Re-subido por un error en la adaptación, gracias al Review número 71 por hacérmelo notar!

Naruto no me pertenece y la historia es una mera adaptación.

Gracias por sus comentarios, opiniones y recomendaciones. Lastimosamente, la mayoría de los que me recomendaron ya los leí, jaja. "Mi chica fantasma" lo leí ayer, aun esta empezando la trama pero me enganche, al igual que "The bling and the unsenning" (creo que se escribe así, jaja, es un fic en español a pesar del nombre), esté último es un muy lindo ITASAKU.

NOTA: Puede que algunas palabras las noten separadas o 1 en vez de L, es un problema que tengo con Fanfiction.


- Capítulo 17 -

Sakura se recostó hacia atrás en la butaca alta del avión, se abrochó bien su abrigo de cachemira y cerró por un momento los ojos. Sasuke finalmente se había adormila do, así que tendría un rato de tranquilidad.

Pero, a pesar de la paz o, al menos, del rugido del avión, ella no conseguía dormir. Se sentía nerviosa y ex citada. Vería de nuevo a Itachi.

Cerró los ojos y pensó en aquella noche horrible en la que se había escapado. ¡Qué noble había sido su conducta aquella noche! ¡Decirle a un hombre que no lo necesitaba a él ni a su dinero! Qué actitud tan romántica la suya, al basar su vida en el modelo de las películas... o en cómo habría terminado la suya si hubiera sido la vida real.

Sakura cubrió a Sasuke con una manta porque vio que se había destapado. Ella y Sasuke volaban en clase negocios para no tener que llevar en la falda a una criatura pesada e inquieta de solamente dos años durante todo el vuelo.

Se echó hacia atrás en el asiento, volvió a cerrar los ojos y trató de dormir, pero seguía viendo la cara de Itachi. Extendió el brazo y sacó la gruesa carpeta de su bolso. La abrió y volvió a mirar los artículos allí reunidos. A lo largo de los últimos dos años había coleccionado todo lo que se había escrito sobre Itachi Uchiha.

El había vendido la mayor parte de sus negocios y se había convertido en lo que la revista Forbes llamaba "El más joven filántropo norteamericano". Casi toda su filantropía se concentraba en su pueblo de Konoha en Kentucky.

Sakura volvió a leer el artículo acerca de cómo Itachi Uchiha había transformado la pequeña, pobre y ruinosa Konoha en una ciudad próspera y saluda ble. Lo primero que hizo fue invertir muchísimo dinero en una empresa, Chouji y Compañía, que comenzaba a abrirse camino en el ramo de los alimentos para bebés.

El artículo narraba cómo Uchiha le había entrega do cuatro millones de dólares a una pequeña agencia de publicidad de Konoha para que promocionara esos alimentos para bebés a escala nacional. Hasta la aparición de Itachi Uchiha, esa agencia no había hecho mu cho más que bosquejar anuncios de negocios locales en el periódico local. Pero, para sorpresa y alegría de todos -continuaba el artículo-, la agencia hizo un buen trabajo. "¿Quién puede olvidar el anuncio que salió por televisión del bebé de la cara horrible? -decía el artículo-. ¿O aquel otro de la anfitriona de una fiesta de alta sociedad que vaciaba potitos de alimento para bebé de Chouji y Compañía sobre tostadas para servirlas como canapés?".

La campaña publicitaria tuvo gran éxito ese año, de manera que Chouji y Compañía fue elegida una de las empresas de mayor y más rápido crecimiento del país. "Y, ahora, comenzará a operar a escala internacional, tanto en ventas como en contenido. ¿A quién se le ocurriría servirle boeuf Strogonoff a un bebé?".

Y todas las comidas eran preparadas y envasadas en Konoha, Kentucky, proporcionando así trabajo a miles de habitantes de un pueblo que, una vez, había alcanzado una tasa de desempleo del cincuenta y dos por ciento. "Y los pocos que sí tenían trabajo, era en los suburbios -afirmaba el artículo-. Pero Itachi Uchiha cambió todo eso".

Había otros artículos que se centraban menos en los hechos y más en la filosofía de la razón que había llevado a Uchiha a hacerlo. "¿Qué gana con eso?", era la pregunta que se hacía todo el mundo. ¿Por qué ese hombre había renunciado a tanto para ganar tan poco? Se llegó incluso a rumorear que Itachi Uchiha no poseía ni una sola acción en Chouji y Compañía, pero nadie lo creyó.

Sakura dejó de leer los artículos y cerró los ojos. ¿Cómo reaccionaría al verlo de nuevo? ¿Los últimos dos años lo habrían cambiado? No se había escrito prácticamente nada sobre su vida personal, de modo que lo único que ella sabía era que salía mucho con mujeres, pero que todavía no se había casado.

