Disclaimer: Bleach pertenece a Tite Kubo

Hay un pequeño flasback escrito con letra cursiva


3. Estudiando con los hollows

Los pocos comensales que había en el restaurante dejaron de prestarle atención a sus alimentos, ya que se oían unos golpes cercanos a la ventana de la cocina. En ese lugar se hallaba Dayu, junto con una pila grande de apuntes de la Academia y unos cuantos libros, además de otro montón de hojas de papel en blanco, un vaso y una jarra con agua.

― No, no, no y NO ―replicaba el joven, pegándole a un libro abierto en la mesa con su cabeza. Detuvo sus acciones para masajearse la frente―. Porque todos los malditos Kidos tienen que tener tanta palabrería.

Sintió las miradas de los clientes e intentó concentrarse de nuevo en La teoría del Kido de Momo Hitsugaya. Si bien Kido no era una asignatura que se le dificultara en la práctica, la teoría hacía que Dayu se quebrara la cabeza, pues se le olvidaban constantemente los cantos y las posiciones con las que se convoca los hechizos. Esto hacía que fuera muy bueno en el campo de prácticas pero un desastre en el salón de clases, cosa que su profesor nunca se cansaba en recordarle. Ah, y para colmo, tenía examen teórico el lunes.

El joven sintió que los comensales ya dejaban de mirarlo, así que pudo ponerle más atención al libro. Tenía unos cuantos minutos en su lectura cuando el arrastrar de una silla de su mesa hizo que quitara la mirada del texto.

― Buenas noches, chaval ―saludó Tastuán, tomando asiento y dejando su bastón.

― Buenas noches señor ―respondió Dayu, sacando su cuaderno donde apuntaba las órdenes y anotando la cena del viejo.

― Así que ya estás anotando mi cena ―dijo el hombre―. Vaya chaval, aprendes rápido las condiciones de nuestro trato ―agregó, rascándose la barbilla

― Sí, no quería pasar como un episodio como el de ayer ―comentó el joven. Se levantó y entregó la orden en la ventana de la comida. Enseguida tomó asiento al lado del anciano.

Tastuán miró al mesero un poco: ― ¿Y ya sanaste de tus heridas? ―preguntó.

Dayu se observó la cortada de su mano y las heridas de los antebrazos: ― Sí un poco. Por lo menos ya están empezando a cicatrizar ―respondió.

― Que bueno, eso indica que estás sano ―dijo el viejo. Ahora observó toda la pila de apuntes que tenía el joven en la mesa― Dime chaval, ¿de qué son todos estos papeles y libros? ―cuestionó.

Dayu cerró el libro que estaba leyendo: ― Son de Kido ―contestó y le extendió el libro al anciano para que lo observara mejor―. Tengo examen de teoría el lunes

Tastuán tomó el libro: ― De Kido, ¿eh? ―murmuró, mientras examinaba municiosamente el impreso―. Vaya, así que Momo Hitsugaya lo escribió. Debe ser bastante completo tratándose de ella ―le entregó el libro al joven―, además de que me recuerda a la siguiente parte de la historia.

La cena del viejo fue anunciada y Dayu fue por ella. Al regresar a la mesa se la entregó al hombre, quien no demoró en comenzar a comer.

― Dime ―dijo Tastuán después de pasar bocado―, ¿en qué nos quedamos ayer? ―preguntó, para tomar otro cuadrito de tofu.

Dayu revisó las notas del día anterior: ― Pues me contó hasta donde Aizen provocó el exilio de unos capitanes y su ascenso como capitán de la Quinta División ―terminó de aclarar.

El viejo tragó el tofu y habló: ― Bueno, como te adelante ayer, Sosuke consiguió el rango de capitán y tenía a Gin Ichimaru como teniente. Aún así, siguió experimentando ―tomó otro cuadrito de tofu, masticó un poco y lo comió―, aunque todavía le faltaba algo bastante importante para sus investigaciones y decidió truncar sus estudios con almas debido a la carencia de tan crucial elemento ―pausó y comió otro cuadrito de tofu.

― ¿Qué cosa era la que le faltaba? ―cuestionó el joven.

Tastuán levantó su dedo índice derecho: ― Ya lo sabrás en su momento, chaval. No te lo puedo decir ahora porque le cortaría un poco a los relatos, además de que me quedaría sin cena gratis por unos días ―soltó una pequeña risa―. Retomando el tema, Aizen dejó sus experimentos con almas, pero no creas que eso paró sus investigaciones ―tomó un sorbo de té―. Ahora se enfocó en los hollows, mejorando sus habilidades como fuerza, velocidad e inteligencia, haciéndolos bastante difíciles de matar ―pausó para comer otro cuadrito de tofu.

