Dedicado a Tittacon (que quería que lo continuase pronto) y a Bloddy cherry (a pesar de haber leído el original, no se aburrió leyendo esta humilde adaptación).
Naruto no me pertenece y la historia es una mera adaptación de "La conspiración del amor" de Jude Deveraux.
Tengo baja autoestima, por lo cual no acepto comentarios negativos, si no les gusto cierren la página o entren a otro lado. Gracias.
- Capitulo 8 -
Un olor despertó a Itachi. Era un olor que conocía pero que no lograba identificar. Pertenecía a una época muy lejana del pasado que él recordaba solo vagamente. Con ese olor se levantó de la cama, se puso los pantalones arrugados del traje y se dirigió a la luz. Encontró a Sakura en la cocina y a Sasuke en su silla alta con la cara cubierta de comida y la ropa mojada por todas partes. Camisas, pantalones y ropa interior colgaban de la lámpara, de las jambas de la puerta, de las grietas que había en el yeso, encima de los quemadores de la cocina. En medio de todo, Sakura, inclinada sobre una tabla de planchar y con una plancha que debería estar en un museo.
– ¿Qué hora es? –preguntó Itachi, medio dormido. –Alrededor de las cinco, creo –respondió Sakura–. ¿Porqué?
– ¿Cuánto hace que está levantada?
Ella dio la vuelta a la camisa que estaba planchando para que la manga arrugada quedara arriba.
–Estuve en pie casi toda la noche. A ese pequeño tunante le encanta mezclar los días y las noches. –Bostezando y frotándose los ojos, Itachi se sentó frente a la mesa, junto a la silla alta de Sasuke, y le pasó un albaricoque seco. Sin decir ni una palabra, hizo señas hacia la ropa mojada que había por toda la habitación. Había pasado mucho tiempo desde que Itachi era un chiquillo, y su padre tendía por todas partes la ropa mojada para que se secara, pero era un olor que él nunca olvidaría.
– ¿Qué le pasó a la secadora?
–Dejó de funcionar hace alrededor de un año, y nunca tuve dinero para arreglarla. Pero la lavadora sí va muy bien.
Itachi se puso de pie, se desperezó, caminó unos pasos hasta quedar atrás de Sakura y desenchufó la plancha. –Tengo que terminar esto. Necesito que...
–Váyase a la cama –ordenó Itachi–. No. No quiero oír ni una palabra de protesta. Váyase a la cama y duérmase.
–Pero, Sasuke... La ropa, y...
–Hágalo –le ordenó Itachi con voz serena y, por un momento, tuvo la impresión de que Sakura iba a ponerse a llorar de agradecimiento. Con una sonrisa, él inclinó la cabeza hacia el dormitorio, ella entró en él y cerró la puerta.
–Ahora, colega –dijo Itachi en voz alta–, veamos si recuerdas cómo se hacía esto. –Dicho lo cual, volvió a enchufar la plancha y la cogió.
A las ocho de la mañana sonó el teléfono móvil de Itachi, quien se lo apoyó en el hombro mientras terminaba de planchar una camisa.
– ¿Te desperté, Dattebayo? –le preguntó Naruto a su hermano mayor.
–Desde luego –contestó Itachi–. Ya sabes lo perezoso que soy. ¡No! ¡Sasuke, deja eso! ¿Qué quieres, hermanito?
–Lo que quiero es estar un tiempo a solas con Sakura, ¿recuerdas? De eso se trata. Quiero invitarla a salir esta noche y mañana. Hasta tengo entradas para el Baile de los Senju.
Itachi sabía que ese baile era el único acontecimiento social al que valía la pena asistir en toda la mitad occidental de Konoha... y que era casi imposible conseguir entradas.
– ¿A quién tuviste que matar para conseguir las entradas?
–No maté a nadie; más bien le salvé la vida al presidente de la comisión en varias ocasiones. Sea como fuere, él me consiguió las entradas. Nochebuena. Entonces se lo preguntaré. ¿Itachi? ¿Itachi? ¿Estás ahí?
–Lo siento –se disculpó Itachi al volver a aparecer en línea–. Sasuke estaba tirando del cable de una lámpara, con intenciones de morderlo. ¿Qué me decías?
–Que mañana le pediré a Sakura que se case conmigo. ¿Itachi? ¿Estás ahí? ¿Qué hace ahora Sasuke?