—Duerme —se dijo en voz alta, como si pudiera ordenárselo a su mente. Pero cuando vio que no conseguía conciliar el sueño, sacó su carpeta y comenzó a dibujar. Hacía frío en el avión; ella había leído en alguna parte que las líneas aéreas mantenían esa temperatura en las cabinas para que los pasajeros estuvieran quietos en sus asientos. Cuando la temperatura era más alta, los pasajeros se despertaban y comenzaban a conversar y a caminar por los pasillos. Es como si fuéramos lagartos, pensó Sakura en aquella ocasión.

Tsunade le había dicho que Itachi quería algo que tuviera que ver con Las mil y una noches, así que Sakura había pasado bastante tiempo mirando ilustraciones para tener idea de qué hacer. Puesto que todas las historias eran sobre sexo o violencia extrema, se preguntó qué haría para ilustrarlas en una biblioteca pública.

—Puedes hacerlo —le había dicho Tsunade—. Y también puedes soportar ver de nuevo a Itachi. Él sigue enamorado de ti y de Sasuke.

—Me lo imagino —se burló Sakura—. Por eso ha salido prácticamente con todas las mujeres de Konoha. Al menos eso es lo que se sostenía en el artículo de una revista. Además, no empleó mucho tiempo en tratar de encontrarme, ¿verdad?

—Sakura, él... —comenzó a decir Tsunade, pero Sakura la interrumpió.

—Mira, no hubo nada entre nosotros por aquel entonces, salvo que él creía que yo era un objeto para ejercer su caridad. Le divirtió tanto jugar a Papá Noel conmigo, que decidió hacerlo con toda Konoha. ¿Todavía no le han hecho un monumento?

—Sakura, no es así. Las cosas no le resultan fáciles a Itachi aquí. Deberías conocer a Hanabi.

—Ah. Sí, claro. Recuerda que solo pienso quedar me seis semanas en Konoha. Tal vez en ese lapso no tendré tiempo de conocer a todas las mujeres con las que tuvo relación.

—Muy bien —agregó Tsunade—. Como quieras. Lo único que te pido es que vuelvas aquí con mi nieto para que yo pueda verlo. Por favor, te lo suplico. No puedes ser tan cruel como para negarle a una abuela...

— ¡Está bien! —Aceptó Sakura—. Lo haré. ¿Él sabe que yo pintaré el mural?

—No. Ni siquiera tiene idea de que alguien conozca tu paradero. Bueno, tampoco yo lo supe hasta hace muy poco. Así que, dime, ¿mi nieto llegó alguna vez a gatear?

—No. Pasó de estar sentado a correr. Tsunade, ¿me harías el favor de ceder un poco con lo de la culpa?

—No. Me creo bastante hábil en ese sentido. ¿Tú no opinas lo mismo?

A pesar de sí misma, Sakura sonrió.

—La mejor —asintió en voz baja—. Sí, eres la mejor.

De modo que ahora Sakura estaba en el avión con Sasuke dormido junto a ella. Regresaba a Konoha y pronto vería al hombre que durante dos años la había acosado en sus pensamientos. Pero, a pesar de sus re cuerdos, de todo lo que había leído y de lo que Tsunade le había contado, sabía que había hecho lo correcto al dejar a Itachi dos años antes. A lo mejor él no había cambiado, quizá seguía tratando de abrirse camino con dinero para conseguir lo que deseaba, pero ella sí había cambiado. Ya no era la inocente y pequeña Sakura que esperaba que apareciera un hombre que la cuidara. Ahora, retrospectivamente, pensó que tal vez esas eran sus expectativas cuando conoció a Itachi.

Pero, de alguna manera, bien temprano aquel día de Navidad, había reunido el coraje suficiente para irse de allí. Ahora, dos años más tarde, seguía maravillándole haber tenido ese coraje, un coraje nacido del miedo, porque avizoraba un futuro sin libertad, un futuro en el que ella, Sasuke y los otros hijos que tuviera serían devorados por la máquina que era Itachi Uchiha.

Así que tomó un autobús y se fue a Nueva York, donde llamó a una compañera suya de la secundaria. A lo largo de los años se habían mantenido en contacto, y ella se alegró muchísimo por la llegada de Sakura. Fue precisamente esa amiga la que ayudó a Sakura a entrar en una agencia de publicidad para mostrarle sus dibujos a un editor, y cuando Sakura consiguió un empleo para ilustrar libros infantiles, su amiga le echó una mano para que encontrara un apartamento y a alguien que cuidara a Sasuke. Desde luego, las perlas que Naruto le había regalado representaron una gran ayuda. Quedó anonadada al enterarse de que eran auténticas, y el dinero que recibió al venderlas le sirvió para amueblar el apartamento y pagar cuatro meses de alquiler.

Le había ido bien, pensó al mirar su cuaderno de dibujos. No era rica ni famosa, pero ganaba suficiente dinero para mantenerse. Y Sasuke era feliz. Asistía a un grupo de juegos tres veces por semana, y Sakura pasaba con él todo el tiempo que no estaba trabajando.

