, desvía la mirada cerúlea por unos momentos, no enfrentando la del muchacho—Mi nombre es Ono Michiru, profesora de la universidad. Me especializo en el área de Música. Y tengo otro titulo como maestra de piano. —se presento. Sonriéndole al chico. Luego pareció recordar algo, agregando segundos después—Y estamos en el depósito de música
—Ah, yo soy…K-K-Kasamatsu Yukio. Etto…ahora mismo me voy. —dijo. La verdad es que por algún motivo le daba mala espina seguir atrapado con una mujer así en ese lugar. Y no sabía porque.
— ¡Ya te vas! ¿No vas a inscribirte en la carrera?—Ono hizo un puchero, inflando sus mofletes.
Kasamatsu sudo. ¿Realmente esta mujer tan desaliñada e infantil era una de las profesoras de la carrera?
Correr en ese momento no le parecería una falta de respeto.
—Lo siento, no me decido aún por una carrera. Y no creo que música sea lo mío. —informo con el tono más sereno posible (felicitándose mentalmente por no tartamudear esta vez). Sin embargo, Ono le cogió por el cuello de la camisa— ¡Oiga que pretende!—exclamó irritado.
—No pretendo nada pero…—Kasamatsu sintió como un papel impacto contra su cara. Y como la mano de Ono soltó el cuello de su camisa. —Eres muy bueno tocando, y se nota que tienes siquiera un poco de gusto por la música. Te dejo la ficha de inscripción por si las dudas. —dicho esto Ono se adelanto con pasos largos perdiéndose en el umbral de la puerta, haciéndose su figura cada vez más lejana en el pasillo. Pero antes de desaparecer por completo, se giro sobre sus talones y grito—Si buscas el gimnasio esta detrás del depósito de música. Tendrás que dar un rodeo.
Kasamatsu se quedo solo, confundido por dos cosas. ¿Cómo era posible que la universidad aceptase a alguien como esa mujer como educadora?, y lo segundo ¿Cómo diablos supo que buscaba el gimnasio?
Bueno, de todas formas, considero que podría quedarse con la ficha de inscripción. Después de todo, Ono le había brindado la información que con anterioridad se había resulto a preguntar con alguien el primer día de clases. Pero era mejor conocer el lugar temprano.
Tras dar un rodeo al depósito, como bien le había indicado Ono. Yukio diviso una edificación sencilla pero moderna, ese debía ser el gimnasio de la universidad. El gimnasio donde practicaría y jugaría por los años que durase su educación.
Había tribunas a los costados, también un segundo piso. Parecía casi un estadio pequeño. El piso estaba lustrado. Y los aros de basket se alzaban, como él lo recordaba, en ambos lados de la campo de juego. Firmes y listos para que los jugadores se clavaran en ellos o tirasen la pelota por sus aros, anotando puntos que llevarían a la victoria a su equipo.
Por primera vez en mucho tiempo, Yukio se sintió como en casa.
Camino por la cancha, quedándose mirando con fijeza el techo, los aros, el piso, las tribunas. Girándose para encarar el otro lado, y parpadeando con extrañeza al contemplar como una espalda se alejaba de allí. Alguien debió de haberle visto, o haber venido a ver le gimnasio también.
No obstante esa espalda y ese pelo corto de color negro. Se le hicieron demasiado similares, así como la estatura.
Una imagen y un juego pasaron como una descarga en su cabeza. Podría ser acaso…no, dudaba de ello, probablemente esa persona tan fastidiosa estaba a kilómetros de donde su persona yacía, en algún otro lugar, no en Hokkaido.
Sacudiendo la cabeza suspiro. Tantas cosas habían pasado en un día que seguro ahora sufría de alucinaciones. La migraña de nuevo, a este paso tendría que ir a alguna clínica y pedir que le recetaran aspirinas.
Se quedo un momento más en el gimnasio, sentándose en una de las bancas fuera de la zona de juego, mirando detenidamente el papel en sus manos.
Si reflexionaba profundamente, no había otra cosa que desearía hacer más que jugar al basket, pero también debía pensar en su futuro. Tal vez el basket le diera algo que no pudiera ser reemplazado, pero así mismo Kasamatsu no podía asegurar que su amor durase demasiado o que el tiempo no afectara su modo de juego. Con el tiempo crecería, envejecería le gustase o no, y tal vez, aunque sonase pesimista, no llegase a vivir solo del deporte que amaba.
También pensó en Kise, si iban a tener un futuro juntos, si iban a estar de algún modo compartiendo sus vidas, él como el mayor debía empezar a planear una pequeña parte de lo que harían. Él esperaría a Kise sin duda, no lo dejaría atrás, pero no podría subsistir de una beca toda la vida (o al menos lo que durase su faceta de estudiante). Cuando Kise llegase él, nuevamente (para colmo de males) probablemente se graduase ya, y Kise apenas ingresaría. Siendo separados de nuevo.
Fue entonces que, siendo impulsivo y caprichoso, por segunda vez en su vida, Kasamatsu tomo un bolígrafo que llevaba en el bolsillo de su pantalón y lleno el formulario.
