Disclamer: Kuroko no Basuke (Basket) no es de mi propiedad, sino del autor/mangaka: Tadatoshi Fujimaki.
Advertencias: Errores ortográficos. Shonen Ai. OOC (Ya lo saben mis queridas, por si las dudas). El rating por momentos…será T, pero no prometo no poner nada de ya saben…M. Este particularmente tiene ligeras muestras de Angst.
Dedicado a: Somnus Nemoris. Por ser una de mis autoras favoritas, y por darme el honor de ser una de mis tantas lectoras en esta historia.
Summary: Este era uno de los problemas de la distancia.
Extraño todo de ti
Kise retrocede, sorprendido, algo enojado, claro que no permite que esa emoción se precipite en sus facciones, pues no es insensible, no puede serlo porque sabe lo que esa chica enfrente de él siente, porque él igual lo padeció hace algún tiempo.
—Yo…—la chica le mira, roja, avergonzada por el impulso y los ojos tal vez llorosos. Que va, esta llorando.
Kise quisiera hacer todo con tacto, a él sinceramente no le gusta ver a las chicas llorar, menos ser el causante de sus lagrimas, pero sabía que era mejor ser claro y no dar alas a ilusiones que con el tiempo solo se romperían, y quien no decía si la chica que las portaba también.
—Lo siento—dice lo más suave pero audible que puede, colocando la mano en los bolsillos de los pantalones del uniforme. —Pero ya tengo a alguien—y no miente, por primera vez no lo hace. Tiene a alguien, algo brusco, pero cándido y maravilloso.
Tiene a Yukio.
La chica le mira, con los ojos rojos de tanto sollozar, mientras se limpia con un pañuelo la cara, apartando el rímel corrido y el brillo labial, puestos en vano. Entonces fijando su mirada almendrada en el rubio, traga, atreviéndose a preguntar.
— ¿Es Makura-san?—la pregunta sale despacio de los labios.
Kise frunce el ceño. Algo dentro de él hierve, no es porque esta chica, que de nada tiene la culpa, sino porque ha implicado a alguien que nada tiene que ver en el asunto, en el reciente rechazo.
—No, Makura es como mí imouto*—aquí miente, o tal vez no, no lo sabe con exactitud.
Makura parece una hermanita menor, no la suya, pero posee ese aire alegre y rebosante de sueños acaramelados sobre el amor, que la hace más brillante, más intensa. Ha sido también, una buena amiga y de las pocas chicas que no le persiguen, no con motivos ocultos, sino con el fin de divertirse juntos, como dos buenos amigos.
— ¿Entonces quien?—increpa con algo de vehemencia en el tono y en los ojos la morena delante suyo.
Kise aprieta los labios. Alzando una ceja. Luego sonríe, y se da la vuelta, volviéndose una última vez en dirección a su última enamorada para guiñarle un ojo y posar un dedo en sus labios, alzado hacia arriba.
—Eso es un secreto—dice, y regresa al salón de clases, a por sus cosas.
Pero un instante antes de ingresar al salón, se detiene, y dirige la mirada al final del pasillo, localizando los baños. Dejando atrás sus pertenencias entra en este, vacio esta, algo normal dado que las clases habían concluido hace diez minutos.
Los ojos, la nariz, las mejillas, el mentón, la cabellera rubia similar a hilos de oro, las orejas y el arete situado en una de ellas, le saludan desde un lado opuesto, el lado que refleja el espejo. Pero Kise presta atención a sus labios, algo hinchados, ligeramente rojos. Los aprieta, fuertemente, se los muerde hasta que siente como la piel se rasga y brota sangre del inferior.
Se siente, por algún motivo, muy sucio.
Lo suficiente como para abrir la canilla de agua fría del lavamanos, tomar el pequeño jabón que suelen dejar para los alumnos, y pasarlo como una esponja sobre estos, ignorando el picor que le causa a la herida la espuma perfumada del jabón.
Sucios, sus labios se sienten sucios. Como si hubiera enterrado la cara de lleno en un charlo de lodo. Quiere borrarlo, el momento, el instante el tacto de esos labios femeninos, no quiere tener ningún recuerdo de estos.
Y lo sabe, es la culpa.
¿Por qué (con un demonio) no pudo prever las acciones de la osada jovencilla? ¿Era realmente un idiota distraído como solían decirle los demás?
