1. Me apure para que nadie se quede sin cabello xD (duda del comentario, revisar reviews del cap anterior)

2. Este cap va dedicado a Erza S, quien fue la primera en sacarme una sonrisa luego de subir el cap anterior.

Naruto no me pertenece y la historia es una mera adaptación de "La conspiración del amor" de Jude Deveraux.

Tengo baja autoestima, por lo cual no acepto comentarios negativos, si no les gusto cierren la página o entren a otro lado. Gracias.


- Capítulo 15 -

–Oh, Itachi, querido –ronroneó Mei al frotar su cuerpo perfectamente bronceado contra el suyo–. La fiesta es perfecta. Jamás vi a tanta gente famosa reunida en un mismo lugar.

Itachi permaneció sentado, en silencio, mientras bebía un sorbo de lo que debía de ser su quinta copa de champán y miraba a los asistentes. Pensó que, de veras, eran todos famosos y ricos, así como bien parecidos. Las mujeres tenían ese brillo satinado que venía de muchas horas pasadas en salones de belleza de todo el mundo. Su piel y su pelo reflejaban salud y cosméticos que costaban más que los recursos de varios pequeños países juntos.

– ¿Qué te pasa? –indagó Mei y una leve línea apareció en su perfecta frente, aunque Itachi sabía que no tenía esa frente perfecta al nacer. Se había hecho un lifting, del mismo modo que todo el resto de ella había sido «levantado» y aumentado. Aparentaba unos veintisiete años, pero Itachi rió por lo bajo al pensar que no le sorprendería nada enterarse de que Mei tenía en realidad setenta y cinco.

– ¿Por qué me miras así? –preguntó ella. Estaba sentada en el apoyabrazos del sillón de Itachi de forma que uno de sus muslos largos, esbeltos y musculosos quedaba muy cerca de la mano de él.

–Me preguntaba qué edad tienes.

Mei casi se atragantó con el champán, e Itachi percibió indicios de fastidio en la expresión de sus mejillas perfectamente maquilladas.

–Parece que esta noche estás de mal humor, ¿no? –comentó ella con los labios apretados–. ¿Por qué no te levantas y vas a conversar con tus invitados?

De pronto se le iluminó la cara, como si no se permitiera enojarse con él.

–Ya sé qué te pondrá de mejor humor. ¿Qué te parece si te doy ahora tu regalo de Navidad?

–Ya tengo suficientes corbatas –respondió él.

–No, tonto, no es una corbata. Es... –Se inclinó hacia él de modo que sus pechos quedaron apoyados contra el hombro de Itachi y le susurró al oído sus planes de seducción.

Itachi se echó hacia atrás y le sonrió apenas.

– ¿No crees que debería quedarme aquí, con mis huéspedes?

Cuando lo dijo notó una expresión dolida en los ojos de ella, quien se puso de pie, se alejó y lo dejó solo. Itachi no sabía si alegrarse o sentirse todavía más solo de lo que por lo general se sentía. Maldito sea mi hermano, pensó una vez más. Estaba bien hasta que Naruto se presentó con eso del matrimonio y la familia. Esa visita, sumada al hecho de que era Nochebuena y el aniversario de la desaparición de Sakura, estaba a punto de desquiciarlo.

Itachi había previsto que sería una noche difícil, por lo que había contratado a un conocido decorador de interiores para que organizara una fiesta en su piso que le obligara a dejar de dar vueltas a sus problemas. Tuvo que reconocer que ese individuo había hecho un trabajo excelente, ya que la fiesta era todo un éxito. La decoración era magnífica, con cristales que refulgían a la luz de las velas, a tono con el gusto del decorador, que se había centrado en los plateados y los blancos.

La comida estuvo espléndida y cada bocado era una exquisitez. O, al menos, eso fue lo que le dijeron a Itachi; personalmente, él solo había bebido champán.

De modo que, si todo en su vida era tan maravilloso, ¿por qué se sentía tan desdichado? Bueno, sí, había perdido a la mujer que creía amar, pero ¿acaso otras personas no rompían a diario su relación sentimental? ¿Y entraban por eso en una depresión que, un año después, todavía les duraba?

Itachi sabía que, si le quedaba algo de sensatez, debía hacer lo que le aconsejaban todos, desde los detectives hasta su propio hermano, y olvidarse de seguir buscando a esa mujer y a su pequeño. Como uno de los detectives dijo: «Si yo tuviera tanto dinero como usted, no me preocuparía por una mujer: me las compraría todas». Itachi había despedido a ese hombre allí mismo y tratado de borrar esas palabras de su mente.

Pero ahora, al mirar a todas esas personas deslumbrantes en su piso, también deslumbrante, las recordó. «Me las compraría todas», había dicho el hombre. ¿No era más o menos eso lo que Sakura le había dicho? ¿Que él estaba tratando de comprarse una familia?

Le hizo señas al camarero de que le volviera a llenar la copa y después se puso a observar a sus invitados. A lo largo del último año, Itachi había hecho todo lo imaginable para olvidar su última noche con Sakura. Doce meses de negarse a pensar en ella, de recordarla. Doce largos meses aferrado a su furia. Si tan solo ella lo hubiera escuchado... Si ella se hubiera puesto en su lugar... Si ella hubiera aceptado esperar hasta la mañana para así conversar...

Itachi apuró el contenido de la copa y alargó el brazo para que volvieran a llenársela. Pero esa noche, a pesar de estar en un ambiente totalmente diferente y de que el árbol gigante no se parecía nada al que Sakura había decorado, fue como si estuviera de nuevo junto a ella.

