Naruto no me pertenece y la historia es una mera adaptación de "La conspiración del amor" de Jude Deveraux.
Tengo baja autoestima, por lo cual no acepto comentarios negativos, si no les gusto cierren la página o entren a otro lado. Gracias.
- Capitulo 7 -
Itachi sintió algo que no experimentaba hace mucho: celos.
– ¿No es maravilloso? –decía Sakura con un tono que él no le oía a una mujer desde que salió de la escuela secundaria–. ¿No es el cuarto más hermoso que vio jamás? Nunca pensé que le tendría cariño a la Dirección Impositiva, pero puesto que fue la causa de que Sasuke recibiera todas estas bellezas, creo que hasta podría amarla. ¿No opina lo mismo, señor Uchiha? ¿No le parece que el cuarto es hermosísimo?
–Sí –contestó Itachi, malhumorado, mientras se decía que era mejor dar anónimamente que hacer alarde de los propios regalos. Al menos eso era lo que había oído decir. Pero habría deseado que Sakura lo mirara con ese mismo brillo en los ojos.
Respiró hondo.
–Sí, es lindo. El cuarto me parece espléndido. ¿Cree que la ropa cabrá en él?
–Si en este momento no entra, lo hará la semana próxima –respondió ella, riendo–. ¿Vio? Le dije que Dios proveería.
Antes de que Itachi pudiera darle una respuesta cínica al pensar en lo mucho que esos muebles le habían costado en realidad, puesto que tuvo que comprar para ello la tienda, se oyeron unos golpes fuertes e insistentes en la puerta.
Enseguida, Sakura se puso blanca como el papel.
–Cometieron una equivocación y vienen a llevarse todo de vuelta.
El enojo de Itachi desapareció y no pudo evitar pasar el brazo sobre los hombros delgados de Sakura para tranquilizarla.
–Le aseguro que todo esto es suyo. Tal vez es Papá Noel que llega de forma anticipada.
Cuando vio que ella todavía dudaba, Itachi levantó a Sasuke de la cuna, donde el bebé trataba de comerse las piernas de un muñeco con forma de rana, y se dirigió a la puerta de calle, donde se topó con un enorme árbol de Navidad.
–Jo, jo, jo –dijo la voz de Naruto mientras entraba en la casa–. Feliz navidad. Ita, muchacho, ¿puedes traer las cajas que están afuera?
– ¡Naruto! –exclamó Sakura, feliz–. No deberías haberte molestado.
Afuera, en medio del frío y con Sasuke en brazos, Itachi murmuró:
–Oh, Naruto, no deberías haberte molestado –con voz de falsetto–. Yo pagué sólo Dios sabe cuánto por ese juego de muebles y ella le agradece a la Dirección Impositiva, nada menos. Pero Naruto se presenta con un árbol que vale veinte dólares y ella exclama "¡Oh, Naruto!". ¡Las mujeres!
Sasuke comenzó a reír, arañó a Itachi en una mejilla en un intento de acariciarlo, y después le mordió la otra en señal de beso.
– ¿Por qué no le haces eso al divino doctor Naruto? –preguntó Itachi y le sonrió al muchachito mientras levantaba una gran caja de cartón rojo, se la calzaba debajo de un brazo y la entraba en la casa.
–No puedes hacer esto –decía en ese momento Sakura y miraba a Naruto con adoración.
–Papá y yo no queremos un árbol. Somos sólo un par de viejos solterones y no necesitamos que haya hojas por todas partes. Así que cuando un paciente me trajo este árbol, pensé en el ático lleno de adornos y pensé en Sasuke, a quien le fascinan las luces. ¿No crees que le gustarán?
–Sí, estoy segura de que sí, pero no sé bien…
Naruto la interrumpió acercándose a Itachi y extendiendo los brazos hacia Sasuke.
–Ven aquí, Sasuke, y dame un abrazo.
Para satisfacción de Itachi, Sasuke lanzó un alarido que hizo que del árbol cayeran varias hojas.