En lo relativo a hombres, Sakura no tenía mucho tiempo para ellos. Entre el trabajo y Sasuke, las horas del día no le alcanzaban. Con frecuencia los fines de semana ella y Sasuke salían con su editora, su marido Alex y la hija de ambos. Alex jugaba con Sasuke de esa manera tan particular que tienen los varones y que parecía encantar al pequeño. Sakura pensó que, tal vez pronto, comenzaría a pensar de nuevo en los hombres, pero no todavía.

Deprisa empezó a bosquejar algunas ideas para los murales, y no le sorprendió comprobar que casi todos los hombres de los dibujos se parecían a Itachi.

Cuando el avión aterrizó, Sakura tenía el corazón en la boca. Con suavidad despertó a Sasuke, quien comenzó a quejarse porque no había terminado su siesta, pero cuando vio que estaban en un lugar nuevo, la curiosidad pudo más que las protestas. Una vez en la terminal, resultó difícil sostener a un Sasuke decidido a subirse a la cinta transportadora de equipaje.

De acuerdo con lo prometido, Tsunade había enviado un automóvil con chofer a buscarla; las instrucciones de este eran llevar a Sakura y a Sasuke directamente a su casa.

Pero Sakura tenía otras ideas.

—Nos bajaremos aquí —le dijo al conductor al llegar a la calle principal de Konoha—. Por favor, dígale a mi suegra que estaremos en su casa dentro de aproximadamente una hora. —Quería ver personalmente los cambios acerca de los cuales había leído. Llevando de la mano a Sasuke, se puso a caminar lentamente por la calle y a observar cada tienda.

Había creído tener idea de lo que Itachi le haría a Konoha, pero se equivocaba. Pensó que la convertiría en una Nueva York diminuta, con boutiques de Versace e infinidad de galerías de arte. Pero no fue así. Había reparado y pintado lo que ya había, y eliminado la modernización de muchas de las tiendas. En cierta forma, caminar por sus calles era como dar un paso atrás en el tiempo, excepto que no resultaba extraño. No era como una especie de escenografía o una de esas ciudades recreadas que se podían encontrar en los parques de atracciones.

No, Konoha tenía el aspecto de aquello en lo que se había convertido: en una ciudad rural próspera y saludable, con muchos habitantes y negocios que iban bien. Sakura caminaba con lentitud y Sasuke se giraba y se contorsionaba para verlo todo, porque le encantaba ver gente y cosas nuevas.

De pronto, Sasuke se frenó en seco frente a un escaparate, y casi hizo tropezar a Sakura. Se exhibían una serie de molinillos que un ventilador hacía girar sin cesar. Lo primero que Sakura pensó fue que eran solo molinillos, nada especial, pero después comprendió que, para una criatura acostumbrada a juguetes ruidosos y complicados, esos molinillos eran algo maravilloso.

—Ven, entremos —dijo, y una sonrisa iluminó la cara de Sasuke.

Minutos más tarde los dos salían de la tienda; Sasuke, con un brillante molinillo azul en una mano y un caramelo en la otra.

En el fondo de la calle estaba la biblioteca de Konoha. La puerta principal se encontraba abierta y junto al bordillo de la acera había algunos camiones y obreros que entraban y salían del edificio.

Sakura respiró hondo. Pronto vería a Itachi; lo pre sentía. Aunque hubiera pasado poco tiempo con él, era como si ahora toda Konoha estuviera llena de su presencia. Hacia donde mirara, todo le recordaba a Itachi. Aquí es donde le compramos a Sasuke un par de zapatos, pensó. Y, aquí, Itachi me hizo reír. Y aquí...

— ¿Entramos? —le preguntó a Sasuke y lo miró mientras él chupaba su caramelo—. Este es el lugar donde trabajará tu mamá.

Sasuke asintió y después miró su molinillo que en ese momento una brisa hacía girar.

Sakura hizo otra inspiración profunda y subió los escalones, con Sasuke al lado. Al principio, el interior estaba demasiado oscuro como para ver nada, pero cuando sus ojos se adaptaron a la penumbra vio que los obreros casi habían terminado. En ese momento retiraban los andamios y dejaban paredes enyesadas y limpias, listas para acoger sus murales. Vio que tendría que pintar alrededor del frente del mostrador de salida, después subir, pintar arriba y volver a bajar. Había una gran pared en blanco en el sector de lectura, y Sakura dio por sentado que allí iría el mural principal.

Mientras contemplaba las paredes y pensaba en cómo encajaría en ellas lo que había planeado pintar, del fondo apareció un hombre seguido por una mujer morena y bonita. En cuanto Sakura se dio cuenta de que era Itachi, dio un paso atrás hacia las sombras y permaneció quieta. Él estudiaba un juego de planos, y la mujer parecía muy contenta de estar de pie junto a él en silencio.

Entonces Sakura se situó en un lugar donde él no pu diera verla y lo observó. Parecía un poco más viejo; los pliegues que tenía a los lados de la boca se veían algo más profundos. O quizá se debía solo a una ilusión óptica provocada por la luz. Pero su cabellera era la misma: una gran mata de pelo negro casi gris que le rozaba la parte de atrás del cuello.