Por su mente comenzaron a desfilar imágenes que le impidieron ver esa habitación colmada de gente. Recordó la risa de Sakura, el sentido del humor de Sakura, el entusiasmo de Sakura al comprobar que podía comprarle muebles a su hijo.

El camarero comenzó a llenarle la copa de nuevo, pero él le hizo señas de que se alejara y, después, por un momento se cubrió los ojos con la mano. Por primera vez desde la partida de Sakura pensó: ¿por qué no la escuché?

Levantó la cabeza y paseó la vista por la habitación. Nadie lo miraba. No; todos estaban muy ocupados mirándose mutuamente y disfrutando de la comida y la bebida de Itachi como para pensar siquiera en su anfitrión, que estaba sentado, en silencio, en un rincón y comenzaba a enloquecer.

Sí, me estoy volviendo loco, pensó. Durante todo ese año no había tenido ni un momento de paz. Había tratado de seguir con su vida, pero sin éxito. Había salido con mujeres, con mujeres hermosas, e incluso ese mismo día había llegado a pensar que le pediría a la última, Mei, que se casara con él. Tal vez el matrimonio era lo que necesitaba para hacerle olvidar. Quizá si tuviera un hijo propio...

¿Qué era lo que le había dicho Naruto? Que había «otros niños». Pero, para Itachi, había solo uno: Sasuke. Pero él le había perdido porque...

Una vez más, Itachi se frotó los ojos con una mano. Quizá era la cantidad de alcohol que había bebido o tal vez la fecha, pero esa noche él no podía sentir su enojo habitual contra sí mismo, contra Naruto, contra Konoha, contra su padre, contra nadie.

–Ella se fue por mi culpa –dijo Itachi para sí.

–Tachi, ven un rato con nosotros –lo invitó un hombre que estaba a su derecha.

Era el director general de una de las corporaciones más importantes del mundo. Había asistido a la fiesta porque tenía miedo de que le despidieran, de modo que trataba de conseguir un trabajo con Itachi. De hecho, todas las personas que había en aquella sala estaban allí porque querían algo de él. Sacudió la cabeza y se alejó. Sakura se había ido porque él quería ponerla en una casa y dejarla allí. Había tratado de quitarle su libertad, su libre albedrío, todo sin sufrir él ningún inconveniente.

Era una verdad dura de aceptar, realmente muy dura. Y si él hubiera podido persuadir a Sakura para que se casara con él, ¿dónde estaría esta noche?

Él estaría allí, como en ese momento, porque habría seguido pensando que los gerentes eran personas importantes.

¿Y dónde estaría Sakura?, se preguntó y supo la respuesta. La habría obligado a asistir también. Le habría dicho que, como esposa suya, tenía la obligación de asistir a sus fiestas de negocios y de ayudarlo a ganar dinero. Dinero, pensó mientras observaba a la gente que estaba allí. El brillo de las joyas que usaban era suficiente para cegar a una persona. «Tú me tragarías», había dicho Sakura. Aquella noche él no había entendido el significado de esa palabra, pero ahora sí. Le parecía verla en esa habitación de vidrio y cromados, con el árbol de marca y la gente con atuendos de marca, y casi pudo sentir lo desdichada que ella se sentiría.

«Otros chicos –había dicho Naruto–. Otros chicos.»

Tal vez no podía tener a Sasuke ni a Sakura, pero a lo mejor podía hacer algo en la vida que no fuera ganar dinero.

–Otros chicos –dijo en voz alta.

A1 instante, Mei apareció junto a él, e Itachi la miró como si nunca la hubiera visto antes. Metió la mano en el bolsillo, sacó el anillo con el enorme zafiro y se lo dio.

–Oh, Itachi, querido, acepto. Acepto con todo gusto. –De forma ostentosa y procurando que todos los que estaban allí la vieran, le echó los brazos al cuello, pero él la tomó de las muñecas y se los bajó.

–Lamento haber sido un hijo de puta. Creo que tú ya sabes que no soy hombre para ti –dijo–. Pero quiero que tengas este anillo. Que lo disfrutes con salud. –Miró hacia lo lejos y después volvió a mirarla a ella–. Lamentablemente, tengo que interrumpir la velada; acabo de recordar que debía estar en otro sitio. –Y con esas palabras se alejó de ella y se dirigió al vestíbulo. Haku, su mayordomo, estaba justo detrás de él.

– ¿Va a salir, señor?

– Sí –respondió Itachi mientras el hombre le sostenía el abrigo e Itachi introducía los brazos en las mangas.

– ¿Cuándo debo decir que regresará?

Itachi volvió a mirar hacia el salón lleno de gente.

–No creo que vuelva. Asegúrate de que todos estén bien atendidos.

–Muy bien, señor. –Haku le entregó entonces a Itachi su teléfono móvil sin el cual Itachi nunca salía. Él lo tomó y después lo miró como si lo viera por primera vez.

Un segundo después lo dejó caer en el cubo de basura y se dirigió a la puerta.

– ¡Señor! –Dijo Haku y por primera vez perdió su compostura–. ¿Y si se produce una urgencia? ¿Y si alguien lo necesita? ¿Cómo podremos localizarlo? –Itachi hizo una pausa.

–Necesito hablar con alguien que sepa lo que se siente al perder a un hijo. ¿Conoces esa pequeña iglesia que hay en la calle Sesenta y ocho? Búscame allí.

Dejando boquiabierto a su mayordomo, Itachi abandonó el piso.


SE ACERCAN LOS MOMENTOS DECISIVOS!

¿Algún fic para recomendar con Sakura de protagonista?

Creo que ya me los he leído casi todos...