Disclaimer: Bleach pertenece a Tite Kubo
2. Bueno, hay que empezar
Eran las seis de la tarde, el Sol caía en el Rukongai para dar paso a la noche, el clima comenzaba a refrescar un poco y el restaurante de los Yoshida tenía poca gente. Dos o tres personas que venían a ver que estaba en el menú de la cena.
― Mesero ―llamó un cliente.
― Voy, espere un poco ―contestó Dayu, notándose un poco de dolor en su voz.
El joven se acercó a la mesa del hombre, cojeando. Éste se asustó un poco debido al andar y aspecto de Dayu. El mesero lucía visiblemente herido: tenía algunos moretones en sus antebrazos, una cortada en su mano izquierda y raspones en la cara.
― Buenas tardes, ¿qué va a ordenar? ―preguntó Dayu.
El cliente volteó a ver el menú: ― Unos takoyakis(1), y de beber un té negro, por favor ―dijo, entregándole la carta al joven
Dayu asintió y recogió el menú. Estaba apuntando la orden cuando el hombre de la mesa lo volvió a llamar.
― Disculpe, si no es mucha molestia, puedo preguntar ¿en dónde se hizo eso? ―interrogó el cliente, señalando las heridas.
Dayu se miró los moretones y la cortada: ― ¿Esto? ―sonrió un poco― Son detallitos que pasan cuando uno estudia para ser shinigami. Hay que prepararse muy bien para las peleas, aunque a veces no se sale bien parado de éstas ―contestó.
― Vaya, debe ser duro ―comentó el cliente.
― Un poco, pero me gusta ―agregó Dayu―, en diez minutos estará lista su orden.
― Si, gracias ―dijo el hombre, y el mesero se retiró a entregar el pedido en la ventana de la cocina.
Al dejar la orden, se sentó en una mesa cercana donde tenía un frasquito con antiséptico, gasas y una pila ordenada de hojas de papel en blanco. Tomó una gasa y la mojó un poco con la solución, para aplicársela en la cortada de la mano.
― ¡Auch! ―respingó, ya que el líquido escocía bastante.
Aguantándose el ardor, terminó por aplicarse el antiséptico en la cortada. Luego prosiguió con los raspones. Nunca creyó tener tantas heridas, ya que su maestra de Hakuda, aunque era descendiente de Kempachi Zaraki y tenía cierto furor a la hora de pelear, se controlaba mucho para no destrozar a sus alumnos en las prácticas. Aunque eso no impedía que ella les mostrara la forma más dura de esa disciplina básica en los Shinigami, terminando a veces en una verdadera paliza para aquellos que no recordaran los movimientos aprendidos.
Dayu finalizó con el antiséptico y comenzó a mover sus antebrazos de arriba abajo para secar la solución, cuando una voz cansada y áspera lo llamó.
― Buenas noches chaval ―saludó Tastuán, tomando asiento al lado del joven y dejando su bastón recargado en la mesa.
― Buenas noches señor ―respondió Dayu, dejando de mover sus antebrazos.
― ¿Pero qué te pasó, chaval? ¿Acaso tuviste alguna bronca? ―preguntó el anciano, posando su vista en las heridas del mesero.
― No, no, nada de eso ―dijo Dayu― simplemente son detalles que a veces me pasan en las clases prácticas.
Tastuán se rascó un poco la barbilla y sonrió levemente: ― ¿Por torpe? ―interrogó burlón.
― Si, es que yo… ―contestó Dayu sin pensar, pero calló al captar la pregunta de viejo y reformuló su respuesta ―. No, no, no lo que pasa es que las lecciones de Hakuda son bastante complicadas y si uno no recuerda bien la clase pasada le puede ir mal en la siguiente.
El viejo soltó una pequeña risa ante el argumento del joven: ― No te preocupes si no eres lo suficientemente bueno, todavía ―dijo―. Dime, ¿cuántos años llevas en la academia? ―preguntó.
― Apenas dos ―respondió Dayu.
― Ves, todavía te queda mucho camino por recorrer ―comentó Tastuán―. Además ―levantó su dedo índice derecho―, todos los grandes shinigamis que pertenecieron, pertenecen y pertenecerán al Seireitei en algún momento tuvieron, tienen y tendrán que pasar por la Academia ―relajó su dedo―. Tal fue el caso de Sosuke Aizen.
