¿Qué trama Itachi? Poco a poco aparece un poco de ItaSaku.
SoRaTo: En un principio pensé a SasuSaku pero ¿qué mejor que la rivalidad de Sasuke y Naruto? Naruto odia a bebé Sasuke, en cambio nuestro lindo bebé adora a Itachi ¿me comprendes? Sería raro que Naruto adorara a Itachi y no podría dejar que Sasuke saliese perdiendo en este triangulo.
Naruto no me pertenece y la historia es una mera adaptación de "La conspiración del amor" de Jude Deveraux.
Tengo baja autoestima, por lo cual no acepto comentarios negativos, si no les gusto cierren la página o entren a otro lado. Gracias.
- Capitulo 6 -
– ¿Consiguió el empleo? –preguntó Itachi tan pronto Sakura entró en la casa.
–No –respondió ella con desaliento y enseguida tomó a Sasuke–. Y estoy que exploto de leche.
Para incomodidad de Itachi, Sakura se dejó caer en el sofá raído, se desprendió el vestido, se soltó el corpiño y precedió a amamantar a Sasuke, quien no tardó en ponerse a succionar con entusiasmo.
– ¿Qué tal si salimos a cenar esta noche? –preguntó él–. Yo invito.
– ¡Auch! –Gritó Sakura, metió un dedo en la boca de Sasuke y lo obligó a soltar por un momento el pecho, hasta que volvió a prenderse–. Esos dientes –aclaró–. ¿Sabe? Antes de que Sasuke naciera yo estaba enamorada de todo eso de la lactancia. Pensé que sería algo dulce y hermoso, y lo es, pero también es…
– ¿Doloroso? –preguntó él. Y cuando ella sonrió como contestación, él le devolvió la sonrisa.
–Creo que, aunque Naruto no me lo hubiera dicho, yo me habría dado cuenta de que usted es gay. Es tan perceptivo y, a pesar de parecer frío e indiferente, en el fondo es tierno, ¿verdad que sí?
–Nunca me han llamado así –confesó Itachi y miró hacía el espejo rajado y manchado que colgaba a su derecha. ¿Realmente parecía un hombre frío e indiferente?
– ¿Cómo se portó Sasuke durante mi ausencia?
Itachi sonrió y muy pronto se descubrió empleando una gran cantidad de energía en hacer un relato gracioso de su tarde con Sasuke.
–Creo que para Navidad le regalaré un juego de cuchillos, algo con lo que le resulte fácil lastimarse. Porque, lo que es ahora, tiene que esforzarse para poder golpearse en la cara y tratar de partirse el cráneo. Creo que facilitaré las cosas.
Sakura se echó a reír y dijo:
–Cuchillos con piolines adheridos. No olvide los piolines, porque de lo contrario, ¿con qué podría atragantarse?
–Sí, claro. Piolines. Y creo que lo llevaré de visita a una fábrica de papel. Lo depositaré en mitad del salón y dejaré que se abra paso hacia la salida comiendo.
Sakura pasó a Sasuke al otro pecho e Itachi le hizo señas de que levantara el brazo izquierdo para que él pudiera deslizarle un almohadón debajo y así no tuviera que soportar el peso de la cabeza del bebé.
–Y no olvide los cajones que pueda abrir y después cerrar con los dedos adentro.
Ahora los dos reían a más no poder e Itachi de pronto se dio cuenta de que, por primera vez en años, una mujer se reía de verdad de sus chistes.
– ¿Qué le parecería una pizza? –preguntó Itachi en forma abrupta–. Una pizza enorme con todo encima. ¿Y refrescos gigantescos y pan de ajo?
–No estoy segura de que pueda comer eso por mi leche –dijo Sakura–. No sé si es bueno para los bebés beber leche con sabor a ajo.
–Eso no parece molestarles a los italianos –fue la respuesta del Uchiha.
–Es verdad –aceptó Sakura y después le sonrió–. Pizza, entonces. Pero sólo si me deja pagar mi parte.
