Naruto no me pertenece y la historia es una mera adaptación.

Dedicado a Glaceon44 (y por favor no me mates T_T) y a MarianitaUchiha (que me manda MPs de apoyo incondicional justo cuando tengo la intensión de actualizar pero la PC no opina lo mismo).

Lamento la tardanza, espero haya valido la pena. Y si ven silabas separadas, culpen a Fanfiction (al igual que el reemplazo de algunas I por 1)


- Capítulo 18 -

Cuando Sakura despertó, dos mañanas más tarde, sabía exactamente dónde estaba. Se encontraba en lo que alguna vez había sido su propio dormitorio en la casa de Salma. Muy despacio, apartó el cobertor y se dirigió al cuarto de al lado a ver a Sasuke. Estaba profundamente dormido, boca abajo, y parecía no haberse movido en toda la noche.

Pobrecito, pensó. Lo más probable es que duerma otro par de horas.

Después de taparlo bien y de apartarle un poco el pelo, fue a la cocina. Pero esa cocina no se parecía en nada a la vieja cocina en la que alguna vez había tratado de cocinar. No había más electrodomésticos rotos y oxidados, ni linóleo rajado y estriado.

A Sakura no le sorprendió ver que había café recién hecho en una cafetera automática y panecillos, todavía calientes, sobre la mesa. «Con cariño, Chouji», decía la tarjeta que estaba junto a la cafetera. Movida por una corazonada, abrió la puerta de la nevera y no le sor prendió descubrir que estaba repleta. Había un bol con crépes y fresones para el desayuno de Sasuke, con un lazo rojo atado sobre la parte superior de una pequeña canasta. El que de alguna manera Chouji estuviera enterado de que ella y Sasuke se hospedaban ahora en la casa en la que el pequeño había pasado sus primeros siete meses de vida no le pareció extraordinario. Nadie mantenía nada en secreto en Konoha.

Con café, dos panecillos y un huevo duro caliente en la mano, fue a la sala y sonrió al ver fuego en la chimenea, un fuego que no producía humo. Sería maravilloso sentarse allí a desayunar y a pensar en paz acerca de cómo había llegado allí en apenas veinticuatro horas. Todo empezó porque Sasuke no quiso quedarse con Tsunade y la nueva niñera, pensó Sakura con una sonrisa. Pero, por otro lado, ¿acaso no había empezado todo con Sasuke?

El día anterior, al entrar en la biblioteca, Sakura sintió caliente el cuerpo de Sasuke cuando se recostó contra ella y apoyó la cabeza en su hombro como lo hacía cuando estaba dolorido o, como en ese momento, agotado. Las nueve y media, pensó ella. Habría querido tener ya dos de los bocetos encajados en las paredes a esa hora, pero en cambio apenas hacía que llegar a la biblioteca.

Itachi la había recibido con cara de furia.

— ¿Cómo esperas tener esto listo dentro de seis se manas? —preguntó, muy enojado—. ¿Acaso ignoras la presión a que estamos sometidos por los plazos? La inauguración de la biblioteca está prevista para dentro de seis semanas. Vendrá el presidente. Tal vez eso no signifique mucho para ti, pero significa mucho para la gente de Konoha.

—Calla un momento, ¿quieres? —le ordenó Sakura, nada intimidada—. Y deja de mirarme así. Esta mañana ya he completado mi cuota de hombres malhumorados.

— ¿Hombres? —preguntó Itachi y su rostro se ensombreció—. Supongo que tu... tu...

Sakura sabía que él estaba tratando de decir «novio», pero que la palabra se negaba a salir de sus labios tensos. Tal vez con el tiempo sería divertido poner en práctica el pequeño juego planeado por Tsunade, pero no en ese momento. Ahora ella estaba demasiado cansada.

Fue como si, de pronto, Itachi le hubiera leído el pensamiento.

—Sasuke —dijo en voz baja—. Te refieres a Sasuke.

—Sí, por supuesto que me refiero a Sasuke. Estuvo despierto casi toda la noche. Creo que estar en un lugar nuevo lo asustó, y después de algunas horas ya no quiso que lo dejáramos en manos de la niñera que Tsunade había contratado. A Sasuke nunca le gustó quedarse con extraños. Es muy selectivo con respecto a las personas que le gustan.

Itachi le dirigió esa mirada especial que quería decir «Así fue como nos metimos en todo esto, al principio», pero no dijo nada. En cambio, con una naturalidad que hacía que pareciera que lo había estado haciendo todos los días durante años, Itachi levantó al alto, pesado y dormido muchachito y se lo colocó apoyado sobre un hombro, donde Sasuke se quedó completamente relajado.

—Está exhausto —contestó Itachi y frunció el entrecejo.

— ¿Él está exhausto? ¿Y yo?

—Desde que te conozco, nunca tuviste sueño —dijo Itachi, y sus labios se abrieron en una sonrisa.

—Es verdad —replicó ella y le devolvió la sonrisa.

—Ven —dijo Itachi y se dirigió a las puertas dobles que había al fondo de la habitación. Cuando abrió una, Sakura contuvo la respiración.

—Hermosa, ¿no? —dijo Itachi por encima del hombro y en voz muy baja para no despertar a Sasuke—. Este es el cuarto que los Konoha mandaron construir para que, si deseaban ir a la biblioteca, no tuvieran que sentarse con el populacho.