― ¿Los hollows pueden mejorar sus habilidades tan drásticamente? ―preguntó Dayu, apartando la vista de sus notas y mirando al viejo con una ceja alzada.

― Claro, chaval ―le respondió el anciano, después de tragar el tofu―. Esas criaturas no son tan estúpidas. Te sorprenderías al saber los límites a los que los llevó Aizen. Además, ¿qué en la Academia no los ponen a observar el comportamiento de los hollows? ―cuestionó, y tomó otro cuadrito de tofu.

― Sí, hasta tuve que hacer un proyecto con uno ―contestó el joven.

Tastuán abrió su único ojo en señal de sorpresa y empezó a toser ruidosamente, debido a que se estaba ahogando con el tofu. Dayu le dio unos golpes en la espalda, ayudando al viejo, quien después de unos cuantos carraspeos recuperó su semblante.

― ¿¡Hiciste un proyecto escolar con un hollow! ―dijo el hombre en voz baja, pero aún así no dejaba de estar sorprendido.

― Bueno, es que en la clase de Biología Espiritual, de primer año, teníamos que hacer un proyecto con algún animal o planta ―comenzó a explicar Dayu. El viejo lo escuchaba, intentando tranquilizarse―. Eso nos lo explicaron al inicio del curso. Entonces un día fui al bosque por madera para la cocina del restaurante…

Dayu estaba en un pequeño claro de un espeso bosque de pino en las afueras del Rukongai, apilando pequeños troncos y ramas. Se encontraba un poco cansado, debido a que le costó encontrar un árbol muerto para cortar leña, además que la temperatura del mediodía y la alta humedad del ambiente aumentaba su sensación de cansancio. Al momento de hacer los últimos amarres para poder cargarlos e irse, unos ruidos de pisadas hicieron que volteara su vista hacia delante, en dirección al bosque, encontrándose frente a frente con un hollow del tamaño de un cerdo grande.

El joven dio un traspié y cayó hacia atrás del susto, soltando su hacha. La criatura, que estaba a escaso medio metro, tenía la forma de una tortuga, con gruesas patas, cuello largo, cabeza redondeada, ojos amarillos y una pronunciada sonrisa burlona. Con unos cuantos pasos más, se acercó a Dayu, olfateándolo ruidosamente y posando su atención en un bolsillo de la yukata del mesero.

Dayu, al ver que el hollow olfateaba insistentemente su bolsillo, sacó el contenido despacio, para evitar que la criatura se alarmara y le soltara una mordida. Lo que traía era un poco de durazno cristalizado en una bolsita. Al ver el paquetito, el hollow intentó tomarlo, pero el joven lo volvió a guardar y, tomando su hacha, apartó a la criatura. Cuando el hollow estuvo a una distancia prudente, se incorporó, tomó la madera y emprendió su camino de salida del bosque.

Cuando estaba llegando a los límites del bosque y empezaba la zona poblada, Dayu oyó las mismas pisadas y volteó. Era el mismo hollow-tortuga. Pensando que agredirlo no era opción, ya que él mismo podía salir lastimado, el joven sacó la bolsita del bolsillo de su yukata, tomó un gajo de durazno cristalizado y lo arrojó lo más dentro que pudo de su persona. El hollow siguió inmediatamente el pedazo de fruta azucarada y se internó en el bosque.

― Creí haberlo perdido por el momento ―Dayu pausó para tomar un poco de agua―. Pero ese mismo día, cuando salí a tirar la basura en la parte trasera del restaurante lo volví a ver…

Dayu estaba un poco sorprendido, con la bolsa de basura sostenida encima del cubo. La tortuga lo había encontrado de nuevo. Dejando caer la bolsa, el joven buscó el durazno cristalizado entre sus ropas. El hollow, al ver tal acción se le acercó rápidamente. El mesero, observando los movimientos del ser, se agachó en el suelo y cubrió su cabeza con sus manos, esperando el feroz mordisco. Sin embargo, nunca llegó, por lo que Dayu asomó la cabeza y se encontró con el rostro del hollow a escasos centímetros. La criatura tenía la imagen de estar esperando algo y no mostraba agresión hacia el joven, por lo que en la mente de Dayu se armó un plan.

― Y así inicié mi proyecto con el adiestramiento del hollow, a pesar de los regaños de mis padres. Fui el único que eligió esa clase de ser, ya que el resto de mis compañeros optó por algún animal o una planta, lo cual dejó un poco sorprendido al profesor Urahara ―Dayu hizo otra pequeña pausa―. Hasta le puse de nombre Panchito.