¡Maldita sea! Estaba todavía más atractivo de lo que recordaba. ¡Maldición, maldición, maldición!

Cuando la morena de las curvas se inclinó hacia él, Sakura tuvo ganas de arrancarle el pelo. "Pero no tengo ningún derecho", murmuró para sí. Sasuke la oyó y la miró. Sakura le alisó el pelo a su hijo, le sonrió y después giró para mirar al hombre que estaba de pie a pocos metros de ellos.

Sakura trató de animarse y de decirse que estaba allí nada más que para hacer un trabajo. Un trabajo que ella necesitaba mucho. Un trabajo que...

Muy bien, se dijo. Trata de que se te pase. Olvídate de Itachi. Recuerda la jugarreta que te hizo. Recuerda todas las fotos suyas que viste del brazo de una mujer despampanante.

Sakura hizo una inspiración profunda, apretó más la mano de Sasuke y dio un paso adelante. Antes de que él hubiera girado y la hubiera visto, ella dijo:

—Itachi, qué gusto verte de nuevo.

Cuando él se volvió, ella extendió la mano para estrecharle la suya.

—No has cambiado nada —dijo Sakura y asintió hacia Hanabi, que estaba de pie junto a él—. Veo que sigues siendo un verdadero tenorio —agregó y le hizo un guiño cómplice a Hanabi como si fueran amigas íntimas que comparten un secreto.

Sakura no quería dejar de hablar por miedo a desmayarse. Itachi la miraba con una intensidad que ella casi no podía soportar. Lo único que quería era echarle los brazos al cuello y...

— ¿Dónde has estado? —preguntó él, y por su tono dio la impresión de que ella se hubiera ido a la tienda de comestibles y hubiera tardado cinco horas en regresar.

—Bueno, aquí y allá. ¿Y tú? Como si necesitara preguntártelo. —Sabía que se estaba portando como una tonta, pero esa morena era todo lo que ella no era y eso le molestaba. Por supuesto que no podía tratarse de celos. Pero Sakura deseó tener un novio cuyo nombre pudiera dejar caer como por casualidad.

—Pues parece que a ti te ha ido muy bien —comentó él y con la cabeza indicó el abrigo y la bufanda que ella tenía alrededor del cuello. Debajo, llevaba un suéter de cachemira, pantalones de lana y botas suaves de cabritilla. El oro resplandecía en sus orejas, cuello, muñecas y hasta en la hebilla del cinturón.

—Sí, bueno, bastante bien. Pero, como... —Frenéticamente miró en todas direcciones y, de pronto, vio una gran bolsa de patatas fritas de Mc Donals—. Como Donald dice, me llevo bien con las cosas lindas.

Itachi la miró con severidad, y Sakura sonrió por dentro. El corazón le latía a toda velocidad por su mentira, pero entonces miró a Hanabi y no pudo evitar seguir:

—Sasuke, ven aquí y saluda a un viejo amigo mío. Y tuyo.

Alzó a Sasuke, que miraba a Itachi con intensidad como si tratara de situarlo. Itachi habría querido levantar a Sasuke en sus brazos, pero prevaleció su orgullo.

¿Qué esperaba? ¿Que Sakura volviera algún día a su vida, llorando y diciendo que lo necesitaba, que el mundo era un lugar frío y cruel, y que le hacía falta la protección de sus brazos? ¿Eso era lo que esperaba? En cambio, había sucedido lo que todo el mundo dijo que sucede ría: ella había continuado con su vida, mientras Itachi había permanecido inmóvil, esperando.

Y, ahora, ¿debía decirle que ella lo significaba todo para él? ¿Que mientras ella tenía una loca aventura amorosa con un tipo llamado Donald, él había pensado en ella todos los minutos, todos los días? ¡De ninguna manera! ¡No podría rebajar su orgullo por un tipo con nombre de pato!

De pronto, mientras él trataba de pensar en cómo responderle a Sakura, Hanabi le pasó un brazo por la cintura y lo apretó contra su cuerpo de una manera que sugería una gran intimidad entre los dos.

—Mi amor, ¿Sasuke no te parece una criatura preciosa? —Dijo Hanabi, sin prestar atención a la mirada asesina de Itachi—. No puedo esperar a que tengamos uno propio.

— ¿Mi amor? —dijo Sakura, y a Itachi le sorprendió advertir que ella parecía un poco alterada.

Una vez más, intervino la exageradamente servicial Hanabi:

—Ah, eso. Bueno, a Itachi no le gusta que yo le llame "mi amor" en público, pero yo insisto en que no haga una montaña, que las parejas comprometidas pueden decirse cosas tontas siempre.

— ¿Estáis comprometidos? —preguntó Sakura con un hilo de voz.

Itachi comenzó a tratar de sacar el brazo de Hanabi de su cintura, pero ella le agarró los dedos y se inclinó hacia él como si fueran mellizos siameses unidos por las caderas.