La habitación era realmente bonita, pero no porque hubiera en ella nada fuera de lo común; ni molduras talladas a mano, ni azulejos importados. Lo que hacía que ese cuarto fuera tan hermoso eran sus proporciones, con ventanas que cubrían todo un lado y que daban a un pequeño jardín en la parte de atrás de la biblioteca. Sakura se acercó a las ventanas, miró hacia fuera y vio que el jardín estaba separado por un muro del sector de juegos que había detrás de la parte principal del edificio.

—Dios —exclamó ella—. ¿Es un jardín privado?

—Desde luego. No pensarás que los Konoha querrían jugar con los chicos del pueblo, ¿no?

—Debían de sentirse muy solos, entonces —reflexionó ella. Se giró hacia Itachi y levantó los brazos para tomar a Sasuke—. Dámelo. Se pone muy pesado.

Itachi no se molestó en contestarle, pero con mucho cuidado puso a Sasuke sobre unos almohadones apilados sobre el suelo, y después lo cubrió con una colcha con motivos infantiles.

—Por lo visto estás preparado para las siestas de los chicos —dijo y giró la cabeza para no tener que verlo junto a su hijo. A veces Sasuke miraba a los hombres como si fueran seres de otro planeta, y a Sakura le ponía mal cuerpo pensar que estaba creciendo sin padre.

—Sí —respondió Itachi mientras sostenía abierta la puerta para que ella saliera antes que él del cuarto. Después no la cerró del todo para poder oír a Sasuke si despertaba—. Pienso convertirlo en un salón de lectura para chicos —comentó—. Tendremos cuentistas y tantos libros para chicos como quepan en la habitación. —No le preguntó nada, pero con sus ojos le suplicaba a Sakura que le dijera que le gustaba la idea.

—Los chicos de Konoha son muy afortunados —dijo ella.

—Mmmm, bueno —dijo él, un poco incómodo, pero halagado.

— ¿Por dónde quieres que empiece?

— ¿Qué? —preguntó él y la miró fijo a los ojos.

—Los murales. ¿Recuerdas? Los que no pueden esperar.

—Ah, sí —dijo Itachi—. Los murales. No lo sé. ¿Qué opinas tú?

—Necesito un proyector de diapositivas, algunos asistentes y…

—Solo estoy yo.

— ¿Cómo dices? —preguntó Sakura.

—Yo. Yo soy tu asistente.

—Mira, estoy segura de que eres un genio cuando se trata de remodelar todo un pueblo, pero no creo que sepas pintar camellos. Además, debes de tener mucho que hacer. Después de todo, te estás preparando para tu matrimonio, ¿no?

— ¿Matrimonio? Ah, sí, eso. Mira, Sakura, realmente te debo una explicación.

Una parte de Sakura quería mantener la boca cerrada y escuchar, pero la otra tenía un miedo terrible de oír lo que él tenía que decir. Solía asegurar que había sido muy feliz de casada, pero lo cierto es que la simple idea del matrimonio, incluso quizá también la idea de una relación, le daba un miedo terrible.

— ¿No puede esperar? —preguntó ella, muy nerviosa—. Me refiero a lo que tienes que decirme, ¿no puede esperar? Realmente necesito... llamar a Donald. Debe de estar preocupado por mí.

—Claro —dijo Itachi y le dio la espalda—. Utiliza el teléfono de la oficina.

—Es una llamada de larga distancia.

—Bueno, creo que puedo pagarla —comentó Itachi y regresó al cuarto en el que Sasuke dormía.

—Las cosas entre Itachi y yo son un espanto —le confesó Sakura a Tsunade por teléfono—. Un verdadero espanto. Y no sé durante cuánto tiempo podré continuar con esta farsa.

Hizo una pausa para escuchar.

—No, no me ha pedido que me case con él. Se casará con Hanabi, ¿recuerdas? ¡Deja de reírte de mí! Esto es muy serio.

—No. Sasuke está bien. Está dormido en la sala Konoha. Itachi la convertirá en una sala de lectura para niños. —No, no me estoy ablandando. Es que nunca fue mi especialidad ser retorcida, taimada y engañar a la gente. —Pausa—. Bueno, al que le quede bien el sayo... Espera. Nunca adivinarás quién acaba de entrar. Así es, pero ¿cómo lo supiste? ¿Que tú la enviaste? ¿Y que tú le compraste ese vestido? ¡Tsunade! ¿Qué clase de amiga eres? ¿Hola? ¡Hola!

Con el entrecejo fruncido porque Tsunade le había cortado la comunicación, Sakura dejó el teléfono y des cubrió que la furia contra su suegra le había dado reno vados bríos. También el hecho de ver a Hanabi con un diminuto vestido azul que parecía estar hecho de angora, un vestido que, según acababa de enterarse, le había comprado a esa mujer su suegra, aumentó su furia. ¿De parte de quién estaba Tsunade?

—Hanabi, ¡estás preciosa! —exclamó Sakura al salir de la oficina y después apretó los dientes al ver cómo se contoneaba la rubia mirando a Itachi. Pero cuando advirtió que Itachi la miraba a ella y no a Hanabi, son rió—. ¿Cuándo empezamos a buscar una casa para vosotros y a comprar los muebles?