Antes de tener tiempo de pensarlo, Itachi dijo:
–Usted es demasiado pobre para pagar por nada. –Y enseguida quedó muy mortificado por haberlo dicho.
–Muy cierto –dijo Sakura con tono bondadoso–. Tal vez durante la cena podamos cambiar ideas con respecto a qué hacer con mi futuro. ¿Tiene alguna idea?
–Ninguna en absoluto –respondió él, sonriendo–. Siempre podría casarse con un médico joven y agradable y entonces no tener que salir a trabajar.
– ¿Un médico? Ah, se refiere a Naruto. Pero si yo no le intereso.
–Está loco por usted –dijo Itachi.
–Usted sí que es raro. Naruto está enamorado de todas las mujeres de este pueblo; por eso es tan popular. Además, yo no soy una vividora y no quiero que ningún hombre me mantenga. Quiero hacer algo al respecto, pero no estoy segura de poder. Si tan sólo tuviera algún talento, como por ejemplo cantar o tocar el piano.
–Pues a mí me parece que tiene el talento de ser una buena madre.
Sakura inclinó un poco la cabeza.
–Usted es muy dulce, ¿lo sabía? ¿Con ese teléfono suyo puede pedir que nos traigan la pizza?
–Sí, por supuesto –contestó él con una sonrisa.
Más tarde, mientras Sasuke dormía en el sofá, encendieron velas y se pusieron a conversar. Él le preguntó sobre su vida con Lee. Después de negarse un poco al principio, Sakura comenzó a hablar e Itachi muy pronto se dio cuenta de lo mucho que necesitaba ella hablar con alguien.
Y, mientras la oía, Itachi empezó a ver al borracho del pueblo bajo una luz diferente. Rock Lee había sido objeto de las burlas de la gente de Konoha desde que, a los catorce años, comenzó a beber. Chocaba automóviles casi con la misma velocidad con que se subía a ellos. Sus padres tuvieron que hipotecar la casa para poder pagar la fianza y sacarlo de la cárcel una y otra vez. Pero Sakura vio en el interior de ese hombre algo que nadie había visto.
Itachi había pedido una pizza gigante y, mientras hablaba, sin darse cuenta, Sakura fue comiendo las tres cuartas partes. Hacía mucho tiempo que Itachi había olvidado lo que era estar en una situación en la que una pizza era un manjar poco frecuente.
Tan pronto la última porción desapareció, Sakura dio un gran bostezo, y aunque apenas eran las nueve de la noche, Itachi le dijo que fuera a acostarse. Ella se puso de pie y se agachó para levantar a Sasuke, pero Itachi le apartó las manos y alzó al bebé sin despertarlo.
–Usted es un padre nato –dijo Sakura con voz soñolienta mientras se dirigía a su dormitorio.
Sonriendo por el comentario de Sakura, Itachi puso a Sasuke en el destruido corralito que era también su cama, y después abandonó sigilosamente la habitación. Era curioso, pero él también sentía sueño. Por lo general no se acostaba hasta la una o dos de la mañana, pero el hecho de haber tenido que apartar todo el día a esa criatura de un peligro tras otro lo había dejado exhausto.
Fue a su cuarto, se sacó los pantalones y se desplomó en la cama en camisa y ropa interior sin tener conciencia de nada, hasta que oyó el grito agudo de Sasuke. Se levantó de un salto, corrió a la cocina y vio allí a Sasuke en su silla mecedora, amamantado por Sakura. Los dos estaban completamente vestidos, a pesar de que afuera seguía oscuro.
– ¿Qué hora es? –preguntó Itachi y se frotó los ojos.
–Alrededor de las seis y media. Esta mañana Sasuke durmió hasta tarde.
– ¿Qué fue ese grito?
–Supongo que una cuestión de práctica. A él le gusta gritar. ¿No debería usted ponerse algo de ropa encima?
Itachi miró sus piernas desnudas.
