Disclaimer:Nada de esto me pertenece, todo es de Louisa May Alcott y sus herederos. Yo sigo igual de pobre que siempre, por desgracia.
¿Qué lees?
Jo estaba aprovechando el sol, tirada en el patio del colegio. Leía atentamente un libro muy gordo y tenía los audífonos puestos. Una sombra alta bloqueó su vista del libro y ella se preparó para hacer que quien fuera sufriera una muerte horrible y dolorosa. En lugar de eso, se encontró con la sonrisa de Fritz, más cerca de lo que ella hubiera esperado.
—¿Qué estás haciendo? —le preguntó, al mismo tiempo que lo empujaba, haciendo que él perdiera el precario equilibrio que sostenía sobre sus talones y cayera de espaldas al suelo.
—Ouch… Y yo que sólo quería saludarte.
Jo se paró y se inclinó sobre él, tendiéndole una mano para ayudarlo a levantarse. No alcanzó a notar la sonrisa burlona del chico al tomar su mano y fue demasiado tarde cuando él la tiró hacia abajo, haciéndola caer sobre él.
—¡Oye! —exclamó, golpeándolo en el pecho. Rodó hacia un lado y se sentó en el pasto. Fritz hizo lo mismo.
—Y ¿qué leías?
—"Ana Karenina", de Tolstoi.
—Wow, eso es algo serio… ¿Qué te parece?
—No sé qué pensar… Me gusta Kostya, él parece ser el único sincero de todos los personajes. Y encuentro que Kitty es una tonta por mandarlo a freír espárragos. Y no entiendo a Ana Karenina, quiere estar con su hijo y con su amante, pero sabe que no puede tener ambas cosas. Y no puede tomar una decisión.
—¿Y tú tomas ese tipo de decisiones a la rápida? —le preguntó él, recostándose en el pasto. Jo se tiró de espaldas.
—No… Y espero no tener que tomarlas nunca. La pobre está con el corazón destrozado y con tantos problemas. Si yo fuera ella, ya lo habría mandado todo a la mierda y habría seguido con mi vida.
—A mí tampoco me gustaría tener que tomar esas decisiones. Pero, por lo que veo aún no lo has terminado. Y es uno de mis libros preferidos, así que si seguimos hablando de él, te voy a arruinar el final. Mejor cambiemos el tema: ¿qué escuchas?
—Bob Dylan, "Shelter from the storm". Es una de mis canciones preferidas…
—¿Me dejas escuchar? —preguntó Fritz, Jo le tendió un audífono. Fritz escuchó unos segundos, con una pequeña sonrisa dibujada en los labios —. Me gusta. Es una imagen maravillosa, alguien que siempre esté dispuesto a cuidarte cuando estás en problemas. Un refugio en la tormenta…
—Yo creo que todos tenemos un refugio en la tormenta. Yo tengo la suerte de tener dos: mi hermana Beth y mi mamá. Beth es tan buena y querible, que cuando estoy cerca de ella se me olvidan mis problemas, y mamá es maravillosa; ella siempre está tranquila y sabe que decir.
—Mi hermana también es mi refugio en la tormenta. No tiene que hablar para hacerme sentir mejor. Basta con una sonrisa y una taza de té —dijo él, devolviéndole el audífono.
—Tu hermana suena simpática —sonrió Jo, mientras guardaba su iPod.
—La tuya también; y tu mamá igual.
—Deberías ir a conocerlos. Le caerías bien a toda mi familia, y estoy seguro de que a papá le encantaría conversar contigo. Nunca había conocido a alguien al que le gustara leer tanto como a mí. Exceptuando a John Brooke, el tutor de Laurie.
—Y además de leer, escuchar música y caerte de un skateboard. ¿A qué más dedicas tu tiempo?
—Me gusta escribir —contestó Jo, después de pensarlo un par de segundos.
—¿Sí? Qué interesante. Me gustaría leer lo que escribes.
—Te puedo traer algunos de mis últimos trabajos, siempre es bueno escuchar una opinión de alguien que no sea de la familia —le contestó Jo, guardando su libro en la mochila. —¿Y tú? ¿Qué haces en tu tiempo libre?
—Toco el chelo. Me encanta la música.
—Me tengo que ir. Mamá me pidió ayuda para preparar la comida —recordó Jo, levantándose —, y ya se me hace tarde. Nos vemos, mañana te traigo mis cuentos.