—Creo que primero necesitarnos que estén terminados los murales —advirtió Itachi con tono severo. —Cada segundo cuenta.

—Tenemos que cenar —sugirió Sakura con voz animada—. ¿Por qué, entonces, camino de una tienda de muebles no nos detenemos en uno de esos lugares que sirven la comida en los coches? O, mejor aún, ¿por qué no vemos antigüedades?

— ¿Muebles usados? —dijo Hanabi, bastante decepcionada—. Yo quiero cosas nuevas.

—Las antigüedades auténticas van aumentando su valor si alguna vez tienes que venderlas —explicó Sakura mirando fijo a Hanabi—. No lo digo porque piense que necesitarás venderlos, pero si compras muebles nuevos, seis semanas después no podrías recuperar lo que pagaste por ellos. Las antigüedades aumentan su valor con el paso de los años. Siempre cabe la posibilidad de venderlas y obtener beneficios.

Con gran solemnidad, Hanabi asintió. —Antigüedades —dijo en voz baja y volvió a asentir. Y, en ese momento, se estableció un lazo entre Sakura y Hanabi. Sakura no estaba segura de cómo supo Hanabi o cómo ella misma supo lo que estaba pasando, pero lo cierto es que las dos lo sabían todo. Hubo una mirada que ambas intercambiaron y que quería decir: «Si tú me ayudas, yo te ayudaré». Hanabi no podía ser tan tonta como para no saber que dentro de muy pocos días perdería su empleo por su total incompetencia, así que ¿por qué no conseguir lo que pudiera mientras tuviera oportunidad de hacerlo?

— Itachi no tiene idea del tiempo que llevan estos planes de boda. Ni tan solo quiere tomarse la molestia de echar un vistazo a todas las cosas que he encontrado en el centro comercial —Hanabi frunció el entrecejo y sacudió la cabeza con decepción.

—Apuesto a que elegiste cristalería Waterford y cubiertos de plata de primera ley, ¿verdad?

La sonrisa de Hanabi se ensanchó.

—Yo sabía que eras una buena persona. ¿No opinas lo mismo, Itachi querido?

—Mira —dijo Itachi y quitó las manos de Hanabi de su brazo—, creo que deberíamos aclarar algo aquí y ahora. Y no estoy...

—Dios mío, mira la hora que es —exclamó Sakura—. ¿No sería mejor que pusiéramos manos a la obra? Y, Itachi, me gustaría mucho que me ayudaras a pintar. Así de paso, te cuento todo lo referente a Arme.

La cara de Itachi se ensombreció.

—Dame una lista de las cosas y las personas que necesitas, y yo me ocuparé de que te llegue todo —dijo él. Dio media vuelta y se fue de la biblioteca.

Por un momento, Sakura y Hanabi se miraron; después, Hanabi preguntó:

— ¿Esta noche?

Sakura asintió y la otra mujer asintió.

Y ese, pensaba ahora Sakura mientras bebía café y comía su panecillo, había sido el principio de uno de los días más extraordinarios de su vida. Al reflexionar retrospectivamente, no pudo precisar quién se había comportado de forma más extraña, si Sasuke, Hanabi o Itachi.

Sonriendo, Sakura se recostó contra los almohadones y trató de ordenar sus pensamientos. Primero su cedió lo de Sasuke. Podía entender el ataque que le dio cuando ella trató de dejarlo con su abuela y la niñera; después de todo, las dos mujeres eran para él perfec tas desconocidas. Y, además, ella y Sasuke no habían esta do más de tres horas separados desde que él nació, así que, de repente, pasar todo un día sin estar juntos habría sido traumático para los dos.

Pero, al final, Sasuke le había molestado al apegarse mucho a Itachi y Hanabi. Me alegra que se lleve bien con otras personas, se dijo Sakura, pero sintió algo de celos.

Todo había empezado en la librería artística adonde Itachi los llevó para que ella comprara lo que necesitaba para su trabajo. Como de costumbre, Sasuke se puso a tocar todo lo que había en la tienda y, también como siempre, Sakura le dijo que no lo hiciera, que no rompiera eso, que no se subiera sobre aquello, que se bajara de aquello otro y...

— ¿Habla? —le preguntó Itachi.

—Cuando quiere —respondió Sakura mientras bajaba a Sasuke de un enorme caballete de madera al que in tentaba subirse.

— ¿Entiende oraciones complejas?

Sakura se apartó un mechón de pelo de los ojos y miró a Itachi.

— ¿Me estás preguntando si mi hijo es inteligente? —Estaba lista para presentar batalla si él insinuaba que, porque el padre de Sasuke era un borracho, tal vez su hijo no fuera tan despierto como debía serlo.

—Lo que te estoy preguntando es qué puede y qué no puede hacer un niño de dos años y... bueno, al diablo con todo. Sasuke, ven aquí.

Esto último lo dijo con autoridad, y a Sakura le fastidió que Sasuke lo obedeciera enseguida. Cuando ella empleaba incluso su tono más severo, lo único que hacía el pequeño era sonreírle y seguir con lo que su madre le había dicho que no hiciera.

Itachi se arrodilló para quedar al mismo nivel que aquel chiquillo alto.

—Sasuke, ¿te gustaría pintar como lo hace tu madre?