Dayu, al ver que el viejo ya comenzaría con la historia de Aizen, tomó su bolígrafo y una hoja de papel. Por mucho que dudara de la veracidad, no quería perderse ni un detalle en los relatos del hombre.
Tastuán, al ver la acción del joven, alzó una ceja: ― ¿Qué haces, chaval? ―cuestionó.
― Pues, como pensé que ya iba a comenzar a contar de Aizen, ya me estaba preparando para apuntar ―contestó Dayu.
El anciano sonrió un poco y levantó su dedo índice izquierdo: ― No, no, no ―dijo, moviendo de lado a lado su dedo―, no te voy a contar nada hasta que me traigas mi cena.
― Pero… ―intentó protestar el muchacho.
― Nada chaval ―le cortó Tastuán tranquilo, cruzándose de brazos―, si no hay cena primero, no hay historia. Así de simple.
"Vejete berrinchudo" pensó Dayu "Bueno, por lo menos ya no me sorprenderá mañana". Anotó la orden del anciano, se levantó de la mesa y la dejó en la ventana de la cocina. Iba a sentarse con Tastuán cuando la voz de la cocinera, su madre, anunció la orden de takoyakis lista, junto con el té negro.
― Disculpe señor, vuelvo enseguida ―dijo Dayu, dirigiéndose al viejo.
― Te espero chaval ―respondió Tastuán―, tú atiende a tus clientes en lo que sale mi cena. Además encontré algo bastante interesante que leer en lo que terminas ―añadió, asomando de entre sus ropas lo que parecía ser una revista.
El joven se dirigió a la ventana, tomó la orden de takoyakis y el té, y se los fue a entregar al comensal, todavía cojeando un poco. El cliente le dio un "Gracias" y comenzó a comer. Dayu se dirigió a la entrada para ver si venía más gente al restaurante, pero sólo veía unas cuantas personas ir y venir en la calle sin detenerse en el negocio de su familia.
― Tofu asado en salsa de soya y un té ―exclamó la voz de su madre.
Dayu fue, con dificultad, hacia la ventana, tomó la orden de Tastuán y se dirigió a la mesa. El anciano estaba leyendo la revista, cuya portada tenía a una mujer de aspecto bastante demacrado y pálido, mirada severa, labios de un llamativo carmín, pelo negro, lacio y largo con un fleco en la totalidad de su frente y vestimentas antiquísimas rojas europeas con olanes negros.
― Vaya, esta mujer era bastante poderosa y mala. Logró matarlos a ambos, pero aun así… ―murmuró Tastuán.
― Listo señor, su orden está aquí ―anunció Dayu, poniendo la comida en la mesa
El viejo cerró su revista y la guardó: ― Gracias chaval ―le dijo al joven y tomó sus palillos―. A ver que tal está el tofu ―agregó, agarrando un cuadrito y comiéndolo.
Dayu observaba como el anciano mascaba lentamente. Tragó y movió la cabeza de arriba abajo levemente.
― El tofu está bastante bueno, chaval ―comentó Tastuán de forma positiva―. El cocinero o la cocinera tiene muy buen sazón, dale mis felicitaciones ―y se llevó otro cuadrito a la boca.
― No hay problema, le diré más tarde ―le aseguró Dayu y tomó asiento al lado del hombre―. Bueno, ya que tiene su cena ¿podríamos empezar con la historia de Aizen? ―cuestionó con un deje de impaciencia.
Tastuán tragó el bocado de tofu y miró al joven: ― Ya que está aquí mi cena, cumpliré con mi palabra. Mira, toda gran historia siempre tiene un inicio ¿cierto? ―el joven asintió―. Con Sosuke Aizen no es diferente. Toda la gente rumora de lo que hizo hace veinte mil años, lo condenan de monstruo, loco y ambicioso, pero te aseguro que no conocen sus antecedentes. Y por esa parte empezaremos hoy.
― ¿Aizen hizo más cosas aparte de sus principales acontecimientos? ―preguntó Dayu, tomando su bolígrafo y una hoja de papel.