–No parece tenerte mucha simpatía, ¿no? –Comentó Itachi con una sonrisa de agrado–. Vamos, muchacho, iremos a probarte parte de tu ropa nueva.
– ¿Ropa nueva? –Preguntó Naruto y frunció el entrecejo–. ¿Qué es todo esto?
–Oh, Naruto, lo que sucedió es increíble. Esta mañana fuimos a una tienda en la que un hombre vendía todo baratísimo para no tener que pagar impuestos sobre la mercadería. Y el señor Uchiha hizo que vinieran a empapelar el cuarto y disponer los muebles y… y… Tendrás que verlo para creerlo.
Después de mirar a Itachi, Naruto siguió a Sakura a través de esa casa con pintura descascarada y manchas de humedad en el empapelado de las paredes y la vio abrir la puerta de lo que se había convertido en un nursery deslumbrante. No le llevó mucho tiempo apreciar la calidad de todo lo que contenía. La ropa de cama, los muebles, los bonitos cuadros de la pared, el ropero pintado, dentro del cual había fabulosas prendas para bebé de calidad inmejorable.
–Ya veo –dijo Naruto–. ¿Cuánto pagaste por todo esto?
–Doscientos cincuentas dólares, incluidos los impuestos –respondió Sakura llena de orgullo.
Naruto levantó una sabana bordada a mano de un costado de la cuna. Si no se equivocaba, había visto iguales en un catálogo, y su precio era unos trescientos dólares cada una.
–Fantástico –dijo Naruto–. En comparación, mi árbol y los adornos parecen nada.
–No seas tonto –lo reprendió Sakura y lo tomó del brazo–. Tu regalo vino del corazón, mientras que todo esto se debe a la Dirección Impositiva.
Al oír esas palabras, Naruto le dedicó a su hermano una sonrisa triunfal mientras conducía a Sakura de regreso a la sala.
–Además, traje la cena –agregó Naruto, muy contento–. Un paciente mío, agradecido, me regaló una cena gratis para dos en un restaurante de Kumo, pero persuadí al chef de que me preparara una caja con una cena para tres para poder traerla aquí. Espero que la comida todavía esté caliente –dijo, la vista fija en su hermano–. Las cajas están en la butaca delantera de mi automóvil. ¡Ah!, y espero que no te importe, pero los anoté a Sasuke y a ti para que sirvieran de conejillos de indias para probar un nuevo alimento para bebés. –Al decirlo comenzó a sacar de sus bolsillos una serie de frascos con etiquetas escritas a mano, en las que Itachi reconoció le letra prolija de su secretaría.
–Cordero con cerezas disecadas y salsa de pimienta verde –leyó Sakura–. Y bocadillos de salmón con salsa de cilantro. Bueno, suena un poco demasiado elegante para un bebé, y no estoy segura de que Sasuke deba comer pimienta verde.
–Creo que la compañía trata de abrir nuevos mercados. En este momento están apenas en la etapa de planificación, así que si prefieres que Sasuke no sea uno de los bebés de prueba de la empresa, yo podría hacer que Tenten probara esos alimentos.
–No –dijo Sakura y tomó los frascos que Naruto le extendía–. Estoy segura que a Sasuke le gustará. –Pero su tono indicaba que no estaba convencida de ello. – ¿Quién es el fabricante?
–Chouji y Compañía –respondió Naruto y le guiñó un ojo a Itachi, quien seguía de pie junto a la puerta, con Sasuke en brazos y el entrecejo fruncido. –Ven, viejo, no te quedes allí parado; traigamos todo adentro para que podamos comer y, después, decorar el árbol.
Itachi le pasó el bebé a Sakura y siguió a su hermano al exterior.
– ¿Qué demonios te pasa? –le preguntó Naruto en cuanto estuvieron lejos de la puerta.
–No me pasa nada –saltó Itachi.
–Detestas estar aquí, ¿verdad? Odias el barullo y esta casa vieja que se viene abajo. Y Sakura es una compañía aburrida en comparación con las mujeres a las que estás acostumbrado a frecuentar. ¿Acaso no solías salir con una mujer que tenía un doctorado en antropología? ¿Y que se dedicaba a salvar tigres o algo por el estilo?