— ¡No le digas eso! —Saltó Sakura—. Llenará todo de pintura y armará tanto lío que... —Se interrumpió porque Itachi la miró con una expresión que indicaba que sus comentarios no le interesaban.

Itachi enderezó el cuello de la camisa de Sasuke, y el pequeño pareció ponerse más erguido.

— ¿Te gustaría pintar algo?

Sasuke asintió, pero con un poco de cautela; por lo general no le estaba permitido tocar las pinturas de su madre.

—De acuerdo, muchacho, ¿te gustaría pintar el cuarto en el que dormiste esta mañana?

A1 oír esas palabras, Sasuke abrió los ojos de par en par y después giró la cabeza para mirar a su madre. —No me mires a mí. Me han dicho que mantuviera la boca cerrada —dijo Sakura, con los brazos cruzados sobre el pecho.

Itachi apoyó una mano sobre la mejilla de Sasuke y le hizo girar la cabeza para que lo mirara.

—Esto es entre tú y yo. De hombre a hombre. Nada de mujeres.

Sasuke puso tal cara de éxtasis que Sakura tuvo ganas de gritar. ¡Su adorado pequeño no podía haberse convertido ya en un hombre!

—Dime, entonces, Sasuke —insistió Itachi—, ¿quieres o no pintar ese cuarto?

Esta vez, el pequeño no miró a su madre, sino que asintió con vehemencia.

—De acuerdo. Lo primero que debes hacer ahora es planear lo que vas a pintar, ¿vale?

Sasuke volvió a asentir con expresión de total seriedad. — ¿Sabes qué quieres pintar?

Sasuke asintió con la cabeza.

Itachi esperó, pero como Sasuke no dijo nada, él miró a Sakura.

—Esto no fue idea mía —le advirtió ella—. Vas a ser tú el que lo limpie después.

Itachi volvió a mirar al chiquillo y sonrió. —Dime qué quieres pintar.

Sasuke gritó, enseguida:

—Monos —con tal intensidad, que Itachi se balanceó hacia atrás sobre los talones.

—Muy bien —dijo Itachi, riendo—, entonces serán monos. ¿Sabes cómo pintar monos?

Sasuke asintió con tantas ganas que todo su cuerpo se sacudió.

Itachi apoyó las manos en los hombros del pequeño y dijo:

—Ahora quiero que me escuches muy bien, ¿de acuerdo?

Cuando vio que Sasuke centraba en él su atención, dijo:

—Quiero que vayas con esta señora, que se llama Hanabi, y elijas todo lo que necesites para pintar tus monos. Monos grandes, monos chicos. Todo un cuarto repleto de monos. ¿Lo has entendido?

Sasuke asintió. — ¿Alguna pregunta? — Sasuke negó con la cabeza.

—Bien. Me gustan los hombres que aceptan órdenes. Vete entonces con Hanabi mientras yo trabajo con tu madre, ¿de acuerdo?

Una vez más, Sasuke asintió; después Itachi se puso de pie y miró a Hanabi. Ella le tendió la mano a Sasuke, quien se la tomó, y los dos se alejaron por los pasillos de la tienda.

—No tienes la menor idea de lo que acabas de hacer —lo censuró Sakura—. No puedes darle carta blanca a un chico de dos años en una tienda. Solo Dios sabe todo lo que comprará y...

Itachi tomó a Sakura del brazo y la llevó en dirección contraria.

—Ven, consigamos lo que necesitas y salgamos de aquí. Si seguimos con este ritmo, el presidente llegará antes de que comiences a pintar los murales.

—Entonces, quizá tendrías que haber pedido los suministros antes de que yo llegara. De hecho, le envié una lista a Tsunade para que todo estuviera listo.

—Y los materiales se compraron —dijo Itachi en voz muy baja.

Sakura se frenó.

—Entonces, ¿qué hacemos aquí? —Itachi suspiró.

—Tú querías acuarelas, así que Hanabi pidió algunos juegos con esas pequeñas pastillas de acuarelas. —Pera si yo pedí litros... ¡Dios! ¿Cuántos de esos juegos mandó comprar?

—Digamos solamente que, ahora, todos los alumnos de Konoha tendrán un nuevo juego de acuarelas.

—Ah —acotó Sakura, sonriendo, y después no pudo evitar lanzar una carcajada—. Tengo miedo de preguntarte acerca del retroproyector.

— ¿Sabías que cuando se invierte un proyector, es decir, se pone la parte de arriba hacia abajo, todas las diapositivas se caen?

—No, nunca lo intenté. ¿Cómo sabes tú que eso ocurre?

—Porque Hanabi compró trece marcas diferentes de proyectores y no encontró ninguno que pudiera usarse en posición invertida.

—Entiendo —dijo Sakura, y trató sin éxito de reprimir otra carcajada—. Es una suerte que te vayas a casar con ella, porque de lo contrario quedarías arruinado dentro de un par de semanas.

—Sakura, tengo que hablarte de eso.

— ¿En serio? —dijo ella—. Espero que no sea nada malo, porque mi trabajo se resiente cuando me dan malas noticias. Y Donald... ¡Ay! ¿Por qué has hecho eso?

—Lo siento, no quise lastimarte —dijo él al soltarle el brazo—. ¿Quieres elegir lo que necesitas para que salgamos de aquí?