― Sí, chaval, por algo empezó ―contestó el viejo, tomando una pose seria, dando una imagen como si estuviera abriendo sus recuerdos―. Verás, de su lugar de nacimiento e infancia no te puedo contar ya que no la recuerdo. Pero sí de sus comienzos en el Seireitei, dime ¿has visto imágenes de Aizen como teniente? ―cuestionó.
― No, de hecho no conozco su rostro ―respondió Dayu sincero.
Tastuán abrió su único ojo un poco, en señal de sorpresa: ― ¿En serio? Bueno, dame por favor una hoja y préstame tu bolígrafo ―pidió el anciano de manera amable.
El joven obedeció y le pasó las cosas. A pesar de su edad, con un pulso firme, el viejo empezó a dibujar. Tras unos minutos, la imagen monocromática de un hombre con gafas gruesas, cara de apariencia tranquila, cabello ondulado,corto y con raya en medio, y el característico uniforme shinigami con la insignia de teniente apareció en el papel. Dayu se acercó un poco para notar los rasgos de la persona dibujada.
― Este, chaval ―dijo Tastuán, levantando la hoja de papel para que el mesero la pudiera apreciar mejor―, es Sosuke Aizen. Como verás, lo dibujé así porque antes de ser un poderoso shinigami primero fue teniente de la Quinta División. ¿Sabes quién fue su capitán? ―preguntó, entregándole la hoja y el bolígrafo.
― No, no lo sé ―contestó Dayu.
Tastuán sonrió un poco: ― Este nombre sí lo vas a conocer. El capitán de Aizen fue Shinji Hirako, ¿se te hace familiar? ―volvió a cuestionar.
― Sí, a él si lo recuerdo ―respondió el joven―. Fue un hombre rubio, pelo chistoso y una sonrisa parecida al teclado de un piano. Vi su nombre y retrato en la Quinta División cuando mi clase visitó el Seireitei.
― Sí, él era ―afirmó el anciano―. En su papel de teniente, Aizen era una persona bastante educada con todos sus allegados, además de que la gran mayoría de los shinigami le tenían en una muy alta estima, pero Shinji desconfiaba bastante de él. El capitán sabía un pequeño detalle que el resto no tomaba en cuenta de su teniente ―pausó su relató para tomar un cuadrito de tofu más.
― ¿Qué detalle? ―inquirió Dayu, escribiendo mientras Tastuán pasaba el bocado.
― Su zampakuto ―dijo, después de deglutir―. Aizen tenía una muy especial. Se llamaba Kyoka Suigetsu ―tomó otro cuadrito de tofu, lo masticó y tragó. El mesero siguió escribiendo―. Como sabes, la inmensa mayoría de zampakutos usan la fuerza o el Reiatsu para sus ataques, pero la de Aizen tenía la capacidad de controlar la percepción de los sentidos y crear ilusiones ―tomó otro cuadrito de tofu para comerlo―. No pierdas esta característica porque es importante en lo que va a seguir ―le avisó. El joven asintió, deteniendo un poco su escritura.
El viejo le dio un pequeño sorbo a su té: ― Que buen té, hace siglos que no probaba uno así ―dejó su té en la mesa y se aclaró la garganta―. Continuando con la historia, Aizen, desde el momento en que entró al Seireitei, buscó la manera de aumentar el poder de un shinigami. ¿Sabes con qué? ―preguntó.
― No, con qué ―respondió Dayu, quitando la vista de sus notas y mirando al anciano.
― Con los poderes de un hollow ―aclaró Tastuán. El mesero abrió un poco sus ojos, denotando sorpresa―. Verás, creo que Aizen pensaba que, al ser enemigos los shinigamis y los hollows, juntando sus poderes aumentarían las habilidades de un shinigami, rebasando el límite de lo normal ―tomó otro cuadrito de tofu y lo comió. Dayu seguí escribiendo―. Así, Aizen comenzó a llevar a cabo experimentos para ver si podía comprobar su teoría.
― ¿Experimentos en shinigamis? ―preguntó el joven, un poco temeroso de la respuesta.
El viejo sonrió, cerrando un poco su ojo: ― Si, chaval ―contestó, disipando las dudas de Dayu―, así como en almas del Rukongai. Pero debido al poco poder espiritual de los sujetos, éstos acababan por transformarse en hollows o ¡Plup! ―exclamó en voz baja, abriendo su mano en señal de dispersión― se vaporizaban. Dado el alto número de individuos que morían en los experimentos y el incremento de hollows, la gente empezó a espantarse, cosa que llamó la atención de los shinigamis, en especial del capitán Kisuke Urahara ―pausó y tomó otro cuadrito de tofu.
