Naruto no me pertenece y la historia es una mera adaptación de "La conspiración del amor" de Jude Deveraux.

Tengo baja autoestima, por lo cual no acepto comentarios negativos, si no les gusto cierren la página o entren a otro lado. Gracias.


- Capitulo 5 -

Después de lo que debió haber sido la ducha mas prolongada del mundo, Sakura se puso una vieja bata que tenía manchas de frambuesa y comenzó a secarse el pelo con una toalla mientras iba en busca de su hijo. Estaba segura de ser merecedora del titulo de "la peor madre del mundo" por haberlo dejado en manos de alguien a quien había tratado de echar, pero quizá Sasuke era mejor juez de las personas que ella, pues, inexplicablemente, no cabía duda de que ese hombre le gustaba. Y, tomando en cuenta que a Sasuke ningún hombre le gustaba y sólo pocas mujeres, Sakura se sentía intrigada.

La escena con que se topó hacía falta verla para creerla. Itachi, ataviado con lo que parecía ser una camisa hecha a mano y pantalones muy formales de lana, tenía a Sasuke recostado sobre la mesada de la cocina y hacía todo lo posible por cambiarle los pañales. Y, mientras tanto, Sasuke lo observaba con intensa concentración, sin moverse de aquí para allá como cuando lo cambiaba Sakura.

Reprimiendo la risa, Sakura los observó hasta que se dio cuenta de que corría el riesgo de ser descubierta; entonces, sigilosamente, regresó a su habitación para tomarse un buen tiempo en vestirse.

Después de darse el lujo de demorar treinta minutos en ponerse la ropa, peinarse el pelo mojado y hasta aplicarse un poco de maquillaje en los ojos, se dirigió a la sala, donde Itachi estaba sentado en el sofá, semidormido, mientras Sasuke jugaba en silencio en el piso. Sasuke no gritaba pidiendo su desayuno ni exigía atención. En cambio, parecía el aviso del Bebé Perfecto.

Quizá no debería despedir a Itachi, después de todo.

– ¿Tiene hambre? –preguntó y lo sobresaltó–. No es mucho lo que tengo, pero lo compartiré con usted con mucho gusto. Hace unos días que no voy al almacén. No me resulta muy fácil puesto que no tengo auto. Mi suegra por lo general me lleva los viernes, pero el viernes pasado estaba muy ocupada, así que… –Calló porque se dio cuenta de que hablaba demasiado.

–Estoy seguro de que lo que tenga me parecerá perfecto –sugirió él y la hizo sentirse muy tonta.

–De acuerdo, entonces –dijo ella, levantó a Sasuke, se lo llevó a la cocina y lo ató a su silla mecedora de plástico, que colocó en el medio de la pequeña mesa. Hizo todo lo posible por lograr que la mesa quedara linda, pero no fue fácil, no con una silla para bebé color rojo, azul y amarillo en el medio y los pies de Sasuke que pateaban todo lo que ella ponía encima.

–La comida está lista –anunció en voz bien alta, y él corrió hacia la cocina. "Es gay –se recordó Sakura–. Gay. Como Maito Gay, ¿recuerdas?"

Mientras preparaba la avena cocida con leche para Sasuke y aplastaba una banana, trató de permanecer en silencio. Resultaba tentador ponerse a conversar con él, y estaba hambrienta por el sonido de una voz adulta, aunque fuera la suya propia.

–Naruto dijo que usted buscaba trabajo –dijo él–. ¿Qué sabe hacer?

–Nada –respondió ella alegremente–. No tengo talento, ambiciones ni preparación. Si Lee no me hubiera enseñado cómo son las cosas, ni siquiera habría sabia como quedar embarazada. –De nuevo vio un asomo de sonrisa en la cara de Itachi, y eso la hizo continuar. Lee siempre le decía que lo que más le gustaba de ella era su habilidad para hacerlo reír.

"Seguro piensa que bromeo –siguió, mientras acercaba la taza con avena a la boca de Sasuke. Su hijo era demasiado impaciente como para darle tiempo de que lo alimentara con una cuchara, así que por lo general terminaba bebiendo ese alimento matinal. Como es natural, una tercera parte de esa comida terminaba chorreada en su mentón y en su ropa, pero el pequeño lograba meterse adentro el resto.