—Sí, por supuesto —ronroneó Hanabi—. Nos casaremos dentro de seis semanas y tenemos tantas cosas que comprar para la casa... En realidad, todavía ni siquiera hemos comprado la casa.

Itachi tuvo que contenerse para no mirar a Hanabi con desesperación. Ella creía estar ayudándolo al in ventar esa historia, pero esta vez había ido demasiado lejos. ¿Cómo demonios lo haría para salir de ese embrollo? ¿Qué explicación le daría a Sakura? Y ella, ¿le creería?

—Estoy segura de que Itachi puede darse el lujo de comprar cualquier casa que desees —dijo Sakura.

—Sí, claro, y sé exactamente qué casa quiero, pero él no está de acuerdo. ¿No es un hombre muy malo? —Le dio un golpecito a Itachi en el brazo y no prestó atención a su mirada de furia.

—Sí, terrible —respondió Sakura en voz muy baja.

—Pero supongo que tu Donald te compraría la mejor casa que hubiera —agregó Hanabi, Sakura enderezó la columna.

—Desde luego que sí. La más grande y la mejor. Lo único que yo tendría que hacer sería insinuárselo y la casa sería mía. Estoy segura de que Itachi hará lo mismo por ti.

—Bueno, cuando consiga que él acepte, tú debes ayudarme a elegir los muebles.

— ¿Yo? —preguntó Sakura, atónita.

—Tú eres la artista, ¿no?

Por un momento, tanto Sakura como Itachi se queda ron mirándola.

—En realidad lo soy, pero ¿cómo lo supiste tú? —preguntó Sakura.

—Tienes aspecto de pintora. Todo lo que llevas puesto armoniza. A mí, en cambio, me cuesta combinar el blanco con el negro. ¿No es verdad, querido? Pero Itachi me ama tal como soy, ¿no es verdad, tesoro?

De nuevo Itachi trató de soltarse de Hanabi, pero era demasiada la fuerza con que ella lo sujetaba. Se le cruzó por la mente golpearle la cabeza con una caja que había cerca, pero después decidió que lo mejor sería explicarle a Sakura la verdad de la situación cuando estuvieran a solas.

— ¿Tú eres la que pintará los murales? —Preguntó Itachi mientras deslizaba una mano hacia atrás para poder despegarla de Hanabi.

—Sí —respondió Sakura con tono solemne, ya no efervescente—. Tsunade me dijo que hubo una confusión con respecto a las fechas y lo que debía pintarse, y me pidió que le echara una mano. Traje algunos bocetos que quizá tú... —Se interrumpió porque Itachi acababa de lanzar un gruñido como si algo lo hubiera lastima do—. ¿Te sientes bien?

—Desde luego —contestó él y con la mano libre se frotó un costado como si le doliera—. Me gustaría ver tus bocetos. Tal vez podríamos reunirnos esta noche y...

—Nada de eso, mi amor. Me prometiste que esta noche elegiríamos la vajilla y los cubiertos. Pensamos comprar Noritake y objetos de plata de primera ley —le dijo a Sakura—. Mi Itachi es tan generoso, ¿verdad que sí, mi cielo? Bueno, con respecto a todo menos con lo de la casa.

—Quizá existen límites para la generosidad de todo hombre —sentenció Sakura y miró a Hanabi con expresión asesina.

—Apuesto a que Donald es muy generoso, ¿verdad? Quiero decir, mira el abrigo que llevas puesto. Es generoso, ¿no?

—Sí, por supuesto —respondió Sakura, la vista fija en Itachi, deseando no haber inventado a Donald y desean do haberle dicho la verdad. Deseando... — ¿Cuándo quieres ver los bocetos? —Le preguntó— Creo que deberías aprobarlos antes de que yo empiece a pintar. Además, necesitaré algunos asistentes, personas que puedan ocuparse del trabajo de relleno.

—Por supuesto, lo que necesites —dijo Itachi al lograr por fin apartar las manos de Hanabi de su cuerpo. Pero tan pronto estuvo libre, Hanabi se interpuso entre los dos.

—Es justo lo que él me dice todo el tiempo. Lo que necesites, Hanabi. Cualquier cosa, en cualquier momento. Así que es un poco raro que no quiera comprarme una casa, ¿no te parece? A lo mejor tú logras persuadirlo.

—Quizá —dijo Sakura y después miró su reloj —Caramba, tengo que irme. Mi suegra me...

—Ah, entonces estás casada —dijo Hanabi.

—Soy viuda.

—Una pena. Lo siento tanto... ¿Cuándo murió Donald?

—Él no murió. Él... De verdad debo irme. Itachi, fue un placer volver a verte. Me hospedaré en casa de Tsunade, así que si necesitas hablar conmigo sobre... sobre el trabajo, ya conoces el número de teléfono. —Tomó la mano de Sasuke y prácticamente salió corriendo del edificio.

Una vez fuera, el automóvil con chofer que Tsunade había enviado al aeropuerto a buscarla la estaba esperando.

