EL FINAL

- Capítulo 21 -

La noche anterior a la inauguración de la biblioteca, todos, excepto Hanabi y Sasuke, trabajaron febrilmente hasta las tres de la madrugada.

—Listo —dijo Itachi y miró a los otros—. Decidme, ¿mi aspecto es tan terrible como el vuestro? —preguntó, con la voz ronca de tanto hablar en un intento de responder a las miles de preguntas que le habían hecho ese día.

Todos pasearon la vista por el salón. En la biblioteca, el trabajo estaba terminado.

—Tú tienes peor aspecto que el resto de nosotros —comentó Sakura, impasible—. ¿Qué opinas tú, Pain? —Después de seis semanas de contacto cotidiano, se habían llegado a conocer bastante bien, y Sakura no podía creer que alguna vez le hubiera tenido miedo. Por otro lado, Pain había demostrado ser muy brillante, tanto en el aspecto artístico como en el organizativo.

—Sí, está peor que yo —contestó el muchacho—. Pero, bueno, los hombres viejos siempre tienen mal aspecto.

— ¿Viejos? —Gritó Itachi—. Yo te daré «viejo» —y pegó un salto hacia el joven, pero Pain lo esquivó.

Itachi cayó con fuerza sobre el suelo de madera de roble y lanzó un grito de dolor.

En un instante, todos estuvieron agachados sobre él. — ¡Itachi! ¡Itachi! —exclamó Sakura y le puso las manos a ambos lados de la cabeza.

Itachi mantuvo los ojos cerrados y de sus labios escapó un leve gruñido.

—Llamad a un médico —ordenó Sakura, pero un segundo después Itachi levantó de pronto una mano, tomó a Sakura por la nuca y le bajó la cabeza para estamparle un beso profundo y prolongado.

Al cabo de un momento, ella se apartó, aunque en realidad no deseaba hacerlo. En cuanto se rompió el contacto, Itachi se puso de pie y corrió detrás de Pain. Le hizo una entrada y el hombre más joven y pequeño no tardó en quedar tendido en el suelo.

—Yo no quería lastimarte —se disculpó Pain cuando finalmente Itachi le permitió incorporarse. Sakura se encontraba de pie en las sombras, con la espalda hacia el grupo. Todavía estaba estremecida por el beso de Itachi, un beso que, al parecer, no había significado nada para él.

Como siempre hacía, Itachi llevó de vuelta a Sakura en el coche y trató de no pensar en lo solitaria que estaría su casa cuando Sakura y Sasuke se fueran.

—Un día más —resumió Itachi— y todo habrá terminado. Supongo que te alegrará, ¿no?

—Sí, desde luego.

Él no dijo nada, pero las palabras de Sakura le dolieron.

—Estoy seguro de que Sasuke estará contento de volver a su casa —dijo Itachi—. Sin duda extraña su cuarto, uno que no es tan infantil como el que tiene aquí.

—Sí, por supuesto —confirmó ella.

—Y ese hombre...

—Donald —puntualizó Sakura.

—Sí. No me cabe duda de que se alegrará de verte.

—Sí, muchísimo —dijo ella, tratando de sonar animada y feliz.

—Sakura…

— ¡Oh, Dios, mira qué hora es! —Exclamó cuando él dobló hacia la entrada—. Apuesto a que Hanabi nos espera levantada.

—Seguro —dijo él—, no me cabe ninguna duda. Mira, respecto a esta noche...

—Ah, eso. —Ella sabía que se refería al beso—. Yo no se lo contaré a Donald si tú no lo haces. Bueno, me despido de ti aquí mismo y nos veremos por la mañana —dijo Sakura y subió los escalones que daban al porche. Minutos después se acercó a la cama de Sasuke de puntillas para asegurarse de que estaba bien. Dormía tan profundamente que ni se movió cuando ella lo tapó con las sábanas.

—Creo que es muy posible que tu abuela esté loca —le susurró a su pequeño dormido. Sakura le había prometido a Tsunade que dejaría que Itachi diera el primer paso.

—Hasta que él no te diga que no se casará con Hanabi, tú sigue hablándole de Barney.