"En realidad no sé hacer nada. No sé escribir a máquina ni tomar dictados en taquigrafía. No tengo idea de cómo encender siquiera una computadora. Traté de ser camarera, pero se me confundían tanto los pedidos que me despidieron después de una semana. Traté de vender propiedades, pero como les decía a los clientes que las casas no valían el precio que se pedía por ellas, me echaron. Trabajé en una tienda por departamentos, pero el perfume me produjo urticaria, y les contaba a los clientes dónde comprar la misma ropa a menor precio, y los zapatos, bueno, lo de los zapatos fue lo peor.

– ¿Qué pasó en la sección calzado? –preguntó él mientras engullía un segundo bol de cereales.

–Me gasté todo el sueldo en zapatos. Fue el único empleo del que no me echaron sino que me fui. Me costaba más de lo que ganaba.

Esta vez él casi rió del todo.

–Pero Lee la libró de todo eso –acotó él, con un brillo travieso en los ojos.

El rostro de Sakura perdió su expresión de felicidad, y ella giró y tomó un repasador para limpiarle la cara a Sasuke.

– ¿Dije algo malo?

–Sé lo que todos piensan de Lee, pero fue muy bueno conmigo y yo lo amaba. ¿Cómo no hacerlo? Él me dio a Sasuke. –Miró a su hijo con ojos de adoración y él, en respuesta, lanzó un grito y comenzó a patear con tanta fuerza que casi derribó su silla mecedora.

Itachi extendió una mano y se lo impidió. Con el entrecejo fruncido, preguntó:

– ¿No se supone que este chico éste en una silla alta? ¿Algo con patas que lleguen al piso?

– ¡Sí! –Saltó Sakura–. Se supone que éste en una silla alta y se supone que duerma en una cama con barandas laterales que se bajen y se supone que tenga una mesa para cambiarlo y la ropa que esté de moda. Pero, como sabe, Lee tenía otras prioridades para su dinero y… y… ¡Oh, maldición! –alcanzó a decir mientras giraba para ocultar las lágrimas.

–Lee siempre me gustó –dijo Itachi en voz baja–. Era la vida de todas las fiestas. Y hacía que todos los que lo rodeaban fueran felices.

Sakura se dio media vuelta, los ojos llenos de lágrimas.

–Sí, era así, ¿no? Yo tuve una infancia bastante protegida, y no sabía la causa de los descuidos de Lee y su… –De pronto calló. –Escúcheme. Mi suegra dice que estoy tan sola que sería capaz de invitar a cenar al mismísimo diablo. –Nuevamente, silencio. –Le prevengo que no me estoy quejando; Sasuke es todo lo que quiero de la vida, es sólo que…

–Que a veces necesita a un adulto con el que hablar –terminó él y la miró.

–Usted sí que sabe escuchar, señor Uchiha. ¿Ésa es una característica de ser gay?

Por un segundo él parpadeó.

–No que yo sepa. Dígame: si necesita conseguir un empleo para poder subsistir, y no tiene ninguna habilidad, ¿qué piensa hacer? ¿Cómo hará para mantener a su hijo y mantenerse usted?

Sakura se sentó a la mesa.

–No tengo idea. ¿Usted puede sugerirme algo?

–Sí, que reanude sus estudios.

– ¿Y quién cuidará de Sasuke todo el día? ¿Con qué le pagaría a esa persona? Además, soy demasiado torpe para volver a la escuela.

De nuevo, él sonrió.

–No estoy de acuerdo. ¿Su suegra no puede ocuparse de Sasuke?

–Ella pertenece a un club de bridge, un club de natación y por lo menos tres clubes de chismes y, además, lleva mucho tiempo mantener el peinado que usa. –Con las manos, Sakura imitó un pelo muy batido.

–Sí, me parece recordar que Tsunade consideraba su pelo como una especie de fetiche.