― ¿Kisuke Urahara? ―repitió el joven de modo interrogatorio, dejando sus notas y alzando una ceja.
― Sí, chaval ―le aseguró Tastuán―, ¿acaso te suena familiar? ―preguntó.
― El apellido sí pero el nombre no ―respondió Dayu―, ya que uno de mis profesores del año pasado se apellida Urahara.
El anciano se rascó un poco la barbilla: ― Mira que interesante. Tal vez sea descendiente de Kisuke ―sugirió y tomó otro cuadrito de tofu para comerlo―. Bueno, siguiendo con la historia, estas desapariciones le interesaron a Urahara, debido a que en el lugar se encontraban rastros de reiatsu de hollow y él también estaba estudiando la transformación en hollow ―tomó un sorbo de té―. Como era de esperarse, el Seireitei envió un grupo de vigilancia, comandados por el capitán Kensei Muguruma y su teniente Mashiro Kuna. Ellos también desaparecieron ―pausó y tomó el último cuadrito de tofu―. ¿Los nombres se te hacen conocidos? ―cuestionó y se comió el tofu.
― Sí ―contestó Dayu, parando un poco su escritura―. Era un hombre de forma atlética, de pelo claro y corto, y una mujer delgada de pelo verde y corto, respectivamente. Vi sus nombres y retratos en el Seireitei. Si mal no recuerdo eran de la Novena División.
Tastuán dejó sus palillos y le dio otro sorbo a su té: ― Exacto, chaval, eran de esa división. Si me puedes pasar una servilleta, por favor ―pidió. El joven le alcanzó un servilletero. Tastuán tomó una y se limpió los labios―. Gracias. Al desaparecer ellos dos, Shinji, por petición del comandante Yamamoto, reunió a un grupo para ir en su búsqueda. Éste se componía del capitán Rojuro Otoribashi ―levantó su dedo índice derecho―, el capitán Love Aikawa ―levantó su dedo cordial derecho― la teniente Lisa Yadomaru ―levantó su dedo anular derecho― y el teniente Hachigen Ushoda ―levantó su dedo meñique derecho―. ¿Te suenan? ―interrogó.
― Sí, de todos ellos vi sus retratos y nombres en el Seireitei ―respondió Dayu.
― Muy bien ―dijo el viejo―. Una vez listo el grupo se emprendió la búsqueda y los encontraron ―dio un sorbo al té―. Estaban vivos pero irreconocibles, ya que se les inocularon poderes de hollow, formándose máscaras blancas en sus rostros y atacando al grupo de Shinji. Éstos tuvieron que contrarrestar sus acciones. También llegó la teniente de Kisuke, Hiyori Saguraki, pero el lugar donde los hallaron era una trampa ―y le dio el último sorbo al té.
― De seguro de Aizen ―comentó el joven, sin apartar la vista de sus notas.
El hombre asintió: ― Bueno, no sólo de Aizen. En esos tiempos ya tenía sus compinches. A Aizen le gustó usar gente para lograr a través de ellos sus propósitos. Como he de suponer, no creo que los conozcas ¿verdad? ―el mesero negó― Bueno, pásame otra hoja y préstame tu bolígrafo otra vez por favor ―pidió de manera amable.
Dayu le pasó las cosas y el anciano comenzó a dibujar. En unos minutos, las imágenes monocromáticas de un hombre y un joven aparecieron. El hombre tenía un pelo rizado, peinado con gruesos picos, vestía una gabardina encima de su uniforme shinigami y algo, parecido a un cubre bocas, le tapaba medio rostro sin mostrar sus ojos. El joven era de estatura menor, vestía de shinigami, pelo corto, ojos rasgados y una extraña sonrisa.
― Ellos, chaval, eran Kaname Tousen ―dijo Tastuán, levantando un poco la hoja y señalando al hombre― y Gin Ichimaru ―señaló al joven.
― ¿Ichimaru? ―repitió el joven de manera interrogante, observando atentamente el dibujo.