–No hace nada –saltó Itachi–. Es un buen chico y no hace nada malo.
Ahora fue Naruto el que hizo una pausa.
–No quise decir que estuviera haciendo nada malo. Es simplemente que los chicos de la edad de Sasuke suelen hacer travesuras. Es algo normal y natural en el proceso de crecimiento, y...
–No hace falta que uses conmigo ese tono de profesional de la medicina –se quejó Itachi al ver la madurez que había adoptado su hermano con los años.
– ¡Vaya! ¡Si estás de mal humor esta mañana! De todos modos, ¿dónde está Sakura?
–Aunque no es asunto tuyo, está acostada, durmiendo, mientras yo cuido de Sasuke. Y me ocupo de la plancha –agregó, sabiendo que Naruto prácticamente se desmayaría al oírlo.
– ¿Que estás haciendo qué?
–Planchando la ropa. Hinata cubrió de barro toda la ropa que me mandó, así que Sakura la lavó y ahora yo la plancho. ¿Te parece mal?
–De ninguna manera –respondió Naruto–. No tenía ni idea de que supieras planchar, eso es todo. – ¿Quién crees que te planchó la ropa cuando eras pequeño? –Interpuso Itachi–. ¿Papá? Ja. Él tenía que ganar el dinero necesario para comprar la comida, de modo que a mí me tocaba... no tiene importancia. ¿Qué era lo que querías decirme? Espera, tengo que buscar a Sasuke.
–Itachi, querido hermano –dijo Naruto diez minutos más tarde–. Creo que lo mejor será que hable personalmente con Sakura. Quiero salir con ella esta noche y mañana por la noche, así que me parece que debería invitarla yo mismo.
–Ella está ocupada.
– ¿Se trata de algo que yo debería saber? –Preguntó Naruto–. Quiero creer que tú y Sakura no...
– ¡De ninguna manera! –Se apresuró a aclarar Itachi–. Lo último que necesito es tener a mi lado a una mujer chiflada y con la cabeza en las nubes. El hombre que la elija tendrá muchísimo trabajo cuidándola. Es un milagro que sepa atarse las zapatillas. Ni siquiera es capaz de alimentarse, y mucho menos a su hijo, y...
–Está bien, está bien, me hago una idea. Dime, ¿qué opinas?
– ¿Qué opino de qué? –Naruto suspiró.
– ¿Te parece que estaría bien que saliera con Sakura esta noche y mañana por la noche? ¿Tú puedes cuidar al chico?
–Sí, puedo cuidar de Sasuke eternamente –dijo Itachi fastidiado–. Sí, por supuesto que puedes llevarte a Sakura. Estoy seguro de que le encantará acompañarte. –Creo que debería invitarla en persona.
–No pienso despertarla solo para que hable por teléfono. ¿A qué hora tendría que estar lista esta noche?
–A las siete.
–Está bien. Ahora pásame a Hinata.
–Ella, bueno, no se levantó todavía.
A Itachi eso le indignó tanto que dejó la plancha apoyada sobre la espalda de una camisa hasta que comenzó a chamuscarse.
– ¡Maldición! –Exclamó y levantó la plancha–. Despiértala –Le ordenó Itachi y le sorprendió que su secretaria apareciera en línea casi al instante.
Después de tomarse un momento para recuperarse de la impresión, Itachi le pidió a Hinata que le consiguiera dos entradas más para el Baile de los Senju.
–Usted sabe que eso es casi imposible –dijo ella, y de nuevo él quedó estupefacto. ¿Qué demonios le pasaba a su secretaria? Lo imposible nunca solía amilanarla.
–Consíguelas –replicó él, enojado. ¿Qué le estaba pasando a su mundo? Primero, dos de sus ejecutivos se metieron sin permiso en sus asuntos privados y, ahora, Hinata le decía que algo iba a ser difícil. Si hubiera querido que trabajara para él alguien incapaz de hacer lo imposible, no le estaría pagando a su secretaria ese sueldo descomunal–. Necesitaré también mi esmoquin que está en mi piso de Nueva York –continuó–. Y Sakura necesitará ropa apropiada para asistir al baile. ¿Cómo se llama esa tienda que está en la Quinta Avenida?
–Dior –fue la respuesta instantánea de Hinata.
–Correcto: Dior.