–Se han librado guerras religiosas con menos fervor. Pero, de todos modos, usted tiene razón y debo conseguir un empleo. Esta misma tarde pensaba ir a una entrevista.

– ¿Para hacer qué? –Preguntó él, y la intensidad de su mirada hizo que Sakura bajara la vista hacia la banana que estaba aplastando con un tenedor.

–Para limpiar casas. No, no me mire así. Es un trabajo digno y respetable.

– ¿Pero con él ganaría lo suficiente como para tomar a alguien que le cuide al bebé?

–No estoy segura. Mi especialidad no son precisamente los números, y yo…

–Yo, en cambio, me llevo muy bien con los números –dijo él, muy serio–. Quiero verlo todo: su libreta de cheques, sus recibos, su lista de gastos, lo que sea. Necesito ver cuánto dinero ingresa y cuánto sale. Entréguemelo todo y yo lo ordenaré.

–No estoy segura de que deba hacerlo –dijo ella en voz baja–. Ésas son cosas privadas.

– ¿Quiere llamar a Naruto y preguntarle si soy una persona confiable? Creo que él le aconsejará que me entregue todos los papeles que tenga.

Por un momento ella lo observó. Hacía tanto tiempo que no tenía cerca de un adulto, y la invadió la sensación de que habían pasado años desde la última vez que estuvo cerca de un hombre. Lee nunca se había preocupado por las finanzas. Si había dinero, lo gastaba; si no, encontraba la manera de persuadir a alguien para que se lo prestara.

–No es mucho –dijo ella–. Tengo una libreta de cheques, pero no extiendo muchos, y…

–Déjeme ver lo que tiene. Usted ocúpese de Sasuke, y yo me ocuparé de los números.

– ¿Siempre se la pasa dándoles órdenes a todos? –Preguntó ella–. ¿Siempre entra en la vida de una persona y toma las riendas como si supiera hacerlo con todo el mundo?

Él pareció sorprenderse.

–Supongo que sí. Pero nunca me había detenido a pensarlo.

–Apuesto a que no tiene demasiados amigos.

De nuevo pareció desconcertado y por un momento la observó como si no la hubiera visto antes.

–Y usted, ¿siempre hace preguntas tan personales?

–Sí, desde luego. A la larga me permite ganar tiempo. Es mejor conocer a las personas como realmente son en lugar de atribuirles características que no tienen.

Él enarcó una de sus cejas gruesas y negras.

–Y supongo que conocía bien a Rock Lee antes de casarse con él.

–Puede reírse de mí si lo desea, y creerme o no, pero sí, lo conocía bien. Ignoraba todo lo referente a las drogas y el alcohol, pero sí sabía que él me necesitaba. Yo era como agua para un hombre sediento, y él me hizo sentir… Bueno, me hizo sentir importante. ¿Esto tiene sentido para usted?

–En cierta forma, sí. Ahora, ¿dónde están sus registros financieros?

Le tocó entonces a Sakura sorprenderse por la forma abrupta con que Itachi había cambiado de tema. Se preguntó qué estaría ocultando. Cualesquiera fueran sus secretos, él no quería que nadie los conociera.

Después de darle a Itachi su caja con recibos y sus viejas libretas de cheques, Sakura pasó la siguiente hora limpiando la cocina y apartando a Sasuke de una cosa después de otra. Si en alguna parte había un borde filoso, Sasuke parecía decidido a estrellar parte de su cuerpo contra él.

– ¿Puede venir aquí? –Preguntó Itachi desde la puerta, y Sakura se sintió como una chiquilla a la que le dicen que debe ir a la oficina del director de la escuela. Una vez en la sala, él le hizo señas de que se sentara en el sofá, con Sasuke en sus brazos.

–Francamente, señora, en mi opinión, su situación económica es lamentable. Tiene ingresos bien por debajo del nivel nacional de pobreza y, por lo que veo, no tiene manera de aumentar sus recursos. He decidido hacerle un, digamos, préstamo permanente para que pueda criar a su hijo y…

– ¿Un qué?

–Un préstamo permanente. Lo cual quiere decir que no tendrá que devolvérmelo jamás. Empezaremos con, digamos, diez mil dólares y…

Calló cuando Sakura se puso de pie, se acercó a la puerta de calle, la abrió y dijo:

–Adiós, señor Uchiha.