–No, a las ballenas y olía a algas marinas. A mí no me pasa nada. ¿De modo que Chouji preparó la cena y el alimento para bebés?
– ¿Eso es lo que te molesta? ¿Qué yo haya tomado el crédito por lo que tú pagaste? Mira, si quieres, podemos decirle la verdad a Sakura ahora mismo. Podemos decirle que eres un multimillonario, y que con el dinero que llevas en el bolsillo puedes comprar cuartos llenos de muebles para chicos. ¿Eso es lo que quieres?
–No –respondió Itachi mientras Naruto cargaba las cajas con adornos de Navidad. Eran cajas que él había visto durante su infancia, y sabía muy bien lo que contenían.
De pronto Naruto se detuvo y miró fijo a su hermano.
–No te estarás enamorando de ella, ¿no? Quiero decir: tu y yo no terminaremos compitiendo por la misma mujer, ¿verdad que no?
–No seas ridículo. Sakura no es para nada mi tipo de mujer. Y no tiene ninguna idea de futuro. No sé de qué manera se propone mantener a ese hijo suyo con esos magros ingresos. No tiene empleo ni perspectivas laborales. No sabe hacer nada, salvo limpiar. Pero, a pesar de su situación, posee más orgullo que la mayoría de personas que conozco. Si tú le dijeras quien soy yo, ella me echaría a patadas de su casa y, sin duda, detrás de mí arrojaría a la calle todos esos muebles. Para poder devolverme esos doscientos cincuenta dólares se pasó toda la tarde limpiando el auto que Hinata me mandó. Si tú supieras…
Caminaban ahora hacia la casa e Itachi seguía hablando.
– ¿Si supiera qué? –preguntó Naruto en voz baja.
–Las mujeres con las que salgo me piden quinientos dólares nada más que para darle una propina a la mujer del cuarto de baño. Por ejemplo, esa antropóloga. Creo que salía conmigo sólo para que yo hiciera una donación para sus ballenas.
– ¿Entonces, cuál es tu problema? –Preguntó Naruto–. ¿Por qué estás tan enfurruñado?
–Porque mi hermanito me engatusó para que pasara un tiempo en este pueblo de mala muerte, fuera a tiendas para bebés y transportara viejos adornos de Navidad. Sostén la puerta abierta, ¿quieres? No, en el otro sentido. Tienes que empujar hacia adentro, después girar el pomo. ¿El que suena es tu teléfono o el mío?
–El mío –respondió Naruto tan pronto estuvieron dentro de la casa–. Sí. Sí, sí, está bien. Estaré allí lo antes posible. –Al apagar el teléfono celular, miró con pesar a Sakura, a Itachi y al bebé. –No puedo quedarme. Es una emergencia.
–Lo lamento tanto –dijo Sakura–. Te tomaste todo este trabajo y ahora no puedes quedarte.
–Sí, es una lástima –dijo Itachi mientras le sostenía abierta la puerta a su hermano menor–. Pero cuando el trabajo llama, hay que acudir.
Naruto frunció el entrecejo y se dirigió a la puerta.
–Tal vez mañana podremos instalar el árbol. Realmente me gustaría ver la cara del bebé cuando vea todas esas luces.
–Filmaremos un vídeo –se apresuró a decir Itachi–. Ahora, creo que es mejor que te vayas antes de que alguien muera.
–Sí, está bien –agregó Naruto después de mirar a Sakura con tristeza–. Te veré… –Pero no terminó la frase porque Itachi le cerró la puerta en la cara.
–No estuvo muy agradable con su primo –lo reprendió Sakura y trató de mirarlo con seriedad, pero él alcanzó a verle en los labios la insinuación de una sonrisa.
–Sí, un espanto –aceptó Itachi–. Pero ahora hay más comida para nosotros dos. Además, soy mucho más hábil que Naruto para decorar un árbol de Navidad.