― ¿Panchito, el hollow? ―preguntó Tastuán, tomando otro cuadrito de tofu.

― Sí, Panchito ―aseguró Dayu, con una sonrisa―. Era muy obediente. Vivía en la parte trasera del restaurante, lo alimentaba con comida para perro, fruta cristalizada y mucha lechuga. Le enseñé algunos trucos, como reconocer a las personas, buscar cosas y molestar a mi hermana. Hasta aprendió a hablar, pero sólo se esmeraba con groserías, por qué no sé, y por más que quise impedirlo aprendía más palabrotas con el transcurso de los meses. Esto me acarreó muchos problemas y no nada más con mis padres ―hizo una pausa―. Los últimos días de primer año todos llevamos nuestros proyectos a la Academia, entonces…

En el salón de clases se escuchaba el típico barullo de los estudiantes platicando. Sobre las mesas de ellos se podían apreciar varias cajas, peceras, jaulas y macetas con los proyectos de los alumnos, conteniendo distintos entes. Todos los jóvenes estaban esperando al profesor Nasuke Urahara, quien impartía la clase. Dayu, que se encontraba platicando con tres de sus compañeros, tenía a Panchito al lado suyo, con una simple correa atada al cuello del hollow.

Al salón entró un hombre de aparentes treinta años humanos, de estatura un poco alta, de pelo morado a la altura de los hombros y de aspecto un poco desaliñado, pues se observaba que no se había afeitado en unos cuantos días. En su maño izquierda cargaba con un portafolio, mientras que en el flanco del mismo lado portaba una katana. Los estudiantes, de forma gradual, se sentaron en sus lugares. Dejó su portafolio en el escritorio y se paró enfrente de la clase.

Buenos días jóvenes ―saludó jovialmente y sacó un abanico para cubrir su rostro―. Bueno, como verán hoy es el día de la presentación de su proyecto. Espero que lo hayan desarrollado de una manera adecuada y lo muestren bien, ya que vale la mitad de su calificación final ―nerviosos murmullos se escucharon entre los estudiantes―. Bueno comencemos ―abrió su portafolio y extrajo su lista―, Abe eres la primera. Pasa, por favor.

Uno a uno, los alumnos fueron pasando al frente, explicando lo que habían hecho con sus seres en el transcurso del año. Unos con ideas comunes, otros con experimentos bastante extraños, pero todos interrogados ocasionalmente por el profesor. Por fin fue el turno de Dayu, quien se encaminó al frente con Panchito.

Buenos días, mi nombre es Dayu Yoshida ―se presentó seguro―. Mi proyecto consistió en la domesticación de un hollow mediante un buen trato y demostrar que pueden convivir con almas. Él es Panchito ―señaló a la criatura― y fue sujeto de mi experimento.

Hola putos ―saludó Panchito con una voz aguda y cantarina.

La clase echó a reír por la ocurrencia del hollow. El profesor Urahara puso una cara bastante seria y miró a Dayu con sus ojos grisáceos, quien no reía porque tenía tapada la cara con su mano derecha, producto de la vergüenza que le ocasionaba Panchito.

¿Es la única gracia que hace? ―cuestionó de manera inquisidora el catedrático.

El joven comenzó a ponerse nervioso, debido al miedo de un buen regaño. Iba a decir otras habilidades del hollow, pero Panchito se le adelanto: ― Por supuesto que no, desgraciado hijo de perra.

Otra vez la risa se hizo presente entre los estudiantes. El profesor Urahara se acercó al hollow, con una sonrisa, mientras que Dayu empezaba a sentir ganas de vomitar por los nervios que le estaban provocando la presentación.

Mi madre no era ninguna perra, Panchito. Deberías tener un poco de respeto ―le aconsejó amenazante el profesor. El joven fue lentamente hacia la puerta

Si no era perra ―dijo el hollow―, entonces era una puta zorra coño fácil ―finalizó cantarinamente, provocando las carcajadas de los jóvenes.

Fue todo lo que pudo soportar Dayu. De inmediato salió hacia los baños para vaciar su desayuno. Le tomó cinco minutos limpiar su estómago. Cuando volvió al salón, la clase estaba escuchando los comentarios del profesor acerca de los proyectos. Al llegar el turno del trabajo de Dayu, éste se puso tenso.