Durante la siguiente hora y media Sakura se concentró en lo que necesitaba comprar para ese imponente proyecto artístico que tenía por delante, y no pudo evitar pensar en lo maravilloso que era que le dijeran que el dinero no representaba ningún problema. Le resultaba increíble poder comprar las mejores marcas de pin tura, los mejores pinceles, el mejor...

—Esto va a costar mucho —aclaró ella y miró a Itachi, pero él se encogió de hombros.

— ¿Qué más necesita? —Itachi miraba su reloj, obviamente aburrido y deseando salir de la tienda. —Hombres —dijo ella, lo cual hizo que él la mirara—. O mujeres —agregó Sakura con su sonrisa más inocente—. Y necesito por lo menos tres para que me ayuden a pintar.

—Ya está arreglado.

— ¡Qué rápido!

—Tal vez hayas oído decir que yo antes dirigía una empresa y con frecuencia hacía las cosas rápido.

— ¿Ah, sí? Sí, me parece haber oído algo de eso. Entonces, ¿por qué tu...? ¡Oh, no! —dijo Sakura sin terminar de expresar su pensamiento.

Por el pasillo, acercándose a la caja registradora, avanzaba Sasuke, seguido por Hanabi. Sasuke parecía un jo ven príncipe que conducía su elefante, pues Hanabi es taba cargada con tres cestas de artículos y un pincel en la boca. Solo que no lo llevaba sostenido entre los dientes en posición horizontal; como lo habría hecho cual quier otra persona, sino que se lo había metido en la boca, de la que asomaban unos diez centímetros de mango.

Pasó junto a Itachi y a Sakura, escupió el pincel sobre el mostrador que había junto a la caja y después dejó caer en él las tres enormes cestas. Solo entonces se volvió hacia Sakura y le dijo:

—Tu hijo es un chico raro —después de lo cual se alejó.

— Sasuke, ¿qué hiciste? —preguntó Sakura, pero él metió las manos en los bolsillos y apretó la boca en una ex presión que ella no reconoció como propia de su hijo. Pero Itachi sí la advirtió y se echó a reír.

— ¿Quieren o no comprar todo esto? —se impacientó el empleado.

—Por supuesto —contestó Itachi, casi simultánea mente al « ¡No! » de Sakura.

— ¿A cuál de los dos tengo que prestarle atención?

—Sí, nos lo llevaremos —respondió Itachi, sacó la billetera y le entregó al joven su tarjeta American Express de platino.

Sakura se puso a revisar lo que Sasuke había elegido, y comenzaba a coincidir con Hanabi en el sentido de que, tal vez no su hijo, pero sí sus compras eran muy raras.

— Sasuke, querido, ¿compraste uno de cada uno de los pinceles que tiene la tienda? —le preguntó.

Sasuke asintió.

—Pero ¿y los colores? —siguió—. ¿Con qué colores pintarás tus monos? ¿Y qué me dices de la selva? ¿Harás que vivan en una selva?

Antes de que Sasuke tuviera tiempo de contestar, Hanabi reapareció con cuatro latas de cuatro litros de pin tura acrílica negra y una escalera.

—No me miréis —dijo—. Él solo quiere negro. —Como Sasuke siguió tieso con las manos en los bolsillos y una expresión desafiante en el rostro, Itachi rió todavía más.

—No lo alientes —saltó Sakura—. Sasuke, cariño, creo que deberías elegir otro color además del negro, ¿no te parece?

—No —dijo Itachi —. Él quiere negro y tendrá ne gro. Ahora, vamos. Tenemos que salir de aquí antes de que...

—Llegue el presidente —dijeron al unísono Sakura y Hanabi, y después rieron por la cara que puso Itachi. Quince minutos más tarde, con la parte de atrás de la camioneta de Itachi repleta de cosas, se encontraban ca mino de regreso a la biblioteca.

Y fue allí donde Sakura vio por primera vez a Pain. Tenía alrededor de diecisiete años, la furia del mundo en los ojos y, en la cara, una herida de arma blanca todavía sin cicatrizar del todo.

Apenas Sakura lo vio, tomó a su hijo de la mano y se dirigió a la puerta, pero Itachi le cerró el paso.

—No me mires así —dijo—. Fue lo único que pude conseguir con tan poca antelación. El otro pintor ve nía con sus ayudantes, y este muchacho necesita realizar trabajos comunitarios.

— ¿Necesita? —chilló ella con voz aguda—. ¿Necesita? ¿O sería mejor decir que fue sentenciado a realizar trabajos comunitarios?

Cuando Itachi se encogió de hombros con gesto culpable, Sakura llevó a Sasuke a un lado.

—No puedes dejarme en la estacada —dijo Itachi solo porque el muchacho tiene un aspecto un poco rudo...

— ¿Rudo? Se parece a una de esas fotografías de los carteles de SE BUSCA. ¿Cómo pudiste pensar siquiera en dejar a Sasuke cerca de él?

—No pienso dejarte sola con él. Estaré aquí todo el tiempo. Y llevaré una pistola.