Itachi la miró, boquiabierto. No estaba acostumbrado a que la gente rechazara su dinero. De hecho, a diario recibía cientos de cartas de personas que le suplicaban que les diera dinero.

–No necesito su caridad –dijo Sakura con los labios apretados.

–Pero Naruto le da dinero; usted misma me lo dijo.

–Le ha brindado a mi hijo tratamiento médico gratis, sí. Pero, a cambio, yo le limpié la casa, la oficina y el interior de su auto. No recibo caridad de nadie.

Por un momento Itachi pareció perplejo, como si sus palabras fueran algo que nunca había oído antes.

–Me disculpo. Creí que…

–Sí, pensó que si yo era pobre, entonces por supuesto buscaba una ayuda. Sé que vivo en una casa que necesita reparaciones. –No prestó atención a la cara de Itachi que indicaba que eso era quedarse corta. –Pero dónde vivo y cómo vivo no es asunto suyo. Realmente creo que Dios nos proveerá lo que necesitemos.

Por un momento Itachi se le quedó mirándola fijo.

–Disculpe, ¿acaso no sabe que en la actualidad la gente cree que uno debe tomar todo lo que puede conseguir y dejar que el resto se arregle como puede?

– ¿Qué clase de madre sería yo si le enseñara a mi hijo esos valores?

Itachi dio un paso adelante y tomó a Sasuke en el momento en que la criatura trataba de arrancarle los brazos a su madre. Como antes, el bebé no opuso resistencia y enseguida se instaló contra el pecho de Itachi.

–De veras, le pido que me disculpe. Y también por no haberme dado cuenta de que usted es una persona única en el mundo.

Sakura sonrió.

–No lo creo. Quizá lo piensa porque conoce a muy pocas personas. Ahora, si de veras quiere ayudarme, puede cuidar a Sasuke esta tarde mientras yo voy a la entrevista de trabajo.

–Para limpiar casa –agregó él con una mueca.

–Si usted encuentra alguna otra cosa para la qué esté preparada, la haré.

–No –dijo él lentamente mientras le miraba como si ella fuera de otro planeta–. No sé qué trabajos hay disponibles en Konoha.

–Le aseguro que no son muchos. Ahora le diré todo lo necesario sobre Sasuke y después tengo que prepararme para salir.

–Me pareció oírla decir que la entrevista era esta tarde. Todavía faltan horas.

–Como no tengo ningún medio de transporte, me veré obligada a ir caminando, y queda a ocho kilómetros. ¡No! No me mire así. Tiene la frase "le pagaré un taxi" escrita en la cara. Quiero hacer una buena impresión en esta entrevista porque me dijeron que puedo llevar conmigo a Sasuke si lo dejo en un corralito. Si consigo este empleo, todos nuestros problemas estarán solucionados.

Él no le devolvió la sonrisa.

– ¿Para quién trabajaría?

–Para Kiba Inuzuka. ¿Lo conoce?

–Sí, lo he visto –mintió Itachi. Conocía a Kiba Inuzuka muy bien, y sabia que tomaría a Sakura porque era joven y bonita y porque Inuzuka era el libertino más famoso de tres condados. –Yo cuidaré del bebé –dijo Itachi en voz baja–. Usted, vaya a vestirse.

–Está bien, pero antes quiero hablarle de la comida de mi hijo. –Se lanzó entonces a un prolongado monólogo sobre lo que Sasuke comía o no comía y que no había que darle nada con sal ni con azúcar. Todos los alimentos debían ser cocinados al vapor, no al horno y, por cierto, no fritos. Además, había medio pollo en la heladera y algunas hortalizas que podían ser el almuerzo de Itachi.

Continuó diciendo que, en realidad, a Sasuke no le gustaba la comida sólida, que prefería mil veces la lactancia, de modo que:

–No se enoje si no come mucho.

Itachi la escuchó sólo vagamente, lo suficiente para asegurarle a Sakura que todo estaría bien. Treinta minutos después ella abandonaba la casa y él hablaba por teléfono con su hermano.