—Espero que no le importe, señorita —dijo el cho fer cuando ella y Sasuke subieron al auto—, pero la señora Tsunade me envió aquí para que los llevara a los dos a su casa.

—No, no —se apresuró a decir Sakura—. No me importa. ¡Sólo le pido que nos lleve rápido!

"Antes de que me ponga a llorar", podría haber agregado.

Pero logró reprimir las lágrimas hasta llegar a casa de Tsunade, donde descubrió que su suegra había con tratado a una niñera para ayudarla con Sasuke. Minutos después, Sasuke había decidido que esa mujer le gustaba, y los dos se fueron a la cocina a beber chocolate.

—Todo —Dijo Tsunade—. Quiero saber en detalle qué es lo que te pasa.

—Acabo de arruinarme la vida, eso es todo —con testó Sakura, mientras sollozaba con una pila de pañuelos de papel que Tsunade le pasó.

—No sería la primera vez...

— ¿Qué? —Sakura la miró con ojos enrojecidos.

—Sakura, querida, te casaste con un hombre que era alcohólico y drogadicto, lo cual, que Dios guarde su alma y a pesar de que era mi único hijo, fue una elección desastrosa. Después, un hombre rico y apuesto se enamoró locamente de ti, y no se te ocurrió nada mejor que huir de su lado con solo la ropa que llevabas puesta. Y, además, con una criatura a la que man tener. Así que yo diría que ya te arruinaste la vida varias veces.

Sakura comenzó a llorar de forma desconsolada.

—A ver. ¿Qué hiciste esta vez?

—Le dije a Itachi que estaba enamorada de otro hombre, nada más que porque ella era muy bonita y los dos estaban tan juntos y fue como si yo me hubiera ido ayer y creo que todavía estoy enamorada de él, pero nada ha cambiado. Itachi sigue siendo el mismo hombre del que huí. Sigue comprando y vendiendo ciudades enteras, y todas esas mujeres suyas son tan hermosas y...

—Aguarda un minuto. Serénate. Hablas como si yo supiera la razón por la que te fuiste y dónde estuviste con mi nieto durante estos últimos dos años. Y si mis palabras te hacen sentirte culpable, esa es mi intención. Ahora, tranquilízate y cuéntame por qué accediste a volver si no creías seguir enamorada de Itachi.

—Mi editora quiere que acepte este trabajo para que podamos usar una cita del presidente en mi próximo libro.

— ¿Cómo empezaste con eso de publicar libros? —Sakura se secó un poco los ojos.

—En Nueva York conseguí un trabajo como ilustradora de libros infantiles. Me ha ido bastante bien y algunos ilustradores realmente reconocidos me...

Tsunade movió una mano.

—Me contarás todo eso después. ¿Qué pasó con Itachi esta mañana?

—Está comprometido para casarse.

— ¿Está qué?

—Que va a casarse. Pero ¿qué esperaba yo? ¿Que siguiera pendiente de mí todo este tiempo? En estos dos años solo acepté dos invitaciones de hombres, y fue porque eran para almorzar, así que podía llevar también a Sasuke. Pero a Sasuke no le gustó ninguno de los hombres. De hecho, con uno, Sasuke... bueno, en realidad fue muy divertido, aunque a él no le pareciera lo mismo. Sasuke y yo lo conocimos en Central Park y... —Calló porque Tsunade la miraba con reprobación—. Está bien, trataré de no irme por las ramas.

—Sí. Concéntrate en Itachi. ¿Con quién está comprometido?

—Se llama Hanabi, y hasta tú trataste de advertir me con respecto a ella.

Tsunade quedó tan boquiabierta que la mandíbula casi le tocó las rodillas.

Pero Sakura no pareció notarlo.

—Es hermosa: alta, lindo pelo negro, llena de curvas... Es lógico que Itachi se haya enamorado de ella. ¿Por qué ríes? ¿Mi desdicha te hace tanta gracia?

—Lo siento. Pero ¡Hanabi! Tienes que contármelo todo: cada palabra que se dijo, cada gesto, todo.

—No creo que quiera hacerlo si te vas a burlar de mí. De hecho, creo que quizá Sasuke y yo deberíamos alojarnos en otra parte.

—Itachi no está comprometido con Hanabi. Ella es su secretaria, y aunque se trata de una muchacha muy dulce, lamentablemente es la peor secretaria del mundo.

—No hace falta ser eficiente para que alguien te ame. Yo siempre fui...

—Itachi una vez le dijo a Hanabi que pidiera pato a la naranja para una cena que les ofrecería a los patrocinadores de la construcción de la nueva piscina municipal. Hanabi entendió que él quería patos de color naranja, así que hizo llenar la piscina con cien kilos de gelatina de ese color y, después, que un granjero descargara cuatrocientos pollos en el edificio, y eso porque no encontró un criadero de patos.

Sakura se quedó mirando fijo a Tsunade.

—Acabas de inventártelo.

—Cuando Itachi se puso furioso, ella pensó que era porque había pollos en lugar de patos.

