Itachi ha pasado su primera noche en casa de Sakura y ya conoce al pequeño Sasuke.
Alerta amantes del Yaoi, seguramente les resultará gracioso este capítulo.
Naruto no me pertenece y la historia es una mera adaptación de "La conspiración del amor" de Jude Deveraux.
SoRaTo FoReVeR: Gracias por tus reviews. Intentó que al menos los caps tengan 2000 palabras al publicarlos. Espero que tarde máximo, en publicar las continuaciones, una semana.
Capítulo dedicado a fannyhikari, una nueva persona que sigue el fic y alegra a esta humilde adaptadora.
Tengo baja autoestima, por lo cual no acepto comentarios negativos, si no les gusto cierren la página o entren a otro lado. Gracias.
- Capitulo 3 -
"Ese hombre no me gusta", pensó Sakura mientras seguía tendida en la cama. Por alguna extraña razón, Sasuke seguía dormido; alcanzaba a ver ese gran bulto que era él en el viejo corralito que en una época había sido en de Lee.
–No me gusta, no me gusta, no me gusta –dijo en voz alta y miró ansiosamente hacia el corralito, pero Sasuke no se movió. Dentro de uno o dos minutos tendría que despertarlo o los pechos le estallarían de leche, pero era agradable tener esos minutos para pensar.
Cuando Naruto le había propuesto que le permitiera a su hermano gay vivir en su casa durante una semana, Sakura enseguida le dijo que no.
– ¿Qué le daré de comer? –Preguntó–. Casi no tengo dinero para alimentarnos a Sasuke y a mí.
–Él, bueno… a él le encanta cocinar. Y estoy seguro de que le fascinará tener a alguien a quién cocinarle. Y se ocupará de comprar todo lo que necesites –le habia dicho Naruto en una forma que hizo que Sakura no le creyera. –Sí, te juro que lo hará. Mira, Sakura, sé que esto es una imposición, pero Itachi y su amigo acaban de romper, y mi primo no tiene adónde ir. Me estrías haciendo un gran favor. Yo lo alojaría en casa, pero ya sabes lo que piensa mi padre de los homosexuales.
En realidad, Sakura había visto a Minato Uchiha sólo una vez y no tenia la menor idea de qué opinaba sobre nada, salvo el ramen (le encantaba) y el fútbol (que también le gustaba muchísimo).
– ¿No hay ninguna otra persona? Tú conoces prácticamente a todos los del pueblo –había gritado Sakura. Naruto era tan bueno con ella; no le había cobrado nada por tratar las infecciones del oído de Sasuke ni las vacunas y, además, le había mandado su enfermera para cuidarla cuando ella estuvo tres días en cama con gripe. No era fácil ser madre soltera con poco dinero, pero con la ayuda de Naruto había logrado sobrevivir. Así que estaba en deuda con él.
–Tienes una habitación adicional y lo necesitas. Quiero creer que no tienes nada contra los gays, ¿verdad? –Preguntó él, dando a entender que tal vez la había juzgado mal.
–Por supuesto que no. Es solo una cuestión de espacio y, bueno, dinero. No puedo darme el lujo de alimentarlo y, mucho menos, de pagarle por cuidar a mi hijo y…
–Eso déjamelo a mí –dijo Naruto–. De hecho, déjamelo todo a mí. Itachi te ayudará en todo sentido y hará que tu vida sea mucho más fácil. Confía en mí
Y ella había confiado en él, tal como confiaban en él todos los demás habitantes del pueblo. ¿Y qué consiguió? Un hombre despectivo de un metro ochenta de estatura, que la hacía querer echar a correr y esconderse. La noche anterior, o más bien esa mañana, a la hora de la mamada de las dos, ella tuvo que morderse la lengua para no hacer un comentario desagradable cuando lo vio recorrer la casa con una expresión despectiva. Usaba un traje que parecía valer más que la propiedad y ella percibió con toda claridad su desprecio. En ese momento tuvo ganas de pedirle a Naruto que se lo llevara, que ella no permitiría que ese hombre estuviera cerca de su hijo.
Pero entonces recordó todo lo que Naruto le había contado sobre ese pobre hombre y su corazón destrozado. Aunque, para Sakura, él parecía más enojado que deprimido; enojado con el mundo, incluso tal vez enojado con ella en particular. Cuando exigió que Naruto saliera de la casa con él, Sakura estuvo a punto de ponerle tranca a la puerta para que ninguno de los dos volviera a entrar y, así, volver a meterse en la cama.