Y al salir del gimnasio, cuando paso junto a una recepcionista, entrego su papel, pidió los horarios de las materias. Retorno a casa, tomando una rápida ducha, sin almorzar, cubrió sus heridas con curitas (extrañamente y tal vez hasta irónico, habían sido un regalo de Kise días antes de su partida) y se decidió a dormir (porque lo necesitaba, y mucho).
Justo cuando sentía sus parpados cerrarse y la conciencia dejarle atrás, su teléfono sonó. Con un gruñido, y una irritación niveles masivos, resolvió que gritaría a quien le hubiera llamado. O al menos así fue hasta que leyó el nombre en el identificar de llamadas.
"Kise Ryota"
La ira mermo y se evaporo en un instante, apretando los labios, y con una exhalación, Yukio se dedico a atender.
— ¿Hola?—preguntó, bostezando. Dios, cuanto sueño tenía.
—Hey, ¿Cómo lo llevas?—
Yukio sonrió, cuanta falta le había hecho hablar con Kise, recordarlo toda la tarde no era lo mismo a escucharle.
—Bien. Hoy fui a ver que carreras podría tomar. Y vi el gimnasio, es bastante bueno, aunque…—Hizo una pausa, si le decía a Kise lo del tema de su accidente con la bicicleta seguro se pondría a lanzar interrogantes sin fin sobre su condición. Si mencionaba a la profesora Ono seguro se haría una idea equivocada -cuando menciono a Umi la primera vez que hablaron, sus celos fueron tan transparentes-También estaba el tema de esa persona que él creyó haber visto y que no tenia garantías de que fuera quien pensaba que era.
— ¿Qué sucedió?—
Mierda, ya se preocupo, se riñe Kasamatsu. Realmente no le agradaba ser una de las causas por las que Kise se rompiera la cabeza con temores sobre cuestiones o situaciones menores.
—Nada…no me hagas caso creo que solo he imaginado cosas. —espetó, con algo de indiferencia. Tal vez así fuera más creíble.
— ¿Y que carrera elegiste?—
Yukio duda, no porque no crea que Kise diga que no es una carrera para él, sino que de cierta forma es un poco gracioso. Aunque Kise le hubiera oído tocar la guitarra aquel día, y le hubiera besado diciéndole que algún día compusiese una canción para él, porque tocaba bien. La imagen de sí mismo como un educador en la materia no se le hacía fácil de creer para él tampoco.
Pero quiere decírselo, porque así como él desea que Kise sepa que necesita saber ciertas cosas, que quiere saberlo todo de él, se lo revela. Porque confía en él.
—No te rías.
—No lo hare.
—Profesorado de Música.
Silencio.
Eso es lo que se presenta por un par de segundos, tal vez un minuto o dos. Y cuando Kise vuelve al teléfono, Kasamatsu puede escuchar como contiene una ligera risa que amenaza con escapar de sus labios.
—Bien por ti—
Es una felicitación pero Yukio sabe que Ryota quiere reírse.
—Se que te estás riendo…maldito. —le dice, con un ligero toque de humor, pero aún fastidiado. Porque puede oír como Kise después ríe, y eso le llena, no sabe de que exactamente, pero le hace muy feliz oírlo reír, saber que es feliz.
—No lo hago…es solo que imaginarte como profesor de música a futuro es…—
—Ya Umi me dijo que con mi cara los alumnos se asustarían, así que eso puedes ahorrártelo —informa.
Porque Umi se rio en su cara (bajito, pero se rio) y le cargo con que si llegaba a enseñar a alumnos grandes o chicos, ya lo creerían un profesor amargado por su ceño fruncido. Respondiéndole él a su vez con que seguramente si ella se recibía como maestra en Literatura, los suyos se dormirían en clase.
Entonces, por un momento que Kise no habla Kasamatsu quiere cambiar de tema, así que le cuenta la cantidad abismal de materias que tiene, siendo su carrera una con la tasa más baja de inscriptos y alumnos. Su encuentro con Ono Michiru, que, según ha resulto él esta loca, pero es una buena persona. Que los chicos que vio formados en la fila perteneciente a la cátedra de música del conservatorio anexo a la universidad, son algo como él, tranquilos y serios. Tal vez con más determinación de la que posee, porque ellos sin aman la carrera que han escogido.
Entonces se detiene, porque ha hablado mucho y la lengua le pesa, porque necesita descansar, tomarse un respiro. Y porque esta debatiéndose si el decirle o no decirle a Kise que hoy día a cantado una canción, una canción mientras pensaba en él. En sus ojos, en su sonrisa, en que quiere saber más cosas, en que lo quiere muchísimo.
Y cuando siente que es el momento adecuado, cuando cree que puede decirle lo de su confesión en el depósito de música. Ryota hace algo impensado.
—Te amo. Yukio.
Kasamatsu siente que el aire le falta, que su corazón se detiene y comienza a bombear más rápido. Sus mejillas arden y su cuerpo tiembla. Porque la voz de Kise lo ha dicho despacio, como un susurro en su oreja, casi como si estuviera allí diciéndoselo.