– ¿Ah, sí? Pues tendrá que esforzarse para ganarme. Yo he decorado árboles que hicieron llorar a Papá Noel.
–Una vez mi decoración fue tan hermosa que Papá Noel no quería irse de casa y tuve que empujarlo hacia la nieve y, al ver que insistía en no querer irse, tuve que conducir su trineo y ponerme a repartir todos sus regalos.
Sakura se echó a reír.
–Usted gana. Veamos qué hay en estas cajas.
–No. Comamos primero. Quiero probar con Sasuke ese nuevo alimento para bebés y ver si le gusta. ¿Esta chimenea funciona?
–Mejor que la caldera –contestó Sakura.
–Repito la pregunta: ¿esta chimenea funciona?
Sakura rió por lo bajo.
–Si se abre bien el regulador de tiraje y se arma el fuego bien atrás, contra la pared, anda bien. De lo contrario la casa se llena de humo.
–Por lo visto, ya tuvo la experiencia con la chimenea.
–Digamos que tenía algunas costillas de cerdo en el refrigerador y, después de la primera vez que traté de encender fuego allí, se convirtieron en jamón ahumado.
Ahora le tocó a Itachi echarse a reír y, cuando lo hizo, Sasuke también comenzó a reír a carcajadas y a golpearse las piernas con las manos, y estuvo a punto de derribar a su madre.
–Así que a ti también te parece divertido, ¿eh? –dijo Itachi, sin dejar de reír. Tomó al bebé y lo arrojó al aire. A Sasuke le gustó tanto que gritó hasta que le dio hipo; entonces Itachi le hizo cosquillas y el pequeño gritó todavía más.
Cuando Itachi se detuvo y abrazó fuerte al bebé sudoroso, advirtió que Sakura lo miraba como no lo había hecho ninguna otra mujer.
–Usted es un hombre bueno, señor Uchiha. Un hombre muy bueno.
– ¿No quiere llamarme Itachi y tutearme? –preguntó él.
–No –respondió ella y se dio media vuelta–. Iré a calentar la cena mientras usted enciende esa fábrica de humo.
Por alguna razón, la negativa de Sakura a llamarlo por su nombre de pila y tutearlo complació a Itachi.
Dejó a Sasuke en el suelo y comenzó a hacer el fuego de la chimenea. Le llevó un buen rato porque cada tres minutos tenía que apartar a Sasuke de una situación que amenazaba su vida. Pero finalmente logró encender el fuego sin que hubiera demasiado humo. Sasuke comenzó a interesarse en su reloj de marca (que nunca volvería a ser el mismo), y Sakura entró en la sala con una enorme bandeja llena de comida. También había una botella de vino y dos copas.
Itachi levantó una y observó el cristal. Waterford.
–Naruto sí sabe cómo pegarse la gran vida, ¿no?
–Me siento un poco culpable por comer esto sin él –confesó Sakura–. Después de todo, tenemos esta cena gracias a que es médico.
–Bueno, siempre nos queda la posibilidad de envolverla, meterla en la nevera y comerla mañana.
Sakura bajó la vista y contempló la deliciosa comida que había sobre la bandeja. Había ensalada de lechuga y verduras, cordero asado, patatas...
Miró a Itachi.
–No tengo envases plásticos para guardarla.
–Entonces está decidido. Tendremos que comerla.
–Supongo que sí –dijo Sakura muy seria. Después se echó a reír y comenzó a comer.
Sasuke estaba sentado sobre las rodillas de Itachi, con un gran babero alrededor del cuello, y comió todo lo que le ofrecían. La teoría de Sakura de que a su hijo no le gustaban los alimentos sólidos quedó refutada por la forma en que el pequeño devoró todo el bote de cordero con salsa de pimienta verde, a continuación de lo cual la emprendió con el puré de patatas con ajo de Itachi.
–Yo creía que a los bebés les gustaba la comida sosa –dijo Sakura, muy sorprendida.
–A nadie le gusta la comida sosa –dijo Itachi en voz baja.