–No me importa cuántos pacientes tienes en la sala de espera –le dijo a Naruto–. Quiero saber exactamente qué está sucediendo.

–Sakura es fantástica, ¿no te parece?

–Es… bueno, diferente. Aguarda un minuto. –Había puesto a Sasuke en el piso y el bebé, gateando y arrastrándose, se había acercado al enchufe de pared más cercano y en ese momento tiraba del cable de una lámpara. Después de apartarlo de ese enchufe peligroso y colocarlo en el medio de la sala, Itachi volvió junto al teléfono.

–Esta mujer –continuó– vive con el dinero de un pequeño seguro de vida que le dejó su marido, y no tiene cómo ganarse su subsistencia. ¿Sabes adónde fue hoy en busca de trabajo? A lo de Kiba Inuzuka.

–Ah –exclamó Naruto.

–Llama a ese libertino y dile que, si la toma, le inyectarás insecticida –le ordenó Itachi.

–No estaría bien que lo hiciera. Piensa en el juramento hipocrático y todo eso. Si no te conociera mejor, diría que pareces un marido celoso. ¿Itachi? ¿Sigues ahí?

–Lo siento. Sasuke estaba atrapado debajo de la mesa baja. ¡Espera! Ahora come papel. Aguarda un minuto.

Cuando Itachi volvió al otro extremo de la línea, Naruto le dijo, con fastidio:

–Mira, hermano, no fue mi intención que te involucraras con Sakura, sólo que cuidaras del chico para que yo pudiera estar a solas con ella. Es todo lo que tienes que hacer. Una vez que convenza a Sakura de que estamos hechos el uno para el otro, yo la mantendré y no tendrá que trabajar. ¿Por qué no le dices cosas maravillosas sobre mí?

–Si piensa que cuidarás de ella por el resto de su vida, tal vez no quiera casarse contigo. Esa mujer tiene mucho orgullo. Y, ¿puedes explicarme por qué un bebé no puede comer nada con sal ni azúcar ni ninguna otra forma de condimentar su comida?

–La teoría es que, por ejemplo, si come azúcar de bebé, llegará a anhelar cosas dulces cuando sea grande. Así que si se eliminan esos productos de su dieta, será un adulto más saludable.

–Con razón ese chico sólo quiere mamar y no le gustan los alimentos sólidos –farfulló Itachi y después soltó el tubo para alejar a Sasuke de la puerta que él balanceaba y con la que trataba de golpearse la cara.

Cuando volvió, Itachi preguntó:

– ¿Te parece que ella me permitirá que le haga un regalo de Navidad?

– ¿Qué tienes en mente? ¿Comprar un negocio y dárselo a ella para que lo maneje?

Puesto que eso era exactamente lo que Itachi pensaba, no contestó. Además, ahora Sasuke se dedicaba a mascar un zapato de Itachi, así que él lo alzó y lo sostuvo fuerte, momento en que la criatura se apoderó del labio inferior de Itachi y casi le arrancó la piel.

–Mira, Itachi, tengo que cortar –dijo Naruto–. ¿Por qué no usas tu cerebro en lugar de tu dinero, y piensas en otra solución para este problema? Sakura no aceptará tu caridad, por mucho que la disfraces.

–Yo no estaría tan seguro –acotó Itachi y observó una maceta con una planta, apoyada sobre un periódico doblado–. Llama a Inuzuka. Yo lo haría, pero no quiero que él sepa que estoy aquí. Dile lo que se te ocurra, pero que no tome a Sakura. ¿Entendido?

–Sí, claro. ¿Cómo está el monstruo?

Con una mueca, Itachi se sacó los dedos del bebé de la boca.

–Muy bien.

– ¿Muy bien? Ese niño es un mocoso malcriado. ¿Qué es ese ruido?

Sasuke había aferrado las dos mejillas de Itachi, y luego tiró de ambas y aplastó una frambuesa mojada sobre una de ellas.

–No estoy seguro, pero creo que Sasuke acaba de besarme –le confesó Itachi a su hermano y cortó la comunicación antes de que Naruto tuviera tiempo de contestarle.