—Bueno, eso sí que es tranquilizador... —dijo ella con tono irónico. No siguió hablando porque Pain pasó junto a ella y empezó a subir los escalones de la biblioteca. Cuando Itachi aferró al muchacho del brazo, él le dijo algo en un idioma desconocido para Sakura; entonces, para su sorpresa, Itachi le contestó en esa misma lengua.

—Mira, Sakura, lo ofendiste, y ahora él quiere irse. No obstante, si lo hace, tendrá que pasar varios meses en la cárcel. ¿Quieres que tu conciencia tenga que cargar con eso?

Sakura tuvo ganas de echarse a llorar porque sabía cuándo la habían derrotado.

—No, desde luego que no.

Para su consternación, en la cara de Pain apare ció una enorme sonrisa y él volvió a entrar en la biblioteca.

—En ningún momento pensó irse —razonó Sakura en voz muy baja—. Me estaba manipulando.

Itachi rió, alzó a Sasuke y se lo llevó al interior de la biblioteca.

Y ese había sido solo el principio, pensó Sakura mientras se comía el último panecillo y se quedaba mirando el fuego. Después todo fue excesivamente caótico como para prestar atención a una única cosa. Cuan do comenzó a transferir sus dibujos a las paredes, estaba demasiado ocupada para pensar en tenerle miedo a Pain. Durante todo el día, una corriente continua de muchachas con prendas ridículamente pequeñas en traba en la biblioteca y salía de ella, y todas posaban para que Pain pudiera verlas. Pero Sakura tenía que reconocerle algo al muchacho: se mantenía concentrado en su trabajo y en ningún momento se distraía.

No podía decirse lo mismo de Sakura, pues su hijo parecía haberse transformado en alguien desconocido para ella. Marchó con paso decidido al cuarto que Itachi le había dicho que era suyo, seguido por Hanabi con los brazos llenos de bolsas con pinceles, y cerró la puerta. Sakura no volvió a verlo el resto del día. Le había preocupado la idea de que Sasuke sufriera algún tipo de trauma si permanecía lejos de ella durante más de tres horas, pero ahora Sakura pensó que, en realidad, él había deseado alejarse de ella toda su vida.

—No te pongas celosa —le dijo Itachi a sus espaldas—. Lo más probable es que Sasuke reconozca a Hanabi como su alma gemela en sentido intelectual.

— ¡No estoy celosa! —saltó ella—. Y deja de decir cosas desagradables de la mujer que amas.

Entonces, para colmo, Itachi no trató de aclarar que no era así, como lo hacía siempre, sino que en cambio dijo:

—Tengo que encargarle algunas otras cosas —para que Sakura lo oyera. En ese momento Hanabi se dirigía a la antesala; todos los hombres que estaban en la biblioteca se detuvieron a mirarla.

— ¡Muérete! —dijo Sakura, levantó la cabeza y se alejó, dejando a Itachi muerto de risa.

Pero lo cierto era que Sasuke no parecía extrañar nada a Sakura. De hecho, no se vieron en todo el día porque Sasuke usó a Hanabi como emisaria.

—Quiere saber qué comen los monos —dijo Hanabi en su primer viaje desde la Tierra Misteriosa, como Sakura había bautizado ese cuarto después de que Sasuke le dijo a Hanabi que no permitiera que nadie, ni siquiera su madre, entrara en él.

— ¿Por qué tengo que saberlo? —Contestó Sakura por encima del hombro—. Soy solo su madre.

—Vegetación —dijo Itachi—. Las hojas de los ár boles.

Hanabi regresó al cuarto, pero casi enseguida volvió a salir.

—Quiere fotografías de lo que comen los monos. —Cuando Sakura abrió la boca para hablar, Itachi dijo: —Déjamelo a mí. —Y desapareció, pero al rato volvió con algunos libros sobre monos en su hábitat. Uno era japonés.

Hanabi llevó los libros al cuarto; sin embargo, pronto estaba de nuevo fuera, con uno de los libros en la mano.

—Dice que quiere más libros como este. No en tiendo por qué, ya que a mí me parece igual que todos los demás.

—Arte japonés —dijo Itachi y desapareció de nuevo en el depósito. Cuando volvió, tenía los brazos lle nos de libros.

Al tomarlos, Hanabi dijo: —Es un chico raro.

A las cuatro de la tarde apareció Tsunade con tres canastos llenos de comida y le anunció a Sakura que se la llevaría a almorzar fuera.

—La hora del almuerzo se pasó hace rato —dijo Sakura mientras estudiaba el color de la cara de uno de los caballos que intentaba pintar.

— ¿Y comiste algo? —preguntó Tsunade.

Sakura no le contestó, así que su suegra la tomó de un brazo y la arrastró hacia la puerta de la calle.

—Pero yo...

—Son hombres. Ellos no van a trabajar si hay comida cerca, así que tenemos unos treinta y siete minutos para nosotras.

—Pero Sasuke...

—Por lo que he visto, tu hijo parece estar enamora do de Hanabi.

Sakura hizo una mueca.

— ¿Cuánto hace que nos observas?

Tsunade no le respondió hasta que estuvieron sentadas en el reservado de una cafetería en la acera de en frente; pidieron lo que querían tomar y les sirvieron las bebidas.

—Solo estuve allí algunos minutos, pero Konan estuvo más temprano en la biblioteca para buscar algo en un libro de psicopatología; en realidad está comprometida con el hijo del banquero, pero anda un poco obsesionada con Pain, así que fue a verlo, y le contó a su prima, que le contó a mi peluquero, que me contó a mí, que...