–Sí, claro. –Después miró el rostro encendido de Sakura. Ella no tenía problema en sacar a relucir sus pechos, pero la ponía incómoda que él tuviera tan poca ropa encima como para ir a nadar. Con una sonrisa frente a la cara vuelta hacia otro lado de Sakura, Itachi sintió una oleada de placer al comprobar que él la atraía.
"Naruto –pensó–. Naruto. Naruto está enamorado de Sakura."
–Esto estaba junto a la puerta de calle esta mañana, y hay un automóvil afuera –dijo ella y con la cabeza indicó un periódico enrollado que había sobre la mesa de la cocina.
Sin prestar atención al pedido de Sakura en el sentido de que se vistiera, Itachi sacó la banda elástica que sujetaba el periódico y extrajo una nota que había adentro alrededor de unas llaves. Era un mensaje escrito a maquina que le avisaba que su ropa estaba en la parte de atrás del automóvil y que ya se habían tomado en cuenta las otras instrucciones y que volverían a ponerse en contacto con él.
–Parece el mensaje de un espía –dijo Itachi en voz baja y después levantó la vista para comprobar si Sakura lo había oído.
Pero ella no había oído nada, y la expresión de su rostro era tan intensa que al principio él pensó que a Sasuke le pasaba algo. Pero el bebé estaba muy entretenido en la tarea de untarse con avena la oreja, de modo que Itachi volvió a mirar a Sakura.
Con señas, indicaba el periódico que él había extendido sobre la mesa. En él había un aviso a doble página acerca de una importante liquidación en una tienda para bebés ubicada a unos quince kilómetros de Konoha. El dueño había armado habitaciones completas, con muebles y ropa de cama, y vendía los conjuntos por doscientos cincuenta dólares cada uno. Sakura indicaba la fotografía de una cama, una silla mecedora, una mesa para cambiar pañales y un móvil que parecía tener vaqueros y caballos. De sus labios salía un sonido estrangulado parecido a "Oh, oh, oh".
De pronto Itachi no pudo evitar hacerla sufrir un poco.
– ¿Queda un poco de cereal en la casa, o Sasuke ya se lo devoró todo? –Tomó el periódico y lo abrió. –Parece que el precio del oro bajó. A lo mejor debería comprar un poco. –Sostenía el periódico de modo que el inmenso aviso quedara justo frente a la cara de Sakura.
Finalmente, ella recuperó la voz. Sin prestarle atención a Itachi, dijo:
– ¿Podré comprar esas cosas? ¿Qué opina? Quizá debería llamar a Naruto y pedirle prestado el dinero. Oh, no, tenemos que estar en la tienda a las nueve, la hora en que abre. ¿Cómo puedo hacer para llegar allá? A lo mejor Naruto…
En ese momento Itachi bajó el periódico y agitó las llaves del auto delante de la nariz de Sakura.
–Iremos a ver a Naruto –se apresuró a decir ella–. Más adelante le pagaré a usted el precio del combustible. Mire aquí, en la parte de abajo del aviso. Me pregunto si la ropa estará incluida en la oferta. "Todo para el bebé." Cielos, si Sasuke nunca tuvo ninguna prenda que no hubiera sido usada antes por otra criatura. ¿Puede prestarme el teléfono para llamar a Naruto?
–Yo le prestaré el dinero –propuso él y deseó haber incluido ropa en las órdenes que le había impartido a su secretaria.
–No. Yo puedo devolverle el dinero a Naruto con trabajo, pero usted no necesita nada.
Al oírlo, Itachi frunció el entrecejo, aunque sin saber bien por qué. ¿No sería mejor que Naruto le prestara el dinero? Después de todo, el plan era unir a Naruto y Sakura. Hablando de eso, ¿por qué Naruto no había venido a visitarla la noche anterior?
–Vaya a echarle un vistazo a mi automóvil –le ordenó el Uchiha–. Y después vuelva y dígame cuánto cobraría por limpiármelo.
Con un "Cuídeme a Sasuke" dicho por encima del hombro, ella salió por la puerta de calle. Diez minutos después regresó.