Y su nombre, ¡Oh Dios santo!, su nombre jamás se había oído tan bien formulado, tan bien pronunciado ni dicho de esa forma tan especial como ahora.
¿Quién de los dos va rápido?, se pregunta ¿Cuándo de Kasamatsu se convirtió a Yukio? ¿Es él o Ryota quien va adelantado? ¿O lo están ambos? ¿Es seguro decir algo tan grande ahora?
Yukio cree que sí, pero ¿cómo estar seguros?
— ¿Yukio?—la voz de Kise al otro lado le despierta de su sopor.
¡Carajo!, ¿Ahora que decir? ¿Debería decir: "Yo también", "Igual", "Te amo mucho Kise" "¿Enserio?…me siento de la misma forma"?
¡Con un jodido demonio! ¡Necesitaba una respuesta rápido!
—Lo siento solo dame…. —comenzó sin saber como seguir—Solo, es solo que…—trata de explicarse, pasándose una mano desesperada por los cabellos, gimiendo después. ¡Que frustrante!
—Lo siento.
Las palabras golpean en su corazón como un martillo. Pero por suerte, este todavía no se ha visto roto. Kise solo esta confundido, creyendo que ha cometido un error. Kasamatsu siente la ira hervir a fuego lento, y luego ascender. ¡Por qué! ¿¡Por qué tenía que salir todo mal hoy?!
— ¡No te disculpes, baka!—grita con toda la fuerza de sus pulmones. —"No se supone que te disculpes por amarme, estúpido golden retriever" —piensa, apretando la mandíbula. Luego se calma, porque no quiere gritarle, no hoy, no ha él, que se ha molestado en llamarle aún estando tal vez incluso más cansado de lo que lo esta en ese momento. No obstante, no sabe que decir, así que traga, dejando que las palabras broten sobre la marcha—Es solo que…e-e-eres el primero en decir eso y yo…. ¡Diablos! ¡No sé como responder!—admite, ya resignado. Poco le importa que Kise se burle de lo inocente que es, no negara que Kise es el primero que le ha dicho eso. No quiero negarlo tampoco.
Pasan unos minutos, tal vez tres o cinco, en los cuales Kasamatsu maldice contra la almohada, con rabia, tras ese margen de tiempo, Kise vuelve a hablar del otro lado de la línea.
—Es fácil, ya sabes…—Yukio calla, expectante de lo que saldrá de los labios de Kise. —Di. Te amo Ryota.
El ex capitán de Kaijou quiere carcajearse, ¡Kise estaba guiándole en esto! ¿Cuándo fue que los papeles se hubieron invertido?, pero se contiene, porque esta agradecido con Ryota, agradecido de que sea él quien lo diga primero, porque siendo como es Kasamatsu tiene miedo, miedo a equivocarse (porque para él ya lo hizo una vez al decidir seguir con su plan de ir a Hokkaido), miedo a que sus palabras, sus sentimientos no le lleguen a Kise y él se vaya, lejos, muy lejos de su alcance y que la promesa se vea rota.
Piensa entonces en la canción que canto en soledad, y sonríe.
—Baka—le insulta, con cariño y sabe que Kise lo sabe, porque ambos saben que Yukio solo le dice así de cariño, al menos en ese tono. Justo antes de seguir el consejo del rubio, Yukio se aclara la garganta, quiere sonar sincero, tanto como Kise lo ha sido, quiere hacerle sentir lo que él ha experimentado. —Yo también. Te amo Ryota.
Del otro lado de la línea Kise parece feliz, le repite que lo ama sin cesar, y luego se despiden. Y es en la oscuridad de la habitación que Kasamatsu se dice que, si se da la oportunidad, le cantara a Kise esa canción que le vino a la mente por su recuerdo, y cuya letra se ha quedado grabada en su memoria como lo ha hecho el jugador número siete, ahora, nuevo capitán de Kaijou.
N/A: ¡Listo! ¡Ojala les haya gustado el capitulo! Ahora las notas de autora pertinentes a cositas interesantes que he agregado.
Yukionna: Una universidad obviamente inventada para mi disfrute personal, y para trolear a Kasamatsu, bueno ni tanto, es que últimamente he comenzado a crear cosas que estén relacionadas con el agua (Umi, el nombre de su prima significa "Mar"), dado que el nombre de Yukio es nieve. Mientras que Yukionna es la tan conocida criatura que es llamada por el nombre de "Mujer de las nieves" o "Hada de nieve".
Koibito: Un término que se refiere a los enamorados. Significa amantes, enamorados o "unidos por el hilo rojo del destino" (según una página, pero no se que tan confiable sea esto último)
Bueno, eso es todo por hoy. Para las interesadas en la canción completa que ha sido utilizada en este capítulo-Y la cual les recomiendo que oigan, porque es una personificación misma de los sentimientos de Kasamatsu hacia Kise-les digo que busquen en Youtube por las siguientes palabras: Restar "Te llevo conmigo"
Eso es todo. Nos vemos después.