—Donald —la corrigió Sakura.

Sasuke se dio la vuelta en la cama, dormido, y por un momento abrió los ojos y vio a su madre; entonces en su carita apareció una sonrisa dulce y volvió a cerrar los ojos.

Tiene una sonrisa que derrite el corazón, pensó. —Y eres una bendición —le susurró mientras se besaba la punta de un dedo y después tocaba con él la boca de su hijo. Dio un paso atrás y bostezó. Era hora de irse a la cama porque al día siguiente el presidente de Estados Unidos vendría de visita.

—Este es el primero —dijo Sakura al poner la mano sobre el papel que brotaba de la máquina de fax; después, al leerlo, abrió los ojos de par en par, primero horrorizada y, después, con incredulidad.

— ¡Dinos! —Gritó Pain—. ¿Qué dice?

Con expresión atónita, Sakura le pasó el fax al muchacho. La herida de Pain, producto de una cuchillada, se había cicatrizado en las últimas semanas de forma que el muchacho ya no tenía el aspecto de un asesino en busca de su víctima.

Pain leyó el papel, lanzó una carcajada y le pasó el fax a Itachi.

Todos los que habían trabajado en los murales estaban en la biblioteca, acurrucados alrededor de la máquina de fax, como si estuvieran congelados y allí hubiera una fogata. Esa mañana el presidente había visitado Konoha y ahora esperaban que el servicio de recortes periodísticos les enviara algunas reseñas de lo que había visto el alto dignatario. Lo que hubiera en esas reseñas podía lanzar o destruir la carrera artística de Sakura.

—«Una mezcla entre el arte japonés y los juegos de sombras de Java, con un poco de art decó» —leyó Itachi en voz alta—. Asombroso, único. —Miró a Sakura con incredulidad.

—Continúa —urgió ella—. Lee el resto.

Como Itachi no dijo nada más, Sakura le arrancó el papel.

—Básicamente —dijo—, el artículo quita importancia a mis murales diciendo que «están bien ejecutados» y «son apropiados», pero, en cambio, elogia el trabajo de Sasuke como... —miró el papel para citar con exactitud—... «Arte con mayúsculas». —Sakura miró a su hijo y le sonrió—. Y lo es —confesó—. Es un trabajo magnífico.

Estaban en la Sala Konoha, el cuarto que durante seis semanas había estado cerrado con llave para Sakura por su hijo, para poder así crear en la intimidad.

Cuando Sakura lo pensó, sabía que se había preparado para consolar a Sasuke cuando nadie prestara atención a las formas negras que un chiquillo de dos años y medio llamaba monos. Pero cuando finalmente entró en el cuarto detrás del presidente y vio las paredes, quedó tan impresionada por las pinturas que vio en ellas que casi no recordó con quién estaba.

— ¡Dios santo! —murmuró al observar la habitación, y sus palabras parecieron expresar lo que pensaban todos ya que permanecían en un silencio total. Todas las paredes, el cielo raso y hasta parte del suelo de madera eran una selva oscura. Enormes plantas de bambú parecían mecerse con una brisa que no estaba en el cuarto, sino en las pinturas. Había monos que espiaban desde las ramas de los árboles; algunos comían bananas y otros sin más miraban fijamente, tanto que uno de forma automática se sentía obligado a dar un paso atrás, temeroso de estar cerca de esos animales salvajes.

—Nunca vi nada igual —susurró un hombre menudo que estaba en el fondo y que a Sakura le habían dicho que era el crítico de arte del Washington Post—. Maravilloso —declaró en voz baja mientras estiraba el cuello en una y otra dirección. — ¿Usted pintó esto? —le preguntó a Sakura.

—No. Lo hizo mi hijo —fue la respuesta de Sakura.

El hombrecillo miró con sorpresa a Pain, que estaba de pie detrás de ella. — ¿Este es su hijo?

— No, mi hijo está allá —respondió Sakura y señaló hacia donde estaba Sasuke cerca de Itachi.