—Te puso al tanto de todo lo que está sucediendo —terminó Sakura la frase por ella.

—Por supuesto. Todos nos morimos por saber qué pasa entre tú y Itachi.

—No pasa nada, realmente nada. Todos los hombres en la biblioteca están tan entusiasmados con Hanabi que el trabajo cesa cada vez que ella sale de ese cuarto y entra en él. Hasta mi propio hijo... —Sakura calló un momento.

—Celos —dijo Tsunade y asintió—. Sé lo que se siente.

—Yo no estoy celosa. ¿Por qué no dejan todos de decírmelo?

— ¿Itachi te dijo que estabas celosa?

Sakura bebió un sorbo de su refresco y se negó a contestarle a su suegra.

—Cuando Lee era bebé, jamás nos separamos durante su primer año de vida; entonces mi hermana lo tuvo una tarde, y esa noche Lee no quiso que yo lo acostara.

Cuando Sakura no respondió, Tsunade tanteó: — ¿Cómo andáis tú e Itachi? ¿Todavía no se te ha declarado?

Sakura no dijo nada, sino que bajó la vista hacia el sándwich especial que acababan de ponerle delante. —Sé que esto es un juego para ti, pero yo no quiero cometer la misma equivocación que la última vez.

— ¿Quieres hablar conmigo? —preguntó Tsunade con tono afectuoso—. Mira que tengo fama de ser bue na «oreja».

—Quiero conocer bien a Itachi. Quiero pasar tiempo con él. Me equivoqué mucho la primera vez que me casé y no quiero que me vuelva a pasar.

Miró a Tsunade con expresión de súplica. Necesitaba hablar con alguien, pero tenía plena conciencia de que esa mujer había sido la madre de Lee.

—No quiero ni pensar lo que sería mi vida si siguiera casada con Lee. Y una de las pocas cosas que sé sobre Itachi es que miente muy bien. Me mintió acerca de ser gay, con respecto a por qué quería vivir esos días en casa y sobre la razón por la que necesitaba un hogar. De hecho, todo lo que yo sabía sobre él era mentira.

Hizo una inspiración profunda.

—Ahora me dicen que estuvo buscándome durante dos años, pero ¿qué sabe realmente de mí y de mi hijo? Y ¿qué clase de hombre es él en realidad? ¿Puede aceptar una broma tanto como hacerla?

Tsunade le sonrió y dijo:

—Con todo el dinero que tiene Itachi, ¿a quién le importa cómo es su sentido del humor?

—A mí. Me importa a mí y le importa a tu nieto.

—Eres una mujer difícil de complacer.

—No, solo quiero acertar esta vez. Esta vez tengo que pensar en un hombre que sea buen padre para mi hijo. No quiero que Sasuke se apegue a un hombre y que después ese hombre tome las de Villadiego cuando las cosas se pongan difíciles.

Tsunade sonrió.

—Has madurado, ¿verdad?

—Quizá. En estos dos años pude descubrir quién soy y de qué soy capaz. Puedo cuidar de mí misma y de mi hijo si es necesario. De hecho, puedo hacer que nuestra vida sea buena para los dos. Y estoy orgullosa y feliz de haberlo descubierto.

Tsunade le tomó la mano a Sakura.

—Y yo me alegro de que no andes detrás de un hombre por su dinero. Así que háblame de Itachi y Hanabi. Cuéntamelo todo.

Eran casi las seis de la tarde cuando Sakura volvió a la biblioteca y se topó con un Itachi furioso.

— ¿Todos los días te vas a tomar dos horas para almorzar? —le preguntó.

—Si tengo ganas, sí —le contestó Sakura sin parpadear.

—Estuvo hablando por teléfono con su adorado novio —acotó Tsunade—. Un amor como el de ellos exige tiempo. Creo que es posible que venga a visitarla la semana próxima.

La expresión malhumorada de Itachi se acentuó. —En el futuro, por favor reserva tus asuntos personales para tu tiempo libre. ¿Ahora podríamos volver al trabajo?

Sakura miró a su suegra y no supo bien si alegrarse o exasperarse por su comentario.

Tsunade, en cambio, no sintió que hubiera ninguna ambigüedad en la situación.

—No te preocupes —dijo—, me lo agradecerás más adelante. —Dicho lo cual, giró sobre sus talones y abandonó la biblioteca.

De modo que Sakura reanudó el trabajo y siguió pintando incluso durante la deliciosa cena con que se pre sentó Charles.

—Yo se lo debo todo a tu hijo, que tiene las papilas gustativas de un gourmet —dijo por encima del hombro de Sakura.

Ella paseó la vista por el lugar y descubrió que to dos comían, Sasuke acomodado en el medio del círculo, con un plato lleno de comida delante. Ni siquiera levantó la cabeza para mirar a su madre.

A las nueve de la noche Sakura decidió que era hora de que Sasuke estuviera en la cama, le gustara o no, y fue entonces cuando descubrió que la puerta de la Sala Konoha se encontraba cerrada con llave para impedir que entraran ella y cualquier otro intruso. Enojada, se puso a golpear la puerta; Hanabi contestó.