Pero no lo hizo, y ahora tendría que pasar toda una semana con ese ser extraño, pensó. Toda una semana durante la cual sería tratada con desprecio. Una semana…
No siguió pensando porque a través de la pared delgada oyó el golpe seco de algo que caía, seguido por un grito de terror de Sasuke. En el acto Sakura saltó de la cama y entró en el cuarto de Itachi antes de que él tuviera tiempo de levantar al pequeño.
–Aléjese –dijo Sakura. Le apartó las manos, levantó a su bebé y lo acunó contra su cuerpo. –Calla, calla, mi amor –lo tranquilizó y lo apretó mientras su corazón latía con fuerza. Sin duda se había caído de la cama. ¿Se habría golpeado la cabeza? ¿Estaba bien? ¿Tendría conmoción cerebral? ¿Lesión cerebral? Lo fue revisando con las manos en busca de hematomas, sangre, cualquier cosa que estuviera mal.
–Creo que sólo está asustado –opinó Itachi–. Cayó sobre la almohada y, además, tiene puesta suficiente ropa como para caer de un edificio y no lastimarse.
Sakura lo fulminó con la mirada. Sasuke había dejado de llorar y ahora se doblaba por la cintura y movía la cabeza hacia abajo, con lo cual le indicaba que quería mamar.
–Salga –le dijo a Itachi–. No quiero tenerlo aquí.
El hombre la miró como si no entendiera inglés.
–Le dije que se fuera. Está despedido.
Le estaba contando bastante sostener a Sasuke, que seguía doblado hacia abajo.
–Llévese su… su teléfono y váyase. –Era fácil imaginar que había estado de pie a la ventana hablando por teléfono y dejado al bebé solo sobre una cama angosta. No estaba dispuesta a dejar a Sasuke a cargo de una persona tan descuidada.
–A mí nunca me han echado de un trabajo –dijo Itachi, los ojos abiertos de par en par.
–Siempre hay una primera vez para todo. –Como Itachi no se movió, ella apretó los labios. –Yo no tengo auto, así que si necesita transporte, llame a Naruto. Le daré su número.
–Conozco su número –dijo Itachi en voz baja, todavía de pie y mirándola.
– ¡Entonces márquelo! –exclamó mientras daba media vuelta con los brazos alrededor de Sasuke. Se dirigió a la sala, donde puso a Sasuke sobre dos almohadones en el sofá, la mano detrás de la cabeza del pequeño, y después se desprendió con irritación los botones del camisón para desnudar sus pechos. Sasuke se le prendió enseguida y, después, mientras seguía alimentándose boca arriba, miró fijo a su madre, sin duda consciente de que algo sucedía.
–Mire, yo… oh, discúlpeme –dijo Itachi y se apresuró a darle la espalda, y Sakura advirtió lo incomodo que se sentía por haberla visto amamantar a su hijo. Sakura tomó una manta del bebé que estaba en el respaldo del sofá y se cubrió con ella.
–Quisiera tener una segunda oportunidad –continuó Itachi, todavía de espaldas–. Yo estaba en el… –Casi se atragantó con la siguiente palabra. –Me equivoqué al dejar al bebé solo en la cama. Pero, bueno, mis intenciones fueron buenas. Cuando lo oí llorar, lo levanté del corralito porque quería dejarla dormir un par de horas más. Eso fue todo.
Por lo que Sakura pudo advertir, a ese hombre le costaba pronunciar cada palabra. Cualquiera diría que nunca antes se había disculpado. Más aún, al oír el esfuerzo en su voz, cualquiera diría que él jamás había hecho nada censurable en su vida.
– ¿Me está pidiendo que le dé una segunda oportunidad con la vida de mi hijo? –preguntó ella con voz serena, la vista fija en la espalda de Itachi.
Él se volvió con lentitud, vio que ella estaba cubierta y entonces se sentó en la silla con tapizado de girasoles.
–No es frecuente que yo, bueno, me descuide tanto. Por lo general me ocupo de varias cosas al mismo tiempo y controlo todo perfectamente bien. De hecho, me jacto de ser capaz de manejar cualquier cosa.
–No hace falta que me mienta; Naruto me lo contó todo. –Cuando pronunció esas palabras, la cara de Itachi tomó una extraña coloración lavanda, y Sakura renovó su decisión de librarse de él. "Este hombre no me gusta", repitió para sí.