Treinta minutos más tarde, Sakura ya había amamantado a Sasuke hasta que se quedó dormido con una expresión angelical en el rostro.
– ¿Piensa que es la comida o el cuarto nuevo lo que hizo que Sasuke se durmiera con esa expresión en la cara? –preguntó Sakura mientras contemplaba con devoción a su hijo dormido en la nueva cuna.
–Creo que está contento porque tiene una madre que lo quiere mucho –respondió Itachi, y sonrió cuando Sakura se ruborizó.
–Señor Uchiha, si no supiera que eso es imposible, pensaría que está flirteando conmigo.
–Supongo que han sucedido cosas aún más extrañas –respondió él. Y cuando ella lo miró, confundida, él agregó: –Vamos, debemos decorar el árbol.
En toda su vida, Itachi no se había divertido tanto decorando un árbol de Navidad como en esta ocasión. De niños, él y Naruto se quejaban siempre que les encomendaban esa tarea. Sin una mujer en la casa, no había olor a bizcocho en el horno ni tampoco música; solo su padre, que era bastante cascarrabias. Pero este tenía que adornar el árbol, porque de lo contrario su hermana lo atacaría el resto del año diciéndole que lo mejor sería que ella criara a los muchachos y no su perezoso hermano.
Ahora, mientras iba instalando las luces que Sakura había desenredado, Itachi se descubrió hablándole de su propia infancia. No se molestó en explicarle por qué había vivido con Naruto cuando supuestamente era solo un primo suyo, y ella tampoco se lo preguntó. También Sakura le habló de su niñez. Era hija única de una madre soltera; cuando ella le había preguntado quién era su padre, la madre le contestó que no era asunto suyo.
Las historias de los dos eran más bien tristes y en ellas se notaba mucha soledad, pero cuando cada uno se la contó al otro, los dos hicieron chistes, y Sakura inició un concurso para ver quién había tenido el progenitor más cascarrabias. La madre de Sakura era una mujer obsesionada con la limpieza y detestaba la Navidad por todo el lío que suponía. El padre de Itachi odiaba que cualquier cosa rompiera su rutina.
Se pusieron a fantasear en lo que sería un matrimonio entre los dos, con el padre de Itachi jugando al póquer y sacudiendo la ceniza de su cigarro por toda la habitación, y la madre de Sakura con el tubo de una aspiradora sujeto permanentemente al brazo derecho. Después pasaron a especular sobre qué clase de hijos tendría esa pareja y decidieron que ellos mismos eran en realidad ejemplos perfectos de lo que sucedería si sus padres se hubieran unido. Itachi era tan serio que su cara prácticamente se resquebrajaba cuando reía, y Sakura vivía en una casa que haría que a su madre le diera un infarto.
–Está precioso –concluyó por fin Sakura, apartándose un poco para observar el árbol, que todavía no habían terminado de adornar.
–Ojala tuviera una cámara –dijo Itachi–. Ese árbol merece ser inmortalizado.
–Yo no tengo cámara, pero puedo... –Calló y le sonrió–. Usted termine con esos adornos, mientras yo le preparo una sorpresa. No, no se dé la vuelta, mire para allá.
La oyó correr a su dormitorio y después volver a instalarse en la fea silla con tapizado de girasoles. Él se moría de ganas de ver lo que Sakura hacía, pero no miró.
Sólo cuando él terminó de colocar la última cinta plateada, ella le dijo que podía volverse.
Cuando lo hizo, Itachi vio que ella sostenía un trozo de cartulina y que sobre la falda tenía un libro y un lápiz. Él tomó el papel y lo observó. Era un delicioso bosquejo de él mismo luchando con los cables de varios juegos de luces, con el árbol detrás de él. El dibujo era divertido y, al mismo tiempo, conmovedor, hacía que pareciera que él ponía mucho amor en su tarea.
Itachi se sentó en el sofá con el dibujo en la mano. –Esto es muy bueno –sentenció.
Sakura se echó a reír. –Parece sorprendido.
–Lo estoy. Me pareció haberla oído decir que no tenía ningún talento. –Lo dijo muy serio.