Por un momento, tanto el crítico de arte como el presidente parecieron sentirse confundidos. Ella no estaría dando a entender que Itachi era su hijo, ¿no?

—Sasuke, querido, ven aquí —lo llamó Sakura y le extendió la mano—. Quiero que conozcas al presidente. —Después de eso, fue el caos. La visita del presidente había tenido como finalidad, por una parte, crear cierta publicidad favorable, puesto que él iba camino de otra reunión en el Medio Oeste y, en parte, entregarles los premios académicos a los alumnos de Konoha. Debido a este último acontecimiento, los periodistas lo rodearon. Y ahora, al ver que ese cuarto extraordinario había sido creado por un muchachito de muy corta edad, comenzaron a disparar preguntas.

—Jovencito, ¿de dónde sacaste las ideas para este cuarto?

—Vamos, dinos la verdad, en realidad fue tu madre la que pintó esta habitación, ¿no?

—Creo que deberías decir la verdad sobre estos monos, ¿no te parece?

—No nos mientas: ¿quién hizo esto?

Itachi levantó a Sasuke y fulminó a los fotógrafos con la mirada.

—Si nos disculpan, es la hora de la siesta del artista. Además, si no les queda más remedio que fastidiar a alguien con sus preguntas, háganselas a alguno de los adultos. —Dicho lo cual, asintió hacia Sakura y Hanabi; después salió del edificio con Sasuke bien apretado en sus brazos.

Los periodistas comenzaron a dispararle preguntas a Sakura, puesto que sabían que ella había pintado los murales del otro salón, pero Sakura los derivó a Hanabi.

—Ella es la que sabe. A mí ni siquiera me dejaron entrar en el cuarto para ver qué pasaba allí adentro. —Sakura se dio media vuelta y supuso que Hanabi se mostraría tímida o al menos esquiva con la prensa pero no fue así. En cambio, le fascinó que la entrevistaran y la fotografiaran, y se portó como si siempre hubiera vivido frente a una cámara.

De modo que ahora, varias horas después, leían las críticas sumamente elogiosas de las «sombras de monos» que aclamaban a Sasuke como un nuevo genio.

—Siempre supe que era un chico brillante, pero es maravilloso recibir la confirmación del mundo —dijo Sakura, orgullosa, y todos se echaron a reír.

—Aquí está —dijo Itachi cuando la puerta se abrió y entró Chouji con tres botellas gigantes de champán. Detrás de él venían cuatro jóvenes cocineros con enormes fuentes repletas de comida.

— ¿Para quién es todo esto? —preguntó Sakura, e Itachi giró la cabeza hacia ella con una gran sonrisa. —Invité a algunas personas para celebrarlo —aclaró—. Sabía que sería un éxito así que lo planeé de antemano.

A Sakura no le importó que no le hubieran dado importancia a su trabajo ni que, en el fondo de su corazón, ella supiera que lo más probable era que nunca llegara a ser una gran pintora ni lograra gran éxito, pero Sasuke había obtenido las dos cosas e iba por buen camino; eso era suficiente para ella. Ser la progenitora de un chico con el talento que Sasuke tenía, como quedaba demostrado, era todo lo que podía pedirle a la vida. Salvo, pensó mientras miraba a Itachi de arriba abajo, que quizá le gustaría darle también a su hijo un padre.

— ¡Por nosotros! —pidió Itachi al levantar su copa en un brindis; entonces de pronto vio a Sakura y su sonrisa se transformó en una de intimidad, como si él pudiera leerle el pensamiento.

Detrás de los cocineros venía el propietario del supermercado de Konoha y, detrás de este, su esposa y sus tres hijos. Los seguían la familia al frente de la cerrajería, el director de la escuela primaria, dos maestras de la escuela y...

— ¿Invitaste a todo el pueblo? —preguntó Sakura.

—Sí, a todos —contestó él—. Y a sus hijos.

Sakura se echó a reír y supo que en toda su vida no había sido tan feliz como en ese momento. «Todo es demasiado bueno para que dure», oyó que le decía una vocecita, pero bebió otro sorbo de champán y dejó de cavilar al oír música procedente del jardín. Para su sorpresa descubrió que allí se había instalado una banda y que tocaba música de baile.