Tsunade hizo una pausa para dejar que Sakura asimilara lo que acababa de contarle.

—Hanabi archiva todo según el color que siente que tiene ese papel. No por el color que tiene, si no solo por el color que cree que tiene. El problema surge cuan do trata de encontrar algo, porque solo sabe lo que siente cuando lo toca.

—Entiendo —dijo Sakura—. Y si no encuentra el papel, ¿cómo sabe qué color siente que tiene si no lo encuentra?

—Exactamente. Hanabi ordenó carteles nuevos para todas las tiendas de la ciudad. Cuando los trajeron no decían Konoha sino Toronja.

Sakura se echó a reír.

—Hanabi colecciona clips para papel de color rojo. Pregúntale sobre ellos. Es capaz de hablar horas acerca de su colección. Tiene clips rojos para papel de todas las librerías que existen en doscientos cincuenta kilómetros a la redonda, y ella te dirá que lo más sorprendente es que «todos proceden de la misma compañía».

Sakura comenzó a reír con ganas.

— ¿E Itachi quiere casarse con ella?

—Lo que Itachi quiere es matarla. Todos los días me llama para contarme el último método que se le ha ocurrido para matarla. Puede ser realmente ingenioso. Me gustó uno en el que la aplastaba bajo una montaña de clips rojos, pero le comenté que a ella eso podría proporcionarle demasiado placer.

—Si es tan inútil, ¿por qué la contrató Itachi? ¿O por qué la conserva como secretaria? ¿Y por qué la abrazaba?

—Hanabi tal vez sea un desastre en su trabajo, pero, para empezar, no fue precisamente idea suya ser secretaria —explicó Tsunade con una ceja levantada—. Verás, es la hermana de la antigua secretaria de Itachi, la formidable Hinata.

—Sí, por supuesto. Hinata lo hacía todo para Itachi. Lo ayudó con todas esas cosas para mí.

—Sí, sí, Itachi se comportó de forma abominable. Le compró ropa a tu hijo, hizo los arreglos necesarios para que disfrutaras de una salida nocturna fabulosa, convirtió la Navidad en un sueño hecho realidad y... está bien, no seguiré. Sea como fuere, Hinata se casó con Naruto y...

— ¿Naruto? ¿El doctor Naruto? ¿El hermano de Itachi?

—El mismo. Hinata se alojaba en casa de Naruto mientras Itachi estaba en la tuya, y llegaron a conocerse bastante bien y, bueno... De todos modos, Itachi nunca consiguió reemplazar a Hinata, así que cuando ella le suplicó que cogiera a su hermana, él lo hizo. Pero des de el primer día quiso despedir a Hanabi porque le vendió su automóvil por un dólar... no, esa es otra historia. Ese día descubrió que Hinata estaba embarazada, y Naruto le dijo que si echaba a su hermana su esposa perdería el bebé.

—Mi marido murió mientras yo estaba embaraza da, pero yo no perdí a mi hijo —razonó Sakura.

—Shhh. No nos contemos nuestros pequeños secretos, ¿de acuerdo? Estoy segura de que lo que Naruto quería era paz, así que una vez más logró hacer caer en la trampa a su hermano mayor. —Tsunade hizo una pausa para reír por lo bajo—. Itachi dice constantemente que quiere regresar a Nueva York, donde la gente es menos tramposa, taimada y retorcida que aquí, en Konoha.

»Sea como fuere, Itachi aceptó no despedir a Hanabi hasta que Hinata tuviera su bebé, y la última noticia que tuve fue que el parto llevaba dos semanas de retraso. Sin embargo, apuesto cualquier cosa a que cuando el bebé nazca, Naruto encontrará otro motivo para que su her mano no eche a Hanabi. Te confieso que tengo miedo de que, si Itachi no la despide pronto, termine por asesinarla.

—O se case con ella —acotó Sakura.

—Quiero que me lo cuentes bien —Dijo Tsunade, ahora seria—. ¿Qué fue exactamente lo que dijo Hanabi?

—Algo acerca de casas y cubiertos de plata... No lo sé. Yo me sentí muy mal, y a Sasuke le gusta Itachi.

— ¿Cómo lo sabes?

—Porque ella me lo dijo. Me dijo que estaban eligiendo la vajilla y que...

—No, lo que quiero saber es cómo sabes que a Sasuke le gusta Itachi.

—Porque le interesó más Itachi que sacar libros de los estantes o tratar de ver qué había en las latas de pintura. Y se quedó junto a mí sin hacer ninguna travesura. Pero, bueno, Sasuke siempre le tuvo mucho afecto.

Tsunade escuchó todo sin decir palabra y después miró a Sakura con ojos entrecerrados.

—Mi nieto necesita un padre. Y tú necesitas un marido. Ya he tenido suficiente de eso de que tú vivas en secreto en alguna otra parte y yo no pueda ver a mi único nieto cada vez que quiera y…

—Por favor, Tsunade. Ya me siento suficientemen te mal.