–Cien dólares –dijo con tono inflexible–. ¿Cómo puede ser tan cochino y tenerlo tan sucio?
Lo único que Itachi pudo hacer fue sonreír, avergonzado. ¿A Hinata se le habría ido la mano con el auto?
–Y otros ciento cincuenta para hacer algo con la ropa que hay en el asiento de atrás. Realmente, señor Uchiha, no tenía idea de que fuera tan desaliñado.
–Yo, bueno… –comenzó a decir él, sintiéndose como una criatura regañada por su madre.
–Ahora vaya a ponerse algo de ropa. Después, venga y tome su desayuno. Quiero estar en esa tienda cuando abra sus puertas. El dueño dice que sólo tiene ocho juegos de artículos para vender. ¿Sabe? Apuesto a que esto tiene que ver con un divorcio. Por eso él prefiere prácticamente regalar estos muebles en lugar de permitir que su esposa tenga el dinero. Algunas personas carecen de toda conciencia moral. Me pregunto si habrá hijos involucrados. ¿Por qué se que allí parado mirándome? Vaya a vestirse. No siga perdiendo tiempo.
Parpadeando con incredulidad frente a la asombrosa historia ideada por Sakura, Itachi fue a su dormitorio para ducharse y volver a ponerse su ropa sucia y arrugada. ¿Cómo se le había ocurrido a Hinata poner en el auto esa ropa desaliñada que llamaría la atención de Sakura?
Cuando fue a la cocina para comer su bol de cereales, Sakura tenía el aspecto de un gato que acaba de robarse la crema. Sin duda planeaba algo, pero él no tenía idea de qué.
–Tomé prestado su teléfono con su tono más dulce–. Espero que no le importe.
–Claro que no –contestó él y después bajó la vista hacia el bol–. ¿Estaba impaciente por hablar con Naruto? –Esas palabras brotaron de su boca sin poder evitarlo.
–Nada de eso. Sólo hablé con algunas amigas mías. Pero me temo que un par de esas llamadas fueron a larga distancia. Se las pagaré… de alguna manera.
–Yo tengo un departamento –dijo él, y los dos se echaron a reír cuando Sakura lanzó un gruñido ante la sola idea de limpiarle esa vivienda.
Sakura quiso salir de la casa a las siete y media, y cuando Itachi abrió la puerta del auto, quedó estupefacto. ¿Qué demonios le habían hecho a ese vehiculo? El interior estaba cubierto de barro, que se había filtrado en cada hueco. Dudaba mucho de que las ventanillas se abrieran debido al barro que se había deslizado entre el vidrio y la puerta. Para poder limpiar bien el auto, habría sido necesario desarmar la puerta. En el asiento de atrás había una pila de ropa sometida al mismo baño de lodo.
Como Sakura ya había visto el auto, estaba preparada y desplegó una vieja colcha sobre la butaca del acompañante y sólo entonces subió, se sentó, y puso a Sasuke sobre su falda.
–No hace falta que me lo cuente –aseguró ella en voz baja una vez que la portezuela estuvo cerrada–, pero seguro que su amante se vengó de usted metiendo el auto y su ropa en un lago. ¿Fue así?
–Algo parecido –farfulló Itachi, mientras pensaba que tendría que hablar con su secretaria. Cuando le había dicho que el interior debía estar sucio, se refería más bien a latas de gaseosa y bolsas de papas fritas.
–Lo extraño es que el motor no esté cubierto de barro –dijo ella al ver que el auto arrancaba con toda facilidad–. ¡Oh, no!
Itachi condujo el auto hacia la calle y la miró, intrigado.
–Él le lleno el auto de barro, ¿no?
– ¿Podríamos no hablar de mi vida personal? –saltó Itachi. Estaba harto de todo ese asunto de que tenía un amante hombre.
Por un momento Sakura no dijo nada, y él lamentó su estallido de furia.
–Espero que en la tienda haya asientos para auto –dijo, la miró y ella le sonrió.