Sonriendo, se giró hacia Itachi, que la observaba; por la expresión de su cara, notaba que deseaba su aprobación. Ella levantó su copa hacia él en un brindis.

A la una de la madrugada, una flota de automóviles llegó a la puerta de la biblioteca para llevar a todo el mundo a casa. Itachi les había dado incluso a los conductores la lista de las direcciones para que los que habían bebido demasiado no tuvieran que preocuparse por recordar dónde vivían. Hanabi se llevó en brazos a un dormido Sasuke hasta uno de los coches. Ya le habían dicho a Sakura que acostaría a Sasuke y se quedaría con él hasta que ella e Itachi regresaran.

De pronto, Sakura e Itachi se encontraron solos en la biblioteca. Después del ambiente frívolo de la fiesta, ese salón parecía inmenso y vacío. Sakura se sentó en una de las sillas de roble, junto a una mesa de lectura, levantó la vista y miró a Itachi. Todavía le fluía por las venas el triunfo de su hijo, y seguiría fluyendo por el resto de su vida.

— ¿Contenta? —preguntó Itachi, de pie frente a ella, y mirándola con una expresión extraña. Tenía una copa de champán en la mano.

—Mucho —murmuró Sakura y lo miró a los ojos. Tal vez era la luz suave del salón, todas esas lámparas de lectura, pero lo cierto era que estaba más irresistible que nunca.

— ¿No sientes un poco de envidia porque Sasuke te robara el espectáculo?

—Qué sentido del humor tienes —comentó ella, son riendo—. Yo he dado a luz al artista más grande que ha conocido este siglo. ¿A que Sasuke no puede superar eso? —Itachi rió y, antes de que él pudiera pensarlo, dijo:

—Yo siempre te amé.

—A mí y a todas las otras mujeres de este hemisferio —dijo ella sin poder evitarlo.

Al oír eso, Itachi arrojó su copa contra la pared, donde estalló en mil pedazos. En un único movimiento, alzó a Sakura de la silla y la abrazó. Después la besó muy fuerte. Pero muy pronto el beso se suavizó y, en el momento en que su lengua tocó la de ella, el cuerpo de Sakura cedió y se entregó por completo.

—Hace tanto —murmuró—. Tanto, tanto tiempo... —Itachi la siguió apretando contra su cuerpo, le acarició la espalda, enredó los dedos en su pelo.

—Tanto tiempo desde que amas... ¿a mí o a él?

—No hay ningún «él» —confesó ella con la cara apretada contra el cuello de Itachi.

Entonces él la apartó y la sostuvo a cierta distancia. — ¿No hay ningún Donald?

—Solo el dueño de la fábrica de patatas fritas.

A Itachi le llevó un momento entender; entonces volvió a abrazarla.

—Yo. Yo compré esa fábrica y le puse el nombre de mi tío abuelo.

— ¿Qué me dices de Hanabi? —Sakura habría querido decir más, pero no podía pensar con las manos de Itachi sobre su cuerpo.

Itachi la aferró con toda la pasión que había reprimido durante tanto tiempo y la besó con todo el cuerpo. —Te amo, Sakura —le susurró contra los labios—. Te he amado siempre y siempre te amaré. Hanabi inventó lo de nuestro compromiso... lo hizo pensando hacerme un favor. Yo traté de explicártelo.

El suspiro de alivio de Sakura lo dijo todo. Ella le creía.

Itachi apretó aún más a Sakura y la miró a los ojos. —No te vayas, Saku. Por favor, no me dejes. Quédate conmigo para siempre.

¿Qué otra cosa podía decir ella salvo sí?

—Sí —gimió—. Sí.

Después de eso, ya que quedaba aliento para las palabras porque cada uno comenzó a arrancarle la ropa al otro: tiraban, desgarraban, y después lanzaban grandes suspiros de placer a medida que cada centímetro de piel iba quedando expuesto. Cuando estuvieron desnudos, cayeron sobre el colchón que Sasuke había usado para sus siestas de la tarde, y cuando Itachi entró en ella, Sakura jadeó de placer e incredulidad. ¿Cómo pudo alguna vez dejar a ese hombre? ¿Cómo pudo...?