– ¿Y que fue lo que Naruto le contó? –preguntó él.
Había en su persona algo un poco intimidatorio. Era mucho lo que ella le debía a Naruto, pero no pensaba retribuirle esa deuda a nadie a expensas de su hijo.
–Me dijo que usted era gay y se estaba recuperando de la ruptura de una relación amorosa y…
– ¿Él le dijo que yo era gay? –Preguntó Itachi en voz baja.
–Sí. Sé que es un secreto y que usted no quiere que la gente lo sepa, pero él tuvo que decírmelo. No pensará que yo permitiría que un hombre heterosexual viviera aquí conmigo, ¿no? –Lo miró y entrecerró los ojos. – ¿O sí? ¿Acaso cree que soy esa clase de mujer?
Como él no le contestó enseguida, ella continuó:
–Creo que es mejor que se vaya.
Itachi no movió ni un músculo sino que permaneció allí sentado mirándola, como si reflexionara sobre un problema muy importante. Ella recordó que Naruto le había dicho que su primo no tenía dónde alojarse, dónde pasar la Navidad.
–Mire, lamento que esto no haya funcionado. Usted es un hombre bastante atractivo, así que estoy segura de que encontrará…
– ¿Otro amante? –Preguntó él con las cejas levantadas–. Ahora me toca a mí preguntarle qué clase de hombre cree que soy yo.
Al oírlo, Sakura se ruborizó y bajó la vista hacia Sasuke, quien todavía mamaba con los ojos bien abiertos y, al parecer, escuchando cada palabra que se decía.
–Me disculpo –dijo ella–. No fue mi intención difamar a ningún grupo de personas. Perdóneme.
–Sólo si usted me perdona a mí.
–No –respondió ella–. No creo que este arreglo funcione. Yo no… –Calló y volvió a mirar a su bebé. Ya no mamaba, pero tampoco la soltaba. Como ella bien sabia, él la consideraba una suerte de chupete gigante.
– ¿No confía en mí? ¿No quiere perdonarme? ¿Qué es lo que quiere decirme?
–Que usted no me cae bien –soltó ella–. Lo siento, pero usted me lo preguntó. –Metió un dedo en el costado de la boca de Sasuke, con lo cual logró despegarlo de su pecho, y se cubrió, todo en un único movimiento bien practicado. Apoyó al bebé sobre su hombro, pero él pronto se giró para ver quién más estaba en la habitación.
– ¿Y por qué no le caigo bien?
En ese momento Sakura decidió que su deuda con Naruto estaba saldada.
–Desde que llegó aquí no ha hecho otra cosa que mirar todo con desprecio –respondió ella–. Tal vez no todos podemos darnos el lujo de usar ropa hecha a medida ni relojes de oro, pero hacemos lo mejor que podemos. Creo que en algún momento de su vida usted perdió la memoria de lo que es ser… ser parte de las masas. Cuando Naruto me suplicó que lo dejara vivir aquí, pensé que nos podríamos ayudar mutuamente, pero me doy cuenta de que usted se siente muy superior a la viuda de Rock Lee. –Pronunció las últimas palabras con los dientes bien apretados. Antes de estar una semana en Konoha supo lo que la gente opinaba de Lee.
–Entiendo –dijo Itachi, sin moverse de donde estaba y con el aspecto de no tener tampoco intensiones de levantarse de la silla ni de abandonar la casa–. ¿Qué tendría que hacer yo para demostrarle lo contrario? ¿De qué manera puedo probarle que soy confiable y puedo hacer esta tarea?
–No tengo la menor idea –contestó ella, mientras trataba de que Sasuke se pusiera de pie sobre su falda. Pero el equilibrio del pequeño no era bueno, así que se doblaba para un lado y para el otro como un largo espagueti mojado.
De pronto, Itachi se echó hacia delante, tomó al bebé y Sasuke lanzó un chillido de alegría.
–Traidor –dijo Sakura en voz baja al ver que Itachi lanzaba a Sasuke hacia arriba y después lo bajaba y le frotaba la cara contra el cuello. Sasuke aferró las mejillas de Itachi con las dos manos, y Sakura sabía bien lo mucho que esos pellizcos podían doler; en dos oportunidades esas pruebas de amor de Sakura le habían hecho sangrar la cara.