No se trata, se dice de que los labios hayan sido profanados, sino del profanador, una chica cualquiera, desconocida, normal y corriente, que no es Kasamatsu, le ha besado, de sorpresa, pero lo ha hecho.
Es lo mismo a una traición.
Kise se limpia el rostro, los labios, con la manga de la chaqueta del uniforme escolar. Se mira una última vez en el espejo del baño.
Unos ojos dorados, como dos pepitas puras halladas en una mina, le devuelven con doble intensidad el reproche interno. La traición, la culpa y vergüenza.
Kise se retira de allí, antes de que su puño quiera destruir el cristal.
Son las tres de las mañanas, y no puede dormir.
Prueba con todo, desde un poco de comida, una aspirina, un té hecho con plantas somníferas que Umi amablemente le alcanzo el día de ayer, como un regalo; pero nada.
Sus parpados no se cierran, ni siquiera cuando el aroma de la leche caliente traspasa la cortina de aire y se adentra a su cuerpo, por su nariz. Sus ojos azules están fijos en el liquido de la taza, que humea, pero su consciencia no, esta vagando lejos, muy lejos, del departamento, de Sapporo, de Hokkaido. De todo.
Entonces percibe una risa en su oído, y unos labios cepillando su oreja, y esa voz tan suave y tersa, algo aniñada, susurrarle un: Yukio, mírame.
Pero cuando abre los ojos, y se gira, solo hay una silla vacía a su lado, no un rubio hiperactivo. No hay una sonrisa idiota, ni un beso intenso, ni un grito o batir de pestañas, ni manos tocando sus mejillas.
Solo hay un cuarto vacio, un departamento gris, sin luz ni calor. Con poco de él, con casi nada, porque sabe, con pesar, que todo el calor quedo relegado en otro lugar, bastante lejos de él, presente solo por vía telefónica.
Con un suspiro, saca los libros y un cuaderno, adelantando sus estudios. Necesita distraerse, por un momento solo uno. Porque no cree poder soportar mucho el cómo se estruja su corazón, lo mucho que duele al encogerse.
Al final, cuando el sol se presenta, Kasamatsu ha leído todos los libros, ha cumplido con todos los trabajos asignados, ha hecho incluso apuntes fáciles de entender para sus compañeros menos constantes a las clases.
Pero sigue pensando en Kise.
"La practica hace al maestro" decía el dicho, Kise se había enamorado de este en cuanto lo había oído salir de los labios de Kasamatsu, mucho antes de jugar contra Seirin, mucho antes de perder contra Seirin, al llegar a Kaijou, y al recibir su primera patada-en los entrenamientos-
Por supuesto, en un inicio no lo había creído necesario, no en su caso, no con su Perfect Copy. No obstante, había algo, en el esfuerzo que Kasamatsu ponía, al cual todos se entregaban como si fueran a vivir el último día de sus vidas. Dentro de la cancha vivían, decidió el rubio, y así parecía ser.
Cerró los ojos, rogando a su mente que no le jugase malas pasadas.
Por que si, fue ciego y estúpido.
Se había enamorado de él desde el primer día. Sin darse cuenta.
Sus ojos azules, con un toque cromo a contra luz, fuertes y peligrosos, pero hermosos como dos zafiros. Su piel blanca, casi pálida, suave como la seda (la sintió por primera vez al rozarse sus brazos en una de tantas practicas), su cabello negro, sedoso aunque corto, agradable al pasar sus manos sobre la cabeza del otro. Su cuerpo pequeño pero magro, bien formado. Su fuerza, su determinación, su fortaleza (esa que él ahora debía desarrollar), su comprensión, su objetividad.
Todo. Absolutamente todo le había cautivado de él, como un hechizo mágico lanzado por alguna bruja.
Buena o mala no lo sabía.
En la práctica de hoy había cometido el error de errar un pase, y todo porque la voz de uno de los nuevos ingresantes tenía un timbre similar al de Yukio, no era la voz del moreno, pero aún así…
Takeuchi lo regaño, un poco, y le dijo que prestara más atención. Kise prometió hacerlo, no con una sonrisa, sino con seriedad. Mitsuhiro le dio un pequeño golpe (en el hombro), y luego a voz de grito afirmo, que todos mejorarían, que él fuera paciente.