—Saku, Sakura —no hacía más que murmurar Itachi—. Te amo. Te amo.

Y todo lo que Sakura pudo contestar fue: —Sí.

Una hora después seguían acostados en el colchón, exhaustos y abrazados.

—Cuéntamelo todo —le pidió ella—. Quiero saber lo referente a todas las mujeres, acerca de todo. Lo que veo y lo que siento que brota de ti son dos cosas diferentes. Quiero entender, quiero conocerte bien, pero no puedo. Necesito palabras.

Al principio, Itachi se mostró algo reacio a hablar; después de todo, ¿qué hombre le confiesa a una mujer cuánto la necesita? Pero, una vez que empezó a hablar, Itachi no pudo parar. La soledad es un remedio excelente para aflojar la lengua. Y hasta que conoció a Sakura, Itachi no tenía idea de lo vacía que era su propia vida.

—Lo siento —dijo ella, y las palabras le brotaron del corazón—. Lamento tu dolor.

Él le contó lo difícil que le habían resultado las cosas en Konoha y cómo la gente del lugar se lo había puesto difícil.

—Pensé que se mostrarían agradecidos, pero fue al revés: tomaron a mal que un neoyorquino viniera aquí y tratara de decirles qué debían hacer.

—Pero tú naciste y pasaste tu infancia aquí. —Cuando Itachi se quedó callado, ella se apartó un poco para poder mirarlo.

— ¿Qué pasó entre tú y Konoha? ¿Y con tu padre? —Preguntó con dulzura—. Ni siquiera Tsunade quiso contarme lo sucedido.

Itachi tardó un momento en contestarle.

—A veces una persona debe afrontar sus peores temores, y… —respiró hondo—. Ya sabes que mi madre murió cuando Naruto era apenas un bebé.

—Sí. Y sé que tu padre tuvo que criaros a los dos solo.

—Esa es la versión de él —replicó Itachi con furia, y calló—. Mi padre no tenía demasiado tiempo para niños, de modo que, cuando mamá murió, nos dejó solos para que nos las arregláramos por nuestra cuenta.

— ¡Ah! Y supongo que eso quiere decir que tú debiste hacerte cargo de la crianza de Naruto.

—Sí.

—Pero no creo que esa sea la razón por la que estés enojado con Konoha.

De nuevo, Itachi se tomó su tiempo para hablar, como si tuviera que calmarse antes de poder hacerlo.

—Mi madre era una santa. Tenía que serlo para estar casada con un hijo de puta como mi padre. Cuando se enteró de que se moría, no se lo dijo a nadie. No quería ser una carga para ninguno, así que fue a ver al médico sola, lo mantuvo en secreto y siguió viviendo como si no pasara nada.

Cuando Itachi calló un momento, Sakura percibió lo tenso que estaba.

—Pero uno de los chismosos de Konoha la vio en un café de un motel a unos cincuenta kilómetros de aquí, y al volver hizo correr la voz de que la señora Uchiha tenía una aventura fuera del pueblo.

—Y tu padre lo creyó.

—Sí, claro. Lo creyó tanto que el recurso que usó para que ella volviera fue acostarse con una... —Se interrumpió para calmarse un poco—. Fui yo el que descubrió la verdad. Falté a la escuela y me escondí en el asiento de atrás del coche de mi madre. Yo estaba en la sala de espera del médico cuando ella salió. Me hizo prometerle que no se lo diría a mi padre. Dijo que la vida era para ser vivida, no para llorarla.

—Me habría gustado conocerla —dijo Sakura.

—Era maravillosa, pero le tocó una vida difícil.

—Tuvo dos hijos que la querían, y parece que su marido estaba loco por ella.

— ¿Qué? —jadeó él.

— ¿Cómo se lo tomó él cuando descubrió que su esposa se moría?