Después de zangolotear así a la criatura durante varios minutos, Itachi lo sentó sobre sus rodillas y, cuando Sasuke comenzó a contorsionarse, le dijo:
–Quieto. –Y el pequeño le obedeció. Sentado allí sobre las rodillas de Itachi y, al parecer, muy contento, Sasuke le sonrió a su madre.
Sakura detestaba ser madre soltera, detestaba que Sasuke no tuviera un papá. No era lo que había planeado para su vida. Aunque Lee tenia muchos defectos, era un hombre dulce y habría sido un buen padre. Pero el destino no lo había querido, y…
– ¿Qué es lo que desea? –preguntó Sakura, cansada, al darse cuenta de que él la miraba fijo.
–Otra oportunidad. Permítame que le pregunte una cosa. ¿Alguna vez su bebé se cayó mientras usted lo vigilaba?
Con la cara encendida, Sakura giró la cabeza. No sabía bien cómo, pero una vez Sasuke se había caído de la cama y, otra vez, de la mesada de la cocina. La segunda vez estaba atado a una sillita mecedora de plástico y aterrizó en el suelo de espaldas, todavía atado a la silla, con el aspecto de una tortuga en su caparazón.
–Bueno, sí, hubo un par de incidentes.
–Ajá. Bueno, lo de esta mañana fue mi primer y único "incidente". Se lo puedo asegurar. Pensé que esta dormido, y como ocupaba todo el espacio en la cama, yo no podía volver a acostarme para dormir, de modo que hice algunos llamados. Me equivoqué al dar algo por sentado, pero no fue mi intención mostrarme negligente. ¿Qué más le dijo Naruto de mí?
–Que no tenía vivienda por el momento y que había vuelto aquí para reparar su corazón destrozado –respondió ella. Sasuke, el traidor, estaba muy tranquilo sobre las rodillas de Itachi, jugueteando con sus dedos gordos y con el aspecto de alguien que ha encontrado su trono.
– ¿Se dio cuenta de que a su hijo le caigo bien?
–Mi hijo come papel. ¿Qué puede saber?
Por primera vez, en la cara del hombre apareció una gran sonrisa. Fue un poco como ver sonreír a las figuras del monte Rushmore. ¿Ese rostro se resquebrajaría?
– ¿Puedo ser sincero con usted? –Preguntó él, inclinado hacia Sakura–. No sé nada sobre cuidar niños. Jamás cambié un pañal. Pero estoy dispuesto a aprender, y necesito un lugar para alojarme. Además, creo que me gustaría conseguir que usted cambiara de opinión sobre mí. Le aseguro que puedo ser una persona bastante querible cuando me lo propongo.
– ¿Quiere decir que tampoco sabe cocinar?
– ¿Naruto le dijo que sí sabía?
Ella asintió y pensó que debería exigirle a Itachi que se mandara a mudar ya mismo, pero Sasuke parecía tenerle afecto. Ahora su hijo comenzó a contorsionarse y, sin el menor esfuerzo, Itachi lo colocó en la posición favorita de Sasuke: de pie. Según los libros, los bebés no comienzan a ponerse de pie hasta alrededor de los seis meses, pero Sasuke se incorporaba sobre su falda y trataba de arrancarle los brazos desde que tenía cinco semanas y media de vida. Tal vez si Itachi lo cuidaba, ella podría ducharse. Darse una autentica ducha. Una de esas en las que pasaba dos veces champú por su pelo y después se ponía acondicionador. ¡Dios, si hasta tendría tiempo de afeitarse las piernas! Y, después, quizá podría frotarse su piel seca con crema hidratante. El hecho de fabricar leche parecía absorberle toda la humedad del cuerpo, y sentía la piel como un papel de lija.
Quizá debería despedirlo después. Después de haberse bañado. A pesar de todo, ese hombre no podía ser tan malo si el doctor Naruto se lo había recomendado tanto.
– ¿Le importaría que fuera a bañarme?
– ¿Significa eso que me da otra oportunidad?
– Tal vez –dijo ella, pero sonrió un poco–. No dejará que le pase nada a mi bebé, ¿no?
–Lo protegeré con mi vida.
Sakura empezó a decir algo, pero, en cambio, se dirigió al baño y, un instante después, ya empezaba a salir el agua caliente de la canilla.
Les daré un adelanto para que se les vaya formando la imagen mental:
Itachi vs. Pañal Apestoso.