Kise sonrió agradecido, Mitsuhiro se había vuelto más cercano a él, tal vez fuera por ser titulares al mismo tiempo, porque la nostalgia de lo que alguna vez fue "Kaijou" con Moriyama, Hiroshi y Kasamatsu era un vinculo, un soporte para mejorar, esforzarse.
Había jurado a Kasamatsu en secreto, más no en vano, que ganarían a Seirin, que serian campeones.
No pensaba romper esa promesa.
Kasamatsu Umi miró fijamente a su primo (sino es que el único), admirar la mancha de humedad del techo como si fuera lo más interesante que hubiera visto en mucho tiempo. Arqueando una ceja dejo su bolso y libros recién adquiridos en la mesa, y se aproximo al sofá, observando a través de sus lentes al muchacho.
—Yuki-chan—llamó
—Hola.
Ella frunció el ceño, algo no andaba bien.
— ¿Cómo te fue hoy?—
—Regular.
— ¿Qué ropa debería ponerme mañana?
—La que gustes.
—Hare lombrices para cenar
—Que rico.
—Me desnudare y bailare cancan enfrente de la ventana.
— ¿¡Ah!?—inquirió Yukio, mirándola con incredulidad. Parpadeo, dándose cuenta de su error, ruborizándose un poco—Que graciosa—gruño.
Umi arqueó una ceja, mientras sus labios permanecían tirantes en una sonrisa divertida.
—Lo es cuando no prestas atención, ahora enserio—hizo una pausa, sentándose al lado de Kasamatsu. — ¿En que piensas?—-Kasamatsu iba a abrir la boca para decir que no era nada, claro que si podía convencer a Umi de lo contario, era otra cosa. Ella le había colocado la mano sobre la boca—No me digas, adivinare—su mano cesó la presión sobre la boca del joven, apartándola—Extrañas casa. —sonrió de modo maternal al decirlo. Kasamatsu dijo que si con un ligero asentimiento de cabeza. Umi entrecerró los ojos—Extrañas a alguien.
Las mejillas de Kasamatsu se arrebolaron ante aquella afirmación. Umi satisfecha por su interrogatorio, se incorporó de un saltó del sofá, dirigiéndose a la mesada de la cocina, tarareando una alegre melodía.
Kasamatsu bufó, frustrado consigo mismo, con el hecho de ser tan transparente para esta mujer, con la pereza que le había atacado como una flecha, dejándolo vagar entre memorias de momentos compartidos con Ryouta, oprimiéndosele el corazón de a poco hasta el cansancio. Masculló una maldición, la migraña otra vez.
Umi corta unas verduras, viendo por sobre el rabillo del ojo-deteniendo el cuchillo-a su primo. Es entonces que recuerda otra cosa, algo importante.
Algo que tal vez pusiera una sonrisa en la cara de su primo y lo sacase de su estado zombi.
—La universidad se tomara un corto receso la próxima semana. Me refiero…tienes toda una semana libre. —anuncia con tono casual. Volviendo entonces a picar las verduras, y encender la estufa.
Kasamatsu se pone rígido, y mira a Umi, su espalda mejor dicho, ella tatarea alegremente alguna canción que a él le suena, pero que no recuerda, de todos modos, necesita confirmar si lo que ha dicho es cierto.
Necesita hacerlo.
— ¿Una semana?—la pregunta no esta falta de un gran sentimiento de sorpresa, así como de ansiedad. ¡Maldita sea! ¡Su corazón se estremece ante las esperanzas!
—Sí—responde al instante la morena, tirando a la cacerola con un guiso hirviente—Y espero que para una semana vuelvas ya sabiendo algo mínimo de cocina. No puedo venir todos los días a alimentarte, Yuki-chan.
Kasamatsu entreabre la boca, confundido.
— ¿Qué estás...?—la pregunta muere en el momento en que Umi, dejando atrás la cacerola con comida, se acerca a su bolso y saca un sobre. Lanzándoselo.
Yukio siente su boca seca, ha atrapado el sobre, con una ligera idea de lo que puede ser, pero hay variables y posibilidades, no debería confiarse. Los dedos le tiemblan al abrir el sobre, sudan al tener contacto con el contenido de este, y parecen de piedra al extraer dos papeles de su interior.
Dos billetes de avión, ida y vuelta. El primero con destino a Tokyo, el segundo, con destino a Sapporo; Hokkaido.
