Naruto no me pertenece y la historia es una adaptación.
- Capítulo 14 -
Un año después…
–El señor Nara ha venido, señor –anunció Temari a la espalda de Itachi. Él ni se molestó en girarse, sino que asintió y siguió mirando por los ventanales que ocupaban toda la pared. Manhattan estaba treinta pisos más abajo, y la gente y los automóviles parecían de juguete. Itachi no sabía por qué seguía molestándose en contratar a detectives privados. Doce meses antes, toda su vida giraba alrededor de los informes del primero, cuyos servicios había tomado. Eran informes diarios, e Itachi los exigía dondequiera que estuviera. Pero cuando el detective no pudo encontrar ni rastro de la señora Sakura Lee ni de su bebé, Itachi despidió al individuo y contrató a otro.
En el último año había contratado y despedido a más detectives de los que podía contar. Lo había intentado con todos, desde los de reputación dudosa, cuyos anuncios prometían encontrar a cualquier marido infiel, hasta hombres retirados de Scotland Yard. Pero nadie halló a esa mujer y a su pequeño.
–Usted no tiene ningún elemento con el que seguir adelante –le habían dicho una y otra vez, y era verdad.
En primer lugar, no había fotografías de Sakura después de los doce años. Tsunade, su suegra, había tomado fotos de su nieto, pero Sakura no estaba en ninguna de ellas. Los habitantes de la ciudad natal de Sakura dijeron que la casa en que ella había nacido se había incendiado la semana siguiente a la muerte de la madre de Sakura, así que era muy probable que todas las fotografías que había de ella hubieran quedado destruidas entonces. Por increíble que fuera, Sakura había estado ausente cada vez que en la secundaria tomaban fotos del curso para incluirlas en el anuario escolar.
Los detectives dijeron que seguramente había recurrido a algún leguleyo de algún pueblo de mala muerte y se había cambiado el nombre. Después, el abogado publicó el anuncio en algún periódico local que «ni siquiera Dios leería», como dijo un detective. Y, con un nuevo nombre, Sakura podía estar en cualquier parte. Estados Unidos estaba repleto de mujeres solteras con hijos que no tenían padres.
Itachi los fue despidiendo uno por uno; la verdad era demasiado dolorosa. De modo que, después de pasarse todo un año pagando a gente para que buscara a una mujer y su hijo, no había conseguido nada. Oyó que el detective de turno entraba en la oficina, pero no se molestó en girarse para verlo. Solo cuando le oyó carraspear, giró por completo el sillón.
– ¿Qué haces tú aquí? –saltó, porque el que estaba allí de pie era Naruto.
– ¡Espera! –le dijo en el momento en que Itachi estaba a punto de oprimir el botón para llamar a su secretaria–. Por favor, lo único que te pido son cinco minutos.
Itachi quitó el dedo del timbre, pero, a juzgar por su aspecto, no estaba dispuesto a ceder en nada. –Solamente cinco minutos, ni uno más. Di lo que tengas que decir y después lárgate.
En lugar de abrir la boca para hablar, Naruto se metió las manos en los bolsillos del pantalón y se puso a caminar por la habitación.
–Siempre he detestado tus oficinas –comentó para romper el hielo–. ¡Son tan frías, con todo ese vidrio y estos cuadros! ¿Quién te los elige? –Cuando miró a su hermano, Itachi lo observaba con expresión amenazadora.
–Cuatro minutos –dijo.
– ¿Quieres ver las fotografías de mi boda?
Itachi no contestó; se limitó a fulminar a su hermano con la mirada. Un año antes, esa horrible mañana en que, al despertar, Itachi descubrió que Sakura y Sasuke se habían ido, él y Naruto protagonizaron una pelea en la que casi se mataron. Naruto responsabilizaba a Itachi de todo y lo acusó de haber arrojado a Sakura y a Sasuke de la casa, en medio de la nieve, sin ningún medio de subsistencia, ni amigos, ni familia, ni ayuda de ninguna clase.
Itachi culpaba a su hermano por haber iniciado todo ese asunto. Pero, a pesar de la discusión, menos de una hora después de levantarse Itachi ya tenía a una patrulla de búsqueda tratando de encontrar a Sakura, aunque, a esas alturas, el rastro ya estaba frío. Una mujer que viaja sola con una criatura era algo demasiado común que no llamaba la atención, de modo que nadie los había visto.
Después de la desaparición de Sakura y Sasuke comenzó la verdadera enemistad entre los hermanos porque Hinata tomó partido por Naruto. La fiel secretaria de Itachi, una mujer que había sido su brazo derecho durante años, de pronto se convirtió en su enemiga. Por primera vez desde que la conocía, ella se puso en su contra y le dijo lo que pensaba de él.