Por un momento, Itachi se sentó en el sofá mientras el bebé se paraba sobre sus rodillas. Es un chico fuerte, pensó, y nada mal parecido. Una lástima que estuviera vestido con ropa barata y usada. Pensó que todos los bebés de Konoha habían usado esos overoles y esa camisa desteñida. ¿Un chiquillo tan vivaracho como Sasuke no debería usar ropa mejor que ésa? ¿Cómo conseguirlo?

Fue ahí cuando le llamó la atención el periódico y tuvo que luchar con las manos de Sasuke para poder marcar un número en su teléfono celular.

–Hinata –dijo cuando contestó su secretaria. No hubo saludos. Hacía doce años que ella era su asistente, de modo que él no necesitaba identificarse.

A Itachi sólo le llevó unos minutos explicarle su idea. Ella no se quejó de que fuera Navidad cuando él le dijo que debía abandonar su casa y su familia –si es que tenía una, pues Itachi ignoraba todo lo referente a su vida personal–. Se limitó a decir:

– ¿Hay una imprenta en Konoha?

–No. De todos modos, no quiero que el trabajo se haga aquí. Hazlo en Suna.

– ¿Algún color preferido?

Itachi miró a Sasuke, quien mordisqueaba un bloque de madera que probablemente había pertenecido a su padre.

–Azul. Para un auténtico varoncito. Nada de esos conejitos de color rosado y blanco. Y agrega campanillas y silbatos.

–Entiendo. Algo bien completo.

–Sí, todo. Además, cómprame un auto, algo común y corriente como un…

– ¿Toyota? –sugirió Hinata.

–No, una marca norteamericana. –Por lo que suponía, Sakura estaba en contra de los autos importados. –Un jeep. Y quiero que esté muy sucio. Así podré tomar a alguien para que lo limpie. Y cómprame algo de ropa.

Como toda la ropa de Itachi era hecha a medida, no resultó extraño que Hinata le preguntará si deseaba que le mandara algo en especial.

–No. Quiero ropa común y corriente. Jeans azules.

– ¿Con o sin flecos?

Por un momento, Itachi se quedó mirando el teléfono. En los doce años que hacía que la conocía, jamás había oído a Hinata hacer un chiste. ¿Ése sería el primero? Entonces, ¿tenía sentido del humor?

–No, nada de flecos. Ropa normal, no demasiado cara. Nada de marca.

–Aja –fue la respuesta de Hinata. Si sentía algo de curiosidad, no lo demostró.

–Ahora llama a Chouji y dile que venga aquí y le prepare a este chico algo bueno de comer.

Se hizo una pausa en la línea, algo bastante insólito tratándose de Hinata, ya que por lo general acusaba recibo al instante de cualquier cosa que él decía.

–Me preguntaba dónde se alojará Chouji, porque seguro que él querrá un equipamiento adecuado. –Tomando en cuenta que el chef privado de Itachi era un esnob tanto como un genio, eso era quedarse corto.

Sasuke trataba de ponerse de pie tirando de un tapete desteñido que había sobre una mesita baja. Si lograba su propósito, tres floreros le caerían sobre la cabeza.

– ¡Hazlo! –saltó Itachi y cortó la comunicación para ir a buscar a Sasuke. Era la quinta o sexta vez que el bebé había tratado de matarse en el curso de una hora.

–Muy bien, Sasuke –dijo Itachi mientras le soltaba las manos del tapete y lo alzaba–. Vayamos a ver qué podemos hacer para el almuerzo. Una comida sin azúcar, sal, mantequilla ni ningún sabor.

Entonces Sasuke le apretó otra frambuesa mojada en la mejilla y a Itachi no le resultó una sensación nada desagradable.


Tengo a mi gata subida sobre mi PC, le gusta saltar sobre ella porque mi PC esta entre la cama marinera de mi hermana (duerme arriba y en la de a bajo pone su ropa xD) y mi cama de una plaza. Pasa de una cama a otra todo el tiempo.

Algún la pantalla caerá por el rebote, ese día me compraré una notebook.