–Ningún talento fuera de lo común. Nadie quiere tomar a una persona para que haga dibujos divertidos–. Itachi ignoró ese comentario.
–Si tiene más de estos dibujos, búsquelos y démelos.
– ¡A la orden, señor! –respondió Sakura. Se puso de pie y le hizo un saludo militar. Trató de parecer despreocupada, pero salió corriendo para obedecer sus órdenes y, segundos después, le entregó un sobre grueso y gastado, atado con un bramante.
Itachi tenía plena conciencia de que Sakura contenía el aliento mientras él observaba los dibujos, y no necesitó preguntarle si se los había mostrado a alguna otra persona, porque sabía que la respuesta era no. Seguro que no fue fácil ponerse a dibujar viviendo con un borracho como Rock Lee.
–Son muy buenos –dijo él a medida que iba levantando uno tras otro. El tema de los dibujos era casi siempre Sasuke, desde su nacimiento hasta el presente, y con trazos certeros ilustraban las situaciones que se le pueden presentar a un bebé. Había un dibujo en el que mostraba la expresión maravillada de Sasuke al mirar un globo en lo alto, mientras extendía las manos para tratar de alcanzarlo.
–Me gustan –continuó Itachi al volver a meterlos alegremente en el sobre. El hombre de negocios que tenía dentro deseaba hablarle a Sakura de publicación y de derechos de autor pero se frenó. Pensó que lo único que debía hacer en ese momento era elogiarla–. Sí, me gustan mucho y le agradezco que me los haya mostrado.
Sakura le dedicó una sonrisa de oreja a oreja que amenazaba con partirle la cara en dos.
–Usted es la única persona que los ha visto. Salvo mi madre, que me aconsejó que dejara de perder tiempo en esas tonterías.
– ¿Qué quería ella que hiciera usted?
–Que fuera abogada.
A1 principio Itachi pensó que Sakura bromeaba, pero después se dio cuenta de que no era así.
–Ya me la imagino defendiendo a un criminal. «Por favor, Su Señoría, el acusado promete no volver a hacerlo. Le da su palabra de honor. Asegura que jamás volverá a asesinar después de las veintidós viejecitas que ya mató. Por favorrrr.»
Fue una imitación tan excelente del tono de voz de Sakura que ella tomó un almohadón y se lo arrojó, mientras Itachi hacía ademanes defensivos como si ese objeto volador pudiera infligirle una herida muy grave.
–Usted es una persona horrible –dijo ella, riendo–. Yo habría sido una excelente abogada. No sé si sabrá que soy bastante inteligente.
–Sí, lo sé, pero también sé que tiende a proteger a los desvalidos.
–Si no fuera por eso, usted no tendría dónde pasar la Navidad –le recriminó ella.
–Es verdad –aceptó él, sonriendo–. Y se lo agradezco mucho. –Al decirlo, Itachi la miró a los ojos y comprendió que deseaba besarla. Ese deseo era tan intenso como el de seguir viviendo.
–Creo que será mejor que me vaya a acostar –dijo ella en voz baja, se puso de pie y se dirigió al dormitorio–. Sasuke se despierta temprano y mañana habrá mucho que hacer. –Estaba a mitad de camino de su cuarto cuando se volvió–. No tenía la intención de que pareciera que yo le estaba haciendo un favor al permitirle alojarse aquí. Lo cierto es que ha hecho que esta Navidad sea maravillosa para Sasuke y para mí. Los dos disfrutamos muchísimo de su compañía.
Lo único que Itachi pudo hacer para expresar su agradecimiento fue inclinar la cabeza. No recordaba que nadie le hubiera dicho que disfrutaba de su compañía.
–Buenas noches –se despidió él y después se quedó sentado un buen rato frente a la chimenea, mientras pensaba en dónde estaba y en qué hacía allí.
Bien, al parecer Sakura no solo es útil limpiando. Espero que les haya gustado el capítulo tanto como a mi. Subiré muy pronto el siguiente (ya lo tengo un poco empezado).
