¡Hola de nuevo!
Os presento el 2º capítulo de Drive by. Espero que os guste. Gracias a Selsoquer134 por su "reviews". Os animo a todos que comentéis y dejéis vuestras sugerencias.
Recordaros que no tengo beta y por tanto los fallos son sólo míos, y que Hawaii Five-0 pertenece a CBS Producciones y a sus autores. No me alargo más, aquí tenéis. ¡A leer se ha dicho!
¡Un saludo!
Rachel leía el informe que su jefe de departamento le había pedido que redactara. La lluvia golpeaba la ventana con fuerza y la distraía, haciendo que se quedara fijamente mirando como las gotas de agua hacían carreras por el cristal.
-Oye, ¡despierta!-, la llamó Mia, entrando en el despacho.
La chica pestañeó un par de veces sorprendida. –Me he despistado, lo siento…-.
-¿En qué pensabas? Parecías muy concentrada…-.
Rachel se encogió de hombros. –En todo y en nada…-.
-¿Qué te pasa?-.
-¿Cómo que qué me pasa?-.
Mia levantó una ceja. –Pues eso, que qué te ocurre. Llevas toda la semana muy rara: Estás distraída, desconcentrada y pareces… ¿Desilusionada? ¿No te gusta el trabajo o qué?-, dijo.
-No, no… Estoy muy contenta aquí… No me pasa nada, de verdad…-.
-Rachel…-.
-De acuerdo, de acuerdo… Sí, me pasa algo… Es una tontería… Pero, bueno… No te rías, ¿vale? Es una estupidez, pero me da rabia…-, advirtió.
-No me río-.
La londinense suspiró. –El día que tuve el golpe con el coche de policía le di mi número de teléfono a uno de ellos: Se ofreció a darme clases de conducir…-.
-¿Y? ¿Estaba bueno?-, quiso saber su compañera.
Rachel comenzó a reírse a carcajadas. -¡Claro que estaba bueno! ¿Qué te creías?-, miró a su amiga fijamente. –Un rubio de ojos azules, ¡monísimo!-.
-Bueno, ¿y cuándo empiezas las clases de conducir?-.
-Aún no me ha llamado… Pero… Bueno… Es un hombre… Los hombres no devuelven las llamadas, supongo…-.
Mia se encogió de hombros. –Quizás haya perdido tu número… Suele pasarles-.
-No, seguro que no…-.
-Vamos, Rachel… ¿Por eso estás así?-.
La chica agachó la cabeza. –Sé que soy estúpida, pero… Había algo en él… No sé, me pareció que quizás podríamos ser amigos…-.
-¿Cómo se llama?-.
-Daniel… Eh, inspector Daniel Williams-, explicó. -¿Qué haces?-, preguntó al ver que su amiga comenzaba a marcar un número en el teléfono fijo de su despacho.
-Echarte una mano. Shhhh-, dijo y comenzó a hablar. -¿Comisaría de Newark? Eh, quisiera hablar con el inspector Daniel Williams. Sí, soy Rachel, una amiga… Es que no me coge el móvil… ¿Sí? Oh… Vaya… Vaya… Y… Esto… ¿Podría ponerme con su compañero? Claro, claro… Sí… No… No se preocupe… ¿Puede decirme dónde está? De acuerdo, pues… Muchísimas gracias. Adiós-, Mia miró a su amiga. Se había puesto pálida. –Rachel…-.
-¿Qué ocurre?-, la muchacha se levantó. –Mia… ¿Qué ocurre?-.
-Está en el hospital… Le han disparado y está bastante grave-.
Rachel apoyó la cabeza contra el cristal que separaba la UCI del resto del hospital. Le entraron ganas de llorar al ver al policía tumbado en una cama, lleno de cables, debatiéndose entre la vida y la muerte.
-Es extraño, ¿verdad?-, murmuró. –Es extraño… ¿Por qué me preocupo tanto por una persona que ni siquiera conozco?-.
-Bueno… El chaval fue simpático contigo…-, comentó Mia, intentando quitarle importancia a la pregunta de su amiga.
Escucharon cómo alguien se acercaba a ellas, pero no prestaron atención hasta que le escucharon hablar. –Vaya, Rachel… No esperaba verte aquí…-.
-Rick…-, dijo la chica sorprendida. -Ho… Hola…-.
-¿Qué tal? ¿Ya te han arreglado el coche?-.
Rachel asintió. No podía ni hablar.
-Danny no te llamó, ¿verdad?-, no esperó a que la muchacha respondiera. –Es un chico de palabra, si no hubiera ocurrido este contratiempo, te habría dado las clases de conducir… Pero, ¿cómo lo has encontrado?-.
-Bueno, digamos que… Tiene una amiga con recursos. Mia Evans, encantada-, se presentó Mia.
-Eso… Eso está muy bien…-, Rick sonrió. –Encantado, señorita Evans. Soy Rick… Rick Peterson-.
Rachel, con la mirada perdida, no hacía caso a la conversación. –Señor Peterson… Eh, sé qué esto que voy a pedirle es algo arriesgado… Pero…-, Mia buscó las palabras adecuadas, ya que su amiga, totalmente distraída, tenía suficiente con aguantarse las ganas de llorar. –Eh, si yo le facilito el teléfono de Rachel, ¿sería tan amable de hacérselo llegar a Danny cuando se recupere?-.
-Claro, no hay problema…-.
-Muchísimas gracias… Muchísimas gracias, de verdad-, Mia sonrió, tendiéndole una tarjetita. Se giró hacia su compañera y le pasó el brazo por los hombros. –Vamos, Rachel… Ya es suficiente por hoy…-, dijo sacándola del hospital. –Se recuperará… Estoy segura-.
Tres semanas después
-¿Dígame?-.
-¿Rachel?-.
-Sí, soy yo. ¿Quién es?-.
-Eh… Danny… Danny Williams-.
-¿DANNY? Ho… Hola-, intentó controlar su entusiasmo. -¿Qué tal? ¿Ya estás recuperado?-.
El chico comenzó a reírse. –Sí, algo así…-.
-Me alegro…-.
-Gracias. Oye… Creo que teníamos unas clases de conducir pendientes, ¿no?-.
-Sí…-.
-¿Te viene bien el viernes por la tarde? ¿A eso de las 17'00h?-, preguntó Danny.
-Sí… A esa hora salgo del trabajo… ¿Dónde nos vemos?-.
-Te recojo. Trabajas en el campus universitario, ¿verdad?-.
-Sí, sí-.
-Bien. Nos vemos el viernes a las 17'00h-.
-De acuerdo… Cuídate-.
-Adiós-.
Rachel colgó el teléfono con una sonrisa de oreja a oreja. Se levantó y salió corriendo del despacho. –Mia, Mia, ¡MIA!-, dijo irrumpiendo en el de su amiga. –Me ha llamado… ¡Danny me ha llamado!-, contó mientras saltaba alrededor del escritorio.
Su compañera sonrió. –¡Bien! ¿Cuándo tienes tu primera clase de conducir?-.