—Jamás dijo una palabra, pero después de la muerte de mamá, él estuvo encerrado en su cuarto durante tres días. Cuando salió, cogió un segundo empleo, así que nunca estaba en casa y, por lo que sé, nunca volvió a pronunciar su nombre.

— ¿Y tú dudas que la amara?

Por un momento, Sakura contuvo la respiración. Temió haber ido demasiado lejos. Las personas solían aferrarse a sus creencias y no les gustaba que las contradijeran.

—Supongo que la amaba —aceptó por fin Itachi—. Pero desearía que nos hubiera querido más a nosotros. A veces me hartaba de tener que ser la madre y el padre de mi hermano menor. Había momentos en que deseaba... qué sé yo, jugar al fútbol, como los demás chicos.

Sakura no dijo nada, pero entendió cuál había sido el patrón en la vida de Itachi. Su padre le había enseñado que lo único importante era ganar dinero y que, si se trabajaba lo suficiente, era posible neutralizar la pena, la soledad y toda clase de sentimientos desagradables. Sakura se acurrucó contra Itachi y sintió que él volvía a excitarse. Pero él no hizo nada.

— ¿Y qué me dices de tu vida? Parece haberte ido bien.

Sakura estuvo a punto de decirle que, en efecto, le había ido bien, que había ganado una fortuna y no necesitaba a ningún hombre. Pero esas palabras se negaron a salir de su boca. Había llegado el momento de decir la verdad.

Hizo una inspiración profunda para calmar su agitado corazón.

—Sí, me ha ido bien, pero al principio tuve miedo de que Sasuke y yo nos muriéramos de hambre —confesó ella por fin—. Fue algo muy estúpido huir de aquí.

— ¿Por qué no me llamaste? —preguntó él—. Yo te habría ayudado. Habría...

—Por orgullo. Siempre tuve mucho orgullo. Cuando descubrí lo que Lee era en realidad, debería haberlo dejado, pero no podía soportar que la gente dijera que me había dado por vencida solo porque encontré algunos defectos en ese hombre.

— ¿Defectos? —preguntó él, azorado.

Sakura se puso de costado y apoyó las manos en la cara de Itachi.

—Mi matrimonio con Lee fue un espanto —dijo—. Me sentí muy desdichada. Odiaba que bebiera y que consumiera drogas, pero también detestaba que fuera débil y capaz de sacrificarlo todo para sentirse bien.

—Cuando lo conociste...

—Estaba en uno de sus períodos de abstinencia. Pero debería haberme dado cuenta. Hizo toda clase de comentarios que más tarde recordé y supe que deberían haber sido pistas para saber qué y quién era. Y cuando apareciste tú, me pareciste tan perfecto... Pero después descubrí que tú, al igual que Lee, tenías una vida secreta, y no pude soportarlo. Huí. Tomé a mi hijo y me alejé lo más rápido que pude. ¿Lo entiendes?

—Sí —respondió él y le deslizó una mano por el brazo desnudo—. Tiene sentido. Ahora estás aquí y...

— ¡Pero fue terrible! Estaba tan asustada y sola y... —Itachi la hizo girar en sus brazos hasta sepultar la cara de Sakura en su hombro.

—Shhh, ya ha pasado todo. Yo cuidaré de ti y de Sasuke y...

—Pero todos pensarán que me casé contigo por tu dinero. Dirán que aprendí mi lección con Lee, así que esta vez corrí detrás de un tipo con dinero.

Itachi sonrió contra su pelo.

—Creo que es más posible que digan que yo corrí detrás de ti. ¿Tsunade te contó que contraté a una serie de detectives privados para que te buscaran durante un año? Pero no encontraron nada. Y, sin embargo, todo el tiempo Tsunade sabía dónde estabas. —Había un dejo de amargura en su voz.

—Pero es que no es así. Solo lo supo hace unos meses, y fue por casualidad.

Itachi la apartó para mirarla. — ¿Cómo te encontró?

—Le compró a Sasuke algunos regalos de Navidad porque dijo que jamás había perdido las esperanzas de volver a verlo, y uno de esos regalos era un libro para niños que yo había ilustrado. Vio mi foto en la contra cubierta.