Mire señor Yoshida, no va a reprobar ―comenzó el profesor, el mencionado se relajó―, pero tampoco va a sacar muy buena calificación. Si bien logró demostrarnos que un hollow puede domesticarse y convivir con almas, hasta el punto de que puede aprender cosas, usted no encaminó correctamente a Panchito y permitió que aprendiera un lenguaje digno de un mercado. En caso de que repita su experimento, procure que los hollows no aprendan groserías, ¿sí? ―finalizó, con una sonrisa.

Si, profesor no volverá a pasar ―aseguró Dayu. El catedrático se dio la vuelta, dispuesto a anotar algo en la pizarra, pero el joven le llamó―. Disculpe, ¿dónde está Panchito? ―preguntó.

El profesor volteó y sonrió: ― Lo siento señor Yoshida, lo eliminé ―tomó un libro―. Mi madre no era ninguna perra o zorra. Ella se transformaba en gato ―y anotó los temas del examen final, dejando a toda la clase con una cara estupefacta por el comentario.

― Y así terminó Panchito. La parte buena de la historia es que no reprobé Biología Espiritual ―concluyó Dayu, agarrando el vaso con agua.

― Vaya chaval, que interesante historia ―dijo Tastuán, terminando de comer un cuadrito de tofu―. No sabía que los hollows podían convivir pacíficamente con un alma sin querer devorarla ―tomó otro cuadrito de tofu.

― Fue lo bueno de haberme encontrado a Panchito. Le gustaba más la fruta cristalizada que las almas ―agregó el joven, tomando su bolígrafo y la hoja donde iba apuntando los relatos del hombre.

El viejo terminó de comer el tofu: ― ¿En qué nos quedamos antes de oír el cuento de Panchito? ―preguntó, tomando un sorbo de té.

Dayu revisó las notas: ― En que Aizen experimentó con hollows ―respondió.

Tastuán dejó el te: ― Ah, sí, sí. Como te dije, Aizen experimentó con hollows y los mejoró ―tomó sus palillos y agarró otro cuadrito de tofu―. Pero sólo manipuló unos pocos, aunque necesitaba más gente para cumplir sus propósitos, así que fijó su vista en la Academia Shinigami ―y comió el tofu.

― ¿En la Academia? ―cuestionó el joven.

― Si chaval, en la Academia ―aseguró el anciano, después de tragar el tofu―. Desde el punto de vista de Sosuke, era un lugar lleno de jóvenes promesas capaces de moldearse a antojo de sus superiores. Por lo cual la visitaba innumerables ocasiones, portándose de manera cortés con la gente, ganándose la admiración de varios estudiantes. Como la de Momo Hitsugaya, que en aquellos milenios se llamaba Momo Hinamori ―pausó para comer otro cuadrito de tofu.

― Pero aun así los estudiantes desconocían las intenciones de Aizen, ¿verdad? ―comentó Dayu, apartando la vista de sus notas.

Tastuán tomó otro cuadrito de tofu: ― Por supuesto chaval ―reiteró, se llevó el tofu a la boca y lo deglutió―. De hecho, en una expedición de práctica que hizo la Academia al Mundo de los Vivos, usó unos hollows con los que había experimentado para observar las capacidades de Momo y sus compañeros, quienes eran Renji Abarai ―levantó su dedo índice derecho― e Izuru Kira ―levantó su dedo índice derecho, para luego relajar ambos dedos―. Ellos estaban siendo vigilados por estudiantes de grados superiores, entre los que se encontraba Shuuhei Hisagi ―pausó para tomar otro cuadrito de tofu― ¿Te suenan esos tres nombres? ―cuestionó, para luego comer el tofu.

― Sí, los vi en retratos en la visita al Seireitei ―respondió el joven, mirando al viejo.

El anciano pasó el tofu: ― Vaya, conoces muchos shinigamis por sus retratos ―el muchacho asintió y Tastuán tomó el último cuadrito de tofu― Como te iba contando, ellos se encontraron con los hollows de Aizen. Los cuatro estaban combatiendo bastante bien, pero eran demasiado para ellos, así que Sosuke, con la ayuda de Gin, los ayudó un poco. Con este suceso, Aizen evaluó las habilidades de los jóvenes y ya estaba planeando quienes estarían bajo su cargo y quienes con sus compinches ―y se llevó a la boca el tofu.

― ¿Y que pasó después? ―preguntó Dayu de manera alentadora, mientras escribía.

― Bueno ―contestó el hombre, después de tragar el tofu―, después de que Momo y sus colegas terminaran la Academia se les asignó una División. Ella, Renji e Izuru fueron a la Quinta y Shuuhei a la Novena si no me equivoco ―tomó su taza de té y le dio un sorbo largo―. Momo fue muy fácil de manipular para Sosuke, gracias a Kyoka Suigetsu y la enorme admiración que le tenía ella, pero Renji no fue tan maleable, así que lo mandó a la Onceava División. Kira pasó a la Tercera División, una vez que Gin logró hacerse cargo de ella como capitán y Shuuhei fue ascendido a teniente cuando Kaname alcanzó la capitanía de esa División ―volvió a tomar su taza para darle otro sorbo.