– ¿Y a quién quiere que le consiga de compañera? –preguntó ella.
–Dios... sí, claro, mi compañera –repitió Itachi y se dio cuenta de que en ningún momento lo había pensado. Pero, bueno, era lógico que no lo hubiera pensado o se preguntaría por qué se proponía asistir al baile cuando se suponía que debía quedarse en casa con el bebé. Y si tanto él como Sakura salían, ¿quién cuidaría a Sasuke?
–Me parece que hay una serie de mujeres que aceptarían ir con usted, incluso a última hora –decía Hinata con ese tono suyo tan eficiente y formal.
Por un momento Itachi calló y se puso a pensar en las muchas mujeres disponibles que conocía. A1 recordarlas, supo que se mostrarían muy desagradables con Sakura. y muy curiosas.
–Consigue un vestido, Hinata. Tú irás conmigo a ese baile.
Ahora le tocaba a ella sorprenderse; Itachi sonrió al percibir la duda en su voz.
–Sí, señor –dijo finalmente Hinata.
–Ah, y manda aquí a alguien que se ocupe de peinar y maquillar a Sakura. Inventa alguna historia para que ella no se entere de que es un regalo mío.
–Sí, señor –respondió Hinata–. ¿Alguna otra cosa?
Itachi bajó la vista y miró a Sasuke, quien muy contento estaba enfrascado en la tarea de morderle la cola a un patito amarillo con ruedas. Por el aspecto del juguete, lo más probable era que su padre hubiera mordido ese juguete hacía treinta años, e Itachi se preguntó si esa pintura estaría libre de plomo.
– ¿Todo bien allá, en casa de mi padre?
– ¿Cómo dice? –Preguntó Hinata.
–Te preguntaba si tú y Chouji os sentís cómodos en casa de mi padre.
–Ah, sí –Respondió ella con vacilación–. Lo siento, señor, lo que pasa es que usted por lo general no me hace preguntas de índole personal. Pero, sí, estamos bien ahora.
– ¿Qué quieres decir? ¿Por qué «ahora»?
–Chouji tuvo que hacer algunos cambios, pero ya está todo bien. Muy pronto estará allá, en su casa. Y su padre me pide que le recuerde que usted y la señora Lee vendrán a cenar aquí para Navidad. ¿A las tres de la tarde le parece bien?
Itachi no prestó atención a mucho de lo que ella dijo y se centró en un solo punto.
– ¿Qué clase de cambios?
–Bueno, hubo que ampliar la cocina.
– ¡Hinata! –le advirtió él.
–Chouji demolió la parte de atrás de la casa de su padre y agregó lo que es en realidad la cocina de un pequeño restaurante. Tuvo que pagarles a los obreros el triple para que trabajaran las veinticuatro horas del día y conseguir así que la obra estuviera lista enseguida. Después compró suficiente equipamiento para amueblar ese ambiente y, bueno, su padre ofrece todas las noches una cena elegante y...
–No quiero oír más. Estaremos allí a las tres de la tarde del día de Navidad y no olvides lo de la ropa.
–Por supuesto que no, señor –dijo Hinata y él cortó la comunicación.
Diez minutos más tarde, Sakura entró en la cocina con el aspecto de la mujer más agradecida del mundo... hasta que vio toda la ropa planchada.
– ¿Ahora cómo le pagaré por los muebles? –gritó al sentarse en una desvencijada silla de la cocina. Sasuke estaba muy contento, sentado en su nueva silla alta y con la cara cubierta con media docena de sustancias de distintos colores.
–Le prometo ensuciar bien todo hoy para que usted tenga mucho que hacer mañana –dijo Itachi, sonriendo, y, desde luego, nada preocupado por la forma en que le devolvería lo que había gastado–. Ahora, ¿le importaría cuidar a Sasuke mientras yo me ducho? Hace días que tengo puesta esta misma camisa y me gustaría quitármela de encima.
–Sí, por supuesto –murmuró ella y alzó a Sasuke. Tan pronto él vio a su madre, comenzó a gritar.
Por un momento Itachi se detuvo junto a la puerta. Nada malo podía pasar en los siguiente quince minutos, ¿verdad?, se dijo. Entonces le echó una última mirada a Sakura y al bebé y salió de la habitación.
Así como el cap 4, este es cortito pero interesante:D Gracias por leer.