—Es hora de que Sasuke vuelva a casa y se meta en la cama —dijo Sakura—. Ya es demasiado tarde para que siga levantado.

—Está bien, se lo diré —le aseguró Hanabi y, para más furia de Sakura, volvió a cerrarle la puerta en la cara. Segundos después Sasuke salió, frotándose los ojos por el sueño, y Sakura se sintió culpable por haberle permitido quedarse levantado hasta tan tarde. Una vez fuera, lo sujetó a la silla para niños del coche de Tsunade y llevó a Sasuke a casa.

Entonces comenzaron los problemas, porque Sasuke no quería irse a dormir. Por lo general era un chico bueno, pero esa noche estaba hecho un demonio. Gritaba a voz en cuello y, cuando Sakura lo levantó, extendió los brazos y las piernas, y los puso tan rígidos que ella no pudo volver a meterlo en la cama.

A las once todavía luchaba y Sakura no tenía la menor idea de lo que le pasaba. Sasuke no hacía más que gritar: «¡No!».

—Voy a llamar a Itachi —gritó Tsunade por encima de los alaridos de Sasuke, y tomó el teléfono.

— ¿De qué serviría? —Le contestó Sakura, también a gritos—. Por favor, por favor, Sasuke, dile a mamá qué te pasa —dijo por enésima vez, pero Sasuke siguió chillando con la cara arrebolada y la nariz tapada.

—Lo que sea, lo que sea —aceptó Sakura, cuando Tsunade marcó el número.

Minutos después Itachi estaba allí; por su aspecto había estado trabajando hasta ese momento. No se había duchado y tenía pintura en la ropa.

Pero la presencia de Itachi no tuvo ningún efecto en Sasuke.

—Pobrecito —dijo y trató de tomarlo de los brazos de una agotada Sakura, pero Sasuke no quiso saber nada con él.

—Tengo una idea. Llevémoslo a casa.

— ¿A casa? —Preguntó Sakura—. ¿Te refieres a que tomemos un avión a esta hora de la noche?

—No, me refiero a su verdadero hogar. — Itachi no le dio tiempo a Sakura a reaccionar, tomó a Sasuke y, aun que el chico forcejeaba, lo llevó fuera y lo sujetó al asiento del coche. A esa altura, Sasuke ya estaba demasiado cansado para luchar, pero todavía gritaba.

Sakura subió al asiento del acompañante y observó, anonadada, cómo Itachi conducía el coche hacia... Al principio ella no pudo dar crédito a sus ojos. Él entró en el sendero de lo que una vez había sido una vieja casa en ruinas propiedad de ella y de Lee. Cuando Sakura se había ido de allí, sabía que volvería a manos de Tsunade porque era la confirmante de la hipoteca, de modo que ni se preocupó por el destino de la casa. Dio por sentado que Tsunade la había vendido, quizá por el costo de los materiales de la demolición, porque no era mucho más lo que valía.

Pero ahora la casa se erguía delante de ella perfecta mente reparada. Era lo que debería haber sido, más hermosa de lo imaginable. Y era evidente que Itachi la había convertido en su hogar.

Una vez dentro, Sakura no tuvo mucho tiempo para observar mientras Itachi llevaba a un cansado pero lloroso Sasuke por el vestíbulo con suelo de mármol y después a través de la sala, por el pasillo hacia el cuarto que en una época fue la habitación de Sasuke. El dormitorio estaba intacto, tal como era dos años antes, todo muy limpio y ordenado, como si el bebé que lo había usado fuera a regresar en cualquier momento.

A Sakura le impresionó mucho.

Itachi bajó a Sasuke. Por unos minutos, el pequeño miró en todas direcciones; después se tranquilizó y, por último, se durmió.

—No es posible que recuerde este lugar —reflexionó Sakura—. Era solo un bebé cuando nos fuimos.

—Nadie olvida lo que quiere, y él quería a esta casa —dijo Itachi.

«Y te quería a ti», habría querido decir Sakura, pero no lo dijo.

Por un momento, Itachi aguardó, como si esperara que ella dijera algo. Pero cuando Sakura siguió callada, él dijo:

—Ya sabes dónde está tu dormitorio. —Dio media vuelta y se dirigió a la misma habitación donde él se había quedado cuando la casa era de ella.

Al quedar sola, Sakura entró en su antiguo dormitorio. Estaba completamente distinto de lo que era cuan do ella vivía allí, y supo que solo un decorador pro fesional podía haber hecho un trabajo tan hermoso.

Hasta en las flores frescas que había, era un cuarto celestial. Agotada por su lucha con Sasuke, hizo poco más que pasar por el baño y se desplomó en la cama.

De modo que ahora, de mañana, Sasuke seguía dormido; ella supo que Itachi también dormía en la habitación de invitados.

—Y nos olvidamos de los muebles de Hanabi —dijo. Terminó el té, se puso de pie y se desperezó. Te nía que vestirse para ir a trabajar. Era preciso terminar los murales antes de la visita del presidente, pensó con una sonrisa.

No le sorprendió encontrar en el armario de su dormitorio ropa de su talla. Y cuando Sasuke despertó, tampoco le sorprendió descubrir que Itachi ya se había ido de la casa.


"Les apuesto un review a que nunca escribieron un fic donde uno de los protagonistas fuera el acetato"