CAPITULO 1: CONOCIENDO A ROMEO
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EDWARD POV
Durante estos últimos años mi vida es, por así decirlo, un sinfín lleno de desasosiego. Aun siendo como soy mis días son replicas del anterior.
Tengo dos hermanas, mellizas para mi mala suerte solo tienen año y medio menos que yo, siendo tratado como su títere en todos sus caprichos, soy su muñeco cuando hay que cambiarse de ropa, su chofer cuando van de compras, etc. prácticamente soy su esclavo personal e intransferible.
Aun recuerdo vagamente mi vida hace unos años era algo como el paraíso: dulce, divertida, llena de emociones; pero de eso hace casi diez años. En aquella época vivía junto a una chica hermosa y dulce tanto que repelía a cualquier que se la acercara, especialmente chicos, y me prestaba atención solo a mi.
De pronto sonó un fuerte pitido el cual rompió mi letargo, puesto que no duermo desde que nos mudamos de Phenix, y mis padres necesitaron recurrir a medicación para que pudiera descansar aunque ya solo la tomo de vez en cuando..
-Otro día- un bostezo salió sin darme cuenta, mire el reloj y solo eran las seis y media me fui a duchar muy a mi pesar al salir vi sobre mi desecha cama un montoncito con mi ropa-¡Alice!
- Date prisa o llegaremos tarde- baje a un ritmo lento para sacar de quicio a la pixie de mi hermana, la cual nada más verme me empezó a arrastrar hacia la cocina-¡Date prisa! ¡Caracol!- me empecé a reír ante su impaciencia.
-Buenos días, enana- la hice una inclinación en forma de una reverencia, ella empezó a golpearme en la puerta- Alice que vamos a ….
- No lo digas voy por Tanya –poco después entraron las tres mujeres de la familia; la duendecillo de metro cincuenta y cinco de pelo corto y negro y algo revuelto, la barbie, no hay otro nombre para mi hermana Tanya, de metro setenta y dos esbelta y con curvas, para sus dieciséis años parece una modelo y por ultimo una mujer de metro sesenta y siete. Nuestra hermosa madre parecía todo una modelo con sus casi cuarenta años tenía el aspecto, de forma natural, de una mujer que no llega a los treinta. La hermosura de los Masen. Con metro ochenta de altura y esbelta, largos, sus ojos color esmeralda la marcaban como un sueño según decía papa.
Ese día, si se hacía caso a las marujillas del insti, llegaban nuevos alumnos al centro venían de Los Ángeles, por lo que ahora todo giraría en torno a ellos. Tanya y Alice me arrastraron, literalmente, al auto y eso que era mi propio vehículo.
Vivíamos en Seattle desde hacia doce años, cuando era más pequeño, a mis inocentes cinco años nos mudamos de Phenix, allí teníamos nuestros amigos, los mejores amigos que se podía tener, estábamos con ellos las veinticuatro horas del día, lo malo es que el recuerdo es muy vago y casi ni les recuerdo, solo débiles fracciones, y ella era mi todo. Pero mi padre recibió una oferta de trabajo en el hospital de Seattle y acepto, lo cual nos hizo mudarnos y alejarnos de ellos.
A causa de mis hermanas apenas había tomado un café y una tostada y nada más, el odiar mi vida no era una opción. Cuando entramos todos en el coche pise el acelerador casi al máximo lo que hizo que mi amada Tanya se le corriera el pintalabios manchándose todo el carrillo. Me bufo exasperada me lo debía por forzarme a correr al auto.
Vivíamos en las afueras de la ciudad, en una pequeña mansión, a unos quince minutos (si manejas a mas de 150km /h) al instituto. Y hoy me pase pisando a fondo por lo que llegamos en unos diez, provocando que Alice casi devolviera su desayuno, pero a mi favor llegamos un minuto antes que el coche de los nuevos.
Entro un Peugeot descapotable rojo borgoña con tonos rojo carmesí. Conduciéndolo iba una rubia bien formada, que parecía darse el lote con su copiloto mientras aparcaba y después un Audi último modelo en tonos marrones anaranjados y negros, al igual que el otro lo conducía una muchacha pero esta vez de pelo castaño y bastante largo, y el copiloto era rubio tenía poco mas de dieciséis años, e iba hablando con la conductora, la cual llevaba una lentes oscuras que ocultaban sus ojos.
Al desmontarse esta última se quito las gafas y pude notar un color violeta en sus ojos, el otro chico la estaba gritando mientras que la rubia volvía con las carpetas de asignación de grupo. Con las que le dio un golpe en la cabeza bastante bruto.
De la nada la peli castaña se mordió el labio y se revolvió el cabello inquieta eso me recordaba a….. ¡¿BELLA?!. Estaba casi convencido, lo único que no me cuadraba era el color violeta de sus pupilas ¿y si usaba lentillas? De pequeña llevaba gafas y puede ser probable, su largo cabello de color caoba estaba recogido en una tenaza que la usaba como prendedor de un mechón suelto que seria una cola de caballo, era hermosa.
Me gire y vi las reacciones de mis hermanas Alice botaba en su sitio y al ve al chico rubio mirar hacia ella se metió en el centro, en cambio mi hermana Tanya la paso peor ya que, de pequeña, tenia un enamoramiento del gran Emmet y al igual que yo cayó en una depresión, pero ella a partir de sus quince años empezó a salir con chicos muy a menudo. Y ahora va y se encuentra con su ex amado besándose en el aparcamiento con una rubia exuberante, creo que eso rompe el corazón quiera o no.
Los cuatro anduvieron en parejas hacia el recinto escolar y no se giro a mirarme y ¿si no fuese ella? Y ¿si ahora sale con el rubio? Y lo peor de todo y ¿si me ha olvidado? Mi cabeza era un lio bestial que nos e suavizaría en todo el día.
Ahora debía empezar la jornada laboral camino del aula de HISTORIA.
Los personajes no son míos son de Stephenie Meyer yo solo los he tomado prestados y no pienso arrebatárselos, pero la historia si me pertenece