Tastuán dejó su taza para continuar: ― Una vez que Sosuke solidificó su autoridad en la Quinta División, viajó a Hueco Mundo, junto con Gin y Kaname, para hacerle una ―marcó con sus dedos unas comillas― "entrevista" al autoproclamado rey del lugar.

― ¿Y para que quería ver al rey de Hueco Mundo? ― cuestionó Dayu, mirando al anciano y levantando una ceja.

El anciano junto sus manos para responder: ― Verás chaval, el principal objetivo de Aizen era asesinar al rey shinigami, para demostrar que nadie estaba arriba de él. Para eso necesitaba la Oken, ya que con ella podía acceder a la dimensión del rey ―tomó su taza para darle el último sorbo―. Entonces debía cumplir una serie de pasos para conseguir la dichosa llave, así que para cumplir uno de esos pasos tenía que dirigirse a Hueco Mundo ―dejó su taza vacía en la mesa

― Así que para conseguir la Oken Aizen tenía que seguir como una receta de cocina ―sugirió el mesero, exponiendo la primera idea que llegó a su cabeza.

Tastuán sonrió un poco ante la relación que hizo el joven: ― Si chaval, podría decirse. Aunque la visita a Hueco Mundo lo pondría como ingrediente opcional. Bueno, retomando el tema, Sosuke llegó ante la presencia del Rey Hollow para subyugarlo ―tosió un poco―. Pero el Rey no se iba a rendir tan fácil, así que mandó llamar a su ejército de hollows para acabar con los extraños. Para Aizen y sus compinches no fue nada difícil deshacerse de todos ellos, fue como si mataras hormigas en un balde. Una vez eliminado el ejército y derrotado el Rey, Aizen levantó un enorme palacio al que llamó Las Noches en el lugar donde estaba el Rey ―pausó para rascarse la barbilla.

― ¿Y qué hizo en Las Noches? ―preguntó Dayu, interesándose por la fortaleza.

― Pues al principio reunió hollows para luego mandarlos a buscar otros más fuertes ―contestó Tastuán, tomando su bastón―. Aunque eso pertenece a otra parte de la historia, por hoy le cortamos aquí ya está oscuro y me tengo que ir ―se paró con bastante dificultad de la mesa―. Gracias por la cena. Nos vemos hasta el lunes o ¿mañana abres? ―cuestionó.

― Mañana abrimos hasta mediodía. Igual el domingo ―respondió Dayu, ordenando sus notas sin quitar la vista del viejo.

― De acuerdo, entonces hasta el lunes cenaré tofu ―dijo Tastuán―. Entonces nos vemos hasta el lunes ―le tendió la mano.

El joven la estrechó: ― Hasta el lunes señor Tastuán, que tenga buen fin de semana ―le deseó el muchacho.

― Gracias chaval, igualmente ―le devolvió el viejo las buenas intenciones―. Que tengas suerte en tu examen de Kido ―y se encaminó lentamente hacia la puerta.

― Gracias ―le respondió Dayu, levantándose de su lugar para ir a limpiar las mesas y observando cómo el viejo salía lentamente del restaurante para llegar a la calle iluminada por faroles.

Una vez que Tastuán desapareció de su vista, el joven fue a recoger platos y limpiar las mesas. Le tomó un poco más de media hora su trabajo, y cuando terminó se sentó en la mesa que tenía ocupada con sus cosas de la Academia. Tomó La teoría del Kido y lo abrió, y al repasar los cantos de los hechizos se le ocurrió una idea, un poco relacionada con la plática que entabló con el viejo.

― ¿Por qué Aizen no hizo mini-hollows que sirvan de acordeón(1)? En lugar de cosas grandes, fuertes y malas ―dijo para sí mismo, mientras sacaba algunos apuntes de sus clases de Kido―. Así me podría ayudar uno el lunes con tanta maldita palabra.

Continuará...


Notas del autor

El hollow fue nombrado con el primer nombre que se me vino a la cabeza. No lo nombre con la intención de ofender a alguien

Glosario:

(1) Acordeón: En el mundo escolar, es un papel con apuntes que te sirve para hacer trampa en los exámenes. Los hay dependiendo del ingenio del estudiante. Es llamado machete en Argentina y chuleta en España

Gracias por leer