– ¿Usted lleva efectivo? Yo no…
–Sí, mucho –respondió Itachi, feliz de que ese momento tenso hubiera pasado–. ¿Qué otros empleos trató usted de conseguir, además de lo de la limpieza? –preguntó él mientras Sakura sostenía firmemente a Sasuke sobre su falda. Si la policía llegaba a verlos y a detenerlos, serían arrestados por no llevar a Sasuke sujeto a una silla especial en la parte de atrás. E Itachi no quiso pensar siquiera en lo que le sucedería a Sasuke si llegaban a tener un accidente. Movido por un impulso, extendió el brazo y le apretó la mano al pequeño, quien le devolvió el gesto con una sonrisa.
Sakura no pareció advertirlo, pues en ese momento le hablaba a Itachi de todos los empleos para los que se había postulado y hasta había conseguido, pero que después perdió por una u otra razón.
–Dos veces tuve que renunciar porque el jefe… bueno…
– ¿La acosaba?
–Exactamente. Y por esta zona es tan difícil conseguir trabajo. Se me ocurrió que podría dedicarme a la aromaterapia. ¿A usted qué le parece?
El hecho de que al frente de la tienda apareciera delante de ellos salvó a Itachi de tener que contestar esa pregunta. Pero quedó consternado por lo que vio: debajo del cartel de El Paraíso de los Bebés, había como quince mujeres con cochecitos de bebés que aguardaban a que la tienda abriera.
–Dios mío –dijo Sakura–. Yo sólo llamé a siete amigas. Sin duda ellas llamaron también a sus amigas y, oh no, veo que llegan más autos y seguro que son para El Paraíso de los Bebés porque las demás tiendas no abren hasta las diez.
– ¿Usted llamó a todas esas personas? –preguntó Itachi.
–Tuve miedo de que no vieran el aviso y se perdieran así la liquidación. ¿Sabe una cosa? Es extraño que no haya aquí todavía más personas. ¿Qué me dice de los que vieron el periódico de la mañana? A lo mejor piensan que se trata sólo de una estratagema de venta y que no es una verdadera liquidación. Quizá no sea la primera vez que el dueño hace esto y en el interior ya no queda mercadería. Tal vez…
Antes de que Sakura se lanzara a otra de sus caprichosas historias, Itachi se bajó y le abrió la puerta.
–Venga, vayamos a la puerta de atrás y veamos si podemos entrar unos minutos antes que los demás.
– ¿Eso le parece justo?
De espaldas a Sakura, Itachi puso los ojos en blanco.
–Probablemente no, pero recuerde que esto es para Sasuke, ¿no? –dijo él y le sacó el bebé de los brazos–. Además, hace demasiado frío para esperar allá afuera, y faltan treinta minutos para que la tienda abra sus puertas.
Sakura le dedicó una sonrisa seductora.
–Usted sí que sabe cómo arreglar las cosas, ¿no?
Mientras se daba media vuelta y Sasuke se le acomodaba en los brazos, Itachi no pudo menos que sonreír, porque Sakura siempre se las ingeniaba para hacerlo sentir muy importante. Cuando llamó a la puerta posterior de la tienda, y se abrió, quedó asombrado al ver que uno de los principales ejecutivos de su oficina de Nueva York estaba allí de pie, con un overol gris y una escoba en la mano.
– ¿Quiere ver la mercadería ya? –preguntó el hombre, con una forma de hablar que hacía que resultará imposible imaginar que era un graduado de la Facultad de Ciencias Económicas de Harvard.
Enojado, Itachi se limitó a asentir. No le gustaba que sus empleados hicieran cosas que él no había aprobado primero. Ni siquiera el hecho de que Sakura lo tomara del brazo y le diera un apretoncito logró calmarlo.
Cuando salieron del sector posterior de depósito y entraron en el salón de ventas, Itachi quedó incluso menos complacido, pues había allí dos de sus vicepresidentes, ambos de overol, moviendo muebles para bebés.