—Así de simple —dijo Itachi y recordó entonces la tortura que había vivido con los detectives privados — ¿Y cuál es tu seudónimo artístico?

—Mi verdadero nombre es Sakura Haruno. Usar el apellido de Lee fue solo una cortesía para con él, pero nunca me tomé la molestia de cambiármelo legalmente. Yo figuraba en la guía telefónica de Nueva York. Supongo que en ningún momento perdí las esperanzas de que me buscaras y me encontraras.

Itachi la ciñó con sus brazos.

—Me alegro de que sucediera. Si no te hubieras ido, yo habría seguido igual con mi vida. Estoy seguro de que habría seguido trabajando sin cesar solo para de mostrarte que era capaz de mantenerte.

—Pero ¿por qué necesitabas probarme algo a mí?

—Porque tú eres la mujer que amo, la única que he amado jamás.

Ella giró la cabeza y lo miró.

—Pero, según Tsunade, la gente de Konoha te ha puesto las cosas tan difíciles que con todo derecho tú deberías querer tomar el primer avión que sale de aquí.

—Estoy de acuerdo. Son desagradecidos y no hacen más que quejarse, pero me tratan como una persona. El señor Kisame, el dueño de la ferretería, me dijo que yo siempre fui cabeza dura y que no había cambiado. Tal vez lo que me hizo quedarme aquí fue que, por fin, estaba rodeado de personas que no eran aduladoras ni me seguían la corriente. En Nueva York, si yo les levantaba una ceja a mis empleados, enseguida ellos decían lo que creían que yo quería oír. Pero aquí... —Sonrió.

—Aquí te dicen lo que piensan de ti —terminó Sakura la frase por él.

—Sí. Tsunade me decía siempre que yo era la razón por la que te habías ido. Dijo que Naruto y yo te habíamos hecho una jugarreta, que cualquier mujer en su sano juicio...

—No des a entender que yo estaba en mi sano juicio al huir de aquí con una criatura y ninguna posibilidad de mantenerla.

—Ah —dijo Itachi con una sonrisa—, pero al final todo saldrá bien. Finalmente, Sasuke tendrá un padre. Bueno, si tú me aceptas.

—Yo te acepto si tú nos quieres a nosotros —dijo Sakura con ternura—. Pero yo...

— ¿Qué?

—Este día ha sido toda una revelación para mí, por que hoy he descubierto que mi hijo de dos años y medio no solo es mejor pintor que yo, sino que es también más inteligente que yo. Me temo que yo me parezco a tantas otras personas... porque no pude verte por culpa de tu dinero. Sasuke, en cambio, siempre vio lo que tenías dentro.

—Sí, es un niño muy despierto —dijo Itachi e hizo reír a Sakura—. ¿Te gustaría tener más hijos?

Sakura gruñó.

—Náuseas matinales, cansancio y, oh, no, ¡otra vez la lactancia! —Al ver la cara de Itachi, sonrió—. Sí, por supuesto que me gustaría tener más hijos. Por lo menos media docena. ¿Te parece que tendrán pelo rosa?

Pero antes de que Itachi pudiera contestarle, voló por el aire un proyectil sólido que aterrizó en él.

—Qué diablos... —comenzó a decir mientras los dos trataban de desenredarse.

—Pequeño demonio —dijo Sakura y se echó a reír mientras le hacía cosquillas a su hijo—. Lograste que Hanabi te trajera, ¿no?

Por un momento, a Itachi le horrorizó la idea de lo que esa criatura podía haber visto y oído, y también le escandalizó la falta de privacidad.

Pero no tuvo tiempo de seguir pensando en nada porque Sasuke se puso de pie y se lanzó hacia delante. Sakura sabía lo que iba a suceder y se protegió la cara con las manos, pero Itachi recibió todo el peso del pequeño en la cara.

— ¡Monos! —gritó Sasuke y comenzó a saltar sobre el estómago de su nuevo padre.

FIN


Ya comencé con una nueva adaptación de otro de los libros de Jude, no se porque pero me encantan.

Espero lo hayan disfrutado tanto como yo, ¿opiniones?