—No lo suficiente como para compensarme por perder dos años de la vida de mi nieto —saltó Tsunade. Al oír esas palabras, Sakura se puso de pie.

—Creo que debería irme.

—Sí —dijo Tsunade—. Deberías irte. Deberías huir de aquí, igual que cuando Itachi quería que fueras su es posa. —Bajó la voz—. E igual que hiciste cuando te casaste con Rock Lee.

— ¡Yo no hice nada semejante! —protestó Sakura, pero volvió a sentarse—. Lee siempre fue bueno con migo. Él...

—Él te dio una razón para esconderte. Él te dio una razón para que te mantuvieras alejada de todo en la vida. Así podías tener un bebé y quedarte encerrada en esa casa vieja, y nadie esperaría ya nada de la esposa del borracho del pueblo, ¿verdad? ¿Pensaste que yo no sabía lo que estaba pasando? Yo quería a Lee con todo mi corazón, pero sabía cómo era y me di cuenta de lo que estaba sucediendo. Y cuando Lee murió tenías miedo de salir de esa casa. De modo que dime, Sakura, ¿qué hiciste cuando huiste de Itachi? ¿Esconderte más? ¿Te quedaste metida en un apartamento en alguna parte, te pusiste a dibujar pequeños cuadros y solo salías con tu hijo?

—Sí —confesó Sakura mientras de sus ojos volvían a brotar lágrimas que después le rodaban por las mejillas, pero que ella no trató siquiera de secar.

—Muy bien, Sakura, te diré algunas verdades muy duras. Hiciste daño a Itachi Uchiha hasta un yunto del que no sé si logrará recuperarse alguna vez. El ha tenido una vida difícil y aprendió a no regalar su amor con facilidad. Pero te lo ofreció a ti y a Sasuke, y tú le escupiste en los ojos y te alejaste de él. Realmente lo heriste mucho.

Sakura respiró hondo.

— ¿Qué puedo hacer para recuperarlo? Esta maña na me porté mal. Mentí y dije cosas espantosas. ¿Debe ría ir a verlo y contarle la verdad?

— ¿Te propones decirle que aprendiste la lección y que lo amas tanto que te duele?

—Sí. Oh, sí. Yo no sabía cuánto lo quería hasta que volví a verlo.

—Querida, si vas y le dices a un hombre que te comportaste mal, pasarás el resto de tu vida disculpándote con él.

— ¿Qué? Pero acabas de decir que yo lo lastimé mucho. ¿No debería decirle que lamento haberlo hecho sufrir?

—Hazlo y te arrepentirás.

Sakura se metió un dedo en la oreja y lo movió como si quisiera destaparse el oído.

—Perdóname, pero creo que me he vuelto sorda. ¿Podrías repetírmelo?

—Mira, si amas a un hombre, tienes que hacer que él venga a ti. Tú sabes que lamentas haberte ido, pero no puedes permitir que él lo sepa. Verás, para un hombre la conquista lo es todo. Él tiene que ganarte.

—Pero ya lo hizo. Ya antes hizo todo lo que estaba a su alcance por Sasuke y por mí, pero yo tuve la idea ge nial de que quería...

Tsunade la interrumpió.

— ¿A quién le importa el pasado?

—Pero acabas de decir que yo huí de aquí, que me escondí y…

—Y así fue. Ahora, escúchame. Acaba de ocurrírseme un plan. Es un plan con mayúsculas. Cuando terminemos con Itachi Uchiha, él ni siquiera sabrá qué fue lo que lo golpeó.

—Creo que sigo sufriendo de jet lag y que no oigo bien. Me pareció que estabas de parte de él. Que yo era la mala de la película.

—Es verdad, pero ¿eso qué tiene que ver? Mira, no se puede ganar a un hombre con disculpas y verdades. Nada de eso. Se ganan con mentiras, tretas y subterfugios. Y, bueno, la ropa interior también ayuda.

Lo único que pudo hacer Sakura fue parpadear a esa mujer de pechos estrafalarios. Tsunade no parecía ser el tipo de mujer que emplea subterfugios con un hombre. Tenía más el aspecto de las que atrapan con el lazo a un hombre y luego lo marcan.

— ¿Ropa interior? —logró balbucear Sakura.

— ¿Alguna vez te preocupaste por poner en forma ese cuerpo que tienes?

—Yo, bueno...

—Eso me pareció. Pues bien, le pediré a Sai, mi peluquero, que haga algo contigo. Frente a Itachi, por supuesto. Y quizá hasta logremos que Hanabi consiga su casa. ¿Por qué no? Itachi puede gastar ese dinero y lo más probable es que Hanabi se case con algún hombre maravilloso que le haga perder la cabeza, de modo que necesitará una casa. Y tú necesitarás mucha ayuda con ese mural. Y.. ¿por qué me miras así?

—No creo haberte visto nunca así.

—Querida, todavía no has visto nada. Vamos ahora a ver a mi nieto.


¡Sakura regresa a toda carga! Tsunade, su peluquero y su astucia ¡AL ATAQUE!