–Ustedes son nuestros primeros clientes, así que pueden elegir el lote que deseen –dijo una voz femenina y, al girar, ambos vieron una mujer deslumbrante de pie detrás de ellos. Era, desde luego, la secretaria de Itachi, sólo que no vestía su habitual traje Chanel sino algo que él estaba seguro que había comprado en un Kmart, y llevaba su pelo largo recogido. Tenía tres lápices amarillos sujetos en el pelo. Aun así, no podía ocultar el hecho de ser una mujer esbelta de casi metro ochenta de estatura y tan hermosa y seductora como cualquier modelo de pasarela.
Hinata ni siquiera parpadeó cuando Itachi y Sakura la miraron.
– ¿Qué color desean? –preguntó–. ¿Celeste? ¿Rosado? ¿Verde? ¿Amarillo? ¿O preferiría ver el único juego de marca que tenemos?
–Oooohhhh. –Sakura emitió un sonido que le brotaba del corazón y de los labios, y después comenzó a seguir a Hinata como si estuviera en trance.
Hinata mantenía una conversación fluida mientras caminaba.
–Son todos artículos de liquidación de existencias. No hay nada usado; son, más bien, mercaderías discontinuadas. Espero que no le importe que en realidad sean del año pasado.
–En absoluto –afirmó Sakura con una voz artificialmente aguda–. ¿Verdad que no nos importa, señor Uchiha?
No esperó la respuesta de Itachi porque delante de ella había una habitación modelo y hasta él tuvo que reconocer que su secretaría se había superado. Alcanzaba a oler pegamento para empapelar, así que ella debió haber trabajado toda la noche para conseguir ese resultado, y tenía que admitir que había creado un cuarto fabuloso. Y, con su buen ojo comercial, supo que lo que tenía delante era lo mejor de lo mejor. Sin duda Hinata había comprado todo en Nueva York y después lo había traído a Konoha en el jet privado de Itachi.
Era el cuarto de un varón, con empapelado a rayas celestes y blancas, con guarda de barcos que navegaban por un mar revuelto. La cama parecía una nueva versión de un trineo, pero con barrotes de seguridad y barandas laterales que se podían bajar; en un rincón había un conjunto de personajes de Winnie-the-Pooh. La ropa de cama estaba bordada a mano con diseños de pequeños animales y plantas, algo que Itachi supo que a Sasuke le encantaría. Para probar su teoría, puso a Sasuke en la cama, donde él inmediatamente se puso de pie y enseguida trató de agarrar el móvil suspendido encima, hasta que consiguió meterse en la boca la cabeza de un caballo.
El resto del cuarto tenía muebles de idéntica calidad. Había una mecedora, una mesa para cambiar pañales, un asiento de automóvil, una silla alta, una caja para juguetes que sin duda había sido decorada por norteamericanos nativos y, en un rincón, una pila de cajas blancas.
–Más ropa de cama y otras cosas –aclaró Hinata mientras seguía la mirada de Itachi–. Hay también algunas prendas, pero no estaba segura del talle…
–Esto cuesta mucho más de lo que tengo –afirmó Sakura, y había lágrimas en su voz.
–El precio de todo el lote es de doscientos cincuenta dólares –se apresuró a decir Hinata.
Sakura miró a la mujer con los ojos entrecerrados.
–Estas cosas no serán robadas, ¿no? ¿Es una distribuidora de mercadería robada?
–Podría decirse que, en cierta forma, son robadas –dijo enseguida Itachi–. Si estas cosas siguen en posesión del dueño de la tienda cuando llegue el momento de declarar impuestos, tendrá que pagar por lo que valen en realidad. Pero si las vende con pérdida, el monto de los impuestos será sobre la cantidad que recibió, que es un verdadero regalo. ¿Tengo razón o no? –le preguntó a Hinata.
–Sí, totalmente –respondió ella y volvió a dirigirse a Sakura–. Tal vez no le gusta el cuarto. Tenemos otros.