― Sí, Ichimaru ―le aseguró el viejo― ¿Acaso también conoces a alguien que se apellida así?
― Sí ―afirmó Dayu―, una teniente del Seireitei se apellida de la misma forma y tiene una sonrisa idéntica a la del joven del dibujo.
Tastuán abrió un poco su ojo: ― Probablemente una descendiente de Gin ―le entregó los dibujos y el bolígrafo al mesero―. Bueno, retomando la historia, Aizen y sus compinches le tendieron una trampa al grupo de Shinji, ya que el área estaba infectada con la sustancia que provoca la transformación en hollow. Todos ellos obtuvieron esos poderes, pero no murieron o se transformaron completamente debido a sus condiciones de capitán y teniente, sólo formándoseles máscaras blancas ―descansó un poco―. Aizen estaba dispuesto a eliminar a su superior, diciéndole que debió conocerlo más a fondo y que por eso estaba en esas condiciones, pero Shinji, junto con su grupo, fue salvado gracias a Kisuke y al teniente Tessai Tsukabishi. Ante esta interrupción Aizen decidió retirarse, junto con sus compinches ―pausó para toser.
Dayu terminó de escribir esa parte de la historia: ― ¿Y que pasó después? ―preguntó, alentando al viejo para que siguiera.
Tastuán levantó sus hombros y empezó a mover sus muñecas de manera circular: ― Pues, como tenían en alta estima a Aizen, culparon a Kisuke por las desapariciones, la Cámara de los 46 lo condenó junto con el grupo de Shinji y Tessai, pero escapó gracias a la capitana Yoruichi Shihoin ―terminó de mover sus muñecas y relajó los hombros― A partir de allí vivieron como exiliados. Vaya, fueron muchas personas las que se involucraron en los antecedentes ¿verdad? ―Dayu asintió―. Pero todas son importantes. Algunos nombres se repetirán, ya lo notarás. Sobretodo en ciertos sucesos ―carraspeó.
― ¿Y Aizen? ―cuestionó el joven, terminando de anotar y ordenando sus apuntes.
― Al no haber capitán en su División, ascendió a dicho puesto ―respondió el viejo―. Pero los detalles te los cuento mañana. Mira ―señaló a la calle―, ya está oscuro y me tengo que ir.
Dayu miró hacia la calle. Debían ser pasadas las siete y media o tal vez las ocho, pues la penumbra hacía que la gente empezara a prender faroles para alumbrar a los peatones que todavía tenían recorrían caminos en la noche.
Tastuán se levantó de la mesa, con apoyo de su bastón y bastante dificultad: ― Bueno chaval, me retiro. Gracias por la cena, mañana te contaré más cosas. Por lo pronto que pases buenas noches ―le tendió su mano derecha.
El joven le estrechó la mano: ― No hay de que señor Tastuán. Igualmente, que pase buenas noches. Hasta mañana.
― Hasta mañana chaval ―se despidió el viejo, emprendiendo su camino lentamente y con notoria dificultad hacia el exterior.
Una vez que se fue el anciano, Dayu levantó los platos de la mesa donde había estado y de otras, aún caminando con dificultad. Al dejarlos en la ventana de la comida, fue a sentarse a su mesa, para sacar entre las hojas el dibujo de Aizen. Lo observó por un buen rato.
― Tenía cara de idiota ―dijo para sí mismo, después de mirarlo―. Pero por lo que me contó el señor Tastuán, no era ningún idiota. Fue alguien inteligente ―colocó el dibujo encima de sus notas―. Malvado, pero inteligente.
Continuará...
Glosario:
(1) Takoyakis: Albóndigas fritas de pulpo
Respondiendo a los reviews:
Shinigami no Yume: Si, es un gran tema para desarrollar, ya que la gran mayoría de fanfics trata de los protagonistas y Aizen como que se deja a un lado, debido a su antagonismo. Sí, aquí era Rukia Kurosaki. Y en este fic sólo diré que Aizen está vivo, el resto de los personajes murió. Un saludo
Inur: Que bueno que haya gustado el capítulo. No te preocupes si haces observaciones. Al contrario, son una buena forma de cómo un lector puede ayudar a mejorar la escritura de un fic, así el escritor se da cuanta de detallitos que puede ir corigiendo. Un saludo
Gracias por leer.