—Umi…—alza la vista, encontrándose con una Umi que pone la mesa de forma diligente. —Yo…—no sabe que decir, ella esta haciendo mucho por él, mucho por su situación, su secreto, del cual ella ni sus padres saben.
—No malentiendas—habló de pronto la morena, ajustándose las gafas, con un ligero sonrojo en la piel—La primera vez que vine a vivir sola, bueno, cuando mis padres se mudaron y yo me quede aquí, los extrañe mucho—confesó, rascándose la mejilla derecha con un dedo del a mano diestra. —Un montón, se como te sientes. Las cosas parecen fuera de lugar, y nada se siente como antes. —se explicó, haciendo pausa de a ratos eligiendo cuidadosamente las siguientes palabras que debería decir. —Por eso, tómalo como un regalo.
Yukio no respondio, de hecho su cuerpo lo hizo en su lugar. Sin que la chica se diese cuenta, se había acercado, evitando la mesa hacia un lado, y al estar cerca del cuerpo de la fémina, lo abrazo con fuerza.
—Gracias—
Umi solo palmeó la cabeza de Yukio, con una amplia sonrisa adornando su rostro. Tomando de los hombros al chico, lo aparto un poco de sí.
—Pero antes de subir al avión— empezó, colocando un plato en el lugar de Kasamatsu—Comamos, la comida de los aviones es mala. —advirtió.
Yukio hizo una mueca.
—Ni me lo digas.
Es un domingo, no hay clases, practicas, ni partidos, además de que, por agregado; son las cinco de la mañana, y dios quiera saber que hace él despierto a tal hora.
El celular suena, una vez, dos veces, tres y cinco. Entonces, ya harto, porque el sueño se ha ido por completo, Kise coge el celular, quedándose helado al ver el identificador de contactos.
"Kasamatsu Yukio"
Kise siente su corazón tamborilear a un ritmo que cree que este ha traspasado la velocidad del sonido. Sus labios bailan, se los muerde, abriendo el mensaje del buzón de correos.
"Sal afuera"
Es todo lo que dice, sin una palabra más o una menos, Kise no esta seguro de que pretende Yukio al enviarle eso, o a lo mejor, Yukio se había equivocado de contacto. Fue entonces que otro mensaje llegó al cabo de unos segundos.
"Te lo estoy diciendo a ti Kise"
Kise tiembla, no lo comprende, pero el mensaje destila autoridad, la emana, y por un breve y fugaz minuto, Kise se siente de nuevo como en primer año. Sin perder el tiempo-pues teme que las patadas que le lleguen de cualquiera se multipliquen-, calzándose un par de sandalias, y en pijama, desciende el tramo de escaleras con mucho cuidado de no despertar a sus progenitores, y se acerca a la puerta, quitando todo seguro.
Y es al abrirla que siente el agarre de una mano en el cuello de su camiseta descolorida, y labios, hambrientos, calientes, suaves, asaltar su boca. Tras tironear del cuello.
Una lágrima se escapa de los ojos dorados, para luego deslizarse por la piel y caer.
Es todo tan irracional e ilógico. Por que Yukio ciertamente no vendría de sorpresa, no es su estilo, se dice, tampoco lo es el robarle besos (eso es algo que Kise hace), y debería haber perdido el juicio para hacerlo ahí, en la puerta de su casa, con el sol emergiendo por encima de los techos de los múltiples hogares del vecindario.
Se separan por un instante. Kasamatsu tiene la cara roja, sabiendo el error que ha cometido, que el impulso le ha dominado. Tres pepinos no valen nada, se dice, y manda la razón al carajo. Ya que ese sentimiento, ahí alojado en su pecho, en su corazón, es demasiado para soportarlo.
—Te extrañe, Ryouta. —admite, con la lengua temblándole y la cara incinerándose de tanta sangre caliente agolpada en sus mejillas.
Lo único que Kasamatsu recibe como respuesta, es otro beso, hambriento como el suyo, con esa necesidad de fundir sus bocas, dejarlas pegadas, maldecir al aire por ser tan necesario, sentir el cuerpo del otro cerca.
—Yo también te extrañe Yukio. —le susurra en el oído.
N/A: Bueno, he aquí la actualización. Lamento mis errores ortográficos, de veras que sí, prometo corregirlos cuando tenga más tiempo. Por eso también pido que si tiene algún comentario del tipo constructivo, no se apenen y díganmelo.
Imouto: Hermana menor.