–No. Éste es perfecto –declaró Sakura. Después, antes de que ella pudiera pronunciar otra palabra, Itachi dijo:
–Lo compramos. Hágame mandar todo hoy mismo. –Al decirlo, miró a sus dos ejecutivos que, inclinados sobre sus escobas, observaban la escena con una leve sonrisa socarrona. Al día siguiente, en su oficina no se hablaría de otra cosa. –Y creo que también debería enviarme a un empapelador.
Al oírlo, Sakura lanzó un pequeño gemido que indicaba que estaba segura de que Itachi conseguiría que la mujer se retractara del negocio.
–Por supuesto, señor –aceptó Hinata muy seria y giró hacía Sasuke, que estaba en la cama. Ahora estaba acostado boca arriba y trataba de bajar los laterales a fuerza de patadas, y el sonido reverberaba en toda la tienda. –Qué criatura tan hermosa –dijo ella y extendió los brazos como si se propusiera alzar a Sasuke.
El bebé lanzó un alarido que sacudió la cama. Inmediatamente se acercó Sakura, con los brazos extendidos hacia su hijo.
–Lo siento –murmuró–. No se lleva muy bien con los desconocidos. –Y en ese momento Sasuke saltó a los brazos de Itachi.
Itachi no quería mirar a sus dos vicepresidentes porque sabía que ellos darían por sentado que Sasuke era hijo suyo. ¿De qué otro modo explicar que Itachi no era un "desconocido" para la criatura?
–Yo pagaré mientras recorre el salón –indicó Itachi y siguió a Hinata a un mostrador cercano–. Lo de los lápices fue un poco demasiado –agregó tan pronto estuvieron lejos de Sakura para que ella no oyera.
–Sí, señor –dijo ella y se los quitó del pelo.
– ¿Y qué hacen aquí esos dos?
–Hubo que comprar la tienda para llevar adelante el plan. Y no creí tener autoridad suficiente para negociar semejante suma de dinero.
– ¿Cuánto puede costar una tienda tan chica como ésta?
–El hombre me pidió que le dijera que se llama Sasori no Akasuna y que usted entendería.
Itachi puso los ojos en blanco. En la secundaria él le había robado a Sasori la novia el día antes del baile de graduación.
– ¿Conseguiste comprarla por una cantidad de menos de siete dígitos?
–Apenas. Señor, ¿qué hacemos con toda la gente que espera afuera? Ese aviso apareció sólo en su periódico, pero de alguna manera…
–Son amigas de Sakura. –Por un momento miró a Sasuke, que trataba de sacar el teléfono del escritorio, mientras Sakura deslizaba la mano con amor sobre los muebles para bebé. –Ofréceles lo mismo. Véndeles todo a pérdida. Asegúrate de darles todo por lo que puedan pagar. Separa la mercadería de cada habitación para que cada mujer se lleve algo que necesite.
Cuando miró a Hinata, notó que ella lo observaba con la boca abierta.
–Y que esos dos vuelvan a Nueva York en cuanto terminen con el empapelado.
–Sí, señor –le respondió Hinata en voz baja y lo miró como si fuera la primera vez que lo veía.
Itachi apartó las manos de Sasuke de la cortina que colgaba de la cuna.
–Y, Hinata, cuando hagas enviar el lote, agrega algunos juguetes. No –se contradijo–. No agregues nada. Yo mismo compraré los juguetes.
–Sí, señor –dijo Hinata.
– ¿Chouji vino aquí?
–Sí, vino conmigo. Se aloja en casa de su papá, como el resto de nosotros. –Por la expresión de su cara, Hinata parecía a punto de entrar en shock.
–Ahora cierra la boca y ve a abrirles la puerta a las otras clientas –ordenó. Volvió a apartar las manos de Sasuke de la cortina y regresó junto a Sakura.
A veces, la actitud de Itachi me parece un poco brusca. Algunos lectores notarán que he resubido los capítulos. Quería que encajasen bien a como están divididos los caps del libro. Así no cometeré equivocaciones. Próximamente tendré ya el capítulo 7 terminado (voy por la mitad).
Gracias por leer.