–Con razón lo dejó ella –había dicho Hinata, con tono suave al principio, pero su voz nacía de las profundidades de su ser y tenía más volumen que la de la más fuerte de las sirenas–. Usted no tiene corazón, Itachi Uchiha. Mira a las personas como si fueran mercancías que se pueden comprar y vender. Cree que, porque me paga un buen sueldo, puede tratarme como si yo no fuera un ser humano. Pensaba que, porque le compró al bebé de Sakura un cuarto lleno de muebles, ella caería a sus pies eternamente agradecida. Pero lo único que los hombres como usted despiertan es codicia. Usted me hizo desear sacarle cada vez más dinero hasta que comencé a sentir desprecio por mí misma. Pero ahora necesito recuperar mi autoestima, así que no seguiré trabajando con usted.
Nada en el mundo hubiera sorprendido más a Itachi que la deserción de Hinata. Después de ese hecho, supuso que nunca más volvería a saber de ella, pero no fue eso lo que sucedió en realidad, pues tres meses más tarde recibió una invitación a la boda del doctor Naruto Uchiha con la señorita Hinata Hyuga.
A Itachi, que todavía hacía todo lo posible por encontrar a Sakura y a Sasuke, esa boda le pareció la peor de las traiciones. Ahora casi no podía soportar ver a su hermano. Si Naruto no lo hubiera llamado, inventando esa mentira de que el padre de ambos se estaba muriendo... Si Naruto no se hubiera creído enamorado de una viuda con un bebé... Si Itachi no hubiera dado crédito a la historia de Naruto en el sentido de que tenía mala suerte...
– ¿Qué quieres? –le preguntó con furia Itachi a su hermano.
–Reunir a la familia, eso es todo. Casarse, asentarse, cambia a un hombre. Quiero invitarte a cenar en casa para Navidad. Hinata es una excelente cocinera.
–Tiene una linda cocina para practicar –dijo Itachi al recordar la cuenta que había recibido por la ampliación de la cocina en casa de su padre. Esa era otra; su cocinero lo había abandonado para crear su propia empresa de alimentos gourmet para bebés. Itachi trató de alegrarse cuando se enteró de que a Chouji no le iba demasiado bien, pero no sintió más que lástima por su antiguo cocinero. Al parecer, la actitud arrogante de Chouji no caía muy bien a los banqueros, y no había tenido suerte en conseguir los fondos que precisaba para montar su negocio.
– ¿Eso te molesta todavía? –Saltó Naruto–. Demonios, te reintegraré el dinero de esa maldita cocina. No sé cómo, pero lo haré.
De pronto, Naruto se sentó en una silla frente a Itachi, quien se encontraba de pie, muy tenso, detrás de su escritorio.
– ¿Qué quieres de todos nosotros? ¿Qué quieres de la vida? ¿Crees que, si encuentras a Sakura, ella volverá a ti y vivirá dentro de tu jaula de oro? Ella no quería ser una prisionera, por hermoso que fuera lo que la rodeaba. ¿No lo entiendes? ¿No puedes perdonarla? ¿Perdonarme a mí?
Itachi no se movió, sino que permaneció muy tieso mirando fijo a su hermano. ¿Cómo explicar que, por unos pocos días, había sido feliz? Sí, feliz, muy feliz y a la antigua. Durante el tiempo que pasó con Sasuke y Sakura disfrutó de comprarles regalos a otras personas, hacer tareas cotidianas, escuchar, reír. Sakura tenía algo que...
Tuvo que obligarse a no seguir pensando en ella o se volvería loco. No pasaba un día en el que no se preguntara cómo estaría de grande Sasuke. Seguro que ya caminaba y, a lo mejor, hasta hablaba.
O quizá no. Por lo que sabía, Sakura y Sasuke estaban muertos. En el mundo había personas horribles, capaces de...
–Ya veo que no quieres ceder –concluyó Naruto y se puso de pie–. Pero, bueno, eso es lo que te hace fuerte. Y también lo que te vuelve débil. Mira, es vísperas de Navidad y necesito tomar un vuelo a casa. Quiero que vengas conmigo y...
–Ya tengo planes –dijo Itachi, muy enojado con su hermano. Esa noche su piso se llenaría a rebosar de gente, pues era el aniversario del último día que había estado con Sakura y Sasuke. Esa noche él bebería champán hasta emborracharse, y al día siguiente no amanecería solo.
–Está bien, lo intenté dattebayo. –Naruto giró para dirigirse a la puerta–. Si algún día nos necesitas, ya sabes dónde estamos. –Iba a agregar algo más, pero al ver la mirada de su hermano se encogió de hombros y se acercó a la puerta. De golpe se detuvo con la mano en el picaporte–. Sé que sigues llorando a Sakura y a Sasuke, pero hay otras personas en este mundo. Hay incluso otros niños... –Como no obtuvo respuesta, Naruto suspiró y abandonó la oficina.
Itachi oprimió el botón del intercomunicador para hablar con su secretaria.
–Llama a la joyería de Kakuzu y haz que me envíen una selección de anillos de compromiso.
– ¿De compromiso? –preguntó Temari.
– ¡Sí! –Saltó él y volvió a apretar el botón para no tener que seguir oyéndola.
¿Reacciones? ¿Esperado o inesperado?
